MAACA

tip, CIUD BIOG REYE HOMB HOAT MUJE MUAT

ver, AQUIS

sit, a1, 555, 210

vet,

= «opresión».

(a) Localidad de Siria (2 S. 10:6, 8), sus habitantes eran descendientes de Nacor (Gn. 22:24),

(b) Esposa de Maquir hijo de Manasés (1 Cr. 7:15, 16).

(c) Concubina de Caleb, hijo de Hezrón (1 Cr. 2:48).

(d) Mujer de Jeiel, antepasado de Saúl (1 Cr. 8:29; 9:35).

(e) Hija de Talmai, rey de Gesur; fue una de las esposas de David y madre de Absalón (2 S. 3:3).

(f) Padre de Hanán, uno de los héroes de David (1 Cr. 11:43).

(g) Padre del jefe de los simeonitas bajo el rey David (1 Cr. 27:16).

(h) Padre de Aquis, rey de Gat, que fue contemporáneo de Salomón (1 R. 2:39; véase AQUIS).

(i) Mujer de Roboam e hija de Absalón (1 R. 15:2; 2 Cr. 11:20-22) o, más probablemente, nieta de Absalón (cfr. 2 Cr. 13:2). Madre del rey Abías; después de la muerte de este último, ella mantuvo el título de reina madre, que le retiró su nieto Asa, por cuanto había elevado una imagen de Asera (2 Cr. 15:16). El nombre de Micaía que figura en 2 Cr. 13:2 es, probablemente, una alteración del texto, por cuanto esta mujer es llamada Maaca en los otros siete pasajes que la mencionan (cfr. asimismo 1 R. 15:10, 13).

 MAAT

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

Antecesor de Cristo, descendiente de Zorobabel (Lc. 3:26).

 MACABEOS

tip, BIOG HIST HOMB HOAT

ver, APÓCRIFOS

vet,

Nombre de una familia judía (también llamada Asmoneos, por su antecesor más o menos mítico), que liberó a su patria del cruel yugo de los sirios en el siglo II a.C. El relato de sus hazañas se halla en el libro histórico de 1 Macabeos, y su continuación en el relato más legendario de 2 Macabeos. (Véase APÓCRIFOS.)

Antíoco Epifanes IV rey de Siria fue verdaderamente, según la profecía de Dn. 8:23, «un rey altivo de rostro». Decidido a exterminar el judaísmo de una manera definitiva, saqueó el Templo de Jerusalén el año 167 a C., erigió una estatua de Zeus Olímpico en el recinto sagrado y ofreció cerdos sobre el altar (cfr. Dn. 11:31 «la abominación desoladora»). Matatías, el primero de los Macabeos, era un sacerdote anciano retirado en el pueblo de Modin, que tuvo el valor de levantar la bandera de la rebelión. Dio muerte a un oficial sirio que quería imponer los decretos de Antíoco, y huyó con sus cinco hijos a los montes de Judea. Se organizó en el país un movimiento de resistencia nacional, y en diversos lugares se destruyeron los altares paganos, y se restableció el culto judaico. Matatías murió el año 166 a.C., y confió a sus hijos la empresa de la guerra de liberación.

Judas, llamado Macabeo (del heb. «maqqaba»: «martillo») tomó el mando. Consiguió una serie de victorias tanto más notables cuanto que los judíos no habían cosechado más que derrotas a lo largo de tres siglos. En el año 165, el 25 de Quisleu, purificó el Templo profanado hacía tres años, y restableció en Jerusalén el sacrificio diario. En la época de Cristo se seguía celebrando la Fiesta de la Dedicación, que recordaba este acontecimiento (Jn. 10:22). Judas pereció en una batalla en el año 161 a.C. Jonatán, su hermano, le sucedió en un momento en que dos pretendientes se estaban disputando el trono de Siria; Demetrio y Alejandro Balas. Este último trató de conseguir el apoyo de Jonatán, hasta entonces un proscrito, y le propuso el reconocimiento oficial como «sumo sacerdotes del pueblo» y gobernador general de Judea. Así fue puesta a un lado la línea de Aarón; se había desacreditado después de haber ejercido este ministerio a lo largo de 13 siglos. Jonatán concertó alianzas con Esparta y Roma y reforzó las fortificaciones de Jerusalén. Fue asesinado traicioneramente por Trifón, general sirio, en el año 142 a.C., que quería apoderarse del trono. Simón, el último superviviente de los cinco hijos de Matatías, tomó entonces el poder. Consiguió el reconocimiento de la independencia de Judea a cambio de su alianza con Demetrio II, que todavía tuvo que luchar contra Trifón. Simón se apoderó de la ciudadela de Jerusalén, que habían ocupado los sirios durante 26 años. El puerto de Jope quedó bajo el control de los judíos; el comercio se desarrolló y vino una etapa próspera. El sumo sacerdocio hereditario fue dado oficialmente a la familia de los Asmoneos. Simón murió de manera trágica, asesinado por su yerno Ptolomeo en el año 135 a.C.

El hijo y sucesor de Simón fue Juan Hircano (135-105 a.C.). Consiguió conquistar Samaria, destruyendo el templo erigido sobre el monte Gerizim (cfr. Jn. 4:20). También sometió Idumea, convirtiendo a sus moradores e imponiéndoles la circuncisión; estos descendientes de los edomitas llegaron a ser los más patriotas de los judíos (cfr., sin embargo, Nm. 20:14-21). Juan Hircano dejó de pagar el tributo a los reyes de Siria, que habían ido perdiendo más y más poder, y empezó a acuñar monedas. Por su política, los fariseos (que hasta entonces habían recibido el nombre de Hassidim, «piadosos») le retiraron su apoyo, lo que le hizo apoyarse sobre los saduceos. Éstos provenían sobre todo de los grupos cercanos al sumo sacerdote; pertenecían a la clase noble, y pretendían descender del sacerdote Sadoc. Querían adaptarse a las circunstancias y alentaban las tendencias helenizantes.

Los últimos Macabeos dieron el triste espectáculo de la decadencia de una noble familia. Aristóbulo I (105-104 a.C.), ambicioso y carente de escrúpulos, asumió el título de rey. Dejó morir de hambre en la cárcel a su propia madre y dio muerte a uno de sus hermanos. Murió de enfermedad después de un año de reinado. Alejandro Janneo (104-78 a.C.) se mostró también cruel, disoluto y dominante. Hubo un momento en que su territorio abarcó más extensión que el de las antiguas Doce Tribus. Sostenido por los saduceos y aborrecido por los fariseos, tuvo que afrontar una cruenta guerra civil durante seis años. Por primera vez los judíos aplicaron la crucifixión: Alejandro Janneo hizo crucificar a 800 de los principales fariseos en Jerusalén. Su viuda Alejandra (78-69 a.C.) le sucedió en el trono y reinó con prudencia. A su muerte, sus dos hijos se disputaron el poder: el primogénito, el débil Hircano II, había sido designado como rey y sumo sacerdote; el menor, Aristóbulo II, desencadenó una guerra civil para ponerse en su lugar. El jefe idumeo Antipatro fue inducido a intervenir, y en el curso de esta lucha ambos hermanos recurrieron al arbitraje de Pompeyo y del poderío romano. Llegado ante Jerusalén en el año 63 a C., Pompeyo tomó partido por Hircano II. Se apoderó de la ciudad después de un sitio de tres meses, masacrando a continuación a 12.000 judíos, atreviéndose además a penetrar en el Templo hasta el Lugar Santísimo. Según Tácito, se quedó asombrado al no encontrar nada tras el velo: ni estatua ni objeto alguno de adoración («vacam sedem, inania arcana»: un santuario vacío, ausencia de misterios). Hircano II, mantenido en su cargo de sumo sacerdote, tuvo que cambiar su título de rey por el de «etnarca», y contentarse con gobernar el pequeño territorio de Judea. Galilea y Samaria vinieron a ser provincias distintas: había terminado la independencia judía, y Pompeyo llevó a Roma, en su cortejo triunfal, a Aristóbulo II, rey de los judíos. Hircano II (63-40 a.C.) fue sólo un juguete en las manos de Antipatro, a quien Roma había designado como procurador. Un hijo de Aristóbulo, Antígono (40-37 a.C.) consiguió imponerse por un cierto tiempo con la ayuda de un ejército parto, pero el senado romano había designado rey de Judea a Herodes (el Grande), hijo de Antipatro, que se había casado con Mariamne, nieta de Aristóbulo II. Después de dos años de esfuerzos, Herodes consiguió apoderarse de Jerusalén en el año 37 a.C., e hizo decapitar a Antígono. Los tres últimos supervivientes de los Macabeos murieron también víctimas de la patológica desconfianza de Herodes, incluyendo su propia esposa Mariamne. Así halló su fin esta ilustre familia, que había rendido señalados servicios a la causa judía, y que se perdió principalmente por sus discordias.

 MACABEOS (Libro)

tip, LIBR

ver, APÓCRIFOS, MACABEOS

vet,

(Véase APÓCRIFOS.)

Se trata principalmente de 1 y 2 Macabeos, que narran la historia de la revuelta macabea contra la opresión de Antíoco (véase MACABEOS). El primero es de carácter estrictamente histórico, en tanto que el segundo contiene elementos legendarios. Hay otros dos libros de Macabeos, el 3 y 4, que no han sido aceptados como canónicos ni por la Iglesia de Roma, que sí acepta como «deuterocanónicos» los 1 y 2 Mac.

Bibliografía:

Borrás, J.: «Período intertestamentario», artículo en la Biblia de Estudio Mundo Hispano (Ed. Mundo Hispano, El Paso, 1978);

Báez Camargo, G.: «Breve historia del canon bíblico» (Ed. Luminar, México D.F., 1980).

En su obra «Guerras de los Judíos», Flavio Josefo trata con gran detalle la historia del período macabeo (Clíe, Terrassa, 1983).

 MACEDA

tip, CIUD

vet,

= «lugar de los pastores».

Ciudad cananea en la llanura; Josué se apoderó de ella (Jos. 15:41). Había cerca de ella una cueva (Jos. 10:16). Situación incierta.

 MACEDONIA

tip, PAIS

ver, FILIPO, ALEJANDRO

sit, a9, 255, 85

vet,

País situado al norte de Grecia.

Tenemos pocos datos acerca de esta región en fecha anterior al año 560 a. C. y los dos siglos anteriores no presentan nada de interés. Sin embargo este país se hizo sumamente importante bajo Filipo de Macedonia (359-336 a.C.) y sobre todo bajo el reinado de su hijo Alejandro Magno (336-323 a.C.) (Véanse FILIPO y ALEJANDRO ). Los generales de Alejandro se repartieron su imperio y Macedonia cayó en decadencia. En el año 168 a.C. se apoderaron de ella los romanos; en el año 142 vino a ser «provincia romana». El nombre de Macedonia no figura en el AT, pero se hace alusión al imperio griego, fundado por su rey, en Dn. 2:39; 7:6; 8:5, 8.

Durante su segundo viaje misionero, Pablo vio en sueños a un macedonio que le suplicaba que anunciara el Evangelio en su país. El apóstol se dirigió allí; predicando el evangelio por primera vez en Europa, pasó por Neápolis, Filipos, Amfípolis, Tesalónica, Berea (Hch. 16:9-17:14). Cuando Pablo abandonó estos lugares, Silas y Timoteo prosiguieron su obra (Hch. 17:14, 15; 18:5). Posteriormente, Pablo visitó de nuevo las mismas regiones (Hch. 19:21, 22; 20:1-3, cfr. 2 Co. 2:13; 7:5; 1 Ti. 1:3).

Los macedonios Gayo y Aristarco, entonces compañeros de Pablo, estuvieron en peligro a causa de él durante el motín de Éfeso (Hch. 19:29).

Segundo, también macedonio, fue uno de los que ayudaron al apóstol en Troas, haciendo una última visita a Filipos, de donde embarcó para ir a Jerusalén (Hch. 20:4).

Los conversos macedonios de Pablo le dieron dinero para los cristianos menesterosos de la capital judía (Ro. 15:26). Se mostraron sumamente generosos hacia el mismo Pablo (2 Co. 8:1-5), especialmente los de Filipos (Fil. 4:15).

 MACPELA

tip, LUGA CUEV

sit, a3, 299, 206

vet,

(probablemente «doble»).

Campo situado frente a Mamre, con una plantación de árboles, y donde había una cueva; pertenecía a Efrón, heteo (Gn. 23:9, 17-19). Abraham adquirió el terreno con la cueva por cuatrocientos siclos de plata, a fin de sepultar a Sara en la cueva. Él mismo fue sepultado allí por Isaac e Ismael, sus hijos (Gn. 25:9, 10). Allí quedaron también los cuerpos de Isaac, de Rebeca, de Lea, de Jacob (Gn. 35:29; 47:28-31; 49:29-33; 50:12, 13), y quizá otras personas no mencionadas.

En la época de Cristo había en Hebrón monumentos erigidos sobre la cueva de los patriarcas (Guerras 4:9, 7). Es probable que la cueva bajo la gran mezquita actual de Hebrón sea la de Macpela. A partir del año 1268 d.C. los cristianos han estado excluidos de la mezquita y de la cueva. Sólo las siguientes personas tuvieron permiso para hacer cortas visitas: el príncipe de Gales (7 de abril 1862); el Kronprinz de Prusia (noviembre 1869); los dos hijos del príncipe de Gales, uno de los cuales vino a ser Jorge V de Inglaterra (5 de abril 1882). Después de la toma de Hebrón a los turcos (nov. 1917), el coronel Meinertzhagen pudo entrar por una puerta situada en la base del cenotafio de Abraham, pero sus descripciones no han sido lo suficientemente claras para satisfacer a los eruditos. La mezquita es una antigua iglesia cristiana transformada en mezquita. En la mezquita, junto al muro noroccidental y a unos tres metros al sudoeste de la entrada principal, se halla un orificio redondo de 35 cm. de diámetro practicado en el suelo enlosado. Por allí se entrevé un pasadizo que desciende hasta unos 4,5 m de profundidad y que lleva a una apertura de una pared sureste. Este pasadizo es probablemente la antecámara de una doble cueva al sureste. Bajo el embaldosado de la mezquita se pudo observar que había dos entradas selladas que se dirigían al subterráneo; no se podrían abrir sin arrancar el pavimento. La posición de estas dos entradas parece indicar que en el pasado se podía acceder a la cueva por el techo rocoso. El suelo de la mezquita y el atrio que hay ante ella se encuentran a 4,5 m de altitud sobre el camino que pasa al lado sudoeste del santuario. En el ángulo noroeste del conjunto se halla una «tumba de José»; sin embargo, fue sepultado en Siquem (Jos. 24:32).

 MACTES

tip, LUGA

vet,

= «mortero».

Un barrio de Jerusalén (Sof. 1:11). El Targum lo identifica con el valle del Cedrón.

Estaba probablemente situado al norte de la ciudad; este nombre proviene posiblemente de la forma en embudo de esta zona del Tiropeón, al norte de los muros.

Los mercaderes se reunían en este barrio «del mortero».

 MACHO CABRÍO

tip, TIPO FAUN LEYE CUAD

vet,

Esta expresión castellana es la traducción de varias locuciones hebreas que tienen distintos significados: «attud» = «guía del rebaño», y por eso, en sentido metafórico, caudillo del pueblo (Is. 14:9; Jer. 50:8; Zac. 10:3; cfr. en sentido peyorativo Mt. 25:32). Cubre las cabras (Gn. 30:35; 31:10, 12), es animal apto para el sacrificio (Dt. 32:14: grasa; Is. 1:11; Sal. 50:13: sangre). Nm. 7 ss; Sal. 50:9; 65:15 (junto con reses vacunas).

El macho cabrío (hebreo, «tayis») figura como obsequio que Jacob ofrece a Esaú (Gn. 32:15) y los árabes al rey Josafat (2 Cr. 17:11); y, como símbolo del jefe, se enumera también, entre otros animales, en los aforismos numéricos de Pr. 30:29-31 (su andar es altivo y orgulloso). El macho cabrío (hebreo, «safir») es igualmente apto para el sacrificio (2 Cr. 29:21; Esd. 8:35), y en Dn. 8:5, 8, 21 lucha contra el carnero.

El cabrito (hebreo, «gedi») es un obsequio apreciado (Gn. 38:17, 20; Jue. 15:1; 1 S. 10:3), un manjar delicado (Gn. 27:9, 16; Jue. 6:19; 13:15, 19; 1 S. 16:20; Lc. 15:29), fino y tierno (Jue. 14:6; Is. 11:6; Cnt. 1:8). La repetida prohibición de cocer un cabrito en la leche de su madre (Éx. 23:19; 34:26; Dt. 14:21) reprueba un vicio supersticioso de los cananeos, de cuya existencia se ha sabido recientemente por los textos de Ugarit, y que los árabes aún practican.

 MADERA

tip, FLOR ARBO

dib00256, dib00375, fot00262

vet,

El hebreo «'es» se dice para madera viva (árbol) y para madera muerta:

madera de construcción (Hag. 1:8),

leña para el fuego (por ejemplo, Lv. 1:7),

madera para muebles (por ejemplo, Dt. 10:1),

también con el significado de poste (Gn. 40:19; Dt. 21:22; Jos. 21:26; Est. 5:23),

mango (2 S. 21:19),

mango de un hacha (Dt. 19:5). Asimismo el griego «sílon».

El Nuevo Testamento conoce la contraposición de la madera verde a la seca, conocida igualmente en la literatura judía posterior: Jesús es la madera viva, verde, que no es atacada tan fácilmente por el fuego; Israel, la madera seca (Lc. 23:31). Además se habla también:

de la madera de construcción (1 Co. 3:12),

de un garrote (Mt. 26:47, 55),

de un cepo (Hch. 16:24).

Por el sentido deshonroso que ya en el griego profano adquirió la palabra «madero» «como instrumento de castigo», surgió el significado de «cruz», característico del Nuevo Testamento (Hch. 5:30; 10:39; 13:29; 1 P. 2:24); así la cruz es llamada madera de maldición (Gá. 3:13; cfr. Dt. 21:23). Ap. 2:7; 22:2; 14:19 se refiere a la idea del Antiguo Testamento sobre el árbol de la vida.

El Antiguo Testamento conoce la madera de acacia, cedro, ciprés, pino, roble, sicómoro, así como, según interpretación corriente, la madera de sándalo. Ap. 18:12 menciona la madera de tuya, del África del Norte.

Los carpinteros (literalmente: artesanos [en madera, en piedra, en metal]) aprendieron su oficio, en parte, de los fenicios (2 S. 5:11; 1 R. 5:16), y parece que, bajo el rey Josías, hicieron ya trabajos independientemente (2 R. 12:12; cfr., además, Is. 40:20).

Entre las maderas más estimadas figura la acacia, o «madera de Sitim», denominada también «madera incorruptible». Su tronco exuda un líquido oloroso que es la conocida goma arábiga. Su madera (muy apreciada por lo resistente, fuerte y ligera) fue utilizada por Moisés para la construcción del Arca (Éx. 25:10), de la mesa de los panes de la proposición (Éx. 25:23), del altar de los holocaustos (Éx. 27:1), del altar de los perfumes (Éx. 30:1), los tablones que debían construir la parte sólida del tabernáculo (Éx. 26:15) y de todo lo demás que componía el santuario portátil de Jehová.

 MADIÁN

tip, BIOG REGI TRIB HOMB HOAT

sit, a4, 187, 296

vet,

= «disputa».

(a) Hijo de Abraham y Cetura; su padre le dio presentes y lo envió «al país de oriente», hacia el desierto; el nombre Madián designa a la vez al hijo de Abraham y a la tribu que surgió de él (Gn. 25:1-6).

(b) Región que ocuparon los madianitas al norte del desierto de Arabia, cerca del golfo de Ákaba. Madián estaba limitado al noroeste por Edom. Sus límites, que no han sido nunca determinados, variaron indudablemente en gran manera a lo largo de la historia. La totalidad de los territorios sometidos a los madianitas en la época del AT ocupaba un espacio de alrededor de 280 Km de norte a sur. En la época del éxodo, Madián controlaba las tierras de pastos situadas al este de Horeb, en la península del Sinaí (Éx. 3:1). Los madianitas se apoderaron de un territorio donde habían residido un tiempo; este distrito lindaba con Moab y era también fronterizo con el reino de los amorreos, cuya capital era Hesbón (Gn. 36:35; Nm. 22:4; 25:1, 6; Jos. 13:21). El país al este de Edom, hasta el mar Rojo, pertenecía a los madianitas. Vencidos en el valle de Jezreel, huyeron hacia oriente. Gedeón, persiguiéndolos, llegó a Sucot y a la ciudad gadita de Jogbeha (Jue. 8:5, 10, 11; cfr. Gn. 37:25, 28). En la época de David, un fugitivo edomita de sangre real vivió en Madián, probablemente al sureste de Edom, antes de dirigirse a Egipto (1 R. 11:17, 18). Los madianitas residieron sobre todo al este y sureste del golfo de Ákaba. Se halla el nombre de Madián en algunas de las ruinas llamadas de «Madyan».

 MADIANITAS

tip, TRIB

ver, MADIÁN

vet,

Moradores del desierto (Gn. 25:2, 6; Nm. 10:29-31; Is. 60:6; Hab. 3:7; Jdt. 2:26).

Cinco familias surgieron de Madián (véase MADIÁN), el padre de todas ellas (Gn. 25:4). Mercaderes madianitas compraron a José y lo llevaron a Egipto; acompañaban la caravana de ismaelitas que venía de Galaad (Gn. 37:25, 28, 36). El suegro de Moisés era madianita (Éx. 3:1). Los madianitas, aliados con los moabitas, sedujeron a Balaam a fin de que maldijera a Israel y los atrajo a un culto idólatra e inmoral (Nm. 22:4, 6; 25). Jehová ordenó a Moisés, por ello, que combatiera contra Madián. Los israelitas dieron muerte a los cinco reyes de esta nación, a todos los hombres y a todas las mujeres casadas, que habían sido las instigadoras de toda la disolución en la que había caído Israel (Nm. 31:3-18; cfr. v. 16). Los reyes de Madián eran aliados, o vasallos, de Sehón, rey de los amorreos (Jos. 13:21). En la época de los Jueces, los madianitas, los amalecitas y los hijos del Oriente invadieron Canaán como una nube de langostas. Allí llevaron sus animales, sus tiendas, apoderándose también de las cosechas de los israelitas, que quedaron reducidos a la más grande extremidad. Al cabo de siete años, el Señor, apiadado de su pueblo necesitado, le dio un libertador, Gedeón. Este aplastó a los opresores en la batalla de la llanura de Jezreel, dando muerte a los dos príncipes Oreb y Zeeb, y después a los reyes Zeba y Zalmuna. A partir de entonces el país tuvo cuarenta años de paz (Jue. 6-8; 9:17; Sal. 83:9-12; Is. 9:3; 10:26).

Después de ello, los madianitas no son vueltos a mencionar en la Biblia, excepto como reminiscencia histórica (Is. 60:6; Hab. 3:7). Es probable que, estando mezclados tempranamente con los ismaelitas, quedaran finalmente absorbidos por los nómadas del norte del desierto de Arabia, designados por el nombre general de Árabes.

 MADRE

tip, LEYE

ver, MATRIMONIO, FAMILIA, HIJO, PADRES, MUJER

vet,

La ley ordenaba que se honrara a la madre así como al padre (Éx. 20:12). El hijo que hiriera a su padre o madre debía ser castigado con la muerte (Éx. 21:17). La misma suerte caía sobre el que era habitualmente desobediente (Dt. 21:18-21). En casi todos los casos se mencionan las madres de los reyes de Israel, y no sólo los padres. La mujer prudente que llamó a Joab indicando que era «una madre en Israel» fue escuchada con toda atención (2 S. 20:19). Una madre tiene naturalmente una gran influencia sobre sus hijos, sea para bien o para mal, como se ve con los casos de Jocabed la madre de Moisés y Jezabel la madre de Atalía. Los hijos de la mujer virtuosa se levantan y la llaman bienaventurada (Pr. 31:28). Timoteo tenía una madre y abuela fieles (2 Ti. 1:5). Hay también «madres» en la iglesia que tienen los intereses del Señor en sus corazones para el bien de los santos, lo que se ve en que Pablo llama a la madre de Rufo también madre suya (Ro. 16:13).

Se ha de señalar que «en vano buscamos en las Escrituras la humillante posición que ocupa la mujer en muchas tierras del Oriente. Se ha creado una falsa concepción debido a su actual posición en Oriente, especialmente bajo el Islam. Su posición, tal como aparece en las Escrituras, es totalmente diferente. Allí las mujeres se mueven en el mismo plano social que los hombres. Con frecuencia ocupan posiciones públicas (Éx. 15:20; Jue. 4:4; 2 R. 22:14)...» (ISBE, pág. 2092). (Véanse MATRIMONIO, FAMILIA, HIJO, PADRES, MUJER.)

 MAESTRO

tip, DONE TITU

vet,

El «maestro» es uno de los dones establecidos en la iglesia (1 Co. 12:28; Ef. 4:11; cfr. Hch. 13:1).

El maestro es exhortado a ocuparse en la enseñanza (Ro. 12:7). La «enseñanza» es la exposición inteligente de la verdad mediante el Espíritu Santo, y ello no deja lugar a la mente y opinión del hombre.

Pablo dejó a Timoteo en Éfeso para que ordenara a algunos que no enseñaran otra doctrina que lo que enseñaban los apóstoles; y de los que persistían en enseñar de manera diferente dijo que estaban envanecidos, no sabiendo nada, y estaban delirando, etc. (1 Ti. 1:3; 6:3, 4). Esto es evidencia de que ninguna otra enseñanza más que la apostólica podía ser de Dios; así, la moderna fórmula por la que se «concuerda en diferir» en puntos vitales de la doctrina no puede ser reconocida. Bien al contrario, el apóstol dijo: «Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer» (1 Co. 1:10).

En Stg. 3:1 se da una palabra de advertencia: «No os hagáis muchos maestros.» Ello se debe a la mayor responsabilidad implicada. El mismo término («didaskalos») aparece en Jn. 13:13, donde el Señor manifiesta que es verdaderamente el Maestro, título que frecuentemente le daban los discípulos. Su enseñanza era de autoridad directa, y no como la de los escribas (cfr. Mt. 7:29).

 MAGADÁN

tip, LOCA

ver, DALMANUTA

vet,

Localidad a cuyos confines llegó Jesús después de haber atravesado el mar de Genesaret (Mt. 15:39); estaba situada en la costa occidental del lago, y posiblemente englobando a Magdala (cfr. Mr. 8:10). (Véase DALMANUTA.)

Las versiones de Reina-Valera siguen la lectura Magdala en lugar de Magadán.

 MAGDALA

tip, CIUD ARQU

sit, a1, 462, 302

vet,

= «torre».

Ciudad situada, según el Talmud, sobre la costa occidental del mar de Genesaret, cerca de Tiberíades, a menos de un camino de sábado (alrededor de 1 Km) del lago.

Los vestigios de Magdala se hallan en la aldea de el-Medidel, a 5 Km al norte de Tiberíades.

En Mt. 15:39, los mss. más acreditados tienen Magadán.

 MAGDALENA (María de Magdala)

tip, BIOG MUJE MUNT

ver, MAGDALA, MARÍA

vet,

Sobrenombre de una de las Marías, originaria de una Magdala que probablemente sea la misma que la que se considera en la entrada MAGDALA, (Véase MARÍA, d.)

 MAGIA

tip, RELI LEYE ESCA

ver, ADIVINACIÓN, ASTROLOGÍA, ASTRÓLOGOS, MAGOS

vet,

Práctica del ocultismo y relación con los malos espíritus.

El término heb. «hartõm», que se traduce como mago, significa frecuentemente:

escriba, sacerdote instruido (Dn. 1:20),

versado en los encantamientos, en las prácticas ocultas (Éx. 7:11),

en la interpretación de los sueños (Dn. 2:10).

Estas prácticas estaban muy difundidas:

en Egipto (Gn. 41:8; en Ti. 3:8 se dan los nombres de Janes y Jambres, que se opusieron a Moisés),

en Asiria (Nah. 3:4),

en Babilonia (Is. 47:9; Dn. 2:2),

en Canaán y

en los otros países paganos (Dt. 18:10).

Hay otro término heb., «'ahshãph», que se traduce generalmente como encantador. Designa a los hechiceros y a los exorcistas que empleaban fórmulas mágicas para que los malos espíritus les ayudaran o para hacer que dejaran de atormentar a sus pretendidas víctimas. Los efectos sobrenaturales buscados concernían a los hombres, a los animales o a las fuerzas de la naturaleza. Los textos no distinguen siempre de una manera clara los encantamientos y la adivinación (Nm. 23:23; 24:1; 2 R. 17:17; Jer. 27:9) y otras formas de ocultismo, todas ellas prohibidas formalmente por la ley de Moisés (Dt. 18:9-14). En ella se legislaba la pena de muerte para magos y evocadores de muertos (Éx. 22:18; Lv. 20:6, 27). Los profetas predijeron su castigo (Mi. 5:11; Mal. 3:5; etc.; cfr. Josefo, Vida 31; Ant. 17:4, 1; Sab. 12:4-6).

El NT revela la existencia de las mismas prácticas y nos presenta a:

Simón el mago (Hch. 8:9, 11);

Barjesús (Hch. 13:6, 8);

en Éfeso, los exorcistas judíos y los adeptos a las «artes mágicas», y sus libros de gran precio (Hch. 19:13, 19).

La magia es manifiestamente una de las obras de la carne (Gá. 5:20).

En Ap. 9:21 el término traducido «hechicerías» es «pharmakeia», lo que sugiere la utilización de drogas y de filtros misteriosos; el castigo de esta diabólica «farmacia» es la perdición eterna (Ap. 18:23; 21:8; 22:15). (Véanse ADIVINACIÓN, ASTROLOGÍA, ASTRÓLOGOS, MAGOS.)

El arte de encantar a las serpientes, lo que previene la mordedura, no se contaba entre los encantamientos (Ez. 10:11; cfr. Sal. 58:5; Jer. 8:17).

 MAGISTRADO

tip, FUNC

vet,

Traducción de diferentes términos heb. y gr.

Moisés, David y Esdras establecieron magistrados y jueces en Israel para que ejercieran la autoridad civil y judicial (Dt. 16:18; 1 Cr. 23:4; Esd. 7:25).

Lucas, con su habitual precisión, específica que los magistrados:

de Filipos eran «archontes» (Hch. 16:19),

los de Tesalónica «politarcas» (Hch. 17:6, 8; este título, típicamente macedonio, estaba en efecto en uso en esta y alguna otra ciudad);

en Éfeso, el término justo para designar a los magistrados era el de «asiarcas» (Hch. 19:31).

Jesús previene a Sus discípulos que serán llevados ante los magistrados, y les da una promesa especial (Lc. 12:11, 12). Señalemos que no se habla aquí de la predicación habitual del Evangelio, para lo que es indispensable una meditación y una preparación serias (1 Ti. 4:13-16; Jos. 1:7-8).

 MAGNIFICAT

tip, MUSI

vet,

Nombre que recibe el cántico que María, la madre del Señor Jesús, compuso en gozosa alabanza. Recibe este nombre por la palabra con que empieza en la versión latina Vulgata (Lc. 1:46-55).

En este cántico María reconoce que Dios es el Salvador de ella (Lc. 1:47) y agradece la bienaventuranza de que ha sido objeto (Lc. 1:48-50); proclama la grandeza de Dios en Su protección de los humildes y afligidos, y en Su juicio contra los soberbios de corazón (Lc. 1:51-53); relaciona el nacimiento del Mesías con la escatológica bendición de Israel (Lc. 1:54, 55).

Este bello poema está impregnado del conocimiento de Dios en las Escrituras del AT, y muestra que María era una estudiosa atenta de la Palabra de Dios.

 MAGO

tip, LEYE DIAB DOCT

ver, MAGOS, ADIVINACIÓN

vet,

Mago, de «yiddeoni»,«un sabio».

Lo único que se dice de ellos en las Escrituras es que «susurran hablando» (Is. 8:19). Es indudable que ello formaba parte de sus encantamientos, usados para aturdir a aquellos que iban a pedirles consejo, y quizás necesarios para hacer entrar en acción el espíritu que deseaban consultar. Puede que el consejo fuera bueno en ocasiones a fin de llevar más eficazmente a los engañados bajo la influencia de los malos espíritus. (Ver ADIVINACIÓN; para Mt. 2:16, ver MAGOS.)

 MAGOG

tip, TRIB ESCA

ver, GOG

vet,

Pueblo descendiente de Jafet (Gn. 10:2), morando en un país del norte (Ez. 38:2, 15).

Josefo identifica Magog con los escitas (Ant. 1:6, 1).

Ezequiel proclama proféticamente el triunfo final del programa de Dios: el rey de Magog y sus hordas son destruidos al invadir las tierras de Israel.

Otra vez aparece Magog en Ap. 20:8, 9. (Para más detalles, véase GOG, donde se trata el tema de su situación cronológica.)

 MAGOS

ver, MAGIA, ADIVINACIÓN, ESTRELLA DE ORIENTE

vet,

(gr. «Magoi», del viejo persa «Magav», «grande»).

Nombre dado a los sabios que llegaron de Oriente para adorar al niño Jesús (Mt. 2:1).

Los magos eran una casta sacerdotal numerosa, que constituía una de las seis tribus medas (Herodoto 1:101). Cuando los persas sometieron a los medos, los magos no perdieron su influencia. Intentaron vanamente apoderarse del trono, sufriendo por ello una horrenda matanza, pero pronto volvieron a recuperar su gran influencia (Herodoto 3:79).

Los magos adoraban el aire, la tierra, el agua y, sobre todo, el fuego, cuyo culto se celebraba generalmente bajo unos techos, donde noche y día mantenían viva la llama sagrada. Los cadáveres no podían ser ni quemados ni enterrados, ni dejados a las aguas, ni expuestos a la descomposición en pleno aire, lo que hubiera contaminado uno de los elementos de su culto. Es por esta razón que eran abandonados a las fieras o a las aves de rapiña (cfr. Herodoto 1:140; Estrabón 15:3, 20). Los magos elevaban torres, llamadas torres del silencio, provistas en su parte superior de barras transversales a modo de perchas, sobre las que se posaban los buitres y cuervos que cumplían su siniestra función.

Las vestiduras sacerdotales de los magos se componía de un ropaje blanco y un alto turbante de fieltro con dos piezas que ocultaban las mejillas. Se proclamaban mediadores entre Dios y el hombre, y ofrecían los sacrificios (Herodoto 1:132; 7:43), e interpretaban los sueños, los presagios, pretendían poder preanunciar el porvenir (Herodoto 1:107, 120; 7:19, 37, 113). Procuraban matar diligentemente a todos los animales que provenían, según ellos, de una creación mala (Herodoto 1:140). Los extranjeros prestaban menos atención a sus doctrinas y a su ceremonial que a sus encantamientos. Poco a poco, los griegos vinieron a llamar «mago» a todo adivino que empleara los métodos y sortilegios de Oriente.

El judío Barjesús era mago (Hch. 13:6), lo mismo que aquel Simón que había engañado mucho tiempo a los samaritanos (Hch. 8:9). (Véanse MAGIA, ADIVINACIÓN.)

En cuanto a los magos de Mt. 2:1, es imposible determinar su número por la mera mención de su triple don; tampoco se les puede denominar reyes aplicando Sal. 68:30-32; Is. 49:7; 60:3,10. También está en pie la cuestión de si pudieron ser de origen persa, como podría indicar un uso estricto del término «magos», o si podría tratarse de caldeos de Babilonia, como pudiera ser con un uso más amplio del mismo término. La espera, por parte de los judíos, del Mesías llamado a reinar sobre todo el mundo, era en aquella época conocida en todo el Oriente; es posible que fuera ello lo que llevara a unos astrólogos paganos a viajar a Jerusalén al haber visto una señal prodigiosa en el cielo (véase ESTRELLA DE ORIENTE).

 MAHALAT

tip, MUSI BIOG MUJE MUAT

vet,

= «enfermedad».

(a) Término musical de sentido incierto; se halla como título de los Sal. 53 y 88. Hay autores que especulan que pudiera ser una melodía conocida con la que se cantaban estos salmos.

(b) Hija de Ismael y mujer de Esaú (Gn. 28:9); llamada también Basemat.

(c) Hija de Jerimot y una de las esposas de Roboam (2 Cr. 11:18).

 MAHANAIM

tip, LUGA

sit, a2, 495, 279

vet,

Nombre dado por Jacob a un lugar en la ribera oriental del Jordán, donde encontró a ángeles de Dios, que formaban aproximadamente dos cohortes (Gn. 32:2).

En los confines de Gad y Manasés (Jos. 13:26, 30), esta localidad fue asignada a los levitas descendientes de Merari (Jos. 21:38; 1 Cr. 6:80).

Lugar santo al principio, Mahanaim vino finalmente a ser una ciudad fortificada y capital de Is-boset (2 S. 2:8, 12, 29). Allí se retiró David cuando su rebelde hijo Absalón ocupaba Jerusalén (2 S. 17:24, 27; 18:24, 33; 19:32; 1 R. 2:8).

Ahinadab, hijo de Iddo, fue intendente de Salomón en esta región (1 R. 4:14).

Mahanaim no ha sido identificado aún de forma definitiva, aunque se propone Khirbet Mahneh, a unos 7 Km. al norte de Ajlun.

 MAL

tip, DOCT DIAB

ver, PECADO, DIABLO

vet,

En todo tiempo y en todo lugar las personas reflexivas han sondeado «el problema del origen del mal». La causa del pecado no se halla en Dios. El autor del mal es «una persona». La tentación de Jesús es una prueba de ello (Mt. 4:11). La Biblia presenta a Satanás como un ser con una personalidad real (Jb. 1:6; Zac. 3:1; Lc. 10:18; Ap. 20:7; 2 Co. 11:14, etc.). Satanás es llamado asimismo Diablo (Mt. 13:39; Jn. 8:44; etc.), la serpiente o dragón (Ap. 12:7, 9; 20:2). ¿Cómo vino él a ser el autor e instigador del mal? La clave del enigma se halla en Isaías y Ezequiel. En el origen del mundo, en la creación de los cielos y la tierra (Gn. 1) Dios creó a los ángeles y, entre ellos, a un ángel superior, un querubín que dominaba toda una legión de ángeles, que cayeron posteriormente con él, viniendo a ser los demonios (Mt. 25:41). Recibe el nombre de príncipe de los demonios (Mt. 9:34), el príncipe del poder del aire (Ef. 2:2) y del mundo terreno (Jn. 12:31; 14:30). Así, el origen del mal reside en Lucifer, el querubín del que hablan Isaías y Ezequiel; bajo las imágenes del rey de Babilonia y del rey de Tiro es, evidentemente, Lucifer; a la luz del contexto, el objeto de los pasajes de Is. 14:12-15 y de Ez. 28:12-17.

Antes de considerar estos pasajes, es conveniente una observación acerca de la naturaleza del mal. El mal no es «algo» que tenga existencia de una manera positiva, sino la deterioración de algo bueno o su ausencia. La rebelión (mal) toma el lugar de la obediencia. La desconfianza (mal) toma el lugar de la comunión. Así, el mal es algo negativo, y sólo existe en relación con el bien, que procede de Dios, y que sí existe sin necesidad de existencia de mal alguno.

De los pasajes ya citados de Isaías y Ezequiel se desprende:

(a) que a Lucifer le había sido encomendado el cuidado y la protección de la tierra y del espacio contiguo a ella (Is. 14:12; Ez. 28:14);

(b) que había sido creado para que celebrara la gloria de Dios en todo el universo (Ez. 28:14);

(c) que tenía acceso al trono de Dios (Ez. 28:13, 14);

(d) que era perfecto, lleno de sabiduría y belleza (Ez. 28:15);

(e) que concibió el insensato plan de llegar a ser el igual de Dios, de destronar a Dios (Ez. 28:15; Is. 14:13-14). Su belleza, su resplandor, sus riquezas, todo ello lo perdió y le condujo al pecado (Ez. 28:17, 1-5);

(f) el juicio de Lucifer (Ez. 28:6-10; Is. 14:11, 15), la pérdida de su sublime posición, su destino a la morada de los muertos y al tormento eterno (Is. 14:15; Ez. 28:19 b; cfr. Ap. 20:1-2, 7-10).

Así, Lucifer vino a ser, por su caída, Satanás, el Adversario de Dios y el tentador de los hombres. Descendió a Edén (Ez. 28:13) presentándose al hombre en la seductora serpiente.

(a) El mal producido por Satanás.

Fue por su rebelión que el mal tuvo su origen. Quedó fuera de la amistad de Dios, enfrentado a Él, y lanzado a la tarea de erigir su propio perverso reino en oposición al de Dios. Hay autores que, manteniendo que entre Gn. 1:1 y 1:2 hay un gran intervalo, sitúan allí la caída de los ángeles, la destrucción de una creación primordial preadánica, el desarrollo de largas épocas geológicas, y sólo posteriormente la «re»-creación del mundo en seis días para la «creación adánica». Sin embargo, cfr. Éx. 20:11, esp.: «y todas las cosas que en ellos hay», y cfr. también CREACIÓN, Consideraciones geológicas y geocronológicas, c.

(b) Entrada del mal en Edén.

Satanás ya caído se manifiesta en Edén (Ez. 28:13; Gn. 3:1) bajo la forma de serpiente. Teme que el hombre, llamado a dominar sobre la tierra, no venga a ser más semejante a Dios (Gn. 1:27; Sal. 8:5-9). Tiene temor de ser echado de su imperio terrestre y de las regiones que rodean la tierra. Hay que arrancar al hombre de la dependencia divina. Es así que sedujo a Adán, al arrojar la duda en el corazón de Eva acerca de la palabra y de la voluntad de Dios (Gn. 3:1-6).

(c) Satanás, acusador de los hombres.

Antes de la resurrección de Cristo, Satanás siguió entrando ante la presencia de Dios para acusar a los hombres (Jb. 1:6-12; Zac. 3:1; Ap. 12:10). Es en los lugares celestes donde tenemos nuestra lucha contra él (Ef. 6:12).

(d) Satanás osó tentar al mismo Hijo de Dios (Mt. 4:1-11).

 

La obra victoriosa de Cristo.

Es por Jesucristo que Dios ha logrado una total victoria sobre el mal y derrotado a Satanás de una manera irremediable.

(a) Ya en su vida terrena, Cristo triunfó personalmente sobre Satanás. En el desierto, le dijo: «Apártate», y Satanás tuvo que huir (Mt. 4:10-11). Jesús vio a Satanás caer del cielo como un rayo (Lc. 10:18). En la cruz, por su expiación, Cristo fue el verdadero cordero inmolado, pero también fue el antitipo del macho cabrío enviado al desierto cargado con nuestras faltas, lo cual significaba para el enemigo que el sacrificio redentor ha quedado consumado, y que ya nada hay que pueda mantenerse contra los redimidos (Lv. 16:9-10). En Zac. 3:2-5 se ve la magnífica prefiguración de la obra de la justificación y de purificación efectuada por Cristo, nuestro Abogado, que se presenta en este pasaje bajo los rasgos del Ángel de Jehová. Después de la cruz, Satanás no puede acusar ya más al ex pecador regenerado (cfr. Col. 2:14-15).

(b) La resurrección de Cristo ha consumado la victoria de Dios sobre él y sus consecuencias (Mt. 28:18; Ro. 1:4). La resurrección es la certidumbre del triunfo definitivo del pecador (1 P. 1:3), es la certidumbre de la victoria de Dios sobre la tierra y en el cielo (Ef. 1:20-22; Fil. 2:9-11). Esta victoria se manifiesta desde ahora ya por el nuevo nacimiento, que es la puerta de entrada al Reino (Jn. 3:3). Se manifestará de una manera clara y patente con la renovación física de la tierra en el Reino milenial (Is. 11:8-9; Hab. 2:14; cfr. Ez. 47:1-12); finalmente, por la eliminación de Satanás (Ap. 20:10) y por la gloria del Reino celestial donde Dios será todo en todos (1 Co. 15:24-28; Ap. 21:23-27; 22:3-5). (Véanse PECADO, DIABLO.)

 

Bibliografía:

Chafer, L. S.: «Participación angélica en el problema moral» y «Satanología», en Teología Sistemática, vol. 1, págs. 448-531 (Publicaciones Españolas, Dalton, Ga. 1974).

 MALAQUÍAS

tip, LIBR BIOG PROF ESCA HOMB HOAT LIAT

ver, ELÍAS

vet,

= «mi mensajero».

Profeta y autor del último libro del AT (Mal. 1:1); sólo se le conoce por este escrito. Como Malaquías significa «mi mensajero», ciertos comentaristas han pensado que no es un nombre propio, sino un título de un escriba, quizá del mismo Esdras. Sin embargo, por cuanto cada uno de los libros de los profetas mayores y de los once menores dan en el encabezamiento el nombre de su autor, lo plausible es que éste sea también el caso en este libro.

A. Contenido:

(a) El amor que Dios manifestó a Israel al escoger a Jacob y no a Esaú (Mal. 1:2-5) no es correspondido:

(A) Los sacerdotes en las ofrendas (Mal. 1:6-14); amenaza de castigo sobre los sacerdotes que infringen la Ley de Dios, observada en el pasado (Mal. 2:1-9).

(B) Denuncia de la perfidia, de los matrimonios mixtos con paganos, del repudio de las esposas legítimas, de la violencia (Mal. 2:10-17).

(b) Inminencia del juicio, de la venida del precursor, y del mismo Señor, mensajero del Pacto, quien purificará a los levitas y castigará a los impíos (Mal. 3:1-6; cfr. Éx. 23:20-23; Mt. 11:10).

(c) Llamamiento al arrepentimiento, por cuanto el Señor vendrá para bendecir, para juzgar, para destruir los argumentos falaces de los incrédulos que dicen: «Por demás es servir a Dios.» Aquellos que, apartándose del pecado, hayan servido a Jehová, serán para Él especial tesoro; los pecadores serán abrasados (Mal. 3:7-4:3). Exhortación a recordar la Ley de Moisés; anuncio de la venida de Elías, que preparará el grande y terrible día de Jehová (Mal. 4:4-6; Mt. 17:10-13; Lc. 1:17).

Cuando la profecía de Malaquías fue proclamada, los judíos no tenían rey, sino un gobernador (Mal. 1:8), indudablemente nombrado por el rey de Persia (Neh. 5:14). El templo de Zorobabel existía ya, y se ofrecían holocaustos sobre el altar, como en los tiempos antiguos (Mal. 1:7-10). Así, Malaquías es evidentemente posterior a Hageo y a Zacarías. Después de volver de Babilonia, hubo un nuevo vigor en la vida religiosa, pero no resultó en nada más que en la reconstrucción del Templo y de las murallas de Jerusalén. La corrupción de los sacerdotes y de los miembros del pueblo fue cosa característica en la época de Nehemías (Neh. 13). Aunque hay exegetas que sitúan a Malaquías antes del retorno de Esdras (458 a.C.) o antes del 444 a.C., es indudablemente adecuado situarlo más tarde. En el año 433 a.C. Nehemías fue llamado a la corte de Persia. Es posible que Malaquías redactara entonces su profecía, porque difícilmente hubiera podido ser escrita mientras Nehemías era gobernador (Mal. 1:8; cfr. Neh. 5:15, 18). Así, la fecha de redacción se sitúa probablemente alrededor del año 433 o 432 a.C.

B. La unidad y genuinidad: de esta obra es reconocida incluso por parte de la crítica. El NT da pleno testimonio de la autoridad canónica y doctrina de Malaquías (cfr. Mal. 4:5-6 y Mt. 11:10, 14; 17:11-12; Mr. 9:11-12; Lc. 1:17; cfr. Mal. 3:1 y Mt. 11:10; Mr. 1:2; cfr. Mal. 1:2-3 y Ro. 9:13).

Este último libro del AT finaliza con una recomendación a observar la ley de Moisés (Mal. 4:4), una referencia a los profetas (representados por Elías, v. 5) y el anuncio claro de un Mesías, que juzgará al pueblo según la ley divina y salvará a aquellos que temen a Jehová (Mal. 3:1-3; 4:1-2, 6). El NT comienza donde acaba el Antiguo. El precursor, en la persona de Juan el Bautista (Mal. 3:1; Mr. 1:2; Lc. 1:76), aparece, y tras él la verdadera luz resplandece y trae curación en sus rayos (Mal. 4:2; Jn. 8:12; 9:5; 1 Jn. 2:8).

Sobre el monte de la Transfiguración aparecieron Moisés y Elías para dar testimonio de que la antigua dispensación quedaba cumplida en la cruz del Calvario (Mal. 4:4-5; Lc. 9:30-31).

La profecía de Malaquías tendrá un cumplimiento pleno y definitivo; el mismo Elías será el precursor de la Segunda Venida del Mesías, cuando Él venga para el día grande y terrible de Jehová (Mal. 3:2-5; 4:1, 5-6; Mr. 9:12). (Véase ELÍAS.)

 

Bibliografía:

Adamson, J. T. H.: «Malaquías» en Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1977)

Dennet, E.: «Zechariah and Malachi» (Bible Truth Publishers, Oak Park, Ill 1888, reimpr s/f),

Goddard, B. L.: «Malaquías», en Comentario Moody del Antiguo Testamento (Ed. Portavoz, Grand Rapids, 1993);

Kelly, W.: «The Minor Prophets» (C. A. Hammond, Londres s/f);

Wolf, H.: «Hageo-Malaquias» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1980).

 MALCO

tip, BIOG HOMB HONT

vet,

= «gobernante» o «consejero».

El siervo de Caifás, cuya oreja derecha le fue cortada por Pedro y milagrosamente restituida por Cristo en Getsemaní (Mt. 26:51). La captura del Salvador inmediatamente después de dos manifestaciones de su Divinidad (Lc. 22:51; Jn. 18:6), pone de manifiesto la ceguedad y obstinación del pecador.

Hemos de tener presente que únicamente Juan, que era conocido de la familia, menciona su nombre, en tanto que solamente Lucas, que era médico, alude a la curación de la oreja. «Dejad hasta aquí», parece significar «dejadme libre un momento por este objeto». Cristo no deja pasar la ocasión para hacer el bien.

 MALDAD

tip, DOCT

vet,

La maldad es un estado mental de desprecio hacia la justicia, rectitud, verdad, honor y virtud. Son muchos los términos que se traducen como «maldad», puesto que, al igual que en castellano, hay distintos términos en hebreo. La maldad empieza con una disposición de la mente, después se exterioriza en actos, los cuales moldean el carácter de quien se da a ella, marcando su destino. Se llega con ella a un punto sin retorno, con una total perversión de los valores. Contra ello se rebela el profeta Isaías, clamando: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» (Is. 5:20).

El Señor Jesús reveló el origen de toda la maldad humana. El problema es interno, «porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos... las maldades... la soberbia, la insensatez» (cfr. Is. 7:21, 22).

El cristiano es exhortado a no pecar; Juan nos muestra el camino a seguir para el cristiano que ha pecado, y cómo, bajo nuestra confesión al Señor, «Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Jn. 1:9).

 MALDICIÓN

tip, DOCT ESCA

ver, BENDICIÓN

vet,

El castigo pronunciado por Dios como consecuencia del pecado de Adán y Eva. El hombre no fue objeto de la maldición, sino que ésta cayó sobre la serpiente y sobre la tierra. El hombre debería comer con dolor del fruto de la tierra todos los días de su vida, y en dolor debería la mujer dar a luz sus hijos (Gn. 3:17).

Después del diluvio, el Señor olió el grato olor del sacrificio de Noé, y dijo en su corazón: «No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud» (Gn. 8:21). Había comenzado una nueva dispensación del cielo y de la tierra, y Dios no iba a maldecirla ya más, sino que iba a actuar respecto a ella en base al grato olor de la ofrenda de Noé. El hombre recibió aliento. Las estaciones anuales persistirían en tanto que la tierra permaneciese (Gn. 8:22). Dios hizo un pacto con Noé y su descendencia, y con todo ser vivo, y como prenda de este pacto estableció su arco en las nubes (Gn. 9:8-17).

Toda la creación está sometida a vanidad, y gime y está con dolores de parto (Ro. 8:20-22). Pero hay la certidumbre de una liberación ya conseguida. Las espinas y cardos eran las pruebas de la maldición (Is. 32:13); pero viene el tiempo en que «en lugar de zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán» (Is. 55:13). Tanto los débiles como los fuertes del reino animal morarán también en feliz armonía en el milenio (Is. 11:6-9). En un sentido más sublime, Cristo ha redimido a los creyentes procedentes del judaísmo de la maldición de la Ley, habiendo sido hecho maldición por ellos, porque maldito es todo el que es colgado de un madero (cfr. Gá. 3:13). (Véase BENDICIÓN.)

 MALICIA

tip, DOCT

vet,

Mala disposición de ánimo hacia otra persona, generalmente escondida con una apariencia engañosa.

Los fariseos sentían hostilidad contra Jesús, pero en ocasiones intentaban ponerle trampas aparentando una actitud amistosa (Mt. 22:15-22); la malicia es un pecado contra el que el cristiano es advertido en varios pasajes (1 Co. 5:8; 14:20; Ef. 4:31; Col. 3:8; Stg. 1:21; 1 P. 2:1).

 MALTA

tip, ISLA

sit, a9, 70, 261

vet,

(gr., «Melíta»; el nombre actual de Malta es árabe).

Isla del Mediterráneo, al suroeste de la punta más meridional de Sicilia.

En Hch. 28:1 la nave que conduce a Pablo a Roma encalla en Melita, es decir, según la tradición, en Malta. La tradición también señala en Malta una bahía de S. Pablo (13 Km. al nornoroeste de La Valetta). Aun cuando los habitantes (Hch. 28:2-4: bárbaros) eran súbditos de Roma desde el año 218 a.C. y ciudadanos desde César, su lengua propia era púnica (fenicia), y, por consiguiente, fácil de entender para Pablo. Todavía hoy se habla en Malta un dialecto semítico. Pero, según se deduce de las inscripciones, el latín y el griego eran comprendidos en la isla. Ésta se hallaba gobernada por un «princeps municipii»l, al que Hch. 28:7 da el nombre de Publio.

Véase MELITA.

 MAMÓN

vet,

Término arameo que significa «riquezas».

Es personificado como un «señor» en Mt. 6:24; Lc. 16:13: «No podéis servir a Dios y a las riquezas.». En Lc. 16:9, 11 recibe el nombre de «mamón injusto» (gr.) (como perteneciendo a este mundo en el que los derechos de Dios a todo no son reconocidos) en oposición a la verdadera riqueza, que pertenece al mundo venidero.

 MAMRE

tip, CIUD BIOG REYE HOMB HOAT

sit, a3, 278, 215

vet,

(a) La ciudad, o más probablemente el distrito de Hebrón (Gn. 23:19; 35:27) al oeste de Macpela (Gn. 23:17). Abraham moró mucho tiempo en el encinar de Mamre cercano a Hebrón (Gn. 13:18; 14:13; 18:1, etc.).

En la época de Josefo había un terebinto que era designado como árbol de Abraham, a unos seis estadios (más de 1 Km.) de Hebrón (Guerras 4:9, 7); en el siglo IV se mostraba uno en Ramet el-Khalil, a dos millas romanas al norte de Hebrón. Constantino lo dejó dentro de los muros de una basílica. Los vestigios de este edificio llevan el nombre de «casa de Abraham». El árbol, que en la actualidad es llamado «encina de Abraham», tenía ya este nombre en el siglo XVI. Se trata de una encina, el «Quercus pseudococcifera». La circunferencia del tronco, en la base, llega a casi 8 m.; el diámetro de la capa sobrepasa los 28 m. (Thompson). Esta encina se levanta a unos 2,5 Km. al oeste-noroeste del moderno Hebrón.

(b) Jefe amorreo que vivía en Mamre; con Escol y Aner, sus hermanos, ayudó a Abraham a rescatar a los cautivos y el botín arrebatados por Quedorlaomer (Gn. 14:13, 24). Es posible que se le diera el nombre del distrito sobre el que ejercía autoridad.

 MANÁ

tip, TIPO MILA ALIM

vet,

(gr. «manna», heb. «mãn»).

La expresión heb. «mãn hû» significa: «¿Qué es esto?» (Éx. 16:15), pregunta de dónde proviene el nombre de la sustancia. El maná fue el principal alimento de los israelitas durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto. Los israelitas lo conocieron por primera vez en el desierto de Sin, cuando se quejaron de falta de alimento. El descenso del maná se compara con una lluvia de pan celestial (Éx. 16:1-4, 12; Sal. 78:24; 105:40). Por la mañana, cuando se disipó el rocío, quedaron pequeños granos en el suelo, parecidos a la escarcha. Los hijos de Israel, no sabiendo de qué se trataba, preguntaron: «¿Mãn hû?» Moisés les dijo: «Es el pan que Jehová os da para comer» (Éx. 16:13-15; Nm. 11:9). El maná recordaba la semilla del culantro blanco; era blanco, y tenía un sabor como de hojuelas con miel o de aceite fino (Éx. 16:31); la gente lo molía en molinos o lo majaba en morteros, cociéndolo o haciendo tortas (Nm. 11:7-8). Moisés ordenó a los israelitas, de parte del Señor, que recogieran cada mañana un gomer por persona (entre 3,5 y 4 l.), y que no guardaran nada para el día siguiente. Los gusanos atacaron el maná de los desobedientes. El día sexto, el Señor envió dos gomers de maná por persona; no hubo nada en sábado (Éx. 16:22-30). Aarón conservó un gomer de maná, evidentemente incorruptible, para que sus sucesores después de él lo fueran guardando para generaciones sucesivas, para que vieran el alimento de sus antecesores en el desierto (Éx. 16:32-34). Un año después de la primera aparición del maná, en la misma época, se específica que el pueblo seguía recibiendo este pan del cielo, que siguió cayendo hasta el final de los 40 años en el desierto. Los israelitas menospreciaron esta bendición (Nm. 11:4-9; 21:5), a pesar de lo cual Dios no les privó de él (Éx. 16:35; Dt. 8:3, 16; Neh. 9:20; Sal. 78:24). El maná no cesó hasta el día después de la Pascua celebrada en Gilgal, tras haber atravesado Canaán, y después de que el pueblo hubo comido del fruto de la tierra (Jos. 5:10-12).

Se ha planteado frecuentemente la cuestión de si el maná era un producto creado especialmente para socorrer a los israelitas, o si se trataba de una sustancia natural, multiplicada de una manera milagrosa. Hay diversas plantas que exudan una especie de sustancia análoga al maná, de manera espontánea, o bien debido a la picadura de un insecto. Éste es el caso del «Tamarix nainnifera» (variedad del «Tamarix gallica»), y que crece en la península del Sinaí; esta planta es picada por un hemíptero, «Chermes», o «Coccus manniparus». El producto, de un color amarillento, se vuelve blanco al caer sobre las piedras y quedar al sol; se encuentra durante 6 a 10 semanas, sobre todo en junio. El «Alhagi maurorum» y el «Alhagi desertorum» exudan asimismo una especie de escarcha, y hay también más plantas de este género. Su producto es usado como miel y mantequilla por los árabes; tomado en dosis más fuertes, tiene efectos purgantes. Es evidente, sin embargo, que todas estas sustancias no tienen las características del maná. El maná fue producido milagrosamente, en cantidad suficiente para toda una nación; esta cantidad era doblada al sexto día y no aparecía en el séptimo; dejó de existir cuando dejó de ser necesaria.

Sentido tipológico.

Cristo compara el maná con el Pan viviente descendido del cielo. En tanto que el maná nutría el cuerpo por un poco de tiempo, Jesús, el verdadero pan de vida, ofrece su carne y su sangre como alimento y salvación eterna de nuestras almas (Jn. 6:31-35, 45-48). Todo israelita tenía que buscar el maná cada día, por la mañana, en cantidad suficiente, tomándose simplemente el trabajo de recoger este don de lo Alto. De la misma manera, cada creyente busca en Cristo su alimento, cada día antes de toda otra actividad, a fin de quedar plenamente provisto, apropiándose por la fe del don celestial. El que venza recibirá hasta en el cielo este maná espiritual y escondido (Ap. 2:17), por cuanto Cristo será nuestro Pan vivo hasta la eternidad.

 MANAÉN

tip, PROF BIOG HOMB HONT

vet,

Forma gr. de «Menahem» (heb.: «consolador»).

Profeta o maestro cristiano de la iglesia de Antioquía. Criado con Herodes el tetrarca, era su amigo de infancia, o hermano de leche (Hch. 13:1); posiblemente descendiente o pariente de Manahem, el Esenio, que predijo a Herodes el Grande su accesión al trono. Herodes hizo mucho caso de Manahem y de su secta a causa del cumplimiento de esta predicción (Ant. 15:10, 5).

 MANAHAT

tip, LUGA BIOG HOMB HOAT

vet,

= «reposo».

(a) Hijo de Sobal el horeo (Gn. 36:23); posiblemente que fuera también un lugar habitado por una rama de la tribu de Sobal (1 Cr. 1:40).

(b) Lugar donde los benjamitas de Geba fueron deportados por los miembros de las otras tribus (1 Cr. 8:6); prob. Malha, a casi 5 Km. al suroeste de Jerusalén. Unos descendientes de Salma, de la familia de Caleb, de la tribu de Judá, formaban indudablemente la mitad de su población, o de la de otra localidad de este nombre (1 Cr. 2:54).

 MANAHEM

ver, MENAHEM

vet,

Véase MENAHEM.

 MANASÉS

tip, BIOG REYE ARQU HOMB HOAT

ver, JONATÁN

vet,

A. EL NOMBRE: (forma gr.) = «que hace olvidar».

(a) Hijo primogénito de José, nacido en Egipto; su madre fue Asenat, hija de Potifera, un sacerdote de On. Manasés, al igual que su hermano Efraín, era medio hebreo y medio egipcio (Gn. 41:50, 51). Cuando Jacob quiso bendecir a los dos muchachos, José puso a Efraín a su izquierda y a Manasés a su derecha. Pero Jacob, moribundo, cruzando los brazos, puso su mano derecha sobre la cabeza de Efraín y su izquierda sobre la de Manasés, para indicar que Efraín engendraría un pueblo más numeroso (Gn. 48:8-21).

(b) Modificación intencional del nombre de Moisés (Jue. 18:30). (Véase JONATÁN, a.)

(c y d) Uno de los hijos de Pahat-moab y uno de los hijos de Hasum. Esdras persuadió a cada uno de ellos a que despidieran a sus mujeres extranjeras.

(e) Hijo y sucesor del rey Ezequías. A la edad de 12 años, hacia el año 693 a.C., accedió al trono. Destruyó la obra reformadora de su padre, erigiendo santuarios paganos sobre los lugares altos, para honrar a Baal, erigiendo en el templo de Jerusalén altares dedicados al culto de los astros; inmoló también a uno de sus hijos a Moloc. Manasés no prestó atención alguna a las severas advertencias de los profetas; llenó Jerusalén de sangre inocente. Persiguió especialmente a aquellos que, por fidelidad a Jehová, se oponían a sus decretos (2 R. 21; 1-16). La tradición rabínica lo acusa de haber dado muerte al profeta Isaías aserrándolo por medio; en el NT parece hacer referencia a ello (cfr. He. 11:37). Dios entregó a este rey al enemigo. Esar-hadón y Assurbanipal, reyes de Asiria, declaran haber recibido tributo de Manasés.

Manasés se arrepintió profundamente cuando su reino le fue devuelto. Destruyó entonces los ídolos, causa de su ruina, y restableció el culto a Jehová; fortificó Jerusalén (2 Cr. 33:12-19). Su reinado, el más largo de los de los reyes de Judá, duró 55 años. Manasés murió alrededor del año 639 a.C., dejando en el trono a su hijo Amón (2 R. 21:17, 18; 2 Cr. 33:20).

B. Arqueología:

Los anales asirios no hablan del desplazamiento de Manasés a Babilonia (2 Cr. 33:11). Pero en una inscripción de Esar-hadón se relata una visita forzada que tuvo que hacer a Nínive, alrededor del año 678 a.C. Esar-hadón dice en ella: «... y yo convoqué (después de haber construido un palacio real más grande) a los reyes de Siria; ... Baalu, rey de Tiro; Manasés, rey de Judá; Kaushgabri, rey de Edom; Mussuri, rey de Moab... (etc.). Veinte reyes en total. Les di mis órdenes.» (D. D. Luckenbill, «Ancient Records of Syria and Babilonia 2», Secc. 690). Los críticos creen por ello que la deportación de Manasés tuvo lugar a Nínive, y no a Babilonia como afirma el texto bíblico. Sin embargo, las inscripciones cuneiformes demuestran que Esar-hadón había reconstruido y embellecido Babilonia, destruida por su padre Senaquerib (ibid., Secc. 646-647); es perfectamente posible que llevara a estos veinte reyes congregados a que vieran aquel esplendor. Y, desde luego, no se puede aducir del silencio que Manasés no hubiera sido enviado allí. La Estela de Esar-hadón, también llamada de Endjirli, muestra a Baalu, rey de Tiro, maniatado y en actitud suplicante ante el rey de Asiria. A su lado se encuentra Tirhaca, el rey de Etiopía (2 R. 19:9), con los labios atravesados por un garfio unido a una cuerda sostenida por Esar-hadón (S. Caiger, «Bible and Spade», 1947, PP. 163-164).

 

C. La tribu:

Surgida de Manasés comprendía siete clanes. Maquis, hijo de Manasés, fundó uno; los otros seis descendían de Galaad, nieto de Manasés (Gn. 50:23; Nm. 26:28-34; Jos. 17:1, 2). Durante el primer censo en el desierto, Manasés contaba con 32.200 hombres capaces de llevar armas (Nm. 1:34, 35); en el segundo censo, 38 años después, contaba con 52.700 (Nm. 26:34). Cuando Moisés hubo vencido a Sehón, rey de Hesbón, y a Og, rey de Basán, una mitad de la tribu de Manasés se unió a las tribus de Rubén y de Gad para pedir permiso para quedarse al este del Jordán. Recibieron este permiso con la condición de que pasaran en armas delante de sus hermanos, para ayudarles a conquistar el país al oeste del Jordán (Nm. 32:33-42; cfr. Nm. 32:1-32; 34:14, 15; Dt. 3:12, 13; 29:8; Jos. 12:4-6; 18:7). Cumplieron esta condición (Jos. 1:12-18; 4:12). Después de haber conseguido la victoria, volvieron a las regiones que habían escogido. Un malentendido acerca de la construcción de un altar hizo peligrar la concordia, que pronto se restableció (Jos. 22:1-34). El país asignado a la media tribu de Manasés, al este del Jordán, englobaba una parte de Galaad y todo el Basán (Dt. 3:13-15), a partir de Mahanaim (Jos. 13:29-33). Este territorio se extiende 100 Km. de este a oeste, y 65 o más de norte a sur. Está formado en gran parte por una meseta de 760 m. de altura, una de las regiones más ricas de Palestina y uno de los principales graneros de Siria. Está llena de ruinas de ciudades. La otra media tribu atravesó el Jordán y recibió su herencia en la Palestina central, al oeste del Jordán. Sus límites eran: al sur, Efraín; al noroeste, Aser; al noreste, Isacar. Su frontera meridional pasaba por Janoa y Taanat-silo, cerca de Siquem; seguía la orilla septentrional del arroyo de Caná hasta su desembocadura en el Mediterráneo (Jos. 16:6, 7; 17:5-10). Pero los hijos de Efraín tuvieron ciudades entre los hijos de Manasés (Jos. 16:9) y estos últimos poseían ciudades en el interior de Isacar y de Aser: Bet-seán, Ibleam, Dor, Endor, Taanac, Meguido (Jos. 17:11; cfr. 1 Cr. 7:29). Los descendientes de Manasés no echaron a los moradores de las ciudades cananeas, sino que se conformaron con exigirles tributo (Jos. 17:12, 13; Jue. 1:27, 28). Hubo ciudades de Manasés destinadas a los levitas, como en las demás tribus: Golán, en Basán, al este del Jordán, era una de las seis ciudades de refugio (Jos. 20:8; 21:27). Gedeón, héroe y juez, fue el más ilustre de los descendientes de Manasés (Jue. 6:15; cfr. 6:35; 7:23). Hubo hombres de Manasés que se unieron a David en Siclag (1 Cr. 12:19, 20), y 18.000 de ellos se pusieron a su disposición en Hebrón (1 Cr. 12:31; cfr. 1 Cr. 12:37). La media tribu al este del Jordán, asociada con Rubén y Gad, guerreó contra los agarenos y se apoderó del territorio de ellos. Después, Tiglat-pileser deportó a estos israelitas (1 Cr. 5:18-26). De Manasés se unieron a Asa de Judá, cuando vieron que Jehová estaba con él (2 Cr. 15:9). También de esta misma tribu acudieron a la gran Pascua celebrada bajo Ezequías, y después a la de Josías (2 Cr. 20:1, 10, 11, 18; 31:1; 34:6, 9).

 MANDRÁGORA

tip, FLOR MDIC

vet,

(heb. «duda'i», «manzana de amor»).

Se suponía que esta olorosa planta actuaba como filtro de amor, y que tenía virtudes fertilizantes (Gn. 30:14-16; cfr. Cnt. 7:14). La mandrágora («Mandragora oficinarum») es una bella solanácea de grandes hojas, con flores de un violeta pálido, blancas, o de azul oscuro. Su fruto es pequeño, de un amarillo dorado. La raíz, en forma de bieldo, se parece vagamente a dos piernas. La mandrágora crece en el valle del Jordán, al lado de los afluentes de este río, en los campos de Moab, de Galaad y en Galilea. Las hojas son más venenosas que las de la belladona.

 MANO

tip, LEYE

ver, IMPOSICIÓN DE MANOS, BRAZO

vet,

Son varios los términos heb. y gr. usados para la mano:

(heb.: «yãdh», «mano);

«kaph», «la mano hueca», «palma»;

«yãmîn», «la mano derecha»;

«s'mõ'l», «la mano izquierda»;

(gr.: «cheir», «mano»);

«dexia», «la mano derecha»;

«aristera», «la mano izquierda» [sólo en Lc. 23:33; 2 Co. 6:7] o, de manera eufemística [debido a la creencia de que de la izquierda salían malos augurios, cfr. lat. «sinister»; cast. siniestra]:

«eunõmos» [lit.: «teniendo un buen nombre»]).

Siendo la mano la misma ejecutora de gran parte de las intenciones del hombre, es mucho lo que se dice en las Escrituras acerca de ella. Se puede señalar lo siguiente:

La mano incluía la muñeca. Hay pasajes en los que se incluyen los brazaletes como adornos de la mano (Gn. 22:22, 30, 47; Ez. 23:42; también las Escrituras hablan de cadenas en las manos (Jue. 15:14, heb. «yãdh», lit.: «mano», y no «brazo» como se traduce en la versión Reina-Valera). También se usa de los «dedos», como en Gn. 41:42, etc., donde se ponen los anillos.

En la Ley de Talión se demandaba «... mano por mano, ...» (Éx. 21:24; Dt. 19:21).

Son muchas las expresiones figuradas en las que entra la mano:

«Abrir la mano al pobre» significa ser generoso (Dt. 15:11);

«enviar con las manos vacías» significa despedir a alguien sin darle nada (Dt. 15:30);

«alargar la mano» (Gn. 3:22) significa la acción de alcanzar algo;

«alzar la mano» (Is. 10:32) o «sacudir la mano» (Sof. 2:15) significa desafiar.

La tristeza y el dolor se expresaban «poniendo la mano sobre la cabeza» (2 S. 13:19); así aparece en imágenes egipcias en las que hay escenas de duelo.

Las manos «se baten» en expresión tanto de ira como de gozo (Nm. 24:10); también de esta manera se expresa el propio desprecio sobre el vencido (Jb. 27:23; Lm. 2:15; Nah. 3:19).

El acto de «tomar la vida en su mano» es arriesgarla (1 S. 19:5; 28:21).

Para «imposición de manos» véase IMPOSICIÓN DE MANOS.

«Alzar la mano a los cielos» era un gesto que acompañaba al acto de jurar (Dt. 32:40);

«alzar la mano al pueblo» formaba parte del acto de bendecir a la multitud (Lv. 9:22). El Señor también bendijo a los suyos alzando las manos, en la Ascensión (Lc. 24:50). En la oración se alzan las manos (1 Ti. 2:8).

«Poner la mano sobre la boca» es señal de silencio (Jb. 21:5; 40:4; Mi. 7:16).

En Pr. 19:24 se da una vívida imagen de la pereza, en la que el perezoso ni aun levanta su mano del plato para alimentarse (cfr. Pr. 26:15).

La mano es también símbolo de poder: «la mano de Jehová vino sobre Eliseo» (2 R. 3:15).

Es importante también como designando posición. Estar a la mano derecha significa honor (Lc. 20:42; 22:69; He. 1:3, 13; 8:1; 10:12; 12:2; 1 P. 3:22). En el juicio de las naciones, los salvos estarán a la derecha (el lado honroso) del Juez, en tanto que los perdidos estarán a su izquierda (Mt. 25:33 y ss). En estos pasajes, los términos usados no se traducen en castellano como «mano...», sino como «derecha» o «izquierda». Sin embargo, la posición se refiere a las dos manos (gr. «dexia» y euõnumos). (Véase BRAZO.)

 

Bibliografía:

Vine: «Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento», vol. II, pág. 273, último subartículo de la página.

Guerra: «Diccionario Morfológico del Griego del NT», pág. 208, art. correspondiente euõnumos.

 MANOA

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

= «reposo».

Padre de Sansón, se le apareció el ángel de Jehová prediciéndole el nacimiento de su hijo (Jue. 13). Se opuso al matrimonio de Sansón con una doncella filistea (Jue. 14:1-3), aunque al final se vio obligado a ceder (Jue. 14:4-10). Se desconocen más detalles biográficos.

 MANSEDUMBRE

vet,

Es aquella serenidad de espíritu pacífica y humilde, en virtud de la cual el hombre no se deja arrebatar fácilmente de la cólera con motivo de las faltas o el enojo de los demás (Pr. 16:32; Stg. 3:7, 8, 13). Dios mora con un espíritu de ese linaje y le concede bendiciones especiales (Is. 57:15; 66:2; Mt. 5:5).

La mansedumbre es una gracia cristiana (1 Ti. 6:11), adquirida aun por muchos espíritus naturalmente fogosos, como Moisés (Éx. 2:12; Nm. 12:3) y Pablo (Hch. 26:10, 11; 1 Co. 9:19), y debe adquirirse por todos los que quieran ser como Cristo. Es un fruto del Espíritu (Gá. 5:23; 6:1), del amor (1 Co. 4:21) y de la bondad divina (Col. 3:12).

 MANTEQUILLA

tip, ALIM

vet,

El término heb. no significa mantequilla, sino leche agria o cuajada (Gn. 18:8; Dt. 32:14; Pr. 30:30; Is. 7:15, 22).

Thompson afirma que los orientales de la antigüedad no elaboraban mantequilla, y que en el Oriente reciente tampoco. Jael dio a Sísara leche agria, llamada «leben» en árabe.

Todavía en nuestros días se llena con leche un odre hecho con la piel de un buey joven o de una cabra; las mujeres agitan mucho tiempo este recipiente, y después lo vacían, haciendo hervir o fundir el líquido, echándolo después en odres hechos también de pieles de carneros. En invierno, la consistencia de este producto es como la de la miel asentada; en verano, como la del aceite.

 MANTO. Véase VESTIDOS.

 MANTO PARA LA ORACIÓN

tip, UTEN RELI

ver, VESTIDOS

vet,

La secta de los «hassidim» judíos demandan que los varones se cubran con un gran manto en la oración, manto que cubre no sólo la cabeza, sino buena parte del cuerpo; con él se cubren orando postrados. Se usa tanto en la oración comunitaria como en la privada.

 MANUSCRITOS DEL DESIERTO DE JUDÁ. Véase QUMRÁN.

 MARCA DE JARRA

tip, ARQU

vet,

Marcas impresas en ciertos recipientes de barro cocido. Se han descubierto en diversas excavaciones arqueológicas, la mayor parte de ellas en las ruinas de Laquis. Algunas de las marcas denotan el propietario, otras la capacidad, y algunas, quizá, se refieran a patrones usados para contrastar el aforo de otras jarras. Entre los restos hallados en niveles arqueológicos posteriores al exilio se han hallado marcas con la forma de estrella de David, especulándose que estaban destinadas a contener contribuciones al culto del Templo.

 MANUSCRITOS BÍBLICOS (AT)

tip, MANU LIBR

ver, APÓCRIFOS, CANON, MASORETAS, QUMRÁN, LIBRO, SEPTUAGINTA, TEXTO, VERSIONES CLÁSICAS DE LA BIBLIA, VERSIONES DE LA BIBLIA, PENTATEUCO SAMARITANO, EVANGELIOS

vet,

Los mss. son escritos hechos a mano sobre pergaminos de piel de cordero, de cabra o de asno. Los mss. del AT o del NT son copias de los documentos originales.

A. Mss. del Antiguo Testamento.

1. La primera parte de la Biblia.

(a) La Biblia hebraica tiene exactamente el mismo número de libros que las versiones que conocemos comúnmente, esto es, las que excluyen los libros no canónicos (véase APÓCRIFOS). Sin embargo, están distribuidos de manera diferente (véase CANON). Los mss. del AT están escritos en hebreo, a excepción de unos pocos pasajes en arameo (Esd. 4:8-6:18; 7:12-26; Jer. 10.11; Dn. 2:4-7:28). El alfabeto hebreo cuadrado es posterior al exilio babilónico, y procede del arameo. La transición de los caracteres antiguos a los cuadrados se hizo de manera gradual. El hebreo primitivo carecía de vocales, pero al dejar de ser una lengua hablada, los escribas judíos, especialmente los residentes en la zona de Tiberíades, fijaron la pronunciación mediante unos signos especiales de vocalización, en base a la pronunciación tradicional. De esta manera quedó ya fijado el texto alrededor del siglo VII y X d.C. Estos escribas reciben el nombre de masoretas (de «massorah», tradición. Véase MASORETAS). Es por ello que el texto así fijado se denomina «masorético». Inventaron asimismo un sistema de acentos y una forma de separar o unir las palabras. Las escuelas judías de Babilonia adoptaron otra notación para las vocales, llevando a la misma pronunciación. La puntuación de la Escuela Babilónica se situaba por encima de las líneas. Ya en una época remota era frecuente separar las palabras mediante el punto o el intervalo (cfr. para el punto la Estela de Moab y la inscripción de Siloé; para el intervalo, la Estela de Carpentras, prob. del siglo IV a.C.). Indudablemente había mss. heb. en los que las palabras estaban separadas de una manera análoga. Las normas talmúdicas con respecto a la copia de los mss. ordenan que se deje entre cada palabra el espacio correspondiente a una letra.

(b) Los judíos han dividido el texto heb. de los libros de Moisés en 54 secciones o «perícopas sabáticas» leídas en el culto de la sinagoga en un año. La primera sección abarca Gn. 1:1-6:8, la segunda Gn. 6:9-11:32, y así sucesivamente. Estas secciones, bastante largas, se dividen a su vez en subsecciones. Así el relato del diluvio (Gn. 6:9-17) se subdivide de la siguiente manera:

Introducción (Gn. 6:9-12),

el arca, el diluvio (Gn. 6:9-8:14),

salida del arca, sacrificio, bendición e instrucciones divinas (Gn. 8:15-9:7),

el pacto del arco iris (Gn. 9:8-17).

(c) La numeración de los versículos se encuentra por primera vez en la Biblia hebrea de Bomberg (1547), que indica en el margen cada quinto v. mediante las letras del alfabeto heb. empleadas numéricamente. Arias Montano publicó en Amberes, en 1571, una Biblia hebrea con traducción interlineal latina. En esta edición introdujo la división del texto hebreo en capítulos. En el margen introdujo la numeración de los versículos con cifras arábigas.

 

2. El texto hebreo del AT nos ha sido transmitido intacto de manera que lo podemos verificar hasta el siglo II de la era cristiana y, desde los descubrimientos de Qumrán, su gran exactitud de transcripción hasta el siglo II antes de Cristo (véase QUMRÁN). Los escribas profesionales, dedicados a la copia y transmisión del AT, de indicar su pronunciación e interpretación, siguieron de manera escrupulosa unas normas draconianas que protegían en contra de errores de copia y que permitían corregir cualquier error. Gracias a ellos, se ha conservado el texto clásico de manera integral. Aarón ben Moisés ben Aser, que vivió en la primera mitad del siglo X d.C., preparó, siguiendo la minuciosa tradición de los escribas, una edición fiel al original. Todos los mss. occidentales provienen de esta obra, cuya exactitud ha merecido un gran aprecio. Sin embargo, unas variantes análogas a las de Gn. 10:4 y 1 Cr. 1:7; o 2 R. 8:26 y 2 Cr. 22:2 revelan que se deslizaron errores ocasionales en el texto clásico, antes del siglo II de nuestra era. Afectando a las cifras y a los nombres propios más que a los relatos en sí mismos, provienen sobre todo de transcriptores que confundieron algunos caracteres hebreos (por ejemplo, la Bet con la Dálet), asociando o dividiendo términos. En ocasiones, un a letra inicial se ha unido a una palabra precedente; se ha repetido u omitido una letra o un término. Estas variantes no son siempre errores. El Sal. 53, p. ej., que es casi idéntico al Sal. 14, deriva de una revisión del autor, o de otras personas, que quisieron adaptar aquel salmo a su nueva intención. También Mi. 4:1-3 reproduce libremente Is. 2:2-4. Al igual que para el NT, la crítica textual, en su intención de recomponer el texto original, dispone de tres métodos:

(a) La comparación entre los mss. hebreos; se han comparado entre sí los pasajes correspondientes a 1.500 o 2.000 mss.

(b) El examen de las primeras traducciones del heb. antes del establecimiento del Texto Masorético.

(c) El estudio de las citas y alusiones que figuran en los apócrifos, en el NT, o en otras obras.

Los mss. originales del AT estaban hechos, sin duda, de pieles cosidas de cabo a cabo (véase LIBRO). De esto se da testimonio en pasajes como Sal. 40:8 y Jer. 36;14, 23. Los mss. que nos han llegado a nosotros son generalmente de pergamino; si provienen de Oriente, son de cuero. El Museo Británico posee un ejemplar de la Ley escrito sobre vitela, habiéndose fechado alrededor del año 850 d.C. La sinagoga de los Caraítas, en El Cairo, posee un Códice de los primeros y últimos profetas; fue redactado sin vocalización en el año 895 d.C., si la fecha que ostenta es exacta. Otro manuscrito muy antiguo, y ya de fecha perfectamente precisada, es uno que contiene los profetas mayores y menores. Puntuado según el sistema babilónico, proviene de Crimea, producido en el año 916 d.C. Se conserva en Leningrado. También en Leningrado se encuentra el más antiguo ms. de todo el AT, fechado en el año 1010 d. C.. «La ausencia de mss. heb. antiguos se debe, en gran medida, a la costumbre judía mencionada en el Talmud; se enterraban todos los mss. sagrados deteriorados y también aquellos que presentaban errores de transcripción». El libro de los Salmos fue impreso y publicado en 1477. La Biblia hebrea completa salió en 1488 de una imprenta de Soncino, en el ducado de Milán. En 1517, Bomberg dio a la luz una edición en pequeño formato. Daniel Bomberg publicó en Venecia, en 1524-25, la gran Biblia Rabínica de Jacob ben Hayyim, en 4 volúmenes; está basada en un examen minucioso del texto de los mss., y reproduce con fidelidad el texto clásico de los escribas de Tiberíades. La edición de Van der Hooght apareció por vez primera en Amsterdam en 1705 y se mantuvo a causa de su precisión; Augusto Hahn la reimprimió en 1831, con insignificantes correcciones. C. G. G. Theile la volvió a publicar en 1849. Esta edición presenta algo más de 1.000 lecturas marginales extremadamente antiguas. S. Baer y Franz Delitzsch presentaron una edición aún más importante: el Texto Masorético, provisto de apéndices críticos de los Masoretas. El Génesis fue publicado en 1869; los otros libros fueron siguiendo a continuación. Esta edición y la de Ginsburg (Londres, 1894) son revisiones del texto de Jacob ben Hayyim, y su intención es ajustar el texto a la enseñanza de la Massorah. La edición de Kittel (Leipzig, 1906) reproduce el texto de Jacob ben Hayyim; las notas en el margen inferior indican las variantes más importantes de los mss. y de las versiones.

 

3. Cabe también mencionar en esta relación de textos el antiguo papiro Nash, fragmento en el que se halla el Decálogo, en un texto constituido por Éx. 20:2 ss; Dt. 5:6 ss; y el «shema» («Oye Israel») de Dt. 6:4 ss.; se halla en él también una frase que precede al «shema», que no aparece en el Texto Masorético, y en cambio sí se halla en la LXX. Su fecha asignada es entre el siglo II a.C. y el I d.C. Sin embargo, los descubrimientos del mar Muerto han ensombrecido su importancia (véase QUMRÁN [MANUSCRITOS DE]).

(Para los mss, de las versiones del AT, véanse SEPTUAGINTA, TEXTO Y VERSIONES CLÁSICAS DE LA BIBLIA y VERSIONES DE LA BIBLIA; para una consideración de los mss. del Pentateuco samaritano, véase PENTATEUCO SAMARITANO.)

 

B. Mss. del Nuevo Testamento: Los veintisiete libros del NT, con la posible excepción del Evangelio de Mateo, fueron redactados originalmente en griego «koiné», o griego popular, que estuvo profundamente implantado en Palestina durante más de tres siglos a partir de la conquista de Alejandro Magno. En el Imperio Romano, todas las personas cultas hablaban el griego y conocían su literatura, cuya belleza apreciaban. Persistía el influjo cultural de Grecia, por mucho que este país hubiera perdido su independencia.

1. Los mss. originales del NT desaparecieron, lo mismo que todas las copias de los tres primeros siglos, a excepción de algún fragmento.

El papiro, empleado en la correspondencia (2 Jn. 12) se deterioraba con rapidez, y en la época de Diocleciano (303 d.C.) los perseguidores de los cristianos iban tras los ejemplares de las Sagradas Escrituras para destruirlos. A pesar de la inexistencia de la imprenta, los transcriptores multiplicaban las copias. Los copistas se dedicaron especialmente a los cuatro evangelios; las transcripciones de las epístolas de Pablo fueron algo menos numerosas. En cuanto al Apocalipsis, fue poco copiado. Poseemos al menos 4.490 copias antiguas totales o parciales del NT, abundancia ésta que contrasta con los pocos ejemplares de obras clásicas que nos han llegado. El texto de las copias sufrió ya tempranamente algunas modificaciones, a causa de deslices de los transcriptores o de su imperfecto conocimiento del griego. Algunos copistas de la época de los padres de la Iglesia se permitieron, en ocasiones, «mejorar» la sintaxis, el estilo, o corregir pretendidos errores históricos, geográficos, o adaptar las citas del AT al gr. de la LXX, y armonizar los Evangelios. También insertaron notas marginales, como Hch. 8:37, y la segunda parte de Ro. 8:1. De ello resultó una gran cantidad de variantes: algo más de 200.000. Sin embargo, sólo 10.000 de estas variantes tienen algún valor, y sólo una fracción despreciable afecta el sentido. La abundancia misma de lecturas distintas, su proveniencia de lugares y mss. diferentes, todo ello permite a los exegetas reparar y eliminar los errores, y establecer el texto original con una certidumbre casi total. Los eruditos han persistido incesantemente en esta tediosa pero importantísima labor. Se puede también recurrir a un conocimiento indirecto de las lecturas de mss. desaparecidos, mediante el examen de las tempranas versiones del NT en diversas lenguas: siríaco, latín, etc. Se hallan también citas del NT en los escritos de los autores cristianos de los primeros siglos, sobre todo en Clemente de Alejandría y Orígenes. Estas versiones antiguas y las citas de estos autores provienen de mss. desaparecidos, pero que pueden haber conservado el texto original.

 

2. Las copias manuscritas del NT son de dos tipos: unciales y cursivas. La escritura llamada uncial (gr. «mayúscula») no presentaba signos de aspiración ni acentos; tampoco se separaban las palabras, salvo de manera incidental, marcando el inicio de un nuevo párrafo. Sólo se dejaba un pequeño espacio entre líneas. La escritura cursiva está escrita de forma corriente, en caracteres pequeños, y con separación de palabras. El cambio de escritura se produjo alrededor del siglo IX. Sólo hay cinco mss. del NT casi enteros que sean anteriores a esta época:

(a) El Códice Alejandrino, designado por la letra A. Cirilo Lucar, patriarca de Constantinopla, lo dio como presente a Carlos I de Inglaterra. Se cree que este ms. fue escrito en Alejandría, de donde viene su nombre; data de la primera mitad del siglo V. Además de una gran parte del AT, de la Primera Epístola de Clemente, y una fracción de la Segunda, este códice incluye la totalidad del NT, excepto unas hojas desaparecidas correspondiendo a los pasajes de Mt. 1:1-25:5; Jn. 6:50-8:52; 2 Co. 4:13-12:6.

Cada página presenta dos columnas, y el texto está dividido en capítulos. Marcos, p. ej., tiene 48.

(b) El ms. designado como B, el Códice Vaticano, fue depositado en la Biblioteca Vaticana, en Roma, en 1481 o antes. Su primera edición fue publicada en 1857 por orden del cardenal Mai, pero no tenía un gran valor desde el punto de vista científico. Una segunda edición, en 1889-90, fue publicada en facsímil, lo que posibilitó que todos los eruditos pudieran estudiar el texto de una manera directa. El Códice Vaticano data de mediados del siglo IV o quizá de una época aún más anterior. Además de la mayor parte del AT, incluye todo el NT, a excepción de He. 9:14-13:25; 1 y 2 Timoteo; Tito, Filemón y Apocalipsis. El texto, presentado a tres columnas, se distribuye en capítulos muy cortos: Mateo tiene 170.

(c) El ms. denominado como C es un palimpsesto, el Códice de Efrem. En el siglo XII, se borró el texto original para escribir sobre sus páginas unos tratados ascéticos de Efrem el Sirio. Sin embargo, se distingue aún el antiguo texto. Todos los fragmentos del NT que se hallan en él fueron leídos y publicados por Tischendorf en 1843. Se cree que este texto se remonta al siglo V y que puede ser ligeramente posterior al ms. A. El Códice de Efrem incluye secciones del AT y 5/8 del NT.

(d) El ms. D es el denominado Códice de Beza, quien vino a ser su propietario cuando fue sacado de la iglesia de San Ireneo durante el saqueo de Lyon en 1562. Este mss., que data del siglo VI o V, incluye la mayor parte del texto gr. de los Evangelios y de Hechos, junto con una traducción latina. La mayor parte del texto constituye el único ejemplar gr. que se posee de un tipo ya muy extendido en el siglo II; las versiones Vetus Latina y Vetus Siríaca pertenecen también a este tipo, escrito de manera que cada línea contiene el número de palabras que se podían pronunciar de una sola emisión de voz y sin oscurecer el sentido.

(e) El quinto ms. figura bajo el signo hebreo de la alef (la primera letra del alfabeto heb.). Se trata del Códice Sinaítico que adquirió Tischendorf, en 1844 y 1859, comprándolo a los monjes del convento de Santa Catalina en el monte Sinaí. Comprende la mayor parte del AT, todo el NT, la Epístola de Bernabé, , y la parte esencial del pastor de Hermas. Faltan los últimos doce versículos de Marcos. Este ms., que data del siglo IV, es ligeramente posterior a B; tiene cuatro columnas por página.

Se poseen al menos 60 fragmentos sobre papiro, en ocasiones minúsculos, de mss. del NT. Entre los más importantes se encuentran unos fragmentos de papiro con texto del Evangelio de Marcos, hallados en la cueva 7 de Qumrán (véanse EVANGELIOS y QUMRÁN), fechados entre el año 50 y 100 d.C., y el fragmento de Rylands, que contiene unos versículos de Juan 18 (Jn. 18:31-33, 37 ss.), y fechado dentro de la primera mitad del siglo II (140 d.C., como más tarde, prob. 110-120 d.C., véanse EVANGELIOS y JUAN (escritos) a, I, B). Otros fragmentos de gran importancia son los descubiertos por M. A. Chester Beatty. Se trata de unas 30 hojas con pasajes de los Evangelios y Hechos, que provienen de un códice que originalmente tendría 220 hojas. Otras 86 hojas, ligeramente mutiladas, proceden de otro códice, que originalmente tenía las epístolas a los Romanos, Hebreos, 1 y 2 Corintios, Efesios, Gálatas, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, en este orden. Estos códices datan de comienzos del siglo III d.C. Otras diez hojas de un códice del Apocalipsis, del siglo III, forman una tercera sección de estos célebres papiros.

 

3. Mss. en cursiva: Hay más de 2.430, en tanto que de unciales hay sólo 212; sin embargo, la mayor parte de estos documentos en cursiva, que datan de finales de la Edad Media, no permiten establecer el texto primitivo. Por otra parte, existen 1678 leccionarios catalogados (mss. medievales incluyendo las perícopas del NT destinadas a la lectura durante el año eclesiástico). Los críticos han examinado poco de ello.

En 1516, Erasmo publicó la primera edición impresa del NT gr., que se reimprimió en 1518; la segunda edición, más exacta, apareció en 1519; la tercera, en 1522; la cuarta, en 1527. El cardenal Cisneros, primado de España, preparó durante varios años una edición políglota del NT griego; impresa en 1514, no apareció hasta 1521 o 1522. Esta edición recibe el nombre de «Complutense», por haber sido efectuada en Alcalá de Henares (de «Complutus», el antiguo nombre latino de esta ciudad). Siguieron otras ediciones del NT gr.; la más célebre fue la de Robert Estienne, aparecida en 1546, 1550 y 1551. El reformador Teodoro de Beza hizo imprimir, entre 1565 y 1604, nueve ediciones del NT gr. de Erasmo. La edición de 1550 de Estienne vino a ser el «textus receptus», o texto recibido. Las versiones antiguas se basan en este texto (p. ej., la versión de Reina-Valera en España, la del rey Jaime en Inglaterra, etc.). A partir del siglo XIX se han hecho numerosas ediciones del NT gr. donde se ha tratado, en base a extensas investigaciones sobre los mss. griegos, de llegar a un texto tan cercano como fuera posible al salido de la pluma de los apóstoles y evangelistas (Ediciones de Tischendorf, de Soden, de Nestlé, Westcott y Hort). Las traducciones modernas se basan sobre el texto revisado, especialmente sobre el de Nestlé.

 MANZANA, MANZANO

tip, FLOR ARBO

vet,

Árbol y su fruto (Cnt. 2:3; 8:5; Pr. 25:11). En heb. «Tappuach». Este término es semejante al árabe «tuffâ», que significa manzana.

La mencionada en el AT es probablemente la «Pyrus malus», que se halla en Ascalón, en el país de los filisteos. Es posible que el nombre hebreo designe el membrillo además de la manzana. Otros autores creen que se trata de albaricoque.

Jl. 1:12 cita el manzano como uno de los principales árboles cultivados, junto con la vid, la higuera, el granado, la palmera. Muchas ciudades llevan el nombre de «Tapúa»: en la llanura (Jos. 15:34), cerca de Hebrón (Jos. 15:53), y en la frontera de Efraín y Manasés (Jos. 17:8), donde ciertamente había muchas plantaciones de manzanos.

En la versión RVR, como en la RVR'77, se traduce el término «kaphtor», que se refiere a un remate decorativo del candelabro de siete brazos, o «menorah», como «manzanas» (Éx. 25:33-36; 37:17-22). El mismo término hebreo designa los capiteles de las columnas (Am. 9:1; Sof. 2:14, RVR'77: «capiteles»; RVR: «dinteles»; cfr. Ant. 3:6, 7).

 MAÓN

tip, TRIB CIUD BIOG HOMB HOAT

sit, a3, 312, 289

vet,

= «morada».

(a) Población en la zona montañosa de Judea (Jos. 15:55; 1 S. 23:24, 25; 25:2), hoy Main, al sur de Hebrón.

(b) Un jefe de familias de la tribu de Judá (1 Cr. 1:8, 9, 11, 13); en 1 Cr. 2:45 el nombre parece usarse como gentilicio.

(c) Pueblo árabe que oprimió a Israel (Jue. 10:12; 1 Cr. 39:41), y cuya residencia parece haber sido casi al este de la actual Petra. Se les llama «amonitas» en 2 Cr. 26:7.

 MAQUERONTE

tip, CONS

sit, a3, 503, 232

vet,

Fortaleza construida por Alejandro Janneo, no es mencionada en las Escrituras ni en les libros apócrifos. Según Plinio (Hist. Nat. 5:16.72) era, después de Jerusalén, la más inexpugnable de las fortalezas judías. Después de ser tomada y destruida por Gabinio (Guerras 1:8, 5), Herodes el Grande la restauró y la frecuentó (Guerras 7:6, 1, 2). Según Josefo, fue aquí que Herodes Antipas hizo dar muerte a Juan el Bautista (Ant .18:5, 2; cfr. Mt. 14:3-12 y Mr. 6:21-29). Sin embargo, parece que Josefo incurre aquí en una contradicción, porque parece que en esta época la fortaleza pertenecía a su suegro el rey Aretas (Ant. 18:5, 1). De esto dice la ISBE: «Si esto es así, entonces el Bautista no hubiera podido ser encarcelado ni ejecutado en Maqueronte... La fiesta dada a los principales de Galilea se hubiera celebrado muy probablemente en Tiberias; no hay nada en el relato evangélico que indique que el prisionero se hallase encarcelado en un punto a varios días de viaje (Mr. 6:14 ss.)» (p. 1959).

Este lugar está identificado con «mkaur», sobre el mar Muerto, entre el wad¡ Zerkã Ma'în y el wadi el-Mõjib. Allí se hallan las ruinas de la antigua plaza fuerte.

 MAQUIR

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

= «vendido».

(a) Primogénito de Manasés e hijo único (Gn. 50:23; Jos. 17:1), de madre siria (1 Cr. 7:14). Fundador de la familia de los maquiritas que hubiera sido la única familia de Manasés, si no se hubieran constituido nuevas familias surgidas de ciertos primogénitos (Nm. 26:29). El clan de Maquir, belicoso, conquistó Galaad. Este distrito fue entregado a los maquiritas por orden de Moisés (Nm. 32:39, 40; Jos. 17:1). En Jue. 5:14 Maquir se refiere poéticamente al conjunto de Manasés al este del Jordán.

(b) Hijo de Amiel, un morador de Lodebar, al este del Jordán (2 S. 9:4, 5). Suministró víveres a David durante la rebelión de Absalón (2 S. 17:27).

 MAR

tip, MARA

ver, ADRIÁTICO, BRONCE, MEDITERRÁNEO, SODOMA, GOMORRA

vet,

(a) Vasta extensión de agua, que contrasta con la tierra seca (Gn. 1:10; Sal. 8:9; Ap. 7:1-3; 21:1).

(b) Una parte de esta vasta extensión (Gn. 49:13; Hch. 10:6); también reciben este nombre grandes masas de agua lacustres (Nm. 34:11, 12; Mt. 4:18). Los principales mares que los israelitas conocieron fueron el Mediterráneo, el mar Rojo, el mar Muerto y el mar de Galilea (lago de Genesaret).

Son diversos los nombres bíblicos que se refieren al Mediterráneo:

el mar grande,

el mar de los filisteos,

el mar occidental (Zac. 14:8, véase MEDITERRÁNEO).

El mar Muerto se llama también:

mar Salado,

mar oriental,

mar del Arabá o de la llanura (véase MAR MUERTO más adelante).

El mar de Galilea se llamaba asimismo:

mar de Cineret, y

mar o lago de Tiberias (véase MAR DE GALILEA más adelante (i)).

(c) El sistema de canales de irrigación derivados de grandes cursos de agua, como el sistema del valle del Éufrates (Jer. 51:36, 42), y del Nilo (Nah. 3:5).

 MAR ADRIÁTICO. Véase ADRIÁ.

 MAR DE ARABÁ. Véase MAR MUERTO.

 MAR DE BRONCE. Véase BRONCE (Mar de.)

 MAR DE CINERET. Véase MAR DE GALILEA.

 MAR DE EGIPTO. Véase MAR ROJO.

 MAR DE GALILEA

tip, MARA

ver, ADRIÁTICO, BRONCE, MEDITERRÁNEO, SODOMA, GOMORRA

sit, A1, 490, 309

vet,

Lago de Genesaret. Lago de agua dulce alimentado por el río Jordán. En la antigüedad se llamaba mar de Cineret (Nm. 34:11); más tarde, lago de Genesaret (Lc. 5:1; Ant. 18:2, 1; cfr. 13:5, 7; 1 Mac. 11:67), y mar de Galilea o de Tiberias (Jn. 6:1; 21:1. En árabe se llama aún «Bahr Tabariya».

Este lago se halla rodeado de colinas, excepto allí donde entra y sale el Jordán. Las colinas de su ribera occidental llegan a 304 metros y más; las alturas de la ribera suroccidental son similares, pero las del noroeste son más bajas y menos escarpadas. A pesar de que su agua es dulce, este lago recibe el nombre de mar, a causa de su considerable extensión en relación con el país. De la embocadura a la desembocadura, el mar de Galilea excede los 20 Km.; su mayor anchura, frente a Magdala, es de 12 Km. Su ribera occidental no presenta grandes accidentes, en tanto que la oriental presenta una gran bahía que pasa desde Tell Hum, al norte, hasta Tiberíades, al sur. Se halla a unos 208 m. por debajo del nivel del Mediterráneo, lo que le da un clima semitropical. El Hermón, coronado de nieves perpetuas, no se halla lejos; en ocasiones se originan repentinas y violentas tempestades sobre sus laderas, que se abaten sobre el lago.

Sus aguas abundan en peces; en la época de Cristo, los pescadores del lago de Galilea tenían en él un buen medio de vida. Zebedeo tenía a jornaleros empleados en su negocio de pesca (Mr. 1:20). Tristram enumera 22 especies de peces: 2 de «Blenniidae», 7 de «Chromidae», 1 de «Siluridae» y 12 de «Cyprinidae». Ciertas especies han recibido nombres de personajes bíblicos, como «Chromis Andreae», «Chromis Simonis» y «C. Magdalenae». Los mejores peces de este lago son el siluro («Clarias macranthus») y el barbo («Barbus longiceps»). El siluro, llamado corazín por Josefo (Guerras 3:10, 8), pertenece a la misma familia que el pez gato, y llega hasta los 90 cm. de long. El más abundante es el «Chromis tiberiadis». Se han observado bancos de estos peces de hasta 4.000 m2. La pesca se efectúa con red, desde barcas, o desde la costa. Estas mismas especies de peces se hallan en el Jordán y en sus afluentes.

 MAR DE LOS FILISTEOS. Véase MEDITERRÁNEO.

 MAR DE TIBERIAS. Véase MAR DE GALILEA.

 MAR GRANDE. Véase MEDITERRÁNEO.

 MAR MUERTO

tip, MARA

ver, ADRIÁTICO, BRONCE, MEDITERRÁNEO, SODOMA, GOMORRA

sit, a3, 448, 238

vet,

Nombre dado a la masa de agua que la Biblia llama mar Salado (Gn. 14:3; Nm. 34:12; Dt. 3:17; Jos. 3:16) y mar del Arabá (Dt. 3:17; Jos. 3:16) y mar oriental (Ez. 47:18; JI. 2:20; Zac. 14:8). Josefo lo llama mar de asfalto (Asfaltitis, Ant. 1:9, 1). Ya a partir de la segunda mitad del siglo II d.C., los griegos lo llamaban mar Muerto (Pausanias). Se halla situado en la profunda depresión que cruza Palestina de norte a sur. El Jordán aporta la mayor parte de sus aguas, con una media de 6 millones de metros cúbicos por día. La mayor profundidad del mar Muerto es de 393 m., y su nivel se halla a 398 m. por debajo del Mediterráneo. La zona meridional, donde deben hallarse sepultadas bajo las aguas «las ciudades de la llanura» (véanse SODOMA, GOMORRA), tiene sólo de 2 a 6 m. de profundidad. Tiene una forma alargada, que se puede asimilar a la de un gran rectángulo, presentando en su costa suroriental una península llamada Lisán (Lengua) La longitud media del mar Muerto de norte a sur, es de 80 Km., pero esta longitud varía a lo largo del año por cuanto una parte de la cuenca meridional está en ocasiones seca y en ocasiones inundada. La anchura, ligeramente al norte de En-gadí, tiene algo más de 16 Km , la superficie mide alrededor de 1.000 Km. El mar Muerto se halla rodeado de acantilados, excepto en la zona de la entrada del Jordán. En algunos lugares hay, entre los acantilados y el agua, unas estrechas playas. En otros lugares, la costa está constituida por los mismos acantilados, que se elevan formando sucesivas terrazas, que continúan a lo largo de la zona inferior del valle del Jordán. Al oeste del mar, cerca de En-gadí, los acantilados dominan la costa a 594 m. de altura; un poco más al norte, en Ras esh Shufk, sobrepasan los 770 m. Las vertientes de la costa occidental contienen bitumen en estado sólido y, en ciertas zonas, también líquido. En la costa oriental se elevan los escarpados montes de Moab, desde 762 a 1.000 m. por encima del nivel del mar Muerto.

El mar Muerto es una de las masas de agua más famosas de toda la superficie del Globo. No hay ningún otro mar cuya superficie esté en una zona tan profunda de la tierra. La concentración de sal en las aguas marinas oscila alrededor del 2 y 3 %, en tanto que las del mar Muerto tienen del 24 al 26 %. Como consecuencia, los cuerpos humanos se hunden poco; al salir del agua, la piel de los bañistas queda cubierta de sal de manera que, si tiene un arañazo, le provoca un verdadero dolor. Esta concentración de sal proviene de las aguas de la lluvia que, caídas sobre los montes de Judea, llegan al mar después de haber pasado por los montes de sal de la costa suroccidental; se debe también a la naturaleza del fondo, muy rico en cloruro de sodio, de magnesio y de calcio. El Jordán y sus afluentes, junto con otros torrentes que desembocan en el mismo mar, llevan minerales; al no haber salida, la sal se queda y se va acumulando año tras año, en tanto que el agua va desapareciendo debido a la intensa evaporación, acelerada por el ardiente aire del desierto.

El moderno Estado de Israel ha comenzado la explotación industrial de sus riquezas minerales, y se ha calculado que su acumulación podría ser suficiente para suplir durante mucho tiempo el consumo mundial de todos los materiales mencionados. No se conoce en aguas del mar Muerto ningún tipo de vida orgánica. Sin embargo, se ha informado de la presencia de algunos peces al sur de la península «Lisán». Según el profeta Ezequiel, el sanamiento de estas aguas, y su repoblación piscícola, constituirán el símbolo de la regeneración lograda por el establecimiento glorioso del Reino de Dios (Ez. 47:6-12).

 MAR OCCIDENTAL. Véase MEDITERRÁNEO.

 MAR ORIENTAL. Véase MAR MUERTO.

 MAR ROJO

tip, MARA

ver, ADRIÁTICO, BRONCE, MEDITERRÁNEO, SODOMA, GOMORRA

sit, a8, 201, 365

vet,

Los hebreos lo llamaban «Yam sûph», «mar de las cañas». El término gr. traducido literalmente como mar Rojo es «Erythra Thatassa», empleado por Herodoto (2:8), la LXX (Éx. 15:4, 22) y Josefo (Ant. 2:11, 1; 15, 1). Se desconoce el origen de este nombre. Los griegos lo derivaron del de Erythras, un fabuloso rey del que se creía que había reinado sobre un país situado sobre este mar (Estrabón, 16:3, 5; 4:20; Plinio, Hist. Nat. 6:23). Erythras se correspondería con Edom, que en heb. significa gente roja por piel cobriza: los edomitas y fenicios. Se supone también que el nombre puede provenir de los bancos de corales que llenan el fondo de este mar y que se hallan a lo largo de sus costas. Los geógrafos de la antigüedad llamaban mar Rojo no sólo al conocido por este nombre en la actualidad, sino también al océano Índico y al golfo Pérsico. El mar Rojo de los geógrafos modernos mide unos 2.400 Km. de longitud y unos 240 Km. de anchura. Limita al norte con los golfos de Ákaba y de Suez, bañando la península del Sinaí en sus dos costas. El golfo de Ákaba, al oriente, tiene unos 160 Km. de longitud por 24 de anchura. En su extremo norte se halla el moderno puerto israelita de Elat y las ruinas de Ezión-geber, además del puerto jordano de Ákaba. El golfo de Suez al oeste de la península mide 290 Km. de largo y 32 de ancho. En la antigüedad se extendía unos 50 Km. más al norte, cubriendo los lagos Timsah y Amargos. Las riberas de estos dos lagos se hallan cubiertas de juncos, lo que explica el nombre heb. «mar de las cañas».

El término heb. «Yam sûph» designa el mar al este de Egipto (Éx. 19:19); los israelitas acamparon cerca del «mar de las cañas», no lejos del Sinaí (Nm. 33:10, 11). Al tomar la ruta de Yam sûph, esto es, al dirigirse hacia el golfo de Ákaba, Israel rodeó el territorio de Edom (Nm. 21:4). Ezión-geber, en el país de Edom, estaba sobre este mar (1 R. 9:26). El pueblo, conducido por Moisés, atravesó el Yam sûph, donde desaparecieron los ejércitos egipcios lanzados en persecución de Israel. Según las afirmaciones reiteradas de las Escrituras, se piensa que los israelitas atravesaron este mar a la altura del golfo de Suez, por la altura de los actuales Lagos Amargos. La navegación en el mar Rojo presenta siempre ciertos riesgos. Los vientos cambian bruscamente de dirección, y con frecuencia alcanzan una fuerza extraordinaria. En la antigüedad, los viajes de un extremo al otro del mar Rojo se veían extremadamente dificultados debido a este hecho. En la parte septentrional de este mar, el viento sopla en dirección sur durante nueve meses del año. En la parte sur, el viento sopla hacia el norte durante el mismo período. Los arrecifes de coral y las islitas que existen en numerosos parajes constituyen otro peligro.

 MAR SALADO. Véase MAR MUERTO.

 MARA

tip, RIOS BIOG MUJE MUAT

sit, a4, 111, 313

vet,

= «amargo, amargura».

(a) Fuente de aguas amargas en el desierto de Shur, en el camino al Sinaí. Tres días o más después de haber atravesado el mar Rojo, los israelitas acamparon en Mara. La mala calidad del agua los hizo murmurar contra Moisés. Con una cierta madera, que Dios les ordenó arrojar a estas aguas, las volvieron dulces (Éx. 15:23-26; Nm. 33:8, 9).

Por lo general, se identifica Mara con «'Ain Hawãrah», a unos 75 Km. de Suez, y a pocos Km. del mar Rojo, del que Mara está separado por una cadena de colinas.

El pozo es mucho más grande en el fondo que en el brocal. Su profundidad es de unos 7 a 8 m. Al ser el suelo de la región rico en sodio, el agua es salina y amarga.

(b) Sobrenombre que Noemí se dio para evocar sus duelos (Rt. 1:20).

 MARANATA

tip, ESCA

ver, ANATEMA

vet,

En arameo: «El Señor viene» (1 Co. 16:22). Este término se puede también leer «Marana tha»: «¡Ven, Señor!»

Ésta era una breve oración de los primeros cristianos, mencionando el retorno de Cristo, pidiendo su venida en gloria, «su parusía» (véase ANATEMA.)

 MARAVILLA

tip, MILA

ver, MILAGRO, SEÑAL

vet,

Palabra muy a propósito para denotar los milagros que se registran en las Escrituras (Éx. 15:11; Dt. 6:22; Sal. 136:4; Jl. 2:30; He. 2:4). (Véanse MILAGRO y SEÑAL.)

 MARCA

vet,

En la versión Reina-Valera este término traduce los siguientes vocablos:

(A) «Chotham» (heb.: «sello»), se traduce así únicamente en un pasaje del AT (Cnt. 8:6)

(B) «Stigma» (gr.: «marca») es un término que denota bien un tatuaje, bien una marca de hierro candente. El apóstol, que había sido azotado y apedreado en varias ocasiones, llevaba sobre su cuerpo unas evidentes marcas de sus sufrimientos por causa del nombre de Jesús (Gá. 6:17).

(C) «Charagma» (gr.: «grabado») se traduce como marca en diversos pasajes de Apocalipsis que tratan de la marca de la Bestia. Está relacionado con el verbo estampar, imprimir.

 MARCIÓN. Véase PRÓLOGOS MARCIONITAS.

 MARCOS

tip, BIOG HOMB HONT

ver, MARÍA

vet,

(lat. «marcus», «gran martillo»).

El evangelista al que se le atribuye, desde las primeras fuentes históricas, la paternidad del segundo Evangelio. Marcos es un sobrenombre (Hch. 12:12, 25); además, en Hechos se le designa sólo por su primer nombre: Juan (Hch. 13:5, 13). Su madre, una de las Marías, debía tener una buena situación económica, porque tenía una casa en Jerusalén donde se reunían los cristianos (Hch. 12:12-17). (Véase MARÍA.)

Son muchos los judíos que llevan sobrenombres latinos en el NT (Hch. 1:23; 13:9) y la yuxtaposición de Marcos a Juan no implica en absoluto que fuera de ascendencia mixta, judía y pagana.

Marcos acompañó a Bernabé, su tío (Col. 4:10), y a Pablo, de Jerusalén a Antioquía de Siria (Hch. 12:25), y después en su viaje misionero (Hch. 13:5). Por una razón que se desconoce, Marcos lo dejó en Perge (Hch. 13:13) volviéndose a Jerusalén. Sea cual fuere el motivo de esta separación, Pablo lo desaprobó con tanta intensidad que rehusó dejar que Marcos le acompañara en un segundo viaje (Hch. 15:38). Entonces Bernabé, separándose de Pablo, se embarcó con Marcos para proseguir la evangelización de Chipre. Desde entonces ya no se sabe nada de Marcos durante diez años. Se le vuelve a hallar en Roma uniendo sus saludos a los de Pablo (Col. 4:10; Flm. 24). Sus diferencias habían desaparecido. Más tarde, Pablo habla de Marcos en términos elogiosos «Toma a Marcos y tráele contigo porque me es útil para el ministerio» (2 Ti. 4:11) implicando esta mención que Marcos había estado en Asia Menor, y quizás aún más al este. Esta suposición concuerda con el pasaje de 1 P. 5:13, siempre y cuando se entienda Babilonia en sentido literal. Pero menciona a Marcos como hijo suyo, calificativo éste que, si no es sólo un término de afecto, puede significar que Marcos era uno de los convertidos de Pedro. Este último, cuando fue librado por el ángel, se había dirigido a la casa de la madre de Marcos (Hch. 12:12), lo que es una indicación de las tempranas relaciones del apóstol con esta familia. No sabemos si Marcos había sido un discípulo inmediato de Jesús. Sobre este punto la tradición no habla de manera unánime. Muchos son los que creen que el joven que escapó dejando la sábana con que se cubría en manos de sus perseguidores, durante el arresto de Jesús, era Marcos (Mr. 14:51, 52). Ninguno de los otros evangelistas menciona este incidente, y parece que la razón de su inclusión es que se trata de una reminiscencia personal. Se desconocen la fecha y lugar de la muerte de Marcos. Una tradición muy antigua lo presenta como el «intérprete de Pedro». Entre los testimonios del siglo II, Papías de Hierápolis escribe alrededor del año 140 d.C., citando las palabras de «un antiguo»: «Marcos, que vino a ser el intérprete de Pedro, redactó con cuidado, pero no en orden, todos los recuerdos de Pedro acerca de lo que el Señor había dicho y hecho. En efecto, Marcos no había oído ni seguido al Señor. Más tarde, como ya he dicho, acompañó a Pedro, que enseñaba siguiendo las necesidades del momento, y no con la intención de dar un relato sistemático de las palabras del Señor. Al redactar estos relatos, Marcos no cometió error alguno, ya que tomó gran cuidado en no omitir nada de lo que había oído ni añadir nada que no fuera verdad» (Eusebio, «Historia Eclesiástica» 3:39). Esta alusión a Marcos, intérprete de Pedro, puede significar que lo acompañó hasta el final de su apostolado itinerante y que le sirvió de portavoz ante audiencias paganas. Hemos visto que Marcos estuvo en Roma al mismo tiempo que Pablo. Una insegura tradición le atribuye la fundación de la iglesia en Alejandría de Egipto. La formación de Marcos, además de su relación estrecha con los principales apóstoles, lo habían preparado admirablemente para la redacción de su Evangelio.

 MARCOS (Evangelio)

tip, LIBR CRIT LINT

ver, EVANGELIOS, QUMRÁN, EVANGELIO

vet,

El segundo de los cuatro Evangelios, lo que no nos indica nada necesariamente acerca del orden de su redacción. Su brevedad (es el más corto de los cuatro) no proviene por lo general de su concisión, porque es abundante en detalles. Se desarrollan rápidamente una serie de escenas poderosamente evocadoras. El orden cronológico es más ajustado que en Mateo y Lucas. Marcos nos da más los gestos y actos de Cristo que sus discursos. No cita más que cuatro parábolas, pero relata dieciocho milagros, y solamente da íntegro uno de los más largos discursos de Jesús (Mr. 13). Marcos insiste en el poder de Cristo, el hijo de Dios (Mr. 1:11; 5:7; 9:7; 14:61; también Mr. 8:38; 12:1-11; 13:32; 14:36), el salvador triunfante. Los dos temas esenciales de este Evangelio son el ministerio en Galilea (Mr. 1:14-9:51) y la última semana en Jerusalén (Mr. 11:1-16:8). Estas dos secciones están conectadas con un breve relato acerca del período intermedio (Mr. 10:1-53).

Plan del Evangelio:

(a) Preludio del Evangelio de Jesucristo: ministerio de Juan el Bautista, bautismo y tentación de Jesús (Mr. 1:1-13).

(b) Inicio del ministerio galileo: lugar, mensaje, y vocación de los primeros cuatro apóstoles, milagros en Capernaum y Galilea (Mr. 1:14-45).

(c) Triunfo de Cristo sobre la oposición que se iba articulando. Curación del paralítico, banquete de Leví, discurso sobre el ayuno, controversia acerca del sábado (Mr. 2:1-3:6).

(d) A pesar de la creciente oposición, se va extendiendo la obra de Cristo entre las multitudes; elección de los doce; réplicas a los fariseos; intervención de la madre y de los hermanos de Jesús; parábolas del sembrador, de la semilla que crece secretamente, de la semilla de mostaza; grandes milagros: el apaciguamiento de la tormenta, la curación del endemoniado gadareno, de la mujer con flujo de sangre, resurrección de la hija de Jairo; segundo rechazamiento en Nazaret; misión de los doce; investigación de Herodes acerca de Jesús y ejecución de Juan el Bautista; primera multiplicación de panes; Jesús andando sobre las aguas; ataque de Jesús al tradicionalismo de los fariseos (Mr. 3:7-7:23).

(e) Periodo de relativo retiro correspondiente al ministerio galileo posterior: curación de la hija de la mujer sirofenicia en las regiones de Tiro y de Sidón; de un sordomudo en Decápolis; segunda multiplicación de los panes, rechazo de dar una señal a los fariseos; advertencia a los discípulos de guardarse de ellos; curación de un ciego cerca de Betsaida; visitas a pueblos de la demarcación de Cesarea de Filipos; confesión de Pedro; anuncio de la pasión de Jesús; transfiguración; curación de un endemoniado; Jesús predice de nuevo su muerte; retorno a Capernaum; recomendaciones a los discípulos (Mr. 7:24-9:50). Este período queda particularmente detallado en Marcos.

(f) En Perea; fin del ministerio de Cristo: pregunta de los fariseos sobre el divorcio; bendición de los niños; el joven rico; respuesta de Jesús a los discípulos; subida a Jerusalén; tercera predicción de su muerte; petición de Jacobo y Juan; restitución de la vista al ciego Bartimeo (Mr. 10).

(g) La última semana: entrada triunfal en Jerusalén; maldición contra la higuera; segunda purificación del Templo; pregunta de los delegados del sanedrín; parábola de los viñadores; preguntas capciosas de los fariseos, herodianos, saduceos y de un escriba; Cristo los interroga a su vez acerca del tema del hijo de David; breve acusación contra las fariseos y los escribas (cfr. Mt. 23); la ofrenda de la viuda; discurso pronunciado sobre el monte de los Olivos; traición de Judas y cena en Betania; breve descripción de la última tarde con los discípulos e institución de la Cena; la agonía en Getsemaní; el arresto; la comparecencia nocturna de Jesús ante el sanedrín; negaciones de Pedro; Jesús ante Pilato; crucifixión; sepultura; un ángel anuncia a ciertas mujeres la resurrección de Cristo (Mr. 11:1-16:8).

Los doce últimos versículos del Evangelio de Marcos han sido y son tema de controversia textual. Hay una parte de comentaristas que opina que no pertenecen al original final de Marcos. Sin embargo, no hay razones de verdadero peso para dudar de la genuinidad de Mr. 16:9-20, y sí buenas razones para aceptar la paternidad de marcana:

(a) Aunque Eusebio de Cesarea omite el pasaje, y también los mss. Vaticanus y Sinaíticus, además de otras copias, aparece en los más antiguos y más acreditados mss., en todas las colecciones de Evangelios, y en todas las versiones clásicas de la Biblia (excepto en la edición romana del árabe).

(b) Milita a su favor también una gran proporción de los Padres de la Iglesia más anteriores y más dignos de confianza. Como bien dice W. Kelly: «No hay dudas acerca del hecho de que esta sección ya era conocida en su lugar en el siglo II, o sea, antes de la existencia de ninguno de los testimonios que lo omita o que ponga en duda su paternidad» («The Bible Treasury», sept. 1887, p. 335). Lachmann lo acepta sin dudarlo un momento, en tanto que Tregelles reconoce que las pretendidas dificultades que presenta son en realidad pruebas de su genuinidad. Para un examen de las cuestiones lingüísticas generalmente presentadas en contra de la genuinidad de este pasaje, cfr. la anterior referencia de Kelly, loc. cit.

Desde mediados del siglo II el Evangelio de Marcos era ya bien conocido y estaba muy difundido por las iglesias cristianas. Figura en el Diatessaron de Taciano (Armonía de los cuatro Evangelios). Ireneo, en el último cuarto del siglo II, cita este Evangelio en numerosas ocasiones, afirmando que Marcos era su autor. Al igual que otros antes que él (como Papías), hace de Marcos el discípulo e intérprete de Pedro. Hay un gran número de detalles entrañables que informa Marcos que dan evidencia de que, en efecto, el redactor estaba transcribiendo los recuerdos de un testigo ocular (Mr. 1:40; 2:1-4; 3:5; 5:4-6; 6:39, 40; 7:34; 8:33; 10:21; 11:20). Los hechos conocidos sólo por Pedro ocupan más extensión en este Evangelio que en los otros (cfr. las negaciones de Pedro). El silencio de Marcos acerca de lo que podía dar honor a Pedro (Mt. 16:17-19; Lc. 5:3-10) evidencia también la reserva propia debida a la modestia del testigo. Pero esta impronta de Pedro no excluye las otras fuentes. Marcos pudo conseguir relatos de testigos oculares como Bernabé, su tío, de Pablo, y de otros miembros de la comunidad primitiva, de discípulos que frecuentaban el hogar de su madre (Hch. 12:12, 17). La tradición afirma que Marcos redactó su evangelio en Roma, poco antes o poco después de la muerte de Pedro. Si éste es el caso, se sitúa entre el año 65 y 68 d.C. Hay exegetas que lo sitúan antes del año 60 d.C., ya que se piensa en la actualidad que el suyo fue el primero de los Evangelios Sinópticos redactado. Esto queda apoyado por el descubrimiento de antiguos fragmentos del Evangelio de Marcos en la cueva 7 de Qumrán (véanse EVANGELIOS y QUMRÁN). Marcos redactó evidentemente su Evangelio para los gentiles Entre otras evidencias se pueden dar las explicaciones que da acerca de los lugares, de las costumbres, de los vocablos (Mr. 1:9; 3:17; 5:41; 7:3, 4, 11, 34; 12:42; 14:12, 15; 22:42, etc.). Su gr. está salpicado de términos latinos, de donde se podría llegar a la conclusión, concordante con la tradición, que este Evangelio fue escrito en Roma. A diferencia de Mateo, Marcos no dice nada de la relación de Cristo con la ley mosaica. Hace sólo unas pocas alusiones al cumplimiento de las profecías, y apenas si cita el AT. (Para la cuestión de los Evangelios Sinópticos, véase EVANGELIO.)

 

Bibliografía:

Burdick, D. W.: «Marcos», en Comentario Moody del Nuevo Testamento (Editorial Moody, Chicago, 1965)

Farmer, J. H.: «Mark», en ISBE (Wm. B. Eerdmans; Grand Rapids, Michigan, 1946);

Fuller, D .O.: «Counterfeit or genuine, Mark 16? John 8?» (Kregel Pub., Grand Rapids, 1984);

Graham Swift, C. E.: «Marcos», en Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, 1977);

Kelly, W.: «An Exposition of the Gospel of Mark» (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1866, reimpr. 1971),

Kelly, W.: «Lectures Introductory to the Gospels» (Bible Truth Publishers, 1866, reimpr. 1970);

véase también la defensa de la genuinidad de Mr. 16:9-20 en The Bible Treasurv, sep. 1887, pp. 335-336 (reimpr. 1969, H. L. Heijkoop, Winschoten, Holanda).

Otras obras de excepcional interés sobre la antigüedad del texto del segundo Evangelio son:

O'Callaghan, S. I.: «Los papiros griegos de la Cueva 7 de Qumrán» (BAC, Madrid, 1974);

Estrada, D. y White Jr., W.: «The First New Testament» (Nelson, Nashville y New York, 1978).

 MARDIKH

tip, ARQU CRIT

ver, TELL, MONOTEÍSMO

sit, a4, 210, 84

vet,

Yacimiento arqueológico al norte de Siria; se halla alrededor de mitad de camino entre Hama, al sur, y Aleppo, al norte, aunque algo más cerca de la última que de la primera, y alrededor de un kilómetro al este de la carretera principal entre estas dos ciudades. Se trata de un descubrimiento de gran importancia, que ha suscitado numerosas discusiones, incluso políticas, y que ha aportado una gran masa de datos sobre el desarrollo de la civilización en aquella zona del mundo. Sin embargo, en este artículo sólo se tratarán aquellas cuestiones que tienen una relevancia más directa con la Biblia. Tell Mardikh (véase TELL) es el montón de ruinas estratificadas de la antigua Ebla, conocida anteriormente sólo en inscripciones acádicas. Las excavaciones de este tell, de grandes dimensiones, fueron iniciadas en 1964 por un equipo italiano de la Universidad de Roma, dirigido por Paolo Matthiae. La confirmación de las sospechas de que se podía tratar de Ebla llegó en 1968 con el hallazgo de unas inscripciones votivas, y en las que el rey Ibbit-Lim se identifica como rey de Ebla. Pero en la campaña de 1974/75 vino el gran hallazgo: se descubrieron los archivos públicos y reales de la ciudad, recogiéndose alrededor de 15.000 tabletas de arcilla escritas en cuneiforme. Este y otros varios descubrimientos en la ciudad de Ebla dieron evidencia de que había sido una metrópolis imperial, que ejercía su control político sobre una extensa área, y que tenía tratos comerciales con lugares muy apartados, incluyendo Ur cerca del golfo Pérsico, Asdod y Laquis en el sur de Palestina, Ákaba sobre el mar Rojo, Kanish en Asia Menor, y Nínive y Assur. El poderío político que llegó a alcanzar se evidencia del texto de un tratado en el que se establecen las condiciones de intercambio comercial y protección de los súbditos en las zonas controladas por Ebla sobre Assur, en el que el rey de Ebla es el poder dominante (TM.75.G.2420, cfr. G. Pettinato: «The Archives of Ebla», PP. 103-105).

A. El lenguaje de estos textos cuneiformes ha sido descrito como «paleocananeo», mostrando fuertes afinidades lingüísticas con el fenicio, ugarítico y hebreo. Así, el eblaíta pertenece a la familia de lenguajes de la que surgiría el hebreo hablado por los israelitas.

B. Marco histórico.

Los niveles arqueológicos de Tell Mardikh van desde el protohistórico (Mardikh I fechas asignadas de 3500 2900 a.C.) hasta el romano tardío y bizantino (Mardikh VII siglos III a VII d. C.). Los niveles de mayor interés en lo que respecta a la relevancia bíblica de Ebla son Mardikh II B 2, que cubre, según Paolo Matthiae el periodo de 2250-2000 a.C. y Mardikh II A, donde se han hallado los textos de «la época archival» (alrededor del 2500 a.C.), con itinerarios, vocabularios, transacciones comerciales, etc., y con menciones de la tierra de Canaán y de ciudades cananeas.

C. Ebla y Canaán.

Con anterioridad a los descubrimientos de Tell Mardikh, la primera mención extrabíblica de Canaán que se conocía era la de Alalakh, muy posterior, en muchos siglos, a la era de los patriarcas. Por ello, se pretendía que los capítulos bíblicos referentes a los patriarcas eran tardíos, precisamente por su referencia a Canaán. Sin embargo, en una tableta de Ebla se relata el envío de una estatua al «señor de Canaán» ('be kà-na-na-im). Esta mención, hallada en el nivel Mardikh II A, no deja duda de que este nombre era conocido y usado en la época de los patriarcas y antes de ellos. Otras menciones interesantes son las de las ciudades de Biblos, Asdod, Jafa, Akko (Acre), Sidón, Beirut, Alalakh, Meguido, Laquis, Damasco, Homs y Hama.

D. Las ciudades de la llanura.

Durante mucho tiempo se ha mantenido en círculos «críticos» la pretensión de que Génesis 14 y 18-19 son pasajes ahistóricos debido al silencio extrabíblico acerca de las cinco ciudades de la llanura mencionadas allí: Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Bela. Fue, pues, de sumo interés la comunicación dada por Giovanni Pettinato, epigrafista jefe de la expedición de Tell Mardikh, acerca de la relación de Ebla con las cinco ciudades de la llanura. Hablando ante la reunión anual conjunta de la «Society of Biblical Literature», de la «American Academy of Religion» y de la «American Schools of Oriental Research», celebrada en St. Louis el 29 de octubre de 1976, informó del hallazgo de una tableta con un gran texto económico en el que, entre muchos nombres de ciudades que mantenían transacciones comerciales con Ebla, había identificado los nombres de las cinco ciudades de la llanura. Y las ciudades de la tableta aparecían relacionadas en el mismo orden que las de Génesis 14:2: «si-da-mu» (heb. «Sêdõm», Sodoma), «è-ma-ra» (heb. «'Ãmõrãh», Gomorra), «adma» (heb. «'Admãh», Adma),« si-ba-i-um» (heb. «Zeboiim», Zeboim), «be-la» (heb. «Bela'», Bela). David Noel Freedman, editor de «Biblical Archaeologist», afirma en su artículo «The real story of the Ebla Tablets» (BA, vol. 41, dic. 1978, PP. 150, 151), que el nombre alternativo de Bela, Zoar (cfr. Gn. 14:2) aparece también en otra tableta de Ebla. En esta tableta se explica que Zoar es una población en el distrito de Bela, que constituía un complejo urbano de mayor tamaño. Aún más, Freedman afirma que en una conversación privada con Pettinato éste le informó que en otra tableta descubierta en los archivos se daban los nombres de los reyes de la pentápolis de la llanura (cfr. Gn. 14:2). Pettinato recordaba el nombre del rey de Adma, que en la tableta era «bi-ir-sa». Este nombre se correspondía morfológicamente con el Birsa de Gn. 14:2 (heb.: «birsa'»). En Gn. 14:2 quien tiene este nombre es el rey de Gomorra. Esto lleva a dos reflexiones:

(a) Se debe recordar que los textos de Ebla y el pasaje de Gn. 14:2 no reflejan personajes contemporáneos, sino separados por un espacio de varias generaciones.

(b) Sin embargo, la mención de este nombre, que sólo aparece en este texto bíblico, lo sitúa en su apropiado marco histórico. Se debe recordar el hecho evidente de que los mismos nombres se puedan dar y se dan a personas diferentes, por lo que no es de sorprender que hubiera reyes diferentes de distintas ciudades con el mismo nombre. Este es un hecho común en la historia (cfr. Joram, rey de Israel, 2 R. 1:17; Joram rey de Judá, 1 R. 22:50, y Joram, hijo de Toi rey de Hamat, 2 S. 8:10, etc.). Es posible que los dos Birsa pertenecieran a la misma dinastía, o que hubiera entre ellos lazos más o menos cercanos de descendencia.

Toda esta cuestión sufrió un giro inesperado, cuando Pettinato se echó atrás de sus anteriores afirmaciones. El gobierno sirio, alarmado ante las evidentes relaciones entre Ebla y el marco bíblico de Génesis, y temeroso de que ello pudiera constituir un adicional apoyo para las tesis sionistas sobre las que se basa el estado de Israel, presionó a los investigadores para que desmintieran las anteriores comunicaciones, e impuso una censura sobre las tabletas de Ebla (cfr. Biblical Archaeology Review, marzo-abril 1979; julio-agosto, PP. 9-11). Como resultado, la postura actual es la de una extrema precaución en las declaraciones de los integrantes de estas excavaciones, que se desarrollan en suelo sirio y con patrocinio del gobierno de Damasco. Ello, unido a la censura siria, ha hecho que todo este tema desemboque en una situación tensa y lamentable.

Sin embargo, se sigue concediendo que «puede» haber mención de «si-da-mu» (Sodoma) y de «sa-bi-im» (Zeboim) en las tabletas de Ebla (M. Dahood, S. J., en un apéndice a la obra de Giovanni Pettinato: «The Archives of Ebla», p. 278). Por otra parte, Freedman publica la afirmación de Dahood de que «Giovanni [Pettinato] me dice que considera la lectura de los dos primeros nombres, Sodoma y Gomorra, bien ciertos» (Freedman, artículo citado, p. 143). Además, M. Dahood, en «Eblaite and Biblical Hebrew», Catholic Biblical Quarterly, vol. 44 (1982), PP. 17, 18, da evidencia acerca de Sodoma, mostrando que aparecen «sa-dam'» (texto TM75.6.2231 obv. X4) y «ak-kà-bù'» (Ákaba) en la misma columna (obv. X12). Dahood documenta que la variación «si-da-mu'» anteriormente mencionada es una variación ortográfica del cuneiforme (cp. Dahood, op. cit., p. 287).

 

E. Nombres divinos.

Otro factor de extremado interés es la aparición en las tabletas de nombres con elementos componentes en «-il» y «-ya» (correspondientes a «EL» y «YAH»). Algunos de estos nombres son: «en-an-il» y «en-an-ya», «is-ra-il» e «is-ra-ya», «is-ma-il» e «is-ma-ya», «mi-kà-il» y «mi-ká-ya». Hay muchos otros. Pettinato ofrece evidencia concluyente de que «-il» y «-ya» son nombres divinos genéricos, y que no tienen ningún otro papel, como algunos han alegado. Por ejemplo, se ha argumentado en «-ya» podía tener el papel de formar el diminutivo del nombre. Con ello se intenta negar el conocimiento temprano del nombre Yah aplicado a la divinidad. Pettinato observa («the Archives of Ebla», p. 249), que la partícula «-ya» sustituyó a la partícula «-il» en los nombres durante el reinado de Ebrium. Además de este hecho, que señala a una reforma religiosa durante el reinado de Ebrium, Pettinato indica nombres en los que no es posible que «-ya» tenga una función de diminutivo, como p. ej., «'ìa-ra-mu», «Ya es exaltado», donde está al comienzo del nombre y va acompañado del determinante «dingir» (dios). Además, numerosos otros nombres muestran distintos sufijos en los que se trata de nombres de otras divinidades. Así, se puede señalar: «a-dam-ma-lik», «el hombre de Malik» (Moloc); «ib-na-ma-lik», «Malik ha creado»; «i-ad-da-mu», «mano de Damu»; «is-má-da-mu», «Damu ha oído»; «i-ti-il/ya», «Il/Ya ha dado»; «en-na-il/ya», «Il/Ya ha mostrado favor»; «mi-kà-il/ya», «¿quién es como Il/Ya?».

Estos nombres constituyen evidencia de que en aquella época persistía una memoria de la revelación primordial de Dios, que había sido conocida por Noé y sus descendientes, y cuyo conocimiento era preservado en líneas cada vez más y más reducidas (cfr. Melquisedec; Ro. 1:18-23, etc.). A decir de Pettinato, «esta cultura, ciertamente politeísta, estaba en camino hacia un «henoteismo» [creencia en un Dios supremo sobre otros dioses) virtualmente declarado» («Archives of Ebla», p. 260). Esta interpretación surge de la previa aceptación de un concepto evolucionista del pensamiento religioso. Toda la evidencia señala más bien en un abandono constante del monoteísmo y la caída gradual hacia un politeísmo. No hay prueba alguna de la concepción evolucionista (véase MONOTEÍSMO). Sin embargo, quedan rastros de un monoteísmo original, en el himno al Dios creador preservado en una de las tabletas (TM.75.G. 1982):

Señor del cielo y de la tierra:

la tierra no era, tú la creaste,

la luz del día no era, tú la creaste,

la luz de la mañana tú no habías [aún] hecho existir.

Señor: palabra eficaz

Señor: prosperidad

Señor: heroísmo

Señor:...

Señor: infatigable

Señor: divinidad

Señor: quien salva

Señor: vida dichosa

Son claras las implicaciones de este texto. A pesar de los quinientos dioses registrados del panteón eblaítico y del crudo politeísmo manifestado en la religión del pueblo, se halla un antecedente, en creciente olvido, del primitivo monoteísmo: Dios es el Señor de los cielos y de la tierra, de la luz, y está también ocupado en la vida diaria de los hombres. Aquí se ve un evidente resto de la antigua fe monoteísta. El epigrafista de Ebla, Pettinato, que mantiene la posición de que se estaba dando una evolución hacia el monoteísmo, afirma sin embargo el valor intrínseco de este himno: «¿Quién, de hecho, es el Señor del cielo y de la tierra? Ciertamente no es Dagán, ni Rasap, ni Sipis, sino DIOS en mayúsculas» («the Archives of Ebla», PP. 259-260).

 

F. Ebla, a 240 Km. al sudoeste de Harán, hubiera sido una de las ciudades visitadas por Abraham en su migración desde Ur de los Caldeos hasta la tierra de Canaán, La extensión del imperio de Ebla, sus intensas relaciones comerciales con Ur y Canaán, la existencia de numerosos núcleos urbanos en aquella época, todo ello constituye un marco coherente con el indicado en Génesis como trasfondo de los patriarcas.

A pesar de todos los problemas aparecidos en las excavaciones de Ebla, de las presiones políticas y de las diferencias resultantes entre los investigadores, de las declaraciones y retractaciones, es evidente que los hallazgos de Ebla son de gran importancia por su relación con la Biblia. Freedman (véase Bibliografía) considera que estos descubrimientos son de tal magnitud que deben ser tomados como base para la reevaluación de las posturas que se han mantenido hasta el presente acerca de la transmisión de la tradición bíblica. Asume él la postura de que la precisión bíblica en el registro de nombres y lugares exige la existencia de material escrito que cubra el periodo entre la época de los patriarcas y la de la redacción última del texto («The Tell Mardikh Excavations, the Ebla Tablets, and Their Significance for Biblical Studies», Near Eastern Archaeologist Society Bulletin (13[1979], p. 35). (Véanse también ABRAHAM, MARI, NUZU, UGARIT.)

 

Bibliografía:

Dahood M.: «Ebla, Ugarit and the Bible» en the Archives of Ebla (Doubleday Garden City, N. Y., 1981)

Freedman D. N.: «The Real Story of the Ebla Tablets» ,Biblical Archaeologist, vol. 41, dic 1978, PP 143-164.

Matthiae, P.: «Ebla: an Empire Rediscovered» (Doubleday, Garden City, N Y, 1980)

Merrill, E. H.: «Ebla and Biblical Hitoncal Inerrancy», Bibliotheca Sacra (vol. 140, nº. 560, oct.-dic. 1983, PP. 302-321);

Pettinato, G.: «The Archives of Ebla» (Doubleday, Garden City, N.Y. 1981);

Wilson, C.: «Ebla Tablets-Secrets of a Forgotten City» (Master Books, San Diego, 1977).

 MARDOQUEO

tip, BIOG HOMB HOAT

ver, ESTER

vet,

(posiblemente un término persa, «hombre pequeño», o acádico, de «Marduk», el principal dios de Babilonia. Véase también ESTER).

(a) Benjamita, hijo o descendiente de Jair, hijo de Simei, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín (Est. 2:5). El término relativo «el cual» en el v. 6 puede referirse al último nombre de la genealogía (cfr. 2 Cr. 22:9), indicando que Cis benjamita fue deportado junto con el rey Jeconías a Babilonia en el año 597 a.C., a menos que el relativo se refiera a un nombre anterior, como Jair. En tal caso, Mardoqueo descendería de Jair, benjamita deportado a Babilonia al mismo tiempo que Jeconías. Crió a Hadasa (Ester), hija de su tío. Mardoqueo la adoptó cuando ella quedó huérfana de padre y madre. Ester siguió sus instrucciones durante los acontecimientos que la llevaron al trono de Persia como reina, una de las esposas de Asuero (Jerjes; Est. 2:7-20), que reinó del año 486 al 464 a. C. Mardoqueo informó al rey, por medio de Ester, de la inminencia de un atentado, los dos conspiradores fueron ejecutados (Est. 2:21-23). El padre adoptivo de Ester rehusó prosternarse ante Amán (se trataba de una señal normal de deferencia ante un superior). El motivo del rechazo a esta sumisión fue evidentemente la ascendencia amalecita de Amán (amalecita, descendiente de Agag). El menospreciado dignatario decidió vengarse de Mardoqueo y de todos los judíos. El rey le dio permiso para ello (Est. 3:5-11). Durante una noche de insomnio, el soberano hizo que le leyeran los anales del reino, y supo que Mardoqueo, que le había salvado la vida durante la conspiración de los dos eunucos, no había sido recompensado. Por la mañana, el monarca ordenó a Amán que llevara de paseo a Mardoqueo, vestido de los ropajes reales y montado sobre el caballo del rey, a través de Susa, y que proclamara delante de él: «Así se hará al varón cuya honra desea el rey». Esta orden le fue dada a Amán precisamente en la audiencia en la que él quería pedir al rey permiso para colgar a Mardoqueo de la horca. La exaltación de Mardoqueo señaló el principio de la caída en desgracia del agagueo, que perdió la vida junto con sus hijos. Mardoqueo llegó después a ocupar el segundo lugar en el Imperio (Est. 6-10).

(b) Judío que volvió de Babilonia con Zorobabel (Esd. 2:2; Neh. 7:7).

 MARESA

tip, CIUD BIOG HOMB HOAT

sit, a3, 212, 159

vet,

= «a la cabeza».

(a) Ciudad de la llanura de Judá (Jos. 15:44; cfr. 1 Cr. 4:21). Fortificada por Roboam (2 Cr. 11:8). Tuvo lugar una gran batalla entre el rey Asa y Zero el etíope cerca de Maresa (2 Cr. 14:9, 10).

Durante el período helénico, fue una ciudad importante llamada Marissa, en la que habitaban edomitas (Ant. 13:9, 1; 14:1, 3, 9). Los partos la destruyeron en el año 40 a.C. Según Eusebio, sus ruinas se hallaban a dos millas romanas de Eleutherópolis. Bliss la sitúa en Tell Sandahannah, a 1,5 Km. al sur-sureste de Beit Djibrin.

(b) «Padre» de Hebrón (1 Cr. 2:42), descendiente de Judá; el contexto sugiere que Maresa era el hermano de Mesa, primogénito de Caleb. No se cita en ningún otro lugar.

 MARFIL

tip, MATE

vet,

Material procedente de los colmillos de elefante, hipopótamo, morsa y otros animales. En heb.: «shen», diente, o «shenhabbîm», nombre compuesto cuyo elemento «habbîm» significa probablemente «elefantes».

La primera mención del marfil en la Biblia se halla en el pasaje relatando los largos viajes de las naves de Salomón (1 R. 10:22; 2 Cr. 9:21), probablemente a la India; de marfil se hizo un trono para el soberano (1 R. 10:18). Más tarde, cuando Jerusalén se vio sumida en el lujo, se hacían camas de marfil (Am. 6:4), y había incluso casas adornadas o recubiertas de este precioso material (1 R. 22:39; Am. 3:15; Sal. 45:9). Se menciona como adorno de las naves fenicias (Ez. 27:6). Etiopía suministraba también marfil a los pueblos de la antigüedad (Herodoto 3:97, 114).

 MARI

tip, CIUD ARQU

ver, HAMMURABI

sit, a4, 336, 150

vet,

Antigua ciudad en el curso medio del Éufrates, en el cual Tell Hariri, a 10 Km. al norte de Abu Kemal.

Desde 1933, André Parrot dirigió unas excavaciones organizadas por el Museo del Louvre, cuyos resultados fueron sorprendentes. Esta ciudad exhibía una brillante civilización en el tercer milenio antes de Cristo, siguiendo la cronología convencional. Entre otras cosas, se han exhumado un templo a Ishtar, un zigurat, y sobre todo un inmenso palacio real (con una superficie de tres hectáreas) que comprende las estancias de los príncipes con salas de baño, etc., las oficinas del gobierno, e incluso una escuela de escribas. Se conservan todavía grandes pinturas murales y se han hallado también 20.000 tabletas de los archivos del palacio real. Muchas de estas tabletas con escritura cuneiforme forman parte de una correspondencia diplomática entre el último rey de Mari, Zimri-lim, con el famoso Hammurabi de Babilonia. Estas cartas de Mari, interpretadas dentro del marco de la cronología convencional, han llevado a fijar la fecha de Hammurabi alrededor de los años 1728-1686 a.C. Sin embargo, Courville da buenas razones para situar Hammurabi, y por ende los últimos años de Mari, entre 1430-1375. Sin embargo, la aceptación de la cronología revisada deja en pie todas las implicaciones lingüísticas básicas en relación con las anteriores hipótesis del desarrollo del arte de la escritura y de los diversos géneros literarios, y que pretendían la implausibilidad de la redacción del Pentateuco por parte de Moisés. Asimismo, ilustran también la singularidad de los escritos bíblicos por el contraste tan acusado que éstos presentan tanto en el aspecto moral como en la esperanza en el Dios único y trascendente. No se pueden hallar correspondencias entre la revelación bíblica y la literatura antigua, excepto a nivel irrelevante.

 

Bibliografía:

Parrot, A.: «Mari, une ville Perdue» (Ed. Je Sers);

Parrot, A.: «Mundos sepultados» (Ed. Garriga, 1962);

Parrot, A.: «Assur» (Aguilar, Madrid, 1970);

Albright, W.: «The Archaeology of Palestine and the Bible» (The American Schools of Oriental Research, 1974);

consultar también bibliografía bajo el artículo HAMMURABI.

 MARÍA (AT)

tip, BIOG PROF MUJE MUAT

ver, MARÍA (NT)

vet,

(gr. del NT: «María» o «Mariam», derivado del heb. «Miryam»; en lat. «Maria»).

(a) MARÍA, HERMANA DE MOISÉS Y AARÓN.

Es probable que fuera ella la que vigiló el arca que contenía el pequeño Moisés (Éx. 2:4-8). Se puso a la cabeza de las mujeres que celebraron el paso del mar Rojo, danzando al son de los panderos. María cantaba: «Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; ha echado en el mar al caballo y al jinete» (Éx. 15:20, 21). María fue profetisa, y Dios le había dado un lugar tras sus hermanos, encargados de conducir al pueblo de Israel (Mi. 6:4; Éx. 4:15, 29, 30). Alegando el matrimonio de Moisés con una mujer etíope, Miriam incitó a Aarón a rebelarse en contra de él. Entonces quedó atacada por la lepra, en castigo a su resistencia a la voluntad divina. Moisés intercedió por su hermana; Dios la sanó, pero el pueblo se vio retrasado en su marcha hasta que ella volvió a entrar en el campamento (Nm. 12:1-16; Dt. 24:9). María murió y fue sepultada en Cades (Nm. 20:1).

 

(b) María, cuyo padre fue Esdras (1 Cr. 4:17), no el escriba de la época postexílica.

 

(c) MARÍA, la madre del Señor Jesús.

Los únicos datos auténticos nos provienen de las Sagradas Escrituras. Seis meses después de la concepción de Juan el Bautista, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen llamada María. Ella vivía en Nazaret, una población de Galilea, y estaba prometida con un carpintero, José (Lc. 1:26, 27). Los textos afirman que José descendía de David. No lo dicen de manera explícita de María, pero hay numerosos comentaristas que creen que era de ascendencia davídica. En efecto, le fue anunciado que su hijo recibiría el trono «de David su padre» (Lc. 1:32). Además, en varios pasajes (Ro. 1:3, 2 Ti. 2:8; y cfr. Hch. 2:30) se afirma que Él es, según la carne, del linaje de David. Por otra parte, hay una gran cantidad de exegetas que opinan que en Lc. 3:23-28 se da la genealogía de Cristo a través de su madre, en cuyo caso el padre de María sería Elí. Sea como fuere, el ángel anunció a María que ella era objeto del favor divino, que tendría un hijo al que llamaría Jesús. Siguió afirmando que sería grande y que sería llamado Hijo del Altísimo, y que el Señor Dios le daría el trono de David su padre. Reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin (cfr. Lc. 1:32, 33). María preguntó cómo podría ser tal cosa, por cuanto ella era virgen. El ángel le respondió que ella concebiría por el poder del Espíritu Santo.

«Por lo cual también el Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lc. 1:35). Estas palabras revelaron a María que ella había sido elegida para ser la madre del Mesías; aceptó con fe y humildad el honor que Dios le confería de una manera tan misteriosa. El ángel le informó que Elisabet, su prima, iba a tener también un hijo. María se fue entonces a la población en los montes de Judá donde vivían Zacarías y Elisabet. A su llegada Elisabet, instruida acerca del honor hecho a María, pronunció, por inspiración del Espíritu Santo, un cántico de alabanza. Y María glorificó a Dios con un himno que comenzaba: «Engrandece mi alma al Señor» (Lc. 1:46-55). El título de «Magnificat», dado a este cántico, es la primera palabra en su versión latina. Estos cánticos de Elisabet y de María revelan la profunda piedad y el templado gozo de estas santas mujeres, al meditar acerca del poder y de la gracia de Dios que, mediante los hijos de ellas, cumplirían las antiguas promesas hechas a Israel y traerían la salvación al mundo.

María se quedó tres meses en casa de Elisabet y bajo su protección; no volvió a Nazaret hasta poco antes del nacimiento de Juan. José, que se proponía repudiar a María en secreto, supo, mediante una visión, la causa de su embarazo (Mt. 1:18-21); recibió la orden de tomar a su mujer con él y de dar al niño el nombre de Jesús: «Porque el salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21). José se acordó de la profecía de Isaías: el Mesías debía nacer de una virgen. Obedeció entonces la orden de Dios, y tomó a su mujer consigo, «pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS» (Mt. 1:24, 25). Este matrimonio protegió a María y salvaguardó su secreto. El niño tuvo a José como padre legal, y vino así a ser también el heredero de David.

El nacimiento del niño tuvo lugar en Belén. El emperador Augusto había ordenado que se efectuara un censo de todo el Imperio, por lo que se tenían que registrar todos los habitantes de Palestina. José tuvo que dirigirse hacia Belén, porque descendía de David, y María lo acompañó. No encontrando lugar en el mesón, se vieron obligados a alojarse en un establo, posiblemente exento de animales a fin de poder dar cabida a la gente que acudía. Allí nació Jesús. Su madre «lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre» (Lc. 2:7). María, llena de maravilla y de fe, oyó a los pastores hablar de su visión nocturna, de la proclamación de los ángeles, anunciando el nacimiento del Salvador. Ella no sabía que su hijo era el mismo Dios manifestado en carne; discernía solamente que sería el Mesías, y esperó a que Dios revelara la misión de su hijo. Cuarenta días después de su nacimiento, María y José se dirigieron a Jerusalén, para presentar el niño al Señor y para ofrecer en el Templo el sacrificio demandado por la Ley (Lv. 12:2, 6, 8). María ofreció el sacrificio de los pobres (un par de palominos o dos tórtolas). El anciano Simeón tomó al niño en sus brazos, alabando al Señor que le había permitido ver al Mesías, y después anunció los futuros sufrimientos de María (Lc. 2:35). José y María volvieron, acto seguido, a Belén (Mt. 2:11).

Fue ya en una casa que recibieron a los magos de Oriente, venidos a adorar a Jesús (Mt. 2:1-11). La familia entera, por instrucciones de Dios, se refugió en Egipto para escapar a las intenciones asesinas de Herodes el Grande, y después, a la muerte de este último, se dirigieron a Nazaret. María se dedicó a la educación del niño, cuya misión futura debía estar constantemente en su mente. El episodio de Jesús en el Templo a sus doce años desvela algo del carácter de su madre. Ella iba cada año a Jerusalén, como José, para la fiesta de la Pascua (Lc. 2:41), aunque la Ley no lo demandaba a las mujeres judías (Éx. 23:17). José y María, personas piadosas, llevaron a Jesús a Jerusalén a partir de que tuvo la edad, para que también Él participara de la Pascua. Su conversación con los doctores de la Ley, en el Templo, dejó aturdidos a sus padres. «Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón» (Lc. 2:51). María no comprendía toda la magnitud de la grandeza de su Hijo, ni la verdadera naturaleza de su misión (Lc. 2:50), pero lo crió, de todas maneras, con vistas al servicio de Dios.

Por cuanto los «hermanos del Señor» (véase HERMANOS DE JESÚS) eran evidentemente hijos de José y María nacidos después de Jesús, María tuvo una numerosa familia. Se mencionan también hermanas (Mr. 6:3). Sin embargo, no se vuelve a saber nada de María hasta el inicio del ministerio público de Jesús. La volvemos a encontrar en las bodas de Caná (Jn. 2:1-10), contempla con gozo cómo Jesús se manifiesta como Mesías, y cree en su misión. Cristo, sin embargo, se opone, con respeto, pero también con firmeza, a la inoportuna intervención de su madre (para el sentido de la respuesta en el v. 4, cfr. Mr. 5:7). Ella tiene que comprender que no puede inmiscuirse en su ministerio. Como hijo, le testimonia su deferencia; como Mesías y Salvador, la pone en la categoría de los discípulos, por cuanto también María tiene necesidad, como todos los demás, de la salvación que Cristo ofrece.

En otra circunstancia, Jesús hará a María otra observación análoga (Mt. 12:46-50; Mr. 3:31-35; Lc. 8:19-21). Mientras que el Maestro enseñaba mediante parábolas, la madre y sus hermanos le querían hablar. Es posible que quisieran aconsejarle a que desistiera de su peligroso curso. Él les repitió que el lazo espiritual que le unía a los discípulos tenía más valor que toda relación humana. «Porque todo aquel que hace la voluntad de mi padre que está en los cielos, éste es mi hermano, y hermana, y madre» (Mt. 12:50). Parece que María y los hermanos de Jesús siguieron viviendo en Nazaret durante el ministerio del Señor. Debido a que José no es mencionado, se supone que había muerto ya. Al revés de los hermanos de Jesús, María nunca dejó de creer que su hijo era el Mesías. Es por esto que lo siguió en su último viaje a Jerusalén. Sufriendo a la vez como madre y como discípula, contempló el horrible espectáculo de la crucifixión. Jesús, en medio de sus sufrimientos, se dirigió a ella, y la confió a Juan, su querido discípulo. «Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» (Jn. 19:25-27).

Después de la Ascensión, estuvo con los apóstoles en el aposento alto (Hch. 1:14); a partir de ello, no se la menciona más en las Escrituras. No conocemos ni la fecha ni las circunstancias de su muerte. En el valle de Cedrón se muestra lo que se afirma ser su tumba, pero no hay base alguna para aceptar su autenticidad. Las tardías leyendas acerca de María no contienen ningún relato digno de ser creído. En las Escrituras es presentada simplemente como una magnífica figura de mujer devota y piadosa. Ocupa un lugar único, como madre del Mesías, y la llamarán «bienaventurada todas las generaciones» (Lc. 1:48). Pero es evidente que no puede ser llamada «Inmaculada Concepción», por cuanto ella misma reconoce a Dios como «su Salvador», y se ve que en su propio espíritu estaba sujeta a la ignorancia y a la incomprensión (Lc. 1:47; 2:50; Mr. 3:21). Tampoco permaneció virgen perpetuamente, por cuanto vino a ser verdaderamente la mujer de José (Mt. 1:25). Sobre este versículo afirma Lacueva: «El pretérito imperfecto (del verbo gr. "conocer") señala, aquí, con toda precisión el lapso de tiempo durante el cual José no tenía trato marital con ella» (F. Lacueva: «Nuevo Testamento interlineal griego-español», Clíe, 1984, loc. cit., nota). Por lo general, las versiones católicas «suavizan» la traducción de Mt. 1:25 para que no salte a la vista la evidente implicación de su texto. La correcta traducción dice: «Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito.»

Tampoco es cierto lo que tan comúnmente se afirma que estaba «llena de gracia» (véase GRACIA). Lo que el texto gr. dice es: «agraciada» o «recibida en gracia» (Lc. 1:28). Se trata de la actitud de Dios hacia ella, de que había sido favorecida (Lc. 1:28). El ángel añade, además: «has hallado gracia delante de Dios» (Lc. 1:30). Así, es un error pretender que María sea «la mediadora de todas las gracias», como lo afirma la Iglesia de Roma, o que en Pentecostés fuera ella quien recibiera el Espíritu Santo y lo distribuyera a los discípulos. Jesús es el único Mediador, y su sacerdocio intransmisible nos es plenamente suficiente (1 Ti. 2:5; He. 9:24-25). María no es ciertamente «la Madre de Dios», por cuanto ella fue madre de Él en tanto que hombre: ninguna criatura humana puede ser madre del Verbo Eterno. Alguien ha dicho con acierto: «María fue la madre de Aquel que es Dios, pero no la madre de Dios.» Los textos anteriormente citados muestran que el Señor siempre veló para que ni la misma María, ni los hombres, dieran a su madre un lugar por encima de los demás, ni una parte de su ministerio. Finalmente, el «dogma de la Asunción de María», promulgado en 1950, no tiene ninguna base bíblica. Según esta doctrina, habiendo muerto en el año 54 d.C., habría resucitado en el acto, y habría sido llevada al cielo en su cuerpo glorificado. Sin embargo, Pablo indica claramente el orden de las resurrecciones: «Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo (lo cual debe incluir a María) en su venida» (1 Co. 15:23).

 

(d) MARÍA, la mujer de Cleofas (Jn. 19:25).

El término «mujer» no se halla en el texto gr., según la costumbre. Cleofas recibe el nombre de Alfeo (Mt. 10:3; Mr. 3:18; Lc. 6:15), siendo los dos nombres variaciones del mismo nombre arameo original. Cleofas y María son así el padre y la madre del apóstol Santiago el Menor, y de José, su hermano (Mt. 27:56; Mr. 15:40; Lc. 24:10). Los que pretenden que los «hermanos» del Señor eran sus primos por parte materna alegan que esta María era hermana de María la madre de Jesús, y que Jn. 19:25 no menciona a tres mujeres junto a la cruz de Jesús. Aparte de lo inverosímil que dos hermanas tuvieran el mismo nombre, hay otros argumentos para refutar la teoría de los «primos» (véase HERMANOS DE Jesús). Se admite que en tal caso Juan está hablando de cuatro mujeres asistiendo a la crucifixión, y que una de ellas era precisamente María la mujer de Cleofas. De ella personalmente se sabe poca cosa más, excepto que vio cómo colocaban al Señor en el sepulcro (Mt. 27:61); el tercer día, ella era una de las que llevaban especies aromáticas y a las que se apareció el Señor resucitado (Mt. 28:1; Mr. 15:47; 16:1; Lc. 24:10). (Véanse ALFEO, SANTIAGO.)

 

(e) MARÍA MAGDALENA

«Magdalena» indica su lugar de origen (Mt.27:56, 61; 28:1; Mr.15:40, 47; 16:1, 9; Lc.8:2; 24:10; Jn.19:25; 20:1, 18), Magdala, sobre la costa suroccidental del mar de Galilea. Jesús la liberó de siete demonios (Mr. 16:9; Lc. 8:2); tomó desde entonces su lugar entre los discípulos más devotos. La primera mención de esta María (Lc. 8:2) sigue poco después del relato de la unción de los pies del Señor por una pecadora en una ciudad de Galilea (Lc. 7:36-50). Ésta es la razón de que se haya creído que estos dos pasajes se refieren a la misma persona, lo que es muy improbable. Esta suposición ha hecho pasar a María Magdalena por una mujer de mala vida. Así su buen nombre ha sufrido, a pesar de que no se pueda justificar la conexión arbitraria entre ambos pasajes. No sabemos qué forma tenía la terrible posesión de la que había sido liberada. Al principio del ministerio de Jesús en Galilea empezó a acompañar a los doce y a las mujeres que ayudaban al Señor y a los discípulos con su dinero (Lc. 8:1-3). Estuvo ante la cruz (Mt. 27:56; Mr. 15:40; Jn. 19:25) y estuvo sentada ante el sepulcro cuando fue depositado en él el cuerpo de Jesús (Mt. 27:61). Al amanecer el tercer día, llegó allí acompañada de «la otra María». Al ver que la piedra había sido quitada de delante de la entrada del sepulcro, corrió a Jerusalén a advertir a Pedro y a Juan de ello (Jn. 20:1, 2). María Magdalena siguió a los apóstoles, volvió al huerto, y se quedó después de que se hubieran ido. Es a ella que el Jesús resucitado apareció en primer lugar (Mr. 16:9; Jn. 20:11-17); se apresuró a hacer saber esto a los discípulos (Jn. 20:18). No se conoce nada más acerca de ella.

 

(f) MARÍA DE BETANIA

María de Betania vivía con Marta, su hermana (Lc. 10:38) en el pueblo de Betania (Jn. 11:1; 12:1). La cumbre del monte de los Olivos se halla a alrededor de 1,5 Km. de este lugar. La primera vez que se menciona una visita del Señor a esta familia (Lc. 10:38-42), María parecía ávida de escucharlo. Marta se quejó a Jesús de que su hermana descuidaba el servicio, y el Señor le respondió: «Sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada» (Lc 10:42). El cap. 11 de Juan relata la resurrección de Lázaro, el hermano de María. Cuando Jesús llegó cerca de Betania, cuatro días después de la muerte de Lázaro, «María se quedó en casa» (Jn. 11:20). Marta le dio el mensaje de que Jesús quería verla (Jn. 11:28). Al verlo, María clamó: «Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.» El dolor de las hermanas conmovió profundamente al Salvador, que obró en favor de ellas uno de los más grandes milagros que registran los Evangelios. Más tarde, Jesús acudió a Betania, seis días antes de su última Pascua (Jn. 12: 1). En casa de Simón el leproso le ofrecieron una cena (Mr. 14:3). Durante la comida, María trajo un vaso de alabastro lleno de nardo puro y, quebrando el vaso, derramó este caro perfume sobre la cabeza de Jesús (Mr. 14:3) y sobre sus pies, que acto seguido enjuagó con sus cabellos (Jn. 12:3). Éste fue un gesto de adoración, de gratitud, de testimonio dado a la grandeza de Cristo. Judas y algunos de los discípulos reprocharon este gesto, calificándolo de desperdicio, pero Jesús declaró: «De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella» (Mt. 26:6-13; Mr. 14:3-9). El Señor vio en esta unción, de la que la misma María indudablemente no acaba de comprender todo su verdadero sentido, el sello de su próximo sacrificio (Jn. 12:7, 8).

 

(g) MARÍA (Madre de Juan-Marcos)

Los discípulos se reunieron en casa de esta dama cristiana para orar por la liberación de Pedro, encarcelado por Herodes Agripa. El apóstol, liberado por un ángel, se dirigió de inmediato a casa de ella (Hch. 12:12). El hijo de esta María fue el autor del segundo Evangelio (véase MARCOS). Debía ser de buena posición, y es de suponer que su casa era uno de los principales lugares de reunión de los cristianos de Jerusalén. Según Col. 4:10, Marcos era sobrino de Bernabé. Se desconoce si este parentesco era paterno o materno. También se desconoce quién era el marido de esta María.

 

(h) MARÍA DE ROMA

Cristiana a la que manda saludos el apóstol Pablo al escribir a los creyentes en Roma (Ro. 16:6). Había luchado por la causa de Cristo en Roma. Éste es el único pasaje donde se la menciona.

 

Bibliografía:

Edersheim, E.: «The Life and Times of Jesus the Messiah» (Eerdmans, Grand Rapids, 1971, pub. original 1866);

Lacueva, F.: «Catolicismo Romano», Parte Segunda: «Doctrinas sobre la Virgen María» (Clíe, Terrassa, 1972);

Schlink, B.: «María: el camino de la madre del Señor» (Clíe, Terrassa, 1978);

Sweet, L. M.: «Mary», en ISBE (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1946).

 MÁRMOL

tip, PIED

ver, CODO

vet,

Piedra calcárea de gran dureza, cristalizada naturalmente, y capaz de ser pulimentada. A causa de su lustre, en heb. se llama «shayish» y «shêsh»; en gr. «marmaros».

Con este material se hacían columnas y lujosos enlosados (Est. 1:6; Cnt. 5:15). Salomón lo empleó en abundancia para la construcción del Templo (1 Cr. 29:2). Josefo, al describir los muros de este edificio, afirma que eran de piedra blanca, pero sin mencionar su variedad (Ant. 8:3, 2). Los mármoles blancos, amarillos y rojos provenían del Líbano; Arabia suministraba variedades selectas. En las regiones de Palestina al este y al oeste del Jordán, se empleaba la variedad roja y blanca para los palacios de la época grecorromana. Las columnas de los pórticos del templo de Herodes eran monolitos de mármol blanco, con una altura de 25 codos (Guerras 5:5, 2).

 MARTA

tip, BIOG MUJE MUNT

ver, MARÍA (NT)

vet,

(aram.: «dama, señora»).

Hermana de María y de Lázaro de Betania (Jn. 11:1, 2), todos ellos muy adictos a Jesús. Marta quiso testimoniarle su afecto recibiéndolo de una manera digna. María, más contemplativa que su hermana, sólo deseaba escuchar al Señor. Marta pidió a Jesús que la reprendiera. El Señor le hizo comprender a Marta que el hambre espiritual de sus discípulos era más importante que las cargas que asumieran en devoción (Lc. 10:38-42). Las dos hermanas tenían una fe viviente (Jn. 11:21-32). La casa que ellos tenían en Betania recibe el nombre de «casa de Marta» (Lc. 10:38). Durante otra comida en casa de Simón el leproso en Betania (Mt. 26:6; Mr. 14:3), estaba presente Lázaro, y de nuevo hallamos a Marta sirviendo. Ésta fue la ocasión en que María ungió los pies de Jesús (Jn. 12:1-3). De estos hechos se puede deducir que Marta podía ser la esposa o viuda de Simón el leproso.

 MARTILLO

tip, TIPO UTEN

vet,

Útil llamado «Pattish» en heb., empleado para trabajar los metales y para quebrantar las rocas (Is. 41:7; Jer. 23:29).

En sentido figurado designa a todo poder que quebranta. Babilonia fue martillo sobre toda la tierra (Jer. 50:23). La Palabra de Dios es como un martillo que quebranta la roca (Jer. 23:29).

Otro instrumento del mismo género es el denominado «Maqqabeth» (del que muchos estudiosos derivan el término «Macabeo», aunque se dan también otras explicaciones). Este último se usaba para asegurar las estacas a las que se ataban las tiendas (Jue. 4:21), y también en construcción (1 R. 6:7), y para fabricar ídolos (Is. 44:12; Jer. 10:4, 5).

 MASADA

tip, CONS

ver, QUMRÁN (Cuevas 7 a 11)

sit, a3, 403, 328

vet,

(heb.: «peñas firmes»).

Fortaleza construida durante el tiempo de los Macabeos, cerca de la ribera occidental del mar Muerto, a unos 25 Km. a vuelo de pájaro al sur de En-gadí.

Herodes el Grande agrandó y reformó esta fortaleza, que constituyó uno de los puntos militares principales de su dominio.

Fue el último reducto de los judíos en la guerra que acabó con la vida nacional de los judíos (66-73 d.C.). (Véase QUMRÁN [CUEVAS 7 a 11])

 MASAH

tip, LUGA

ver, MERIBAvet,

(heb.: «massah»: «prueba, tentación»).

Nombre dado por Moisés a un campamento israelita donde les faltó el agua. Dios ordenó a Moisés que golpeara la peña de Horeb para confundir la incredulidad de los israelitas, y el agua salió (Éx. 17:7; Dt. 6:16; 9:22; Sal. 95:8, 9).

Según Dt. 33:8, también el Señor probó de esta manera la fidelidad de los levitas en la persona de Moisés; en Éx. 17:7 se da a este lugar el nombre de Meriba (véase MERIBA).

 MASORETAS

tip, MANU

ver, MANUSCRITOS BÍBLICOS

vet,

(de «Massorah»: «tradición», es decir, el conjunto de todas las enseñanzas que tratan el texto sagrado, conservadas durante largo tiempo por tradición oral).

Los masoretas, rabinos judíos de Tiberias y de Babilonia, nos transmitieron el AT en su forma actual. Sus actividades se extienden entre el siglo V y X d.C.

Al principio fijaron el texto eligiendo un ms. entre todos los mss. de que disponían. A continuación copiaron el texto con un extraordinario cuidado. Según ciertos escribas, un error en una sola letra hacía que el ms. no pudiera ser utilizado. Anotaron después el texto con el fin de impedir toda añadidura u omisión, indicando en el margen la cantidad de letras, el número de ciertas expresiones, la letra central, la palabra y el versículo central en cada libro o colección de libros; cuando un vocablo les parecía incorrecto, lo dejaban dentro del texto («kethib») y ponían en el margen las consonantes del vocablo corregido («Keri»). Inventaron la puntuación vocal. Hasta el siglo V d.C., el texto heb. de la Biblia tenía sólo consonantes. La tradición era suficiente para asegurar una lectura normal. Pero, a medida que el pueblo judío se asimilaba en el seno de las naciones a las que había sido dispersado, se corría el riesgo de que se fuera perdiendo paulatinamente la pronunciación exacta de las palabras. Fue para fijar esta pronunciación que los masoretas inventaron los puntos de vocalización. Estos (puntos o pequeños trazos) se situaron sobre o debajo de las consonantes, sin perturbar la integridad del texto consonantal tradicional.

Finalmente, inventaron también un peculiar sistema de acentos, destinados a conservar, en la lectura del texto, los matices de tono y sentimiento, así como el ritmo apropiado para la lectura de la Biblia hebrea (véase MANUSCRITOS BÍBLICOS).

 MASQUIL

tip, MUSI

vet,

Término heb. que aparece en los encabezamientos de los siguientes sal.: 32; 42; 44; 45; 52; 53; 54; 55; 74; 78; 88; 89 y 142.

Es un término que significa «instrucción», y estos salmos dan instrucciones para el remanente fiel que sí entenderá.

La misma palabra, en plural («maschilim») significa «los sabios» o «los entendidos» (cfr. Dn. 11:33, 35; 12:3, 10).

 MATÁN

tip, BIOG SACE HOMB HOAT

vet,

(a) Sacerdote de Baal, muerto ante el altar de este dios durante la revuelta que acabó con la muerte de Atalía y la accesión de Joás al trono de Judá (2 Cr. 11:18; 23:17).

(b) Padre de Sefatías (Jer. 38:1).

(c) Uno de los antecesores de Cristo (Mt. 1:15).

 MATANÍAS

tip, BIOG SACE REYE HOMB HOAT MUSI

ver, SEDECÍAS

vet,

= «don de Jehová».

(a) Cantor hijo de Hemán, en la época de David (1 Cr. 25:4, 16).

(b) Levita hijo de Asaf y fundador de una rama de esta familia (2 Cr. 20:14). Probablemente es el mismo individuo nombrado en 1 Cr. 9:15; Neh. 13:13; representante de la casa (Neh. 12:8; cfr. Esd. 2:41; Neh. 11:17, 22; 12:25).

(c) Levita descendiente de Asaf, ayudó a Ezequías en su reforma religiosa (2 Cr. 29:13).

(d) Hijo del rey Josías. Nabucodonosor lo estableció sobre el trono y cambió su nombre por Sedecías (2 R. 24:17; véase SEDECÍAS).

(e-h) Cuatro israelitas a los que Esdras persuadió para que despidieran a sus mujeres extranjeras (Esd. 10:26, 27, 30, 37).

 MATEO

tip, BIOG EVAN APOS HOMB HONT

vet,

(gr. del NT: «Maththaios», o «Matthaios», del heb. «Mattithyãh»: «don de Jehová»).

Cobrador de impuestos (publicano). Judío al servicio de Roma o de Herodes. Llamado por Cristo, en Capernaum, para que fuera su discípulo, lo obedeció de inmediato, abandonando sus funciones (Mt. 9:9; Mr. 2:14; Lc. 5:27). Jesús lo eligió pronto como uno de los doce (Mt. 10:3; Mr. 3:18; Lc. 6:15). En Mr. 2:14 y Lc. 5:27 figura bajo el nombre de Leví hijo de Alfeo. La razón de los dos nombres es que, en primer lugar, no era cosa infrecuente que los judíos los tuvieran. Además, es posible que Leví recibiera el nombre de Mateo al venir a ser discípulo. En las listas de los doce, y como autor del primer Evangelio, este Leví es siempre llamado Mateo. Su admisión al grupo de los discípulos llevó a otros miembros de esta despreciada clase a que siguieran a Jesús, atrayéndose con ello la hostilidad de los fariseos; esta hostilidad se manifestó durante el banquete que Mateo, recién convertido, ofreció a Jesús. «Publicanos» y «pecadores» acudieron a este convite. El Señor respondió a los escandalizados fariseos: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento» (Lc. 5:29-32; Mr. 2:15-17; Mt. 9:10-13). Mateo dice sencillamente que la cena tuvo lugar «en la casa» (Mt. 9:10); pero por Mr. 2:15 y Lc. 5:29 el lugar de este gran festín fue su propia mansión.

Se ha intentado identificar a Alfeo, padre de Mateo, con el padre de Santiago el Menor. Pero Mateo y este apóstol no figuran juntos en la enumeración de los otros hermanos, en tanto que esto es lo que sucede con los otros hermanos. Después de la resurrección de Jesús, Mateo se encuentra junto con los otros apóstoles (Hch. 1:13), y después de ello ya no es mencionado más en el NT.

La tradición afirma que predicó al principio entre los judíos, lo que es plausible, en vista del carácter marcadamente judaico de su Evangelio.

 MATEO (Evangelio)

tip, LIBR LINT

ver, MARCOS (Evangelio), EVANGELIO

vet,

El primer Evangelio, unánimemente atribuido a Mateo desde el mismo inicio del período postapostólico.

(a) Contenido:

(A) Genealogía, nacimiento e infancia del Mesías rey (Mt. 1-2). Jesús es presentado como el hijo de David y el Mesías anunciado en las profecías.

(B) Introducción al ministerio público de Cristo (Mt. 3:1-4:17); testimonio preparatorio de Juan el Bautista; bautismo y tentación de Jesús; fija su residencia en Capernaum, conforme a las profecías.

(C) Ministerio de Cristo en Galilea (Mt. 4:18-9:35); llamamiento de los cuatro principales discípulos (Mt. 4:18-22); resumen del ministerio de enseñanza y de sanidad por Palestina (Mt. 4:19-25); Sermón del Monte, ejemplificando las enseñanzas de Cristo (Mt. 5-7), siguiendo el relato de los milagros que ilustran su predicación (Mt. 8:1-9:34).

(D) La misión de los doce (Mt. 9:35-10:42); compasión de Jesús hacia la gente sin pastor; atribución de poder a los apóstoles; instrucciones del Maestro a los doce.

(E) Cristo afronta la creciente hostilidad (Mt. 11:1-15:20). Pregunta de Juan el Bautista; elogio de Juan por parte de Jesús; condena de la incredulidad popular; controversia con los fariseos acerca del sábado; Jesús, acusado de asociación con Belzebú, se defiende y rehúsa dar señal; intervención de la madre y de los hermanos de Jesús; el Señor pronuncia las parábolas del Reino. Nazaret rechaza a Cristo por segunda vez; Herodes identifica a Jesús con Juan el Bautista; primera multiplicación de los panes; Jesús camina sobre el mar; ruptura definitiva con los fariseos en Galilea, denuncia del formalismo de ellos.

(F) Jesús abandona Capernaum; instrucciones a los discípulos (Mt. 15:21-18:35); curación de la hija de una cananea; segunda multiplicación de los panes; rehúsa dar una señal; pone a sus discípulos en guardia contra la levadura de los fariseos y de los saduceos; confesión de Pedro; la protesta de Pedro contra el primer anuncio de la muerte de Jesús; el Maestro lo reprende; la transfiguración; curación de un joven endemoniado; vuelta a Capernaum; el estatero del impuesto; Jesús denuncia a los autores de los escándalos; exhorta a sus discípulos a la humildad, a negarse a sí mismos, a ser rectos, al amor fraternal, al perdón.

(G) Final del ministerio en Perea y en Judea(Mt. 19-20): el divorcio; bendición de los niños; el joven rico; parábola de los jornaleros de la última hora; subida a Jerusalén; Jesús vuelve a predecir su muerte; petición de Jacobo y de Juan; curación de dos ciegos en Jericó.

(H) La última semana (Mt. 21-28): entrada triunfal en Jerusalén; purificación del Templo; maldición de la higuera; delegación del sanedrín; parábola de los dos hijos, de los viñadores, de las bodas; preguntas de los fariseos, de los saduceos y de un doctor de la Ley; respuestas de Cristo. Ayes contra los escribas y los fariseos. Discurso escatológico pronunciado sobre el monte de los Olivos; parábolas de las diez vírgenes y de los talentos; descripción del juicio de las naciones. Traición de Judas, última Pascua, agonía en Getsemaní, arresto de Jesús, Jesús ante el sanedrín, negación de Pedro, remordimientos de Judas, juicio ante Pilato, crucifixión, sepultura. El último capítulo relata la aparición de Jesús resucitado a las mujeres, el informe de la guardia romana, el encuentro de Jesús y de sus discípulos en un monte de Galilea. La orden de evangelizar el mundo y la promesa de su presencia perpetua constituyen la conclusión.

 

(b) Redacción:

Este Evangelio es cronológico sólo en sus grandes líneas. La segunda mitad, que comienza en Mt. 13:53, sigue muy de cerca el curso probable de los acontecimientos, porque este orden se corresponde con el método del autor, que es el de clasificar el material por temas. Busca presentar en primer lugar, la enseñanza de Cristo: sobre el reino de los cielos, el carácter de los discípulos, los milagros que ilustran su doctrina y que revelan su autoridad. El evangelista muestra la vana oposición de los fariseos, los adeptos al judaísmo de entonces. Las instrucciones van acompañadas de ejemplos vivientes. El relato de las curaciones efectuadas en diversos lugares (Mt. 8:1-9:34) sigue al Sermón del Monte (Mt. 5:1-7:29). Después de las parábolas de Mt. 13 se relatan diversos actos poderosos (Mt. 14:1-36). El discurso contra el formalismo farisaico (Mt. 15:1-20) precede a la descripción de las intervenciones misericordiosas entre los gentiles (Mt. 15:21-39). Mateo presenta a Jesús como el Rey mesiánico, dando cumplimiento a la Ley y a la profecía, estableciendo el verdadero Reino de Dios sobre la base de su obra redentora. El redactor menciona con mucha frecuencia el cumplimiento de las profecías (Mt. 1:22, 23; 2:5, 6, 15, 17, 18, 23; 3:3; 4:14-16; 8:17; 11:10; 12:17-21; 13:14, 15, 35; 21:4, 5; 26:24, 31, 56; 27:9, 35), y cita el AT un centenar de veces, bien directamente, bien por alusión. Aunque judío y escribiendo para judíos, Mateo hace ver que el Evangelio se dirige también a los gentiles (Mt. 8:10-12; 10:18; 21:43; 22:9; 24:14; 28:19). Muestra a Cristo oponiéndose al judaísmo de su época (p. ej.: Mt. 5:20-48; 6:5-18; 9:10-17; 12:1-13, 34; 15:1-20; 16:1-12; 19:3-9; 21:12-16; 23, etc.).

Las explicaciones de ciertos términos (Mt. 1:23; 27:33), de nombres geográficos (Mt. 2:23; 4:13), de creencias y costumbres judías (Mt. 22:23; 27:15; cfr. 28:15), demuestran que Mateo escribía también para todos los creyentes.

 

(c) Autor:

La Iglesia primitiva afirma unánimemente que el apóstol Mateo es el autor del primer Evangelio. Argumentos que confirman esta tradición:

(A) El texto revela que el autor es un cristiano de origen judío, pero liberado del judaísmo.

(B) No se habría atribuido un escrito tan importante a un apóstol más bien poco prominente sin razones de mucho peso.

(C) Leví, un publicano, estaría bien preparado para escribir.

(D) El autor no insiste en el banquete que Mateo (Leví) ofreció en honor de Jesús (Mt. 9:10; cfr. Lc. 5:29).

Una tradición muy antigua afirma que Mateo redactó su Evangelio primero en hebreo (arameo). Papías, obispo de Hierápolis en Frigia, escribía hacia el año 140 d.C.: «Mateo redactó las logia en lengua hebrea, y cada uno las traducía como mejor podía» (Eusebio, Hist. Eclesiástica 3:39, 16). El significado probable de las palabras de Papías es que al principio cada lector interpretaba con toda la fidelidad que podía, por sí mismo, este texto arameo. Las palabras de Papías permiten pensar que él mismo tenía este Evangelio sólo en lengua griega y que aparentemente no había visto nunca un texto en otra lengua. Ésta es la razón de que haya exegetas que no admiten la tradición de un original de Mateo en arameo, del que en todo caso no se ha conservado ningún resto (todas las citas de los Padres están en gr.). Otros suponen que el texto gr. de Mateo es una traducción, o bien que Mateo escribió dos Evangelios, uno en arameo y el otro en griego. Finalmente, la postura de algunos eruditos modernos es que Mateo sólo habría reunido los discursos («logia») de Jesús. Estos discursos habrían quedado integrados en la versión gr. de su Evangelio junto con los materiales históricos tomados de Marcos. Sin embargo, hay varías objeciones a esta teoría:

(A) Los antiguos afirman rotundamente que el texto griego de este Evangelio es de Mateo.

(B) El NT (Hch. 7:38; 1 P. 4:11), así como Filón y los primeros Padres de la Iglesia, emplean el término «logia» aplicándolo invariablemente al conjunto de los escritos inspirados o a una parte de ellos (Ro. 3:2; He. 5:12).

(C) La afirmación de que Mateo tomó materiales de Marcos constituye una hipótesis de la que no hay prueba alguna (véanse MARCOS (Evangelio) y EVANGELIO).

(D) Es totalmente inverosímil que un Evangelio original no haya contenido nada más que los discursos, sin material histórico alguno; que se hayan relatado las palabras de Jesús, pero omitiendo sus hechos y sobre todo el relato de la Pasión.

 

Conclusión:

Sea cual sea la postura que se adopte acerca de la tradición que afirma que Mateo escribió al principio en hebreo (arameo), se le tiene que atribuir a él mismo la versión gr. de su Evangelio. Debido a que fue acompañante de Jesús y testigo ocular de casi todo lo que relata, su registro tiene un gran valor histórico.

(d) Fecha de redacción:

La fecha de redacción se sitúa probablemente entre los años 60 y 70 d.C. Hay quien ha querido ver en la fórmula bautismal (Mt. 28:19) la indicación de una fecha tardía, pero aparece una fórmula semejante en la bendición de 2 Co. 13:13. En cuanto al término Iglesia en el sentido de cuerpo organizado (Mt. 18:17), ya es empleado desde el principio por Esteban, Pablo, Santiago (Hch. 7:38; 20:28; Stg. 5:14). Jerusalén estaba, aparentemente, todavía en pie (Mt. 5:35; 24:16). La tradición más antigua, la de Ireneo (hacia el año 175 d.C.), sitúa la fecha de redacción en la época en que Pedro y Pablo predicaron en Roma (Haer. 3:1, 1). Se desconoce el lugar de redacción. Los escritores del período postapostólico, muy alejados entre sí, conocían bien este Evangelio; es evidente que ya fue bien difundido desde su aparición. (Véase EVANGELIO).

 

Bibliografía:

Broadus, J. A.: «El Evangelio en Mateo» (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, 1959);

Kelly, W.: «Lectures on the Gospel of Matthew» (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1971; reimpr. edición 1868) y

Kelly, W.: «Introductory to the Gospels» (Bible Truth Publishers Oak: Park Illinois 1970 reimpr edición 1866)

Kent, H. A.: «Mateo», en Comentario Moody del Nuevo Testamento (Ed. Moody, Chicago, 1965),

Nixon, R. E.: «Mateo», en Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1977)

Pentecost, J. D.: «El Sermón del Monte» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona 1981)

Prod'hom, S.: «Pláticas sencillas sobre Mateo» (Ed. «Las Buenas Nuevas», Montebello, California, s/f)

Ryle, J. C.: «Mateo de la serie «los Evangelios explicados» (Clíe, Terrassa, 1977)

Tenney, M. C.: «Nuestro Nuevo Testamento» (Ed. Moody, Chicago, 1973)

Trenchard, E.: «Introducción a los Cuatro Evangelios» (Literatura Bíblica, Madrid 1974)

De mucho interés por su estudio de la vida de Jesús sobre el trasfondo de su contexto social y religioso, véase la monumental obra de Alfred Edersheim: «The Life and Times of Jesus the Messiah» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, Michigan, 1971 reimpr. edición de 1883).

 MATÍAS

tip, BIOG APOS HOMB HONT

vet,

(prob. variación de Matatías, «don de Jehová»; cfr. 1 Cr. 25:21 en la LXX).

Un judío que vino a formar parte de los discípulos del Señor a partir del bautismo de Jesús en el Jordán. Fue testigo ocular de su resurrección. Esto lo hizo candidato a tomar el lugar dejado vacante por Judas. Los apóstoles oraron y después echaron suertes para dejar a Dios la determinación de si era Matías o el otro candidato el llamado a ocupar el sitio entre los apóstoles. Matías fue el escogido (Hch. 1:21-26). No se conoce nada más acerca de él.

 MATUSALÉN

tip, BIOG PATR HOMB HOAT

vet,

(sig. prob.: «hombre de la jabalina»).

Hijo de Enoc y padre de Lamec, descendiente de Set (Gn. 5:21-27). Este patriarca, abuelo de Noé, fue el que más edad alcanzó de todas las personas mencionadas en la Biblia.

 MAYORDOMO

tip, FUNC

vet,

(en heb., generalmente es «sar», «aquel que está a la cabeza»; gr.: «oikonomos» y «epitropos»: «mayordomo», «dispensador» o «administrador»).

Superintendente, administrador de los bienes de la casa de otro.

Eliezer era el mayordomo de Abraham (Gn. 15:2; 24:2);

José tenía uno (Gn. 43:19; 44:1, 4),

al igual que David y Salomón (1 Cr. 27:31; 1 R. 4:7),

Nabucodonosor (Dn. 1:11, 16),

Herodes (Lc. 8:3),

el señor de la parábola del mayordomo infiel (Mt. 20:8).

El mayordomo era también el que dirigía al personal y llevaba las cuentas de la casa; el dispensador que distribuía los artículos y alimentos a los componentes de la casa, tanto para su alimentación como para llevar a cabo sus trabajos (Lc. 12:42; 16:1).

Según el NT, los servidores de Dios son los mayordomos o dispensadores que Él ha puesto en su Iglesia (Tit. 1:7; 1 Co. 4:1-2; 1 P. 1:12); con ello, todos los creyentes son dispensadores de las gracias y de los dones que Dios les ha confiado (1 P. 4:10). Lo que se demanda de cada uno es que sea fiel, porque llegará el día en que deberá rendir cuentas de su administración. Tendrá que restituir todos los bienes que haya recibido a su cuidado, y es entonces sólo que recibirá «lo que es suyo», esto es, su herencia eterna (Lc. 16:2, 9-12).

 MAZO

tip, UTEN

ver, MARTILLO

vet,

Este término aparece en la versión Reina-Valera como traducción del heb. «maqqebeth» sólo en Jue. 4:21; 5:26. (Véase MARTILLO.)

 MEDÁN

tip, TRIB

vet,

Tribu árabe descendiente de Abraham, de un hijo tenido con Cetura; aparece junto a Madián (Gn. 25:2; 1 Cr. 1:32).

 MEDEBA

tip, ARQU CIUD

ver, RABÁ

sit, a3, 591, 108

vet,

Antigua ciudad moabita, mencionada junto con Hesbón y Dibón (Nm. 21:30). Asignada a la tribu de Rubén (Jos. 13:9, 16).

Los amonitas, en guerra contra Israel bajo el reinado de David, tomaron a sueldo un ejército de sirios que marcharon contra Medeba (1 Cr. 19:7). (Véase RABÁ.)

Esta ciudad pasó a ser de Moab («Piedra de Moab» 30; Is. 15:2). Sus ruinas reciben el nombre de «Mãdabã», y se hallan a 26 Km. al este-sureste de la desembocadura del Jordán en el mar Muerto y a unos 10 Km. al sur de Hesbón, sobre una eminencia desde la que la ciudad se extendía hacia el este, hasta la fértil llanura.

Se han hallado vestigios de murallas, de iglesias y de algunos edificios datados dentro de la era cristiana. En el exterior de las murallas se hallan las ruinas de un gran depósito que medía algo más de 100 m. por 95, y con una profundidad de 3,5.

 MEDIA

tip, PAIS HIST

sit, a8, 299, 204

vet,

País de Asia, al este de los montes Zagros, al sur del mar Caspio, al Oeste del país de los partos, y al norte de Elam.

Tenía poco más de 1.000 Km. de longitud por unos 400 de anchura. Cuando el imperio estuvo en su apogeo, sobrepasó estos límites, sobre todo al noroeste.

La mayor parte de la Media propia estaba constituida por una meseta de unos 900 m. de altura. El resto del país consistía de siete cadenas montañosas paralelas orientadas de noroeste a sureste, separadas por fértiles y bien regados valles. Este país, cuyos caballos eran de gran renombre, poseía excelentes pastos. Los habitantes autóctonos fueron derrotados por un pueblo indoeuropeo, los Madai de Gn. 10:2 (Herodoto 7:62).

La historia de Media comienza en el siglo IX a.C. El nombre de Medas se halla por primera vez en las inscripciones de Salmansar III de Asiria, que invadió Media (hacia el año 835 a.C.); 27 reyezuelos persas le dieron tributo. Siguieron las invasiones con Shamshid-adad (825-812) y Adad Nirari III (812-782), que dirigió expediciones contra Media (801 a 787). El año 737, Tiglat-pileser III invadió y se anexionó ciertos distritos del país. Cuando Sargón se apoderó de la ciudad de Samaria, en el año 722 a.C., deportó a israelitas y los estableció en ciudades de Media (2 R. 17:6; 18:11). Hacia el año 710, Sargón sometió totalmente a los medos. Les impuso un tributo de hermosos caballos, que dieron fama a su país. Senaquerib se vanagloriaba también de recibir tributo de Media. Esar-hadón estableció gobernadores en Media. Hasta entonces los medos no parecen formar una nación unificada por un poder real (frente a las afirmaciones de Herodoto. 1:96 ss). Bajo Phraortes (674-653 a.C.) Media vino a ser una potencia formidable. Hacia el año 625 Cyaxares, hijo del anterior, aliado con Nebopolasar de Babilonia, asedió Nínive, la tomó, y abatió el imperio asirlo (Ant. 10:5, 1). Los vencedores se repartieron el botín. Cyaxares se posesionó de la Asiria propia y las regiones que dependían de ella, al norte y al noroeste. El casamiento de Nabucodonosor, hijo de Nebopolasar, con Amytus (Amuhea, Amuhia), hija de Cyaxares, contribuyó a fortalecer la alianza entre Babilonia y Media, dando solidez a ambas monarquías. Cyaxares (652-612) fue sucedido por Arbaces (612-585). Astyages, hijo de Cyaxares, reinó del 584 al 550. En el año 550, los persas establecidos al sur y al sureste de Media se rebelaron; Ciro, rey de Anshan, vino a ser el rey de Media y de Persia. Tanto los vencedores como los vencidos eran de pura raza aria y se fundieron en una sola nación. El año 330 a.C., Media vino a formar parte del imperio de Alejandro. Después de la muerte de este soberano, Media quedó unida a Siria (1 Mac. 6:56), y después incorporada al Imperio de los partos.

El AT menciona a los medos entre los pueblos que se apoderaron de Babilonia (Is. 13:17, 18; cfr. Jer. 51:11, 28). Se predice que los conquistadores de Babilonia vendrán de Elam y de Media (Is. 21:2, 9). Bajo Ciro, en el año 539, Darío de Media, acaudillando a los medos y a los persas, se apoderó de Babilonia (Dn. 5:31; cfr. v. 28). El imperio medopersa es el segundo reino de Daniel (cfr. Dn. 2:39); el oso (Dn. 7:5) y el carnero de dos cuernos (Dn. 8:3-20) son otros símbolos del imperio medopersa; uno de los cuernos era más alto que el otro y el más alto creció después (Dn. 7:3); esto significa que en primer lugar se iba a manifestar el poder de los medos, seguido pronto por la prepotencia persa.

 MEDIADOR

tip, DOCT TIPO

ver, JUSTIFICACIÓN, ENCARNACIÓN, MARÍA, INTERCESIÓN, EXPIACIÓN, JESUCRISTO, MESÍAS, PROPICIACIÓN, PROFETAS, REDENCIÓN, RECONCILIACIÓN, SACRIFICIO, SALVACIÓN

vet,

Este término se puede definir de una manera amplia como aquel que actúa entre dos partes, bien para reconciliarlas, bien entre partes en las que no se dé hostilidad, con el propósito de que concierten un acuerdo o pacto. Evidentemente, el mediador debe estar en relación con ambas partes.

En su sentido bíblico, el mediador es aquella persona que interviene entre Dios y el hombre, con el fin de comunicar la mente de Dios al hombre, y con el fin de representar al hombre a Dios abogando por su causa. Todos los mediadores del AT son tipos que señalan al Mediador único y definitivo, el Señor Jesucristo.

Desde la Caída, el hombre ha estado moralmente separado de Dios; la distancia es infinita. Esta distancia ha sido cubierta por Cristo, como revelación de Dios, en su encarnación, y reconciliando al hombre con Dios, mediante su sacrificio expiatorio en la cruz.

(a) La mediación en el AT.

En el AT hallamos una rica expresión de mediación en diversos tipos:

Noé (Gn. 8:20),

Abraham (Gn. 12:7, 8; 15:9-11),

Isaac (Gn. 26:24 ss),

Jacob (Gn. 31:54; 33:20) actuaron como mediadores por sus familias ante Dios, y también dando a sus familias, en ocasiones, mensajes y proclamaciones proféticas de parte de Dios.

Melquisedec, el rey-sacerdote de Salem, nos es presentado como el tipo del rey teocrático ideal y verdadero tipo del sacerdocio de Jesucristo (Sal. 110; cfr. He. 7).

Moisés vino a ser el primer mediador nacional entre Dios e Israel. Su misión fue la de ser el portavoz del Señor ante el pueblo, y el representante del pueblo ante Dios. Sólo él podía acercarse a Dios, y fue con él con quien el Señor habló directamente, cara a cara (cfr. Éx. 33:11). Y él se presentó a Dios para comunicarle las palabras del pueblo a Él, como a un soberano a quien sólo puede tener acceso su ministro designado (cfr. Éx. 19:8). Su mediación intercesora queda dramáticamente ejemplificada en el episodio del becerro de oro. Dios estaba dispuesto a destruir a todo el pueblo de Israel, pero Moisés se interpuso, orando a Dios para que mostrara misericordia en el juicio (Éx. 32:12-14).

Otros ejemplos de mediación los tenemos en el sacerdocio levítico, y que tenía su mayor énfasis en su función de representar al hombre ante Dios (esp. Lv. 16), aunque se daba también el ministerio profético (la representación de Dios ante el hombre), puesto que el pueblo podía consultar al sumo sacerdote, que conocía la voluntad de Dios por medio del Urim y Tumim (Éx. 28:30; 1 S. 28:6; Esd. 2:63; Neh. 7:65).

Otros mediadores cuya principal función era representar a Dios ante el pueblo y dar a conocer su voluntad y propósitos fueron los profetas.

El advenimiento de la monarquía llevó del reinado directo de Jehová sobre Israel al reinado por mediación de un rey, responsable ante Jehová del recto gobierno de su pueblo (1 S. 8:4-9 ss.). A partir de entonces el rey es considerado como «el ungido de Jehová». El rey teocrático tuvo su realización más aproximada en David, el hombre según el corazón de Jehová (cfr. 1 S. 13:14), y de cuya dinastía surgiría Aquel que reuniría en Sí el oficio de Mediador de un Nuevo Pacto, último y definitivo, en el triple aspecto de Sacerdote, Profeta y Rey. Como Sacerdote, prefigurado por Melquisedec (Sal. 110); como Profeta, preanunciado por el mismo Moisés (Dt. 18:15); y como Rey teocrático, prefigurado por David (conquistador) y Salomón (rey de paz), y prometido por Dios al mismo David (cfr. 1 Cr. 17:11-14, que evidentemente van más allá de Salomón, y contempla ya al Rey mesiánico; cfr. asimismo Jer. 30 y 31).

Otro aspecto de gran importancia en la figura del Mediador es el de «Siervo Sufriente». Como Mediador, buscando abrir el camino a un perdón justo por parte de Dios, de manera que «él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús» (Ro. 3:26, véase JUSTIFICACIÓN), para obrar la reconciliación (2 Co. 18:21). Esta obra la efectuó siendo «herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» (Is. 53:56). Fue tomando nuestro lugar bajo la ira de Dios contra el pecado, habiendo asumido la naturaleza humana, excepto el pecado, que pudo venir a ser «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn. 1:29). Un Hombre capaz, Dios hecho carne, dando satisfacción infinita a Dios Juez por todos los pecados de la humanidad. Es sobre la base de esta redención efectuada que tiene lugar en el presente la actividad mediadora de Cristo en el cielo.

(b) La Mediación en el Nuevo Testamento.

Por su encarnación (véase ENCARNACIÓN), Cristo vino a revelarnos al Padre (Jn. 1:49). Por sus palabras de amor, por sus actos de misericordia y poder, podemos conocer el corazón del Padre de una manera entrañable y directa. Por mediación de Cristo, Dios el Hijo encarnado, podemos llegar a conocer verdaderamente que el Dios justo del Sinaí es asimismo AMOR (1 Jn. 4:8).

Así, el concepto de mediación, que se va desarrollando a través de las páginas de la Biblia, desde el gemido de Job: «No hay entre nosotros [Dios y Job] árbitro que ponga sus manos sobre nosotros dos» (Jb. 9:33, cfr. v. 32) y a través de todos los tipos y sombras, llega hasta su máxima y definitiva expresión en Cristo, Dios y Hombre verdadero, aquel que no sólo es Redentor capaz en base a su doble naturaleza, humana y divina, sino que también es Mediador capaz, en base a la misma razón. Por ello es que Pablo destaca: «Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Ti. 2:5). En efecto, se trata de Jesucristo como un verdadero hombre individual que asume nuestra representación ante Dios, de la misma manera que es como verdadero Dios eterno (cfr. Jn. 1:1, etc.), que se nos revela en su Encarnación y obra de Redención. Cristo viene a cumplir así el profundo deseo de Job, poniendo, por así decirlo, sobre el hombro de Dios y sobre el hombro de cada hombre, y aproximando al hombre enemistado con Dios a un Dios que ha querido obrar y ha obrado la reconciliación (cfr. Col. 1:20), reconciliación que ofrece a todos por el Evangelio de Su gracia, con un llamamiento entrañable en busca de sus enemigos para ofrecerles la salvación, que alcanza un carácter de lo más solemnemente patético, mostrando lo infinito del amor y de la compasión de Dios hacia sus perdidas y errantes criaturas: «así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (2 Co. 20).

(c) La singularidad de Cristo como Mediador.

Una cuestión de gran importancia a considerar es la afirmación bíblica de que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. El apóstol Pablo lo deja muy claro en su primera carta a Timoteo: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Ti. 2:5). Cristo mismo ya lo había afirmado en diversas maneras y bajo diferentes figuras de lenguaje: «Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» (Jn. 14:6), «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo» (Jn. 10:9). «Yo soy el buen pastor... » (Jn. 10:14). Es solamente por medio de Cristo, y sólo Cristo, que podemos llegar a la salvación, a la vida, y a la comunión con Dios, «y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hch. 4:12). Por ello mismo, se deben rechazar todas las doctrinas que pretenden que el hombre necesite de la mediación de otros para llegar a Dios. Ni instituciones, ni hombres, ni santos, ni ángeles, ni María la madre del Señor, a quien la Iglesia de Roma atribuye el título de «mediadora de todas las Gracias», enfrentándose a la clara verdad que nos es presentada en las Escrituras. En efecto, si ponemos a cualquier otro mediador entre nosotros y Dios, o a María para que incline el corazón de su Hijo en nuestro favor, como lo enseña la Iglesia de Roma, se contradice la lisa afirmación de 1 Ti. 2:5 de que hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. (Véase MARÍA).

La intercesión constituye una parte constante de la mediación. Cristo, el mediador del Nuevo Pacto, está en su ministerio celestial intercediendo por los suyos (véase INTERCESIÓN; véanse también los artículos EXPIACIÓN, JESUCRISTO, MESÍAS, PROPICIACIÓN, PROFETAS, REDENCIÓN, RECONCILIACIÓN, SACRIFICIO, SALVACIÓN, etc.).

 MEDICINA, MÉDICO

tip, MDIC OFIC

ver, ENFERMEDAD, SANIDAD

vet,

La capacidad profesional de los médicos egipcios ya se conocía desde muy antiguo:

Ciro de Persia hizo llamar a un oculista de Egipto;

Darío tenía en Susa a médicos egipcios (Herodoto 3:1, 129).

Había especialistas para todas las enfermedades (2:84), los embalsamadores (Gn. 50:2) y los que trataban las enfermedades de la vista, de los pies (Herodoto 3:1, 29), había también parteras (Éx 1:15) y se empleaban remedios (Jer. 46:11). Los honorarios de los médicos dependían de la condición social del enfermo, como se ve ya en el código de Hammurabi. Se podía dejar una fortuna en sus manos (Mr. 5:26; Lc. 8:43).

Los cirujanos se servían de lancetas de bronce; incluso hacían operaciones de cataratas. Los médicos griegos más renombrados eran los de Crotona; los de Cirene (en África) eran también muy conocidos (Herodoto 3:131).

La Biblia menciona el arte de sanar y de preparar medicinas (2 Cr. 16:12; Jer. 8:22; Mt. 9:12; Mr. 5:26; Éx. 30:35; Neh. 3:8; Ec. 10:1; cfr. Guerras 2:8, 6; Eclo, 38:1-38). Se usaban:

vendajes (Is. 1:6),

aceite puro o mezclado con vino,

unciones con aceite (Is. 1:6; Lc. 10:34; Stg. 5:14; Guerras 1:33, 5),

pomadas,

cataplasmas (2 R. 20:7; Jer. 8:22),

raíces,

hojas (Ez. 47:12; Guerras 2:8, 6),

vino (1 Ti. 5:23; Eclo. 38:4).

Lucas recibe el apelativo de «el médico amado» (Col. 4:14). En cambio, se reprocha al rey Asa que «en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos» (2 Cr. 16:21). El texto no dice si estos médicos eran israelitas o extranjeros. En todo caso, lo cierto es que en la antigüedad mucha parte de la pretendida «medicina» estaba relacionada con prácticas mágicas; frecuentemente se recurría a los encantamientos, a los amuletos, como en nuestros días hay quien se lanza al péndulo, y al ocultismo, o hacia el hechicero curandero. Fiarse de este tipo de prácticas en lugar de confiar en una intervención divina fue un pecado de Asa (cfr. una actitud similar de Ococías, 2 R. 1:2-4). También sería un error para un cristiano poner más confianza en un médico que en Dios, de quien en último término depende su vida. Pero si el enfermo busca en sumisión la voluntad y ayuda del Señor, no hay nada que vaya en contra de buscar remedios naturales o investigados por el hombre para curar sus dolencias o mitigarlas. (Véanse ENFERMEDAD, SANIDAD.)

 MEDIDAS. Véase PESAS Y MEDIDAS.

 MEDIODÍA

tip, CALE

ver, NEGUEV

vet,

Tiempo del día en el que el sol está a mayor altura en el firmamento.

En el hemisferio norte, el sol se halla entonces marcando la dirección sur (Gn. 43:16; 1 R. 18:26, etc.). Por ello, en castellano designa también el sur geográfico (véase NEGUEV.)

 MEDITERRÁNEO

tip, MARA

sit, a9, 245, 321

vet,

(lat.: «mar en medio de las tierras»).

Se extiende entre Europa y África, limitando al este con el extremo occidental de Asia.

La Biblia le da el simple nombre de:

«el mar» a causa de su importancia (Nm. 13:29; Hch. 10:6);

«el mar grande» o «el gran mar» (Nm. 34:6; Jos. 15:47);

«el mar occidental» (Dt. 11:24; Jl. 2:20);

«el mar de los filisteos» (Éx. 23:31).

El epíteto «Mediterráneo» es posterior.

Mide 3.220 Km. de longitud; entre Sicilia y la costa de África sólo tiene 127 Km. de anchura.

En épocas bíblicas, los fenicios comerciaban en toda su extensión, desde Siria hasta Gibraltar, llamado por los griegos y romanos las Columnas de Hércules.

 MEDIUM. Véase MUERTO [ESPIRITU DE UN].

 MEFI-BOSET

tip, BIOG HOMB HOAT

ver, DAVID, JONATÁN, SAÚL, SIBA

vet,

= «el que destruye la vergüenza» (esto es, los ídolos).

(a) Hijo de Saúl y Rizpa, hija de Aja. Ejecutado a petición de los gabaonitas (2 S. 21:8, 9).

(b) Hijo de Jonatán. Tenía cinco años cuando su padre y abuelo murieron en la batalla de Gilboa. Aterrorizada ante esta noticia, su nodriza lo tomó y, huyendo, se le cayó, por lo que quedó lisiado de ambos pies (2 S. 4:4).

Mefi-boset pasó a vivir en Lodebar, al este del Jordán. Queriendo testimoniarle buena voluntad en recuerdo de Jonatán, David lo llamó a la corte, le entregó las posesiones de Saúl, y le dio un puesto en la mesa real (2 S. 9:1-13). Durante la revuelta de Absalón, este príncipe se quedó en Jerusalén, y Siba, su siervo, lo acusó de traición. David lo creyó, y dio las tierras de Mefi-boset a Siba. Después de volver David a Jerusalén, el hijo de Jonatán trató de disculparse. David le dio la mitad de sus dominios; Mefi-boset afirmó que no quería nada tanto como el retorno del rey (2 S. 16:1-4; 19:24-30). Micaía, hijo de Mefi-boset, perpetuó su dinastía (2 S. 9:12).

En 1 Cr. 8:34; 9:40, Mefi-boset lleva el nombre de Merib-baal, que significa «el Señor lucha» o, quizá, «luchador contra Baal». Es posible que originalmente el nombre del hijo de Jonatán fuera Merib-baal, pero que posteriormente el nombre «baal» (señor) viniera a ser execrable a causa de la idolatría que este nombre evocaba, y posteriormente se cambió este componente del nombre por «boset» (vergüenza). David volvió a salvar a Mefi-boset otra vez por amor a Jonatán, cuando se ejecutó la venganza exigida por los gabaonitas (2 S. 21:7). (Véanse DAVID, JONATÁN, SAÚL, SIBA.)

 MEGUIDO

tip, LOCA ARQU

ver, EGIPTO, HICSOS, HITITAS, FARAÓN

sit, a2, 308, 63

vet,

Nombre de significado dudoso.

Es una localidad palestina de gran importancia estratégica. Dominaba la llanura de Esdraelón y el desfiladero que, a través de los montes, se dirigía a la llanura de Sarón. La localidad moderna es Tell el-Mutesellim, explorado desde 1903, al principio por alemanes, y después especialmente por el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago; las excavaciones en este lugar son de las que más resultados han dado de toda Palestina. Se han encontrado diversos niveles que, en la interpretación arqueológica convencional, se atribuyen a los restos de veinte ciudades sucesivas. El tell tiene 23 m. de altura.

Este lugar ha estado ocupado a lo largo de toda la historia. La cronología convencional da alrededor del año 3500 a.C. para la construcción de la primera ciudad, aunque se asigna la fecha de 4.500 a.C. para las primeras señales de ocupación humana. Sin embargo, estas fechas han sido asignadas en base a correspondencias arqueológicas con Egipto de algunas cerámicas, y deben ser revisadas a la luz de nuevos datos que han surgido acerca de la cronología de Egipto (véanse EGIPTO, HICSOS, HITITAS, etc.).

Para un penetrante examen de las cuestiones involucradas en la arqueología de Meguido, véase Courville, D. A.: «Archaeology of Megiddo», en «The Exodus Problem and his Ramifications» (Challenge Books, Loma Linda, Ca. 1971, PP. 189-202).

Un ejemplo de los problemas en la datación e identificación de los distintos niveles puede serlo el nivel IX, datado por la cronología convencional en alrededor de 1580, época en que la ciudad fue conquistada, pero no destruida, por Tutmose III. En base a la cronología revisada, este faraón es identificado con el Sisac bíblico. Josefo (Ant. 8:10, 2) afirma específicamente que, en el año 927 a.C., las ciudades de Judá se rindieron a Sisac sin luchar (véase FARAÓN, etc.). Por cierto que Courville muestra que con la revisión cronológica se desvanecen muchos problemas y paradojas que surgen con la cronología convencional.

Entre otros, un notable descubrimiento ha sido el del sello de «Schema, funcionario de Jeroboam» (sin duda se refiere a Jeroboam II, rey de Israel, 782-743 a.C.).

Cuando Josué entró en el país, Meguido estaba gobernada por un rey cananeo que fue muerto (Jos. 12:21). Rodeada por territorio de la tribu de Isacar, fue sin embargo asignada a Manasés, que no echó de ella a los cananeos (Jos. 17:11; Jue. 1:27; 1 Cr. 7:29). Dotada de impresionantes murallas de piedra con un espesor original de 4 m., que posteriormente fue doblado, presentaba, en el momento de ser descubierta, una altura de 3,5 m. (cfr. Dt. 1:28). Había cerca de ella un curso de agua (Jue. 5:19), que pasaba no lejos de Bet-seán y de Taanac (Jue. 1:27; 1 R. 4:12). Se construyó un túnel para poder conseguir agua de un pozo sin tener que salir al exterior, en previsión de futuros asedios. Una fascinante descripción de este túnel, con su entrada y galería, se halla en la novela de James Michener «The Source», en la que se sitúa en un imaginario Tell Makor. Salomón (971-931 a.C.) mejoró sus fortificaciones (1 R. 9:15-19; 10:26). En el marco cronológico convencional, se atribuyen a Salomón los establos hallados en los niveles IVB-VA. Sin embargo, evidencias internas demandan la atribución de estas caballerizas a Acab (874-853 a.C.). Éste es el punto de vista que ha sido propuesto en base a la investigación de Yigal Yadin en 1960; ello armoniza con las inscripciones asirias que afirman que este rey tenía 2.000 carros como parte de sus fuerzas militares, aunque no se dé ninguna indicación de dónde estaban acuarteladas.

Otros incidentes sucedidos en Meguido fueron la muerte de Ococías, rey de Judá, que había huido allí después de haber sido herido por los soldados de Jehú (2 R. 9:27). El rey Josías fue muerto en la llanura vecina, durante la batalla entablada entre él y el faraón Necao (2 R. 23:29; 2 Cr. 35:22). Por él hicieron gran clamor y duelo sus súbditos (2 Cr. 35:25; Zac. 12:11)

Las excavaciones han sacado a la luz la ciudadela que coronaba la eminencia del Tell el-Mutesellim, el campamento de la legión romana que estaba en Meguido se hallaba a cinco minutos de marcha, en el lugar conocido como el-Lejjûn, nombre derivado del lat. «leggio», legión. Se han hallado ladrillos llevando la marca de la 6ª legión. El nombre de Meguido forma parte del de Armagedón (véase ARMAGEDÓN).

 

Bibliografía:

Cole, D.: «How water tunnels worked», en Biblical Archaeology Review, vol. VI n 2 marzo/abril 1980.

Courville, D. A.: «Confusion in the archaeology of Megiddo» en «The Exodus Problem and his Ramifications» (Challenge Books, Loma Linda, California, 1971)

Fargo, V. M.: «Is the Solomon City Gate at Megiddo Really Solomonic?» Biblical Archaeology Review, vol. IX, sep /oct 1983, PP. 8 13,

Velikovsky, I.: «Ages in Chaos» (Donbleday, Garden City, N. Y., 1952);

Velikovsky, I.: «Ramses II and His Time» (Abacus, London, 1978).

 MEGUILLOT

tip, LIBR

ver, CANON

vet,

Término heb. plural que designa el conjunto de los cinco rollos que se leían respectivamente en las cinco grandes fiestas de Israel:

Cantares en la Pascua,

Rut en la fiesta de la semanas,

Lamentaciones en el aniversario de la destrucción del Templo (el noveno de Ab),

Eclesiastés en la fiesta de los Tabernáculos y, finalmente,

Ester en la fiesta de Purim. (Véase CANON, etc.)

 MEHUNIM. Véase MEUNIM.

 MATRIMONIO

tip, LEYE COST TIPO

ver, ANCIANO, DIÁCONO, OBISPO

vet,

Institución divina, establecida desde la creación. Mediante el matrimonio, Dios impide que la humanidad venga a ser una confusa multitud de individuos dispersos; queda así organizada sobre la base de la familia, de la que la célula es la pareja, unida según su voluntad.

(a) El propósito del matrimonio, según la Biblia, es cuádruple:

(A) la continuación de la raza humana (Gn. 1:27-28);

(B) la necesaria colaboración. El hombre es esencialmente un ser social. Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él» (Gn. 2:18);

(C) la unidad de los cónyuges: la mujer ha sido tomada del hombre (de la misma manera que el hombre existe por la mujer, 1 Co. 11:12); abandonando padre y madre para fundar un nuevo hogar, los dos vienen a ser una sola carne (Gn. 2:21-24);

(D) la santificación de ambos mediante la preservación de lo que es para ellos el lazo conyugal (1 Co. 7:2-9). El Señor quiere que el matrimonio sea honrado por todos y santo (He. 13:4). Trata de apóstatas a aquellos que, predicando el ascetismo, se permiten prohibirlo (1 Ti. 4:1-3).

 

(b) El celibato.

Si el matrimonio se halla en el orden de la creación, ¿qué sucede con aquellos que permanecen solteros? Algunos entre ellos lo hacen voluntariamente, «por causa del reino de los cielos» (Mt. 19:12), como Pablo (1 Co. 9:5, 15). En efecto, el célibe se halla menos implicado en los asuntos de la vida y menos limitado por el deseo de complacer a su cónyuge; puede así consagrarse a un servicio determinado para el Señor sin distracciones de ningún tipo (1 Co. 7:32-35). Ello no significa que el celibato sea puesto a un nivel más elevado en la escala de la santidad que el matrimonio. Cada uno tiene que discernir el llamamiento particular y el don personal que haya recibido del Señor (1 Co. 7:7). El cap. 7 de 1 Corintios es el único pasaje dedicado al celibato; se comprende que Pablo, al justificarlo plenamente, dice: «El que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor» (1 Co. 7:38); él desearía, desde su punto de vista, que todos los hombres fueran como él y que se ahorraran muchos dolores (1 Co. 7:7, 26-31); pero afirma que no hay mal alguno en el matrimonio, sino todo lo contrario (1 Co. 7:27, 28, 36, 39). Cada uno debe buscar la voluntad de Dios de manera individual (1 Co. 7:7-9). Si alguien se siente llamado al celibato, es que el Señor se lo ha dado como don; su soltería podrá quedar ricamente compensada, como en el caso de Pablo, con una gran familia espiritual (1 Co. 4:14-15). Si alguien se siente llamado al matrimonio, será en este estado que glorificará verdaderamente a Dios.

 

(c) Monogamia:

La monogamia es el ideal prescrito por las Escrituras (Gn. 2:18-24; Mt. 19:5; 1 Co. 6:16). Sólo ella permite la unidad total de los dos cónyuges, en tanto que la poligamia la hace imposible. El Creador confirma este hecho al hacer nacer un número aproximadamente igual de varones que de hembras. Él quiere también que el matrimonio sea una relación permanente (Mt. 19:6). Normalmente, el afecto entre marido y mujer se va desarrollando con el paso de los años. La moral reprueba la rotura del contrato. A causa de las obligaciones que les incumben, los esposos deben disciplinarse y criar a sus hijos enseñándoles a predicar el bien. El matrimonio es indisoluble antes de la muerte, excepto en caso de adulterio (Ro. 7:2, 3; Mt. 19:3-9). Pablo constata que hay rupturas arbitrarias, asimilables a una deserción (1 Co. 7:15). Los casos a los que hace alusión el apóstol iban probablemente acompañados de infidelidad conyugal. Está prohibido el nuevo matrimonio de personas divorciadas ilegítimamente (Mt. 5:32; 19:9; 1 Co. 7:10, 11). La sentencia de un tribunal civil no anula el matrimonio delante de Dios; declara si la ruptura ha sido causada por el pecado de uno de los cónyuges o por ambos. Parece que Adán, Caín, Noé y sus tres hijos fueron monógamos.

 

(d) Poligamia:

La poligamia apareció con Lamec (Gn. 4:19), y así quedó manchada la pureza de los matrimonios, al dejarse los hombres ser dominados por impulsos carnales en la elección de sus compañeras (Gn. 6:1-2). Cuando Abraham tomó para sí una segunda mujer para conseguir el cumplimiento de la promesa, actuó insensatamente (Gn. 16:4). Isaac tuvo una sola esposa, pero Jacob fue polígamo, en parte debido al engaño de Labán (Gn. 29). Moisés reprimió los abusos, pero no los abolió de golpe. Los israelitas estaban poco crecidos espiritualmente, y encadenados a los usos y costumbres de la época, que no se correspondían en absoluto con la voluntad de Dios. El gran legislador rindió un gran servicio a la causa del matrimonio, prohibiendo las uniones entre consanguíneos y parientes políticos (Lv. 18); desalentó la poligamia (Lv. 18:18; Dt. 17:17); aseguró los derechos de las esposas de condición inferior (Éx. 21:2-11; Dt. 21:10-17); reglamentó el divorcio (Dt. 22:19, 29; 24:1); exigió el respeto al vínculo matrimonial (Éx. 20:14, 17; Lv. 20:10; Dt. 22:22). Después de Moisés, hubo aún los que se dieron a la poligamia: Gedeón, Elcana, Saúl, David, Salomón, Roboam, y otros (Jue. 8:30; 1 S. 1:2; 2 S. 5:13; 12:8; 21:8; 1 R. 11:3). Sin embargo, la Escritura expone los males inherentes a la poligamia, las míseras rivalidades que se daban entre las esposas de Abraham, de Jacob, de Elcana (Gn. 16:6; 30; 1 S. 1:6); en cambio, se destaca la belleza de las familias felices (Sal. 128:3; Pr. 5:18; 31:10-29; Ec. 9:9; cfr. Eclo. 26:1-27). Abraham se casó con una medio hermana suya; Jacob tuvo dos esposas que eran hermanas entre sí (Gn. 20:12; 29:26). En Egipto, no era raro casarse con una hermana de padre y madre; los persas lo permitían (Herodoto 3:31). Los atenienses podían casarse con una medio hermana del mismo padre, en tanto que los espartanos podían casarse con sus medio hermanas nacidas de la misma madre. La Ley de Moisés prohibió estas uniones e incluso los matrimonios con parientes más alejados (Lv. 18:6-18). El estatuto matrimonial de los romanos se parecía al de los israelitas; denunciaba como incesto la unión de parientes próximos (por ejemplo, entre hermano y hermana) o entre parientes políticos (como suegro y nuera). Todos los textos del NT hablan formalmente en contra de la poligamia. Hablando a los judíos acerca del divorcio, Cristo afirmó que Moisés lo había permitido por la dureza de sus corazones y que, excepto en caso de infidelidad, un nuevo matrimonio era un adulterio (Mt. 19:8-9). Se puede llegar a la conclusión de que la poligamia había sido permitida en la época del AT por la misma razón, aunque con las restricciones señaladas; sin embargo, queda claro que no tiene lugar alguno en el Evangelio.

El caso especial de los polígamos convertidos al Evangelio se trataba con la aceptación de la situación familiar de hecho; sin embargo, el polígamo quedaba excluido de la posibilidad de ejercer cargo alguno de responsabilidad en la iglesia (cfr. 1 Ti. 3:2, 12; Tit. 1:6).

 

(e) Concubinato:

El concubinato era una forma más baja de poligamia. La concubina era una mujer de rango inferior, quizá una esclava o una prisionera de guerra (Gn. 16:3; 22:24; 36:12; Dt. 21:10-11; Jue. 5:30; 2 S. 5:13; etc.). Agar, p. ej. no tenía la posición social de Sara (Gá. 4:22, 23), y los hijos de las concubinas, aunque plenamente reconocidos, no tenían el mismo derecho a la herencia que los hijos de la esposa principal (Gá. 4:30; Gn. 25:6).

 

(f) Levirato.

El levirato (lat. «lege vir», «hermano del marido»). La Ley de Moisés prescribía que la viuda del hermano muerto sin hijos tenía que ser tomada como esposa por el hermano sobreviviente. El primogénito de los hijos de esta nueva unión debía heredar los bienes y el nombre del fallecido (Dt. 25:5-6). El interesado se podía librar de esta obligación, pero en tal caso debía soportar una reprensión pública (Dt. 25:7-10); el deber de casarse podía entonces transmitirse a un pariente más alejado (cfr. Rt. 4:1-10). Con ello se buscaba mantener la integridad de la familia, e impedir la extinción de la raza y del nombre de un hombre muerto prematuramente o privado de descendencia.

 

(g) Casamientos posteriores.

Una vez que el vínculo matrimonial queda roto con la muerte, el cónyuge superviviente queda libre para casarse con quien quiera, siempre que ello sea «en el Señor» (1 Co. 7:39); ello significa que se debe contraer matrimonio con una persona verdaderamente creyente, y buscando los dos glorificar a Dios y servir al Señor con sus vidas. La declaración de Pablo acerca de los obispos y diáconos, que «sea[n]... maridos de una sola mujer» (1 Ti. 3.1, 12), ha sido interpretada diversamente. La Iglesia Ortodoxa griega, que permite el casamiento de los grados bajos de su clero, prohíbe que puedan contraer segundas nupcias. De ahí el proverbio en Grecia: «Mimada como la esposa de un pope.» Sin embargo, lo que parece ser el caso en estos textos de Pablo es impedir el acceso a cargos de autoridad o responsabilidad a los que vivieran en situaciones de poligamia o concubinato, en un momento en que las presiones del paganismo ambiental propiciaban estas formas de vida. Si es cierto que para que las viudas pudieran tener un papel en la Iglesia primitiva era necesario que «haya sido esposa de un solo marido» (1 Ti. 5:9). Habiendo pertenecido a dos familias, sería en este contexto que tendría que dar sus servicios. Sin embargo, los diáconos y obispos tenían que ser maridos de una sola mujer al empezar a ejercer sus funciones (véanse ANCIANO, DIÁCONO, OBISPO).

 

(h) Prohibición de ciertos matrimonios.

Además de las disposiciones que tratan del incesto (Lv. 18), la ley prohibía formalmente a los israelitas que se unieran con personas paganas, que los arrastrarían a la idolatría y a la inmoralidad (Éx. 34:15-16; Dt. 7:3-4). Y es, efectivamente, lo que sucedió cada vez que desobedecieron (Jue. 3:6; 1 R. 11:1-2; Esd. 9:1-2; 10:2-3). En el NT, el texto de 2 Co. 6:14-7:1 se aplica también al matrimonio. Un hijo de Dios, renacido de Él, no puede casarse con una persona inconversa. Muchos han sido los casos en que jóvenes bien dispuestos, habiendo profesado fe en Jesucristo, se han visto totalmente apartados de la fe por un cónyuge no creyente. Y si han permanecido personalmente fieles, han tenido que pasar por múltiples sufrimientos personales, y han tenido que ver las desagradables consecuencias que todo ello ha tenido para sus hijos. La única seguridad y dicha está en casarse «en el Señor» (1 Co. 7:39).

 

(i) Elección de la esposa y desposorios.

En Israel eran los padres (sobre todo el padre) los que elegían a la esposa del joven (Gn. 21:21; 24: 38:6); en ocasiones el hijo manifestaba sus preferencias, pero el padre era el que se encargaba de formalizar el asunto (Gn. 34:4, 8; Jue. 14:1-10). El joven no podía ocuparse de ello directamente más que en circunstancias excepcionales (Gn. 29:18). No siempre se consultaba a la joven; la voluntad de su padre y de su hermano mayor decidían el asunto (Gn. 24:51, 57-58; 34:11). En ocasiones un pariente más alejado buscaba un marido para la hija, o la ofrecía a un buen partido (Éx. 2:21; Jos. 15:17; Rt. 3:1, 2; 1 S. 18:27). Se daban regalos a la parentela de la futura esposa, y en ocasiones a ella misma (Gn. 24:22, 53; 29:18, 27; 34:12; 1 S. 18:25). Otro joven, llamado el amigo del esposo (Jn. 3:29), servía de intermediario entre las dos partes interesadas, pero no tenía, excepto en esto, contacto alguno antes de las bodas. Se trataba, como se ve, de un compromiso más preciso y formal que nuestros compromisos modernos, y que ya tenía ciertas consecuencias legales. Si la prometida se dejaba seducir, era castigada con la muerte por adulterio, y su cómplice también, «porque humilló a la mujer de su prójimo» (Dt. 22:23-24). Los soldados quedaban dispensados de luchar si los esperaba una prometida en casa (Dt. 20:7), de la misma manera que el recién casado quedaba dispensado por un año del servicio militar (Dt. 24:5). Esto explica que en Mt. 1:18-25 se empleen simultáneamente los términos de desposados y de marido y mujer acerca de María y José antes de la consumación de su matrimonio.

 

(j) Celebración de las bodas.

Tenía lugar sin ceremonia religiosa, con la posible excepción de la ratificación por juramento (Pr. 2:17; Éx. 16:8; Mal. 2:14). Después del exilio se concertaba y sellaba un contrato (Tob. 7:14). Antes de la boda, la novia se bañaba (cfr. Jud. 10:3; Ef. 5:26, 27), se revestía de ropas blancas, adornadas frecuentemente con preciosos bordados (Ap. 19:8; Sal. 45:13, 14), se cubría de joyas (Is. 61:10; Ap. 21:2), se ceñía la cintura con un cinturón nupcial (Is. 3:24; 49:18; Jer. 2:32), y se velaba (Gn. 24:65). El novio, ataviado también con sus mejores ropajes, y con una corona en su cabeza (Cnt. 3:11; Is. 61:10), salía de su casa con sus amigos (Jue. 14:11; Mt. 9:15), dirigiéndose, al son de la música y de canciones, a la casa de los padres de la novia. Si se trataba de un cortejo nocturno, había portadores de lámparas (1 Mac. 9; 39; Mt. 25:7; cfr. Gn. 31:27; Jer. 7:34). Los padres de la desposada la confiaban, velada, al joven, con sus bendiciones. Los amigos daban sus parabienes (Gn. 24:60; Rt. 4:11; Tob. 7:13). El casado invitaba a todos a su casa, o a la casa de su padre, en medio de cánticos, de música y de danzas (Sal. 45:15, 16; Cnt. 3:6-11; 1 Mac. 9:37). Los acompañaban jóvenes (Mt. 25:6). Se servía un banquete en la casa del esposo o de sus padres (Mt. 22:1-10; Jn. 2:1, 9) o en casa de la joven, si el marido vivía lejos (Mt. 25:1). Él mismo o los padres de la novia hacían los agasajos (Gn. 29:22; Jue. 14:10; Tob. 8:19). La novia aparecía por vez primera al lado del esposo (Jn. 3:29). Al caer la noche, los padres acompañaban a su hija hasta la cámara nupcial (Gn. 29:23; Jue. 15:1; Tob. 7:16, 17). El esposo acudía acompañado de sus amigos o de los padres de su mujer (Tob. 8:1). Las fiestas se reanudaban al día siguiente, y duraban una o dos semanas (Gn. 29:27; Jue. 14:12; Tob. 8:19, 20).

 

(k) Sentido espiritual:

El matrimonio, y los desposorios, simbolizan con frecuencia las relaciones espirituales de Jehová con su pueblo (Is. 62:4, 5; Os. 2:18). La apostasía del pueblo de Dios, debido a la idolatría y a otras formas de pecado, se compara con el adulterio de una esposa (Is. 1:21; Jer. 3:1-20; Ez. 16:24; Os. 2), que lleva al divorcio (Sal. 73:27; Jer. 2:20; Os. 4:12). El NT emplea la misma imagen: Cristo es el esposo (Mt. 9:15; Jn. 3:29), la Iglesia, la esposa (2 Co. 11:2; Ap. 19:7; 21:2, 9; 22:17). Cristo, cabeza de la Iglesia, la ama y se cuida de su santificación. Allí se halla el modelo que se presenta para el matrimonio cristiano (Ef. 5:23-32).

 MEJILLA

tip, TIPO

vet,

En el Sermón del Monte del Señor pronunció el dicho de «dar la otra mejilla» al que hiera al discípulo en una de ellas (Mt. 5:39). Con esto expresaba el principio de la gracia que debe gobernar el andar del cristiano. Cristo calló en medio del sufrimiento y de la afrenta (cfr. Is. 53:7; 1 P. 2:19-24). El cristiano tiene que tener muy presente, si quiere andar como fiel discípulo, que «el siervo no es mayor que su señor» (Jn. 15:20). Así, el cristiano es llamado a la paciencia y a obrar siempre en gracia y abnegación hacia los demás, buscando siempre vencer el mal con el bien (Ro. 12:21, etc.). Podemos verdaderamente esperar el día de nuestra vindicación en aquel día en que el Señor mismo será vindicado públicamente (cfr. Fil. 2:5-11).

 MELITA

tip, ISLA

ver, ADRIÁTICO

sit, a9, 70, 261

vet,

(lat. del gr. «Melite»).

La isla en la que encalló la nave que transportaba a Pablo (Hch. 28:1).

En la antigüedad había dos islas que llevaban el nombre de Melita:

(a) La que actualmente se llama Meleda, en el Adriático, a lo largo de Dalmacia.

(b) La actual isla de Malta.

Probablemente, en nuestros días todos los comentaristas consideran Malta como la isla en la que naufragó Pablo. Las experiencias marítimas de M. Smith apoyan esta postura. Habituado a recorrer el Mediterráneo en yate, este erudito descubrió la dirección de donde sopla el Euroclidón (Hch. 27:14). Se dedicó a determinar el rumbo que seguiría una nave que fuera a la deriva y su velocidad probable bajo condiciones de tormenta; pudo así comprobar que la nave llegaría a Malta en el lapso de tiempo indicado por Hechos. La nave de Pablo había sido llevada de aquí para allá por el «Adriático» (designación que en la antigüedad se refería al Mediterráneo entre Grecia e Italia, Hch. 27:27). (Véase ADRIÁTICO).

La bahía de San Pablo es el lugar tradicional del naufragio, sobre la costa noreste de la isla. Lucas designa a los habitantes de la isla como «bárbaros» (término gr. para extranjeros), porque no eran ni griegos ni romanos.

Véase MALTA.

 MELQUISEDEC

tip, BIOG SACE REYE TIPO HOMB HOAT

vet,

= «rey de justicia».

Rey de Salem (probablemente Jerusalén, cfr. Sal. 76:3) y sacerdote del Altísimo (Gn. 14:18). Fue al encuentro de Abraham, victorioso de la batalla de los reyes que habían llevado preso a Lot; le ofreció pan y vino, y lo bendijo. Por su parte, el patriarca le dio el diezmo del botín. La epístola a los Hebreos hace una notable aplicación tipológica de esta misteriosa aparición. Aarón, con sus sucesores, era una figura anticipada de Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, considerado sobre todo en su obra de expiación (Lv. 16; He. 9:11-12:24). Pero al ser Aarón pecador y mortal, su sacerdocio se tenía que transmitir con constantes interrupciones; por otra parte, era insuficiente, porque no podía ofrecer más que símbolos (los sacrificios de animales) que representaban el gran sacrificio de la cruz (He. 7:23, 27; 10:1-4). El redentor del mundo, considerado en Su resurrección y oficio perpetuo, tenía que ejercer un sacerdocio de un orden totalmente diferente: el de Melquisedec.

En efecto, Melquisedec era:

(a) Rey y sacerdote (Gn. 14:18), de la misma manera que Cristo será rey y sacerdote sobre su trono (Zac. 6:12-13).

(b) Rey de justicia según el significado de su nombre, y Rey de Paz (He. 7:2), dos términos que caracterizan igualmente al Mesías (Is. 9:5; 11:5; 32:1; Jer. 23:5-6; 72:1-3, 7).

(c) Melquisedec es «sin padre, ni madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida» (He. 7:3). Se ignoran su principio y su fin; no figura en ninguna genealogía levítica, única reconocida; se ignora incluso quiénes fueron su padre y madre. En ello, Melquisedec es el tipo de Cristo eterno, que aparece súbitamente en medio de Israel sin descender de Aarón y sin pertenecer a la tribu sacerdotal, y que por el poder de su resurrección queda como nuestro sumo sacerdote para siempre (He. 8:13-16, 24: Jn. 1:1; 8:58; Ro. 6:9).

(d) A diferencia de Aarón, es mediante juramento que Dios confiere directamente a su Hijo este sacerdocio, de la manera que la consagración de Melquisedec no fue hecha por el camino establecido en Israel (Sal. 110:4; He. 7:2-22).

(e) Melquisedec ofreció a Abraham pan y vino en comida de comunión (Gn. 14:18). Esto lleva el pensamiento al pan y vino de la cena que se toma en memoria del sacrificio ya consumado en la cruz (Lc. 22:15-20).

(f) Melquisedec recibió de Abraham (y en consecuencia de Leví, que aún debía venir de él) el diezmo de todo. Se muestra superior al patriarca, a quien dio su bendición; por ello, su sacerdocio es de un orden más elevado que el de los sacerdotes levíticos y que el de Aarón (He. 7:4-10). Así, el sacerdocio de Cristo sobrepasa en excelencia a todos los sacerdocios judaicos y humanos (He. 7:26-28). Viene así a ser la base del Nuevo Pacto, anunciado por los profetas e infinitamente superior al Antiguo (He. 7:11-12, 22; 8:6-12).

Este tipo de Melquisedec exalta así el ministerio único y totalmente eficaz e intransmisible del Hijo eterno de Dios. Por ello, constituye un grave error la práctica de la Iglesia de Roma de aplicar a cada uno de sus sacerdotes el pronunciamiento: «Tú eres sacerdote, según el orden de Melquisedec». Es evidente que esta pretensión carece de fundamento, por cuanto este sacerdocio de Cristo es intransferible (cfr. el original gr. en He. 7:24, «aparabaton», en el Nuevo Testamento interlineal griego-español [Clíe, Terrassa, 1984]). En Cristo, todos los creyentes forman parte del sacerdocio regio en el que Él ha tenido a bien asociarnos (1 P. 2:5, 9-10; Ap. 1:5-6; 5:9-10). En contraste con las claras afirmaciones de las Escrituras, se puede mencionar también la confusión en que han caído los mormones, que también pretenden perpetuar en su «Iglesia de los Santos de los Últimos Días» no sólo el sacerdocio de Melquisedec, sino junto y en paralelo con éste también el de Aarón.

 MENAHEM

tip, BIOG REYE HOMB HOAT

vet,

= «consolador».

Hijo de Gadi. Enterándose en Tirsa de que Salum había dado muerte al rey Zacarías, Menahem se dirigió a Samaria, dio muerte a Salum y reinó en su lugar (2 R. 15:14). La ciudad de Tirsa rehusó aceptarlo; se apoderó de ella, y cometió crueles atrocidades (2 R. 15:16). Pero no podía acabar de consolidar su poder. Para lograrlo y para sustraer a su reino de las devastaciones que iba a perpetrar el rey de Asiria, Pul, Menahem le dio 1.000 talentos de plata, que consiguió mediante un impuesto especial sobre los israelitas más ricos. Los 1.000 talentos de plata representaban una suma colosal. Se tuvo que obligar a 60.000 israelitas a que aportaran cada uno 50 siclos de plata. En los monumentos asirios se registra que Menahem estaba entre el número de los vencidos tributarios. Al igual que Jeroboam I, Menahem practicó el culto del becerro de oro.

Este rey estuvo en el trono diez años (752-742 a.C.). Le sucedió su hijo Pekaía (2 R. 15:17-22).

 MENDIGO

tip, LEYE

vet,

En el AT la prosperidad terrena era señal de bendición.

El salmista dice que en toda su vida no había visto al recto abandonado, ni a su descendencia mendigando pan (Sal. 37:25), en tanto que del malvado, señalando a Judas, se dice: «Anden sus hijos vagabundos, y mendiguen» (Sal. 109:10). En cambio, al introducir poder y salvación, Jehová «levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes» (1 S. 2:8).

La Ley incluía disposiciones en favor de los pobres.

En el NT leemos de diversos mendigos ciegos que recibieron bendición (Mr. 10:46; Lc. 18:35; Jn. 9:8), y el Señor dio un relato acerca del mendigo Lázaro que fue llevado por los ángeles al seno de Abraham (Lc. 16:20, 22; cfr. Hch. 3:2).

 MENE (TEKEL, UPARSIN)

tip, ABEC

vet,

Inscripción aramea trazada por unos dedos misteriosos sobre la pared durante el último banquete de Belsasar (Dn. 5:25):

MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN,

esto es: «contado, contado, pesado y dividido». U es la conjunción copulativa que une «Parsin», el plural de «Peres», al resto de los términos (juego de palabras, y alusión a los persas, Paras).

Estas letras escritas sobre la pared, no estando vocalizadas, podían ser pronunciadas de diversas maneras. En caso de que alguno de los sabios hubiera podido deducir la pronunciación correcta, no hubiera podido demostrar que tenía la razón ni interpretar el sentido de estos términos. Daniel fue quien desveló el enigma al rey (Dn. 5:25-28).

 MENFIS

tip, CIUD

ver, EGIPTO, LUXOR, TEBAS

sit, a4, 60, 319

vet,

(forma gr. del egip. «Mn-nfr», «buena estancia») (nombre de las pirámides de Pepi II).

Importante ciudad de Egipto. Según Herodoto, su fundador fue el primer rey histórico de Egipto, Menes, que la construyó sobre terrenos arrebatados al Nilo por desecación.

Menfis se elevaba sobre la llanura, en la ribera occidental del Nilo, a alrededor de 16 Km. antes del delta. Fue la capital del Bajo Egipto bajo las dinastías III, IV, V, VII y VIII, según afirma Maneto (sacerdote e historiador egipcio del siglo III a.C.).

Allí se adoraba al dios Ptah. Cuando la capitalidad pasó a Tebas, Menfis siguió siendo una ciudad floreciente; empezó a declinar a partir de la fundación de Alejandría. Los hebreos la conocían bajo los nombres de Nof (Is. 19:13) y de Mof (Os. 9:6, text. heb.).

Después de la caída de Jerusalén y del asesinato de Gedalías, los judíos huyeron a Egipto; algunos de ellos se establecieron en Mof (Menfis, Jer. 44:1). Jeremías y Ezequiel anunciaron juicios sobre ella (Jer. 46:19; cfr. 2:16; 46:14; Ez. 30:13, 16; cfr. Is. 19:13; Os. 9:6). Una parte considerable de Menfis seguía en pie en la Edad Media, pero se fueron sacando de allí, constantemente, materiales para la construcción de El Cairo. Sobre el emplazamiento de Menfis hay sólo dos aldeas árabes, pero sus veinte pirámides (la antigua necrópolis) y la famosa esfinge dan elocuente testimonio de su pasada grandeza. (Véanse EGIPTO, LUXOR, TEBAS.)

 MENSTRUACIÓN

tip, LEYE MDIC

ver, SACRIFICIO

vet,

La Ley prohibía el contacto sexual con la mujer durante su menstruación (Lv. 15:19-24 regula la menstruación periódica, en tanto que Lv. 15:25-28 trata el tema de la menorragia irregular o patológica).

En el AT se consideraba una impureza, de la misma manera que todo primogénito de hombre que abriera matriz tenía que ser redimido por sacrificio (Éx. 13:13; 34:20). La razón estriba evidentemente en que el hombre es tenido como pecador e impuro, y que todo lo que tenga que ver con la misma naturaleza humana y con la transmisión de esta vida pecadora es considerado impuro, y precisa del sacrificio para su purificación (véase SACRIFICIO).

 MENTA

tip, FLOR

fot, dib00277

vet,

Planta del género «mentha»; existen muchas variedades.

En gr. «hêdyosmon», «perfume suave» (Mt. 23:23).

La menta silvestre («Mentha sylvestris») es la especie más corriente en Siria, donde crece libremente sobre las colinas. No sabemos con exactitud cuál era la variedad cultivada por los israelitas.

 MENTIRA

tip, LEYE

vet,

Prohibida en la Palabra de Dios (Éx. 23:7) y aborrecida por el justo (Pr. 13:5); se anuncia castigo sobre el que la practica (Pr. 19:5, 9).

El convertido a Cristo se aparta de su antigua forma de vivir y, andando en novedad de vida, debe desechar la mentira y hablar la verdad (Ef. 4:25; cfr. Mt. 5:33-37).

La mentira por antonomasia es la negación y oposición a Cristo, negando el testimonio de Dios (1 Jn. 2:22; 5:10). El origen de la mentira está en Satanás (Jn. 8:44), que presentó una falsa imagen de Dios a Eva, empujando a la primera pareja a la muerte (Gn. 3:1-6).

Los hombres se pueden mentir a sí mismos (Stg. 1:22), confundiendo los propios deseos con la realidad; pueden mentirse entre sí (Lv. 19:11); pueden mentir a Dios (Hch. 5:3, 4), aunque desde luego no puedan engañarlo.

La mentira es aborrecida por Dios porque destruye la recta comprensión de la realidad («andamos en tinieblas», cfr. 1 Jn. 1:6), con lo que el hombre se desvía del verdadero conocimiento y comunión con Dios. La mentira destruye la confianza entre los hombres, oscurece el entendimiento, y lleva a la destrucción eterna (Ap. 21:7; 22:15).

Dios no miente ni puede mentir (Nm. 23:19), no cabiendo ni pudiendo caber en Él por cuanto Él es la realidad primera y última y absoluta contra la que atenta toda mentira (cfr. 1 S. 15:29; Tit. 1:2; He. 6:18). Por su parte, Jesús, Dios mismo manifestado en carne, es la misma «verdad», la verdad acerca de Dios, y la verdad de lo que Dios quería que fuera el hombre, el cúmulo de todas las perfecciones (cfr. Jn. 14:6). Por ello, aquel que tiene comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, exclama de corazón: «la mentira aborrezco y abomino; tu ley amo» (Sal. 119:163).

 MERAB

tip, BIOG MUJE MUAT

vet,

= «incremento».

Hija mayor de Saúl (1 S. 14:49). Su padre prometió darla en matrimonio a David, y después se echó atrás y la dio a Adriel meholatita (1 S. 18:17-19).

David entregó sus cinco hijos a los gabaonitas, que los colgaron en venganza de una matanza hecha por Saúl entre ellos (2 S. 21:8).

 MERARI

tip, SACE BIOG HOMB HOAT

vet,

= «amargo, triste».

Hijo de Leví y fundador de una de las tres grandes familias de los levitas (Gn. 46:11; Éx. 6:16; Nm. 26:57).

La familia o descendientes de Merari acampaba, durante la peregrinación por el desierto, en el lado norte del Tabernáculo (Nm. 3:35). Esta familia se encargaba de las tablas del tabernáculo, de sus barras, columnas, basas, enseres y artículos para el servicio (Nm. 3:36; 4:29-33), y estaba bajo la dirección de Itamar, el menor de los hijos de Aarón (Nm. 4:33). Recibieron cuatro carros y ocho bueyes para el transporte de este material (Nm. 7:8). La familia de Merari se dividió en dos ramas: las de Mahli y Musi (Nm. 3:20, 23).

Durante el primer censo en el desierto, los meraritas sumaban 6.200 varones de más de un mes (Nm. 3:33, 34), número menor que el de las otras dos familias levíticas. De estos 6.200 había 3.200, entre los 30 y 50 años de edad (Nm. 4:42-45), más que en las otras familias. Se les asignaron doce ciudades: cuatro de la tribu de Zabulón, cuatro de Rubén, cuatro de Gad. Dos de estas localidades, Ramot de Galaad y Beser, eran ciudades de refugio (Dt. 4:43; Jos. 21:34-40; 1 Cr. 6:63, 77-81). David llevó a cabo la reorganización de los meraritas (1 Cr. 23:6, 21-23). Con los otros levitas, tenían que cuidarse del servicio musical del santuario, y llevaban a cabo seis de las veinticuatro funciones de este tipo (1 Cr. 6:31, 44; 25:3).

Hubo meraritas entre los israelitas piadosos que ayudaron a Ezequías a purificar el Templo (2 Cr. 29:12). Algunos renombrados meraritas volvieron a Jerusalén con Esdras después del exilio (Esd. 8:18, 19).

 MERARITAS. Véase MERARI

 MERCADO

tip, COST CONS

vet,

En la época del AT se solían celebrar los mercados ante los portones de las ciudades amuralladas (cfr. Neh. 15:21), o en las plazas públicas y en las calles adyacentes.

En la actualidad se siguen celebrando mercados parecidos, tanto en el Oriente Medio como en la Europa mediterránea y muchos lugares del mundo. Los mercaderes iban desplazándose de mercado en mercado, con sus caballos, mulos, asnos, camellos, para su venta, y había también pabellones para la venta de diversas mercancías.

Aunque el comercio es una actividad legítima y necesaria, puede conducir a la codicia y a la avaricia, y al olvido de que Dios debe ser honrado ante todo, y no el dinero. Fue contra el abuso del comercio que protestó vivamente el Señor Jesús, contra la profanación del Templo de Jerusalén por parte de la multitud de mercaderes y cambistas de dinero: «Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado» (Jn. 2:16). La enseñanza es clara: Hay prioridades, y el dinero debe ser un servidor, y no un dueño (cfr. 1 Ti. 6:10).

 MERCURIO

tip, DIOS

ver, DIVINIDADES PAGANAS

vet,

Divinidad adorada por los romanos bajo este nombre, por los griegos bajo el de Hermes.

Mensajero de los dioses, estaba sobre todo al servicio de Júpiter (gr. Zeus), a quien acompañaba.

La mitología le atribuye gran agilidad y elocuencia, y se le tenía por el inventor de las letras, de la música y de otras artes.

Los habitantes de Listra consideraron a Pablo y Bernabé como dioses al haber sanado a un tullido de nacimiento. Como Pablo era el que llevaba la voz cantante, los paganos lo tomaron por Mercurio, y creyeron que Bernabé era Júpiter (Hch. 14:12). (Véase DIVINIDADES PAGANAS, c.)

 MERETRIZ. Véase RAMERA.

 MERIBA

tip, LUGA

ver, MASAH

vet,

(heb. «contienda», «querella»).

(a) Nombre asociado con el de Masah para indicar el lugar de Horeb, cercano a Refidim, donde el pueblo altercó con Moisés (Éx. 17:1-7) a causa de la falta de agua. Allí Dios hizo salir agua de la roca (véase MASAH).

(b) Otro lugar cercano a Cades-barnea (cfr. Jos. 14:6, 7) en el desierto de Sin; el pueblo se rebeló otra vez contra Moisés y contra Jehová. Moisés se encolerizó y, en lugar de hablar a la roca como Jehová le habla mandado, la golpeó dos veces. A causa de ello, Dios no les dejó entrar en la tierra prometida al final de la peregrinación en el desierto (Nm. 20:1-13; cfr. Dt. 3:23-29). Para un examen de las importantes consecuencias tipológicas de este incidente, cfr. Mackintosh, C. H.: «Números» (Ed. «Las Buenas Nuevas», Montebello, Calif., 1953, PP. 241-246). No es asombroso que la falta de agua provocara numerosos episodios de descontento, en lugares distantes, a lo largo de los casi cuarenta años de peregrinación por el desierto.

 MERNEPTAH (Estela)

tip, CONS ARQU

ver, EGIPTO

vet,

Monumento de piedra con inscripciones para registrar la campaña y las victorias en Palestina. En esta estela se menciona a Israel en la tierra de Canaán. Según los sustentadores de la cronología convencional, que la sitúan en el año 1230 a.C., se trataría de «la mención más antigua de Israel en la historia». Sin embargo, un examen detenido de la estela revela numerosos problemas con esta asignación de fecha. La revisión cronológica de la fecha de Egipto situaría esta estela en el año 721 a.C. (Courville), identificando al padre de Merneptah, Ramsés II, como faraón So, o en el año 565 a.C. (Velikovsky), que identifica a Merneptah con Hofra (Apries). La inscripción, en su mención de Israel, dice: «Israel está asolada y no tiene simiente alguna. Palestina ha quedado viuda.» En base a esto, parece más sólida la posición de Courville, por cuanto el nombre de Israel se aplicaba al reino del norte, llevado cautivo en el año 722 / 721 a.C., y habiendo quedado todo su territorio presa de la más absoluta desolación (cfr. 2 R. 18-24 ss.). (Véase Bibliografía bajo EGIPTO.)

 MERODAC. (ac.: «Marduk»). Divinidad patronal de Babilonia (Jer. 50:2). (Véase DIVINIDADES PAGANAS.)

 MERODAC-BALADÁN

tip, REYE HIST HOMB HOAT

vet,

Forma heb. del acádico: «Marduk ha dado un hijo» (en 2 R. 20:12, Berodac, tal como aparece en el texto heb., cfr. la revisión 1909 de Reina-Valera, debe ser debido al error de un copista, a menos que la «b» represente un sonido intermedio entre la «m »y la «b» en acádico).

Rey de Babilonia, hijo de Baladán (2 R. 20:12), originario de Bit-Yakin, cerca de la desembocadura del Éufrates, zona originaria de los caldeos. Hábil, valiente y decidido, se hizo el jefe de ellos. Hacia el año 731 a.C., se sometió a Tiglat-pileser III, rey de Asiria. Pero en el año 722, durante el asedio de Samaria por los ejércitos asirios, los babilonios se enteraron de la muerte de Salmansar V, rey de Asiria. Merodac-baladán aprovechó esta circunstancia para apoderarse del trono de Babilonia. Sargón, rey de Asiria, reconoció su independencia en el año 721 a.C. Merodac-baladán reinó durante 11 años. Fue él que hacia el año 712 envió una embajada a Ezequías que, bajo el pretexto de una visita de cortesía (2 R. 20:12-19; 2 Cr. 32:31; Is. 39:1-8), debía esforzarse en convencerlo para que se coaligara con los soberanos de Babilonia, Susa, Fenicia, Moab, Edom, Filistea y Egipto, contra el imperio de Asiria. Sargón deshizo este plan, atacando individualmente a sus enemigos antes que se hubiesen aliado de manera formal, y los fue venciendo uno a uno. En el año 710, Sargón se apoderó de Babilonia; el año 709 se hizo con Bit-Yakin, cayendo en sus manos Merodac-baladán, que estaba refugiado allí. Sin embargo, los asirios le dejaron establecido en Bit-Yakin. En el año 703 volvió a entrar en Babilonia, haciendo de Borsipa su residencia favorita. Este segundo reinado, sin embargo, no duró ni un año. Senaquerib, hijo y sucesor de Sargón, lo venció y lo envió a Bit-Yakin. En el año 694, Senaquerib decidió someter a los caldeos. Descendió con una flota por el río Tigris, hasta Opis, desde donde los pasó, sobre tierra, hasta el Éufrates. Llegaron así a Bit-Yakin y la subyugaron, junto con el Elam. Así Merodac-baladán no pudo llevar a cabo sus planes, pero desde entonces los caldeos, absorbidos en el conjunto babilónico, vinieron a constituir su casta dominante.

 MEROM

tip, RIOS

sit, a1, 500, 176

vet,

= «lugar elevado».

Cerca de Merom fueron vencidos los reyes cananeos del norte y sus aliados por Josué (Jos. 11:5, 7). Por lo general, estas «aguas» son identificadas con el lago que solían formar las aguas del Jordán a casi 18 Km. al norte del lago de Galilea. Este lago, desecado recientemente por el Estado de Israel para dedicar los terrenos arrebatados a las aguas a fines agrícolas, medía alrededor de 6,6 Km. de largo por 5,5 de ancho; la cuenca del lago se halla a 210 m. por encima del mar de Galilea y su superficie se hallaba a dos metros por encima del nivel del Mediterráneo. Es casi seguro que se trata del lago Semechonita que menciona Josefo (Ant. 5:5, 1; Guerras 4:1, 1). Ocupaba la zona meridional de un pantano de más de 24 Km. de longitud por 8 de altura. Recibe el nombre de Valle de Hulêh, y la masa de agua recibía el nombre de Bahret el-Hulêh, lago de Hulêh. Este término árabe, que designa asimismo la llanura al sur de Hamat, parece perpetuar el monte del distrito de Ulatha, entre Traconítide y Galilea (Ant. 15:10, 3).

Aparte de la postura tradicional, hay expositores que identifican Merom con la actual Meirõn, al oeste de Safed, y otros se muestran partidarios de identificar este lugar con Mãrûn el-Rãs, donde se hallan las aguas perennes del oasis «'Aubã». Cerca de allí hay un centenar de fuentes.

 MES

tip, CALE

ver, TIEMPO

vet,

En Egipto, los israelitas se familiarizaron con el año dividido en 12 meses de 30 días.

En el relato del Diluvio, los meses son también de treinta días (Gn. 7:11, 24; 8:3, 4). Velikovsky menciona poderosas razones que llevan a la conclusión de que el antiguo calendario estaba bien ajustado, siendo el mes lunar de treinta días, y el año de trescientos sesenta. Perturbaciones cósmicas posteriores (del tipo de las que provocaron el día largo de Josué y el retroceso de la sombra en el reloj solar de Ezequías; cfr. Jos. 9; 2 R. 20:8-11) desajustaron el anterior calendario, que tuvo que ser reajustado a la nueva longitud del año y del mes lunar (I. Velikovsky: «Worlds in Collision», Doubleday, 1950; véase también RELOJ DE SOL).

Herodoto informa acerca de los cinco días de ajuste que los egipcios añadían al anterior calendario (Herodoto 2:4).

Los hebreos emplearon el mes lunar, que iba de una luna nueva a la siguiente, como se desprende de Gn. 1:14; Sal. 104:19 y Eclo. 43:6-8, así como de otros pasajes análogos.

Durante la luna nueva se hacían ofrendas especiales al Señor (Nm. 10:10; 28:11-14; 2 Cr. 2:4).

La duración del mes hebreo variaba entre 29 y 30 días, aunque se consideraba formalmente como de 30 días (cfr. Nm. 20:29; Dt. 34:8; 21:13). Los meses se numeraban.

Los relatos bíblicos relativos al período anterior al cautiverio en Babilonia sólo contienen cuatro nombres de meses:

Abib (el primer mes, Éx. 13:4, etc.);

Zif (el segundo, 1 R. 6:37);

Etanim (el séptimo, 1 R. 8:2), y

Bul (el octavo, 1 R. 6:38).

Después del cautiverio, los judíos adoptaron los nombres empleados por los babilonios y las otras naciones semitas.

Véase TIEMPO.

 MESA

tip, BIOG REYE HOMB HOAT

ver, OMRI

vet,

MESA (nombre geográfico y propio).

(A) Lugar de Arabia, limitando con el país ocupado por los descendientes de Joctán (Gn. 10:30). Parece que se trata, por oposición a Sefar, de un territorio hacia el Oeste. Algunos autores sugieren Jebel Shammar y como alternativa plausible, la región de palmeras datileras de Gõf.

(B) Benjamita hijo de Saharaim (1 Cr. 8:8-9).

(C) Miembro de la tribu de Judá, de la familia de Hezrón, de la casa de Caleb. Antecesor de los habitantes de Zif (1 Cr. 2:42).

(D) Rey de Moab, hijo de Quemós-melec; pagaba a Acab un tributo anual de cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones (2 R. 3:4). Hacia el año 853 a.C., Acab fue muerto en la batalla de Ramot de Galaad, que probablemente tuvo lugar antes de la primavera, «el tiempo en que los reyes van a la guerra»; le sucedió su hijo Ocozías. La derrota de Israel y de Judá, junto con la muerte de Acab, alentaron a Mesa a rehusar el pago del tributo el año siguiente, el segundo del reinado de Ocozías (Ant. 9:2, 1; 2 R. 1:1). Josafat, rey de Judá, volvió de Ramot de Galaad a Jerusalén, probablemente en mayo, y emprendió su reforma religiosa (2 Cr. 19). Pero poco después los amonitas y los moabitas, aliados con los edomitas, invadieron Judá (2 Cr. 20:1). Josafat los derrotó, sometió Edom, y el reino de Judá reposó (2 Cr. 20:30). Muerto Ocozías, Joram, su hermano, subió al trono de Israel (2 R. 1:17). Al año siguiente (852 a.C. o más tarde) Joram, deseoso de someter de nuevo a Moab al tributo, solicitó la ayuda de Josafat (2 R. 3:7). Éste, probablemente deseoso de castigar a los moabitas por haber participado en la anterior invasión de Judá, accedió. El rey de Israel, acompañado de sus aliados, Josafat y un rey edomita cuyo nombre se desconoce, rodeó el límite meridional del mar Muerto. Los aliados corrieron el riesgo de morir de sed. El profeta Eliseo afirmó que habría agua si se hacían estanques por adelantado para recogerla; por la mañana, el valle se llenó de agua que quedó iluminada por la luz de la aurora. El rey de los moabitas (Mesa, sin duda), creyó que se trataba de sangre, y llegó a la precipitada conclusión de que los ejércitos enemigos se habían aniquilado entre sí. Intentó saquear el campamento de los israelitas, que puso a Moab en fuga y destruyó sus ciudades (2 R.. 3:24, 25). Viéndose vencido en Kir-hareset, el rey de Moab sacrificó a su hijo primogénito a su dios Quemós, quemándolo sobre la muralla. Los israelitas, horrorizados, levantaron el sitio y se volvieron a sus lugares sin haber obligado a Mesa a pagar el tributo (2 R. 3:25-27). Fue el deseo de conmemorar este suceso una de las razones que impulsaron a Mesa a levantar la famosa piedra que lleva el nombre de Estela de Mesa o Piedra de Moab. (Véase MESA [Estela de]).

 MESA (Objeto)

tip, UTEN TIPO BIOG REYE ARQU HOMB HOAT

ver, OMRI

vet,

La mesa habla de comida en común, de participación, de provisión (2 S. 9:7, 10, 11, 13; 11:8; 19:28; Sal. 23:5). De particular importancia es la mesa de los panes de la proposición en el culto de Israel. Estaba hecha de madera de acacia recubierta de oro. La del tabernáculo medía dos codos de longitud, un codo de anchura y un codo y medio de altura. Tenía una corona ornamental alrededor de su borde. Estaba situada en el lado norte del lugar santo. Además de los doce panes, había también sobre la mesa platos, cucharas, tazones y cubiertas (Éx. 37:10-16; 1 R. 7:48). Se tenía que poner incienso sobre los panes, y para ello se necesitarían panes; las cucharas se usaban para el incienso, y los tazones es probable que se usaran para las libaciones. Esta mesa era un tipo del lugar de Israel ante Dios en la aceptabilidad de Cristo que, como verdadero Aarón, los sigue manteniendo ante Dios; es un pacto perpetuo (Lv. 24:8); también es posible que hable de la abundancia de las bendiciones para las naciones a través de su pueblo Israel.

La mesa del Señor es para los cristianos aquella mesa en la que se reconoce la autoridad de Cristo como centro de congregación en la manifestación local de la unidad de su cuerpo (cfr. 1 Co. 10:15-22). Ésta es contrastada con la participación en los ritos paganos (1 Co. 10:20-21). No se puede participar de ambas con impunidad (1 Co. 10:22). Así, participar de la mesa del Señor es un gran privilegio que entraña la solemne responsabilidad de mantenerse separado para Él (cfr. también 1 Co. 11:27-32; y 5:6-8).

 MESA (Estela)

tip, UTEN TIPO BIOG REYE ARQU HOMB HOAT

ver, OMRI

vet,

Piedra con inscripciones. Fue descubierta en el territorio de Moab, y relata algunos hechos históricos. El 19 de agosto de 1868, el misionero alsaciano F. Kelin, al servicio de la Church Missionary Society, acampaba en Dhîbãn, en las ruinas de la antigua ciudad moabita de Dibon. Un jeque le informó que a diez minutos de camino se encontraba una piedra cubierta de inscripciones. Se trataba de una estela volcada, de basalto negro, con la parte superior redondeada; medía algo más de 1,13 m. de altura, 70 cm. de longitud y 35 cm. de grosor. La inscripción presentaba 34 líneas horizontales de unos caracteres desconocidos, dispuestos a unos 3 cm. de intervalo. M. Klein tomó algunas notas, e informó de su descubrimiento al consulado de Prusia en Jerusalén. Al año siguiente, M. Clermont-Ganneau, del consulado de Francia, hizo efectuar una estampación de la inscripción, y los dos consulados ofrecieron una elevada suma de dinero por la estela. El gobernador turco y los árabes se querellaron acerca de ella. Estos últimos se propusieron partir la piedra para conseguir más dinero por la venta de fragmentos a más ofertantes. Para ello encendieron un fuego en la base, y la quebraron arrojándole agua fría encima cuando estaba caliente. Se pudo recuperar una considerable cantidad de estos trozos (669 de los 1.100 caracteres de la inscripción) y la piedra pudo ser restaurada casi enteramente, gracias a la estampación, a pesar de que había sido hecha a toda prisa y en malas condiciones. La estela se halla en la actualidad en el museo del Louvre, en París, y un montaje de escayola suple lo que falta del original. A pesar de algunas lagunas, la inscripción es perfectamente inteligible. Proviene de Mesa, rey de Moab, mencionado en 2 R. 3:4-27.

Texto de la Esteta de Moab:

1. Yo soy el hijo de Mesa, hijo de Quemós... rey de Moab, el Di-

2. bonita. Mi padre reinó 30 años sobre Moab, y yo he venido a ser rey

3. sucediendo a mi padre. Y yo he erigido este santuario para Quemós en Krkk... en señal de salvación,

4. porque él me ha salvado de todos los reyes y me ha hecho triunfar sobre todos aquellos que me odiaban. Omr-

5. i, rey de Israel, oprimió largo tiempo a Moab, porque Quemós estaba airado contra su pa-

6. ís. Y su hijo lo sucedió; y también él dijo: «Yo voy a afligir a Moab.». En mi tiempo, él dijo esto...

7. Mas yo he triunfado sobre él y sobre su casa, e Israel ha perecido para siempre. Siendo que Omri poseía todo el pa-

8. ís de Mehêdeba, e (Israel) se quedó allí durante sus días y la mitad de los días de sus hijos, 40 años; mas

9. Quemós nos la ha devuelto en mis días. Y yo he construido Ba'alme'on y he hecho el depósito (¿?) y he construido

10. Kiriathãn (Kiryathaim). Y los hombres de Gad moraban en el país de Ataroth desde toda la antigüedad y el rey de Israel se había construido

11. Ataroth. Y yo ataqué la ciudad y la tomé, y di muerte a todos los habitantes

12. de la ciudad, espectáculo para Quemós y Moab. Y me apoderé del altar de su hogar de Daudoh (¿?) y lo arrastré

13. ante Quemós en Keriyyoth (Derioth). Y yo asenté a los hombres de Srn (Sarón) y a los hombres de

14. Mnrth (Makharath). Y Quemós me dijo: «Ve, arrebata Nebo a Israel» y yo

15. fui de noche, y le planté batalla desde el amanecer hasta el mediodía, y la tomé.

16. di muerte a todos, siete mil hombres y... las mujeres y...

17. y los siervos; porque los había entregado al interdicto para 'Ashtar-Quemós, y de allí me llevé los utensilios

18. de Yahve, y los arrastré ante Quemós. El rey de Israel había construido.

19. Yahas (Jahats), y estaba allí mientras luchaba contra mí. Pero Quemós lo echó de delante de mí. Y

20. yo tomé doscientos hombres de Moab, todos sus principales; los llevé contra Yahas y la tomé

21. para unirla a Dibon. Soy yo quien ha construido Krhh (Korkha), la muralla de los jardines y la muralla

22. de la contra-ciudad. Soy yo quien ha construido sus puertas y sus torres. Y

23. soy yo quien ha construido el palacio real y hecho las canalas (¿?) del depósito (¿?) para el agua en medio

24. de la ciudad. Y no había cisterna en medio de la ciudad, en Krhh. Y yo dije a todo el pueblo: «Que

25. cada uno se haga para sí una cisterna en su casa.». E hice cavar las fosas de Krhh por los prisioneros

26. de Israel. Soy yo quien ha construido 'Aro-er e hizo el camino del Arnón.

27. Soy yo quien ha construido Beth-Bamoth, porque estaba aniquilada. Soy yo el que ha construido Beser, que estaba en ruinas,

28. ... con los hombres de Dibon, cincuenta en número, porque todo Dibon me obedecía. Y yo he reinado

29. sobre cien en las ciudades que yo he añadido al país. Y yo he construido

30. Mehêdeba (Medeba) en Beth-diblathen y Beth-ba'alme'on, allí he llevado pastores

31. ... las ovejas del país. Yo he construido Hauronãn donde vivía el (hijo) ... Y

32. ... Quemós me dijo: «Desciende, ataca Hauronãn», y yo descendí y.

33. ... ... ... y Quemós nos la ha entregado en mis días. Y yo ... de allá diez (¿?)

34. ... ...

Así, esta inscripción confirma y complementa de una manera notable el relato de 2 R. 3. Constituyó una de las primeras pruebas de que la escritura alfabética ya era conocida en una época relativamente temprana en el país del Jordán. «El arte de la escritura y de la lectura no podía ser reciente. En el momento en que Mesa se sacude el yugo del extranjero, levanta un monumento conmemorando por escrito sus victorias... Esto es para él la primera cosa, y la más natural, a hacer, y cuenta conque su inscripción tendrá muchos lectores... Por otra parte, la forma de las letras de Moab dan prueba de que la escritura alfabética había estado mucho tiempo en uso en el reino de Mesa. Se advierten formas que presuponen un largo hábito en el arte de grabar inscripciones sobre la piedra, y que están muy alejadas de los caracteres más antiguos. Finalmente, es notable el lenguaje de la inscripción; entre ella y el hebreo las diferencias son infrecuentes y pequeñas. Ello demuestra que los moabitas estaban relacionados con los hebreos tanto lingüística como racialmente, y que habían adoptado la vieja "lengua de Canaán". La semejanza en el lenguaje de los hebreos y de los moabitas va más allá de las expresiones gramaticales y de la sintaxis. Se trata de una similitud que existe incluso en la forma de pensar» (Sayce, «Higher Criticism and the Monuments», PP. 364 ss.).

Se sitúa la erección de la estela hacia el final del reinado de Mesa, después de la muerte de Acab y de la decadencia de su dinastía (alrededor del año 850 a.C.); esto tuvo lugar probablemente después que Jehú hubiera exterminado a la dinastía de Omri, cuando Israel entró de lleno en su período de grandes dificultades. Según 2 R. 1:1 y 3:5, la revuelta de Moab tuvo lugar después de la muerte de Acab (véanse OMRI, MESA nombre propio, d).

 MESEC

tip, PUEB BIOG HOMB HOAT

vet,

= «posesión».

(a) Pueblo descendiente de Jafet (Gn. 10:2). Vendía esclavos y utensilios de bronce en los mercados tirios (Ez. 27:13). Aliado de Tubal y aliado, o súbdito, de Gog, príncipe de Ros, de Mesec y de Tubal (Ez. 32:26; 38:2, 3; 39:1).

Mesec y Tubal aparecen juntos en las inscripciones asirias, como en la Biblia. En la época de Tiglat-pileser I (hacia el año 1115-1102 a.C.), y de Salmansar III (860-825), Musku, es decir Mesec, se hallaba al norte de Asiria, en los montes y en los confines de Tabal (Tubal) al oeste. Estos dos pueblos fueron poco a poco empujados hacia las cercanías del mar Negro. Herodoto los llama Moschoi y Tibarenoi; los sitúa en los montes del sureste del mar Negro (Herodoto 3:94; 7:78). Los Moschoi moraban entre los ríos Phasis y Cyrus (Plinio, Histo. Nat. 6:4; Estrabón 11:2, 14-17).

(b) Descendiente de Sem a través de Aram (1 Cr. 1:17); es el Mas que aparece en Gn. 10:23.

 MESÍAS

tip, TITU

ver, CRISTO, JESUCRISTO

vet,

(forma gr. del aram. «m'shîhã», del heb. «m'shîhã», «el ungido», en gr.: «Christos», Cristo).

En heb., este término «mesías» designaba a aquel que estaba ungido de aceite sagrado, p. ej., el sumo sacerdote (Lv. 4:3; 10:7; 21:12), y el rey (2 S. 1:14, 16). Este título es aplicado a los patriarcas Abraham e Isaac, y a Ciro, el rey de Persia, a quienes les fueron confiados los intereses del reino de Dios (Sal. 105:15; Is. 45:1). Cuando Dios prometió a David que el trono y el cetro se quedarían siempre dentro de su familia (2 S. 7:13), el término «ungido» adquirió el sentido particular de «representante de la línea real de David» (Sal. 2:2; 18:51; 84:10; 89:39, 52; 132:10, 17; Lm. 4:20; Hab. 3:13). Los profetas hablan de un rey de esta línea que será el gran liberador del pueblo (Jer. 23:5, 6); su origen se remonta a los días de la eternidad (Mi. 5:1-5); establecerá para siempre el trono y el reino de David (Is. 9:5-7).

El título de Mesías, por excelencia, se une a la persona de este príncipe anunciado por las profecías (Dn. 9:25, 26; Nm. 24:17-19; Targum Onkelos). Se le llama «Mesías» de la misma manera que «Hijo de David» (Jn. 1:41; 4:25; el texto de Mt. 1:1 no tiene el término Mesías, sino su traducción gr. «Christos»; cfr. las numerosas referencias a Cristo en este Evangelio). Para los creyentes judíos y cristianos, el Mesías es el Ungido, es decir, aquel que recibe, por el Espíritu de Dios reposando sobre Él, el poder de liberar a su pueblo y para establecer su reino.

La expresión «profecía mesiánica» designa toda profecía que trate de la persona, obra y reino de Cristo. Por extensión, reciben también el nombre de «profecía mesiánica» los pasajes que anuncian la salvación venidera, la gloria y la venida del Reino de Dios, incluso si no hay mención directa del Mesías. Así, la expresión «tiempos mesiánicos» no se refiere exclusivamente al periodo en que Cristo estuvo sobre la tierra; engloba toda la era en la que ejerce su autoridad soberana y mediadora, e incluye el tiempo del Reino milenial. (Véanse CRISTO, JESUCRISTO.)

Bibliografía:

Véase bajo JESUCRISTO.

 MESÓN

tip, CONS

ver, HOSPITALIDAD

vet,

El albergue oriental no se parece mucho al hotel de los países occidentales. La hostelería no era tan necesaria en la antigüedad como en nuestros días. La hospitalidad (véase HOSPITALIDAD) era considerada como un deber, y los viajeros eran recibidos de buena voluntad (Éx. 2:20; Jue. 19:15-21; Hch. 28:7, etc.).

El albergue público era tan sólo un refugio, destinado a la vez a las personas y a los animales. Probablemente se parecía a un caravanserrallo actual: estancias para los viajeros, lugar para guardar las mercancías, y cuadras que rodeaban un gran patio rectangular, cuyo centro estaba ocupado por un pozo. No había muebles; el viajero extendía su capa sobre el suelo, y se envolvía en su manto, que le servía de colchón y de cubierta. Él mismo tenía que procurarse su comida y el alimento para sus animales. La presencia de un hotelero que vendiera víveres era algo muy inusitado en aquellos tiempos (Lc. 10:34, 35). En la antigüedad, sólo se menciona «un lugar para pasar la noche» (Gn. 42:27; 43:21; Éx. 4:24), o «un albergue de caminantes» (Jer. 9:2).

La primera alusión a una casa más o menos organizada parece hallarse en Jer. 41:17: «Y se detuvieron (o "habitaron", RVR '77) en la caravanera de Camaam (la cual está a un lado de Bet-lehem)» (V. M.).

Lucas habla del mesón donde María y José no encontraron lugar (Lc. 2:7). El mismo término «kataluma» se vuelve a hallar en Mr. 14:14 y en Lc. 22:11: «¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua...?» El término de Lc. 10:34, «pandocheion», parece indicar una instalación más completa, donde un mesonero puede dar las provisiones necesarias y dar algunos cuidados.

 MESOPOTAMIA

tip, PAIS

sit, a4, 324, 82

vet,

(gr.: «país entre los ríos»).

Término empleado en la LXX. En heb.: «Aram-Naharaïm». El nombre gr. es posterior a Alejandro Magno.

Los geógrafos griegos y romanos lo empleaban para designar todo el país situado entre el Tigris y el Éufrates, excepto las regiones montañosas donde se hallan las fuentes de ambos ríos y exceptuando asimismo, en el otro extremo, el final de la llanura babilónica. Dentro de estos límites se distinguen la alta Mesopotamia, accidentada, fértil, y la baja Mesopotamia, que es un desierto, sobre todo en las proximidades del Tigris. El nombre actual dado a Mesopotamia por los árabes es «Jerizeh» (la isla).

Había algunos judíos de Mesopotamia en Jerusalén el día de Pentecostés, cuando descendió el Espíritu Santo (Hch. 2:9).

Esteban sitúa Ur de los caldeos en Mesopotamia (Hch. 7:2). Los comentarios modernos dan también este sentido intenso al término Mesopotamia.

Esta región es de gran fertilidad, y produce, si se irriga, trigo, cebada, maíz, higos, dátiles, granadas, etc. En la antigüedad había todo un sistema de canales de irrigación que permitía el sustento de una densa población con un elevado grado de civilización. Grandes reyes como Rim-Sin de Larsa y Hammurabi de Babilonia se glorificaban por sus grandes obras en este aspecto.

Cuando la conquista de este país por los musulmanes en el siglo XIII d.C. y por los mongoles en aquel mismo siglo, todo el vasto sistema de canales desapareció. La región fue incendiada y quedó inhabitable debido al tórrido calor y a las tormentas de arena. Los turcos se apoderaron de esta región hasta la toma de Bagdad por los ingleses en 1917.

En la actualidad, este país recibe el nombre de Irak, y se han llevado a cabo grandes esfuerzos para restablecer el antiguo sistema de irrigación. Con ello, Irak había logrado una gran prosperidad material debido a sus ingresos por el petróleo, especialmente desde la crisis de 1973, que invirtió en una moderna estructura industrial-militar. Esta prosperidad, sin embargo, se desvaneció, y esta nación está en la actualidad postrada en lo económico, social y militar. Las causas deben encontrarse en lo siguiente. Entre 1980 y 1988, Irak estuvo en guerra con Irán, que degeneró a una guerra de desgaste. Acordado el alto el fuego en 1988, Irak quedó constituido como una gran potencia militar. Su intento en 1990 de anexión de Kuwait, una zona vital de producción petrolífera, llevó a una intervención de las fuerzas de la ONU (nucleadas en torno al liderazgo de los EE.UU., que, junto con otras potencias occidentales, sintió amenazados sus intereses económicos y estratégicos en la zona). Las posteriores sanciones impuestas por las Naciones Unidas a este país, en un intento de los Estados Unidos de desestabilizar su régimen político, lo han llevado a graves dificultades económicas y penurias de todo tipo entre la población. Sin embargo, las reservas latentes de esta nación siguen siendo considerables, y está llamada a tener un papel importante en el futuro profético.

De Mesopotamia a Egipto, pasando por los verdes valles de Siria y de la llanura costera de Palestina, se extiende lo que recibe el nombre de Creciente Fértil. Al sur y suroeste de estas tierras, cuna de los grandes imperios de la antigüedad, se halla el desierto de Siria, uno de los más áridos del mundo.

Cuando los reyes de Mesopotamia y de Egipto se hicieron poderosos, se extendieron el uno en dirección del otro, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra. El camino de paso obligado era a través de Palestina, que vino a ser el puente entre Mesopotamia y Egipto, y una encrucijada de una inmensa importancia estratégica.

 METAL

tip, META

ver, ORO, PLATA, COBRE, BRONCE, ESTAÑO, PLOMO, HIERRO, HORNOS

vet,

Los antiguos empleaban el oro, la plata, el cobre, el bronce, el estaño, el plomo (Nm. 31:22; véanse estos diferentes términos).

El oro, la plata y el cobre se podían separar por medios mecánicos de las gangas en las que estaban incrustados.

El bronce empezó a obtenerse mediante la fusión del cobre con casiterita, que es un óxido de estaño que se halla en yacimientos.

El hierro demanda ya un proceso de obtención mucho más elaborado. Se conocía ya en la antigüedad (véase HIERRO), pero el secreto de su obtención y manipulación era celosamente guardado (cfr. Gn. 4:22; Dt. 3:11; Jb. 19:24; 28:2; 39:23; 40:18; 41:27; con respecto al monopolio de la tecnología del hierro por parte de los filisteos, cfr. 1 S. 13:20, 21). En tell el-Hesi y en tell Yemme se han hallado hornos para fundición (véase HORNOS).

 MEUNIM

tip, BIOG

ver, NETINEOS

vet,

Padre de una familia que se dedicaba al servicio del templo (Esd. 2:50).

Los descendientes de Meunim son identificados por algunos exegetas como descendientes de Maón (2 Cr. 45); otros sostienen la identificación de estos sirvientes del templo como descendientes de prisioneros de guerra para hacer las tareas serviles, y procederían de la campaña de Simeón contra Gedor (1 Cr. 4: 39-41). Así, hubieran formado parte de los netineos (véase NETINEOS).

 MICAÍA

tip, BIOG SACE HOMB HOAT

ver, DAN

vet,

= «¿Quién es como Jehová?»

(a) Efrainita; hurtó mil cien siclos de plata a su madre, y después los restituyó. Su madre le dio entonces doscientos al fundidor para que hiciera una imagen de talla y un ídolo de metal, que puso en la casa de Micaía, confiando su culto a uno de sus hijos. Poco después le pidieron a un levita que iba de paso que se quedara como sacerdote de este culto degenerado. Micaía pensaba que un levita, aunque no tuviera la unción sacerdotal, podría tomar con ventaja a su hijo el efrainita. El levita aceptó, a cambio de dinero y de su sustento, celebrar estos ritos idolátricos, violando el segundo mandamiento. Después, los danitas, que se dirigían en un movimiento migratorio hacia el norte (véase DAN), persuadieron a este levita a que les siguiera, llevándose consigo, a pesar de las protestas de Micaía, su ídolo de fundición (Jue. 17 y 18).

(b) Levita que dio su asentimiento al pacto (Neh. 10:11).

(c) Hijo de Mefi-boset (2 S. 9:12).

(d) Descendiente de Rubén (1 Cr. 5:5) que vivió varias generaciones antes del año 734 a.C.

(e) Descendiente de Asaf y padre de Matanías (1 Cr. 9:15; Neh. 11:17; 12:35).

(f) Levita de la familia de Coat (1 Cr. 23:20; 24:24, 25), contemporáneo de David.

 MICAÍAS

tip, BIOG PROF SACE HOMB HOAT MUJE MUAT

vet,

= «¿Quién es como Jehová?»

(a) Profeta, hijo de Imla; Acab le ordenó, al igual que a los profetas de Baal, que dijera cuál sería el resultado de la expedición proyectada contra Ramot de Galaad. Miqueas comenzó prediciendo irónicamente lo que el rey quería oír; el rey, sin duda dándose cuenta del sarcasmo en el tono de su voz, le conminó a que le dijera qué era lo que iba a suceder. Entonces el profeta, en nombre de Jehová, anunció que Acab moriría en la batalla. El rey de Israel ordenó que Micaías fuera echado en la cárcel, y que fuera dejado a pan y agua, hasta que la victoria de los israelitas demostrara la falsedad de esta profecía (1 R. 22:8-28; 2 Cr. 18:6-27). Sin embargo, Acab murió conforme a la palabra Jehová dicha por Micaías.

(b) Madre del rey Abías de Judá (2 Cr. 13:2).

(c) Uno de los príncipes que envió el rey Josafat para enseñar la Ley en las ciudades de Judá (2 Cr. 17:7).

(d) Descendiente de Asaf (Neh. 12:35).

(e) Uno de los sacerdotes que hicieron sonar la trompeta con ocasión de la dedicación de los muros de Jerusalén (Neh. 12:41).

(f) Hijo de Gemarías. Bajo el reinado de Joacim, informó a los príncipes de Judá de las palabras de Jeremías, que Baruc había tomado al dictado y les había leído (Jer. 36:11-13).

 MICAL

tip, BIOG MUJE MUAT

vet,

= «¿Quién es como Dios?»

Hija menor del rey Saúl (1 S. 14:49). Cuando Saúl, al echarse atrás de su juramento, rehusó Merab, su hija mayor, a David, conoció el amor de Mical por el joven héroe; decidió entonces darle la menor, a condición de que diera muerte a un centenar de filisteos. David consiguió a Mical (1 S. 18:27, 28); ella lo ayudó más tarde a escapar de las maquinaciones de Saúl. En ausencia de David, al haber huido de las iras del rey, su padre la casó con otro hombre, traicionando las obligaciones que ella tenía hacia David (1 S. 25:44). Abner, general de Is-boset, se alió con David, que exigió la devolución de Mical (2 S. 3:15).

Cuando David devolvió el arca a Jerusalén, entró con ella danzando, arrebatado de un piadoso entusiasmo; Mical le reprochó con sarcasmo una actitud que ella consideraba humillante. David le respondió que él se había humillado ante Jehová, que seguiría haciéndolo, y que sus mismas siervas honrarían al rey. Mical murió sin hijos (2 S. 6:14-23). Con respecto a los hijos de Mical que se mencionan en 2 S. 21:8, eran evidentemente de su hermana Merab (cp. el anterior pasaje con 1 S. 18:19). Aquí debe haberse dado un error de copista, como lo sugiere la evidencia de algunos mss. hebreos.

 MICMAS

tip, LOCA

sit, a2, 379, 405

vet,

= «algo escondido».

Localidad cercana a la montaña de Bet-el (1 S. 13:2); al este de Bet-avén (1 S. 13:5), al norte de Geba (1 S. 14:5; Is. 10:28, 29).

Los filisteos acamparon en Micmas para combatir contra Saúl. Jonatán y su escudero tuvieron el valor de atravesar una escarpada garganta cuya cumbre estaba ocupada por los filisteos; el ejército de Israel los siguió y acabaron poniendo a los ejércitos de los filisteos en desbandada (1 S. 13:5-7, 15; 14:1-23).

Volvieron exiliados de Micmas del cautiverio babilónico (Esd. 2:27; Neh. 7:31). Eran benjamitas (Neh. 11:31).

Jonatán Macabeo se instaló en Micmas para juzgar (1 Mac. 9:73; Ant. 13:1, 6).

El desfiladero de Micmas se llama hoy Mukhmãs, término que sigue evocando el antiguo nombre. Se halla a 12 Km. al nor-noreste de Jerusalén, y a 5 Km. al sur-sureste de Bet-el. Mukhmãs es asimismo un pueblo pequeño; la garganta se puede identificar probablemente con el wadi es-Suweinît.

 MICTAM

tip, MUSI

vet,

Término hebreo de significado desconocido, que figura en el título de los Sal. 16 y de 56 a 69.

La LXX traduce: «escrito grabado» o «inscripción sobre una tableta». Otras traducciones sugieren «himno» o «poema».

 MIDRÁS

tip, LIBR MANU

vet,

(heb. «investigación», cfr. 2 Cr. 13: 22, donde este término se traduce «historia»; pl.: «midrashim»).

Recibe este nombre una serie de historias, sermones y comentarios, los más antiguos de los cuales pertenecen al siglo II d.C., y los más tardíos al siglo VI.

Hay una compilación de midrashim procedente del siglo XI, o, según otra autoridad, del XIII, que cubre todo el AT. Su título es Yalkut Shim'õnî. Hay varias otras colecciones de diversos de estos complementarios rabínicos. En ellos se sigue un cuádruple sistema de interpretación:

(a) el literal,

(b) la explicación alegórica,

(c) el comentario homilético,

(d) la enseñanza esotérica.

Así, a partir del sentido llano del texto, se consiguen aplicaciones de todo tipo, que van desde concepciones sobrias hasta las sumamente especulativas y carentes de una sólida base.

Bibliografía:

Gonzalo Maeso, D.: «Midrás», en Gran Enciclopedia Rialp (Rialp, Madrid, 1973);

Oko, A. S.: «Commentaries», en ISBE (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1946).

 MIDTRIBULACIONISMO

tip, DOCT ESCA

ver, ARMAGEDÓN, VENIDA (Segunda), MILENIO, JUICIO, TESALONICENSES (Epístolas), APOCALIPSIS, ARREBATAMIENTO, DANIEL (Libro), ESCATOLOGÍA, IGLESIA, ISRAEL, RESURRECCIÓN

vet,

En esta postura, la Iglesia es arrebatada a la mitad de la tribulación. Se asumen varios de los supuestos del postribulacionismo, pero se considera que el arrebatamiento está marcado en Ap. 11:12, 15, identificando a los dos testigos como un símbolo de los dos grupos de cristianos, los vivos y los muertos. Se asume también que la «última trompeta» de 1 Co. 15:52 es la misma que la séptima trompeta de Ap. 11:15, que suena en medio de la tribulación.

Véase TRIBULACIÓN (GRAN).

 MIEL

tip, ALIM LEYE

ver, LAVADURA

vet,

Sustancia sucrosa y siruposa fabricada por las abejas, y que transforman del néctar de las flores y frutos, almacenándola en las celdillas de un panal de cera (Jue. 14:8; Sal. 19:11).

La miel era un alimento muy apreciado, y ello especialmente porque sustituía al azúcar (Gn. 43:11; 2 S. 17:29); se comía directamente del panal, o se extraía de diversas maneras (Éx. 16:31; 1 S. 14:26).

Las abejas ponían sus panales de miel silvestre en hendiduras de rocas, en árboles, y otros lugares semejantes (Dt. 32:13; Jue. 14:8; 1 S. 14:25; Mt. 3:4).

Las ofrendas presentadas a Jehová, y destinadas a ser quemadas, no debían tener miel alguna, porque tiene la acción de una levadura y provoca la fermentación (véase LEVADURA, cfr. Lv. 2:11).

Se preparaba una especie de miel artificial, como una especie de jarabe, a base de dátiles (Guerras 4:8, 3).

El país de Canaán es descrito como manando leche y miel (Éx. 3:8, 17).

 MIES. Véase COSECHA.

 MIGDOL

tip, LUGA

sit, a4, 104, 304

vet,

= «torre».

(a) Campamento de los israelitas cuando huían de Egipto; estaba cerca del mar Rojo (cfr. Éx. 15:4, 22; Dt. 11:4); delante de Pihahirot y de Baal-zefón (Éx. 14:2; Nm. 33:7); posiblemente torre de atalaya.

(b) Cuando Nabucodonosor se apoderó de Jerusalén, hubo judíos que huyeron hacia Egipto y se instalaron en un lugar llamado Migdol (Jer. 44:1; 46:14). La mejor lectura de Éx. 29:10; 30:6 parece ser la que dice: «de Migdol hasta Sevene», como vierte la RVR.

Migdol, en el extremo norte de Egipto, puede ser identificada con Magdali de las tabletas de Tell el-Amarna; se corresponde con Magdolos en el Itinerarium Antonini, la actual Tell el-Heir, a 18 Km. al sur de Pelusa.

 MIGUEL

tip, BIOG ANGE

vet,

= «¿Quién como Dios?»

Arcángel, uno de los principales caudillos celestiales; ayudó al ángel resplandeciente vestido de lino a combatir contra el ser espiritual que era el príncipe detrás del reino de Persia (Dn. 10:13).

Miguel lucha en favor de Israel (Dn. 10:21; 12:1). Con sus ángeles, libra una guerra victoriosa contra los enemigos del pueblo de Dios (Ap. 12:7).

Después del exilio, los judíos elaboraron un extenso cuerpo de doctrina de angeología e hicieron de Miguel uno de los siete arcángeles (Tob. 12:15). Gabriel es el segundo (Dn. 8:16; 9:21); los apócrifos nombran otros cinco arcángeles: Rafael (Tob. 3:17), Uriel, Chamuel, Jofiel y Zadquiel.

Judas habla de Miguel disputando con Satanás sobre el cuerpo de Moisés (Jud. 9; cfr. 2 P. 2:11).

El Targum de Jonatán menciona este hecho a propósito de Dt. 34:6, y atribuye el enterramiento de Moisés a Miguel y a otros ángeles. 

 MILAGRO

tip, DOCT

vet,

(a) Definición.

El milagro es una intervención sobrenatural en el mundo externo, que aporta una revelación singular de la presencia y del poder de Dios. «Se trata, dentro de la acción ordinaria de las fuerzas de la naturaleza, de una interferencia del Autor de la naturaleza. Se trata de un acontecimiento que no resulta de una simple combinación de las fuerzas físicas, sino que proviene de un acto directo de la voluntad divina» (doctor Barnard, «Hastings Bible Dictionary», III, p. 384). En un sentido estricto, no se da el nombre de «milagro» a cualquier hecho o acontecimiento debido a causas sobrenaturales ni a coincidencias extraordinarias (calificadas en ocasiones de «providenciales»). Para la Biblia, toda la naturaleza depende totalmente del Creador; no se trata de un universo puramente material gobernado por «leyes inmutables». Bien al contrario, «todo acontecimiento natural es considerado sencillamente como un acto de la libre voluntad de Dios, sea la lluvia o el sol, los temblores de tierra o cualquier otra cosa. Así, la esencia del milagro no es que sea "sobrenatural", sino que constituye una prueba clara y singularmente notable del poder de Dios y de la libertad que usa para cumplir sus propósitos» (Schultz, «Old Testament Theology», II, PP. 192-193).

(b) Posibilidad de los milagros.

Para el que cree en un Dios personal, la posibilidad de los milagros no le causa problema alguno. Se podría comparar la intervención milagrosa del Señor en el mundo físico a la de la voluntad y al hombre utilizando su fuerza muscular para controlar y neutralizar la «ley de la gravedad», sosteniendo un objeto, o contrarrestando cualquier otra «ley de la naturaleza». En realidad, lo que debería de ser explicado es la ausencia de milagros por parte de Aquel que lo sostiene, controla y dirige todo; Cristo se proclama la fuente de vida y salvación, y Él lo sustenta todo por la palabra de su potencia (cfr. Col. 1:16, 17; He. 1:2, 3). La negación de la posibilidad misma de los milagros proviene, en el fondo, de una postura atea (Dios no existe, no puede por tanto manifestarse), y del panteísmo (no es un Ser personal y no sabría intervenir inteligentemente).

Todo creyente que ha sentido en su fuero interno la experiencia de la verdad del Evangelio y de la acción regeneradora del Espíritu Santo sabe personalmente algo del poder de Dios y de la realidad de su revelación; no le cuesta nada admitir las otras intervenciones divinas, tan íntimamente ligadas a la historia de la salvación. Junto con el que había sido ciego de nacimiento, puede decir: «Una cosa sé, que yo era ciego, y ahora veo» (Jn. 9:25). Sabe que es una nueva criatura, por cuanto se ha operado en él el milagro del nuevo nacimiento (2 Co. 5:17; Jn. 3:3-8). Puede dar crédito, no sólo al Autor de todos los milagros posibles, sino también a los relatos inspirados que Él ha tenido a bien darnos.

(c) Actos de potencia, prodigios y señales.

Véase SEÑALES.

(d) Efecto e insuficiencia de los milagros.

Los milagros, manifestación del poder y de la intervención de Dios, se dan para impresionar al hombre y para ayudarle a creer. Después de haber dado señales patentes de su naturaleza y misión divinas, Jesús afirma a sus interlocutores que debían creer a causa de las obras mismas (Jn. 10:25, 37-38). Afirma que ellas dan suficiente testimonio de su autoridad, y lanza reproches contra aquellos que no aceptan el testimonio (Mt. 11:3-5, 20-21; 12:28; Jn. 5:36; 14:11; 15:24; 20:30-31).

Sin embargo, los milagros no pueden sustituir a la fe en modo alguno. Faraón, que había exigido un milagro para creer, rehusó dejarse convencer a pesar de todas las evidencias (Éx. 7:9, 13, 22-23; 11:9-10, etc.). Los contemporáneos de Cristo que habían visto, y demandado, tantas señales sobrenaturales, endurecieron sus oídos y cerraron sus ojos a fin de no ser ganados (Jn. 12:37-40; Mt. 13:13-15). Hay una búsqueda de milagros que procede de la carne y no de la fe, la de los judíos anteriormente citados (Mr. 8:11, 12; Jn. 2:18; cfr. 1 Co. 1:22) y la de Herodes por ejemplo (Lc. 23:8). A Estos les dice Jesús, en tono de reproche, «Si no viereis señales y prodigios no creeréis» (Jn. 4:48). En realidad, es el creyente (o el que esté dispuesto a creer) el que ve el milagro, y saca de él un beneficio espiritual: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn. 11:40; Mt. 9:29). Por otra parte, el Señor no llevó a cabo ningún milagro en medio de la incredulidad (Mt. 13:54, 58).

(e) Épocas de manifestaciones milagrosas.

Es notable observar que en la Biblia los milagros aparecen de una manera casi exclusiva en los siguientes períodos:

(A) En la época de Moisés y de Josué, para confirmar la liberación del pueblo elegido, la promulgación de la Ley y del Pacto, el establecimiento del culto al Dios único y verdadero y la conquista de la Tierra Prometida.

(B) Durante el ministerio de Elías y Eliseo, para sostener a los creyentes en una lucha implacable contra el triunfante paganismo.

(C) Durante el exilio, salvaguardando Dios la fe de los deportados, al manifestar su poderío y superioridad sobre los dioses paganos, mediante la ayuda prestada a Daniel y a sus amigos.

(D) Al comienzo del cristianismo, para acreditar la persona del Hijo de Dios y su obra de salvación; para confirmar el fundamento de la Iglesia y la misión de los apóstoles; para apoyar el paso desde el Antiguo al Nuevo Pacto, y para demostrar la excelencia del Evangelio en medio del mundo antiguo, idólatra y corrompido (He. 2:3-4; Ro. 15:18-19; 2 Co. 12:12).

Fuera de estos períodos, vivieron notables siervos de Dios sin que llevaran a cabo milagros concretos; a propósito de esto se puede citar a Abraham, David y muchos eminentes. Del mismo Juan el Bautista se llega a decir a la vez que él fue el más grande de los hombres del Antiguo Pacto, y que sin embargo no había llevado a cabo milagro alguno (Mt. 11:11; Jn. 10:41).

(f) Los milagros y nuestra época.

Es cierto que Dios es siempre capaz de llevar a cabo milagros, y que el Espíritu puede otorgar a ciertos hombres el don de llevar a cabo milagros y curaciones (1 Co. 12:9-10, 28-30). Sin embargo, es menester que no nos olvidemos de que tales manifestaciones tienen que estar en pleno acuerdo con la Palabra de Dios, y que, por otra parte, se han hallado ausentes en ciertas épocas, incluso de avivamiento, y del ministerio de muy eminentes servidores de Dios (los reformadores Hudson Taylor, Spurgeon, Moody, por citar sólo unos pocos). Además, sería erróneo aplicar el término «milagroso» sólo a los dones de curación, de milagros y de lenguas. Cada manifestación del Espíritu, por serlo, es sobrenatural, y por ello el ejercicio poderoso de un don de sabiduría, de conocimiento, de fe, de discernimiento, de enseñanza, etc., es asimismo milagroso.

(g) Milagros falsos.

El poder de Satanás está en actividad sin cesar, y la Biblia nos pone constantemente en guardia contra él. Los magos de Egipto se mostraron capaces de imitar hasta cierto nivel algunos de los milagros llevados a cabo por Moisés (Éx. 7:11, 22; 8:3; cfr. v. 14). Simón el Mago tenía atónita a toda Samaria por sus actos de magia (Hch. 8:9-11), y Lucas cita a otro mago llamado Elimas (Hch. 13:6-12). Menciona también los libros usados para el ejercicio de las artes mágicas (Hch. 19:19). Es evidente que entonces, como ahora, se daba una buena parte de superchería en estas prácticas mágicas. Pero Cristo y sus apóstoles hablan abiertamente acerca de los grandes prodigios y de los milagros llevados a cabo por los falsos profetas, con el objetivo de seducir incluso, si fuera posible, a los mismos elegidos (Mt. 24:24). Estas señales engañosas serán una característica clara de la carrera del Anticristo y del fin de los tiempos; ahora, como entonces, son suscitados por el poder de Satanás (2 Ts. 2:9-12; 1 Ti. 4:1-2; Ap. 13:13-15).

Sistema para discernir los milagros verdaderos de los falsos.

Se debe utilizar la piedra de toque de la palabra de Dios. Si una señal contradice los mandamientos divinos, tiene que ser rechazada resueltamente (Dt. 13:1-5). Si con ello se busca la gloria y la ventaja personal del hombre, no ha sido dado en el espíritu de Cristo, que nunca efectuó un solo milagro para Sí mismo (cfr. asimismo 1 Co. 12:6). Los milagros auténticos manifiestan la grandeza y la santidad de Dios, por lo que de Él no pueden venir prodigios absurdos y pueriles (p. ej., los de los Evangelios Apócrifos y los de la «leyenda de los santos» de la Edad Media). También deben ser rechazados aquellos que pretendan apoyar dogmas antibíblicos, como la transubstanciación, la inmaculada concepción de María, o la doctrina del purgatorio.

En nuestra época cercana al fin abundan los prodigios engañosos en el mundo religioso y ocultista. El cristiano se debe armar decididamente de la fe que recibe el verdadero milagro, y del discernimiento que rechaza las tretas del enemigo. El Señor, en un día venidero, echará de su presencia a muchos que pretenderán haber llevado a cabo milagros en su nombre (Mt. 7:22-23).

 

Bibliografía:

Anderson, Sir R.: «El Silencio de Dios» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1983);

Darby, J. N.: «Miracles and Infidelity», en The Collected Writings of J. N. Darby (Ed. W. Kelly, Stow Hill Bible and Tract Depot, Kingston-upon-Thames, 1966, PP. 163-217);

Habershon, A. R.: «The Study of the Miracles» (Kregel Pub., Grand Rapids, 1957);

Lewis, C. S.: «Miracles» (Collins-Fount Paperbacks, Glasgow, 1978);

Trench, arzobispo R. C.: «Notes on the Miracles of our Lord» (Kegan, Londres, 1902).

 MILENIO

tip, ESCA

ver, LEVADURA, ISRAEL, APOCALIPSIS, DANIEL, RESURRECCIÓN

vet,

(lat. «mil años», expresión surgida de Ap. 20:1-7).

Era de esta duración en la que Cristo, después de su retorno, hará reinar la justicia y la paz sobre la tierra. El AT no cesa de anunciar el reino glorioso que el Mesías instaurará aquí en la tierra. De la misma manera que creemos en el cumplimiento literal de las profecías que tratan de los sufrimientos del Señor, no hay razón objetiva alguna para rechazar las promesas concernientes a Israel, los grandes juicios del fin, y el triunfo visible de Jesucristo sobre la tierra. En efecto, el reino de Cristo ha de llenar «toda la tierra», es decir, el mismo espacio ocupado por los imperios de las naciones (Dn. 2:35; 38-39; 7:27; Sal. 72:8-11). A Jesucristo le ha sido prometido «el trono de David su padre», que jamás ha estado situado en el cielo (Lc. 1:32; cfr. Hch. 1:6). Los elegidos reinarán al principio con Él «sobre la tierra» (Ap. 5:10; 20;4 b, 6), antes de ser transportados a los nuevos cielos y la nueva tierra.

Con respecto al milenio, hay tres puntos de vista principales:

(a) Los postmilenialistas.

Los postmilenialistas enseñan que la Primera Venida de Cristo y las conquistas del Evangelio han atado a Satanás de tal manera, que la humanidad está lentamente introduciéndose en su Edad de Oro mediante la actuación de la Iglesia. El Señor sólo tendrá que venir para introducirla en la eternidad. Ésta es la concepción sostenida por la Iglesia de Roma y por una buena cantidad de iglesias protestantes, para las que el término «mil años» presenta simbólicamente un período largo de duración indeterminada, que cubre algo más de la era de la iglesia militante. Después de las dos Guerras Mundiales, de los campos de exterminio y del terror atómico, parece bien difícil admitir esta interpretación; más bien parecería que si Satanás ya está atado en la actualidad, como proponen los postmilenialistas, su cadena es realmente muy larga. En todo caso, el optimismo de esta postura, que mantiene una mejora de la humanidad en constante progresión, por la que la Iglesia introduce el reino de Dios sobre la tierra, está reñida con toda la enseñanza del NT, que proclama la caída en una apostasía general del cristianismo profesante, y una intervención cataclísmica de Cristo, con tremendos juicios, antes de la violenta instauración de su reinado (cfr. Lc. 17:20-27; 18:8; Mt. 13 y cfr. LEVADURA con respecto a la interpretación de esta parábola; Ro. 11 :11-24 ss.; 2 Ts. 2:1-12, esp. v. 7; 1 Ti, 4:1-4; 2 Ti. 3:1-14; 4:1-7; 2 P. 2:3; Judas); todo el libro de Apocalipsis es evidencia de que la humanidad no será ganada a Cristo por el Evangelio; de hecho, sólo será en la era futura que grandes masas serán alcanzadas por el Evangelio (cfr. también Hch. 20:28-32). El cuadro que presenta el NT es, no el de un avance triunfante de la Iglesia hasta que el mundo quede listo para la venida del Señor Jesucristo, sino un deslizamiento más y más acusado hacia la apostasía, y una venida del Señor para reinar introducida por juicios (cfr. Is. 26:9; «luego que hay juicios justos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia»).

(b) Los amilenialistas.

Los amilenialistas creen que no se debe esperar ningún reino visible del Señor. Todas las promesas del AT acerca del Reino son espiritualizadas en favor de la Iglesia, y «Sión» representa simplemente a la Jerusalén celestial. Según esta postura, no hay porvenir nacional alguno para Israel: el retorno de los judíos a Palestina no tiene relación alguna con las profecías, y su restauración y conversión a nivel nacional no son nada más que una vana esperanza (cfr. sin embargo Ro. 11:11-15, 25-26; Jer. caps. 30, 31, 32, 33; Ez. caps. 36-48; Zac. 12:10; 13:8-9; véase asimismo ISRAEL). En la teoría amilenialista las seis menciones de los mil años en Ap. 20:2-7 son reducidas a un simbolismo del actual período de la Iglesia. Sin embargo, esta teoría afronta dificultades exegéticas serias para explicar el significado de las resurrecciones en este pasaje. La mayoría de expositores amilenialistas «espiritualiza» la Primera Resurrección antes de los mil años, manteniendo, sin embargo, que en el v. 5 sí se trata de un verdadero «volver a la vida» (Berkhof: «Teología Sistemática», p. 871). Ésta es la postura general, de la que sin embargo difiere Hoekema, que espiritualiza todo el pasaje, y sitúa la resurrección general sólo en Ap. 20:11-13 (Hoekema: «Amillenialism», en «The Meaning of the Millenium», editor R. G. Clouse, PP. 167-172, véase Bibliografía). Tampoco queda explicado de manera satisfactoria, con esta teoría, el encadenamiento de Satanás. Además, en tanto que en el AT los anuncios de juicio sobre la nación de Israel como nación van seguidos de maravillosas promesas de redención y de salvación asimismo a nivel nacional (cfr. Jer. 7-25 y 27-29 con 30-33; Ez. 11:1-13 con 14-25, etc.), en cambio en el amilenialismo se aplican a Israel sólo los juicios, en tanto que las promesas de bendición a Judá e Israel se aplican a la Iglesia. Finalmente, el reinado de Cristo con sus santos, que el postmilenialismo aplica a esta edad de la Iglesia sobre la tierra, el amilenialismo, según uno de sus más destacados exponentes, lo aplica a un reinado de las almas de los santos en la era presente, con Cristo, en los cielos (Hoekema, obra cit., p. 150). Pero esta postura se basa en la espiritualización de la «Primera Resurrección». Si esta espiritualización se puede mostrar carente de una verdadera base exegética, la teoría amilenialista se enfrenta entonces a una dificultad básica fatal.

(c) Los premilenialistas.

Los premilenialistas admiten que Jesucristo vendrá antes del milenio. Es patente que la humanidad ha fracasado; ningún esfuerzo de las naciones ni de las iglesias puede conseguir el establecimiento del reino de Dios (o era de oro) en el mundo (cfr. Dn. 2:34, 44). Su venida cumplirá el plan divino aparentemente frustrado por la caída del hombre en el Edén. El Señor vindicará su nombre no sólo en juicio con la perdición de los impíos, sino también convirtiendo la tierra en un vergel. La oposición que muchos presentan al premilenialismo nace sobre todo de la idea de que un reino en el que Israel tenga un papel que jugar significaría un retroceso en cuanto a la salvación espiritual conseguida por la muerte, resurrección y ascensión de Cristo. Pero no hay razón para mantener tal posición. No hay tal retroceso. El Rey. está ahora rechazado por los suyos y por el mundo (Jn. 1:10, 11; Ro. 11:25-36). Sin embargo, su obra en la cruz es la base para el perdón y aceptación de todos los que a Él se allegan. Los que lo aceptan ahora en el tiempo de su humillación, reinarán con Él en el día de su exaltación (2 Ti. 2:12). En su venida, el Señor rechazado será reconocido (Zac. 12:10; cfr. Fil. 2:5-11), y reinará desde Sión (Zac. 14). La actual situación, con Israel rechazado y el cristianismo verdadero siguiendo a un Señor rechazado, y por ello rechazado con Él (Jn. 15:20), es anómala. Se puede asimilar a la figura profética de David, rechazado y perseguido por el Israel oficial de su época. Su situación de proscrito por Saúl, acompañado en su rechazamiento por un puñado de fieles, que a su accesión al trono reinaron con él, puede asimilarse a la del Señor Jesucristo, proscrito por el Israel oficial de su época y que, mientras espera que el Padre ponga sus enemigos por estrado de sus pies, es seguido por una compañía de fieles que sufren con Él, y que reinarán con Él. Esta situación no es ni puede ser la definitiva, como marcan las Escrituras, sino que Cristo ha de reinar todavía, y ha de ser aceptado, así como han de ser reconocidos y vindicados aquellos que han sufrido con Él, en un reinado de paz y de justicia universales, en el que se cumplirán todas las promesas de restauración y de regeneración, así como se cumplieron las anteriores amenazas de juicio y de desolación sobre Israel y tantas naciones.

Para un examen exegético de la literalidad de las resurrecciones en Ap. 20:1-7 y del milenio interpuesto entre la primera resurrección y la resurrección de condenación, véase Ryrie, C.C.: «Las bases de la fe premilenial» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1984, PP. 189-204) y especialmente el libro «The Meaning of the Millenium», ed. por Clouse (ver Bibliografía), en el que se debate esta cuestión. Se puede indicar, sin embargo, que, como bien dice Ladd, la expresión «volvieron a vivir» (Ap. 20:45 gr. «ezêsan») sólo se usa en todo el resto del NT de resurrección («The Meaning...», p. 190).

 

Características del milenio:

(a) Satanás estará entonces atado e impedido de seducir a las naciones (Ap. 20:1-3)

(b) Un juicio determinará quiénes serán los súbditos del reino (Ap. 20:4 cfr. Mt. 25:31-34).

(c) Los que han tenido parte en la primera resurrección (los «jueces» y los mártires de la tribulación), reinarán con el Señor (Ap. 20:4, 6; 2:26-27; Dn. 7:27; 1 Co. 6:23)

(d) Este reino dura mil años (en base a la cifra seis veces repetida en Ap. 20:2-7)

(e) Por fin se establece la paz en esta escena (Is. 2:2, 4; 9:5-6) junto con la justicia y la igualdad (Is. 11:1-9).

(f) La presencia del Señor es manifestada de una manera gloriosa (Is. 11:10; 24:21-23)

(g) Los súbditos del reino conocen una gran longevidad y una inmensa prosperidad (Is. 65:18-25).

(h) Con todo, el Señor rige con cetro de hierro, el mal no es ya más pasado por alto en paciencia y los que pecan abiertamente mueren, alcanzados por la maldición (Is. 11:4; 65:20).

(i) Los judíos convertidos vienen a ser los misioneros en toda la tierra (Is. 66:18-20).

(j) El final del milenio es frustrante, ¿A qué se debe que Satanás sea desatado? (Ap. 20:3, 7-9): Es para que los súbditos de este reino de bendición, pero autoritario, puedan decidirse libremente por o en contra de Dios (de la misma manera que todas las criaturas, humanas y celestiales, han sido tentadas antes que ellos). La lamentable elección de muchos de ellos muestra que el malvado corazón del hombre caído no se mejora en mil años de bendición, de prosperidad y paz. Después de esta exhibición de rebelión y del castigo divino, la tierra y los cielos actuales son destruidos para dar lugar al estado eterno (Ap. 20:11; 21:1). (Véanse APOCALIPSIS, DANIEL, RESURRECCIÓN.)

 

Bibliografía:

Clouse, R., editor: «The Meaning of the Millenium-Four Views», con contribuciones de George Eldon Ladd, Herman A. Hoyt, Loraine Boettner, Anthony A. Hoekema (Intervarsity Press, Downers Grove, Illinois, 1977; hay versión en castellano: «El milenio», Ed. Mundo Hispano;

Chatter, E. H. «The Coming and Reign of our Lord Jesus Chríst» (Ralph E. Welch Foundation, Orange, Calif., 1963);

Feinberg, C. L.: «Millenialism-The Two Major Views» (Moody Press, Chicago, 1936/1980);

Lacueva, F.: «Escatología» II (Clíe, Terrassa, 1983);

Payne, J. B.: «Encyclopedia of Biblical Prophecy» (Harper and Row, Publishers, New York, 1973);

Pentecost, J. D.: «Eventos del Porvenir» (Editorial Libertador, Maracaibo, 1977);

Peters, G. H. N. «The Theocratic Kingdom» (Kregel Pub., Grand Rapids, 1978, reimpr. 1884);

Ryrie, C. C.: «Las bases de la fe premilenial» (Pub. Portavoz Evangélico, Grand Rapids, Michigan, 1984);

Tan, P. L.: «The interpretation of Prophecy» (BMH Books, Winona Lake, Indiana, 1974);

Trotter, W.: «Plain Papers on Prophetic and other Subjects» (Bible Truth Pub., Oak Park, Illinois, s/f);

Walvoord, J. F.: «The Millenial Kingdom» (Zondervan Pub. House, Grand Rapids, Michigan, 1959);

West, N.: «The Thousand Years in Both Testaments» (Kregel Publications, reimpres. edición 1889, s/f).

 MILETO

tip, PUEM CIUD

sit, a9, 356, 229

vet,

Puerto marítimo donde Pablo se detuvo (Hch. 20:15). De allí, el apóstol hizo llamar a los ancianos de Éfeso, para despedirse de ellos de una manera solemne (Hch. 20:17-38). En 2 Ti. 4:20 dice el apóstol Pablo que había dejado a Trófimo enfermo en Mileto.

Esta importante ciudad de Jonia se hallaba a alrededor de 60 Km. al sur de Éfeso, en los confines de la Caria y sobre la ribera meridional de la bahía de Latmus en la que desembocaba el Menandro.

En esta ciudad nacieron los filósofos Tales, Demócrito y Anaximandro. Había allí un célebre templo dedicado a Apolo y un magnífico teatro.

 MILO

tip, LUGA

ver, JERUSALÉN

sit, a2, 347, 200

vet,

(heb. «millõ'», generalmente interpretado como «llenado», como una torre sólida o un gran relleno abaluartado; en heb. siempre aparece con el artículo).

(a) Lugar cercano a Siquem; prob. una fortaleza (Jue. 9:6, 20).

(b) En la época de David, bastión de Jerusalén, reconstruido por Salomón; Ezequías, previendo la invasión asiria, fortificó el Milo (2 S. 5:9; 1 R. 9:15, 24; 11:27; 2 Cr. 32:5). (Véase JERUSALÉN, c.)

 MILLA

tip, MEDI

ver, PESOS Y MEDIDAS

vet,

(gr. «milion»).

Medida de longitud equivalente a 3.200 codos, alrededor de 1.480 metros (Mt. 5:41). (Véase PESOS Y MEDIDAS.)

 MILLAR

tip, EJER

vet,

División de la tribu israelita, consistente en mil hombres capaces de llevar las armas (Nm. 31:5; Jos. 22:14).

Este nombre variaba, evidentemente, según las circunstancias: nacimientos, muertes, etc. Los hombres así agrupados quedan afectos al ejército o a otras funciones, incluso las judiciales (Éx. 18:21, 25; Nm. 31:14; 1 S. 8:12; 22:7; 2 S. 18:1).

Estos millares se correspondían quizá con las casas patriarcales y sus príncipes (cfr. Nm. 1:2, 4, 16; Jue. 6:15; 1 S. 10:19, 21).

 MILLO

tip, ALIM FLOR

vet,

Gramínea usada como cereal («Panicum miliaceum»; heb. «dohan»; ár. «duhn»).

El Señor ordenó a Ezequiel que preparara un pan de diversos cereales y que añadiera millo a ellos (Ez. 4:9).

Esta planta es asimismo muy empleada en el oeste y sur de Asia, en el norte de África y al sur de Europa. Su caña constituye un excelente forraje; el grano se usa para el engorde de la volatería y asimismo para el consumo humano directo.

El término heb. «dohan» quizá designaba también otras especies de cereales, particularmente el «Sorghum vulgare» o millo de la India, gramínea más alta, muy cultivada en la India y en el Asia suroccidental con el nombre de doura.

 MINA

tip, MEDI

ver, PESOS Y MEDIDAS, MENE, SICLOS

vet,

(gr. «mnã»; heb. «mãneh», que viene de la raíz de contar; véase MENE).

Su valor varía en distintos países y épocas.

En el Museo Británico se conservan minas que pesan entre 423 y 570 g., en tanto que la mina babilónica media no pesaba más de 505 g.

Hay también incertidumbre en cuanto a la cantidad de siclos en que se dividía. Parece que en Babilonia se dividía en 50 siclos, en tanto que la división judía era de 60 siclos por mina (véanse SICLOS y PESOS Y MEDIDAS.)

 MINERALES DE LA BIBLIA

tip, META

vet,

La ciencia de mineralogía es de época muy reciente, y no existía en tiempos antiguos. Se hace imposible tener certeza de que el nombre de un mineral usado en la Biblia es usado con el mismo significado en la moderna mineralogía. Los siguientes metales son mencionados en la Biblia:

(a) Piedras preciosas:

ágata (Éx. 28:19);

amatista (Éx. 28:19; Ap. 21:20);

bedelio (Nm. 11:7);

berilo (Dn. 10:6);

calcedonia (ágata) (Ap. 21:19);

carbunclo (Is. 54:12);

coral (Jb. 28:18);

coralina (sardio) (Ap. 4:3);

cornerina (Ez. 28:13);

crisólito (Ap. 21:20);

crisopraso (Ap. 21:20);

diamante (Éx. 28:18);

esmeralda (Éx. 28:18);

jacinto (Éx. 28:19);

jaspe (Éx. 28:13);

ónice (Gn. 2:12);

pedernal (Éx. 4:25);

perlas (Jb. 28:18);

rubíes (Éx. 27:16);

sardio (Éx. 28:17);

topacio (Éx. 28:17);

zafiro (Éx. 24:10).

(b) Metales:

cobre o «bronce» (Gn. 4:22);

escoria (Sal. 119:119);

estaño (Nm. 31:22);

hierro (Nm. 31:22);

oro (Gn. 2:11, 12);

plata (Mt. 10:9);

plomo (Éx. 15:16).

(c) Minerales ordinarios:

agua;

alabastro (Mt. 26:7);

azufre (Gn. 19:24);

mármol (1 Cr. 29:2).

 

 MINERÍA

tip, META

vet,

En Jb. 28:1-11 se describe de una manera gráfica la extracción de oro, plata, hierro, cobre y piedras preciosas.

Los egipcios explotaban los minerales ya en época muy temprana. Bajo la IV Dinastía descubrieron cobre en el Wadi Maghãrah, en el Sinaí, y comenzaron los trabajos de extracción y fundición, que continuaron a lo largo de muchos años. Los egipcios explotaron también los yacimientos de turquesas de Serabit el-Khadem, en la península del Sinaí, a alrededor de 80 Km. del monte Sinaí tradicional. Criminales, prisioneros de guerra y esclavos, frecuentemente encadenados, trabajaban bajo el látigo de los capataces. Las minas tenían grandes orificios y profundos pozos. Las bóvedas de las galerías de las minas serán sostenidas mediante columnas talladas en piedra y con armazones de madera de acacia.

En 1 Mac. 8:3 se mencionan las minas de oro y plata de España.

En Dt. 8:9 se describe Canaán como un país donde las piedras son de hierro y cuyas montañas dan cobre.

Los israelitas conocían la técnica de perforación de pozos y galerías (p. ej., perforaron el túnel de la Fuente de la Virgen al estanque de Siloé). En Ezión-geber, base naval bajo el reinado de Salomón y también bajo Josafat, fue, en el reinado del primero, un centro de fundición, forja y transformación de productos semiacabados o acabados de los minerales extraídos de las minas de hierro y cobre del Arabá.

 MINISTERIO

ver, ESCLAVO, DIÁCONO, IGLESIA

vet,

(a) Acto de ministrar o servir. En heb., el que sirve es denominado con el término «ebed», que implica un servicio voluntario u obligatorio, y designa a todos aquellos que tienen que servir; el prisionero de guerra, el esclavo comprado, el funcionario privilegiado de un soberano, y también el adorador de Jehová (cfr. Gn. 39:1 con Gn. 41:12; 40:20; Éx. 32:13; Hch. 16:17). Los orientales se consideran servidores de un superior, o de Dios (Gn. 32:4, 20; 50:18; Dt. 3:24; 2 S. 9:2; Lc. 2:29; Hch. 4:29). En hebreo se aplica asimismo el término de servidor a un pueblo vencido y sometido a tributo (2 S. 8:2). Dios da el nombre de ministros o servidores a aquellos que lo adoran (Gn. 26:24; Nm. 12:7; 2 S. 7:5. Véase ESCLAVO.)

(b) Aquel que ayuda a una gran personalidad. En heb. es «m'shareth»; gr. «huperetes».

José, esclavo, servía a su dueño, el cual le había confiado la administración de sus bienes (Gn. 39:4).

Abisag ocupaba un puesto de honor en su servicio a David (1 R. 1:4, 15).

Josué acompañó a Moisés, cuidándose del primer tabernáculo, sucediéndole después en el caudillaje de Israel (Éx. 24:13; 33:11; Jos. 1:1).

Eliseo era el ayudante de Elías, vertiendo agua en sus manos, y vino a ser profeta a su vez (1 R. 19:21; 2 R. 3:11).

El ministro de la sinagoga ayudaba a los que enseñaban (Lc. 4:20).

Los discípulos recibían las instrucciones de Cristo y vinieron a ser los ministros (servidores) del Evangelio (Lc. 1:2; Hch. 1:2; 26:16).

Juan-Marcos fue el ayudante de Pablo y de Bernabé durante una parte de su primer viaje misionero (Hch. 13:5).

(c) Ministro de Dios o del Estado (heb. «m'shareth», gr. «leitourgos»).

Entre ellos se hallan los sacerdotes y levitas al servicio del santuario (Éx. 28:43; Nm. 3:31; Dt. 18:5; Is. 61:1; cfr. LXX; Lc. 1:23; He. 9:21).

Cristo también recibe este nombre como sumo sacerdote celestial (He. 8:2).

Pablo también, como anunciador del Evangelio a los paganos (Ro. 15:16).

El término se aplica asimismo a un magistrado (Hch. 13:6);

designa en ocasiones a los miembros de una corte (1 R. 10:5) y

también en ocasiones a un gran personaje (2 Cr. 22:8; Est. 1:10).

Los ángeles reciben el nombre de servidores (Sal. 103:21; 104:4).

(d) Los que, estando al servicio de alguien, lo representan y asumen el cuidado de sus intereses; gr. «diakonos». Primitivamente este término no designaba a un servidor de los pobres, sino más bien a un magistrado, a un ministro de Dios, ejerciendo la justicia y castigando a aquellos que hacían el mal (Ro. 13:4). Este término se aplica particularmente a los predicadores del Evangelio:

Timoteo (1 Ts. 3:2),

Pablo y Apolo (1 Co. 3:5),

Tíquico (Ef. 6:21),

Epafras (Col. 1:17).

En el NT se emplea «diakonos» también en el sentido restringido de diácono, encargado de ejercitar en una iglesia funciones especiales distintas de las de un presbítero. (Véase DIÁCONO; para una consideración adicional y bibliografía, véase bajo el artículo IGLESIA.)

 MIQUEAS

tip, BIOG PROF HOMB HOAT

vet,

= «¿Quién como Jehová?»

Profeta y autor del Libro de Miqueas. Aparentemente originario de Moreset-gat (Mi. 1:14), indudablemente en Judá, no lejos de Gat, la ciudad filistea de la que dependió el pueblo natal de Miqueas durante un cierto tiempo. Profetizó durante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequías (Mi. 1:1; Jer. 26:18); inició su carrera poco después de Oseas e Isaías, contemporáneos suyos (Mi. 1:1; cfr. Is. 1:1; Os. 1:1). Miqueas, más próximo a Isaías, trata los mismos grandes temas que él, como acertadamente señaló Calvino.

 MIQUEAS (Libro)

tip, LIBR LIAT

ver, EGIPTO, MARDIKH

vet,

Es el sexto de los profetas menores.

(a) ESTILO.

Su estilo es sencillo, elegante, directo, El profeta denuncia abiertamente el pecado (Mi. 1:5; 2:1, 2; 6:10-12). Las transiciones son a menudo bruscas, pero casi siempre se puede discernir la razón. Miqueas arroja interrogantes (Mi. 1:5; 2:7; 4:9; 6:3, 6, 7, 10, 11), ironiza (Mi. 2:11), emplea una metáfora, la prolonga (Mi. 1:6; 3:2, 3, 6; 4:6-8, 13; 6:10, 11, 14, 15). Es aficionado a los juegos de palabras, usándolos abundantemente en el primer capítulo, y quizás aparece uno en el último párrafo del libro. Su discurso, de alabanza a Jehová, se basa en la pregunta: «¿Qué Dios como tú?», frase que se corresponde, en heb., con el nombre Miqueas.

La fe de Miqueas se apoya sobre lo que conoce de Dios por su ley y por su manera de actuar hacia el pueblo y hacia los individuos (Mi. 2:7; 6:3-5; 7:15). El Señor, juez justo, ama la misericordia. Demanda que su pueblo practique la justicia y la caridad. El profeta exhibe fuerza y valor envuelto en las promesas divinas. Sabe que la seguridad de Israel reposa sobre el pacto de Dios con su pueblo, sobre la promesa de la salvación hecha a Abraham (Mi. 7:20) y que se centra sobre el Hijo de David (Mi. 5:2-6; cfr. Lc. 1:72-75). Los enemigos del Reino no podrían prevalecer. El cap. 5 se basa sobre la misma verdad mesiánica que la del Sal. 2; tiene como fundamento las declaraciones de Dios, al igual que el sublime mensaje de perdón y de restauración de Mi. 7:8-20.

 

(b) FECHA.

La profecía comienza bajo Jotam (Mi. 1:1) y se extiende desde el año 745 hasta el 715 a.C. El contexto demuestra que, siendo posterior a Omri y a Acab (Mi. 6:16), data de la época en que Israel temía el poder amenazador de Asiria (Mi. 5:5, 6). El libro fue escrito, al menos parcialmente, durante la época en que Samaria y el reino del norte existían aún (Mi. 1:6, 14). En cuanto a Mi. 1:5-7, no se puede determinar cuánto tiempo antes de la caída de Samaria fueron pronunciadas estas palabras. En efecto, desde la época de Uzías y de Jotam, los profetas anunciaron que era inminente el juicio de Samaria (Os. 1:6; 3:4; 5:9; Am. 2:6; 3:12; 5:1-3, 27; 6:1, 7-11, 14; Is. 7:8, 9; 8:4), y que Judá sería devastado (Os. 5:10; Am. 2:4; Jl. 6:1, 11-13; 7:17-25). La alusión a la devastación de Basán y de Galaad podría ser indicación de un período posterior al año 733-732 a.C., año en el que Tiglat-pileser deportó a sus habitantes (Mi. 7:14). Este versículo menciona el establecimiento de los israelitas en este país desde la conquista de Josué (cfr. Mi. 7:14, 20). La proclamación de Mi. 3:12 fue dada ya en época de Ezequías, pero es posible que Miqueas haya anunciado esta catástrofe con anterioridad.

 

(c) CONTENIDO DEL LIBRO.

Aunque centrado en Judá y en el reino del sur, las profecías de Miqueas tratan del conjunto de Israel (Mi. 1:1, 5-7, 9-16). Las transiciones bruscas indican que el libro resume la enseñanza del profeta, en lugar de constituir una transcripción de sus diferentes discursos. El imperativo «¡oíd!» repetido tres veces introduce tres secciones, cada una de las cuales termina con una nota de esperanza.

(A) Sanciones contra Samaria, debido a su idolatría (Mi. 1:2-8) y contra Judá por el mismo motivo (Mi. 1:9-16). Maldición contra los opresores del pueblo; profecía de la ruina y de la deportación (Mi. 2:4, 5), a causa de la falta de honradez y de la injusticia y corrupción de los grandes (Mi. 2:1-11); sin embargo, habrá un residuo que será restaurado (Mi. 2:12, 13).

(B) Denuncia de los pecados de los príncipes, seguida de profecías mesiánicas. Las autoridades civiles y religiosas no se cuidaban ni de la verdad ni del derecho; su manera de gobernar revelaba su vanalidad (Mi. 3:1-11). Jehová abandonará Sion a sus enemigos (Mi. 3:12). Se revela la futura grandeza del Reino mesiánico, que ejercerá una influencia moral sobre todos los hombres en paz, prosperidad y poder (Mi. 4:1-8). La perspectiva actual sólo presenta clamor, dolor y cautiverio (Mi. 4:9, 10); pero Sion acabará aplastando a sus enemigos, que se oponen a Jehová (Mi. 4:11-13). El profeta habla del abatimiento de Sion (Mi. 5:1), abatimiento que dejará de ser cuando reinará sobre Israel Aquel cuyo origen se remonta a los días de la eternidad (Mi. 5:2-4). Esta predestinación divina del Mesías garantiza la liberación del yugo asirio (Mi. 5:5, 6; cfr. Is. 7:4-16), la supervivencia de Israel, su triunfo final sobre todos sus enemigos; finalmente, el pueblo será amoldado al ideal divino (Mi. 5:7-14).

(C) Requisitoria contra todo el pueblo (Mi. 6:1-5). Exposición de las demandas de la verdadera religión (Mi. 6:6-8; cfr. Is. 1:11-17). El Señor estigmatiza la iniquidad (Mi. 6:9-7:6). El profeta concluye proclamando su fe en el porvenir glorioso que traerá la gracia misericordiosa de Jehová, en base a su alianza con Abraham (Mi. 7:7-20).

El pasaje de Mi. 4:13 es casi idéntico con Is. 2:2-4, pero se relaciona más estrechamente con los versículos siguientes que con el pasaje de Isaías. Jl. 3:10 expresa el mismo pensamiento mesiánico. Es bien posible que sea Isaías quien cita a Miqueas. Pero las diferencias de términos entre Isaías y Miqueas podrían explicarse con la suposición de que cada uno de ellos se basó en una predicción corriente en su tiempo. En todo caso, el pueblo de Dios de aquellos tiempos podía bien apoyarse sobre las profecías conocidas, reconociendo la autoridad de ellas y citándolas, de la misma manera que los cristianos en nuestra época.

 

(d) AUTENTICIDAD.

La autenticidad de este libro ha sido puesta en tela de juicio. Hay críticos que no asignan a Miqueas más que los tres primeros capítulos. Pero G. A. Smith, después de haber dicho que «ningún otro libro de la Biblia ha engendrado tantas discusiones en cuanto a las fechas de sus diferentes secciones», concluye afirmando que el conjunto de la obra se remonta a la época de Miqueas (cfr. G. T. Manley, «Le Nouveau Manuel de la Bible», p. 252). Por otra parte, la repetición de la expresión: «Oíd...» es una indicación de la unidad de estilo y de autor (Mi. 1:2; 3:1; 6:1; cfr. 5:14). El hecho de que el libro resuma los diversos mensajes proclamados en diversas circunstancias y durante un tiempo suficientemente largo, es suficiente para explicar su carencia de un desarrollo estrictamente lógico. Se puede ver en este texto una buena cantidad de pasajes paralelos a los escritos por otros profetas que vivieron más o menos contemporáneamente. Hay, p. ej., varios puntos comunes con Isaías (Mi. 1:9 e Is. 10:28-32; Mi. 2:2 e Is. 5:8; Mi. 3:6 e Is. 8:10; Mi. 5:3, 7, 8 e Is. 11:11; Mi. 7:11 e Is. 5:5). Al igual que Amós, Oseas e Isaías, el profeta Miqueas habla de la grandeza de Dios (Mi. 1:2, 4), de su santidad (Mi. 6:8), del pecado del pueblo infiel (Mi. 6:3, 4), de las injusticias sociales (Mi. 6:10, 15), de la degeneración del sacerdocio (Mi. 3:5). La opinión de la crítica está viciada por la teoría de la evolución (muy en boga desde la época de Wellhausen), aplicada a las nociones religiosas de los profetas y de los autores sagrados. Según la concepción evolucionista, ciertas ideas teológicas de Miqueas (como de Isaías, etc.) no hubieran podido conocer un cierto desarrollo antes de una fecha tardía. Pero todo es una pura especulación que se creía plausible hace más de cien años, en ausencia de investigaciones concretas. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas han demostrado una escena muy distinta (notablemente, véanse EGIPTO, MARDIKH, y véase también Custance en Bibliografía al final de este artículo). Se debe señalar también que Miqueas conocía el Pentateuco y que en él se evidencia el marco legal del Deuteronomio (Mi. 3:5-7; cfr. Dt. 18:15-22), con sus prohibiciones (Mi. 5:11; Dt. 18:10) y sus castigos (Mi. 6:15; Dt. 28:38). El profeta menciona el éxodo de Egipto (Mi. 6:4; 7:15), la conquista (Mi. 6:5), y cita las grandes figuras de Abraham, Jacob, Moisés y Aarón (Mi. 7:20; 6:4). Lo que dice Miqueas de la servidumbre a las potencias extranjeras y de la deportación (Mi. 1:15-16; 2:3-5, 10) se halla dentro de la línea de Dt. 28:31-37, 47-53 (cfr. Is. 1:19-20; 5:13; 6:11-13; 7:3). Miqueas 4:10 anuncia que el lugar del exilio será Babilonia, como Is. 39:6-7 (cfr. Is. 11:11, Sinar). Los elementos mesiánicos están también en perfecto acuerdo con las revelaciones anteriores y contemporáneas: reunión de Israel, que triunfa gracias a su rey (Mi. 2:12-13); paz y prosperidad de Sion, salvación de los gentiles (Mi. 4:1-8); la persona del Mesías, su nacimiento y reinado (Mi. 5:1-8). Es indiscutible que estas verdades eran conocidas en la época de Miqueas (cfr. Is. 2:2-4; 4:2-6; 8:23-9:6; 10:20-22; 11:1-10; Am. 9:11-15; Os. 11:8-11). En fin, aparece la noción universalista del alcance de la salvación, no limitada a una sola nación, sino llegando a todas las naciones (Mi. 4:1-3; cfr. Gn. 18:18, 25; Sal. 72:8-11; 15. 49:6; 55:5) y aparece también la idea escatológica de un ataque de todas las naciones contra la Sion finalmente restaurada (Mi. 4:11-13; cfr. JI. 3:2, 12; cfr. también Zac. 12:3, 9; 14:2).

El pasaje de Mi. 5:1-3, citado por Mt. 2:5-6, es particularmente caro para el corazón del cristiano, y en Mi. 6 y 7 se hallan algunos de los versículos más hermosos de las Escrituras.

 

Bibliografía:

Archer, G. L.: «Miqueas», en Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1977);

Carlson, E. L.: «Miqueas», en Comentario Moody del Antiguo Testamento (Publicaciones Portavoz Evangélico, Grand Rapids, en prep.; hay edición inglesa, Moody Press, Chicago, 1962);

Custance, A. C.: «Primitive Monotheism y Primitive Cultures: Their Historical Origins» (Doorway Papers, Nos. 32 y 34, Ottawa, 1960 y 1968 respec.);

Kelly, W.: «Micah», en The Minor Prophets (C. A. Hammond, Londres, 1874, reimpr. s/f);

Young, E. J.: «Introducción al Antiguo Testamento» (T.E.L.L., Grand Rapids, 1977).

 MIRA

tip, CIUD PUEM

sit, a9, 411, 260

vet,

Ciudad de Licia.

Pablo, prisionero y de camino a Roma, cambió de nave en este puerto (Hch. 27:5, 6).

La ciudad, una de las más importantes de Licia, se hallaba a tres kilómetros de la costa. Estaba construida sobre unos acantilados y a sus alrededores, en la entrada de una garganta que se introduce en la región montañosa del interior.

El nombre moderno de esta ciudad es Dembra.

 MIRRA

tip, FLOR LEYE PERF ARBO

vet,

(a) Heb. «mõr»; gr. «smyrna», «myrrha».

Sustancia aromática que entraba en la composición del aceite para la unción de Aarón y de sus sucesores (Éx. 30:23).

La mirra era usada para perfumar los lechos y las vestimentas (Sal. 45:9; Pr. 7:17; Cnt. 3:6).

Las mujeres usaban el aceite de mirra para purificarse (Est. 2:12).

Los Magos de Oriente trajeron mirra al niño Jesús (Mt. 2:11).

El Crucificado rechazó el vino mezclado con mirra que le fue ofrecido para disminuir sus sufrimientos (Mr. 15:23).

Los productos aromáticos preparados con la intención de embalsamar el cuerpo del Señor Jesús incluían mirra y áloes (Jn. 19:39).

Los antiguos, efectivamente, usaban la mirra para el embalsamamiento de cadáveres (Herodoto 2:86).

El árbol que producía esta goma resinosa crecía en Arabia (Herodoto 3:107; Plinio 12:16). Es probable que fuera el «Balsamodendron myrrha», arbolillo de madera y corteza perfumadas, con ramas cortas y espinosas. Este arbusto trifoliado da un fruto análogo a una pasa. En la actualidad se comercializa la mirra de África oriental y de Arabia, procedente de la «Commiphora abyssinica».

(b) Trad. del heb. «lõt» (Gn. 37:25; 43:11); en estos pasajes se trata indudablemente del «Ladanum» (al que los griegos llamaban «lêdon», «lêdanon» y «ladanon»), resina sumamente perfumada, que contenía un aceite esencial. Esta sustancia es producida por el «Cistus creticus» y por otras variedades de jaras heliantemas que crecen en ciertas partes de Siria.

 MIRTO

tip, FLOR ARBO

ver, FIESTAS

vet,

Arbolillo llamado en heb. «hãdas»; crecía en los montes vecinos a Jerusalén.

Durante la Fiesta de los Tabernáculos (véase FIESTAS) se usaban sus ramas para hacer cabañas (Neh. 8:15).

Se trata indudablemente del mirto común, «Myrtius communis», que se halla por toda Palestina (Is. 41:19; 55:13; Zac. 1:8-11).

 MISAEL

tip, SACE BIOG HOMB HOAT

vet,

= «¿Quién es lo que es Dios?»

(a) Levita de la familia de Coat y de la casa de Uziel (Éx. 6:22; Lv. 10:4).

(b) Uno de los tres amigos de Daniel; los babilonios lo llamaron Mesac (Dn. 1:6, 11,19; 2:17; 1 Mac. 2:59).

 MISERICORDIA DE DIOS

ver, GRACIA

vet,

La misericordia se diferencia de la gracia en que la gracia considera al hombre como culpable, actuando en favor de él a pesar de su absoluta falta de méritos; en la misericordia se destaca el carácter compasivo del amor de Dios, y el énfasis de este aspecto de la actitud de Dios hacia el hombre tiene que ver con la condición mísera e impotente en que se encuentra. (Véase GRACIA.)

 MISIA

tip, LUGA

sit, a9, 341, 161

vet,

Provincia en el extremo noroeste del Asia Menor. Limitada al norte por el Propóntido (mar de Mármara), al sur por Lidia, al este por Bitinia, al Oeste por el Helesponto (nombre antiguo de los Dardanelos). El territorio de Misia englobaba Tróade, donde había estado situada la ciudad de Troya (Ilion).

Pablo y Silas pasaron a Troas, una de las ciudades de Misia (Hch. 16:7, 8).

Los compañeros de Pablo se dirigieron por mar a Asón en Misia, donde Pablo se unió a ellos habiéndose dirigido allí por tierra (Hch. 20:13).

Pérgamo, una de las siete iglesias de Asia, estaba también en Misia (Ap. 1:11; 2:12-17).

 MISNÁ

tip, LIBR MANU

ver, TALMUD

vet,

= «enseñanza, doctrina».

Hacia el año 200 d.C., el rabino Yehuda Ha-Nâsî fijó por escrito todas las tradiciones extrabíblicas halladas en los registros privados de sus predecesores. Es su obra, escrita en lengua neohebrea, conteniendo términos gr. y lat. hebraizados, la que lleva el nombre de Misná. Pronto se le reconoció autoridad en las escuelas rabínicas.

Después de la muerte de Yehuda Ha-Nâsî se sintió la necesidad de completar y de explicar la Misná. Los dos comentarios de la Misná redactados por los doctores judíos de las escuelas de Tiberias (Palestina) y de Babilonia reciben el nombre de Gemaras (estudio definitivo). Dichos comentarios están redactados en arameo, uno de ellos en el dialecto galileo y el otro en el babilónico.

La Misná y los Gemaras son los elementos constituyentes del Talmud (véase TALMUD).

 MISTERIO

tip, DOCT

vet,

Término procedente del vocabulario religioso de los griegos, designando una doctrina particular y prácticas secretas. Solamente los iniciados participaban en los ritos y solemnes purificaciones u orgías de los misterios paganos (misterios órficos, eleusinos, de Cibeles, de Isis y Osiris, de Mitra, etc.).

En el NT, este término expresa una acción o dispensación de Dios guardada en secreto hasta la hora precisa y determinada (Ro. 16:25-26) o hasta que el Espíritu Santo haya preparado al hombre para la recepción de la comunicación (Mr. 4:11). Un «misterio» así revelado no debe ser guardado en secreto, sino al contrario, proclamado en público: el misterio escondido durante el transcurso de los siglos es ahora manifestado y puesto al conocimiento de todas las naciones (Ro. 16:25-26); este misterio, del que Pablo tuvo conocimiento, no había sido manifestado a las anteriores generaciones, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a los santos apóstoles y profetas de Cristo (Ef. 3:3-5, 9; Col. 1:26, 27). Los fieles son en la actualidad los dispensadores, esto es, no sólo los administradores, sino también los divulgadores de los misterios de Dios (1 Co. 4:1). Sin embargo, el misterio contiene un elemento sobrenatural que sobrepasa al hombre a pesar de la revelación dada. Solamente conocemos en parte (1 Co. 13:12); precisaremos de la eternidad para sondear las cosas profundas de Dios. Pablo es el que, por su mismo llamamiento, hace mención más frecuente del vocablo «misterio» (22 veces en el gr.).

Los principales misterios bíblicos son:

(a) El misterio del reino de los cielos (Mt. 13:3-50; cfr. v. 11).

(b) El misterio de la salvación en Jesucristo (Ro. 16:25, 26) llamado también misterio de la piedad (1 Ti. 3:16), de la fe (1 Ti. 3:9), del Evangelio (Ef. 6:19, 20)

(c) El misterio de Dios, y de «Cristo en nosotros», la esperanza de gloria (Col. 1:26, 27; 2:2-3; cfr. 1 Co. 2:7; cfr. también Ap. 10:7)

(d) El misterio de la Iglesia, el cuerpo de Cristo, compuesta de creyentes procedentes del judaísmo y del paganismo (Ef. 3:6).

(e) El misterio del arrebatamiento de la Iglesia (1 Co. 15:51-52; 1 Ts. 4:14-17).

(f) El misterio del endurecimiento de una parte de Israel durante la era de la Iglesia (Ro. 11:25).

(g) El misterio de la iniquidad (2 Ts. 2:7), que será totalmente desvelado en la aparición del Anticristo.

(h) El misterio de Babilonia, la gran ramera (Ap. 17:5-7), es decir, de la falsa religión desenmascarada al fin de los tiempos.

En la Vulgata, el término griego «mysterion» ha sido traducido por el latino. «sacramentum», «sacramento» en castellano. De ahí es que la Iglesia de Roma se ha basado para establecer sus siete sacramentos, que no tienen ninguna verdadera relación con los «misterios» del NT. Además, el bautismo y la Cena no reciben en absoluto el nombre de sacramentos ni misterios por parte de Cristo ni de los apóstoles, no usándose este término en los textos correspondientes.

 MISTERIOS (RELIGIONES DE)

tip, RELI

vet,

«Misterion» (seguramente derivado de «muein», «cerrar la boca») designaba aquellos secretos que, impartidos sólo a los iniciados en un culto, debían ser mantenidos en secreto. Ello es independiente de que fuera difícil o fácil de comprender.

Al irse desacreditando más y más los cultos a los diversos dioses nacionales celebrados públicamente, fueron surgiendo y alcanzando más importancia los cultos de carácter exclusivo, reservados sólo a los que estaban dispuestos a pasar por una serie de ceremonias de iniciación y a mantener un secreto riguroso ante los no iniciados. Muchos de los antiguos dioses tenían cultos adicionales de este tipo, pero además también se daban cultos de misterios sin relación alguna con los cultos populares. Famosos entre ellos eran los eleusinos, que gozaban de la protección oficial del estado de Atenas; otros, de carácter más privado, no oficiales, eran los misterios órficos, ligados a Dionisos. De origen egipcio había el de Isis y Serapis; de Persia provenía el mitraismo, que tenía gran cantidad de adeptos por todo el Imperio por el siglo III d.C.

Las principales características de estas religiones de misterio pueden resumirse en los siguientes puntos:

(a) En contra de la concepción popular de que estas religiones daban a los iniciados una revelación de verdades profundas y de conocimientos esotéricos, lo que hacían en realidad era proveer satisfacción a los deseos de expresión emocional y mística que no se llevaban a cabo en los cultos oficiales. Aristóteles señala que no se daba una instrucción determinada, sino que más bien se llevaba a los adeptos a un estado mental determinado (cfr. ISBE, p. 2.104); no había enseñanza con contenido sino más bien de símbolos y sugerencias.

(b) Se llevaba a cabo una ceremonia mística de unión del adepto con la deidad, como garantía de una eternidad bienaventurada; en ello generalmente jugaba un gran papel el antiguo mito de Adonis, muriendo y volviendo a la vida, garantizando así con ello la feliz vida de ultratumba a sus adeptos.

(c) Las ceremonias iban cargadas de símbolos del poder reproductivo y germinativo de la naturaleza, combinado con las ideas acerca de la inmortalidad humana.

(d) Como ya se ha señalado, los ritos eran estrictamente secretos. Pero el exclusivismo de estas religiones de misterios se refería sólo a aquellos que no expresaban sus deseos de iniciarse en ellos. Por otra parte, había una amplia admisión para todos los que quisieran tomar parte en ellos, previa iniciación, con excepción de criminales.

 

Bibliografía:

Para un examen de ciertas correspondencias que se afirman entre los mitos paganos y la religión revelada, y su verdadera relevancia, cfr.

C. S. Lewis: «Myth became Fact», en God in the Dock (Collins, 1975), así como

E. W. Bullinger: «El testimonio de las estrellas» (Clíe, Terrassa, 1981) y

B. Adam: «Astrología: Una antigua conspiración» (Betania, Caparra Terrace, Puerto Rico, 1978);

John Gresham Machen: «The origin of Paul's Religion» (Princeton, 1927).

 MITILENE

tip, ISLA CIUD

sit, a9, 330, 181

vet,

Ciudad situada entre Asón y Quío (Hch. 20:13-15).

Capital de la isla griega llamada en el pasado Lesbos, en el mar Egeo.

Ciudad natal de Alceo, el poeta, y de Pitacos, el estadista, uno de los siete sabios de Grecia, y de la poetisa Safo.

En la actualidad toda la isla se llama Mitilene.

 MITO

tip, RELI

ver, EXÉGESIS, GÉNEROS LITERARIOS, GRECIA

vet,

Tocante al empleo del vocablo «mito» (griego, «mitos») en la Biblia, ésta rechaza absolutamente todo mito. En efecto, para los autores bíblicos, el mito, conforme a un significado posterior, es una «narración inventada».

Las epístolas pastorales (1 Ti. 1:4; 4:7; Tit. 1:14) combaten el mito como sinónimo de superchería y de error, incompatibles con la verdad (2 Ti. 4:4; Tit. 1:14); probablemente se trata de estos textos de «fábulas judías» y de «genealogías» (1 Ti. 1:4; tal vez la serie de los eones gnósticos), que hay que llamar «profanas» (1 Ti. 4:7; cfr. 1 Ti. 6:20: «discursos hueros»; cfr. también 2 Ti. 2:16). 2 P. 1:16 opone mitos a la relación verídica de los testigos oculares. (Véanse EXÉGESIS, GÉNEROS LITERARIOS, GRECIA.)

 MITRA

tip, DIOS

ver, PERSIA

vet,

(a) Prenda de la cabeza del sumo sacerdote. Estaba hecha de una larga banda de lino fino; mediante una cinta azul se fijaba a ella una placa de oro puro sobre la que iban grabadas las palabras «Santidad a Jehová». Esta placa pasaba por la frente. La mitra era emblema del sostenimiento de la pureza, justicia y santidad por parte del Señor Jesús, el gran Antitipo del ministro del santuario (Éx. 28:4, 37, 39; 29:6; 39:28, 31; Lv. 8:9; 16:4).

En heb. es «mitsnepheth», y se traduce «tiara» en una notable referencia al «profano e impío inicuo de Israel». En Zac. 3:1-8 hay el relato acerca de Josué, el sumo sacerdote, liberado de la resistencia de Satanás, y al que se impone una mitra limpia sobre la cabeza («tsaniph», un término relacionado con el anterior).

(b) Divinidad persa de la luz; su culto llegó a popularizarse mucho en el imperio romano. (Véase PERSIA.)

 MITRÍDATES

tip, BIOG FUNC HOMB HOAT

ver, MITRA

vet,

(viejo persa: «don de Mitra»; véase MITRA, (b)).

(a) Tesorero bajo Ciro rey de Persia; él fue quien devolvió los vasos sagrados a los judíos (Esd. 1:8).

(b) Uno de los que, bajo Artajerjes Longimano, se quejaron de la restauración de los muros de Jerusalén por los judíos (Esd. 4:7).

 

 MIZA

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

Jefe de un jefe edomita; descendiente de Esaú y de Ismael (Gn. 36:3, 4, 13, 17; 1 Cr. 1:37).

 MIZAR

tip, LUGA

vet,

= «pequeñez».

Eminencia sobre la vertiente oriental del Jordán, probablemente a la vista de las cumbres del Hermón (Sal. 42:6). Localización incierta.

 MIZPA

tip, LUGA CIUD PUEB CONS

ver, GALAAD, MILLA

sit, a2, 313, 418

vet,

= «torre de vigilancia».

(a) Nombre de un túmulo de piedras al norte del Jaboc. Se le dio el nombre de Galaad (majano del testimonio), para recordar que Dios era el garante del pacto concertado entre Labán y Jacob (Gn. 31:44-49). (Véase GALAAD.)

(b) Ciudad de Galaad, al este del Jordán (Jue. 10:17; 11:11). Se trata sin duda de Mizpa de Galaad (Jue. 11:29) y de Ramat-mizpa (altura de Mizpa) (Jos. 13:26); conocida asimismo con los nombres de Ramot en Galaad (Dt. 4:43; 1 R. 4:13), y de Ramot (2 R. 8:28, 29). Situada en los confines de Gad (Jos. 13:26), asignada a los levitas (Jos. 21:38), fue declarada ciudad de refugio (Dt. 4:43; Jos. 20:8). Allí residió Jefté (Jue. 11:34). También residió allí un intendente de uno de los doce distritos establecidos por Salomón (1 R. 4:13). Israelitas y sirios se disputaron esta ciudad (1 R. 22:3; 2 R. 8:28). Judas Macabeo la tomó e incendió (1 Mac. 5:35). Según Eusebio, se encontraba a unas 15 millas romanas (véase MILLA) al oeste de Filadelfia, sobre el Jaboc.

(c) Lugar al pie de Hermón (Jos. 11:3). La expresión «país de Mizpa» es, prob., sinónimo de valle de Mizpa. Probablemente está situada a unos 13 Km. al oeste-noroeste de Banias, en Mutallah, en el extremo meridional de Merj' Ayûm, llanura grande y fértil, entre el Hasbãny y el Lîtãny, pero ciertos arqueólogos opinan que se debe hallar más hacia el este.

(d) Pueblo de la llanura de Judá, o en sus proximidades (Jos. 15:38). Eusebio la sitúa al norte de Eleuterópolis (Beit Jibrîn) en dirección a Jerusalén. En nuestros días se propone o bien Khirbet Sãfiyeh, a más de 3 Km. al noreste de Beit Jibrin, o bien Sufiyeh, a unos 9 Km. al norte de Beit Jibrin.

(e) Ciudad de Benjamín muy bien conocida por el hecho de que allí eran convocadas las tribus en la época de los Jueces (Jue. 20:1-3; 21:1, 5, 8; 1 S. 7:5 17; 10:17). No estaba lejos de Ramá (Jos. 18:25, 26; 1 R. 15:22) y estaba cerca de Jerusalén (1 Mac. 3:46). El rey Asa la fortificó contra las tribus del norte (1 R. 15:22; 2 Cr. 16:6). Después de la destrucción de Jerusalén, el gobernador judío Gedalías, puesto por los babilonios, se instaló en Mizpa (2 R. 25:23-25; Jer. 40:6-16; 41:1-16). Fue repoblada por los que volvieron del cautiverio babilónico (Neh. 3:7, 15, 19). Robinson la sitúa en Neby Samwîl, a más de 7 Km. al noroeste de Jerusalén, pero en la actualidad se identifica más bien con Tell en-Nasbeh, a 13 Km. al norte de Jerusalén.

(f) Localidad de Moab (1 S. 22:3); posiblemente Rujm el-Meshrefet, al oeste-suroeste de Mãdãbã.

 MIZRAIM

tip, BIOG LUGA HOMB HOAT

ver, EGIPTO

vet,

(a) Hijo de Cam y padre de Ludim, Anamim, Lehabim, Naftuhim, Patrusim, Casluhim, de quien descendieron los filisteos, y los Caftorim (Gn. 10:6, 13-44; 1 Cr. 1:8, 11-12).

(b) Se usa en 87 veces el término Mizraim (prob. un nombre dual) para designar al Alto y Bajo Egipto, regiones colonizadas por los descendientes de Cam (véase EGIPTO).

 MNASÓN

tip, BIOG HOMB HONT

vet,

Uno de los primeros cristianos chipriotas. Acompañó a Pablo desde Cesarea a Jerusalén durante su último viaje y le ofreció hospitalidad (Hch. 21:16).

 MOAB

tip, BIOG ARQU HOMB HOAT

ver, MOABITAS, MESA

vet,

= «salido de un padre»

(a) Hijo de Lot y de su hija primogénita (Gn. 19:37)

(b) MOAB (PIEDRA DE)

Véase MESA [Estela de].

 MOABITAS

tip, PAIS TRIB

ver, MOAB, MESA, MAQUERONTE

sit, a8, 194, 254

vet,

(a) Los descendientes de Moab hijo de Lot. Estaban muy estrechamente relacionados con los amonitas (Gn. 19:37, 38). Ya muy numerosos para la época del cruce del mar Rojo por parte de los israelitas (Éx. 15:15), los moabitas ocupaban la región que se extendía desde la llanura de Hesbón hasta el wadi Seil el-Kerãhi, en el extremo meridional del mar Muerto, que separaba Moab de Edom. Asociados a los amonitas, absorbieron y destruyeron a los supervivientes de la fuerte raza que había ocupado antes que ellos el país del este del Jordán (Dt. 2:10, 11, 19-21; cfr. Gn. 14:5). Poco antes de la llegada de los israelitas, Sehón, rey de los amorreos, arrebató a Moab las tierras de pastos del norte del Arnón, que siguieron siendo llamadas «campos de Moab», aunque los moabitas quedaran limitados por un tiempo al sur del Arnón (Nm. 21:13-15, 26-30). Estos últimos querían comerciar con los israelitas (Dt. 2:28, 29), pero les rehusaron el derecho de paso por su tierra (Jue. 11:17; cfr. Dt. 23:4). Bajo órdenes de Jehová, Moisés prohibió a los israelitas que atacaran a Moab, indudablemente por su grado de parentesco (Dt. 2:9; cfr. v. 19). Inquieto a la vista de los campamentos israelitas, el rey de Moab pidió a Balaam que maldijera a los recién llegados (Nm. 22-24; Jos. 24:9). Jehová ordenó a Israel que excluyera de su asamblea a los moabitas y a los amonitas hasta la décima generación; el pueblo de Dios no debía asociarse con ellos (Dt. 23:3-6; Neh. 13:1). El último campamento antes de cruzar el Jordán fue establecido en Sitim, en las llanuras que habían pertenecido a Moab (Nm. 22:1; Jos. 3:1). Allí mujeres amonitas y moabitas sedujeron a los israelitas a la impureza y a la idolatría (Nm. 25; Os. 9:10).

Al comienzo de la época de los Jueces, Eglón, rey de Moab, invadió Canaán, haciendo de Jericó su capital y oprimiendo a los israelitas de la meseta vecina durante 18 años, siendo después asesinado por Aod (Jue. 3:12-30). Elimelec emigró al país de Moab; Orfa y Rut, sus nueras, fueron moabitas. Rut se casó con Booz y vino así a ser la bisabuela del rey David (Rt. 1:22; 4:3, 5, 10, 13-17; Mt. 1:5-16). Saúl luchó contra los moabitas (1 S. 14:47). David, proscrito, puso a su padre y a su madre bajo la protección del rey de Moab (1 S. 22:3, 4). Después de su accesión al trono, David venció a los moabitas, los sometió bajo tributo y dio muerte a un gran número de ellos (2 S. 8:2, 12; 1 Cr. 18:2, 11). Sometidos a Omri y a su hijo, los moabitas se sublevaron después de la muerte de Acab. Ni Ocozías, enfermo debido a una caída accidental, ni Joram pudieron vencer a los moabitas (2 R. 1:1; 3:4-27; cfr. artículo MESA [Estela]). Josafat era entonces rey de Judá. Los moabitas se aliaron con los amonitas, edomitas y otros pueblos, a fin de invadir el territorio de Judá; sin embargo, los coaligados se mataron entre sí, y Judá se vio librada del peligro que se cernía sobre ella (2 Cr. 20:1-30; cfr. Sal. 60:8; 83:7; 108:10).

En el año de la muerte de Eliseo, hordas de moabitas invadieron el reino de Israel (2 R. 13:20); tributarios de Tiglat-pileser y de Senaquerib, reyes de Asiria, penetraron en Judá bajo el reinado de Joacim (2 R. 24:2). Entonces cayeron en poder de Moab numerosas localidades al norte de Arnón (cfr. Is. 15). Los profetas denunciaron con frecuencia y duramente a Moab, tipo de los enemigos del reino de Dios (Is. 15; 16; 25:10; Jer. 9:26; 25:21; 27:3; 48; Ez. 25:8-11; Am. 2:1, 2; Sof. 2:8-11). Algunos judíos abandonaron Jerusalén al acercarse Nabucodonosor, refugiándose en los campos de Moab, pero volvieron a Judá cuando Gedalías fue nombrado gobernador (Jer. 40:11 ss.). Nabucodonosor sometió a los moabitas (Ant. 10:9, 7). Dejaron de tener un papel importante en tanto que nación, pero su raza no se extinguió (Est. 9:1; Neh. 13:1, 23; Ant. 1:11, 5). Alejandro Janneo los sometió a tributo (Ant. 13:13, 5)

(b) El país ocupado por los moabitas.

Los limites de Moab eran al oeste el mar Muerto. El Seil de Kerãhi era su limite al sur, separándolos del territorio de Edom. En su parte superior este wadi recibe el nombre de el-Hesã. La exactitud de estas fronteras queda confirmada por la mención de las ciudades moabitas. Al este se hallaba la tierra de nadie del desierto (Nm. 21:11) y los amorreos e israelitas reconocieron el Arnón como frontera septentrional de Moab (Nm. 21:13; Dt. 2:36; 3:12; Jos. 12:1; Jue. 11:18). Pero los moabitas habían ocupado anteriormente un vasto territorio al norte de Arnón (Nm. 21:26) que ocuparon con frecuencia y que siempre reivindicaron como suyo (Is. 15; cfr. también MESA [Estela de], líneas 8-30). La mayor parte de Moab está constituida por una accidentada meseta a unos 975 m. por encima del nivel del Mediterráneo; tierra de pastos. La linde occidental cae a plomo hacia el mar Muerto. Valles profundos cortan este acantilado. La fortaleza de Maqueronte donde, según Josefo, Juan el Bautista estuvo encarcelado y fue decapitado (véase sin embargo MAQUERONTE), se hallaba en Moab, al este del mar Muerto y al norte de Arnón. Numerosas fuentes dan una relativa feracidad a esta parte costera del mar Muerto. La expresión «campos de Moab» significa «territorio de Moab» (Gn. 36:35; Nm. 21:20). Frente al Jordán se hallaban unas planicies que también habían pertenecido a Moab (Nm. 22:1; 33:48, 49). Estas llanuras se extendían al este del río, frente a Jericó, y a lo largo de la ribera oriental del mar Muerto.

 

 MOISÉS (Vida)

tip, BIOG ARQU PROF HOMB HOAT

fot, dib00282, dib00283, dib00241, dib00184, dib00107, dib00065, fot00082, fot00083, fot00134

ver, MOISÉS (Escritos), EGIPTO, ÉXODO, MARDIKH, TEOCRACIA, TABERNÁCULO, LEVÍTICO, NÚMEROS, CORÉ, DEUTERONOMIO, PENTATEUCO, HAMMURABI, LEVITAS, HEBREOS, LEVÍTICO, ALTAR, MIGUEL, GÉNESIS, CREACIÓN, DILUVIO

vet,

(Heb. «Mõsheh», «sacado de», pero la raíz egipcia es «ms'»: «hijo, niño»).

La hija de Faraón dio el nombre de «hijo» a aquel que había sacado de las aguas (el mismo nombre se llama en Tutmose, Ahmose: hijo de Tut, de Ah, etc.).

El gran caudillo y legislador de las hebreos; levita, de la familia de Coat, de la casa de Amram (Éx. 6:18, 20). Su madre se llamaba Jocabed (Éx. 6:20). El edicto que ordenaba arrojar a los niños varones hebreos recién nacidos a las aguas del Nilo puso en peligro la vida de Moisés. Su madre lo escondió durante tres meses en su casa; era de hermosa apariencia (Hch. 7:20). No pudiéndolo esconder ya más, lo puso en una arca hecha de juncos, hermetizándola con asfalto y brea, y la puso entre los juncos en el río. La madre ordenó a su hija María, entonces adolescente, que vigilara la arquilla. La hija de Faraón descendió, junto con su séquito, para bañarse. Según Josefo se llamaba Thermutis (Ant. 2:9, 5). Courville indica una identificación ya señalada hace tiempo. Se da la existencia de una leyenda afirmando que el padre adoptivo de Moisés se llamaba Chenefres. El profesor Wiedemann señaló la similitud del nombre de Sebek-hotep III, Kha-nefer-re con Chenefres, rey cuya esposa Merrhis, según una leyenda, crió a Moisés. Otro nombre de la esposa de Chenefres era Sebeknefrure. Esta posible identificación fue descartada, sin embargo, porque según la cronología convencional de Egipto quedaba fuera del posible marco histórico de Moisés. Sin embargo, en la cronología revisada sí que se halla en el mismo marco histórico. Courville da asimismo buenas razones para la posible identificación de Moisés, en el marco de la cronología revisada, con Amenemhet IV, que fue corregente durante nueve años, como príncipe de la dinastía XII. Courville señala asimismo el hecho curioso de que se han descubierto todas las tumbas de todos los reyes de esta dinastía, a excepción de la de Amenemhet IV. Esto pone bajo una luz nueva las palabras de Pablo en Hebreos: «Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado» (He. 11:24, 25). (Véanse también EGIPTO, ÉXODO; cfr. D. E. Courville en Bibliografía).

Al ver la princesa egipcia la arquilla, la hizo abrir, y, reconociendo que el niño que lloraba era hebreo, tuvo lástima de él. Entonces María, con una admirable presencia de ánimo, preguntó a la princesa si le daba permiso para conseguir una nodriza para el niño, a lo que la princesa accedió. De esta manera, Moisés recibió su primera formación de manos de su propia madre bajo la protección de la hija de Faraón. Cuando fue destetado (a la edad que se puede suponer de tres años, cfr. 1 S. 1:24), lo llevó a la princesa, que lo adoptó, y le puso por nombre Moisés, nombre que a la vez recordaría que lo había sacado de las aguas y que lo había adoptado como hijo (Éx. 2:1-10).

Moisés recibió una educación aristocrática, y fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios (Hch. 7:22), la nación más civilizada de aquella época. Aquel niño estaba destinado a elevadas funciones en Egipto, y estaba en la línea del trono, por cuanto la hija de Faraón debía casarse con su hermano varón heredero del trono, con lo que el hijo de ella era a su vez heredero del trono. Pero Dios lo estaba preparando para caudillo del pueblo hebreo. Moisés, extremadamente dotado, recibió la instrucción necesaria para la gran tarea que le esperaba. Los descubrimientos de las pirámides y otros diversos monumentos han evidenciado lo extendida que estaba la escritura en aquella época, así como también las tabletas cuneiformes de Egla muestran el antiguo uso de la escritura silábica por gran parte del Oriente Medio (véase MARDIKH [TELL]). Es indudable que el joven príncipe aprendió a escribir los jeroglíficos egipcios, el acadio cuneiforme, y una escritura ya alfabética como la de Ugarit, que era casi idéntica con la del hebreo. Moisés se familiarizó con la corte egipcia, con sus grandes personajes, con la pompa de las celebraciones religiosas, con la suntuosa exhibición de los ritos y de los símbolos, con la corriente literaria y artística de su época, y con la administración de la justicia. Sin embargo, Moisés no olvidó nunca su origen, y creía en las promesas hechas a su pueblo. Hacia el final de su estancia en Egipto, había ya comprendido que Dios lo llamaba a ser el juez y liberador de los israelitas. Viendo que un egipcio golpeaba a un hebreo, dio muerte al egipcio, y escondió su cuerpo en la arena. Al día siguiente, viendo a dos israelitas que se peleaban, los quiso reconciliar. Uno de ellos le dirigió estas palabras: «¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?» (Éx. 2:14). Sabiendo entonces que su acción había sido observada y que el hecho era sabido, y que Faraón buscaba darle muerte, Moisés huyó al país de Madián. Así renunció al título de hijo de la hija de Faraón, y se asoció de manera clara con el pueblo de Dios. Tenía entonces 40 años (Éx. 2:11-15; Hch. 7:23-28; He. 11:24, 25).

Llegado a Madián, Moisés ayudó a las hijas del sacerdote Jetro

a abrevar sus rebaños. Jetro le ofreció hospitalidad, le dio trabajo y le dio Séfora, una de sus hijas, como esposa, con la que Moisés tuvo 2 hijos: Gersón y Eliezer (Éx. 2:22; 18:3, 4). Moró 40 años en Madián (Hch. 7:30), participando de la vida de un pueblo que descendía de Abraham y que posiblemente adoraba al mismo Dios que él (cfr. Éx. 18:10-12). Este nuevo período de preparación puso a Moisés en estrecho contacto con Jetro, cabeza de una tribu de madianitas, sacerdote dotado de mucho discernimiento (Éx. 18). Durante este período, el pensamiento religioso de Moisés maduró. Por otra parte, se familiarizó con los caminos del desierto, con sus recursos, con su clima y con la vida de sus moradores. La solemne grandeza de los espacios desérticos y su soledad profunda favorecían la meditación. Hacia el final de este período, el futuro caudillo de Israel vio un fenómeno asombroso: una zarza ardiendo, pero no se consumía. En el momento en que se apartó del camino para observar aquello, oyó la llamada divina. El Señor rechazó las objeciones de Moisés tocantes:

(a) a su propia persona (Éx. 3:11);

(b) a su incapacidad de revelar al pueblo el nombre y el carácter del Dios que quería liberarlos (Éx. 3:13);

(c) su carencia de autoridad ante el pueblo (Éx. 4:1);

(d) su pobre elocuencia (Éx. 4:10);

(e) finalmente, su rechazo expreso a partir (Éx. 4:13).

Ante la ira de Jehová, Moisés tuvo finalmente que obedecer, y el Señor le asignó Aarón como portavoz (Éx. 4:14-17).

Moisés salió hacia Egipto con su esposa Séfora y sus dos hijos (Éx. 4:18-20), uno de los cuales, indudablemente el menor, no había recibido aún la circuncisión a causa de la oposición de la madre. Al ceder a ella, Moisés había desobedecido la instrucción divina, y se había demostrado incompetente para llevar a cabo la magna misión que tenía encomendada. Culpable de haber descuidado la señal del pacto, Moisés fue confrontado en una posada, una noche, por el mismo Señor, de una manera que no se especifica, pero poniendo en grave peligro su vida. Séfora, deseosa de salvar a su marido, ejecutó ella misma la operación, exclamando: «A la verdad tú me eres un esposo de sangre» (Éx. 4:24-26). Moisés y Aarón se presentaron en numerosas ocasiones a Faraón para comunicarle que Dios exigía la partida de los israelitas. El rechazo del rey a obedecer atrajo sobre él mismo y sobre su pueblo las diez plagas (Éx. 5-13:16). Cuando llegó el momento del éxodo, Moisés, bajo orden de Jehová, acaudilló a los hebreos.

En el monte Sinaí Dios se manifestó a Moisés de una manera muy personal; el pueblo oyó la voz de Dios, pero sólo el profeta fue admitido a hablar con Jehová como un amigo (Éx. 24:9-11; 33:11, 17-23; 34:5-29). El Dios de Israel fue revelando gradualmente a su servidor lo que debía enseñar al pueblo. Así es como Moisés recibió en el monte los Diez Mandamiento y las leyes que los acompañaban (véase TEOCRACIA). Inmediatamente después, el profeta pasó sobre el monte cuarenta días de ayuno, en el curso de los cuales Dios le reveló la forma, las dimensiones, los materiales y los utensilios del Tabernáculo que debería erigir en el desierto (véase TABERNÁCULO). Asimismo, Moisés recibió las dos tablas de piedra en las que estaba grabado el Decálogo. Descubriendo a su descenso del monte que el pueblo se había entregado al culto del becerro de oro, Moisés, indignado, quebró las tablas de piedra. Este gesto hizo comprender al pueblo que el Pacto con Jehová estaba asimismo roto. Los levitas ejecutaron a continuación a todos los israelitas que se obstinaban en adorar al becerro de oro. Después de haber actuado como juez, Moisés intercedió ante Dios en favor de los israelitas, ofreciendo incluso su propia salvación por la de ellos (Éx. 32:32; cfr. Ro. 9:3). Jehová se aplacó, y prometió quitar su ira de sobre Israel.

Así, Dios ordenó a Moisés que subiera de nuevo al monte. El pueblo había violado las ordenanzas fundamentales del culto; la Ley fue dada otra vez sobre dos tablas nuevas semejantes a las primeras (Éx. 19; 20; 32-34). En las dos ocasiones en que pasó cuarenta días en el monte, Moisés no comió ni bebió (Éx. 24:18; 34:28; Dt. 9:9, 18). Más adelante, Elías observaría un ayuno idéntico (1 R. 19:8). Los ayunos de estos dos profetas prefigurarían el de Jesús (Mt. 2:4). El nombre de Moisés quedará asociado para siempre a las leyes promulgadas en el Sinaí y en el desierto (véanse LEVÍTICO, NÚMEROS).

Cuando Moisés descendió del Sinaí después del segundo ayuno de cuarenta días, surgían rayos luminosos (heb. «cuernos») de su faz, de manera que el pueblo tuvo temor de aproximarse a él (Éx. 34:29). Moisés, sin embargo, los reunió y les comunicó las órdenes de Jehová.

En Nm. 12:1 se habla de una mujer etíope que Moisés tenía, acerca de la cual Aarón y María le recriminaron. Ésta es la única alusión bíblica a esta persona. Los comentaristas judíos creen por lo general que se trata de Séfora, hija del sacerdote de Madián, cuya muerte no está registrada (Éx. 2:21; 4:25; 18:2-6). Los judíos de época más tardía afirman que la etíope en cuestión era una princesa llamada Tharbis, convertida en mujer de Moisés cuando éste condujo una expedición militar en Etiopía en la época en que formaba aún parte de la corte de Faraón (Ant. 2:10, 2). Aunque muchos lo han descartado por completo, este relato puede sin embargo tener elementos verdaderamente históricos.

Poco después de pasar a Cades, Coré y otros príncipes se rebelaron contra Moisés y Aarón, pero Dios los destruyó (Nm. 16; véase CORÉ). La segunda vez que plantaron sus reales en Cades, los mismos Moisés y Aarón desobedecieron a Dios (Nm. 20). Dios les había ordenado que hablaran a la roca para hacer salir agua de ella. Pero Moisés dijo al pueblo reunido allí; «¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?» Los dos hermanos se apartaban con esta actitud de su posición de dependencia con respecto a Dios. Se ponían en lugar de Jehová, en tanto que había sido Él quien había conducido a los israelitas fuera del país de servidumbre, y que los había alimentado durante cuarenta años en el desierto. En lugar de actuar en nombre de Jehová, intervinieron en su propio nombre. Se glorificaron del poder que Dios les había otorgado. A continuación, Moisés «golpeó» dos veces sobre la peña, en lugar de simplemente «hablarle» (cfr. Nm. 20:8). Esta desobediencia fue de extrema gravedad. Aparte del hecho mismo de la desobediencia, la acción de golpear traicionó el significado típico de la roca, que era Cristo (cfr. 1 Co. 10:4). Cristo murió una sola vez por nosotros, y su sacrificio no se repite ya jamás. Los beneficios de su obra fluyen siempre en base a la obra efectuada una vez por siempre (cfr. He. 7:26-28; 9:23-28; 10:1-18; etc.). Y fue esta desobediencia capital lo que les privó de entrar en la Tierra Prometida. Pero este castigo tan severo no alteró en nada la fidelidad de Moisés hacia su Señor; reasumió su actitud de humildad y siguió conduciendo al pueblo en dirección a Canaán. Dios le mandó que llevara a Aarón sobre el monte Hor y que transmitiera el sacerdocio a Eleazar, hijo de Aarón. En aquel monte murió Aarón (Nm. 20:22-29) Cuando los israelitas fueron atacados por la plaga de serpientes ardientes, Moisés intercedió ante Dios, que le ordenó que levantara una serpiente de bronce sobre una asta. Todo aquel que contemplara la serpiente era sanado El profeta introdujo al pueblo en el país de Sehón y de Og, y conquistó aquellas tierras para Israel. Con el campamento establecido en un valle de los montes de Abarim, pudo ver desde allí el país prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob. La emoción de Abraham se expresó en una oración: «Señor tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa... Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano.» Pero el Señor respondió: «Basta, no me hables más de este asunto... no pasarás el Jordán» (Dt. 3:24-27).

Se levantó el campamento y después fue vuelto a ser plantado en el valle de Sitim. Sabiendo que su muerte estaba ya cercana Moisés tomó las últimas disposiciones y dio su discurso de despedida al pueblo (véase DEUTERONOMIO). Dios había designado a Josué como sucesor de Moisés. El anciano profeta puso al hijo de Num en presencia de Eleazar, el sumo sacerdote, y le impuso las manos a la vista de todo el pueblo que tenía que acaudillar (Nm. 27:18-23, Dt. 34.9). Moisés llevó, a continuación, a Josué a la entrada del tabernáculo de reunión a fin de que Jehová diera las instrucciones al nuevo jefe de Israel (Dt. 31:14, 23). Después Moisés enseñó al pueblo un cántico lleno de sabiduría divina (Dt. 32), dio su bendición a las distintas tribus (Dt. 33), ascendió al monte Nebo, desde donde contempló la Tierra Prometida, y murió a la edad de 120 años sobre la cumbre del Pisga. «Sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor» (Dt. 34:7). El mismo Dios lo sepultó en el valle (Dt. 34:6).

 

Bibliografía:

Véanse las bibliografías correspondientes a GÉNESIS, ÉXODO, LEVÍTICO, NÚMEROS, DEUTERONOMIO, CREACIÓN, DILUVIO, EGIPTO, ÉXODO (artículo específico no sobre el libro, sino sobre la marcha de Egipto), PENTATEUCO.

 MOISÉS (Escritos)

tip, BIOG ARQU PROF

ver, MOISÉS (Vida), EGIPTO, ÉXODO, MARDIKH, TEOCRACIA, TABERNÁCULO, LEVÍTICO, NÚMEROS, CORÉ, DEUTERONOMIO, PENTATEUCO, HAMMURABI, LEVITAS, HEBREOS, LEVÍTICO, ALTAR, MIGUEL, GÉNESIS, CREACIÓN, DILUVIO

vet,

Los escritos de Moisés fueron redactados en su mayor parte durante los cuarenta años del desierto. Allí consignó las etapas del viaje (Nm. 33) registró los acontecimientos importantes como la batalla contra Amalec (Éx. 17:14 ss), escribió los estatutos dados en el Sinaí en el libro del Pacto (Éx. 24:4-7) y más tarde todas las prescripciones contenidas en sus últimos discursos (Dt. 31:24). El lenguaje de Moisés presenta la riqueza, vivacidad y profundidad que exige la poesía hebrea muy sencilla de estructura, y muy apropiada para la expresión del fervor. Su poema más espontáneo es el cántico compuesto inmediatamente después del paso del mar Rojo, que refleja la exaltación del triunfo sobre Faraón (Éx. 15:1-18). Moisés atribuye la gloria a Jehová (Éx. 15:1-3), describe esta victoria (Éx. 15:4-12), prevé su repercusión sobre los enemigos de Israel (Éx. 15:13-15), viendo en ello una garantía de que el Señor conducirá al pueblo a la Tierra Prometida (Éx. 15:16-18). Este cántico fue posiblemente compuesto en poco tiempo, en tanto que el Sal. 90 da evidencia de la calma de la meditación. El cántico de despedida de Moisés resume las lecciones de cuarenta años en el desierto; la intención es que fuera memorizado por el pueblo (Dt. 32; cfr. 31:19, 22). La bendición de las tribus se expresa, lo mismo que la despedida de Jacob a sus hijos, en poesía (Dt. 33). Moisés fue un gran escritor. Usa formas conocidas en la literatura egipcia que lo habían precedido. Sus concepciones literarias e históricas, el entusiasmo suscitado por el arranque de la vida nacional de los hebreos, los extraordinarios acontecimientos que vivió, prepararon a Moisés para redactar la historia de su pueblo tal como la encontramos en el Pentateuco (véase PENTATEUCO).

Bajo la dirección de Jehová, Moisés dotó a su pueblo de instituciones civiles y religiosas que los contemporáneos apreciaron como oportunas, normales y necesarias para la nación. Se correspondía con unos ideales de la época, y representaban la cumbre de la verdad sobre el plan moral y religioso. Esta legislación, que descansaba sobre la base del Decálogo, no era enteramente nueva. Israel ya había sabido por mucho tiempo que Dios aborrecía la idolatría, que quedaba prohibida por el segundo mandamiento (Gn. 35:2). Parece que el día de reposo (sábado) había estado en vigor mucho antes de la promulgación del cuarto mandamiento en Sinaí (cfr. Éx. 16:22-30). De la misma manera, el adulterio, el homicidio y el falso testimonio estaban universalmente condenados mucho tiempo antes de las leyes del Sinaí; constituían crímenes castigados en todas partes. La característica principal de la constitución de Israel fue la de poner en la base de la teocracia las obligaciones morales. P. ej., el décimo mandamiento mira más allá del acto del pecado, y va a la raíz, el malvado deseo del corazón. Los estatutos unidos al Decálogo forman la mayor parte del libro del Pacto (Éx. 21:1-23:19). Con respecto al código de Hammurabi y la pretendida dependencia de Moisés de este código según algunos eruditos, véase HAMMURABI.

Las leyes litúrgicas de Moisés fueron igualmente adecuadas. Instituían un santuario central y único. Se trataba de un edificio de tipo inmutable, simétrico, lleno de simbolismos y permitiendo la celebración de sacrificios y de un ritual único. Se estableció en Israel un sacerdocio organizado, por el que una tribu, la de Leví, asumía la representación de todos los primogénitos que, de otra manera, hubieran debido ser consagrados al servicio del Señor (cfr. Éx. 13:11-16 y 32:26-29; Nm. 3:9, 11-13, 40, 41, 45 ss; 8:16-18 y cfr. artículo LEVITAS). El tabernáculo y su culto eran expresión de un cúmulo de verdades espirituales y sombras de cosas por venir, de Cristo y su obra en sacrificio y de su sacerdocio e intercesión por los suyos en su actividad mediadora presente (véanse HEBREOS y LEVÍTICO, y respectivas Bibliografías). Las prohibiciones mosaicas ponían a los hebreos en un terreno de separación del resto de las naciones, al hacer incompatibles sus costumbres con las de los gentiles. Por otra parte, siendo como era diferente de las leyes de los cultos paganos por su monoteísmo y espiritualidad, era inteligible tanto para israelitas como para gentiles; mostraba al pecador el camino de acceso a un Dios santo. Moisés fue ciertamente inspirado como profeta, pero Dios no le reveló un código y una religión nueva en todos sus aspectos. La Ley proclamada por su mediación tenía que concordar forzosamente con las revelaciones anteriores dadas a Adán y Eva acerca de la necesidad del sacrifico para estar cubiertos ante Dios (Gn. 3:21) su aborrecimiento de la violencia e iniquidad (Gn. 6:5; 11-12 etc. ), el otorgamiento de la carne de los animales sin su sangre (Gn. 9:3-4), entre muchos otros aspectos. Moisés pasó largos días en comunión con Dios. Él iluminó su espíritu, y le dio además sus comunicaciones personales, revelándole la naturaleza de su reino, las leyes que eran más adecuadas en base a las enseñanzas que quería dar a los israelitas y a nosotros a través de las experiencias de ellos y que serían apropiadas para disciplinarlos espiritualmente. Así, inspirado por Dios, Moisés forjó la constitución de Israel con todas sus instrucciones complementarias. Es cierto que las leyes transmitidas por Moisés tienen ciertas correspondencias con leyes humanas ya existentes entonces, pero ello es de esperar en tanto que tales leyes surgían, por una parte, de una distorsión de una revelación conocida por el hombre, transmitida a través de una línea justa, y posteriormente adaptada y modificada por el hombre en su apostasía, y por otra parte de provisiones dadas por hombres ante diversas circunstancias, con una naturaleza y conciencia dadas por Dios que, aunque muy imperfectamente, podían conducir a legisladores de naciones paganas a emitir leyes con una semejanza incompleta y sin la elevación moral de la Ley dada por Dios. La Ley mosaica pone al hombre en una posición de responsabilidad hacia Dios, y no hace una división clara entre vida civil y religiosa; en realidad, la totalidad de la existencia está orientada teocéntricamente, siendo la Ley el instrumento legal del estado teocrático.

Moisés mostraba la sabiduría consustancial a un hombre de estado. Sus dones le hicieron susceptible a los celos de ciertos miembros de su propia familia (Nm. 12), a los celos de las tribus en general, y a los de la misma tribu de Leví, la suya propia, por cuanto disgustaba a otros líderes la gran autoridad ejercida por Moisés y por Aarón (Nm. 16). Moisés sufrió a causa del materialismo exhibido por los israelitas (Nm. 32), por su falta de fe en el Señor por la inclinación de ellos hacia la idolatría. Evaluó las debilidades que amenazaban la existencia misma de la nación. Su discurso de despedida (Dt. 29:30; 31) insiste en la ley del altar único y sobre el aspecto espiritual de la religión. Moisés veía en ella un medio de elevar el nivel espiritual de la nación para llevarla a un andar más estrecho con Dios, y para mantener la pureza de culto y de doctrina y de cimentar la unidad nacional, dando además provisión para unas fiestas religiosas mucho más grandiosas que las de los paganos (véanse ALTAR, DEUTERONOMIO). Todos reconocieron la grandeza de Moisés después de su muerte (Jer. 15:1; He. 3:2). En la Transfiguración tuvo el honor de estar al lado de Cristo, y de hablar con Él acerca de su muerte en Jerusalén, que sería el cumplimiento de tantos tipos que él había presentado en sus escritos prefigurando a Cristo (Mt. 17:3, 4). En cuanto a la alusión en Jud. 9, véase MIGUEL.

 

Bibliografía:

Véanse las bibliografías correspondientes a GÉNESIS, ÉXODO, LEVÍTICO, NÚMEROS, DEUTERONOMIO, CREACIÓN, DILUVIO, EGIPTO, ÉXODO (artículo específico no sobre el libro, sino sobre la marcha de Egipto), PENTATEUCO.

 MOLINO

tip, COST CONS LEYE

vet,

En Palestina y en los países vecinos se servían de dos piedras redondas como muelas (Dt. 24:6). En estos lugares las piedras de las muelas, por lo general de basalto, medían poco más de 50 cm. de diámetro y entre 6 a 10 cm. de espesor. La parte superior de la muela inferior era ligeramente convexa. En el centro había una clavija que servía de eje para la piedra superior que pivotaba, ligeramente cóncava por la base y con un agujero por el que se introducía el grano. Se hacía girar la muela superior mediante un mando vertical, unido a la piedra superior hacia su borde externo. La harina que desbordaba se recogía con un recipiente debajo de la piedra inferior. La acción de mover la piedra del molino era fatigosa y servil, y se dejaba a las mujeres (Ec. 12:5; Mt. 24:41), especialmente a las esclavas (Éx. 11:5; Is. 47:2) y a los prisioneros (Jue. 16:21). En las casas judías de clase media no se consideraba un trabajo envilecedor. Las mujeres se levantaban antes del alba, al menos en invierno, para moler el grano para la harina del día. Si desaparecían las muelas, la familia podía quedarse sin pan; ésta es la razón de que en la ley de Moisés se prohibiera la toma en prenda del molino o de la piedra superior (Dt. 24:6). El cese del sonido de la muela era una señal de ruina total (Jer. 25:10; Ap. 18:22).

También se conocía un molino más grande, de construcción análoga, pero accionado por un mulo o un buey. Es una piedra de molino de este tipo a lo que se hace alusión en Mt. 18:6.

 MOLOC

tip, DIOS

ver, DIVINIDADES PAGANAS, QUEMÓS, TOFET

sit,

vet,

Divinidad adorada por los amonitas (1 R. 11:7). El artículo que precede al término en heb. indica que no se trata de un nombre propio, sino de una expresión que significa «aquel que reina».

Recibía también el nombre de Milcom (1 R. 11:5, 33; Jer. 49:1, 3; Sof. 1:5). Esta divinidad presentaba uno de los aspectos de Baal (Jer. 32:35), nombre propio que es asimismo nombre común, sinónimo de señor.

Bajo el nombre de Melcart, «rey de la ciudad», Baal recibía en Tiro sacrificios humanos. El culto a Moloc demandaba holocaustos de niños que le eran quemados vivos. Para ello, eran depositados en los brazos del ídolo, que estaban en posición de pendiente. Al son de tambores y cánticos la víctima rodaba hacia una apertura por donde caía a un horno caliente. Las motivaciones de este sacrificio eran varias: desde emergencias nacionales hasta el mero cumplimiento de un voto por un don recibido de parte del dios. La edad de los niños sacrificados oscilaba entre recién nacidos hasta tres e incluso cuatro años; no se trataba siempre del primogénito, como se ha asumido en ocasiones. De hecho, se han hallado urnas en el Tofet de Cartago con dos o tres cadáveres de niños sacrificados, entre los tres/cuatro años de edad y recién nacidos, pertenecientes a una misma familia. Se trataba de una práctica que, como han documentado las excavaciones de Cartago, se llevaba a cabo con regularidad y normalidad. Esta práctica aumentó con la sofisticación de la civilización urbana cananea, en contra de las concepciones evolucionistas del progreso. En Cartago, las prácticas no cesaron totalmente ni aún cuando la autoridad romana, después de la conquista de la ciudad, dio muerte a los criminales sacerdotes de Baal, colgándolos de los árboles de su mismo santuario.

En la ley de Moisés se condenaba a muerte a todo el que fuera culpable de este abominable crimen (Lv. 18:21; 20:1-5). A pesar de ello, Salomón, ya anciano, erigió un altar a Milcom para complacer a sus mujeres amonitas. Durante los siglos posteriores, se sacrificaron niños a Moloc, quemados vivos, en el lugar alto de Tofet, en el valle de Hinom (Sal. 106:38; Jer. 7:31; 19:4, 5; Éx. 16:21; 23:32, 39; cfr. Is. 30:33). Acaz hizo morir así a sus propios hijos (2 Cr. 28:3); Manasés inmoló, igualmente, al menos, a uno de sus hijos (2 R. 21:6). Los israelitas del reino del norte practicaron también este rito horrendo (2 R. 17:17; Éx. 23:37). Josías destruyó los altares que Salomón había erigido sobre el monte de la perdición (una de las cumbres del monte de los Olivos) para este falso dios y para otros ídolos. El rey Josías profanó el lugar alto de Tofet (2 R. 23:10, 13). (Véanse DIVINIDADES PAGANAS, QUEMÓS, TOFET.)

Se debe hacer notar también que la LXX introduce la forma Moloc en Am. 5:26, citado en Hch. 7:43. El texto heb. puede leerse «vuestro rey» en lugar de Moloc (heb. «melek», con las vocales de «bõsheth», vergüenza, para indicar menosprecio hacia la divinidad pagana).

 

Bibliografía:

Free, J. P.: «Archaeology and Bible History» (Van Kampen Press, Wheaton, 1950);

Stager, L. E. y Wolff, S. R.: «Child Sacrifice at Carthage», en Biblical Archaeology Review, vol. 10, n.º 1, ene./feb. 1984, PP. 31-51.

 MOMIA

tip, COST RELI

ver, EMBALSAMAMIENTO, EGIPTO

vet,

En la religión egipcia era capital la preservación del cadáver a fin de que el difunto pudiera disfrutar de la otra vida. En un principio, se creía que la vida eterna estaba reservada sólo a los reyes, que eran embalsamados con vistas a su disfrute (véase EMBALSAMAMIENTO). Más tarde se generalizó la práctica, al extenderse a otras clases el disfrute de esta vida de ultratumba. Se debe observar que se creía que la vida del alma estaba supeditada a la preservación del cuerpo. De ahí esta práctica.

Se han descubierto multitud de momias en excelente estado de preservación en las excavaciones en el Valle de los Reyes en Egipto. Junto con ellas se hallan instrumentos y bienes que se creía necesitarían en su vida en el mundo invisible.

Las momias eran guardadas en sarcófagos, que en muchas ocasiones eran múltiples, y que constituían una representación del difunto. (Véase EGIPTO).

 MONARQUÍA. Véase REY.

 MONEDA

tip, MEDI

ver, PESOS Y MEDIDAS

vet,

Primitivamente, el comercio se hacía por medio de trueque. El término lat. «pecunia» (moneda) se deriva de «pecus» (ganado), lo que indica que el valor de las mercancías se medía originalmente por cabezas de ganado.

Las primeras piezas de moneda fueron probablemente emitidas en el siglo VIII a.C. en Asia Menor, entre los lidios y los griegos. Según Herodoto (1:94), los lidios se sirvieron de ellas desde su aparición. Ya desde el año 700 al 650 a.C. se acuñaban oficialmente en Lidia (Asia Menor) unos estateros hechos de una aleación de oro y plata llamada «electrón»; había monedas de plata en Egina. En el resto de Asia occidental, como en Egipto, se usaban lingotes de oro y plata que asumían distintas formas, especialmente la de anillos, y que probablemente llevaban impresa una indicación de su valor; sin embargo, estas piezas no estaban emitidas por ninguna institución oficial (Jos. 7:21; cfr. «kikkãr», círculo, nombre dado al talento). Cuando se efectuaba una transacción comercial, había poca confianza en las estampaciones de valor, por lo que se recurría al pesaje (Gn. 23:16; 43:21). (Véase PESOS Y MEDIDAS). El dinero era contado sólo en casos excepcionales y de manera aproximada (2 R. 12:10 ss)

Al principio el «siclo» no era una moneda acuñada sino un cierto peso («shekel») de plata. Los pesos se llamaban: «talento», «maneh», «siclo», «gera» y «beka» (medio siclo). Antes de la época en que los judíos emitieran su propia moneda las alusiones a siclos o a otros pesos de metales preciosos se refieren a lingotes, no a piezas acuñadas de moneda. La introducción de moneda en Persia se atribuye a Darío Histaspes (521-486 a.C.; Herodoto 4:166). Los judíos la conocerían entonces. El «dárico» ordinario (Esd. 2:69, RVR: «dracmas») era una pesada moneda de oro que llevaba a un lado la efigie del rey, con una rodilla en tierra, y blandiendo en una mano un arco, y con una jabalina en la otra. En el reverso aparecía una concavidad en forma de cuadrado irregular, indudablemente la marca de la herramienta con que se había estampado la otra cara contra la matriz. A la caída del imperio persa prevaleció en Judea el sistema monetario griego, con el «talento» y la «dracma» como unidades (1 Mac. 11:28; 2 Mac. 4:19). En el año 141-140 a.C., Simón Macabeo obtuvo el derecho a acuñar una moneda nacional teniendo su propio sello (1 Mac. 15:6), privilegio éste que bien pronto le fue arrebatado (v. 27). La pequeña moneda de cobre de Juan Hircano lleva, en el anverso, en el interior de una corona de olivo, la inscripción «Jehonanan, sumo sacerdote, y la comunidad de los judíos». El reverso tiene un símbolo griego: un doble cuerno de la abundancia alrededor de una amapola. Herodes el Grande y sus sucesores (hasta Herodes Agripa II), acuñaron monedas de cobre, pero las inscripciones aparecían siempre en griego.

Las monedas griegas siguieron teniendo curso legal en Palestina cuando los judíos tenían una moneda nacional, las dracmas y las tetradracmas. Bajo los Herodes y los procuradores, la dracma de plata (Lc. 15:8) equivalía a un poco más del denario romano. El «estatero» o «tetradracma» (Mt. 17:27) acuñado por las ciudades griegas de Siria y de Fenicia se depreció rápidamente. El «leptón», o «blanca» (Lc. 12:59; 21:2) no es el leptón de los griegos. El leptón de los judíos, su moneda más pequeña de cobre, era la mitad del «cuadrante» romano (Mr. 12:42). Como era moneda judía, debida probablemente a Juan Hircano o a algún otro macabeo, el leptón tenía curso legal en el Templo, donde no se aceptaban monedas extranjeras. La didracma se correspondía con el medio siclo (Mt. 17:24), pero no circulaba, o muy poco, en Palestina. Los judíos empleaban el «talento» ático (1 Mac. 11:28; Mt. 18:24), que Alejandro Magno había impuesto como patrón a lo largo y a lo ancho de todo su imperio, y que siguió en vigor después de él. No se trataba de una pieza de moneda, sino de una moneda de cuenta dividida en «minas» (1 Mac. 14:24; Lc. 19:13-25; del gr. «mnã»). El talento tenía 60 minas o 6.000 dracmas. La mina, que valía 100 dracmas, se devaluó rápidamente bajo los primeros césares. Cuando los romanos ocuparon Palestina, introdujeron su moneda, el «denario» (Mt. 18:28), que era de plata. Bajo el Imperio, el anverso presentaba casi siempre la cabeza del soberano reinante o de un miembro de la familia imperial. No se puede saber el valor real de estas monedas, que sufrieron diversas fluctuaciones, y cuyo poder de compra era muy superior al de las monedas de nuestros días. El tributo a César se pagaba en denarios (Mt. 22:19). El término gr. «assarion» (Mt. 10:29; Lc. 12:6) designaba al as romano, «sou», una moneda pequeña de cobre que, en el año 217 a.C., equivalía a un 1/16 de denario. Los procuradores de Judea estaban facultados para acuñar monedas en nombre de la familia imperial, aunque sólo de cobre; la leyenda figuraba en caracteres griegos. Una moneda lleva la inscripción «Ti. Claudius Caesar Germanicus», en gr., sobre el borde. En el anverso hay dos palmas con la inscripción «año 14». El reverso presenta el nombre de la emperatriz Julia Agripina. Fue acuñada en el año 54 d.C., durante la etapa de Félix como procurador.

La moneda en curso en la Palestina del NT era el denario de oro, generalmente llamado «áureo» (Ant 14:8, 5), que equivalía a 25 denarios de plata. Durante la primera rebelión, los judíos acuñaron una moneda nacional de plata, e hicieron lo mismo durante la segunda rebelión (132-135 d.C.). Después del aplastamiento de la primera rebelión, y de la toma de Jerusalén (70 d.C.), Roma acuñó monedas con la efigie y nombre del emperador Vespasiano; en el reverso figuran una mujer cautiva sentada bajo una palmera, en posición de abatimiento, y las palabras «IUDAEA CAPTA» (Judea vencida). Herodes Agripa II, que reinó sobre una parte de Galilea y al este del Jordán, continuó acuñando monedas de cobre después de la caída de Jerusalén. Algunas de ellas, que datan del reinado de Tito, tienen, en el anverso, la cabeza del emperador, su nombre y títulos y al reverso hay una victoria alada con una corona y una palma; la inscripción dice: «año 26 del rey Agripa».

Durante la segunda rebelión dirigida por Bar-Koqueba (132-135 d.C.), se volvieron a acuñar siclos y cuartos de siclo de plata y también monedas de cobre, con antiguas inscripciones hebreas. El anverso del siclo presenta un templo con cuatro columnas, indudablemente el diseño estilizado de la Puerta Hermosa del Templo de Jerusalén. El nombre de Simón, el caudillo de la insurrección, aparece en los bordes. Lo domina una estrella, alusión al sobrenombre de Simón: Bar-Koqueba: «hijo de una estrella». Para conseguir cuartos de siclos, se reacuñaron los denarios romanos; para esta época valían casi el cuarto de siclo, y podían tomar su lugar.

 MONOGAMIA

tip, LEYE COST TIPO

ver, ANCIANO, DIÁCONO, OBISPO

vet,

La monogamia es el ideal prescrito por las Escrituras (Gn. 2:18-24; Mt. 19:5; 1 Co. 6:16). Sólo ella permite la unidad total de los dos cónyuges, en tanto que la poligamia la hace imposible. El Creador confirma este hecho al hacer nacer un número aproximadamente igual de varones que de hembras. Él quiere también que el matrimonio sea una relación permanente (Mt. 19:6). Normalmente, el afecto entre marido y mujer se va desarrollando con el paso de los años. La moral reprueba la rotura del contrato. A causa de las obligaciones que les incumben, los esposos deben disciplinarse y criar a sus hijos enseñándoles a predicar el bien. El matrimonio es indisoluble antes de la muerte, excepto en caso de adulterio (Ro. 7:2, 3; Mt. 19:3-9). Pablo constata que hay rupturas arbitrarias, asimilables a una deserción (1 Co. 7:15). Los casos a los que hace alusión el apóstol iban probablemente acompañados de infidelidad conyugal. Está prohibido el nuevo matrimonio de personas divorciadas ilegítimamente (Mt. 5:32; 19:9; 1 Co. 7:10, 11). La sentencia de un tribunal civil no anula el matrimonio delante de Dios; declara si la ruptura ha sido causada por el pecado de uno de los cónyuges o por ambos. Parece que Adán, Caín, Noé y sus tres hijos fueron monógamos.

 MONOTEÍSMO

tip, DOCT LEYE CRIT

ver, MARDIKH, MELQUISEDEC, MOISÉS, CREACIÓN

vet,

Confesión y adoración de un solo y verdadero Dios, con exclusión de cualquier otro. La Biblia, de principio a fin, enfatiza el monoteísmo y muestra su exclusividad frente a cualquier otra pretensión. La confesión por excelencia de Israel es: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es» (Dt. 6:4).

En el Decálogo se prohibe explícitamente la adoración de ningún otro Dios que el eterno Dios con existencia esencial y absoluta: «No tendrás dioses ajenos delante de mí... porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso» (Éx. 20:3, 5). En el libro de Isaías, Dios proclama: «Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios» (Is. 44:6).

La concepción evolucionista de la historia sitúa al monoteísmo como una conquista relativamente tardía del espíritu humano en su emergencia del politeísmo a su vez procedente de un animismo mágico. En cambio, la primera mención de idolatría en la Biblia se halla después del diluvio. En realidad, la concepción de que el monoteísmo sea una conquista tardía del genio religioso humano es una mera especulación carente de fundamento. Por una parte, es un resultado de la aplicación artificial del proceso dialéctico a la historia de la religión, y que captura la imaginación por su aparente sencillez y plausibilidad. Pero por otra se enfrenta con los siguientes datos:

(a) la Revelación;

(b) un gran número de indicios históricos, antropológicos y etnológicos.

Por parte de la Revelación, está claro que toda divergencia del conocimiento de Dios es resultado de la rebelión contra Él. Adán conoció a Dios; Noé conocía al Dios único y verdadero. Evidentemente, Sem, Cam y Jafet también. Estos hombres, debido a la longevidad de que disfrutaron, pudieron llevar el conocimiento del Dios único y verdadero hasta varias generaciones, aun a pesar de la generalización de la apostasía por Nimrod en la época de la humanidad. Pero a pesar de la general apostasía reinante quedaban núcleos de conocimiento del único Dios. Como ilustración se puede citar a Melquisedec rey-sacerdote de Salem (Gn. 14:18). El hecho de una apostasía desde el monoteísmo hacia un cúmulo de formas degeneradas de religión es expresado lapidariamente por el apóstol Pablo en Ro. 1:21 ss. Las evidencias históricas, antropológicas y etnológicas son expuestas por Custance en «Primitive Monotheism» y por varios otros autores. Así, se puede documentar de una manera rigurosa que el marco Revelación-Apostasía es el correcto. Dice A. C. Custance: «Entre los años 1900 y 1935 se trató todo este tema de una manera erudita por parte de personas sosteniendo la idea de que las reconstrucciones evolucionistas de las creencias religiosas del hombre eran fundamentalmente erróneas y produjeron tal impacto que los filósofos evolucionistas prácticamente abandonaron esta línea de argumentación. Desde mediados de los años 30 en adelante, este tema ha sido casi inexistente, aunque muchos seminarios de ideología liberal llevan a cabo sus cursos de historia de religión como si no se hubiera escrito nada acerca de ello» (op. cit., p. 2). Se ha documentado, por ejemplo, que los más antiguos registros religiosos de China evidencian monoteísmo con ausencia de cualquier tipo de idolatría. Asimismo, las inscripciones y restos más antiguos de los pueblos semíticos más antiguos, como Sumer, revelan un monoteísmo primitivo; lo mismo se puede decir de los antiguos egipcios, de la India antigua, y de muchas tribus alrededor del mundo, desde los fueguinos hasta los pigmeos, desde los indios de América del Norte hasta los bosquimanos, de los zulús a las tribus de Australia central. Adicional confirmación de lo mencionado se halla en las tabletas de Ebla (véase MARDIKH [TELL]), que dan también evidencias de un monoteísmo antiguo en la zona del Oriente Medio en época anterior a Abraham.

En palabras de Custance: «Parece ahora claro que el hombre tiene que haber comenzado con un concepto puro de un Ser Supremo, un gran Dios, Señor de todo, Creador del mundo, misericordioso, justo, omnisciente y omnipresente. Ésta era la fe de las personas primitivas que los evolucionistas consideran nuestros "antepasados contemporáneos"» («Primitive Monotheism», Doorway Papers, a. 34, Ottawa, 1968). (Véanse MELQUISEDEC, MOISÉS, CREACIÓN, etc.).

 MONTAÑA

tip, MONT TIPO

ver, CARMELO, EBAL, GERIZIM, HERMÓN, MORIA, OLIVOS [MONTE DE LOS], SION, TABOR, PALESTINA

vet,

La tierra de Canaán es un país de montañas y valles (Dt. 11:11), pero que presenta pocas cumbres importantes. Se suceden tres cadenas orientadas de norte a sur de una forma más o menos paralela; partiendo de occidente, son:

(a) Los montes de Judea, que se prolongan por los montes de Samaria y la cadena del Carmelo. En particular se hallan hacia el sur las colinas de Jerusalén, el monte Sion, Moria y el monte de los Olivos (Sal. 125:1-2; 48:3; Gn. 22:2; 2 Cr. 3:1; Zac. 14:4); los montes de Efraín (Jos. 17:15) con el monte Ebal al norte y el Gerizim al sur (Dt. 11:29; Jos. 8:33); después se halla, en dirección al oeste, la cadena que termina con el monte Carmelo (1 R. 18:19).

(b) Los montes de Galilea, a partir del monte Gilboa (1 S. 31:8); el monte Tabor se levanta, aislado, por encima de la llanura del Esdraelón (Jue. 4:6). Unas colinas bordean al oeste el lago de Galilea y se prolongan al norte por la cadena mucho más elevada del Líbano.

(c) Una cadena montañosa al este del Jordán presenta, a partir del sur del mar Muerto: el monte Seir (Gn. 36:8) y el monte Hor (Nm. 20:22-25), los montes Abarim (Nm. 27:12; 33:48), el monte Nebo (Nm. 33:47; Dt. 32:49); después de seguir todo el curso del Jordán, frecuentemente en forma de elevada meseta, la cadena termina en el Hermón (Dt. 3:8).

En sentido figurado, los montes simbolizan la eternidad (Dt. 33:15; Hab. 3:6), la estabilidad (Is. 54:10) o bien las dificultades y peligros de la vida (Jer. 13:16), los obstáculos aparentemente insuperables (Zac. 4:7; Mt. 21:21).

Al emplear la expresión «monte del testimonio» (Is. 14:13), el profeta parece hacer hablar al rey de Babilonia a la manera de los babilonios, que situaban la sede de sus deidades en las cumbres de las montañas brumosas del norte (Delitzsch, «Commentary of the Old Testament», ob. cit.; un ejemplo adicional lo tenemos en el Olimpo de los griegos). (Véanse CARMELO, EBAL, GERIZIM, HERMÓN, MORIA, OLIVOS [MONTE DE LOS], SION, TABOR, PALESTINA.)

 MORE

tip, LUGA FLOR ARBO

vet,

(a) Terebinto (o encina) y bosquecillo cerca de Siquem (Gn. 12:6; Dt. 11:29, 30). Abraham, llegado de Mesopotamia, plantó allí sus reales al llegar a Canaán. Erigió allí un altar a Jehová, que se le había aparecido allí (Gn. 12:7). Es probable que fuera bajo este mismo árbol que Jacob enterró los ídolos que su familia había traído de Harán (Gn. 35:4). Fue sin duda en More que Josué erigió una piedra conmemorando la renovación del pacto, y allí también, muchos años más tarde, que los hombres de Siquem se reunieron para coronar a Abimelec (Jos. 24:26; Jue. 9:6), aunque los términos traducidos encina y terebinto sean ligeramente diferentes en estos diversos pasajes.

(b) Colina del valle de Jezreel, al norte de la fuente de Harod (Jue. 7:1); prob. Jebel Dahy o el Pequeño Hermón, a unos 13 Km. al noroeste del monte Gilboa, y a 1,5 Km. al sur de Naín.

 MORIA

tip, LUGA MONT

ver, PENTATEUCO SAMARITANO

sit, a3, 359, 76

vet,

(a) Región rodeando el monte al que acudió Abraham para sacrificar a Isaac. Se trata probablemente del país donde una colina, llamada asimismo Moria, vino a ser más tarde el lugar del Templo (Gn. 22:2; Ant 1:13, 1 y 2). Los samaritanos, y algunos eruditos modernos (Bleek, Truch, Stanley) han identificado More, cerca de Siquem, con Moria, y sitúan el sacrificio de Abraham sobre el monte Gerizim (cfr. PENTATEUCO SAMARITANO). La identificación de los samaritanos reposa sin duda sobre el hecho de que Abraham había erigido un altar en More (Gn. 12:6, 7); sobre todo, esta identificación arrojaba un poco de luz religiosa sobre el país de los samaritanos, pero la etimología de More no se corresponde con la de Moria.

(b) Colina donde se hallaba la era de Ornán el jebuseo. David la compró y erigió allí un altar. Salomón edificó en ese sitio el Templo (2 S. 24:18; 2 Cr. 3:1). El aspecto primitivo de este monte ha sido muy modificado por la mano del hombre, habiendo desaparecido una parte de él por los terraplenados y las construcciones. Sin embargo, se ha podido determinar su antiguo perfil. El monte Moria se levantaba entre el Cedrón y el Tiropeón. Su cumbre se elevaba frente al barranco que formaba la ramificación occidental del Tiropeón. Al norte, una ligera depresión separaba al Moria de la estrecha lengua de tierra que lo conectaba con la meseta principal. Es difícil lograr una evaluación precisa de las dimensiones del Moria primitivo. Estimación plausible: de norte a sur, alrededor de 180 m.; de este a oeste, 90 m. Según Warren, la cumbre llegaba a los 746 m. por encima del nivel del Mediterráneo. Otras terrazas, con unas laderas orientales y occidentales muy abruptas, tienen alrededor de 740 y 737 m.

 MOSCA

tip, FAUN INSE

vet,

(a) Insecto del orden de los dípteros; especialmente la mosca doméstica («Musca domestica»). Las moscas de diversas clases son tan enojosas en los países cálidos (Is. 7:18; Ec. 10:1), que los moradores de Ecrón adoraban a Baal-zebub, dios de las moscas, a quien creían capaz de dar órdenes a esta detestable molestia (2 R. 1:2).

(b) Heb. «'Arob», insecto voraz, que da dolorosas picadas, extendido por Egipto; la V. M. traduce «tábano» (Éx. 8:20; Sal. 105:31), que devoraba (Sal. 78:45) y devastaba el país (Éx. 8:21). La LXX traduce asimismo tábano («kunomuian»).

 MOSQUITO

tip, FAUN INSE

vet,

(gr. «Kõnõps, «insecto pequeño»; Mt. 23:24), muy extendido en lugares lagunosos.

Los egipcios se protegían por las noches de sus exasperantes picaduras durmiendo bajo mosquiteros (Herodoto 2:95).

El término mosquito (que no es de un gran rigor sistemático) designa evidentemente una especie particular de Culex; este insecto posee una trompa, cuerpo ahusado, dos alas transparentes, y patas largas. Se alimenta de sangre.

Filtrar meticulosamente el agua que uno va a beber para sacar de ella todo pequeño mosquito, y en cambio tragarse un camello sin mayor preocupación significa atribuir una gran importancia a detalles de etiqueta o de los deberes a llevar a cabo en tanto que se viola de una manera flagrante la ley moral.

 MOSTAZA

tip, FLOR ARBO

ver, LEVADURA

vet,

Su semilla es mencionada como algo sumamente pequeño, pero a lo que la fe de los apóstoles ni llegaba (Lc. 17:6).

El reino de Dios también es comparado a esta pequeña semilla, que sin embargo crece hasta convertirse en un árbol tan grande como para que las aves puedan hallar refugio en sus ramas. Se han hecho varias suposiciones acerca de qué planta es la aquí mencionada. La que mejor se corresponde con la descripción es la «sinapis nigra», una planta de mostaza común en Palestina. Sus semillas son extremadamente pequeñas, y crece hasta llegar a ser un arbusto «árbol» de más de tres metros de altura, de manera que las aves pequeñas pueden refugiarse en sus ramas. Hay también la «salvadora persica», que crece hasta mayor altura. La enseñanza de esta parábola es que el reino de Dios se engrandecería en la tierra, de manera que los emisarios de Satanás podrían hallar refugio bajo su sombra (cfr. Mt. 13:31, 32 y vv. 4, 19). (Véase también LEVADURA.) Se trata de un crecimiento, pero, como en otras parábolas dadas en el mismo contexto (Mt. 13), enseña un crecimiento con corrupción debido a la acción del enemigo.

 MUERTE

tip, DOCT ESCA

ver, RESURRECCIÓN, CASTIGO ETERNO, SEOL

vet,

En el sentido corriente: cesación de la vida. No entraba en la voluntad de Dios, que ha creado al hombre a su imagen, y que lo ha hecho «alma viviente». En el paraíso, el árbol de la vida le hubiera permitido vivir eternamente (Gn. 1:27; 2:7; 3:22).

La muerte ha sido el salario de la desobediencia a la orden divina (Gn. 2:17; Ro. 5:12; 6:23).

La muerte es física, por cuanto nuestro cuerpo retorna al polvo (Gn. 3:19); también es, y sobre todo, espiritual. Desde su caída, Adán y Eva fueron echados de la presencia de Dios y privados de Su comunión (Gn. 3:22-24). Desde entonces, los pecadores se hallan «muertos en... delitos y pecados» (Ef. 2:1).

El hijo pródigo, alejado del hogar paterno, está espiritualmente muerto (Lc. 15:24). Ésta es la razón de que el pecador tiene necesidad de la regeneración del alma y de la resurrección del cuerpo. Jesús insiste en la necesidad que tiene todo hombre de nacer otra vez (Jn. 3:3-8); explica Él que el paso de la muerte espiritual a la vida eterna se opera por acción del Espíritu Santo y se recibe por la fe (Jn. 5:24; 6:63). Esta resurrección de nuestro ser interior es producida por el milagro del bautismo del Espíritu (Col. 2:12-13). El que consiente en perder su vida y resucitar con Cristo es plenamente vivo con Él (Ro. 6:4, 8, 13).

(a) Tras la muerte física:

(A) Para el impío es cosa horrenda caer en manos del Dios vivo (He. 10:31) y comparecer ante el juicio (He. 9:27) sin preparación alguna (Lc. 12:16-21). El pecador puede parecer impune durante mucho tiempo (Sal. 73:3-20), pero su suerte final muestra que «el Señor se reirá de él porque ve que viene su día» (Sal. 37:13). El que no haya aceptado el perdón de Dios morirá en sus pecados (cfr. Jn. 8:24). Jesús enseña, en la historia del rico malvado que, desde el mismo instante de la muerte, el impío se halla en un lugar de tormentos, en plena posesión de su consciencia y de su memoria, separado por un infranqueable abismo del lugar de la ventura eterna, imposibilitado de toda ayuda, y tenido por totalmente responsable por las advertencias de las Escrituras y/o de la Revelación natural y del testimonio de su propia conciencia (Lc. 16:19-31; Ro. 1:18-21 ss). (Véase SEOL, HADES.)

(B) Para el creyente no existe la muerte espiritual (la separación de Dios). Ha recibido la vida eterna, habiendo pasado, por la fe, de la muerte a la vida (Jn. 5:24). Jesús afirmó: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente» (Jn. 11:25-26; cfr. Jn. 8:51; 10:28). Desde el mismo instante de su muerte, el mendigo Lázaro fue llevado por ángeles al seno de Abraham (Lc. 16:22, 25). Pablo podría decir: «Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia». Para él partir para estar con Cristo es mucho mejor (Fil. 1:21-23). Es por esta razón que «más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» (2 Co. 5:2-9). No se puede imaginar una victoria más completa sobre la muerte, en espera de la gloriosa resurrección del cuerpo (véase RESURRECCIÓN). Así, el Espíritu puede afirmar solemnemente: «Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor» (Ap. 14:13).

(b) La muerte segunda.

En contraste con la gozosa certeza del creyente, recapitulada anteriormente, se halla una expectación de juicio, y de hervor de fuego, que ha de devorar a los adversarios. La acción de la conciencia natural infunde miedo y angustiosa incertidumbre en el inconverso. Shakespeare lo expresó magistralmente en su soliloquio de Hamlet, en el que éste considera la posibilidad del suicidio; «Morir: dormir; no más; y con el sueño, decir que damos fin a los agobios e infortunios, a los miles de contrariedades naturales a las que es heredera la carne, éste es un fin a desear con ansia. Morir: dormir; dormir: quizá soñar; ¡Ah, ahí está el punto dificultoso!; porque en este sueño de la muerte ¿qué sueños pueden venir cuando nos hayamos despojado de esta mortal vestidura? Ello debe refrenarnos: ahí está el respeto que hace sobrellevar la calamidad de una tal vida, pues ¿quién soportaría los azotes y escarnios del tiempo, los males del opresor, la altanería de los soberbios, el dolor por el amor menospreciado, la lentitud de la justicia, la insolencia de los potentados, y el desdén que provoca el paciente mérito de los humildes, cuando él mismo puede, con desnuda daga, el descanso alcanzar? ¿Quién llevaría pesados fardos, gimiendo y sudando bajo una fatigosa vida, sino por el hecho del temor de algo tras la muerte, el país inexplorado de cuyos muelles ningún viajero retorna, y que nos hace preferir aquellos males que ahora tenemos, que volar a otros de los que nada sabemos? Así, la conciencia a todos nos vuelve cobardes, y así el inicio de una resolución queda detenido por el pálido manto de la reflexión» (Acto III, Escena 1).

Así, la «horrenda expectación de juicio, y el hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios» (He. 10:27) se refiere a la muerte segunda, aquella que espera a los no arrepentidos tras el juicio final. Esta segunda muerte es en las Escrituras un sinónimo de infierno. Dos veces se declara en Apocalipsis que el lago de fuego es la muerte segunda (Ap. 20:14; 21:8). En este lago de fuego los impenitentes, vueltos a levantar a la vida en sus cuerpos, pero sin admisión a la gloria, serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos (Ap. 14:10-11; 20:10). Es por ello que se trata de «sufrir daño de la segunda muerte» (Ap. 2:11). Queda en pie el hecho de la gracia del Señor, que no desea la muerte del pecador, sino su salvación. Así, la Escritura insiste en numerosas ocasiones: «No quiero la muerte del que muere... convertíos, pues, y viviréis» (Éx. 18:23, 31-32). (Véanse CASTIGO ETERNO, SEOL.)

 

Bibliografía:

Anderson, Sir R.: «Human Destiny» (Pickering and Inglis, Londres, 1913);

Hamilton, G. y Fernández, D.: «¿Dónde están los muertos?» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1977);

Lacueva, F.; «Escatología» II (Clíe, Terrassa, 1983);

Pentecost, J. D.: «Eventos del Porvenir» (Ed. Libertador, Maracaibo, 1977);

Pollock, A. J.: «El hades y el castigo eterno» (Edit. «Las Buenas Nuevas», Los Ángeles, 1961);

Winter, D.: «El más allá» (Logoi, Miami, 1972).

 MUERTO (Espíritu de un)

tip, LEYE

vet,

Los que se pretenden «médiums» afirman que los evocan y los consultan (Dt. 18:11); la voz de ellos parece venir de debajo de la tierra, como la de los espectros (Is. 29:4) o residir en el mismo médium (Lv. 20:27, heb.). El médium era llamado «poseedor» o «señor» de un espíritu.(1 S. 28:7, heb.). El médium pretendía adivinar el porvenir (Is. 8:19). Se pensaba que tenía un espíritu particular siempre dispuesto a responder a sus encantamientos y susceptible de poner en acción a otros espíritus; se creía también que se podía relacionar con el espíritu que fuera. El pasaje de 1 S. 28:8: «Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere» permite las dos interpretaciones. Consultar a los espíritus y evocar a los muertos equivalía a abandonar a Jehová, a apostatar (Lv. 19:31; Is. 8:19).

La ley de Moisés ordenaba la muerte de los que pretendían poseer este poder (Lv. 19:31; 20:6, 27; Dt. 18:10-14). Saúl hizo ejecutar este decreto; más tarde, profundamente angustiado en cuanto a su futuro, el rey fue a consultar a una mujer de Endor, que tenía contacto con espíritus, y le pidió que evocara a Samuel.

Manasés favoreció a los que consultaban a los espíritus y predecían el porvenir (2 R. 21:6; 2 Cr. 33:6).

Josías, su nieto, hizo ejecutar de nuevo la ley de Moisés en contra de los médiums (2 R. 23:24).

Según la LXX, los ventrílocuos estaban probablemente incluidos entre los médiums. La «voz del espíritu» se asemejaba a un murmullo que surgiera de la tierra. Dios prohibía con toda severidad todo contacto con los muertos porque en realidad los médiums estaban en contacto con los demonios. La pitonisa de Filipos estaba poseída de un espíritu malo que la hacía capaz de adivinar (Hch. 16:16-18). Y ciertamente sucede lo mismo con una multitud de médiums modernos, y una gran cantidad de imprudentes espiritistas acaban siendo víctimas de verdaderas posesiones diabólicas.

 MUERTOS (Llanto por los). Véase DUELO.

 MUJER

ver, MATRIMONIO, DIVORCIO, VIUDA.

vet,

Creada a imagen de Dios como el varón, es parte integral del ser llamado «hombre» (cfr. Gn. 1:27: «Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó»). Ya desde el mismo principio de la Biblia, la mujer es considerada a la par con el varón como hombre, por lo que ya desde el principio ella recibe toda su dignidad como tal. En Gn. 2 ya se establece la precedencia en la creación entre el varón y la mujer; pero si ello afecta a la posición de la mujer (1 Co. 11:9; 1 Ti. 2:13), no toca sin embargo su esencia, ya establecida en el libro de Génesis, en los mismos albores de la humanidad.

Sin embargo, debido a la caída se establece una modificación en la situación de la mujer, la cual sufre graves consecuencias. Conocerá los dolores de dar a luz y su marido dominará sobre ella (Gn. 3:16; Ef. 5:23-24). Pablo añade: «Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia» (1 Ti. 2:14). De este pasaje se han hecho diversas interpretaciones, algunas de ellas algo fantasiosas. Lo más lógico es tomar el significado llano de las palabras en su contexto, y ver que el apóstol se refiere a que será preservada en el acto de tener hijos, sumamente peligroso en muchos casos, en respuesta a su actitud ante el Señor y su ordenamiento en gobierno y gracia.

(a) Posición de la mujer en el AT.

La posición de la mujer según el AT era muy superior a la que tenía reconocida en las naciones paganas alrededor. Gozaba de mucha más libertad, siendo sus actividades más variadas e importantes, y siendo su situación social mucho más elevada y respetada. Los hijos debían honrar al padre y a la madre (Éx. 20:12). Ya en las familias de los patriarcas, las mujeres como Sara, Rebeca y Raquel jugaban un papel eminente y, en ocasiones, preponderante. María, la hermana de Moisés, y Débora, fueron profetisas y poetisas, y esta última acaudilló un ejército a la victoria (Éx. 15:20-21; Jue. 4-5). Ana, la madre de Samuel, es una hermosa figura de mujer piadosa y notablemente dotada (1 S. 1; 2:1-2). Hulda era una profetisa a la que se prestaba atención (2 Cr. 34:22). Más de una vez vemos cómo se honra en gran manera a la reina madre (1 R. 2:19; 15:13), y en las biografías de los reyes se indica siempre quién fue la madre. El triste ejemplo de Jezabel y Atalía demuestra asimismo hasta dónde podían llegar en Israel el poder e influencia de una mujer. El joven es exhortado en Proverbios a recordar la enseñanza de su madre (Pr. 1:8; 6:20), porque el hecho de menospreciarla lo llevaría a maldición (Pr. 19:26; 20:20; 30:11, 17). En cambio, en Grecia y en Roma estaban bien lejos de reconocer el valor de la mujer. Aristóteles la consideraba como un ser inferior, intermedio entre el hombre libre y el esclavo; Sócrates y Demóstenes la tenían asimismo en poca estima. Platón recomendaba la posesión de mujeres en común. En la práctica, estas mismas concepciones eran las que existían en Roma, especialmente después del triunfo de la cultura y de las formas licenciosas de los griegos.

Tampoco se debe confundir el papel de la mujer en la Biblia con el que se le da en la actualidad en los países árabes del Oriente Medio, donde es un juguete a disposición del padre y del marido. La posición de la mujer en aquellos países no deriva de la influencia que el Antiguo Testamento hubiera podido tener en la formación del Islam, sino en todo el contexto social pagano anterior de aquellas tierras, que quedó cristalizado con fuerza de ley en la institución de la poligamia y de la total impotencia de la mujer frente al varón.

En Israel, la mujer podía heredar en ausencia de un hermano capaz de suceder a su padre (Nm. 27:1-8). No obstante, en tal caso tenía que casarse con alguien de su propia tribu (Nm. 36:6-9). La actividad de la mujer se relacionaba con la totalidad de la vida doméstica:

podía ocuparse de los rebaños (Gn. 29:6; Éx. 2:16),

hilar la lana y hacer los vestidos de la familia (Éx. 35:26; Pr. 31:19; 1 S. 2:19),

tejer y coser para aumentar los ingresos de la familia y para ayudar a los desventurados (Pr. 31:13, 24; cfr. Hch. 9:39);

también recogía el agua (Gn. 24:13; Jn. 4:7),

y molía el grano necesario para el pan diario (Mt. 24:41),

preparando la masa (Éx. 12:34; Dt. 28:5)

y la comida (Gn. 18:6; 2 S. 13:8);

era asimismo su responsabilidad criar e instruir a los hijos (Pr. 31:1; cfr. 2 Ti. 3:15)

y supervisar a los siervos (Pr. 31:27; 1 Ti. 5:14).

 

(b) Posición de la mujer en el TN.

El NT muestra más claramente la elevada posición de la mujer. María dice que el Señor ha puesto sus ojos sobre su «bajeza» y que desde entonces todas las generaciones la llamarán bienaventurada (Lc. 1:48). Jesús tuvo siempre gran consideración hacia las mujeres:

Marta y María lo recibieron en su hogar;

sanó a María de Magdala;

Juana y Susana lo ayudaron con sus bienes (Lc. 8:2-3; 10:38-39).

Perdonó y salvó a la pecadora (Lc. 7:37-50).

Hubo un grupo de mujeres que le servían y que le acompañaron hasta el mismo Calvario (Mt. 27:55-56),

y después al sepulcro (Mt. 27:61).

Dispuestas a embalsamarlo, se dirigieron antes que nadie al sepulcro el día de Resurrección (Lc. 23:56; 24:1).

El Señor resucitado se apareció ante ellas primero, y tuvieron ellas el honor de ser las primeras en proclamar su victoria (Mt. 28:9-10; Lc. 24:9-11).

Junto con la madre de Jesús, se encontraban entre los 120 del aposento alto (Hch. 1:14).

Se ve también que había mujeres entre los primeros convertidos (Hch. 8:12; 9:2; 17:12).

En la Iglesia vemos ya que las mujeres se distinguen por su piedad y buenas obras:

Dorcas (Hch. 9:36),

María, la madre de Juan Marcos (Hch. 12:12),

Lidia (Hch. 16:14),

Priscila (Hch. 18:26),

las hijas de Felipe (Hch. 21:8-9).

El apóstol Pablo, por palabra del Señor, no reconoce a la mujer el ministerio de enseñanza pública ni el de dirección, que se reserva al varón (1 Ti. 2:11-12; 1 Co. 14:33-35); sin embargo, al precisar la actitud que debe tenerse, habla de la mujer «que ora o profetiza» (1 Co. 11:5; cfr. 14:3-4; Hch. 21:8-9). Menciona a numerosas mujeres que han sido sus colaboradoras en la obra de Dios y que le han sido de ayuda en sus propias actividades (Ro. 16:2-4, 6; Fil. 4:3). Había asimismo diaconisas en la iglesia primitiva (Ro. 16:1-2; 1 Ti. 3:11) y viudas puestas en unas ciertas funciones, encargadas de todo tipo de obras de asistencia (1 Ti. 5:9-10); las mujeres experimentadas debían encargarse de instruir a las jóvenes (Tit. 2:3-5).

Se expone claramente que, por lo que respecta a la salvación y a su posición en Cristo, «no hay varón ni mujer» (Gá. 3:28) y que en la nueva esfera más allá de la muerte esta distinción desaparecerá totalmente. Lo que no se puede hacer es, en base a este texto bíblico, rechazar el régimen de gobierno establecido en otros pasajes, algunos de ellos ya mencionados, en cuanto a la posición ahora establecida por Dios en su gobierno sobre el mundo y la Iglesia en la tierra. Todos, varones y mujeres, forman parte igualmente del cuerpo de Cristo, y todos, hombres y mujeres, reciben un don del Espíritu para la utilidad común (1 Co. 12:7, 11, 27). Tanto varones como mujeres son responsables ante el Señor de usar estos dones para su gloria y conforme a las instrucciones y limitaciones que Él mismo ha establecido en Su palabra, poniéndose totalmente a disposición de Aquel que nos ha rescatado a tan gran precio, para poder dar toda la gloria en confianza y obediencia a nuestro gran Libertador. (Véanse MATRIMONIO, DIVORCIO, VIUDA.)

 MULA

tip, FAUN CUAD

vet,

Mamífero herbívoro, llamado «pered» en heb. (1 R. 18:5). Es un híbrido entre un asno y una yegua o de un caballo y una asna.

Las mulas son citadas con frecuencia junto con los caballos (Sal. 32:9). Sirve de montura y de bestia de carga (2 S. 13:29; 2 R. 5:17; 1 Cr. 12:40).

La Biblia no menciona a la mula antes de la época de David, bajo cuyo reinado se hizo muy común.

Criadas en Armenia, eran llevadas a Tiro (Ez. 27:14).

 MULTA

tip, LEYE

vet,

Se halla en varias ocasiones que la ley establece, en el AT, una pena económica por comisión de faltas.

(a) Por provocar un nacimiento prematuro con un trato desconsiderado a una mujer embarazada (Éx. 21:22).

(b) Por calumnia contra la propia mujer, al hacer correr contra ella la especie de que no era virgen al contraer matrimonio (Dt. 22:29).

(c) Por desfloración de una doncella no desposada. En este caso la multa iba junto a la obligación del hombre de contraer matrimonio con la joven (Dt. 22:29).

(d) Por daños diversos, a personas o a bienes, voluntariamente o por descuido (cfr. Éx. 21:28-22:15).

 MUNDO

vet,

En la Biblia este término comporta sentidos distintos que interesa deslindar.

(a) El universo.

Es el mundo entero creado por Dios, «los cielos y la tierra» surgidos de sus manos (Gn. 1:1), que el NT designa con el nombre «kosmos». Dios ha creado, por su poder, todos los elementos constitutivos del polvo del mundo (Pr. 8:26; Jer. 10:12). Lo hizo con su divino Hijo (He. 1:2), que existía juntamente con Él desde antes de la fundación del mundo (Jn. 17:5). Dio ser al mundo por su Palabra (He. 11:3; Jn. 1:10). Este mundo pertenece a su Creador (Sal. 24:1; 50:12). El mundo no se moverá en tanto que el Señor reine (Sal. 93:1; 96:10; 1 Cr. 16:30). Constituye a los ojos de todos los hombres una demostración de las perfecciones invisibles de Dios, y es suficiente para establecer la responsabilidad de ellos (Ro. 1:20).

 

(b) La tierra habitada.

«Oíd esto, pueblos todos, escuchad, habitantes todos del mundo» (Sal. 49:1). El evangelio será predicado «en todo el mundo... a todas las naciones» (Mt. 24:14). Por lo general se ha supuesto que el conocimiento que se tenía del mundo en los tiempos antiguos era muy limitado (Gn. 10). Esto parece ser cierto en cuanto al conocimiento que la población en general tenía de su mundo, pero hay evidencias de que había círculos que preservaban y explotaban comercialmente un conocimiento mucho mayor que el tenido por el común de la gente, e incluso de los mismos comerciantes (cfr. Hapgood, «Maps of the Ancient Sea Kings»). La tierra comúnmente conocida en tiempos de los patriarcas y de Moisés parecía extenderse del golfo Pérsico hasta Libia, y desde el mar Caspio hasta el Alto Egipto. Es posible que se conocieran las tierras de Italia e incluso de España (Tarsis). También se llega hasta el sur de Arabia, aunque se ha argumentado que en realidad las flotas de Salomón llegaban hasta la India por una parte, y hasta las Canarias por otra. Así, el marco y eje de la historia del mundo antiguo estuvo en el Oriente Medio.

En el curso del desarrollo de la historia del AT los limites de este «mundo» no cambiaron demasiado, a pesar del ligero agrandamiento del horizonte geográfico. Antes del final de esta época, Media y Persia ascendieron a naciones de primera importancia. El Indo vino a ser el limite de la tierra conocida (Est. 1:1). Se conocía la existencia de Sinim (Is. 49:12). Al oeste, y bajo el reinado del faraón Necao, hubo navegantes que dieron la vuelta a África, sin por ello darse cuenta de la importancia de su expedición, que duró dos años. Lo que les pareció muy extraño fue ver que el sol se levantaba a su derecha (Herodoto 4:42). En Italia y en África del norte iba aumentando la población y se iba desarrollando lentamente la organización de la sociedad. Los mercaderes eran los que iban dando alguna noticia de los diversos pueblos. Ya hacia el final del período del AT Grecia, resistiendo a los persas, emergió a la luz de la historia.

Alejandro Magno contribuyó enormemente a incrementar los conocimientos geográficos de sus contemporáneos. Al este, sus ejércitos cruzaron el río Oxus (en nuestros tiempos el Amu Daria), llegando a Afganistán y al sur de la India septentrional. Los romanos siguieron sus huellas. En la época de Cristo, el mundo conocido se extendía desde las Islas Británicas y España hasta el Irán y el Indo; de las Canarias y el Sahara hasta los bosques de Alemania y las estepas rusas y Siberia. Se sabía que más allá de estos límites había regiones habitadas, pero no había demasiado interés, por la falta de medios de comunicación. Cuando César Augusto ordenó el censo «de todo el mundo», quería decir con esto todo el imperio romano (Lc. 2:1). No obstante, a pesar de la ignorancia humana, la Biblia nunca ha dejado de considerar todo el conjunto de la tierra. Dios la ha dado entera, en don, a la humanidad (Gn. 1:28); asegura al Mesías «los confines de la tierra» (Sal. 2:8), de la misma manera que promete al creyente «la herencia del mundo» (Ro. 4:13). De la misma manera los discípulos de Cristo son llamados a ir «por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura» (Mr. 16:15).

 

(c) La humanidad a la que Dios ama y a la que desearía salvar.

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito» (Jn. 3:16). Jesús quita el pecado del mundo (Jn. 1:29). Puso su vida en propiciación por los pecados de todo el mundo (1 Jn. 2:2). Es verdaderamente el Salvador del mundo (1 Jn. 4:14; Jn. 4:42). Él se ofrece en sacrificio por la vida del mundo (Jn. 6:33, 51). La caída de los judíos ha llegado a ser la riqueza y la reconciliación del mundo (Ro. 11:12, 15). Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo (2 Co. 5:19).

 

(d) El mundo pecador y malvado, que se aparta de Dios y rechaza su gracia.

Es el medio en el que entró el mal por la caída y donde, desde entonces, reina la muerte (Ro. 5:12). Todos los pecadores andan «según la corriente de este mundo» (Ef. 2:2), que está enteramente «bajo el maligno» (1 Jn. 5:19). Satanás es, en efecto, llamado el Príncipe de este mundo (Jn. 12:31; 14:30; 16:11). No es sorprendente que la sabiduría del mundo considere necedad el Evangelio, y a la inversa (1 Co. 1:20-21), por cuanto el espíritu del mundo está enfrentado al Espíritu de Dios (1 Co. 2:12). El mundo va más lejos aún, aborrece abiertamente a Cristo y a sus discípulos en tanto que ama y escucha a los que son suyos (Jn. 7:7; 15:18, 19; 17:14; 1 Jn. 3:13; 4:5). El mundo se ha cerrado para no recibir a Cristo, Palabra y luz de Dios (Jn. 1:5, 10; 3:19). En realidad Jesús ha venido para iluminar y salvar al mundo (Jn. 12:46-47) por lo que el Espíritu actúa para convencerlo de pecado (Jn. 16:8). Pero el endurecimiento de los impíos hará que el mundo sea juzgado junto a su príncipe (Jn. 16:8-11; 12:31). Jesús afirma que el mundo no puede recibir al Espíritu de verdad, y que Él mismo ya no lo incluye en Su oración sacerdotal (Jn. 14:17; 17:9). Al no aceptar al Salvador, el mundo queda entonces reconocido enteramente culpable ante Dios (Ro. 3:19). Esto tiene profundas consecuencias en cuanto a la actitud del creyente ante el mundo. Esta actitud tiene dos aspectos:

(A) La separación.

De la misma manera que Jesús, no somos del mundo (Jn. 8:23; 17:16). Debemos retirarnos de las contaminaciones de este mundo (Stg. 1:27; 2 P. 2:20). Nos es preciso huir de todo aquello que es del mundo y que no es del Padre: la concupiscencia de la carne, la de los ojos y la soberbia de la vida; así, no podemos amar al mundo, que pasa; pero equivaldría a un adulterio espiritual y a una rebelión contra Dios (1 Jn. 2:15-16; Stg. 4:4). Tenemos que ponernos en guardia, no fuera que seamos condenados con el mundo (1 Co. 11:32). Si realmente llegamos a distinguirnos del mundo, sufriremos su odio y tendremos tribulación; pero podemos sentirnos alentados, porque Cristo ha vencido al mundo (Jn. 15:19; 16:33) y Aquel que está en nosotros es mayor que el que está en el mundo (1 Jn. 4:4). El que ha nacido de Dios triunfa sobre el mundo por la fe (1 Jn. 5:4-5). Sin embargo, ello implica que el mundo esté crucificado para nosotros, y nosotros para el mundo (Gá. 6; 14).

(B) El segundo aspecto toca a la misión del creyente.

Sería una posición falsa la adopción de una actitud negativa. Cristo, habiendo orado a Dios que no nos quitara del mundo, sino que nos preservara del mal, nos envía al mundo como Él mismo fue enviado (Jn. 17:15, 18). Jesús, crucificado y rechazado por el mundo, se ha dado sin embargo por él. Él sigue orando por la unidad de los verdaderos creyentes, «para que el mundo crea» (Jn. 17:21). El campo al que son enviados los creyentes «es el mundo» (Mt. 13:38). Las tinieblas son densas, pero nosotros debemos brillar como luminares en el mundo, llevando la Palabra de Vida (Fil. 2:15). Si cumplimos nuestra misión, seremos semejantes a Noé, que por su fe «condenó al mundo» (He. 11:7): en efecto, él predicó la justicia y advirtió a sus contemporáneos (2 P. 2:5); puso a la vista de ellos el arca de la salvación, admitiendo además a animales, y quedando el arca abierta hasta el último momento (Gn. 6:7). En contraste con su fe, sus vecinos no murieron a causa del agua del Diluvio, sino a causa de su propia incredulidad. Si nosotros mismos hemos sido fieles, tendremos un día parte en el juicio del mundo (1 Co. 6:2).

 

(e) El presente siglo.

En ciertas versiones se traduce asimismo como mundo el término gr. «aïôn», que significa «era, período de tiempo, siglo» (cfr. la expresión «por los siglos de los siglos» en Ap. 1:1-18).

El «fin del mundo» (Mt. 13:39; 24:3 en la versión RV antigua) no significa el fin del cosmos que vendrá más tarde, sino el fin de la era presente. Un cierto pecado no será perdonado en este mundo («siglo», RVR) ni en el venidero (Mt. 12:32). Los cuidados de este siglo impiden que la semilla dé fruto (Mt. 13:22). La misma expresión siglo nos muestra el carácter breve y pasajero de nuestro mundo actual.

 

(f) El mundo venidero.

Es el mismo término «aïõn» aplicado al «siglo venidero», es decir, al mundo futuro, a la eternidad que se avecina (Lc. 20:35; Ef. 1:21; 2:7; He. 6:5).

El creyente tiene que considerar cuidadosamente la dicha de pertenecer a Aquel cuyo reino no participa del carácter de este mundo (cfr. Jn. 18:36). Habiendo ya gustado del poder del mundo venidero, el creyente sabe a dónde se dirige.

 MURALLA

tip, ESCA CONS EJER

vet,

Las ciudades antiguas generalmente estaban rodeadas de murallas para su defensa militar. Jericó tenía un muro doble de ladrillo con viviendas construidas como «puentes» entre los dos muros (Jos. 2:15). El espacio entre los muros constituía una «segunda línea de defensa», pero la gente lo aprovechaba para actividades comerciales y para viviendas. En la época del Antiguo Testamento los muros de Jerusalén tenían 34 torres y 8 puertas. En tiempo de guerra los arqueros disparaban desde las torres y desde los muros y echaban piedras sobre los atacantes (2 S. 11:20-24). La monarquía hebrea terminó cuando los babilonios destruyeron los muros de Jerusalén (2 Cr. 36:17-19). La misión más urgente de Nehemías fue reconstruirlos (Neh. 1:3; 2:8-20; 3:4; 6:15), pues los muros representaban protección.

La ciudad celestial descrita en el Apocalipsis tiene muros que pueden ser simbólicos o reales, cuya apariencia es como de piedras preciosas. La Jerusalén del milenio es, en cambio, una ciudad sin muros, como las ciudades modernas (y aún la actual Jerusalén, que se extiende por todo el territorio alrededor de los restos antiguos, que son reliquias arqueológicas), puesto que la presencia de Dios la protegerá (Ap. 21:12-14). Y la profecía de Zacarías es aún más maravillosa, por cuanto dice que no habrá necesidad de muros en la Nueva Jerusalén, puesto que Dios mismo será un «muro de fuego» para proteger a su pueblo (Zac. 2:4, 5).

El lugar más sagrado para los judíos en la Jerusalén moderna es «El muro de las Lamentaciones». Creen que formaba parte de los cimientos del templo de Salomón y que encerraba el lugar santísimo.

 MURATORI (Fragmento)

tip, MANU

ver, CANON

vet,

Se trata de un antiguo escrito descubierto por Ludovico Antonio Muratori (1672-1750), fundador de la ciencia historiográfica en Italia. El hallazgo tuvo lugar en la Biblioteca Ambrosiana de Milán. Se hallaba en un códice latino del siglo VIII, y el mismo Muratori lo publicó posteriormente en «Antiquitates Italicae Medii Aevi», III (Milán, 1740, PP. 851-854). Más tarde se descubrieron, en la biblioteca del monasterio de Montecasino, cuatro fragmentos pequeños del mismo escrito procedentes de códices de los siglos XI y XII.

Este escrito da una lista de libros del Nuevo Testamento, con valiosas indicaciones acerca de varios de ellos. Se conservan 85 líneas del texto, faltando la primera o primeras. Ello explica que no se halle referencia a los Evangelios de Mateo y Marcos. En cambio, sí se mencionan Lucas, Juan, Hechos, 1 y 2 Corintios, Efesios, Filipenses, Colosenses, Gálatas, 1 y 2 Tesalonicenses, Romanos, Filemón, Tito, 1 y 2 Timoteo, 1, 2 (¿3?), Juan, Apocalipsis, y ¿1 Pedro? No se mencionan Hebreos, Santiago ni 2 Pedro (véanse los artículos correspondientes). En cambio, sí se mencionan como formando parte del canon del NT el Apocalipsis de San Pedro y la Sabiduría de Salomón. Por otra parte, se rechazan la Carta a los Laodicenses, que pretendía ser una carta del apóstol Pablo, pero que no era nada más que una falsificación para apoyar la herejía marcionita, que participaba de peligrosas características gnósticas. En este fragmento se menciona el Pastor de Hermas, recomendándolo como lectura privada, pero negando que tuviera canonicidad. Esto nos da indicios para evaluar el carácter de la cristiandad de aquel momento. El Pastor contiene, entre otros pasajes abiertamente heréticos, una defensa de un inmoral ascetismo. Esta doctrina se había aceptado en Alejandría, y se extendió entre el clero el hábito de cohabitar y dormir con mujeres solteras, también consagradas al celibato, pero estando por encima de toda pasión, por encima de aquella malvada naturaleza a la que habían descendido almas puras. Este estado de cosas no debería causar asombro, pero sí que ello, procedente de las prácticas paganas y de una filosofía que desconocía a Dios, fuera incorporado a la Iglesia, y que Hermas fuera leído. Sin embargo, el ejemplo de Corinto ya es suficiente para poder ver las desviaciones que podían darse, incluso cuando se ejercía la autoridad plena y correctiva de los apóstoles. Así, aunque el Canon de Muratori sea históricamente un importante testimonio, no puede ser aceptado en el establecimiento del canon como autoridad decisoria.

Por las evidencias internas que ofrece (al hablar de Hermas, y relacionarlo con el obispo de Roma, su hermano Pío), la redacción de este documento tuvo que tener lugar en la segunda mitad del siglo II. En cuanto a su paternidad, las opiniones están muy encontradas. La mayor probabilidad es asignada a Hipólito de Roma (Lightfoot, Zahn y Lagrange); otros autores propuestos son Melitón de Sardis (Bartlet); Polícrates de Éfeso (Kuhn); Clemente de Alejandría (Chapmann) y hasta Rodón (Erbes); Muratori pensaba que se trataba de Cayo Romano. Sin embargo, no hay razones bien fundadas para ninguna de estas identificaciones, por lo que se trata de una cuestión no resuelta.

Otra cuestión es su lenguaje original. Hay partidarios de que fue escrito originalmente en griego y traducido después al latín (Zahn, Merck), en tanto que otros afirman que fue escrito ya al principio en latín (Harnack, Altaner). Sin embargo, tampoco se puede afirmar nada con certidumbre. El latín, no obstante, es muy deficiente. Presenta muchos barbarismos y, en algunos lugares, es difícil comprender su significado. (Véase CANON.)

 

Bibliografía:

Meinertz, M.: «Einleitung in das Neuen Testament», 1949, 410-414;

Darby, J. N.: «Collected Writings», vol. 14, PP. 44-47; 18, PP. 81, 187, 267-269; 22, PP. 246-248.

 MURCIÉLAGO

tip, FAUN LEYE AVES

vet,

(Heb «'talleph»)

El murciélago estaba clasificado con las aves y declarado impuro (Lv. 11:13, 19; Dt. 14:11, 12, 18).

Se esconde en lugares oscuros y es un ser de hábitos nocturnos. Tristán enumera diecisiete especies en Palestina. Es un mamífero volador, cubierto de pelo y no de plumas, con dientes en lugar de pico; amamanta a sus pequeños y no pone huevos; no tiene verdaderas alas emplumadas, sino unas membranas que se extienden sostenidas por unos dedos de gran longitud, y que además conecta las extremidades anteriores con las posteriores.

 MÚSICA

tip, MUSI

ver, ARPA, HIMNOS, SALMOS

vet,

Su origen es muy antiguo (Gn. 4:21).

Entre los hebreos:

María y sus compañeras cantaban las alabanzas de Jehová al son de los panderos, por haber librado a los israelitas en el paso del mar Rojo (Éx. 15:20).

El pueblo cantó y danzó en torno al becerro de oro, celebrando ritos paganos (Éx. 32:6, 18-19).

Durante las fiestas familiares y las solemnidades religiosas había música vocal e instrumental, y danzas (Jer. 25:10; 1 Mac. 9:39; Lc. 15:25).

El cortejo nupcial iba acompañado a lo largo del trayecto con cantos y música (Jer. 7:34).

Las mujeres, con sus panderos, acogían el retorno de los guerreros vencedores, con sus cánticos y danzas (Jue. 11:34; 1 S. 18:6).

Los reyes poseían músicos profesionales (2 Cr. 35:25; Ec. 2:8).

La accesión de un soberano al trono, su casamiento, sus festines, era todo ello alegrado por los músicos (2 S. 19:35; 1 R. 1:40; Sal. 45:9).

Los pastores poseían arpas, o cítaras (1 S. 16:18).

Había la lira de diez cuerdas, la cítara y el arpa, instrumentos con los que se acompañaba el cántico de los salmos (Sal. 92:1-4; 137:2; cfr. Am. 6:5).

Los hebreos consideraban que la música apaciguaba. Saúl, atormentado por un mal espíritu, hizo llamar a David para que tocara el arpa ante él (1 S. 16:14-23). En ocasiones la música contribuía para llegar al éxtasis profético (1 S. 10:5-10). Buscando inspiración, Eliseo pidió que le tañeran un arpa (2 R. 3:15). La música favorecía el recogimiento y elevaba los sentimientos. «La profecía, decía Maimónides (filósofo y teólogo judío del S. XII d.C.), no residía en medio de la melancolía ni de la apatía, sino en medio del gozo.»

Los hebreos tenían tres clases de instrumentos: de cuerda, de viento, de percusión.

(a) Cuerda.

Los de cuerdas tenían la caja de sonido de madera, y las cuerdas de tripa vibraban bajo los dedos de una o de ambas manos, o por la acción de un plectro de madera, marfil o metal. Los instrumentos de este tipo eran especialmente el arpa y el salterio. El arpa, de uso popular, servía tanto para la música sagrada como para la profana (véase ARPA). El salterio, usado especialmente en las ceremonias religiosas, se armonizaba con la voz de soprano; el arpa tenía una escala más baja en una octava (1 Cr. 15:20, 21).

(b) Viento.

Los principales instrumentos de viento eran las flautas, las cornamusas y los cuernos. Con frecuencia la flauta se usaba acompañada de otros instrumentos (1 S. 10:5; 1 R. 1:40; Is. 5:12; 30:29; Ec. 40:21); servía para dar el son a los bailarines (Mt. 11:17); se tocaban en las bodas (1 Mac. 3:45; Ap. 18:22); servían de acompañamiento a los clamores de las plañideras (Jer. 48:36; Mt. 9:23; Guerras 3:9, 5). La Biblia no menciona el empleo de la flauta en el Templo, pero sabemos que se usaba en la música sagrada (1 S. 10:5), en los cortejos religiosos (Is. 30:29); que tenía su papel en el segundo Templo, especialmente en la Pascua y en la Fiesta de los Tabernáculos. En ocasiones se tocaba un cuerno de carnero o de otros animales, para reforzar el sonido de los instrumentos (1 Cr. 15:28; 2 Cr. 15:14; Sal. 98:6); sin embargo, el cuerno era especialmente utilizado con fines militares o para las convocaciones. Los sacerdotes anunciaban las ceremonias, convocaban a asamblea y estimulaban a los combatientes por medio de trompetas de plata, estrechas, que medían poco más de un codo; recibían el nombre de «hãss'rãh» (Nm. 10:1-10). Las bocinas se hacían sonar en raras ocasiones (Os. 5:8; posiblemente 2 R. 11:14; 2 Cr. 23:13).

(c) Percusión.

Instrumentos de percusión: el más popular era el pandero, que de ordinario era tocado por las mujeres; durante las fiestas eran usados para dar el ritmo a las danzas y a los cánticos (Gn. 31:27; Éx. 15:20; Jue. 11:34; Sal. 81:3). Los címbalos de bronce retiñían dentro del Templo (1 Cr. 15:19). La exaltación profética se acompañaba de diversos instrumentos (1 S. 10:5), de lo que no hay duda alguna tocante al primer Tabernáculo.

David introdujo la música en el santuario, y Salomón la favoreció (2 S. 6:5, 14; 1 R. 10:12; 1 Cr. 15-16). Ezequías y Josías la reintegraron en el culto (2 Cr. 29:25; 35:15). Asaf, Hemán, Etán (Jedutún), tres de los principales jefes de la música sagrada, fueron los asistentes de David. Los cantantes y músicos, levitas dirigidos por Asaf, tenían como misión alabar al Señor delante del Arca del Tabernáculo en Sion, en tanto que los coros de Hemán y de Jedutún estaban dispuestos para la alabanza en el antiguo Tabernáculo en Gabaón (1 Cr. 16:4-6, 39-42). Más tarde, los tres coros se reunieron para el servicio del Templo. Bajo David, se contaba con cuatro mil miembros (1 Cr. 23:5), de los que 288 eran maestros en el arte, encargados de la instrucción de los menos hábiles (1 Cr. 25:7, 8). Estos 288 estaban divididos en veinticuatro órdenes, comprendiendo cada uno de ellos a doce maestros; cuatro de estos órdenes estaban compuestos de miembros de la familia de Asaf, seis de Jedutún, catorce de Hemán. Para el acompañamiento del canto había el conjunto de instrumentos de cuerda y de címbalos, de los que posiblemente se servía el músico principal, para indicar el tiempo (1 Cr. 15:19-21). De este pasaje se desprende que la proporción de arpas y salterios era de seis a ocho. En el Templo de Herodes había por lo general dos salterios, nueve arpas, un címbalo, y, en algunas ocasiones, flautas. El toque de trompetas, con las que los sacerdotes acompañaban a los instrumentos de cuerdas, se oía en raras ocasiones (2 Cr. 5:12, 13; 7:6). En el segundo Templo fue reducido el personal de la orquesta y el coro, Si en dicho Templo se daba un acompañamiento de trompetas a los instrumentos habituales, sólo se tocaban durante las pausas o como responso (Esd. 3:10, 11). Los músicos se situaban al este del altar (2 Cr. 5:12). En el Templo de Herodes, ocupaban una gran escalinata que subía desde el atrio de Israel hasta el patio de los sacerdotes. En el Templo mismo, un coro de jóvenes, situados al pie de esta escalinata, unía sus voces de tono más agudo a las de los levitas.

La música hebrea, poco conocida, tenía una gama de ocho sones. Los coros interpretaban, probablemente al unísono, la misma melodía sagrada, dividida en una parte masculina y otra femenina, cantada una octava más alta. Los instrumentos acompañaban al unísono (1 Cr. 15:20, 21). Los títulos de los Sal. 9, 22, 45, 56, 57 y los de otros son probablemente indicadores de estas melodías. Se practicaba la antífona y el responso (Éx. 15:21; Neh. 12:31-43), con frecuencia también en el Templo (Esd. 3:10, 11; Jer. 33:11). Ello está demostrado por la estructura de diversos salmos (p. ej.: Sal. 24:7-10; 136).

En el primer Templo la asamblea participaba en raras ocasiones en el cántico, como no fuera para participar en el final amén (1 Cr. 16:7, 36). En el Templo de Herodes, el pueblo entonaba, a veces, el responso. (Véanse HIMNOS, SALMOS.).

 MUSLO. Véase JURAMENTO.

 MUTILAR

vet,

Este verbo se usa en Gá. 5:12 y en Fil. 3:2, y en ambas ocasiones con respecto a los profesos cristianos legalistas que insistían en situar a los cristianos procedentes de la gentilidad sobre el terreno de la ley, sin la cual, según ellos, no era posible la salvación. Pablo se dirige duramente contra aquellos que añadían a la obra consumada de Cristo, que se recibía por la sola fe, sin nada más como condición adicional. Por ello lanza los duros ataques contenidos, por cuanto la pretensión de la necesidad de la circuncisión para salvación desvirtuaba la obra salvadora de Cristo y abría el camino para tendencias mucho peores, como se ha podido comprobar históricamente.