PABLO

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(gr. «Paulos», lat. «Paulus», «pequeño»).

El apóstol de los gentiles.

(a) Origen y familia.

Su nombre judío era Saulo (heb. «Shã'ûl», gr. «Saulos»). A partir de la conversión de Sergio Paulo, procónsul de Chipre, Saulo recibe en Hechos el nombre de Pablo («Paulos»; cfr. Hch. 13:9). En sus epístolas, el apóstol siempre se llama a sí mismo Pablo. Se ha venido a suponer, por parte de algunos, que eligió el nombre de Pablo debido a la conversión del procónsul. Se trata de una afirmación muy poco probable, y que no tiene en cuenta la manera en que Lucas introduce en los Hechos el nombre romano del apóstol; de hecho, lo emplea a partir del instante en que da comienzo entre los gentiles la obra de aquel a quien ellos conocían como Pablo. Lo más plausible es que ya desde el principio Pablo habría tenido ambos nombres. Éste era el caso con muchos otros judíos, especialmente entre los de la Diáspora (Hch. 9:11; 21:39; 22:3). Era miembro de la tribu de Benjamín (Fil. 3:5). No se conoce con certeza la razón de que su familia se estableciera en Tarso. Una tradición muy antigua informa que salieron de Gischala, en Galilea, cuando los romanos se apoderaron de esta ciudad. Hubiera podido ser posible que en tiempos anteriores esta familia hubiera formado parte de una colonia que alguno de los reyes sirios estableciera en Tarso (cfr. Ramsay, «St. Paul the Traveler», p. 31). Es posible también que la familia emigrara voluntariamente, por necesidades de la profesión de comercio, como era el caso con muchas otras familias judías. Los parientes de Pablo parecen haber sido numerosos e influyentes. En Ro. 16:7, 11, Pablo hace saludar a tres de sus parientes: dice de Andrónico y de Junias que son muy estimados entre los apóstoles y que fueron antes que él en Cristo. En Hch. 23:16 se nos informa que el hijo de la hermana de Pablo (que parece que residía en Jerusalén, posiblemente con su madre), denunció ante el tribuno el complot tramado contra su tío. Este episodio permite suponer que el joven estaba emparentado con alguna de las familias implicadas. Lo importante del papel de Pablo, a pesar de su juventud, durante el martirio de Esteban, apoya esta suposición. Es indudable que Pablo era ya miembro del sanedrín (Hch. 26:10), y el sumo sacerdote le encomendó la misión de que persiguiera a los cristianos (Hch. 9:1, 2; 22:5). Las mismas palabras del apóstol (Fil. 3:4-7) prueban que, siendo un personaje importante, y teniendo en el comienzo mismo de su carrera la perspectiva de honores y fortuna, no pertenecía precisamente a una familia oscura. Criado en la obediencia a la Ley y en la piedad judía tradicional, por cuanto su padre era un fariseo estricto (Hch. 23:6), Pablo poseía también, por nacimiento, la ciudadanía romana. No se sabe en virtud de qué fue concedido este derecho a uno de sus ascendientes, si como recompensa por servicios prestados al Estado, o como privilegio adquirido mediante el pago de una gran suma de dinero. Es posible que ello dé explicación del nombre latino de Pablo. En todo caso, su condición de ciudadano romano le fue de utilidad en su apostolado y le salvó la vida en más de una ocasión.

 

(b) Formación moral e intelectual.

Tarso, una de las capitales intelectuales de la época, era un foco de cultura griega. Estaba entonces de moda el estoicismo. Sin embargo, es muy poco probable que Pablo acudiera a escuelas griegas; sus padres, austeros judíos, lo enviaron de joven a estudiar en Jerusalén. Los jóvenes judíos aprendían una profesión, y Saulo hizo el aprendizaje de fabricación de tiendas (Hch. 18:3). Dice él (Hch. 22:3) que había sido criado en Jerusalén, a donde tuvo que llegar muy joven. La educación recibida lo arraigó profundamente en las tradiciones del fariseísmo. Fue instruido en el conocimiento preciso de la ley de sus padres (cfr. Hch. 22:3). Su maestro fue uno de los más célebres rabinos de su época, Gamaliel. Un discurso de Gamaliel (Hch. 5:34-39) convenció al sanedrín a no condenar a los apóstoles a muerte. Aunque era fariseo, el gran rabino no rechazaba del todo la cultura griega, y mostraba un espíritu tolerante. A sus pies, el joven Saulo no estudió solamente el AT, sino también las sutilezas de las interpretaciones rabínicas. Se lanzó ardorosamente dentro del seno del judaísmo, animado de un excesivo celo por las tradiciones de sus padres (Gá. 1:14). Versado en la religión y en la cultura judías, sumamente dotado, miembro de una familia distinguida, el ferviente joven fariseo estaba preparado para grandes logros en el seno de su pueblo.

 

(c) Saulo el perseguidor.

Los falsos testigos que lapidaron a Esteban encargaron al joven Saulo que guardara sus ropas (Hch. 7:58). Si el papel de Saulo no tuvo un carácter oficial, el relato implica, no obstante, que el joven participó en el deliberado propósito de llevar a cabo aquella muerte (Hch. 8:1). Saulo fue seguramente uno de los judíos helenistas mencionados en Hch. 6:9-14 como instigadores del martirio. Es evidente que Pablo ya aborrecía entonces a los adeptos de aquella nueva secta, menospreciando a su Mesías, y que los estimaba peligrosos tanto sobre el plano político como sobre el religioso. Lleno de un fanatismo firme y acerbo, estaba dispuesto a llevarlos a todos a la muerte. Acto seguido después de la muerte de Esteban, Saulo organizó la persecución contra los cristianos (Hch. 8:3; 22:4; 26:10, 11; 1 Co. 15:9; Gá. 1:13; Fil. 3; 1 Ti. 1:13). Su conciencia ofuscada lo llevó a actuar con el encarnizamiento de un inquisidor. No contento con actuar en Jerusalén, pidió cartas del sumo sacerdote para las sinagogas de Damasco, a fin de llevar presos a Jerusalén a los cristianos de origen judío ,a los que quería llevar cargados de cadenas (Hch. 9:1, 2).Los judíos tenían una gran autonomía en sus asuntos internos, con la autorización de los romanos. En Damasco, que estaba bajo el control de Aretas, rey de los nabateos, el gobernador era particularmente favorable hacia los judíos (Hch. 9:23, 24; 2 Co. 11:32); así, es totalmente plausible la intervención de Pablo en esta ciudad. El testimonio formal de Lucas, corroborado por el propio Pablo, revela que éste, hasta el mismo momento de su conversión, aborrecía a los cristianos, y creía estar sirviendo a Dios al perseguirlos.

 

(d) La repentina conversión de Saulo en el camino de Damasco (Hch. 9:1-19).

El perseguidor y sus compañeros siguieron, probablemente a caballo, el camino que iba de Galilea a Damasco, a través de regiones desérticas. Hacia el mediodía llegarían a las bellas campiñas irrigadas que rodeaban Damasco; el sol estaba en su cenit (Hch. 26:13). Repentinamente apareció en el cielo una luz fulgurante, empalideciendo la del sol, y los viajeros cayendo al suelo (Hch. 26:14). Pablo se quedó postrado, al parecer, en tanto que sus compañeros se levantaban (Hch. 9:7). Una voz saliendo del resplandor dijo en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón» (Hch. 26:14). Saulo le dijo: «¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hch. 26:15). «Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer» (Hch. 9:6; 22:10). Los compañeros de Pablo oyeron algo (Hch. 9:7), pero sólo él entendió lo que la voz decía (Hch. 22:9). La luz dejó ciego a Pablo. Así, entró en Damasco conducido por la mano, y fue llevado a la casa de un cierto Judas (Hch. 9:11), donde estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Estuvo orando (Hch. 9:9, 11), tratando de comprender el significado de lo que le había sucedido. Al tercer día, el Señor ordenó a Ananías, cristiano de origen judío, que se dirigiera a Pablo y que le impusiera las manos para que recobrara la vista. Ananías dudaba, porque temía al perseguidor. El Señor le dio seguridades, revelándole que Pablo había sido advertido por una visión, y Ananías obedeció. Saulo confesó su fe en el Señor Jesús, recobrando la vista y recibiendo el bautismo. Con su energía característica, y para confusión de los judíos, se puso de inmediato a proclamar en las sinagogas que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios (Hch. 9:10-22).

En Hechos se dan tres relatos de esta conversión: el relato de Lucas (Hch. 9:3-22); el de Pablo a los judíos (Hch. 22:1-16), y por último su testimonio ante Festo y Agripa (Hch. 26:1-20). Los tres registros concuerdan entre sí, aunque cada uno de ellos remarca unos detalles que no aparecen en los otros. El narrador tiene en cada caso un propósito diferente. En las epístolas, Pablo hace frecuente alusión a su conversión, que él atribuye a la gracia y al poder de Dios (1 Co. 9:1, 16; 15:8-10; Gá. 1:12-16; Ef. 3:1-8; Fil. 3:5-7; 1 Ti. 1:12-16; 2 Ti. 1:9-11). Así, los testimonios más convincentes dan prueba de esta conversión. Así, es cierto que no sólo se dignó Jesús dirigir la palabra a Saulo, sino que se le apareció (Hch. 9:17, 27; 22:14; 26:16; 1 Co. 9:1). La forma de Su aparición no nos ha sido descrita, pero es evidente que fue gloriosa: el fariseo se dio cuenta de que el Crucificado era el Hijo de Dios. Habla de la «visión celestial» (Hch. 26:19), expresión esta que se menciona sólo en Lc. 1:22 y 24:23; y que describe una manifestación angélica y sobrenatural. La pretensión de que Pablo fuera el juguete de una ilusión es algo que carece de todo fundamento. Pero tampoco fue la sola aparición de Cristo lo que provocó su conversión. Ésta se produjo evidentemente gracias a la obra del Espíritu en el corazón de Saulo, hecho por ello capaz de comprender y aceptar la verdad, que le había sido revelada (cfr. en particular Gá. 1:15 ss.). En fin, Dios se sirvió de Ananías para poner al nuevo convertido en relación con la naciente iglesia. Las diversas teorías racionalistas que intentan explicar la conversión de Saulo sin tener en cuenta la intervención personal y sobrenatural de Cristo, esquivan el testimonio del apóstol. Él declara que, hasta el momento mismo de su conversión, consideraba que era su deber perseguir a los cristianos para ser leal al judaísmo. Él afirma que su conversión se debió al poder y a la gracia soberana de Dios, que, sin saberlo el mismo Saulo, lo había preparado para su tarea futura. Su condición de ciudadano romano, la educación rabínica que había recibido, y sus dotes intelectuales, hacían de él un instrumento calificado. Se cree, con razón, que Saulo, a pesar de su celo, no había hallado en el judaísmo la paz que su alma necesitaba (Ro. 7:7-25). Lo repentino de su conversión debió hacerle consciente de que la salvación se debe totalmente a la gracia de Dios manifestada en Cristo. Su misma experiencia religiosa contribuyó a hacer de él el gran intérprete del Evangelio, a proclamar que sólo por la fe personal en la obra expiatoria de Cristo justifica Dios al pecador.

 

(e) Inicio de su vida cristiana.

Desde su conversión, Saulo empezó a anunciar el Evangelio. Su carácter enérgico le llevaba a ello, así como la revelación de los propósitos de Dios, que lo llamaba al apostolado (Hch. 9:15; 26:16-20; Gá. 1:15, 16). Predicó a Cristo en las sinagogas de Damasco (Hch. 9:20-22). Los judíos de la ciudad, apoyados por el gobernador, decidieron eliminar a Saulo (2 Co. 11:32). Los discípulos le salvaron la vida bajándolo de noche por el muro dentro de una canasta (Hch. 9:23-25; 2 Co. 11:33). En lugar de volver a Jerusalén, se dirigió a Arabia, y volvió después a Damasco (Gá. 1:17). Se desconoce el lugar de Arabia en el que estuvo Pablo, o el tiempo que se quedó, o lo que hiciera allí; lo probable es que se diera a la meditación y a la oración en soledad. Tres años después de su conversión fue de Damasco a Jerusalén para conocer a Pedro (cfr. Gá. 1:18). Estuvo solamente quince días en Jerusalén, y no vio a ningún otro apóstol, excepto a Jacobo, el hermano del Señor (Gá. 1:19). Lucas ofrece algunos detalles suplementarios (Hch. 9:26-29). Los cristianos de Jerusalén tenían miedo de Pablo, y no creían que se hubiera convertido en discípulo de Cristo. Pero Bernabé, con la generosidad que le caracterizaba, presentó a Pablo a los apóstoles, y les relató su conversión y los sufrimientos que había tenido que sufrir a causa de su cambio radical. El antiguo perseguidor anunciaba enérgicamente el Evangelio y quería convencer a los judíos helenistas, sus amigos de otros días (Hch. 9:26-29), que intentaron darle muerte. Por esta razón, los discípulos enviaron a Pablo a Cesarea, desde donde se dirigió a Tarso (Hch. 9:29, 30; Gá. 1:21). El Señor se le apareció en el Templo, en Jerusalén, y le reveló que su apostolado iba a tener lugar entre los paganos (Hch. 22:17-21). Hay exegetas que han pretendido que los pasajes de Hechos que relatan esta visita a Jerusalén no concuerdan con los de la Epístola a los Gálatas. Sin embargo, es fácil ver la armonía de ambos relatos. Es muy probable que Saulo, queriendo trabajar de acuerdo con los doce, quiso visitar a Pedro, que tenía un lugar prominente. La desconfianza de los cristianos de Jerusalén con respecto al antiguo fariseo era bien natural; y el gesto de Bernabé, judío helenista como Pablo, está muy de acuerdo con su actitud posterior. Por otra parte, dos semanas transcurridas en Jerusalén fueron suficientes para el desarrollo de los hechos relatados en Hechos. La orden de partir que le dio el Señor a Saulo confirma la brevedad de esta visita (Hch. 22:18). El pasaje de Lucas, mencionando que Bernabé «lo trajo a los apóstoles», no contradice en absoluto la afirmación de Gá. 1:18, 19, según la cual Saulo sólo vio a Pedro y a Santiago. Estas dos personas (el segundo recibe asimismo el nombre de «columna» Gá. 2:9) representaban en esta ocasión a todo el cuerpo apostólico. Éste es el significado de la afirmación de Lucas en Hechos. En todo caso, Saulo y los dirigentes de la iglesia en Jerusalén comprendieron entonces con claridad que Cristo destinaba al nuevo discípulo a ser el apóstol de los gentiles. No parece que en este momento nadie se preocupara de la actitud que tomarían los convertidos provenientes del paganismo hacia la Ley de Moisés. Ni tampoco nadie podía suponer la importancia que tendría la misión de Pablo, pero reconocieron el mandato que le había sido dado. Conscientes de que su vida peligraba, los enviaron a Tarso (Hch. 9:30).

 

(f) Saulo en Tarso y en Antioquía de Siria.

Son escasos los datos acerca del comienzo de este período. Es probable que la estancia de Saulo en Tarso durara de 6 a 7 años (véase el apartado cronología al final de este artículo [PABLO (III)]). Es indudable que el nuevo testigo llevó a cabo una obra misionera y que fundara las iglesias de Cilicia, mencionadas de manera incidental en Hch. 15:41. En Tarso seguramente se encontró frente a diversas corrientes intelectuales; ya se ha mencionado que la ciudad era un foco de la filosofía estoica. El encuentro del apóstol con los epicúreos y los estoicos en Atenas da evidencia de que conocía bien los sistemas de ambos (Hch. 17:18-19). Anunciando el evangelio en Tarso, es indudable que Pablo se atendría a lo que el Señor le había mostrado acerca del carácter de su ministerio. Algunos cristianos de origen judío-helenista, que habían sido ahuyentados de Jerusalén por la persecución que siguió al martirio de Esteban, llegaron a Antioquía de Siria, sobre el Orontes, al norte del Líbano. El gobernador romano de la provincia de Siria vivía entonces en esta ciudad, que había sido anteriormente la capital del reino de Siria. Antioquía contaba con más de medio millón de habitantes. Una de las principales ciudades del imperio, y centro comercial con una población muy mezclada, ejercía una poderosa influencia. Cerca de Palestina, y a las puertas del Asia Menor, y manteniendo relaciones comerciales y políticas con todo el resto del imperio, esta ciudad constituía una base desde donde la nueva fe, destinada a separarse del judaísmo, debía partir hacia todo el mundo. Los cristianos refugiados en Antioquía anunciaron el Evangelio «a los griegos» (Hch. 11:20). Hubo numerosas conversiones. Y así es como nació, en la metrópolis de Siria, una iglesia de cristianos salidos del paganismo. Cuando la iglesia en Jerusalén lo supo, enviaron a Bernabé a Antioquía. Con una hermosa grandeza de visión, se dio cuenta de que el Señor estaba otorgando Su bendición a la iglesia en Antioquía, aunque sus miembros no estuvieran circuncidados. Después, discerniendo indudablemente que el propósito de Dios era que Pablo fuera a Antioquía, fue a Tarso a buscar al antiguo perseguidor, y lo llevó a la capital, donde trabajó un año con él (Hch. 11:21-26). Es en Antioquía donde los discípulos recibieron por vez primera el nombre de «cristianos», lo que demuestra el carácter no judío de esta comunidad. La aparición de una comunidad compuesta de cristianos surgidos del paganismo marca una gran etapa en la historia de la Iglesia. Éste sería el punto de partida de las misiones de Pablo al mundo pagano.

Un profeta de Jerusalén, Agabo, predijo a la asamblea que habría un período de hambre (Hch. 11:27, 28). Los hermanos de Antioquía decidieron ayudar a los cristianos de Judea. Este testimonio de solidaridad demuestra que estos gentiles se sentían obligados hacia los que les habían transmitido la nueva fe. Su gesto revela asimismo que el Evangelio destruyó ya en su comienzo las barreras de razas y de clases. Bernabé y Saulo llevaron a los ancianos de la iglesia en Jerusalén los dones de los cristianos de Antioquía para los de Judea (Hch. 11:29, 30). Esta visita de Saulo a Jerusalén se sitúa probablemente alrededor del año 44 d.C., o algo después. La carta a los gálatas no la menciona, indudablemente porque Pablo no se encontró entonces con ninguno de los apóstoles. Hay exegetas que han tratado de identificar esta visita con la referida en Gá. 2:1-10, pero es evidente que este pasaje de Gálatas se refiere a otro viaje, posterior a la discusión acerca de la circuncisión de los gentiles. Y Lucas sitúa el inicio de esta controversia (Hch. 15:1, 2) en una época posterior al año 44. Pablo, escribiendo a los gálatas, sumariza las ocasiones en las que presentó su evangelio ante los apóstoles que habían sido antes que él, y que lo aprobaron. Según Lucas (Hch. 11:30), Pablo sólo se encontró en esta ocasión con los ancianos de la iglesia de Jerusalén, y se limitó a entregarles los fondos. El argumento de Pablo en Gá. 2:1-10 no exige la mención de una simple visita de caridad. Él y Bernabé se volvieron a Antioquía junto con Juan, de sobrenombre Marcos (Hch. 12:25).

 PABLO (Primer viaje misionero)

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(g) Primer viaje misionero de Pablo.

El Espíritu Santo reveló a los profetas de la iglesia en Antioquía que Pablo debía emprender un apostolado itinerante (Hch. 13:1-3); les ordenó asimismo que pusieran aparte a Bernabé y a Pablo para la obra a la que Dios los había llamado. Se desconoce la fecha precisa de este viaje, aunque es situado entre los años 45 y 50 d.C.; es posible que tuviera lugar entre el 46 y el 48. Tampoco se sabe cuánto tiempo duró. Bernabé, que era mayor, dirigía la misión, pero Pablo, más elocuente, se destacó pronto; Juan Marcos los acompañaba. El pequeño grupo se dirigió de Antioquía a Seleucia, en la desembocadura del Orontes. De allí se embarcaron hacia Chipre, país de origen de Bernabé. Los tres misioneros desembarcaron en Salamina, sobre la costa oriental de Chipre, y empezaron a predicar el Evangelio en las sinagogas. Así atravesaron toda la isla, llegando al puerto de Pafos, en el suroeste. Sergio Paulo, el procónsul romano, residía en esta ciudad; interesándose en conocer el Evangelio, intentó oponerse a ello un falso profeta judío, Bar-jesús, que tenía por sobrenombre Elimas (el mago), que gozaba del favor del procónsul. La vehemencia de su oposición a la Palabra de Dios indignó a Pablo, que apostrofó al mago, anunciándole que el Señor lo heriría de ceguera. Testigo de esta intervención divina, y atento a las enseñanzas de los misioneros, abrazó de corazón la fe cristiana (Hch. 13:6-12).

El grupo, dirigido ahora por Pablo (cfr. Hch. 13:13), se embarcó hacia Asia Menor, llegando a Perge, en Panfilia. Allí es donde Juan-Marcos rehusó proseguir el viaje, volviéndose a Jerusalén. Se desconocen sus motivos. No parece que Pablo y Bernabé se quedaran en Perge; dirigiéndose al norte, entraron en Frigia, llegando a Antioquía de Pisidia, capital de la provincia romana de Galacia. Los misioneros acudieron a la sinagoga, donde los principales les invitaron a hablar. Entonces Pablo pronunció el gran discurso registrado en Hch. 13:16-41. Después de afirmar que Dios había conducido a Israel y que lo había preparado para recibir al Mesías, Pablo recordó el testimonio dado por Juan el Bautista y el rechazamiento de Jesús por parte de las autoridades judías. Dijo el apóstol que Dios había resucitado a Jesús, en quien se cumplían todas las antiguas promesas hechas a Israel, añadiendo que sólo la fe en Jesús justifica al pecador; exhortó a continuación a los judíos a que no asumieran la misma actitud que los príncipes homicidas de Jerusalén. Este discurso suscitó la hostilidad de los notables judíos, pero convenció a muchos de los israelitas piadosos, y especialmente a muchos de los gentiles que habían sentido la influencia del judaísmo. Estos prosélitos permitieron que Pablo hallara en todas partes el nexo entre la sinagoga y el mundo gentil. El sábado siguiente, los misioneros, injuriados, rompieron el contacto con la sinagoga, y se dirigieron directamente a los gentiles.

El Evangelio se expandió por todo el país, pero las autoridades de Antioquía de Pisidia, alertadas por los judíos, expulsaron a Pablo y Bernabé (Hch. 13:50). Se dirigieron entonces a Iconio, ciudad frígica, donde hubo numerosas conversiones de judíos y gentiles (Hch. 13:51-14:1). Los judíos, que mantenían una postura de hostilidad, sublevaron a una parte de la ciudad contra los misioneros, que partieron hacia Listra, y después a Derbe, ciudades importantes de Licaonia (Hch. 14:2-6). En Listra, Pablo curó milagrosamente a un hombre paralítico de nacimiento. La multitud, que creía que se trataba de los dioses Júpiter y Mercurio, les querían ofrecer sacrificios. Bernabé y Pablo se opusieron a ello, y Pablo pronunció su discurso contra la idolatría, resumido en los versículos 15-18. Éste es el segundo de los discursos de Pablo que nos refiere Lucas. La conversión de Timoteo se produjo indudablemente en Listra (cfr. Hch. 16:1; 2 Ti. 1:2; 3:11). Los judíos de Antioquía y de Iconio amotinaron entonces al populacho. Pablo fue lapidado, sacado de la ciudad, y dejado por muerto (Hch. 14:19). Sin embargo, Dios lo reanimó, y se dirigió con Bernabé a Derbe, posiblemente sobre el limite suroriental de la provincia de Galacia (Hch. 14:20).

Al llegar a Cilicia por las montañas, los misioneros hubieran podido dirigirse a Tarso y llegar directamente a Antioquía de Siria, después de haber hecho un itinerario circular. Pero deseaban confirmar las nuevas iglesias antes de volver a Antioquía de Siria. Así, volvieron de Derbe a Listra, a Iconio, a Antioquía de Pisidia, y a Perge, consolidando las iglesias y confirmando los ánimos de los discípulos. Se detuvieron en Perge para predicar, lo que probablemente no habían hecho en su anterior viaje. A continuación descendieron a Atalía, puerto de Perge, y allí embarcaron rumbo a Antioquía de Siria (Hch. 14:21-26). Así finalizó el primer viaje misionero de Pablo, en el que había recorrido los centros inmediatamente al oeste de aquellos en los que el Evangelio estaba ya implantado. El método del apóstol era el de presentar el Evangelio en primer lugar a los judíos, y después a los paganos. Descubrió que el judaísmo había influenciado ya a un gran número de gentiles, y que habían quedado preparados para aceptar el mensaje de Cristo. En este método se daba también la fundación de iglesias en las principales ciudades, a las que era fácil el acceso gracias a las excelentes carreteras que el imperio romano había hecho construir para unir entre sí las diversas guarniciones militares. La lengua griega estaba esparcida por todas partes. Es así que Dios había abierto el camino al heraldo del Evangelio.

 

(h) El conflicto con los cristianos judaizantes: conferencia de Jerusalén.

El éxito de la obra de Pablo entre los gentiles provocó entonces un conflicto en el seno de la Iglesia. Ciertos cristianos de origen judío, todavía aferrados a la Ley de Moisés, fueron de Jerusalén a Antioquía con el fin de anunciar a los convertidos salidos de la gentilidad que la salvación dependía de la circuncisión (Hch. 15:1). Algunos años atrás, Dios se había servido de Pedro para revelar a la Iglesia que no tenían que obligar a los discípulos de origen gentil a observar la Ley mosaica (Hch. 10:1-11:18). Pero los cristianos judaizantes, en su mayor parte fariseos convertidos (Hch. 15:5), no siguieron las instrucciones de Pedro. Cuando la iglesia de Antioquía vio lo que éstos enseñaban, envió a Pablo, Bernabé y a otros hermanos a Jerusalén, a fin de que sometieran la cuestión a los apóstoles y ancianos (Hch. 15; Gá. 2:1-10; estos dos relatos concuerdan totalmente, a pesar de la diferencia de perspectiva entre ambos redactores).

Pablo dice que se puso en marcha después de una revelación directa de Dios (Gá. 2:2). Estaba en juego el porvenir del testimonio cristiano. Triunfaron la fidelidad a la doctrina cristiana y el amor. Pablo y Bernabé expusieron ante la iglesia de Jerusalén la obra que Dios había llevado a cabo por medio de ellos. Los cristianos judaizantes respondieron insistiendo en la necesidad de la circuncisión y de la Ley de Moisés, lo que obligó a los apóstoles y ancianos a reunirse para estudiar el problema (Hch. 16:6-29). Pedro les recordó que Dios había revelado Su voluntad a este respecto cuando Cornelio había sido convertido, y que los mismos judíos no habían podido llevar el yugo de la Ley. Pablo y Bernabé mostraron asimismo cómo Dios había bendecido su obra entre los gentiles. Santiago, el hermano del Señor, declaró que los profetas del AT habían preanunciado que los gentiles serían llamados. Se resolvió reconocer como hermanos a los convertidos incircuncisos, liberándolos de la Ley, pero demandándoles sin embargo que respetaran unas prohibiciones necesarias por su universalidad (de la idolatría, de sangre y de comer animales ahogados, prohibiciones éstas impuestas a Noé y su descendencia, cfr. Gn. 9:3, 4; y de fornicación). Estas prohibiciones no eran ninguna concesión a los escrúpulos judíos, como algunos expositores han alegado. No tendrían ningún sentido como mera concesión después de haber negado la necesidad de la circuncisión, de importancia capital para ellos. La base sobre la que se dan estas prohibiciones a los cristianos surgidos de la gentilidad es la de la voluntad expresa de Dios a «nivel universal», tratándose de «cosas necesarias» (Hch. 15:28, 29).

En la Epístola a los Gálatas, Pablo afirma que la iglesia en Jerusalén le prestó su apoyo contra los «falsos hermanos», y que Jacobo, Pedro y Juan le dieron la mano de comunión, reconociendo que Dios, que les había dado a ellos el apostolado entre los judíos, había comisionado a Pablo y a Bernabé para que evangelizaran a los gentiles. Así, Pablo quedó en comunión con los apóstoles, y también en libertad para cumplir su misión. Los judaizantes mostraron entonces su encarnizamiento, manifestando más tarde hostilidad e incluso odio contra Pablo, cuya opinión había prevalecido. Los argumentos del antiguo fariseo habían salvaguardado la unidad de la Iglesia y la libertad de los convertidos incircuncisos. La decisión emitida daba la exacta relación de los cristianos de origen gentil con la Ley, que era su libertad de ella, poniéndolos sin embargo en guardia contra unas prácticas que afectaban a la relación de toda la descendencia de Noé con el Dios único soberano de este mundo, salvaguardando Sus derechos sobre Sí mismo (no adoración a falsos dioses), sobre la Creación (permiso a Noé y a su descendencia para comer la carne de los animales, pero no su sangre), y sobre el hombre mismo (el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor).

Sin embargo, la controversia se volvió a desencadenar poco después en Antioquía (Gá. 2:11-21). Pedro, que había llegado a la capital de Siria, participaba al igual que Pablo en las comidas de los creyentes incircuncisos. Después de la llegada de ciertos judíos de Jerusalén, Pedro, e incluso Bernabé, dejaron de comer con los gentiles convertidos. Pablo reprendió públicamente a Pedro, y reafirmó los principios doctrinales sobre los que reposaban los derechos de los gentiles en la Iglesia: la salvación sólo se obtiene por la fe en Cristo, por cuanto el cristiano, crucificado con Cristo, está muerto a la Ley de Moisés. Al morir, Cristo ha cumplido por Su pueblo todas las obligaciones legales. Es suficiente poner la fe en Cristo para venir a ser cristiano; no hay ninguna otra condición a cumplir. Pablo sabía que no se trataba sólo de preservar la unidad de la Iglesia, sino de mantener la base fundamental del Evangelio. Al defender el principio de la salvación por la fe y al dar a conocer por todas partes la Buena Nueva, Pablo contribuyó más que nadie a imprimir el carácter universal del testimonio cristiano. El concilio de Jerusalén tuvo lugar probablemente alrededor del año 48 o 49 d.C. (Véase Cronología al final de este artículo).

 

(i) Segundo viaje misionero.

Poco después del concilio de Jerusalén, Pablo propuso a Bernabé que lo acompañara en su segundo viaje (Hch. 15:36). Pero, al rehusar Pablo a Juan Marcos como acompañante, Bernabé decidió no acompañar al apóstol, que se llevó consigo a Silas (véase SILAS). Los misioneros visitaron al principio las iglesias en Siria y Cilicia, y después cruzaron los desfiladeros del Taurus con el fin de visitar las comunidades que Pablo había fundado durante su primer viaje. Llegaron a Derbe, dirigiéndose a continuación a Listra, donde el apóstol circuncidó a Timoteo, para evitar escandalizar a los judíos, porque Timoteo, a quien quería llevar de acompañante, era hijo de padre griego. Pablo hizo así muestra de sus deseos de conciliación, aunque no cedió ni un ápice en la cuestión de principio. Timoteo era de ascendencia judía por parte de madre, por lo que no era lo mismo que si hubiera sido un creyente de origen totalmente gentil. De Listra fueron, según parece, a Iconio y Antioquía de Pisidia.

La continuación de su viaje ha suscitado controversias entre los comentaristas, y ha dado lugar a dos interpretaciones:

(A) Ramsay y otros exegetas creen que las iglesias del primer viaje son las «iglesias de Galacia», a las que más tarde se dirigió la Epístola a los Gálatas (véanse GALACIA, GÁLATAS [EPÍSTOLA A LOS]). Estos comentaristas sostienen que Pablo fue directamente a Antioquía de Pisidia, al norte, y que atravesó la provincia romana de Asia, pero sin predicar, porque «les fue prohibido por el Espíritu Santo predicar la palabra en Asia» (Hch. 16:6). Habiendo llegado a Misia (Hch. 16:7), los misioneros intentaron entrar en Bitinia, pero de nuevo se vieron impedidos. Dejando entonces Misia a un lado, se dirigieron al oeste, atravesando o pasando junto a Misia, para llegar a Troas.

(B) La interpretación más aceptada es que, de Antioquía de Pisidia, los viajeros se dirigieron a la Galacia propia. Pablo cayó enfermo, pero aprovechó esta detención en Galacia para anunciar el Evangelio y fundar las iglesias de Galacia (Gá. 4:13-15). La orden de no predicar en la provincia de Asia determinó este itinerario de Antioquía de Pisidia hacia el noreste. Cuando Pablo hubo acabado de predicar en la Galacia propiamente dicha, intentó entrar en Bitinia, pero el Espíritu Santo se opuso nuevamente a sus intenciones. El apóstol se dirigió entonces hacia el oeste (la segunda interpretación se une aquí con la primera) atravesando Misia o rodeándola para llegar a Troas. Lucas habla muy poco de este período. El Espíritu Santo estaba dirigiendo a los misioneros hacia Europa, y el relato de Lucas es tan precipitado como el ímpetu con el que se movían.

En Troas, Pablo tuvo la visión de un varón macedonio suplicando que los ayudara (Hch. 16:9). En respuesta a este llamamiento, los misioneros, a los que se unió Lucas, emprendieron la travesía hacia Europa, desembarcando en Neápolis, y dirigiéndose acto seguido hacia la importante ciudad de Filipos. Allí Pablo fundó una iglesia (Hch. 16:11-40), y esta iglesia sería especial objeto de su afecto (Fil. 1:4-7; 4:1, 15). Fue también en esta ciudad que fue entregado por primera vez a los magistrados romanos y que constató cómo su ciudadanía romana podía ser de utilidad para ayudarle en su obra (Hch. 16:20-24, 37-39). Dejando a Lucas en Filipos, Pablo se dirigió a Tesalónica junto con Silas y Timoteo. El breve relato de Hch. 17:1-9 acerca de la iglesia en Tesalónica se completa mediante los datos que se dan en las epístolas a los Tesalonicenses. En esta ciudad el apóstol ganó para Cristo a muchos griegos, poniendo con mucho cuidado las bases de la iglesia, dando ejemplo de trabajo y de frugalidad, fabricando tiendas para no ser una carga para nadie (1 Ts. 2, etc.). Pero los judíos de Tesalónica desencadenaron una persecución contra Pablo. Los hermanos lo hicieron partir entonces con Silas hacia Berea, donde la predicación suscitó numerosas conversiones, incluso entre los judíos. De allí, Pablo se dirigió a Atenas. Esta ciudad frustró sus esfuerzos. Hch. 17:22-31 da el resumen del discurso que pronunció ante los filósofos, sobre la colina de Marte (Areópago). Pablo expuso las verdades comunes al estoicismo y el Evangelio, proclamando fielmente ante un auditorio sumamente crítico que ellos debían volverse al Dios verdadero, arrepintiéndose y creyendo en Cristo, con vistas al juicio que había de venir, y a la resurrección.

Acto seguido partió para Corinto, quedándose allí dieciocho meses, y ganando a numerosas almas para la fe. Allí conoció a Aquila y a Priscila, hospedándose en la casa de ellos (Hch. 18:1-3). La predicación de Pablo provocó la ira de los judíos; dejó entonces de frecuentar la sinagoga y desde aquel momento anunció el Evangelio en casa de uno llamado Justo, cuya casa estaba junto a la sinagoga (Hch. 18:5-7). En Hch. 18:8, 10 y 1 Co. 2:1-5 se hace alusión a los sufrimientos morales de Pablo en Corinto, en su resolución de anunciar en Grecia, como en todos los otros lugares, el Evangelio del Crucificado; 1ª Corintios revela su éxito, así como también las tentaciones de los cristianos de Corinto, objeto de la solicitud del apóstol. La situación en las otras iglesias también le provocaba inquietudes. Es en Corinto que redactó las dos epístolas a los Tesalonicenses, con instrucciones prácticas, y poniéndolos en guardia contra ciertos errores doctrinales. La hostilidad de los judíos no cesaba. Hicieron comparecer a Pablo ante Galión, nuevo procónsul de Corinto. El descubrimiento, en 1905, de la «Piedra de Delfos» permite situar el proconsulado de Galión entre mayo del año 51 y el 52, lo que permite así establecer la fecha de la estancia de Pablo en Corinto. Galión declaró que la misma sinagoga debía resolver estas diferencias, por cuanto el apóstol no había violado ninguna ley romana. Así, en aquella época Roma protegía a los cristianos al identificarlos con judíos. Pablo pudo quedarse en Corinto sin ser molestado. De todas las misiones de Pablo, la de Corinto fue una de las más fructíferas. Acto seguido pasó a Éfeso; no se quedó allí, aunque prometió su vuelta, y se embarcó rumbo a Cesarea, desde donde sin duda fue a Jerusalén (Hch. 18:22) para saludar a la iglesia, volviendo de allí a Antioquía de Siria, el punto de partida de este segundo viaje (Hch. 18:22), en el curso del cual había llevado el cristianismo a Europa, al evangelizar Macedonia y Acaya. El Evangelio había dado un gran paso para introducirse de lleno en el Imperio Romano.

 

(j) Tercer viaje misionero.

Después de una corta estancia en Antioquía, Pablo emprendió su tercer viaje, probablemente en el año 53 d.C. Recorrió «la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos» (Hch. 18:23), llegando después a Éfeso. El Espíritu Santo le permitiría ahora a Pablo predicar la Palabra en la provincia de Asia, en tanto que le había sido prohibido durante su segundo viaje. El apóstol hizo de Éfeso, capital de Asia Menor, su base de operaciones a lo largo de tres años (Hch. 19:8, 9; 20:31). Enseñó durante tres meses en la sinagoga (Hch. 19:8), y después, durante dos años, en una escuela o sala de conferencias de uno llamado Tiranno (Hch. 19:9).

Características de su apostolado en Éfeso:

Extensión y profundidad de su enseñanza (Hch. 20:18-31);

milagros extraordinarios (Hch. 19:11, 12);

un triunfo tan grande que todos los habitantes de la región oyeron la Palabra del Señor (Hch. 19:10);

actitud amistosa de algunos de los principales funcionarios de la provincia de Asia para con Pablo (Hch. 19:31).

Oposición constante e incluso encarnizada (Hch. 19:23-40; 1 Co. 4:9-13; 15:32);

cuidado del apóstol hacia todas las iglesias (2 Co. 11:28).

Son numerosos los episodios de la vida de Pablo durante este período que no figuran en Hechos. Sabiendo que había judaizantes que atacaban su doctrina y que la desacreditaban en Galacia, Pablo escribió su Epístola a los Gálatas, en la que defiende su apostolado. Ésta es la primera epístola en la que se define y expone la doctrina de la gracia. La iglesia de Corinto escribió a Pablo para pedir su definición acerca de importantes cuestiones. Informes posteriores revelaron otros desórdenes en la iglesia de Corinto, a la que el apóstol envió entonces la epístola que recibe el nombre de Primera Epístola a los Corintios. Los cristianos de Corinto recibieron, mediante este escrito, instrucciones prácticas y decisiones disciplinarias que evidencian la sabiduría de Pablo. Sin embargo, los elementos sediciosos prosiguieron su labor de zapa. Son numerosos los exegetas que piensan que el padre espiritual de esta joven iglesia les hizo una breve visita para restablecer el orden, después de haber enviado 1 Corintios (cfr. 2 Co. 12:14; 13:1). Antes de abandonar Éfeso, el apóstol envió a Tito a Corinto. Tito debía después de ello reunirse con Pablo en Troas (2 Co. 2:12), lo que no sucedió. Inquieto, el apóstol se dirigió a Macedonia (Hch. 20:1), donde volvió a encontrarse con Timoteo y Erasto, que había enviado antes allí (Hch. 19:22). Por fin llegó Tito (2 Co. 2:12-14; 7: 5-16), con la noticia de que los corintios estaban cumpliendo fielmente las instrucciones de Pablo. Entonces les escribió 2 Corintios, que es la epístola en la que se hallan más detalles autobiográficos de Pablo. Allí se regocija de la obediencia de los corintios, les recomienda la colecta para los santos en Jerusalén, e insiste en la defensa de su apostolado. De Macedonia, Pablo se dirigió a Corinto, pasando allí el invierno del año 56 al 57, acabando de disciplinar y de organizar a la iglesia de esta ciudad. Es entonces que escribió su exposición más completa de la doctrina de la salvación, la Epístola a los Romanos. El apóstol deseaba vivamente ejercer su ministerio en Roma (Hch. 19:21; Ro. 1:11-15; 15:23-28), pero no podía ir enseguida porque debía llevar a Roma los dones de los gentiles convertidos. Los introductores del Evangelio en Roma habían sido especialmente amigos y discípulos de Pablo (cfr. Ro. 16). Mediante su Epístola a los Romanos, Pablo los instruyó plenamente en la doctrina que él proclamaba.

La siguiente etapa iba a conducirlo por última vez a Jerusalén. Sus compañeros representaban a diversas iglesias de gentiles convertidos (Hch. 20:4). Los judíos estaban ferozmente opuestos a la evangelización de los gentiles. En cuanto a los cristianos surgidos del judaísmo, ellos mismos desconfiaban de Pablo y de su obra. Ésta es una de las razones de que el apóstol pidiera a las iglesias de la gentilidad que probaran su lealtad mediante el envío de una generosa ofrenda a los cristianos pobres de Judea. Pablo y sus amigos dejaron Corinto con el fin de llevar estos dones a Jerusalén. Enterándose de que los judíos le querían tender una celada (Hch. 20:3), renunciaron a embarcarse e ir directamente a Siria. Dieron un rodeo por Macedonia (Hch. 20:3). Pablo se quedó en Filipos mientras sus compañeros se dirigían a Troas. Lucas se reunió con él en Filipos (Hch. 20:5). Después de la Pascua, Pablo y Lucas se embarcaron en Neápolis, un puerto de Filipos, para volver a encontrar a sus amigos en Troas, donde pasaron siete días (Hch. 20:6). Allí había una iglesia. Lucas refiere los acontecimientos que tuvieron lugar inmediatamente antes de la partida del apóstol (Hch. 20:7-12). Pablo fue de Troas a Asón por tierra, lo que era una distancia de unos 32 Km. En Asón se encontró con sus compañeros de viaje, que lo habían precedido por vía marítima (Hch. 20:13). Su nave llegó a continuación a Mitilene, en la costa oriental de la isla de Lesbos, pasando luego hacia el sur entre la isla de Quios y la costa de Asia Menor, tocó al día siguiente la isla de Samos, y llegó a Mileto al cabo de otros días (Hch. 20:14, 15). Ciertos mss. indican que el grupo hizo «escala en Trogilio» después de haber salido de Samos. Mileto estaba a 58 Km. al suroeste de Éfeso. Pablo, que se apresuraba a ir a Jerusalén, no había querido ir a Éfeso, pero envió a buscar a los ancianos de aquella iglesia. Acudieron ellos a Mileto, donde el apóstol les dirigió sus últimas exhortaciones, que nos revelan la profundidad de su consagración, de su amor hacia los convertidos, y de su conocimiento profético (Hch. 20:18-35). Abandonando Mileto, la nave se dirigió hacia la isla de Cos (Hch. 21:1), a 64 Km. al sur. Al día siguiente llegó a Rodas, capital de la isla de este nombre, a unos 80 Km. al sureste de Cos. De Rodas la nave tocó Patara, sobre la costa de Licia (Hch. 21:1), donde el grupo misionero efectuó un cambio de naves, emprendiendo viaje hacia Fenicia (Siria) (Hch. 21:2). Pasaron a la vista de Chipre, que dejaron a mano izquierda, y arribaron a Tiro (Hch. 21:3). El apóstol y sus amigos se quedaron allí por siete días; los cristianos de Tiro suplicaron a Pablo en vano que no fuera a Jerusalén (Hch. 21:4). Después de haber orado con ellos (Hch. 21:5, 6), el apóstol y sus compañeros subieron a una nave que iba a Ptolemais (la actual Akko, San Juan Acre en tiempos de los cruzados). Se quedaron allí un día con los hermanos en esta localidad, y después llegaron a Cesarea por la carretera (Hch. 21:7, 8). Se quedaron en casa de Felipe el evangelista. Agabo, el profeta que había predicho una época de hambre durante la primera estancia del apóstol Pablo en Antioquía de Siria (Hch. 11:28), se ató los pies y las manos, y anunció que los judíos atarían de aquella manera a Pablo y lo entregarían a los gentiles. A pesar de estas advertencias y de las lágrimas de la comunidad, Pablo, y algunos de sus discípulos, subieron a Jerusalén (Hch. 21:11-14). Así acabó el tercer viaje misionero.  PABLO (Arresto)

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(k) Pablo en Jerusalén; arresto; encarcelamiento en Cesarea.

No tardó en hacerse realidad la predicción de Agabo. Los hermanos de Jerusalén le dieron una buena acogida a Pablo y a sus colaboradores que, al día siguiente de su llegada, fueron a visitar a Jacobo, el hermano del Señor; se encontraron también con todos los ancianos de la iglesia. Ellos glorificaron a Dios, que se había servido de tal manera del ministerio de Pablo, pero recordaron al apóstol que numerosos cristianos procedentes del judaísmo habían oído decir que él no observaba la Ley de Moisés. Los ancianos le propusieron que diera en el mismo Templo una prueba espectacular de su fidelidad a las costumbres judías, encargándose de cumplir las prescripciones y de pagar los gastos implicados en la liberación del voto de cuatro nazareos. Pablo consintió en ello, para no tener conflictos con los judíos. Es posible que se tratara de una observancia análoga a la que él había observado en Corinto de manera voluntaria (Hch. 18:18). Pablo enseñaba que ningún convertido de la gentilidad tenía que observar las ordenanzas de la ley mosaica, y que ningún cristiano de origen judío estaba ya obligado a seguir las costumbres tradicionales. Sin embargo, declaraba que no se debía condenar a los judíos que quisieran conservar su fidelidad a la Ley de Moisés y se reservaba, para sí mismo, la libertad de observar estas prácticas, o de renunciar a ellas, según las circunstancias. Al asentir a la petición de los ancianos, Pablo no era incoherente. Pero esta acción no tuvo un buen fin. Unos judíos de Asia, al ver a Pablo en el Templo, lo acusaron falsamente de haber introducido gentiles dentro, y amotinaron al populacho, afirmando que el fariseo tránsfuga había estado enseñando a los judíos de la diáspora a menospreciar el Templo y a violar la Ley (Hch. 21:27-29). Pablo hubiera sido seguramente muerto si el tribuno de la compañía de guarnición romana, Claudio Lisias, no hubiera intervenido con presteza junto con sus soldados. El apóstol, atado con dos cadenas, fue llevado a la torre Antonia. Pidió entonces, antes de ser introducido en ella, permiso para dirigirse a la multitud. Sorprendido al constatar que Pablo hablaba en griego y que no era un egipcio sedicioso, sino un judío de Tarso (Hch. 21:38), el tribuno le permitió que se dirigiera al pueblo; el apóstol hizo su discurso en arameo (Hch. 22:2), haciendo reminiscencias de su juventud, y refiriendo su conversión y vocación. La multitud que lo escuchaba empezó a gritar «¡A muerte! ¡A muerte!» en cuanto Pablo hizo mención de la oferta de salvación a los gentiles. Lisias le hizo entrar entonces en la torre Antonia para someterlo a interrogatorio. Al saber que se trataba de un ciudadano romano (Hch. 22:25), el tribuno desistió de hacerlo azotar, y ordenó a los principales sacerdotes que convocaran al sanedrín al día siguiente para hacer comparecer ante ellos al preso.

Pablo no podía esperar ningún juicio equitativo de parte del tribunal supremo de los judíos. Si el sanedrín condenaba al prisionero, Lisias debería abandonarlo a sus manos. El apóstol tuvo la habilidad de dividir a sus enemigos, a fin de defender su vida. Recordó su calidad de fariseo, diciendo que en el fondo estaba siendo sometido a juicio a causa de su doctrina de la resurrección. El recíproco odio entre fariseos y saduceos era aún más profundo que el que ellos tenían hacia Pablo, por lo que de inmediato se dividieron en dos bandos. Temiendo que el preso pudiera perder la vida entre las dos facciones en pendencia, el tribuno ordenó a los soldados que devolvieran a Pablo a la torre Antonia (Hch. 23:1-10).

El Señor se apareció a Pablo a la noche siguiente, y le dijo: «Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma» (Hch. 23:11). Esta promesa se iba a cumplir de una manera muy inesperada. Unos cuarenta judíos hicieron gestiones para que Pablo compareciera de nuevo ante el sanedrín. Se comprometieron a darle muerte, pero un sobrino de Pablo informó a su tío y al tribuno (Hch. 23:12-22). Lisias envió entonces a Pablo con una fuerte escolta a Cesarea, residencia de Félix, el procurador, a quien el tribuno envió una carta. Enterándose de que el acusado era un judío de Cilicia, el gobernador no lo quiso interrogar antes de la llegada de los acusadores, y lo hizo guardar en el pretorio, que había sido antes el palacio de Herodes. Cuando los representantes del sanedrín comparecieron ante Félix, acusaron a Pablo de sedición, de profanación del Templo, y se quejaron de que Lisias les había arrebatado a su prisionero (Hch. 24:1-9). Pablo refutó estas acusaciones (Hch. 24:10-21). Conociendo la nueva doctrina, que era la verdadera causa del litigio, y dándose cuenta de que el acusado era inocente, Félix aplazó la vista de la causa con el pretexto de obtener de Lisias unos informes suplementarios. Pablo quedó preso, pero podía recibir visitas de sus amigos. El procurador y Drusila, su esposa judía, quedaron impresionados por lo que Pablo afirmó acerca de la fe en Cristo (Hch. 24:24). Sus solemnes palabras parecen haber hecho temblar a Félix, que prometió volverlo a llamar. El gobernador esperaba también que Pablo compraría su libertad (Hch. 24:25, 26), a lo que el apóstol no accedió. Cuando Porcio Festo sucedió a Félix, hacía ya dos años que Pablo estaba encarcelado (Hch. 24:27).

Los judíos esperaban que el nuevo procurador se plegaría a sus deseos, pero éste rehusó hacer subir a Pablo a Jerusalén, y exigió que sus acusadores fueran a Cesarea (Hch. 25:1-6). Pablo compareció de nuevo ante ellos, y proclamó su inocencia (Hch. 25:7, 8). Deseoso de complacer a los judíos, Festo propuso a Pablo ser juzgado en Jerusalén. Dándose cuenta de que los judíos se aprovecharían para darle muerte si subía a Jerusalén, el apóstol, basándose en su condición de ciudadano romano, apeló al César (Hch. 25:9-11). El procurador, al quedar con ello fuera de la causa, tenía que enviar al preso a Roma. En medio de estos acontecimientos, Agripa II, biznieto de Herodes el Grande, llegó a Cesarea con su hermana Berenice, sin duda para felicitar a Festo por su nombramiento de procurador. Estando él poco versado en las controversias entre los judíos, y teniendo que enviar al emperador un detallado informe de la causa, Festo habló a Agripa acerca de Pablo, que quiso oírle. Al día siguiente, el procurador hizo comparecer a Pablo ante el rey. El conocimiento que tenía Agripa de los asuntos judíos sería de ayuda a Festo para redactar su informe al emperador (Hch. 25:12-27). Las características de la defensa de Pablo ante Agripa fueron el tacto, la elocuencia y el valor. Dando un relato de su vida, el preso mostró que él había buscado obedecer al Dios de Israel, y que su apostolado cristiano era un cumplimiento de las antiguas profecías (Hch. 26:1-23). Cuando Festo, interrumpiendo a Pablo, le dijo que estaba loco, el apóstol apeló a Agripa. El rey se encastilló en su papel de observador de lo que estimaba como un nuevo fanatismo, y respondió irónicamente: «Por poco me persuades a ser cristiano» (Hch. 26:28). Sin embargo, dijo que Pablo era inocente, y que hubiera podido ser puesto en libertad si no hubiera apelado a César (Hch. 26:31, 32).

 

(l) Viaje a Roma.

En otoño del mismo año (probablemente el 59), el preso fue mandado a Roma (véase Cronología al final de este artículo [PABLO (III)]). Pablo y otros cautivos fueron confiados a un centurión llamado Julio, de la cohorte augusta. Lucas y Aristarco de Tesalónica (Hch. 27:1, 2) acompañaban al apóstol. La narración de Lucas es sumamente precisa (cfr. James Smith: «The Voyage and Shipwreck of St. Paul»). El centurión trató humanamente al apóstol. El grupo se embarcó en Cesarea en una nave adramitena, que iba a efectuar una navegación de cabotaje por la costa del Asia Menor. Embarcaron en Sidón, y llegaron a Mira, en Licia. En este puerto el centurión hizo subir a los presos a una nave mercante de Alejandría que partía para Italia. Siendo el viento desfavorable, la nave tuvo que navegar a lo largo de la costa al noroeste, hasta llegar a la altura de Gnido, en la costa de Caria. Girando allí hacia el sur, dobló penosamente el promontorio de Salmón en la zona meridional de Creta, y arribó a Buenos Puertos, en la costa meridional de la isla (Hch. 27:3-8). Habiendo pasado al ayuno (o día de Yom Kippur, véase EXPIACIÓN [DÍA DE LA]), que caía en el décimo del mes de Tishri (hacia el final de septiembre, v. 9), se hacía peligrosa la navegación, y el tiempo era amenazador. Pablo dio el consejo de permanecer en Buenos Puertos, pero el centurión escuchó al capitán y al armador de la nave y no al prisionero. Querían invernar en Fenice, un puerto mejor situado, más al oeste en la costa de Creta (Hch. 27:9-12). Cuando la nave abandonó Buenos Puertos se abatió sobre ellos un furioso viento del noreste, que los echó hacia el sur de la islita de Clauda, que se llama actualmente Gozzo. Aligerando la nave de todo el lastre posible, soportaron el vendaval durante dos semanas, derivando hacia el oeste. El apóstol mantuvo la calma y subió los ánimos de la tripulación y de los pasajeros: un ángel de Dios se le había aparecido y le había asegurado que todos llegarían a tierra sanos y salvos (Hch. 27:13-26). A la decimocuarta noche, la sonda reveló la proximidad de tierra. Por miedo a los escollos, echaron cuatro anclas, y esperaron que se hiciese de día. Al alba, vieron una ensenada con una playa. Habiendo cortado los cables de las anclas, intentaron llegar allí izando la vela de proa, para varar la nave en la arena (Hch. 27:27-40), pero la proa había quedado encallada en la arena, y la popa se abría ante el embate de las olas. Tripulación y viajeros saltaron al agua. Todos se salvaron. La predicción de Pablo se había cumplido (Hch. 27:41-44). Lucas relata de una manera magistral este dramático episodio. El valor de Pablo, su fe, el ascendiente que su calma ejerció sobre los demás, todo ello nos muestra lo que debiera ser el comportamiento de un cristiano ante el peligro.

Los náufragos habían sido arrojados sobre la isla de Melita (Malta), a 93 Km. al sur de Sicilia. Los isleños testimoniaron su bondad a los desventurados viajeros, y dieron grandes honores a Pablo cuando él sanó a numerosos malteses (Hch. 28:1-10). Tres meses más tarde, el centurión hizo subir a soldados y presos a una nave alejandrina. Esta nave, que había invernado en Malta, llegó a Siracusa, Regio y, finalmente, a Puteoli, puerto de la Italia meridional (muy cercano a Nápoles). Pablo recibió permiso para pasar siete días con la comunidad cristiana de Puteoli (Pouzzoles, Hch. 28:11-14). Al enterarse de la llegada del apóstol, los cristianos de Roma enviaron a hermanos a su encuentro. Pablo se encontró con ellos en el Foro de Apio y en Tres Tabernas, localidades situadas a 69 y 53 Km. de Roma, respectivamente (Hch. 28:15). El centurión entregó los presos al prefecto militar (según algunos mss., «el prefecto de la guardia pretoriana», que en el año 61 d.C. era el célebre Burrus). Mommsem y Ramsay estiman sin embargo que los prisioneros fueron más bien entregados al jefe de otro cuerpo del que formaba parte Julio, el centurión, y que estaba encargado de supervisar los transportes de cereales y de ejercer una cierta vigilancia policial. En realidad, no se sabe a ciencia cierta a quién fue entregado Pablo; lo que sí es cierto es que le fue encadenado el brazo derecho al brazo izquierdo de un soldado (Hch. 28:16; Fil. 1:7, 13), y que se le autorizó a alquilar una casa. Las apelaciones a César implicaban un largo proceso. Después de dos años, Pablo esperaba aún la decisión del tribunal (Hch. 28:30).

 

(m) Pablo después de su comparecencia ante el emperador.

Al final de Hechos se relata que, tres días después de su llegada a Roma, el apóstol hizo llamar a los principales judíos, a fin de explicarles la razón de su presencia en Roma, y les citó un día para exponerles el Evangelio. Como en todas partes, unos lo aceptaron, y los otros lo rechazaron. Pablo dijo entonces que este mensaje sería predicado a los gentiles, y que ellos sí escucharían. En efecto, su condición de preso no le impedía dedicarse al ministerio. Los últimos versículos del libro de Hechos informan que durante dos años Pablo estuvo recibiendo a todos aquellos que querían entrevistarse con él; él les anunciaba el reino de Dios, y enseñaba acerca del Señor Jesucristo, sin que las autoridades pusieran obstáculo alguno (Hch. 28:17-31). Las epístolas a los Colosenses, a Filemón, a los Efesios y a los Filipenses, redactadas durante su cautiverio, arrojan una luz viva sobre este período. El apóstol escribió indudablemente las tres primeras al principio, y la carta a los Filipenses hacia el final de su detención. Estas epístolas revelan que había en Roma fieles amigos del apóstol que le ayudaban en su obra misionera. Entre otros estaban:

Timoteo (Col. 1:1; Fil. 1:1; 2:19; Flm. 1);

Tíquico (Ef. 6:21; Col. 4:7);

Aristarco (Col. 4:10; Flm. 24);

Juan Marcos (Col. 4:14; Flm. 24).

Nadie impedía a los amigos del apóstol que lo visitaran; mensajeros de Pablo ante las iglesias, eran también sus ayudantes en Roma, Gracias a ellos, y a pesar de su encarcelamiento, Pablo dirigía las misiones por todo el imperio. Las epístolas de la cautividad revelan asimismo el celo de este embajador encadenado, y la entusiasta acogida que tenía su predicación (Ef. 6:20). Exhorta él de manera insistente a sus amigos a que oren para que Dios abra una puerta a la Palabra (Col. 4:3).

Onésimo, el esclavo fugitivo, fue uno de los frutos del trabajo personal del apóstol preso (Flm. 10), que asimismo podía escribir a los filipenses: «Mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás» (Fil. 1:12, 13). Nadie ignoraba ya por causa de quién él llevaba aquellas cadenas. Transmite a los filipenses los saludos de los creyentes pertenecientes a la casa del César (Fil. 4:22). Sin embargo, había en Roma entonces cristianos (posiblemente judaizantes) que se oponían a la obra de Pablo (Fil. 1:15-18). Su antagonismo no perturbaba en absoluto la serenidad del preso, que estaba por otra parte seguro de que iba a ser liberado con todos los pronunciamientos favorables (Fil. 1:25; 2:17, 24; Flm. 22). Consideraba su cautiverio como el medio escogido por Dios mediante el cual podía cumplir aún mejor su misión de embajador de Cristo. Las cartas muestran finalmente, que el preso no dejó de administrar las iglesias por correspondencia, refutando de manera particular las falsas doctrinas que surgían en Asia Menor. Las epístolas de la cautividad contienen la enseñanza más completa de Pablo sobre la persona de Cristo y sobre los propósitos eternos de Dios revelados en el Evangelio. El fervor del apóstol y su elevado concepto de los deberes del cristiano se hacen patentes en sus instrucciones prácticas.

Aunque el libro de los Hechos concluye con el relato del cautiverio del apóstol Pablo en Roma, hay razones de peso para aceptar que el apóstol fue absuelto y liberado al cabo de los dos años, y que volvió a viajar. Las evidencias que dan razón de esto son:

(A) El último versículo de Hechos concuerda mejor con la hipótesis de la liberación que con la de la condena a muerte. Al destacar que nadie estorbaba la obra de Pablo, Lucas da la impresión de que el apóstol no estaba esperando su final.

(B) El mismo Pablo está persuadido de que será liberado (Fil. 1:25, 26; 2:17, 24; Flm. 22). La actitud de las autoridades romanas hacia él le permitía abrigar esta certeza. La persecución de Nerón no había comenzado todavía. Cuando estalló, fue de manera repentina, sin que se hubiera podido prever a causa de ningún tipo de animosidad oficial anterior. La ley romana seguía considerando a los cristianos como a judíos sectarios, que por ello estaban autorizados a practicar su religión. Todo hace pensar que el tribunal imperial declaró inocente a Pablo y lo absolvió. Además, es indudable que Festo, el procurador de Judea, había enviado un informe favorable (Hch. 26:31), y parece que los judíos no habían enviado a Roma a ningún acusador oficial contra Pablo (cfr. Hch. 28:21).

(C) La tradición de la absolución de Pablo, de su reanudación de sus viajes y del segundo encarcelamiento se remonta a una época muy temprana. Clemente de Roma (96 d.C.) afirma que los viajes de Pablo lo llevaron hasta los confines de occidente, lo que parece indicar España. El fragmento de Muratori (170 d.C.) menciona asimismo el viaje a España. Estos testimonios concuerdan con la «Historia Eclesiástica» de Eusebio de Cesarea (324 d.C.), que refiere la tradición existente: «Después de haber hecho su defensa, el apóstol fue liberado, y reanudó sus viajes misioneros. Vuelto por segunda vez a Roma, sufrió allí el martirio.» Esta tradición, que no descansa sobre pruebas totalmente convincentes, no sería suficiente, por sí misma, para establecer el hecho como indudable. Pero la antigüedad de estos testimonios y su autoridad confirman los otros argumentos, en tanto que, por otra parte, no existe evidencia en contra.

(D) Numerosas pruebas, externas e internas, dan testimonio de que las epístolas a Timoteo y a Tito son paulinas. Pero estas cartas dan evidencia de haber sido escritas con posterioridad a los incidentes relatados en el libro de los Hechos. Esta constatación nos lleva a retener como cierta la tradición referida por Eusebio.

Por esta y otras evidencias que se mencionarán en el siguiente apartado, podemos admitir que la apelación a César tuvo corno resultado la liberación de Pablo. Los hechos posteriores de su historia permanecen oscuros. Se puede deducir por alusiones que figuran en las epístolas a Timoteo y a Tito y en la tradición. Es posible que después de ser puesto en libertad el apóstol se dirigiera, como había manifestado ser su intención, al Asia Menor y a Macedonia (Fil. 2:24; Flm. 22). Según 1 Ti. 1:3, Pablo llegó a Macedonia y dio a Timoteo el encargo de que dirigiera las iglesias de los alrededores de Éfeso. Se desconoce dónde se encontraba cuando escribió la primera carta a Timoteo; 1 Ti. 3:14 revela que el apóstol esperaba volver pronto a Éfeso. La carta a Tito muestra que había dejado a este discípulo para que administrara las iglesias de Creta, y que esperaba invernar en Nicópolis (Tit. 3:12). Hay tres ciudades que llevan este nombre y todas ellas hubieran podido ser la que se cita en este pasaje: una en Tracia, cerca de Macedonia; otra en Cilicia, y la última en Epiro. Es probablemente la última la que se menciona en Tit. 3:12.

Aceptando la antigua tradición del viaje a España (véase más arriba), podemos suponer que Pablo se dirigió allí después de haber recorrido de nuevo el Asia Menor y Macedonia. Al volver de España, se hubiera detenido en Creta, dejando a Tito allí, y habría vuelto a Asia, desde donde habría enviado la epístola a Tito; en 2 Ti. 4:20 se puede ver que Pablo pasó a Corinto y a Mileto, y después a Grecia y a Asia. Nada demuestra que haya podido llevar a cabo su deseo de invernar en Nicópolis. Numerosos exegetas piensan que el apóstol no llegó allí, sino que fue detenido otra vez y conducido a Roma. Las epístolas que Pablo redactó en aquella época nos dan algunos detalles acerca de este tema. Al dedicarse a evangelizar en nuevos distritos, acababa de organizar las iglesias ya fundadas. Presintiendo que su carrera iba a quedar truncada, y que las iglesias iban a correr nuevos peligros, externos e internos, escribió las epístolas pastorales (las dos a Timoteo y Tito), dando a sus dos delegados personales instrucciones acerca de la disciplina en la iglesia y de los recursos de los creyentes ante los tiempos peligrosos que habrían de sobrevenir.

 

(n) Ultima detención y martirio.

El primer cautiverio en Roma acabó probablemente el año 62 (o 63) d.C. Pablo se habría lanzado enseguida a predicar el Evangelio durante cuatro años, más o menos. Eusebio sitúa el martirio del apóstol en el año 67 en tanto que Jerónimo afirma el 68. Se desconocen las circunstancias de su segundo arresto. La segunda epístola a Timoteo, redactada en Roma poco antes de la muerte de Pablo, contiene algunas breves alusiones a su encarcelamiento. En el año 64, Nerón desencadenó una persecución contra los cristianos de la capital, que indudablemente tuvo sus efectos en diversas provincias (1 P. 4:13-19). Como algunos exegetas han supuesto, podría ser que el apóstol hubiera sido denunciado por uno llamado Alejandro (2 Ti. 4:14). Fuera cual fuera el lugar en que fue detenido el apóstol, Pablo iba a comparecer de nuevo ante el tribunal en Roma. Posibles motivos: nuevo recurso del apóstol al César; inculpación por pretendidos crímenes cometidos en Italia (quizá de complicidad en el incendio de Roma); deseo de las autoridades provinciales de recoger prestigio a los ojos de Nerón al enviarle un preso importante. En la época de escribir su segunda carta a Timoteo, Pablo no tenía consigo más que a Lucas (2 Ti. 4:11). Había sido abandonado por ciertos discípulos (2 Ti. 1:15; 4:10, 16), otros habían partido para efectuar diversos servicios (2 Ti. 4:10, 12). El tribunal imperial ante el que Pablo compareció de nuevo no lo condenó en el acto (2 Ti. 4:17), pero lo mantuvo encarcelado. Es posible que el apóstol pudiera probar su inocencia, pero quedó encarcelado por causa de su fe. Habla de sus cadenas (2 Ti. 1:8, 16); afirma que se le trata corno a un malhechor (2 Ti. 2:9) y presiente cuál será su fin (2 Ti. 4:6-8). Lo cierto es que Pablo fue finalmente condenado a muerte; su profesión de fe cristiana era suficiente para ello, según la política establecida por Nerón en el año 64 d.C. La tradición dice que Pablo, como ciudadano romano, fue decapitado en la carretera de Ostia.

Este bosquejo de la vida de Pablo se basa en los Hechos y en las epístolas, pero es evidente que no se ha relatado todo. Hay textos que dejan entrever varios otros episodios de la azarosa vida de Pablo (Ro. 15:18, 19; 2 Co. 11:24-33).

 

(o) Personalidad, obra y teología de Pablo.

En el libro de los Hechos y en las epístolas de Pablo se revela su carácter y el inmenso valor de su obra. Es difícil retratar esta naturaleza tan diversa, y cuya conversión no hizo sino acentuar su ardor religioso. Comprendiendo de un golpe y de una manera total la verdad, extrajo de ella las lógicas consecuencias. Su corazón quedó igualmente prendido, lo mismo que su inteligencia, y el fervor de sus sentimientos fue igual al vigor de sus razonamientos. Expone simultáneamente el aspecto práctico y teórico de la verdad, explicando las doctrinas con una dialéctica consumada, en tanto que introduce el cristianismo en la vida diaria con una sabia habilidad. Este hombre sensible, ardoroso, que conocía en ocasiones el éxtasis, no dejó de profundizar en sus enseñanzas. Capaz de llegar a las más altas cumbres del pensamiento religioso, es sin embargo un hombre de acción. Sometido totalmente al control del Espíritu de Dios, esta naturaleza intelectual y espiritual, rica, ardiente y pura fue usada por Dios para el apostolado a los gentiles.

Se esforzó, mediante la acción y la palabra, en hacer comprensible al mundo pagano el Evangelio de Cristo. El libro de los Hechos nos revela el método de Pablo. Recibió la misión de presentar a Cristo en un mensaje universal, desligado de los ritos judíos y accesible a todos los hombres. Pablo no fue el único en ver esta meta, pero contribuyó más que nadie a expandir el cristianismo por el mundo. Se mantuvo constantemente en dependencia de Cristo, siendo Su principal obrero. Por otra parte, las epístolas de Pablo contienen la interpretación inspirada que dio de la doctrina y de la moral de Cristo. Pablo es el mayor de todos los teólogos. Su teología se desprende de su conversión, por la cual comprendió repentinamente la incapacidad de sus propios esfuerzos para llegar a la salvación; la dependencia del pecador con respecto a la gracia soberana de Dios; la perfección de la obra redentora que Jesús, el Hijo de Dios, ha llevado a cabo por Su muerte y resurrección. Como consecuencia, sólo puede hallarse la salvación por medio de la fe, uniéndose mediante ella a Cristo. El pecador así justificado, unido al Señor, participa de todas las bendiciones espirituales y temporales, celestiales y terrenas, que Cristo le ha conseguido. A partir de este fundamento de la fe, Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, expone todo lo que concierne a la obra y a la persona de Cristo. La cuestión de la salvación se expone de una manera completa en las epístolas a los Gálatas y a los Romanos. Las epístolas de la cautividad exaltan al Cristo glorificado y ensalzan el propósito eterno de la gracia de Dios para con la Iglesia. Además de estos aspectos centrales, las epístolas tocan prácticamente todos los aspectos de la fe y de los deberes del cristiano. La teología de Pablo tiene como objeto esencial la gracia, tema inagotable cuyas profundidades sondea el apóstol. Él presentó así al mundo gentil el Mesías anunciado por los profetas de Israel. Dios suscitó a Pablo para que él presentara a la humanidad la persona y la obra de su Salvador. Entre los apóstoles, fue indiscutiblemente el más brillante expositor y teólogo, y el más ardiente misionero. Dejar de lado la interpretación que Dios nos ha dado por medio de Pablo de las enseñanzas y de la obra de Jesucristo es exponerse a no comprender el absoluto qué es el cristianismo.

 

(p) Cronología.

Aunque se conocen en su conjunto los pasos de la vida de Pablo, no siempre es posible asignar fechas a sus hechos y escritos con una precisión absoluta. Hay dos fechas en Hechos que dan puntos de referencia: la Ascensión de Cristo, variamente situada entre el año 29 y el 32 d.C., y la muerte de Herodes (Hch. 12:23), que es situada unánimemente en el año 44 d.C. Pero estas fechas no son suficientes para precisar toda la cronología que nos ocupa. Se ha pensado que sería posible erigirla en base a la fecha en la que Festo llegó a ser procurador de Judea. Es plausible que fuera en el año 60 d.C. Josefo sitúa bajo el reinado de Nerón (comenzado en el año 54 d.C.) casi todos los acontecimientos en relación con el gobierno de Félix; por su parte, Pablo dice en Hch. 24:10 que Félix había sido gobernador de Judea «desde hace muchos años». Por ello, no es posible situar el comparecimiento de Pablo ante Félix antes del año 57 d.C. Siendo que el apóstol había estado detenido dos años en Cesarea, la accesión de Festo al poder debería situarse en el año 59 y no más tarde, por cuanto Albino lo sucedió en el año 62, y los acontecimientos relacionados con Festo ocuparon más de un año. Si Festo llegó al puesto de procurador en el año 59, es en otoño de este mismo año que Pablo fue enviado a Italia. El apóstol hubiera llegado a Italia en la primavera del año 60, después de haber pasado el invierno en la isla de Malta. El final del libro de los Hechos y la liberación de su primer cautiverio romano se situarían entonces en el año 62 (Hch. 28:30).

Los partidarios de esta cronología fechan retrospectivamente los acontecimientos del inicio de la carrera del apóstol a partir del año 59 (accesión de Festo). El arresto de Pablo tuvo lugar en el año 57 (Hch. 24:27), al final de su tercer viaje. Entonces se tiene, retrospectivamente:

invierno en Corinto, antes del arresto (Hch. 20:3);

otoño anterior en Macedonia (Hch. 20:1, 2);

antes de ello, tres años en Éfeso (Hch. 20:31), a donde habría llegado procedente de Antioquía después de haber recorrido rápidamente los territorios de Galacia y Frigia (Hch. 18:23). Así, el tercer viaje misionero habría durado cuatro años. Si Pablo estuvo en Jerusalén en la primavera del año 57, su tercer viaje se inició en la primavera del año 53. Hubo un breve intervalo entre el tercer y segundo viajes, que duró al menos dos años y medio, ya que el apóstol pasó un año y medio en Corinto (Hch. 18:11), y el itinerario anterior duró indudablemente un año (Hch. 15:36-17:34). Mediante la inscripción de Delfos, descubierta en 1905, es posible fijar la fecha del proconsulado de Galión entre mayo del año 51 y mayo del año 52, por lo que la comparecencia de Pablo ante este magistrado debe situarse a inicios del año 52. Si el segundo viaje acabó en otoño del año 52, había entonces comenzado en la primavera del año 50, algunos días después del concilio de Jerusalén (Hch. 15:36), acontecimiento de suma importancia, que queda entonces situado en el año 49. Entonces, el primer viaje misionero sólo puede ser situado entre el año 44, año de la muerte de Herodes Agripa (Hch. 12) y el año 49, fecha del concilio (Hch. 15). Es probable que tuviera lugar entre el año 46 y 48, aunque no se conoce exactamente el tiempo que tomó.

Para situar la fecha de la conversión del apóstol, es preciso comparar los datos ya dados con lo que Pablo dice en Gálatas (Gá. 2:1) : «Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé.» Es indudable la alusión al concilio de Jerusalén, en el año 49. ¿Cuál es el punto de partida de estos catorce años? Según ciertos comentaristas, es su conversión (Gá. 1:15, 16), lo que la remontaría al año 35 o 36, según que se cuente o no el primero de los catorce años. Pero Pablo menciona (Gá. 1:18) que él subió a Jerusalén por vez primera tres años después de su conversión. Parece más lógico contar los catorce años en Gá. 2:1 a partir de la primera visita a Jerusalén, mencionada como antecedente en Gá. 1:18. En este caso, su conversión se situaría en el año 32 o en el 34, según que se incluya o no el primer año (por lo general los hebreos calculaban incluyendo el año, o el día de punto de partida y el de llegada del cálculo. Cfr. con los tres días que Cristo pasó en la tumba). Conclusión: La conversión puede fecharse en el año 34, lo que deja lugar a la fecha propuesta por Anderson de la muerte y resurrección del Señor en el año 32 (véase JESUCRISTO); la primera visita a Jerusalén en el año 36; los catorce años en cuestión finalizarían en el año 49 d.C. Todas estas fechas pueden ser discutidas. Hay exegetas que dicen que Festo vino a ser procurador de Judea en el año 55, con lo que todas las fechas tendrían que ir cinco años atrás. Ello obligaría a contar los catorce años a partir de la conversión. Sin embargo, las fechas más sólidamente apoyadas son las que han sido presentadas en este apartado. Todo ello nos permite establecer la siguiente tabla:

32 Muerte, resurrección y ascensión

de Cristo

34 (?) Conversión de Pablo

36 Primera visita post. a

Jerusalén (Gá. 1:18)

37-43 Pablo en Tarso

44 Entrega a la iglesia en Jerusalén

de los fondos dados por los

cristianos de Antioquía

(Hch. 11:30)

46-48 Primer viaje misionero

49 Concilio de Jerusalén

50-52 Segundo viaje misionero

51 1 y 2 Tesalonicenses

53-57 Tercer viaje misionero

54 Epístola a los Gálatas

55,56 1 Corintios

56 2 Corintios

56,57 Epístola a los Romanos

57 Arresto en Jerusalén

57-59 Encarcelamiento en Cesarea

59 Festo nombrado procurador

de Judea

60 Pablo llega a Roma

60 o 61 Epístola a los Colosenses,

a Filemón, a los Efesios

61 o 62 Epístola a los Filipenses

62 Liberación del primer cautiverio

en Roma

63 o 64 1 Timoteo

64 o 65 Epístola a Tito

65 o 66 Epístola a los Hebreos

(véase HEBREOS [EPÍSTOLA]

para la cuestión de su

paternidad)

66 2 Timoteo

66 Muerte de Pablo

 

Bibliografía:

Bernard, T. D.: «El desarrollo doctrinal en el Nuevo Testamento» (Publicaciones de La Fuente, México, D.F., 1961);

Gutiérrez Marín, A.: «Albores del cristianismo en España» (Publicaciones Portavoz, Levittown, Pa., 1963);

Hester, H. I.: «Introducción al estudio del Nuevo Testamento» (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1974);

J. L. Harris: «Paul a servant of Jesus Christ», en Bible Treasury, abril-junio, 1886;

Kelly, W.: «The Epistles of Paul the Apostle» (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, reimpr. 1970 de edición 1869);

Meyer, F. B.: «Pablo, siervo de Dios» (Clíe, Terrassa, 1983);

Patterson, F. G.: «Paul's Doctrine» (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1944);

Robertson, A. T.: «Paul», en ISBE, (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1946);

Tenney, M. C.: «Nuestro Nuevo Testamento, una perspectiva histórico-analftica» (edit. Moody, Chicago, 1973).

Véanse también bibliografías en los artículos correspondientes a las Epístolas de Pablo, incluyendo HEBREOS.

 PACIENCIA

vet,

Implica sufrir circunstancias adversas esperando, pero de una manera voluntaria, y no por mera necesidad. Hay muchas exhortaciones al cristiano para el ejercicio de esta virtud, a fin de que el creyente pueda soportar sin murmuraciones aquellas pruebas ordenadas por el Señor, así como las oposiciones, injusticias y provocaciones que puedan caer sobre él por causa del nombre de Cristo (Ro. 5:3, 4; 8:25; 15:4; Gá. 5:22; Ef. 4:22; Col. 1:11; 3:12; Tit. 2:2; He. 6:12; 10:36; Stg. 1:3, 4; 5:7, 8, 10, 11; 2 P. 1:6, etc.).

Esta paciencia de los santos debe ser reflejo de la paciencia del mismo Dios, que es llamado «el Dios de la paciencia» (Ro. 15:5), quien ciertamente la ha mostrado hacia un mundo lleno de pecado, con vistas a la cruz de Cristo: «habiendo pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados» (Ro. 3:25). También en el mundo antiguo Dios reveló su paciencia dejando un largo espacio de tiempo para el arrepentimiento a los contemporáneos de Noé (1 P. 3:20), y se insiste en que «la paciencia de Dios es para salvación» (2 P. 3:15). Por cuanto el creyente tiene que manifestar el espíritu de Cristo, es llamado a ejercitar «la paciencia de Cristo» (cfr. 2 Ts. 3:5), y ello «hasta la venida del Señor» (Stg. 5:7).

 PACTO

tip, COST

vet,

(heb. «berit», gr. «diatheke»; estos términos son comúnmente traducidos como «pacto», aunque también en algunas ocasiones por: «alianza» o «testamento»).

Hay dos clases de ellos contemplados en las Escrituras:

 

(a) el pacto de un hombre con su igual, o de nación con nación, en la que los términos del pacto, o alianza, son mutuamente considerados y consentidos, o bien impuestos. A continuación, es ratificado mediante juramento, o por alguna prenda, ante testigos. Es a este tipo de pacto al que se alude en Gá. 3:15: un pacto entre hombres, si está confirmado, no puede ser posteriormente manipulado mediante adiciones, ni abrogado. Cuando Abraham compró el campo del heteo Efrón en Macpela, pagó el dinero «en presencia de los hijos de Het» como testigos, y así quedó firmemente en su poder (Gn. 23:16). En el pacto llevado a cabo entre Jacob y Labán, hicieron ambos un montón de piedras como testimonio del pacto, y «comieron allí sobre aquel majano» (Gn. 31:46). Cuando los gabaonitas engañaron a Josué y a los príncipes de Israel, «los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová, y... lo juraron» (Jos. 9:14, 15). Comer juntos era y sigue siendo considerado en Oriente como un pacto por el que los comensales se obligan mutuamente. El «pacto de sal» mencionado en 2 Cr. 13:5 sigue estando en uso en Oriente; comer sal juntamente es el sello de un pacto.

 

(b) Los pactos hechos por Dios son de un orden diferente. Los pactos que Él propone son propuestos soberanamente a los hombres. Dios hizo un pacto con Noé por el que no volvería a destruir el mundo con un diluvio; como prenda de este pacto, Él puso su arco en las nubes (Gn. 9:8-17). Este pacto tenía la forma de promesa incondicional. Este mismo carácter tenía también el pacto de Dios con Abraham, primero con respecto a su posteridad natural (Gn. 15:4-6), y después con respecto a su simiente, Cristo (Gn. 22:15-18). También le dio el «pacto de la circuncisión» (Gn. 17:10-14; Hch. 7:8), señal de la justicia de la fe (cfr. Ro. 4:11).

Por otra parte, el pacto con los hijos de Israel en el Sinaí, era condicional. Dios afirmó a Israel que Él sería el Dios de ellos bajo la condición de que ellos observaran Sus leyes (Dt. 14:13, 23). Este pacto, del que el sábado iba a ser la señal (Éx. 31:16), fue celebrado en Oreb (Dt. 5:2; 29:1) y renovado después con la generación siguiente en los campos de Moab (Dt. 29:1). En caso de que fueran desobedientes, recibirían maldición (Dt. 27; 28).

 

Hay también otro pacto que Dios hizo con los levitas (Mal. 2:4, 8), y especialmente con Finees, para darle a él y a sus descendientes un sacerdocio perpetuo (Nm. 25:12, 13).

 

En el pacto de Jehová con David se promete un trono eterno a su posteridad (Sal. 89:20-30, 34-38; cfr. 2 S. 7:1-29 y 1 Cr. 17:1-27; 2 Cr. 7:18; Jer. 33:21).

Los profetas anuncian un nuevo pacto de regeneración, que contrasta con el del Sinaí. Este nuevo pacto tiene carácter nacional para Israel (Jer. 31:31-34; He. 8:8-11), aunque también está destinado a todas las naciones (Mt. 28:19, 20; Hch. 10:44-47). Su dispensador es el Espíritu Santo (Jn. 7:39; Hch. 2:32, 33; 2 Co. 3:6-9) y se entra en él por medio de la fe (Gá. 4:21-31). Cristo es el Mediador de este nuevo pacto (He. 8:6-13; 9:1; 10:15-17; 12:24). Es posible que fuera preferible llamar al Antiguo y Nuevo Testamento el Antiguo y Nuevo Pacto, respectivamente. Las dos tablas de piedra en las que se grabaron los Diez Mandamientos, leyes fundamentales del pacto entre Dios e Israel, fueron llamadas «tablas del pacto» (Dt. 9:11), y el arca que contenía estas tablas recibió el nombre de «arca del pacto» (Nm. 10:33). El libro del pacto, posiblemente introducido por los Diez Mandamientos, se componía de las ordenanzas de Éx. 20:22-23:33. Moisés las consignó en un libro; los israelitas las aceptaron formalmente, y el pacto entre Jehová y Su pueblo quedó ratificado (Éx. 24:3-8). (Véase TEOCRACIA.) La expresión «libro del pacto» vino a expresar más tarde el «libro de la ley» (2 R. 22:8, 11; 23:2), el cual comprendía Deuteronomio (Dt. 31:9, 26; 2 R. 14:6; cfr. Dt. 24:16).

 

Con respecto al pacto con Abraham, el apóstol Pablo argumenta, en la Epístola a los Gálatas, que la promesa hecha por Dios, «el pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa» (Gá. 3:16, 17). Así, Israel no será restaurado en base al pacto mosaico, violado por ellos, pero sí lo será en base a la promesa de Dios a Abraham (cfr. Ro. 11:29 y su contexto). En cuanto a los creyentes procedentes de la gentilidad, siendo que la promesa había sido dada a través de Cristo, el apóstol puede añadir: «Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa» (Gá. 3:29).

La relación entre la Iglesia y el Nuevo Pacto requiere una atención más especial. El Nuevo Pacto es un pacto incondicional que Dios prometió hacer con las casas de Judá y de Israel: Él pondrá sus leyes en sus mentes y las escribirá en sus corazones; Él será el Dios de ellos, y perdonará la maldad de ellos, y no se acordará más de sus pecados (Jer. 31:31-34 ss.). El fundamento para esto fue establecido en la Cruz. En la institución de la Cena del Señor, Él habló de Su sangre como «la sangre del nuevo pacto» (Mt. 26:28; 1 Co. 11:25). Él es «el Mediador del nuevo pacto» (He 9:15; 12:24). Así, es evidente que la concertación del nuevo pacto con Judá e Israel es aún futura. El principio del nuevo pacto, esto es, el de la gracia soberana, ya está actualmente en vigor, y Dios actúa en conformidad con esta gracia soberana al establecer las condiciones en base a las cuales Él mora en medio de Su pueblo, siendo el Señor Jesús el Mediador, por medio de quien se obtiene toda bendición. Ver, entre otros, los pasajes de Ro. 1:1-10 y de 2 Co. 3, donde Pablo se refiere a sí mismo y a aquellos con él como «ministros competentes de un nuevo pacto», no de la letra que mata, sino del espíritu, que vivifica (2 Co. 3:6).

 PADÁN-ARAM

tip, LUGA

sit, a8, 236, 180

vet,

(heb.: «altiplanicie de Aram»).

Un distrito cultivado de la alta Mesopotamia, donde se hallaba la ciudad de Nacor, a la que emigraron Taré y su familia al salir de Ur de los caldeos (Gn. 10:31, 32; 25:20). De allí procedían Rebeca, Lea y Raquel, las esposas de Isaac y Jacob (Gn. 25:20; 28:2-7; 31:18; 33:18; 35:9, 26; 46:15). En Gn. 48:7, el original dice sólo Padán.

 PADRE

ver, PADRES

vet,

(a) El ascendiente inmediato de alguien (Gn. 42:13), o bien el abuelo (Gn. 28:13) o un antecesor aún más alejado (Gn. 17:4). (Véase PADRES.)

(b) El que ha sido el pionero en una actividad o que ha encabezado un grupo social (Gn. 4:20). Antecesor, jefe o una de las autoridades de una ciudad (1 Cr. 2:51; 4:14, 18).

(c) Aquel que tiene, con respecto a alguien, una actitud paternal y sabia (Gn. 45:8; Jue. 17:10; 18:19). Título que expresa respeto y honra. Así se llamaba a aquellos que tenían la función de enseñar, sobre todo si se trataba de un anciano (1 S. 10:12; 2 R. 2:12); recibían este nombre también los consejeros del rey y los primeros ministros (Gn. 45:8).

(d) Excepto como Creador y Sustentador, Dios no es revelado como Padre en el AT (cfr. Mal. 2:10; Hch. 17:28, y véase Ant. 4:8, 24). También el Señor Jesús es profetizado como «el Padre eterno» o «Padre de la era eterna» (Is. 9:6). No fue sino hasta la revelación del NT que Dios fue dado a conocer como Padre, y sólo por el Señor Jesús mientras estuvo en la tierra, que constantemente hablaba a Sus discípulos de Dios como el Padre de ellos en el cielo (Mt. 5:16, 45, 48; 6:1, 8, 14, 15, etc.). Como Hijo lo dio así a conocer a ellos mientras estaba en la tierra. Después de la resurrección el Señor envió este mensaje a Sus discípulos, a los que ahora llama «sus hermanos»: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios» (Jn. 20:17). La voluntad del Padre y la obra de Su Hijo, que era para ellos la fuente de la vida eterna, había llevado a los discípulos, en este respecto, a la misma posición celestial que el mismo Cristo resucitado delante del Padre (cfr. Ef. 1:3 ss.; 2:7 ss.).

 PADRENUESTRO

ver, ORACIÓN, PADRE, REINO DE DIOS

vet,

Nombre tradicional que se da en las iglesias cristianas a una serie de peticiones y doxologías enseñadas por Jesús a Sus discípulos y consignadas en los Evangelios según San Mateo (Mt. 6:9-13) y según San Lucas (Lc. 11:2-4). Éste es uno de los pasajes más conocidos de la Biblia y ha figurado en los sermones, catecismos y formularios de cultos desde los Padres apostólicos. Es tan conocido por los cristianos, que en todos los idiomas se le cita por sus primeras palabras.

Las palabras de Jesús han sido transmitidas en dos formas distintas por los evangelistas, que también describen diversas circunstancias en el marco del período de entrenamiento de los discípulos por el Maestro. Cristo pone delante de los suyos un modelo de oración en el que después de la invocación al «Padre», tan grata a Jesús y tan característica del cristianismo, coloca siete peticiones. La versión que nos trae el Evangelio de San Mateo es más apta para la recitación comunitaria, mientras que Lucas nos la transmite con las características propias de una oración más personal como la que hiciera el Señor Jesús en Getsemaní.

Numerosos son los tratados y exposiciones de esta oración cristiana por excelencia. El gran aprecio de los Padres de la Iglesia se puede compendiar en la frase de Tertuliano: «es el compendio de todo el Evangelio» (PL 1:1255). Las Iglesias Reformadas que siguen las enseñanzas de Calvino, cuando desecharon las antiguas liturgias, mantuvieron el Padrenuestro engastado en las fórmulas más ágiles de sus cultos. El Catecismo de Heidelberg la usa como ejemplo de oración y hace una larga exposición práctica de sus peticiones.

Numerosas son las versiones de esta oración al español, pero el pueblo gusta repetir una clásica que viene del siglo XVI. Cuando Cristo la enseñó, mostraba a los suyos un modelo de pedir al Padre, y no enseñaba a repetir la fórmula como si por sí misma ella tuviese eficacia mágica. (Véanse ORACIÓN, PADRE, REINO DE DIOS.)

 

Bibliografía:

Vila, D.: «El Padrenuestro» (Ed. Clíe, Terrassa, 1972).

 PADRES

tip, LEYE

vet,

El quinto mandamiento ordena que los hijos honren a sus padres, y une una bendición peculiar a la observancia de este deber (Éx 20:12; Dt. 5:16; Ef. 6:1, 2). Los padres deben criar a sus hijos en la reverencia a Dios, y no irritarlos (Gn. 18:19; Dt. 6:7; Ef. 6:1, 2). La ley de Moisés ordenaba la muerte de todo el que maldijera a su padre o a su madre (Éx. 21:15, 17; Lv. 20:9; Dt. 27:16). Los casos extremos de rebelión, de disolución u otros excesos, podían ser sometidos por los padres a los ancianos, que debían entonces juzgar al hijo y que, si era culpable, era ejecutado (Dt. 21:18 21). Así, la ley de Moisés limitaba el poder de los padres. La ley romana llamada de Las Doce Tablas otorgaba al padre el derecho de vida y muerte sobre sus hijos, que podía también reducir a la esclavitud. La ley mosaica reservaba el ejercicio del derecho de vida y de muerte a un cuerpo judicial. Entre los israelitas, la costumbre permitía que un pobre vendiera su hija como esclava, pero la ley de Moisés precisaba y salvaguardaba los derechos de esta hija (Éx. 21:7-11). La costumbre autorizaba además a que el acreedor se apoderase del deudor insolvente, de su mujer, y de sus hijos, para reducirlos a la esclavitud (2 R. 4:1; Neh. 5:5; Is. 50:1; Mt. 18:25).

 PAFOS

tip, CIUD PUEM

sit, a9, 471, 301

vet,

Ciudad al suroeste de la isla de Chipre, que hoy recibe el nombre de Kuklia, cercana al cabo Zephyrium.

Se distinguía entre la antigua y la nueva Pafos: esta última era un puerto de mar a unos 16 Km. al noroeste, y que era la capital de la provincia romana de Chipre, y residencia del procónsul. La antigua Pafos tenía un célebre templo dedicado al culto de Astarté, que los griegos transformaron en un templo a Afrodita (Homero, Odisea VIII, 362).

El apóstol Pablo visitó Pafos (Hch. 13:6-13).

El nombre moderno de la nueva Pafos es Baffo.

 PAJA

tip, FLOR ALIM TIPO

vet,

La paja de trigo y de cebada era dada como forraje al ganado, a los camellos, a los asnos y a los caballos (Gn. 24:25, 32; Jue. 19:19; 1 R. 4:28; Is. 11:7).

Los egipcios mezclaban el barro con paja para hacer ladrillos, a fin de hacerlos más compactos y resistentes.

La paja es también símbolo de aquello que no puede resistir la prueba de la justicia de Dios, así como de aquellos que serán objeto de Su indignación en retribución y juicio (Is. 25:10; Mt. 3:12; Lc. 3:17; cfr. «heno» en 1 Co. 3:12, usado de lo que es indigno o inútil en la vida del cristiano).

En las profecías se anuncia el amanecer de la era gloriosa del reinado de Cristo, en la que «el león comerá paja como el buey» (Is. 65:25).

 PALABRA

ver, LENGUAJE, INSPIRACIÓN, LOGOS

vet,

(heb. «dãbhãr»; gr. «logos»: palabra hablada, término con el que se hace referencia, en general, a lo que está en la mente del que habla, y «rhema», «palabra» considerada en sí misma)

La relación de la palabra con el pensamiento es de sumo interés. En todo caso, la palabra es, en sentido general, la expresión del pensamiento, así como el molde en el que se expresa el pensamiento. Con más precisión: el pensamiento puede, en ocasiones, ser expresado en palabras aisladas («sí», «no», «nunca», etc.). Sin embargo, lo normal es que la expresión sea dada en unidades de significado constituidas por grupos de palabras que se modifican entre sí. El lenguaje viene a ser así el medio dinámico por medio del que el pensamiento de una mente es comunicado a otra mente. (Véase LENGUAJE.)

El concepto de Palabra de Dios expresa la comunicación de la mente y de los propósitos de Dios al hombre por medio de una revelación proposicional (esto es, expresada por medio de proposiciones). En esta comunicación de la mente de Dios al hombre se utilizan diversos medios (véase INSPIRACIÓN). La fórmula clásica utilizada en el AT es: «Palabra de Jehová que vino a (lit.: «fue a)...» (Os. 1:1; cfr. Ez. 1:3; 12:8, etc.; Jon. 1:1; 3:1; Mi. 1:1, etc.). La «Palabra de Dios» es así una extensión de la personalidad divina, mediante la cual ésta es expuesta de una manera racional y manifestada con autoridad divina (Sal. 103:20; Dt. 12:32), por lo que debe ser obedecida por todos, sean ángeles u hombres. La Palabra de Dios tiene poder:

creador (Gn. 1; Sal. 33:6),

preservador (Sal. 147:15-18),

regenerador (Ez. 37, etc.) y

para salvación (Is. 50:4; 61:1, etc.).

El Salmo 119 se refiere constantemente a la Ley escrita como Palabra de Dios.

Por lo que respecta al NT, se usa superlativamente el término «logos» del mensaje del Evangelio (Mr. 2:2; Hch. 6:2; Gá. 6:6), aparte de su uso para designar a Aquel que es la Palabra viva del Dios viviente y predicado por el Evangelio (véase LOGOS). «Rhema» también es usado para denotar el mensaje del Evangelio (Ro. 10:8; Ef. 6:17; He. 6:5, etc.).

La Palabra de Dios es mencionada por el Señor Jesús en la parábola del sembrador (Lc. 8:11; cfr. pasajes paralelos), y también como contrapuesta a la tradición humana (Mr. 7:13). En los Evangelios Sinópticos, el Señor siempre se refiere a Su mensaje en forma plural («palabras», Mt. 24:5 y paralelos; Mr. 8:38; Lc. 24:44). En cambio, se halla frecuentemente en forma singular en el cuarto Evangelio. La palabra de Cristo es:

de verdad (Ef. 1:3; Stg. 1:18),

de vida (Fil. 2:16),

de la cruz (1 Co. 1:18),

de reconciliación (2 Co. 5:19),

de salvación (Hch. 13:26),

de la fe (1 Ti. 4:6),

de justicia (He. 5:13),

de exhortación (He. 13:22).

Es por la palabra de Su poder que Cristo creó todas las cosas (He. 11:3; 2 P. 3:5), y

es mediante esta misma palabra que las sustenta (He. 1:3).

Es una palabra viva y eficaz (He. 4:12) y

que permanece para siempre (1 P. 1:25).

 PALACIO

tip, CONS ARQU

vet,

David ocupaba una residencia real en Jerusalén (2 S. 5:9; 7:1, 2), pero el primer gran palacio en esta ciudad fue el construido por Salomón (1 R. 7:1-12). Su construcción duró trece años, en tanto que la del Templo se llevó a cabo en siete años (1 R. 6:38; 7:1).

«La casa del bosque del Líbano» (1 R. 7:2-5) era una de las partes del conjunto, y recibía este nombre a causa de sus numerosas columnas de cedro. Medía cien codos de longitud (alrededor de 46 m.), cincuenta codos de anchura y treinta codos de altura; sus muros eran de piedra sólida. En el interior de esta casa se levantaban cuatro hileras de columnas de cedro; es posible que cada hilera formara una pared. Había un patio interior delimitado por columnas que tenía algo más de ochenta codos de longitud y alrededor de treinta de anchura. Es posible también que las columnas hubieran estado dispuestas en dos dobles hileras en sentido longitudinal con respecto al cuerpo del edificio, dejando un patio central. Salían unas vigas de las columnas a las paredes, sosteniendo tres pisos de estancias, y que miraban sobre el patio interior. La casa del bosque del Líbano servía a la vez de arsenal y de tesorería (1 R. 10:17, 21; Is. 22:8), y puede ser que también para otros fines. El conjunto del gran palacio tenía un «pórtico de columnas» (1 R. 7:6), que servía de antesala, y que medía cincuenta codos por treinta. Había una escalinata y un pórtico que le precedían. Es posible que se tratara de la entrada principal del palacio. A continuación venía el «pórtico del trono» (1 R. 7:7), la sala en la que el rey aplicaba justicia, abierta en su parte anterior; esta sala estaba probablemente cerrada en los otros tres lados por sólidos muros con puertas, pero no ventanas. Allí se hallaba el gran trono de marfil, recubierto de oro puro (1 R. 10:18-20).

La casa del bosque del Líbano, la sala del trono, el pórtico de columnas, se hallaban posiblemente dispuestas por encima de un patio rectangular. Detrás de la sala de justicia y del trono se hallaban las estancias privadas del rey; es posible que su entrada principal fuera por esta misma sala. El rey pronunciaba, así, los juicios y concedía sus audiencias a la puerta de su palacio. Este patio real, adornado de flores y de fuentes, estaba rodeado de un a modo de claustro.

Según Josefo, la casa de la hija de Faraón (1 R. 7:8) estaba muy cercana a la sala del trono (Ant. 8:5, 2).

Estos diversos edificios constituían el palacio de Salomón, cuyo estilo recordaba el de las mansiones principescas del Asia occidental. Las excavaciones arqueológicas han revelado las ruinas de residencias reales asirias, babilónicas y persas, datando de esta época. El libro de Ester contiene alusiones al palacio del rey de Persia en Susa (Est. 1:5, 6, 9; 2:3, 14; 5:1, 2; 7:7). Estos pasajes nos permiten concebir algo de la elegancia y belleza del palacio de Salomón.

 PALESTINA

tip, PAIS ARQU

ver, DILUVIO, TOLEMAIDA, MAR, JORDÁN, PALESTINA, DECÁPOLIS, LLUVIAS, FILISTEOS, TOLEMAIDA, JERUSALÉN, EGIPTO, CANAÁN, HISTORIA BÍBLICA, AMORREOS, HICSOS, HITITAS, HOREOS, AMARNA, JERICÓ, HAI

vet,

Nombre que los griegos y romanos aplicaron a todo el país habitado por los israelitas, y que desde entonces le ha sido aplicado de manera general. En realidad es un término impropio: Se deriva de Filistea, nombre de la estrecha franja dominada por los filisteos (cfr. Herodoto 7:89 y Jl. 3:4; Éx. 15:14; Is. 14:29, 31). Los antiguos hebreos daban el nombre de Canaán a la fracción de este territorio situada al oeste del Jordán, distinguiéndola del país de Galaad, al este del río. Después de la conquista, toda la región recibió el nombre de Israel (1 S. 13:19; 1 Cr. 22:2; Mt. 2:20). Después del cisma nacional, el nombre de Israel designaba con frecuencia el reino del norte. En He. 11:9 el país recibe el nombre de «Tierra Prometida». Poco después del inicio de la era cristiana, los escritores griegos y latinos empleaban el término de «Palestina». En la Edad Media se empleaba en general el nombre de «Tierra Santa». La administración inglesa, al hacerse cargo de estos territorios, conquistados a los turcos en la Primera Guerra Mundial, usaron constantemente el nombre «Palestina». En este diccionario se usa como término de conveniencia, debido a su extendido uso en contextos geográficos, pero reconociendo la impropiedad de su aplicación. No se puede aplicar en realidad el término de Filistea a todo el conjunto. Es mucho más propio denotarla como tierra de Canaán o, mejor, de Israel, o bien Tierra Prometida, como lo fue a Abraham y a su descendencia (cfr. Gn. 15:18-21). Señalada esta salvedad, se usará en adelante Palestina como nombre de conveniencia.

(a) Sus límites y extensión.

El territorio que ocupaban los hebreos se extendía, de sur a norte, desde Cades-barnea y desde el wadi de el-'Arish hasta el Hermón. Desde el oeste hasta el este, iba desde el Mediterráneo al desierto oriental, con excepción de la llanura filistea y del país de Moab. Los más grandes reyes de Israel dominaron Hamat y Damasco, llegando sobre el Éufrates, y sometieron también a Amón, Moab y Edom.

Los hebreos expresaban los límites de su país con la expresión «desde Dan a Beerseba» (más de 240 Km.). El wadi el-Fikrah y el Arnón constituían entonces su frontera meridional. La densidad de la población residente dentro de estos límites era grande. Omitiendo la mayor parte del territorio de Simeón y una fracción de Neftalí, se constata que sus límites describen un paralelogramo aproximado cuya altura (medida en las latitudes de Dan y del extremo meridional del mar Muerto) es de alrededor de 233 Km., y su base de 113 Km. Su superficie es de alrededor de 26.288 Km2. Este paralelogramo incluye la región de los filisteos, que en su época de máxima extensión iba desde el Carmelo hasta Beerseba. Restando la superficie correspondiente a esta franja, los hebreos ocupaban alrededor de 21.716 Km2. La Palestina oriental tenía entonces algo más de 9.842 Km2, desde el Hermón hasta el Arnón. La Palestina occidental, hasta Beerseba al sur, y junto con Filistea, tenía aprox. 15.642 Km2.

(b) Su población.

En la época de la conquista había 600.000 varones, lo que da una población total de alrededor de dos millones de personas para un territorio de alrededor de 21.716 Km2. El rey David hizo llevar a cabo un censo sobre un territorio mucho mayor. En 1978 el Estado de Israel contaba con 3.737.600 habitantes. La Biblia y el historiador Flavio Josefo declaran que la densidad de la población era considerable. Esto es atestiguado asimismo por los vestigios de numerosas ciudades. Las innumerables colinas existentes aparecen casi siempre coronadas por una ciudad o un pueblo, bien habitado, bien en ruinas.

(c) Geología estructural de Palestina.

La costa oriental del mar Muerto está bordeada por un banco de «arenisca de Nubia» (que también recibe el nombre de arenisca de Petra), y también una parte del acantilado que bordea el valle del Jordán sobre su ribera oriental. Estas mismas formaciones se vuelven a hallar sobre las vertientes occidentales del Líbano y del Antilíbano; por lo general son de un rojo fuerte o ennegrecido. Representan una formación en la que se aprecian movimientos de vaivén de las aguas que descargaron los sedimentos; en la interpretación actualista de la historia geológica estas formaciones son clasificadas en su mayor parte como pertenecientes al Jurásico, aunque se reconocen también terrenos atribuidos a distintas clasificaciones, desde el Carbonífero hasta el Cretáceo inferior, y proyectándose hasta el mismo Cretáceo. Por encima se halla la formación geológica más importante de Palestina: la «caliza cretácea», que constituye la mayor parte de la meseta, al este y al oeste del Jordán. En Jerusalén hay dos capas de caliza, la superior, más dura, que los habitantes llaman «misseh», y la capa inferior, blanda, que denominan «melekeh». Las excavaciones de los depósitos, de las sepulturas, por debajo de la ciudad y sus alrededores, han llegado a penetrar en el «melekeh». Los cimientos de los edificios descansan sobre el sólido «misseh». Las canteras cercanas a la Puerta de Damasco se hallan en el «melekeh». De allí provenía la piedra usada para el Templo. Se hallan bancos de caliza desde el Carmelo, descendiendo hacia el sur hasta Beerseba, desde donde giran hacia el suroeste, corriendo paralelos al Mediterráneo. Estas calizas son atribuidas a épocas más recientes que las anteriores. Alrededor de Jerusalén y en las cercanías de Siquem se hallan también formaciones de calizas asignadas a épocas más recientes, recibiendo el nombre de «numulíticas» porque presentan una gran abundancia de numulites (género de foraminíferos, diminutos animales recubiertos de una concha calcárea en la linde del campo microscópico). Estas calizas numulíticas son atribuidas en el esquema geológico actualista al Eoceno medio. Sin embargo, la caliza numulítica está tan asociada con la caliza cretácea que parece que las dos constituyen una sola formación. Flaqueando la caliza numulítica al oeste se halla una larga capa de greda calcárea que atraviesa la franja filistea y que aparece hasta el norte en formaciones aisladas, llegando hasta las cercanías del Carmelo. Es una greda porosa, blanda, fácilmente disgregable, dejando al descubierto la caliza más dura de la meseta, y descendiendo hacia las planicies de Judea y de Samaria de manera abrupta. Entre esta greda de la Filistea y el Mediterráneo se hallan unas playas elevadas atribuidas al Plioceno superior. La costa mediterránea de Filistea, especialmente allí donde el terreno es bajo, presenta una serie de dunas, algunas de las cuales llegan a los setenta metros de altura. Las del suroeste han podido ser formadas, en parte al menos, por las arenas de Egipto y del Sinaí arrastradas por los vientos. Las dunas septentrionales provienen de arenas erosionadas por los vientos de la greda calcárea de Filistea y tienden a invadir los territorios cultivados.

Aparte de esta consideración de las formaciones sedimentarias, se debe indicar que las formaciones atribuidas al Carbonífero se hallan salpicadas de «rocas volcánicas» relacionadas con la gran masa de granito, de diorita y de felsita que se halla más al sur, en el Arabá y en el Sinaí. Más allá de la ribera oriental del Jordán, algo más allá del Hermón hasta el sur del mar de Galilea, y hacia el este y el sudeste de Haurán, más allá de Palestina, el país se halla cubierto por una inmensa acumulación de materias volcánicas: basalto, dolerita, felsita. Se hallan bloques diseminados de estas rocas volcánicas por la Palestina occidental, al oeste y al noroeste del mar de Galilea, y en otros parajes.

Para un examen de los temas geológicos y una discusión de los modelos contrapuestos de la trama geológica de la tierra, véase DILUVIO y la bibliografía correspondiente.

 

(d) Geografía física de Palestina.

El país se divide en cinco regiones:

la llanura marítima;

el país bajo llamado la Sefela;

la cadena montañosa central;

el valle del Jordán;

la meseta oriental.

Estas cinco zonas paralelas atraviesan todo el país de norte a sur, con excepción de ciertas desviaciones. En Samaria, la cadena montañosa central se dirige hacia la llanura marítima, llamada Sarón. El paralelismo de estas zonas queda interrumpido en el valle del Esdraelón (o de Jezreel) que detiene la cadena de montañas y une la costa mediterránea con el valle del Jordán.

(A) La llanura marítima va a lo largo de toda la costa palestina, con la sola interrupción del Carmelo. Muy estrechada al norte del Carmelo, la llanura mide más de 9,5 Km. al sur de esta montaña, y se ensancha aún más al descender al sur. Forma un país ondulante y fértil, con una altura entre los treinta y setenta metros por encima del nivel del mar. Entre el Carmelo y el Nahr-el-Audjeh, cuya desembocadura se halla al norte de Jope, esta llanura recibe el nombre de Sarón. Al sur de Jope estaba ocupada por los filisteos.

(B) El país bajo, denominado Sefela, cubierto de montecillos, se extiende entre la llanura marítima, al sur del Carmelo, y el macizo central. La Sefela es una terraza que domina el Mediterráneo desde unos 150 m. de altura; su nombre designa casi exclusivamente la parte del país bajo que se extiende a partir de la latitud de Jope hasta Beerseba al sur. Una serie de valles corren al norte y al sur entre la Sefela y el medio del país.

(C) La cadena (o elevación) central sigue después del Líbano. Los montes altos descienden de altura al sur del río Leontes, formando una elevada meseta que llega al sur a la extremidad septentrional del mar de Galilea y de Akko (Aco, véase TOLEMAIDA). Ésta es la alta Galilea, cubierta de colinas que oscilan entre los 600 y los 900 m.; algunas cumbres, como Jebel Jermuk, llegan a los 1.200 m. La baja Galilea tiene una forma triangular: su lado oriental está formado por el mar de Galilea y el Jordán hasta llegar a Bet-seán; al suroeste se halla el valle de Esdraelón. La baja Galilea consiste en una serie de montes bajos que van de este a oeste; hay numerosas colinas que no llegan a más de 100 o 200 m., con algunas cumbres más altas al oeste del mar de Galilea. Al suroeste de este lago se halla el Tabor, de 562 m. de altura; más al sur se halla el monte Gilboa, una de cuyas cumbres tiene 500 m. de altura y la otra algo menos. La parte meridional de la baja Galilea se inclina hacia el valle de Esdraelón, que no pasa de los 90 m. de altura. Al sur del Esdraelón hay numerosos wadis que cortan la cordillera, cuyas montañas forman sierras separadas; sus laderas son accesibles desde la llanura marítima, desde el Esdraelón y desde el valle del Jordán. El monte del Carmelo se dirige hacia el noroeste; la altura media de su cordillera es de 609 m., y su cumbre más alta tiene 651 m. En Samaria, el monte Ebal tiene 938 m., el Gerizim, 868 m. Desde Bet-el hasta Hebrón y hasta casi Beerseba, la cordillera forma, a lo largo de 70 Km., un macizo cuyos flancos se levantan de manera abrupta al este y al oeste; su altura media es de 670 m. Ciertas localidades son elevadas: Bet-el está a 893 m.; Jerusalén tiene 791 m. de altura en su parte más alta; Belén llega a los 776 m.; Hebrón a 926 m. A alrededor de 24 Km. al sur de Hebrón, los montes descienden hacia el desierto. La estrecha meseta que ocupaban las tribus de Judá y de Benjamín se halla en el punto más elevado de la cadena.

(D) El valle del Jordán es una extraordinaria falla que empieza al pie del Hermón, a alrededor de 518 m. de altura. El valle, cerrado a sus dos lados por montañas, se va haciendo más y más profundo al descender hacia el sur; al llegar al mar Muerto, el valle del Jordán está a 393 m. por debajo del nivel del Mediterráneo. (Véanse MAR MUERTO, JORDÁN.) Aunque no constituía un obstáculo infranqueable, dificultaba las comunicaciones entre los pueblos de la orilla oriental del río al sur del Jaboc hasta Edom, y las tribus de Judá y Benjamín al oeste.

(E) La meseta oriental es una gran meseta fértil, a más de 900 m. Esta meseta va desde los acantilados del Jordán hasta el desierto de Siria. La garganta del Jaboc la corta en dos, y el Yarmuk corta a su vez la zona septentrional inmediatamente al sur del mar de Galilea.

 

(e) Los principales caminos de Palestina.

La estructura de Palestina ha determinado sus vías de comunicación. El gran camino comercial y militar entre Egipto y los imperios orientales pasaba por Palestina. Esta arteria comercial pasaba entre el wadi de el-'Arish, en las cercanías de su desembocadura, y seguía la costa hasta Gaza, donde se unía con el camino que llegaba de Elat y de Arabia; siguiendo a través de la llanura filistea, llegaba a Asdod. Más al norte, el camino se bifurcaba: una ramificación, que seguía la costa por Jope y Dor, rodeaba el Carmelo siguiendo la costa por la base de la montaña; por debajo de la montaña el paso tiene sólo 180 m. de ancho, y está cortado por rocas. La otra rama, la principal, partía de Asdod, atravesaba Ecrón y Lod, franqueaba los montes y llegaba al valle de Esdraelón por uno de los siguientes tres pasos:

(A) el camino occidental, que pasaba cerca de Tell Keimun, conducía a Akko (Aco), Tiro, Sidón, y más hacia el norte;

(B) la ruta central llegaba a el-Lejjun (Meguido), atravesando el valle de Esdraelón y la baja Galilea hasta la llanura de Cineret, y seguía el Jordán río arriba; después, el camino remontaba el valle del río Litani, entre el Líbano y el Antilíbano, llegando a Hamat y más hacia el norte. Otra ramificación atravesaba el Jordán entre el lago de Huleh (aguas de Merom) y el mar de Galilea, y se dirigía hacia el noreste, a Damasco;

(C) el tercer camino, más frecuentado, partía del camino marítimo, pasaba de Dotán a En-ganim, donde se bifurcaba: una rama se unía con la ruta de la baja Galilea, ya mencionada. La otra conducía a Bet-seán, donde se dividía a su vez, y llevaba a Galaad por una parte y a Damasco por la otra. Todos los caminos que se dirigían hacia el norte permitían ir a Carquemis, sobre el Éufrates.

Otra vía se dirigía de la llanura del Esdraelón a Egipto. Atravesando la región de las colinas, pasaba por Samaria, Siquem, Bet-el, Jerusalén, Belén, Hebrón, Beerseba. En este lugar la ruta se bifurcaba y se podían elegir varios itinerarios: yendo oblicuamente hacia el sur, se tomaba la gran vía que seguía la costa; se podían seguir también las rutas de Rehovot y de Ain Muweileh, desde donde se llegaba a Egipto a través del desierto. Una de las rutas de Bet-seán a Edom descendía por el valle del Jordán y tocaba Jericó; los viajeros que querían acudir a Jerusalén tomaban desde Jericó el empinado camino que subía a la capital. Desde Jericó el camino proseguía a lo largo de la ribera occidental del mar Muerto, pasando por En-gadi, donde se unía con el camino que venia de Jerusalén y de Belén. De En-gadi se llegaba a Edom y a Elat, y a Ákaba, en el mar Rojo. El camino de Palestina se unía en Elat con las rutas de caravanas que iban desde Egipto y de Gaza hasta el sur de Arabia.

Al este del Jordán había una ruta de caravanas que provenía de Damasco y que seguía la linde del desierto hacia Arabia (véase DECÁPOLIS). En este camino desembocaban varios otros: uno que salía de Bet-el y que atravesaba Galaad; otro, que descendía de Siquem al wadi Fãr'ah, hasta el vado del Jordán, por debajo de la desembocadura del Jaboc, atravesando Galaad a continuación, y muriendo en Rabá de Amón; un tercer camino salía del vado cercano a Jericó y pasaba por Hesbón. Al oeste del Jordán, un camino atravesaba Galilea, y se dirigía casi derecho hacia el este a partir de Akko (Aco), uniéndose al camino de Damasco cerca del lugar donde éste cruzaba el Jordán, a mitad de camino entre las aguas de Merom (lago de Huleh) y el mar de Galilea. No era fácil llegar desde la llanura marítima a las altiplanicies ocupadas por las tribus de Judá y Benjamín, Un importante camino conducía desde la llanura de Sarón y del Nahr el-Audjeh (situado cerca de Ras el-'Aîn, esto es, Antípatris) al sureste, hacia la región de las colinas; se unían con el camino que llevaba de Samaria a Jerusalén en un punto situado a 3 Km. al suroeste de Bet-el. Había una ruta que unía el puerto de Jope con Jerusalén, y que pasaba por el valle de Ajalón y por Bet-horón. El camino más corto de Asdod a Jerusalén pasaba por el wadi es-Sarãr y por Bet-semes; también se podía llegar a Jerusalén y a Belén por el wadi es-Sant. Se llegaba a las colinas cercanas a Hebrón desde el wadi el-'Afranj, cerca de Beit Jibrin, y por el wadi el-Hasi, cerca de Tell el-Hasi, en las cercanías de Laquis.

 

(f) Climatología de Palestina.

Vista la configuración del país y sus contrastes, el clima es muy variable. El Hermón tiene nieves eternas, en tanto que Jericó, en el valle del Jordán, así como en En-gadi, en la costa del mar Muerto, tienen un clima tropical. En enero, el mes más frío en Jerusalén, las temperaturas extremas oscilan entre los + 10 y los -2 grados centígrados. En agosto, la temperatura media es de 26 grados en Jerusalén; en esta ciudad no se llega normalmente a más de 33 grados de máxima a la sombra (aunque en ocasiones se llega a los 40). En Jericó, en agosto se llega a 48 grados centígrados. (Véase LLUVIAS.)

 

(g) Flora de Palestina.

La extraordinaria riqueza de la flora, en la que aparecen plantas de diversas latitudes, proviene de la diversidad geográfica y climática que presenta Palestina. En estudios efectuados por Tristram se ha comprobado que de 3.002 plantas, fanerógamas y criptógamas, 2.563 son paleoárticas; la mayor parte de ellas pertenece a la zona mediterránea; 161 son originarias de Etiopía, 27 de la India, y 251 son peculiares de Palestina. Desde los montes del Taurus hasta la región meridional de la península del Sinaí, y entre el Mediterráneo y el desierto de Siria, se han clasificado 850 géneros y alrededor de 3.500 especies.

 

(h) Fauna de Palestina.

La clasificación de las diversas especies de animales se corresponde con la de las plantas de Palestina. De las 113 especies conocidas de mamíferos palestinos, Tristram descubrió que 55 de ellas pertenecían a la región paleoártica, a la que también pertenecen las especies europeas; 34 son originarias de Etiopía, 16 de la India, y 13 autóctonas de Palestina. Hay especies que pertenecen a dos regiones. De 348 especies de aves, 271 son paleoárticas, 27 etíopes, 4 indias, y 11 autóctonas de Palestina. Sean plantas o animales, los tipos africanos e indios se hallan especialmente en la cuenca del mar Muerto y, en proporción menor, en la depresión inferior del valle del Jordán.

 

(i) Etnología de Palestina.

Los habitantes autóctonos, vigorosos, altos, eran los anaceos (Jos. 11:21, 22), los refaítas (Gn. 14:5), los emitas, los zomzomeos, los horeos (Dt. 2:10-23). Seguían existiendo restos de la población autóctona en la época de la monarquía (2 S. 21:16-22). A la llegada de Abraham, el país estaba ocupado especialmente por los amorreos y por otras tribus cananeas menos importantes. Había también filisteos y fenicios establecidos a lo largo de la costa mediterránea. Había heteos (hititas) en la frontera septentrional y en Hebrón. Los filisteos procedían del oeste, probablemente de Creta (véase FILISTEOS). Los cananeos y los fenicios, que eran asimismo de origen cananeo, hablaban una lengua semítica. Dirigidos por Moisés y después por Josué, los hebreos vencieron a estos pueblos, pero no los destruyeron completamente. La ocasional asimilación de edomitas, amonitas y semitas por la conquista y la inmigración no modificó la raza de los hebreos, por cuanto estos pueblos eran semitas y descendían de Abraham. La conquista de tribus arameas no hizo otra cosa que añadir otros semitas a la comunidad de Israel. Después de la caída de Samaria, los asirios deportaron las tribus israelitas asentadas en el norte y este de Palestina, y las reemplazaron con colonos de Hamat, de Babilonia y de Elam (2 R. 17:24; Esd. 4:9). Se trataba, en su mayor parte, de semitas y de arios. Numerosos griegos entraron en Palestina siguiendo a Alejandro Magno, estableciéndose en Akko (Aco), que ellos denominaron Ptolemais (véase TOLEMAIDA), y fundando las ciudades griegas de Decápolis, introduciendo en cierta medida el lenguaje, las costumbres y la cultura de Grecia. Más tarde, los romanos, funcionarios y soldados, ocuparon el país, fundando colonias. Los musulmanes lucharon por el control de Palestina desde el año 633 hasta el 640 d.C. Tuvo lugar una batalla decisiva sobre el Yarmuk (636): Jerusalén cayó el año 638 (véase JERUSALÉN, c, C). Se implantaron colonias fundadas por soldados árabes en las ciudades y los pueblos. En 1517 los turcos se apoderaron de Palestina, pero los judíos no se mezclaron con los musulmanes. Esta dominación dejó de existir en 1917, cuando el ejército británico ocupó el territorio. Gran Bretaña protegió entonces la creación de un hogar nacional judío y la inmigración judía; esta actitud pronto cambió, no obstante, y el 15 de mayo de 1948 los británicos abandonaban Palestina, cediendo el control de todos los puntos clave, así como suministros vitales, a las autoridades árabes. A pesar de la prepotencia árabe y de la amenazante legión árabe de Transjordania encuadrada por oficiales británicos, David Ben Gurión proclamó el 15 de mayo de 1948 el Estado de Israel, quedando entonces Judea y Samaria, así como la ciudad vieja de Jerusalén, en poder de Transjordania hasta 1967.

(j) Historia de Palestina.

La historia antigua de este país antes de la llegada de Abraham es poco conocida. Los anales hebreos, como ya se ha mencionado, recuerdan las razas que habitaron sucesivamente el país. Los soberanos de Babilonia empezaron muy pronto a dirigir expediciones hacia el oeste. La campaña de Quedorlaomer en la Palestina oriental, en tiempos de Abraham, queda descrita en Gn. 14. Los babilonios hicieron de su cultura, lengua, y de la escritura cuneiforme, unos medios de contactos internacionales. Para la relación de Egipto con Palestina, véase EGIPTO; para la conquista bajo Josué, véanse CANAÁN, LA TIERRA Y SU CONQUISTA; véanse también HISTORIA BÍBLICA, AMORREOS, HICSOS, HITITAS, HOREOS, etc.

 

(k) Toponimia y topografía de Palestina.

Se ha calculado que la Biblia y los no inspirados libros apócrifos mencionan 622 ciudades al oeste del Jordán. Los nombres geográficos citados en las listas de Tutmose III, Seti I, Ramsés II y Sesonk I en Karnak son de gran importancia para la localización de los lugares de Palestina. Estas citas arrojan mucha luz sobre la topografía palestina y sobre los toponímicos del libro de Josué. Las tabletas de Tell el-Amarna dan los nombres de las ciudades palestinas en la época de Amenofis III y IV (véase AMARNA). Los documentos asirios contienen también alusiones a los mismos lugares, especialmente a aquellos que tuvieron relación con sus expediciones a Palestina. Eusebio, obispo de Cesarea (primera mitad del siglo IV d.C.), escribió un tratado de los nombres de los lugares que figuran en las Sagradas Escrituras. Jerónimo, que estuvo en Belén un siglo después, lo tradujo y aumentó. Esta obra recibe el nombre de Onomasticón, y se debe a los trabajos de Eusebio y de Jerónimo. En esta obra se ofrecen detalles que en numerosas ocasiones son de gran valor, aunque se da alguno absurdo, acerca de la situación de los antiguos lugares de Palestina.

Reland efectuó unas investigaciones que publicó en 1714. Los viajes de Seetzen y de Burckhardt, particularmente al este del Jordán, a inicios del siglo XIX, abrieron el camino al prof. Robinson, que llevó a cabo una sistemática exploración científica de Palestina en 1838. Al preguntar a los nativos los nombres de las ruinas o de ciertos lugares aún habitados, se dio cuenta de que estos lugares tenían, bajo una forma árabe, los antiguos nombres hebreos. Robinson, ayudado por un misionero llamado Smith, efectuó así importantes descubrimientos sobre la topografía de Palestina. En 1841 publicó, en tres volúmenes, el resultado de sus investigaciones; en 1856 apareció un nuevo volumen titulado «Later Biblical Researches». El autor había aportado a todas estas investigaciones una gran penetración, un criterio certero, y profundos conocimientos. Un gran número de sus conclusiones sigue en pie.

En 1865 se constituyó en Inglaterra una sociedad denominada «The Palestine Exploration Fund», a fin de llevar a cabo, con un espíritu científico, todo tipo de investigaciones en Tierra Santa. La sociedad dirigió los levantamientos topográficos de una gran parte de Palestina y preparó, en 26 planchas, un magnífico mapa del país. Esta misma sociedad llevó a cabo diversas excavaciones. En 1900 se fundó en Palestina el centro de estudios denominado «American School of Oriental Study and Research». En 1921 se abrió en Bagdad una escuela análoga. Los dos establecimientos se asociaron bajo el nombre de «American Schools of Oriental Research».

 

(l) Resultados de las excavaciones arqueológicas.

Es imposible siquiera bosquejar en poco espacio la gran cantidad de trabajos y resultados conseguidos en las excavaciones en Palestina. Se han hallado vestigios importantes anteriores a Abraham. Las trazas de civilización identificadas como más antiguas aparecen en Teleilat Ghasul, justo al norte del mar Muerto, cerca de Jericó. Ya en aquella época lejana se adornaban las casas de ladrillos sin cocer con asombrosas y artísticas pinturas murales. De la Edad del Bronce (edad asignada a 3.000-2.000 a.C.) se han hallado los primeros santuarios cananeos de Meguido, Jericó y Hai. La Edad del Bronce Medio (alrededor de 2.000-1.500 a.C.) se correspondería con la entrada de Abraham en Palestina; la arqueología confirma plenamente el trasfondo cultural e histórico que nos dan los textos bíblicos. Las ciudades estaban protegidas por elevadas murallas, por torres, fosos y construcciones gigantescas. Las regiones altas estaban sumamente arboladas y poco pobladas. El final de la Edad del Bronce (1.500-1.200 a.C.) queda marcado por la invasión y establecimiento de los israelitas. La ciudad de Jericó tomada por Josué queda identificada en las excavaciones arqueológicas (véase JERICÓ). Acerca de la identificación de Hai, véase HAI. También se han llevado a cabo exploraciones en Bet-el y Laquis, que tuvieron un gran papel en la época de la conquista. Otras localidades en las que las excavaciones han arrojado mucha luz son, de manera particular, Bet-seán, Taanac, Meguido, Gezer, Bet-semes, Samaria, Jerusalén, Gabaa, Debir, Hazor y Dotán. Los estudios de estas y otras excavaciones han sido y son publicados en revistas como «Bulletin of the American Schools of Oriental Research» (BASOR); «Biblical Archaeologist», Biblical Archaeology Review», etc.

 

Bibliografía:

John Bright: «La historia de Israel», Ed. Desclée de Brouwer 1970.

J. Finegan: «Manual de cronología bíblica», Ed. Cristiandad 1975,

Roland de Vaux: «Historia antigua de Israel» (2 vols.), Ed. Cristiandad 1975.

Antonio Tovar: «Historia del antiguo Oriente», Ed. Montaner y Simón 1970.

André Parrot: «Los fenicios. La expansión de Fenicia. Cartago», Ed. Aguilar 1975,

A. Llobregat: «Estado actual de los problemas de la arqueología palestina. Paleolítico y calcolítico», Ed. Universidad de Valencia (España) 1966.

Lucas Grollenberg: «Panorama del mundo bíblico», Ed .Guadarrama 1966.

Basili Franquesa: «El Tabor» Ed. Abadía de Montserrat 1934.

Moisés Chávez: «Enfoque arqueológico del mundo de la Biblia», Ed. Caribe, 1976;

William Albright: «The Archeology of Palestine and the Bible», Ed. The American Schools of Oriental Research, 1974.

 PALIMPSESTO

tip, MANU

ver, MANUSCRITOS BÍBLICOS (AT), MANUSCRITOS BÍBLICOS (NT)

vet,

(gr. «vuelto a borrar»).

Debido al alto coste de la piel para la preparación de pergaminos, se aprovechaban frecuentemente pergaminos ya utilizados, raspándolos y puliéndolos, con lo que podía volver a escribirse sobre ellos. Mediante métodos químicos se puede en la actualidad leer la escritura superficialmente borrada.

Se conocen varios palimpsestos, el más famoso de los cuales es el «Codex Ephraemi» (véase MANUSCRITOS BÍBLICOS).

 PALMERA

tip, TIPO FLOR ALIM ARBO

ver, TADMOR

vet,

(heb. «tamar», «timmorah», «tomer»; gr. «phoinix»).

Es un árbol grande (Cnt. 7:7, 8); recto y alto, sirve como símil para el crecimiento del justo (Sal. 92:13); era contado entre los árboles frutales (Jl. 1:12).

Inspiró los motivos decorativos del Templo de Salomón y de otros santuarios (1 R. 6:29, 32, 35; Herodoto 2:169).

Las palmeras simbolizaban la victoria y la paz (1 Mac. 13:51; 2 Mac. 10:7; Jn. 12:13; Ap. 7:9).

La expresión «ramas de palmeras» que se halla en pasajes como Lv. 23:40; Neh. 8:15; Jn. 12:13 no se corresponde con el actual lenguaje botánico. Son pocas las palmeras que presentan ramas en el sentido que se entiende el término en botánica, y la palmera datilera de la que se hallan ciertas especies en Palestina no las tiene. Este término se refiere entonces a las palmas, que se asemejan a grandes plumas, y que tienen una longitud de 1,20 a 1,80 m.

Las palmeras abundaban en el valle del Nilo; había en Elim, en el desierto, cerca del mar Rojo (Éx. 15:27); en Edom (Virgilio, Geórgicas 3:12). La palmera medraba en diversos lugares de Judea, en En-gadi, en las costas del mar de Galilea, en el valle del Jordán, y especialmente en Jericó, «la ciudad de las palmeras» (Dt. 34:3; Jue. 1:16; 2 Cr. 28:15). Según Estrabón, Josefo, etc., el bosque de palmeras de Jericó tenía 20 Km. de longitud y, a decir de Plinio, sus dátiles eran los mejores, gracias a lo salino del terreno (cfr. Gn. 14:7, donde aparece la palmera en el nombre geográfico de Hazezon-tamar; Dt. 34:3; Ant. 9:1, 2; Guerras 1:6, 6; 3:10, 8); los nombres de Sansana (al sur de Judá, Jos. 15:31) y de Quiriat-sana (Jos. 15:49) evocan las palmeras. Se hallaban también en el monte de Efraín, cerca de Bet-el (Jue. 4:5; 20:33); cerca de Jerusalén (Neh. 8:15; Jn. 12:13); al este de Damasco, en la ciudad que recibió sucesivamente los nombres de Tadmor y Palmira (véase TADMOR). También medraban las palmeras a lo largo del curso inferior del Tigris y del Éufrates (Herodoto 1:193).

Los griegos y romanos consideraban a la palmera como el árbol típico de Palestina y de los países vecinos. Las monedas acuñadas en Roma para conmemorar la toma de Jerusalén en el año 70 d.C. representaban a Judea bajo la imagen de una mujer desolada sentada bajo una palmera datilera.

Este árbol, tan extendido en Palestina en el pasado, desapareció de casi toda ella, con excepción de la franja marítima de Filistea y de los parajes de Beirut; pero ahora se han vuelto a plantar grandes extensiones.

La palmera que se halla constantemente en las Escrituras es casi siempre la «Phoenix dactylifera», palma datilera que se levanta entre 14 y 20 m. de altura. Su estípite (tallo largo y sin ramificar), derecho y de grosor constante, lleva las marcas de las palmas caídas, y está coronado por una copa de grandes palmas siempre verdes. Tiene una vida de 100 a 200 años; con él se pueden hacer techos, paredes, empalizadas, esteras, canastos. Se atraviesa la parte tierna de la espata para extraer el jugo, que da azúcar por evaporación. Mediante fermentación o destilación se transforma el jugo en una bebida fuerte, llamada arrack (Guerras 4:8, 3; Herodoto 1:193). Su fruto, los dátiles, es muy abundante, y apreciado por su gran valor alimenticio. Los persas mencionan 360 usos diferentes de la palmera datilera. Los huesos de los dátiles sirven de alimento a los camellos. Puede que los israelitas conocieran otra especie de datilera, la de Palmira, que crece en Tadmor, en el desierto. Es la «Borassus flabelliformis», cuya palma tiene forma de abanico.

 PALMIRA. Véase TADMOR.

 PALMO

tip, MEDI

ver, PESOS Y MEDIDAS

vet,

El sistema de medidas de la antigüedad se basaba en el cuerpo humano.

El palmo mayor era la longitud entre los extremos de los dedos pulgar y meñique con la mano extendida, y equivalía aproximadamente a 22,5 cm. (medio codo, cfr. Éx. 28:16; 39:9, etc.).

El palmo menor se medía con la mano cerrada a excepción del pulgar, abierto, tomando la anchura entre los dedos meñique e índice por la base (Éx. 25:25; 37:12, etc.).

Véanse PESOS Y MEDIDAS.

 PALOMA

tip, LEYE FAUN TIPO AVES

ver, FAUNA DE LA BIBLIA

vet,

Ave (Sal. 55:7; Cnt. 1:15; 5:12) con un grito lastimero (Is. 38:14); la paloma es dulce y afectuosa (Cnt. 2:14; 5:2; 6:9), pero incauta (Os. 7:11), tímida, asustadiza. En estado silvestre mora en ocasiones en los valles (Ez. 7:16) haciendo su nido en las paredes de las barrancas, en las grietas de las peñas (Jer. 48:28). La paloma doméstica huye hacia su palomar o hacia la ventana de su dueño (Is. 60:8; cfr. Gn. 8:8-12).

Jesús hace alusión a su proverbial inocencia (Mt. 10:6). Esta ave era comprada y vendida en los recintos del Templo (Mt. 21:12; Mr. 11:15; Jn. 2:14), porque era usada en los sacrificios (Lv. 5:7; 12:8; Lc. 2:24).

La paloma simboliza al Espíritu Santo (Lc. 3:22).

Las palomas forman una familia de aves («columbidae») de las que Tristram enumera cuatro especies en Palestina:

la paloma torcaz («columba palumbus»), que entra en las ciudades. Grandes bandadas de estas palomas frecuentan Palestina en primavera y en otoño, durante las migraciones anuales; hay algunas torcaces aisladas que se quedan allí todo el invierno.

La palomina («columbacenas») se halla especialmente al este del Jordán, o en el mismo valle de este río.

El pichón de roca («columba livia») abunda en la costa del oeste del Jordán y en la región montañosa de Judea y Samaria.

La paloma silvestre, de color grisáceo («columba schimperi») es muy común en el interior de Palestina y en el valle del Jordán; se refugia en las cavernas y en las grietas de las peñas. Ésta es la especie a la que se hace alusión en Jer. 48:28. (Véase FAUNA DE LA BIBLIA.)

 PÁMPANO. Véase VID.

 PAN

tip, ALIM

vet,

El pan de los israelitas tenía la forma de una galleta plana; se hacía de harina de trigo, en tanto que los pobres empleaban harina de cebada. El grano era molido cada día en un molino manual, y se cocía cada día para tenerlo fresco. Si se hacía para su inmediato consumo, se hacía frecuentemente sin levadura (Gn. 19:3; 1 S. 28:24; cfr. pan ázimo, procedente de un término gr. que significa «sin levadura»). Sin embargo, el arte de preparar pan leudado era conocido (Mt. 13:33).

Se ha planteado la cuestión de si el pan de la proposición, que seguía estando bueno al final de ocho días, era leudado. Josefo afirma que no (Ant. 3:6, 6). Durante la primera Pascua, cuando se dio la orden de marcha, la masa estaba ya preparada, pero no estaba aún leudada (Éx. 12:34). El horno familiar privado era un gran recipiente transportable; después de haberlo calentado, se aplicaban las galletas contra sus paredes que, cocidas de esta manera, quedaban muy delgadas. Además del pan que se cocía en el horno (Lv. 2:3), se hacía freír, en una sartén poco profunda, una especie de tortas. El pan se hacía también sobre los mismos rescoldos del hogar, o sobre piedras previamente sobrecalentadas y exentas de cenizas (1 R. 19:6). Este método se empleaba cuando había prisas (Gn. 18:6).

En nuestros días, los beduinos hacen fuego en un hoyo cavado en el suelo, limpiándolo a continuación y poniendo allí las hogazas o galletas. El pan se cocía toda la noche en este horno cuidadosamente cubierto. Sin duda, los israelitas conocían este método.

La cocción del pan era habitualmente un trabajo reservado a las mujeres (Gn. 18:6; 1 S. 8:13; Lv. 26:26; cfr. Jue. 6:19). En las grandes mansiones era trabajo de esclavos, aunque en las ciudades había panaderos que vendían el pan (Jer. 37:21; cfr. Os. 7:4, 6).

En la Ley se enumeran las diferentes maneras de pan que se podían ofrecer a Jehová (Lv. 2).

Al hablar de «nuestro pan de cada día», el Señor Jesús se refiere a todo el sustento necesario para un día entero (Lc. 11:3).

 PAN DE CEBADA

tip, ALIM LEYE

vet,

(heb. «Kikkãr», «disco»).

Hogaza redonda hecha de harina de cebada (2 R. 4:42; Jn. 6:9); sus dimensiones permitían su fácil cocción y transporte (1 S. 10:3; Mt. 14:17; Jn. 6:9).

 PAN DE TRIGO

tip, ALIM LEYE

vet,

(heb. Kikkãr, «disco»).

Hogaza redonda hecha de harina de trigo (Lv. 23:17; cfr. Éx. 34:22; Éx. 29:23; Jue. 8:5); sus dimensiones permitían su fácil cocción y transporte (1 S. 10:3; Mt. 14:17; Jn. 6:9).

 PAN DE LA PROPOSICIÓN

tip, ALIM LEYE

vet,

(lit.: «pan de la presencia»).

Se trataba de doce hogazas, puestas en el Tabernáculo en dos hileras de seis sobre la mesa de oro del lugar santo, donde se hallaban constantemente delante del Señor. Eran renovadas cada sábado. Los sacerdotes comían, en el lugar santo, los panes sacados de la mesa (Éx. 25:30; Lv. 24:5-9; 1 S. 21:6; Mt. 12:4).

En heb., estas doce hogazas se designaban con las siguientes expresiones:

pan perpetuo,

pan de la proposición (Nm. 4:7);

colocación continua (2 Cr. 2:4).

Josefo afirma que se trataba de panes sin levadura (Ant. 3:6, 6).

Cada hogaza contenía dos décimas partes de un efa de flor de harina, de la empleada para los huéspedes de nota y para la mesa del rey (Gn. 18:6; 1 R. 4:22). Esta flor de harina figuraba en diversas ofrendas (Lv. 2:1; 5:11, etc.).

Los doce panes representaban a las doce tribus de Israel (Lv. 24:7; cfr. Éx. 28:10-12; 24:4; 28:21). Este pan simbolizaba la comunión ininterrumpida del pueblo con Jehová, el autor de los bienes de que gozaban los israelitas y que empleaban para Su servicio. Representaban asimismo a Cristo, el pan de vida, suficiente para todo Su pueblo.

Los coatitas eran los encargados de la preparación de estos panes cada sábado (1 Cr. 9:32).

La mesa, de madera de acacia recubierta de oro, tenía una moldura de oro a todo su alrededor, y también cuatro anillos de oro, uno en cada ángulo. Por ellos pasaban dos barras para su transporte. Esta mesa medía dos codos de longitud, uno de anchura, y uno y medio de altura (Éx. 25:23-29; para su transporte, cfr. Nm. 4:7, 8). La mesa estaba en el lugar santo, en el lado del norte, a la derecha de la entrada del Tabernáculo (Éx. 40:22).

El Templo de Salomón tenía diez mesas destinadas a los panes de la proposición. Parece que sólo se usaba una mesa cada vez, así como sólo se encendía un candelero a la vez (1 Cr. 28:16; 2 Cr. 4:8, 19; 13:11; Ant. 8:3, 7). Ésta es la razón de que 1 R. 7:48 y 2 Cr. 29:18 sólo mencionan una mesa.

Antíoco Epifanes se apoderó de esta mesa del Templo de Zorobabel, pero Judas Macabeo la reemplazó por una mesa nueva (1 Mac. 1:22; 4:49). Tito la hizo llevar a Roma (Guerras 7:5, 5); fue representada como parte del botín de guerra en el Arco de Triunfo de Tito.

 PANADERO

tip, OFIC TIPO

vet,

En Egipto, el faraón tenía un siervo que recibe el nombre de «jefe de los panaderos» (Gn. 40:1-22; 41:10).

En Israel, la preparación del pan era llevada a cabo por las mujeres de cada hogar:

Abraham dio instrucciones a Sara para que preparara panes cociéndolos bajo los rescoldos (Gn. 18:6).

Samuel anunció a los israelitas que si querían hacerse un rey, este tomaría de sus doncellas para que le fuesen «amasadoras» (1 S. 8:13, el mismo término que en Gn. 40:1-22).

En Jerusalén había una parte de la ciudad en la que residían los panaderos, que a Jeremías se le asignó su ración de pan que se le debía conseguir en la calle de los Panaderos mientras hubiera existencias (Jer. 37:21).

En Os. 7:4, 6 se usa figuradamente el calentamiento del horno como descripción de aquellos que, por así decirlo, preparaban sus designios de mal y esperaban ansiosamente hasta el momento en que podían satisfacerlas más cumplidamente.

 PANAG

vet,

Hay desacuerdo entre los expositores acerca de su significado. Para unos, se trata de un artículo de comercio desconocido, quizás alguna exquisitez; para otros, en cambio, se trataría de un lugar de donde procedía el trigo, además de Minit (Ez. 27:17).

 PANDERO

tip, MUSI

ver, MÚSICA

vet,

Originalmente una especie de tambor, probablemente cuadrado, que pronto se transformó en el pandero circular que conocemos; los hebreos lo llamaban «toph», instrumento de percusión.

Durante las fiestas profanas, las cantantes y danzarinas se acompañaban del pandero.

En el culto, se usaba en ocasiones el pandero solo, o acompañado de diversos instrumentos (Gn. 31:27; Éx. 15:20; Jue. 11:34; 1 S. 10:5; 18:6; 1 Cr. 13:8; Jb. 21:12; Sal. 81:3; Is. 5:12). (Véase MÚSICA.)

 PANFILIA

tip, REGI

sit, a9, 383, 225

vet,

Provincia de la costa meridional de Asia Menor.

La provincia de Panfilia estaba limitada al norte por Pisidia, al sur por un golfo del Mediterráneo llamado el mar de Panfilia, que Pablo cruzó (Hch. 27:5); al este, por Cilicia, al oeste, por Licia. Había muchas comunidades judías en Panfilia (Hch. 2:10); durante su primer viaje misionero, Pablo se detuvo en Perge y Atalia, ciudades de Panfilia (Hch. 13:13; 14:24, 25; 15:38).

 PANTERA. Véase LEOPARDO.

 PAPIRO

tip, ARQU MANU HIST

ver, JUNCO, QUMRÁN, EVANGELIOS, MARCOS (Evangelio), JUAN (Evangelio), CHESTER-BEATTY, MANUSCRITOS BÍBLICOS

vet,

(Jb. 8:11; Is. 18:2; etc. Traducido habitualmente como junco en las versiones castellanas, véase JUNCO).

El papiro propiamente dicho es el «Papyrus antignorum», de la familia de las cyperáceas (así, no se trata ni de una gramínea ni de una juncácea). Sus tallos triangulares, de una altura de hasta 2,5 y 3 m., están coronados por un copete de flores.

Se encuentra el papiro en la llanura de Sarón, cerca del mar de Galilea, y se hallaba en las aguas del lago de Huleh (aguas de Merom, actualmente desecado). También medraba a las orillas del Nilo, de donde prácticamente ha desaparecido.

El papiro se prestaba a numerosos usos. Los egipcios hacían con ellos artículos como zapatos, cestos, botes y otros objetos (cfr. Éx. 2:3; Is. 18:2). El papel sobre el que escribían estaba hecho de fibras sacadas del interior del tallo. El apóstol Juan redactó su segunda epístola sobre este tipo de papel, que los griegos llamaban «chartês» (2 Jn. 12).

Los estudiosos de la Biblia deberían conocer la historia y utilización del papiro, que fue el material base para los mss. egipcios ya desde el mismo albor de la humanidad después del Diluvio, y muy posiblemente antes de ello. En 1778 llegó a Europa el primer papiro. Se trataba del famoso «Papyrus Borgianus», cuyo desciframiento marca el inicio de la papirología. El proceso del papiro era como sigue: El corazón del tallo se partía en bandas finas, que eran dispuestas horizontalmente para constituir el anverso de una hoja, en tanto que el reverso se hacía con fibras dispuestas verticalmente, en perpendicular a las del anverso. A continuación se prensaban y encolaban anverso y reverso, para formar las hojas que se unían entre sí para conseguir un rollo. Había rollos que llegaban a medir 38 cm. de altura, aunque los de los escribas no solían tener más de 25 cm. En cuanto a la longitud, hay rollos litúrgicos egipcios que llegaban a los 15 m. y aún más. Se conserva uno que pasa de 40 m. Desde el inicio del siglo II d.C., los cristianos dispusieron las hojas de papiro en cuadernos, a imitación de los «codex» (en la antigüedad, los «codex» eran tablillas de madera que se ataban). Para conseguir esta especie de libros, las hojas de papiro eran dobladas por el medio.

Lo seco del clima y de las arenas de Egipto ha permitido la preservación de numerosos papiros. El papiro Nash, conservado actualmente en la Universidad de Cambridge, es un pequeño fragmento hebreo del AT que data de alrededor del año 100 a.C. La biblioteca de John Rylands posee pequeños fragmentos gr. del libro de Deuteronomio, procedentes del siglo II a.C. En Oxyrhynchus (a 180 Km. al sur de El Cairo) se descubrieron unos célebres «logia» (palabras de Cristo) escritos sobre papiro. Otro papiro de la biblioteca de John Rylands es uno de los más antiguos fragmentos de ms. del NT, conteniendo Jn. 18:31-33, 37, 38. Ha sido fechado en la primera mitad del siglo II d.C. El hallazgo más espectacular fue el de unos fragmentos del Evangelio de Marcos en la Cueva 7 de Qumrán, estudiados por J. O'Callaghan, S.I., y fechados entre los años 50 y 100 d.C. (Véanse QUMRÁN [MANUSCRITOS DE], EVANGELIOS, MARCOS [EVANGELIO DE], JUAN [EVANGELIO DE].) El ms. gr. de Freer, conservado en Washington, contiene ciertas secciones de los profetas menores. Los papiros descubiertos por M. A. Chester-Beatty presentan porciones gr. del AT y del NT. (Véase CHESTER-BEATTY). Los papiros bíblicos de John H. Scheide (Ez. 19:12-39:29 en gr., y que presentan algunas lagunas), datan del final del siglo II o III d.C. Depositados en la Universidad de Princeton, han sido editados y publicados por A. C. Johnson, H. S. Gehman y E. H. Kase. Los papiros de Elefantina forman una variedad de documentos redactados en arameo. La mayor parte proviene de una colonia judía de guarnición en Elefantina y en Siene, donde permaneció desde el siglo VI hasta alrededor del año 400 a.C., para proteger la frontera meridional de Egipto.

Otros papiros de importancia son los de la Colección Bodmer, de la Biblioteca Bodmer en Ginebra. Destaca un códice del Evangelio de Juan, cuyos primeros catorce capítulos están completos, y el resto en condición fragmentaria, y ha sido fechado alrededor del año 200 d.C. Otros papiros de esta misma colección incluyen textos de Juan y de Lucas, de las Epístolas de Pedro, de Judas, todos ellos también de alrededor del año 200 d.C, Hay otros papiros de fecha más tardía, con textos de Hechos y de las Epístolas universales. (Véanse MANUSCRITOS BÍBLICOS, QUMRÁN.)

Bibliografía:

A. Calderini: «Tratado de Papirología», trad. de J. O'Callaghan, Ed. Garriga, 1963;

A. Calderini: «Los papiros griegos de la cueva 7 de Qumram», BAC, 1974;

K. Aland: «Kurzgefasste Liste der grieschschen Handschriften des griesvohrn Neuen Testamentes», Friburgo, 1963;

B. M. Metzger: «The Test of the New Testament, its Transmission, Corruption and Restoration», Londres, 1974;

Biblia Hebraica, ed. Kittel-Kahle, Stuttgart;

The Greek New Testament, ed. Kurt Aland, Sociedades Bíblicas;

Nuevo Testamento Trilingüe, ed. BoverO'Callaghan, BAC, 1978;

Thesaurus Typographiae Hebraicae (facsímiles), Berlín, 1924;

Heinrich Zimmermann: «Los métodos histórico-críticos en el Nuevo Testamento», BAC, 1969;

Septuaginta. Vetus Testamentum graece iuxta LXX Interpretes, ed. Rahlfs, Sociedades Bíblicas.

La última edición de la Biblia Hebraica Stuttgartensia es especialmente útil para el estudio del texto hebreo y sus variantes.

 PARÁBOLA

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vet,

Uno de los métodos del arte de la oratoria para ilustrar una verdad moral o religiosa mediante una comparación extraída de la vida corriente. No hay límites estrictos entre la parábola, la similitud y la metáfora, aunque estas últimas son más breves que la parábola:

Metáfora: «Vosotros sois la luz del mundo. »

Similitud: «Como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.»

Parábola: «El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado» (Mt. 13:33).

La parábola tiene grandes ventajas. La verdad presentada de esta forma queda más grabada en la memoria que una mera exposición didáctica: ninguna enseñanza acerca de la misericordia del Señor hacia los pecadores arrepentidos habría producido el efecto de la parábola del hijo pródigo (Lc. 15:11-32). Por otra parte, cuando un profeta o predicador debía reprender a un personaje importante que no fuera a aceptar su culpabilidad, podían usar una parábola habilidosa para cautivarlos e iluminar su conciencia. El profeta Natán se sirvió de una parábola para reprochar a David su adulterio con Betsabé y el asesinato del marido de ella, Urías heteo.

Principales parábolas del AT:

Los árboles eligen un rey (Jue. 9:8-20);

la oveja del pobre (2 S. 12:1-14);

la viuda con dos hijos, uno de los cuales había dado muerte al otro (2 S. 14:4-20);

el soldado que deja escapar a su prisionero (1 R. 20:35-42);

el cardo que pide como esposa para su hijo a la hija del cedro (2 R. 14:9-11);

la viña (Is. 5:1-7);

dos águilas y una viña (Ez. 17:1-10);

los leoncillos (Ez. 19:1-9);

Ahola y Aholiba (Ez. 23:1-49);

la olla hirviente (Ez. 24:1-14).

Así como en el AT el término que denota una parábola es «mashal», «una similitud», y puede significar asimismo un «proverbio», en el NT es «parabolê», que viene a denotar «una comparación».

Del ejemplo de las parábolas en el AT se ve que suelen precisar de un expositor. El Señor afirmó en una ocasión que Él hablaba en parábolas a fin de que la multitud «no» comprendiera Su enseñanza (Mt. 13:10-16). La razón de ello es que ellos ya habían virtualmente rechazado a su Mesías, y no estaban por ello en una condición moral para recibir enseñanza. Así, el Señor, actuando como expositor, explicó en privado el significado de las parábolas a Sus discípulos, porque a ellos sí les era dado conocer «los misterios del reino» (Mt. 13:11). Sin embargo, algunas de las parábolas del Señor son tan aguzadas y claras que fueron comprendidas por Sus mismos enemigos, como indudablemente era Su intención (cfr. Mt. 21:33-46).

Del mismo hecho de que el Señor relacione «los misterios del reino» con las parábolas que pronunció, se puede tener la certeza de que hay mucha instrucción que puede extraerse de ellas si se interpretan rectamente. Se precisa para ello de la conducción del Espíritu, lo mismo que para cualquier otra sección de las Escrituras.

En la tabla que se da se podrá ver que algunas de las parábolas han sido registradas sólo por Mateo; dos «similitudes» se hallan sólo en Marcos; hay varias parábolas que sólo son dadas por Lucas; ninguna de ellas ha sido registrada por Juan. Hay razones divinas para esta disposición y es indudable la armonía cuando se considera el carácter de cada uno de los cuatro Evangelios.

 

Algunas de las parábolas aparecen en grupos.

Un caso es el de Mt.13, donde aparecen siete parábolas, cuatro de las cuales fueron pronunciadas a oídos de la muchedumbre, y tres de ellas en privado a los discípulos. La primera es introductoria, la del sembrador. El Señor vino en busca de fruto, pero al no hallarlo reveló que había estado sembrando «la palabra del reino», explicando que gran parte de la semilla no había producido fruto. Las siguientes tres parábolas exponen el aspecto externo del reino durante la ausencia de Cristo, aquello que el hombre ha hecho de dicho reino. La segunda es la del trigo y la cizaña. El Señor había sembrado la buena semilla, pero Satanás sembró en el acto su semilla mala, y ambas tienen que crecer juntas hasta el fin de la edad. La tercera es la de la semilla de mostaza. Crece hasta llegar a ser un árbol lo suficientemente grande como para que las aves (que en la parábola del sembrador son las que arrebatan la buena semilla en el corazón) se cobijen en sus ramas. La cuarta es la de la levadura. Una mujer escondió levadura (siempre un símbolo de lo que es humano, y por ende pecaminoso, debido al pecado en la carne) que se difundió sin ser vista en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado.

Después, Jesús despidió a la multitud, y explicó en privado a sus discípulos la parábola del trigo y la cizaña, añadiendo a continuación unas parábolas que exhiben el objeto e intención divinos en el reino. La primera de este segundo grupo es la del tesoro escondido, para obtener el cual un hombre compra el campo en el que se halla escondido. La segunda es la de la perla de gran precio. El mercader busca perlas buenas, y habiendo hallado una perla de gran precio, vende todo lo que posee para obtenerla. Cristo renunció a todo lo que le pertenecía como hombre y como Mesías en la tierra, a fin de poder poseer la Iglesia. La tercera es la parábola de la red, que reúne del mar de las naciones lo bueno y lo malo, como lo ha hecho el Evangelio en la cristiandad. Cuando la red es sacada a tierra, lo bueno es separado de lo malo; así, al fin del siglo, los ángeles (según el Señor añade en su exposición) apartarán los malos de entre los justos, y los malos serán echados en el horno de fuego.

Otro grupo de parábolas es el de Lc. 15. Se podría decir también que se trata de una sola parábola que consta de tres secciones (cfr. Lc. 15:3). Con ella se da contestación a la acusación dirigida contra el Señor: «Éste a los pecadores recibe, y con ellos come.»

(a) La oveja perdida fue seguida por el pastor hasta que fue hallada.

(b) La moneda perdida. La moneda quedó perdida en la misma casa, así como muchas personas estaban perdidas a la vista de Dios a pesar de su profesión externa de ser hijos de Abraham (esto se puede aplicar a los muchos que en la actualidad están perdidos en el seno de la cristiandad). La moneda perdida fue buscada con una lámpara hasta que fue hallada. Era una moneda de precio, de plata.

(c) El hijo pródigo fue gozosamente recibido por el padre, que preparó una gran fiesta, con música y danzas, para celebrar el retorno del hijo perdido. Éste es el punto culminante: la celebración de la gracia. En los tres relatos, el gozo es de quien halla lo perdido. Es el gozo del cielo por la salvación de los pecadores perdidos.

 

Es indudable que el mejor método es el estudio de cada parábola, o de cada grupo de ellas, en su propio contexto, tal y como han sido dadas por el Espíritu Santo en la inspiración. Sin embargo, es también útil clasificarlas según las verdades comunicadas por ellas, y una de las clasificaciones hechas ha sido la siguiente:

(a) El rechazamiento de Israel:

Los dos hijos, de la que el Señor mismo da la interpretación (Mt. 21:28-32).

Los labradores malvados: Los dirigentes de Israel se hallaban entre los oyentes del Señor, y Él les explicó así la parábola: «El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente (lit.: "a una nación") que produzca los frutos de él» (Mt. 21:33-46).

La higuera estéril: El Señor vino en busca de fruto a Israel, que representaba al hombre recibiendo el cultivo de Dios; no halló nada. Dio tiempo al arrepentimiento, pero la higuera no dio fruto, y tenía que ser talada. La destrucción de Jerusalén fue su tala real (Lc. 13:6-9).

(b) La introducción del reino y la oposición de Satanás a él:

El sembrador (Mt. 13:3-9, cfr. Mt. 13:18-23; Mr. 4:39; Lc. 8:58).

El trigo y la cizaña (Mt. 13:24-30).

El crecimiento de la semilla (Mr. 4:26-29). A pesar de la oposición de Satanás, Dios, en Su actuación secreta, hace que su semilla fructifique y dé fruto.

La levadura (Mt. 13:33; Lc. 13:20-21).

El tesoro escondido (Mt. 13:44).

La perla de gran precio (Mt. 13:45-46), y

la red (Mt. 13:47-50)

(c) La forma en que Dios introduce la bendición. En esta sección entrarían las siguientes parábolas:

La oveja perdida (Mt. 18:12-13; Lc. 15:7).

La moneda perdida (Lc. 15:8-10).

El hijo pródigo (Lc. 15:11-32).

Las bodas del hijo del rey (Mt. 22:2-14). Dios quiere dar honra a Su Hijo Los judíos fueron invitados a la fiesta de bodas pero no quisieron acudir Otros, los menospreciados gentiles, fueron invitados. Uno que no tenía el vestido de bodas (que no se había revestido de la justicia de Cristo), fue echado fuera. No se había dado cuenta de su incapacidad propia y de que sólo la salvación dada por Cristo podía valerle para ser apto de estar en la fiesta.

La gran cena (Lc. 14:15-24): La fiesta de la gracia celestial en contraste con los aspectos terrenos del reino de Dios Todos los que fueron invitados se excusaron no impedidos por cosas malas en sí, sino por cosas terrenas. Mostraron indiferencia ante la invitación llena de gracia que se les hacía. Algunos, los pobres y aflijidos de la ciudad, fueron introducidos, y otros obligados a entrar. Dios llenará Su casa.

El fariseo y el publicano (Lc. 18:10-14). El fariseo daba gracias a Dios que no era como los otros hombres, mientras que el publicano clamó pidiendo misericordia, y fue a su casa justificado antes que el otro.

Los dos deudores: A aquella mujer le fue perdonado mucho, y amó mucho: no le fue perdonado mucho porque amara mucho (cfr. Lc. 7:36-47).

El juez injusto (Lc. 18:1-8). Lo que el Señor presenta aquí es que tenemos «necesidad de orar siempre y no desmayar» (cfr. Lc. 18:1). Dios dará la respuesta en el momento adecuado y los elegidos de la tierra serán salvos.

Los obreros de la viña (Mt. 20:1-16). Aquí Dios pregunta, en Su soberanía «¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío?» El hombre pretende esta libertad para sí mismo y en cambio murmura contra la soberanía de Dios: «Muchos son llamados, mas pocos escogidos» (Mt. 20:15, 16). Nótese también que en esta parábola se da respuesta a la pregunta de Pedro en Mt. 19:27; el capítulo 20 prosigue el tema y muestra el espíritu de la gracia soberana en contraste con el espíritu mercenario del corazón del hombre.

(d) Las varias responsabilidades de los hombres. Aquí hallamos:

El buen samaritano (Lc.10:29-37). Esta parábola fue dada en respuesta a la pregunta de: «¿Quién es mi prójimo?» El Señor era verdaderamente el Buen Samaritano, y después de haber descrito el curso que Él había tomado, añadió: «Ve, y haz tú lo mismo» (v. 37).

El rico insensato (Lc. 12:16-21). La moraleja que se desprende de esta parábola es: «Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios» (Lc. 12:21).

El mayordomo infiel: Sacrificó el presente por el futuro, por lo que el dueño lo alabó, no por su injusticia, sino por su sabiduría (Lc. 16:143). El Señor aplica esta parábola de la siguiente manera: «Ganad amigos por medio de las riquezas injustas (posesiones del mundo), para que cuando éstas os falten, os reciban en las moradas eternas.» Dar a los pobres es prestar al Señor, y hacerse tesoro en los cielos. El Señor exhorta así a sus oyentes a ser (a diferencia del mayordomo infiel) fieles en su administración de las riquezas de injusticia (que no pertenecen al cristiano a título de propiedad), a fin de que les puedan ser confiadas las verdaderas riquezas.

El rico y Lázaro (Lc. 16:19-31). Más que una parábola, es una historia. Nada se dice expresamente del carácter moral de estos dos hombres, aunque se deduce una gran insensibilidad y egoísmo por parte del rico (cfr. Lc. 16:20, 21). En el AT se había enseñado que la marca del recto debería ser la prosperidad externa (Sal. 112:2, 3). En el reino en su nueva fase, y en consecuencia al rechazamiento de Cristo, la posesión de las riquezas deja de ser señal del favor divino. Ésta era una necesaria lección para el judío. Es muy difícil que se salve un rico, pero a los pobres se les anunciaba el Evangelio (Mt. 11:5; Lc. 11:22). El pobre Lázaro fue llevado al seno de Abraham, y el rico fue a la perdición. En el otro mundo se invierten las condiciones del mundo presente. Aquí prosigue la enseñanza de la parábola del mayordomo injusto: el rico no estaba sacrificando el presente por el futuro. Se da también una vivida imagen de la inalterable condición de los perdidos.

El siervo inmisericorde (Mt. 18:23-35). Aquí se ilustra el gobierno de Dios, que no es invalidado por Su gracia. Se revela que Dios recompensará a Su pueblo según la forma en que ellos actúen hacia los demás (cfr. Mt. 7:2). Es indudable también que esta parábola tiene otra aplicación, teniendo que ver con los judíos y sus celos ante el hecho de que se muestre gracia hacia los gentiles. La deuda de éstos para con ellos es indicada como de cien denarios, en tanto que la deuda de los judíos hacia Dios es dada como de diez mil talentos. Pedro les ofreció el perdón divino en Hch. 3:19-26, pero la oferta fue rechazada, y su persecución de Pablo y de aquellos que llevaban el Evangelio a los gentiles demuestra que no podían perdonarles los cien denarios a los gentiles. Por ello se ven obligados a pagar hasta el último céntimo (cfr. Is. 40:2; Mt. 5:25, 26; 1 Ts. 2:15, 16).

Las diez vírgenes (Mt. 25:1-13). La explicación de esta parábola es sencilla. La actitud normal de los cristianos es que han salido a recibir al Esposo. Ésta era la esperanza de los apóstoles. Después de la época apostólica, todos, en cuanto a esta esperanza, se entregaron al sueño. Puede haber habido épocas de despertamiento, pero cuando sale la última llamada, aparece el hecho solemne de que hay los que sólo tienen una forma de profesión sin Cristo, carentes del Espíritu, lámparas sin aceite, que serán excluidos. Aunque esta parábola se puede aplicar en todo tiempo y lugar al estado de la cristiandad, tiene una especial aplicación a Israel (para una consideración más en particular, véase: Chafer L S «Teología sistemática» vol 1 p 1125, vol. II PP 135-581).

Los talentos (Mt. 25:14-30). Esta parábola es similar, en carácter, a la de las minas, pero en ésta los talentos son distribuidos a cada uno según su capacidad, de manera que uno recibe cinco, otro dos, y otro uno. Esta parábola sigue a la de las diez vírgenes, mostrando que mientras el creyente espera la venida de su Señor, tiene que estar utilizando fielmente los dones que le han sido confiados. En la parábola de las minas (Lc. 19:12-27) se muestra que el Señor Jesús iba a dejar el mundo para recibir un reino, y que mientras tanto dejaba a cada uno de sus siervos una mina con la que negociar mientras durara Su ausencia. Todos los dones son para la gloria del Señor, y el siervo es responsable para con Él por su fiel utilización de ellos.

 

Se ha sugerido otra disposición de las parábolas principales, esto es, en tres grupos, que se corresponden con diferentes períodos del ministerio del Señor:

(a) En su ministerio temprano, abarcando la nueva enseñanza relacionada con el reino, y la forma misteriosa que asume durante Su ausencia. Se extiende hasta Mt. 13 y Mr. 4. Estas parábolas se distinguen con facilidad en la tabla.

(b) Después de un intervalo de varios meses. Las parábolas son ahora de un tipo diferente, y extraídas de la vida de los hombres más que del reino de la naturaleza. Son dadas principalmente como respuestas a preguntas, no en discursos a la muchedumbre. La mayor parte de ellas aparecen solamente en Lucas, y se hallan situadas principalmente entre la misión de los setenta y el último viaje del Señor a Jerusalén.

(c) El último grupo de parábolas se da hacia el final del ministerio del Señor. Tratan del reino en su consumación, y tienen un carácter profético acerca del rechazamiento de Israel y de la venida del Señor.

Una de las importantes consecuencias que se pueden sacar del estudio de las parábolas es el hecho de la apostasía final de esta era de la cristiandad y el hecho de que la instauración final del reino de Dios en su aspecto eterno y universal vendrá por una intervención personal y directa de Cristo, en juicio y poder; en todo caso, el creyente debe aprender de ellas no un optimismo fácil, ni una expectativa de una conversión universal como anticipo de la venida del Señor, sino a esperar pacientemente y con constancia y oración, la venida del Señor, ocupado mientras tanto, en fidelidad a Él, en el desempeño fiel de las responsabilidades recibidas para Su gloria (cfr. Tit. 2:11-15).

 

Bibliografía:

Chafer, L. S.: «Teología sistemática» (Publicaciones Españolas, Dalton, Georgia, 1974);

Darby, J. N.: «Synopsis of the Books of the Bible» (Bibles and Publications, Montreal, 1970, vol. 3, «Matthew-John»);

Habershon, A. R.: «The Study of the Parables» (Kregel Pub., Grand Rapids, 1978, reimpr. ed. s/f);

Kelly, W.: «Lectures Introductory to the Gospels» (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1970);

Kelly, W.: «Bible Treasury», revista mensual editada 1856-1920, véase volumen índice (reimpr. 1969, Ed. H. L. Heijkoop, 58, Blijhamsterstraat, Winschoten, Holanda);

Trench, R. C., D. D.: «Notes on the Parables» (Kegan Paul, Trench, Tubner & Co. Ltd., Londres, 1902);

Trenchard, E.: «Los cuatro Evangelios» (Literatura Bíblica, Madrid, 1974).

 PARACLETO

tip, ESPI

ver, ABOGADO, ESPÍRITU SANTO

vet,

Es la transcripción de un término griego, «parakletos».

En ocasiones es usado con la forma castellana «paráclito» o «paracleto». Se traduce «Consolador», referido al Espíritu Santo, en Jn. 14:16, 26; 15:26; 16:7. También se usa del Señor Jesús, y se traduce entonces como «abogado» (1 Jn. 2:1). (Véanse ABOGADO, ESPÍRITU SANTO.)

 PARAÍSO

tip, LUGA

vet,

(lat. «paradisus»; gr. «paradeisos»: «parque», «jardín de recreo», del avesta «pairi-daêza», «recinto cerrado»).

En Ec. 2:5; Cnt. 4:13; Neh. 2:8, el texto heb. dice «pardês», jardín, vergel, parque, tomando en este último pasaje el sentido de bosque. Josefo (Ant. 8:7, 3; Contra Apión 1:20) denomina con el gr. «paradeisos» a los jardines de Salomón en Etam y a los jardines colgantes de Babilonia. En la LXX se dice paraíso de Edén por huerto de Edén (Gn. 2:8).

Paraíso, designando el lugar de felicidad que el hombre ha perdido, vino a ser el nombre de la morada de los justos en el más allá. Los israelitas de la época tardía distinguían entre un paraíso celeste y un paraíso inferior, perteneciendo el primero al cielo, en tanto que el segundo era una división del Hades (heb. «seol», la morada de los muertos), asignado a las almas de los justos. Es en este sentido que Jesús se dirige al ladrón arrepentido: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc. 23:43). Con esto se refería a la morada de los muertos bienaventurados, llamada asimismo por los judíos «seno de Abraham» (Lc. 16:22). En efecto, es allí a donde descendió Jesús en el momento de Su muerte (Ef. 4:9; Hch. 2:27, 31).

En otros pasajes del NT este término adquiere su sentido celestial. Pablo fue arrebatado «al paraíso», hasta el tercer cielo, en la presencia de Dios (2 Co. 12:2, 4). Al que venza, el Señor le dará que coma del árbol de la vida, «que está en medio del paraíso de Dios» (Ap. 2:7; cfr. 22:2).

 PARALELISMOS. Véase POESÍA.

 PARÁN

tip, REGI MONT

ver, PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO

sit, a4, 151, 287

vet,

Región desértica en el sur de Canaán y al oeste de Edom. Allí moraba Ismael (Gn. 21:21), y en esta región se hallaba Cades, donde los israelitas acamparon y desde donde enviaron a los doce espías, y allí se volvieron a encontrar al final de su peregrinación (Nm. 10:12; 12:16; 13:3, 26; Dt. 1:1). David también se refugió un tiempo en su desierto (1 S. 25:1; 1 R. 11:18).

Se menciona también el monte Parán, que indudablemente se refiere a algún monte en la misma región (Dt. 33:2; Hab. 3:3).

Parán recibe en la actualidad el nombre de «et Tih»; se halla entre Cades y el Sinaí. (Véase PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO.)

 PARED. Véase MURALLA.

 PARENTELA

ver, FAMILIA

vet,

En las Escrituras se traducen por «parentela» los siguientes términos:

(a) heb. «mõledheth», «relacionado por nacimiento» (Gn. 12:1; 24:4, 7; 31:3; 32:9; Nm. 10:30; Est. 2:10);

(b) heb. «mishpãhãh», «familia» (Gn. 24:38; Jos. 6:23); gr. (NT): «sungeneia» (Lc. 1:61; Hch. 7:3, 14). (Véase FAMILIA.)

 PARMENAS

tip, BIOG HOMB HONT

vet,

Uno de los siete elegidos para cuidarse de las viudas judías helenistas, de los pobres, y de las finanzas de la iglesia apostólica (Hch. 6:5).

 PAROS

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

(a) Familia que volvió del exilio babilónico (Esd. 2:3).

(b) Uno que selló el pacto (Esd. 10:25).

(c) Algunos de ellos que tomaron mujeres extranjeras (Neh. 7:8; 10:14).

 PARTERA

tip, OFIC

vet,

Las que asisten a las parturientas, las mujeres que dan a luz. Dios dio Su bendición a las parteras hebreas que se negaron a obedecer la orden del rey de Egipto de dar muerte a los hijos varones de las mujeres hebreas.

En muchos países sigue habiendo parteras, comadronas o matronas que ejercen la misma función (Gn. 35:17; 38:28; Éx. 1:15-21).

 PARTIA, PARTOS

tip, PAIS HIST

ver, PERSIA

sit, a8, 390, 206

vet,

País en el Oriente que se corresponde con mucha aproximación a la actual provincia persa de Khorasan, no muy lejos al sureste del mar Caspio. El reino de los partos tenía alrededor de 480 Km. de longitud por 160 a 190 de anchura, y su superficie era ligeramente mayor que la de Escocia.

La primera alusión a los partos figura en las inscripciones de Darío Histaspes. En el año 521 a.C. se rebelaron contra los persas sin éxito alguno. Después sufrieron el dominio de Alejandro Magno y el de sus sucesores orientales, los seléucidas. Hacia el año 255 a.C., la Bactriana consiguió liberarse de los seléucidas. Los partos, bajo Arsace I, se dispusieron a seguir su ejemplo. La dinastía de los arsácidas siguió la obra de Arsace I. La independencia del reino parto data así del año 247 a.C. Mitríades I reinó aproximadamente del año 174 al 138 a.C. El reino fundado por Arsace I se convirtió, bajo Mitríades I, en un inmenso imperio de 2.400 Km. de longitud de este a oeste, con una anchura oscilando entre 160 y 640 Km. de norte a sur. Este imperio, cuya frontera occidental era el Éufrates, se extendía del mar Caspio hasta el golfo pérsico. La capital era Ctesifon, sobre el Tigris, frente a Seleucia. Habiéndose liberado del yugo greco-macedonio, los partos se batieron en numerosas ocasiones contra los romanos, a los que les disputaron Armenia. Desde el año 64 a.C. hasta el 226 d.C. impidieron la expansión del imperio romano hacia oriente. Entre el año 40 y el 37 a.C., los ejércitos partos invadieron Asia Menor y Siria, apoderándose de Jerusalén, saqueándola, y proclamando rey de los judíos al último de los asmoneos, Antígono (Ant. 14:13, 3; Guerras 1:13, 1).

Había judíos procedentes del imperio parto durante el día de Pentecostés (Hch. 2:9); es posible que ellos transmitieran el Evangelio a los partos al volver a sus lugares de origen.

Después de casi cinco siglos de poderío, los partos se dejaron corromper por los lujos. Conducidos por Ardhéschir, de la dinastía de los Sasánidas, los persas pusieron fin a la dominación de los partos, surgiendo en el año 226 d.C. el Segundo Imperio Persa, el llamado imperio de los Sasánidas. (Véase PERSIA.)

 PARTICIPACIÓN. Véase COMUNIÓN.

 PARTIMIENTO DEL PAN.

tip, CERE

vet,

Se usa con el sentido de celebración de Cena del Señor en Hch. 2:42, 46, en memoria del Señor, como Él lo dejó establecido antes de Su partida (cfr. Mt. 26:26; Mr. 14:22; Lc. 22:19; 1 Co. 11:24).

Del pasaje de 1 Co. 10:15-22 es evidente que la expresión «mesa del Señor», que se usa en el versículo 21 contrastándola con la «mesa de los demonios», es sinónimo del «partimiento del pan» (1 Co. 10:16). El vino es llamado «la copa del Señor». El concepto relacionado con la mesa del Señor es la identificación de los santos como un cuerpo con la muerte de Cristo. De ahí que se afirme: «No podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.» La copa es la comunión de la sangre de Cristo, así como el pan es la comunión del cuerpo de Cristo. Todo creyente está comprometido a ser fiel a esta comunión, que expresa la separación de toda la compañía de los creyentes de aquello por lo que Él murió: del pecado y del mundo, las mismas cosas con las cuales el dios de este mundo prepara su mesa. El «un pan» era expresión de la unidad de la compañía de creyentes en Corinto, unidos en la comunión de la muerte de Cristo.

La expresión «la Cena del Señor», que se halla en 1 Co. 11:20, está en relación con el recuerdo que se hace del Señor en el partimiento del pan y la participación de la copa por parte de los santos reunidos en asamblea. Este capítulo 11 da el carácter positivo de la ordenanza, así como el capítulo 10 da más bien la separación que es consecuencia de ella. Así, en 1 Co. 11 aparece la asamblea reunida y el afecto de los creyentes despertado por el recuerdo del amor del Señor en presencia de los memoriales de aquello que constituye su prueba y expresión, esto es, Su muerte. Es el privilegio de la Iglesia conocer a Dios revelado como Padre, conducida por el Señor Jesucristo en medio de ellos en sus alabanzas (cfr. Sal. 22:22), y adorando en el Espíritu (Jn. 4:22-24). En los capítulos 12-14 se dan la organización, el poder y las funciones de la Iglesia.

 PARTO. Véase PARTERA.

 PARVAIM

tip, LUGA

vet,

Sitio del que provenía el oro con que se adornó el Templo de Salomón (2 Cr. 3:6). Glaser lo identifica con Sãk el-Farwain, cerca de Jebel Shammar, en la Arabia oriental.

 PASAS

tip, ALIM FRUT

vet,

Uvas secas, de mucho uso en Palestina (1 S. 25:18; 30:12, etc.); se hacían tortas de pasas (2 S. 6:19; 1 Cr. 16:3; Os. 3:1). Secadas de esta manera, se conservaban largo tiempo.

 PASCUA

tip, CALE TIPO

ver, FIESTAS, PENTECOSTÉS

vet,

(término derivado del heb. «pesach», de «pasar de»: cfr. Éx. 12:13, 22, 27; Ant. 2:14, 6).

(a) La primera de las tres solemnidades anuales en las que todo varón israelita no impedido se debía presentar en el Templo (Éx. 12:43; Dt. 16:1). Fue instituida en Egipto con el fin de conmemorar el acontecimiento fundamental de la liberación de los israelitas (Éx. 12:1, 14, 42; 23:15; Dt. 16:1, 2). Con ella se celebraba solemnemente el hecho de que Dios, que había hecho morir a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, había sin embargo pasado por alto las moradas de los israelitas, marcadas con la sangre del cordero. Debían comerla apresuradamente, con el bastón en la mano, y con la actitud de personas dispuestas a partir en la liberación prometida por Dios. La fiesta comenzaba el día catorce del mes de Abib (Nisán) al atardecer, esto es, al inicio del día quince, con la comida que seguía al sacrificio del cordero (Lv. 23:5). Se daba muerte a un cordero o a un cabrito entre las dos tardes, cerca del momento del ocaso (Éx. 12:6; Dt. 16:6), o entre las horas novena y undécima (Guerras 6:9, 3). Asado entero, se comía con panes sin levadura y con hierbas amargas (Éx. 12:8). No podía ser hervido en agua. Su sangre derramada era tipo de la expiación; las hierbas amargas simbolizaban los sufrimientos de la esclavitud en Egipto, y el pan sin levadura representaba la pureza (cfr. Lv. 2:11; 1 Co. 5:7, 8). Los israelitas que tomaban parte en este acto de redención constituían el pueblo santo, comunicando gozosamente en presencia del Dios invisible. La participación en la cena pascual era obligatoria sólo para los varones, aunque las mujeres tenían derecho a participar, así como toda la casa. Si la familia era poco numerosa, podían juntarse vecinos con ellos para comer todo el cordero (Éx. 12:4).

La pascua expone en tipo la ofrenda de Cristo como aquello en lo que se ha declarado la justicia de Dios con respecto al pecado. La sangre del cordero era un testimonio de muerte, esto es, de la eliminación a los ojos de Dios del hombre en su pecado contra Él. Esta eliminación tuvo lugar vicariamente en la persona del Justo, que se dio a Sí mismo como rescate por todos. Al comer el cordero asado al fuego (emblema de juicio), el pueblo se asociaba en aquello que había tenido lugar en tipo.

El Señor Jesús deseó vivamente comer la última pascua con Sus discípulos, por cuanto formaban todos un singular círculo «familiar». Esta pascua estaba a punto de ser cumplida en Cristo mismo, que tomaba Su lugar de separación de la tierra hasta el advenimiento del reino de Dios (Lc. 22:15-18).

 

Manera de comer la Pascua.

Las autoridades judías señalan que la manera de comer la pascua en la época del Señor era la siguiente:

(A) Cuando todos estaban en su lugar, el presidente de la fiesta daba las gracias, y todos bebían entonces de la primera copa de vino mezclado con agua.

(B) Todos se lavaban las manos.

(C) Se preparaba la mesa con el cordero pascual, panes sin levadura, hierbas amargas, y un plato de salsa espesa (con la que se decía simbolizar el mortero con el que hacían los ladrillos en Egipto).

(D) Todos mojaban una parte de las hierbas amargas en la salsa, y la comían.

(E) Se sacaban los platos de la mesa, y los niños o prosélitos recibían instrucción acerca del significado de la fiesta.

(F) Después se volvían a traer los platos, y el presidente decía: «Ésta es la pascua que comemos, porque el Señor pasó por alto las casas de nuestros padres en Egipto.» Sosteniendo en alto las hierbas amargas, decía a continuación: «Éstas son las hierbas amargas que comemos en memoria de que los egipcios amargaron la vida de nuestros padres en Egipto.» Después se refería al pan sin levadura, y repetía los salmos 113 y 114, finalizando con una oración. Todos bebían entonces la segunda copa de vino.

(G) El presidente rompía uno de los panes sin levadura, y daba las gracias.

(H) Todos participaban entonces del cordero pascual.

(I) Para finalizar la cena, todos tomaban un trozo de pan con algo de hierbas amargas, y, habiéndolo mojado en la salsa, se lo comían.

(J) Bebían entonces la tercera copa de vino, llamada «copa de bendición».

(K) El presidente pronunciaba entonces los Sal. 115, 116, 117 y 118, y con otra copa de vino finalizaba la fiesta.

 

Después de la destrucción del Templo de Jerusalén por las tropas de Tito, desapareció la posibilidad de inmolar el cordero en el Templo, por lo que el judaísmo celebra desde entonces la pascua sin la víctima, sin su componente central, que era precisamente el tipo de Aquel a quien ellos rechazaron, y a quien reconocerán cuando venga en gloria (cfr. Zac. 12:9-14 ss.; 14:1-9).

Íntimamente relacionada con la pascua había la «Fiesta de los panes sin levadura». La cena pascual era el aspecto característico de esta fiesta, que se prolongaba hasta el día veintiuno del mes (Éx. 12:18; Lv. 23:5, 6; Dt. 16:6, 7). El día en que los israelitas abandonaron Egipto, Moisés les reveló que la solemnidad de la pascua duraría siete días (Éx. 12:14-20; 13:3-10). Les había dado entonces las instrucciones necesarias sólo para la primera noche (Éx. 12:21-23), informándoles que sería un estatuto perpetuo (Éx. 12:24, 25). La presencia de los peregrinos en el santuario central elegido por Jehová para la celebración de la fiesta era obligatoria sólo durante el tiempo de la cena pascual; al día siguiente podían dirigirse a sus propias localidades (Dt. 16:7). El primer día de la fiesta se correspondía con el día quince del mes, que adquiría el carácter de sábado, lo mismo que el día séptimo de la pascua: en estos días no se debía hacer ninguna obra servil, pues estaban marcados para convocación santa (Éx. 12:16; Lv. 23:7; Nm. 28:18, 25; Éx. 13:6; Dt. 16:8). Al siguiente día de este sábado, el segundo día de la fiesta, el sacerdote mecía delante de Jehová una gavilla de cebada, primicia de la siega: este gesto consagraba el inicio de las cosechas (Lv. 23:10-14; cfr. Jos. 5:10-12; Lv. 23:7, 11 en la LXX; Ant. 3:10, 15). (Véanse FIESTAS Y PENTECOSTÉS.) Pero el día del mecimiento de la gavilla no era asimilado a sábado. El año agrícola tenía más relación con la fiesta de las semanas o de pentecostés y con la de los tabernáculos o cabañas que con la pascua. Además de los sacrificios habituales en el Templo, se debían ofrecer en holocausto cotidiano, durante los siete días de solemnidades pascuales, dos becerros, un carnero, siete corderos de un año y, como sacrificio de expiación, un macho cabrío (Lv. 23:8; Nm. 28:19-23). El pan a comer durante estos siete días tenía que estar exento de levadura. La noche de la primera pascua no había levadura en la casa de los israelitas, que partieron precipitadamente, llevándose consigo masa sin levadura (Éx. 12:8, 34, 39). El pan ázimo, símbolo de pureza y verdad, recordaba esta huida precipitada de Egipto (Dt. 16:3; 1 Co. 5:8).

 

La Biblia menciona la celebración de la pascua:

en el Sinaí (Nm. 9:1-14),

durante la entrada en Canaán (Jos. 5:11),

bajo Ezequías (2 Cr. 30:1-27; los vv. 5, 26 hacen alusión a Salomón);

bajo Josías (2 R. 23:21-23; 2 Cr. 35:1-19),

en la época de Esdras (Esd. 6:19-22. Véanse también Mt. 26: 17 ss.; Mr. 14:12 ss.; Lc. 22:7 ss.; Jn. 28:28; Ant. 17:9, 3; 20:5, 3; Guerras 6:9, 3).

Es evidente que el término «pascua» se aplicaba a la Fiesta de los panes sin levadura, como en Dt. 16:2, 3: «Y sacrificarás la pascua a Jehová tu Dios, de las ovejas y de las vacas... no comerás con ella pan con levadura; siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de aflicción...» Es evidente que el término «pascua», aplicado a las vacas, se refiere a la fiesta de los panes sin levadura; además, se afirma que «comerás con ella (refiriéndose evidentemente a "la pascua") siete días pan sin levadura». Esto explica a la perfección la mención de Juan (Jn. 18:28) de que los judíos rehusaron entrar en el pretorio «para no contaminarse, y así poder comer la pascua». Se ha pretendido en ciertos medios «críticos» que hay contradicción entre Juan y los Evangelios Sinópticos, por cuanto éstos sitúan la Última Cena en el día marcado por la Ley, en tanto que Juan indicaría que el Señor adelantó la celebración de la Pascua un día, muriendo el día en que se sacrificaba el cordero pascual. Pero esta idea es errónea, evidenciando ignorancia del hecho que en el judaísmo se conocía como pascua todo el período de siete días, y de que por «comer la pascua» se entendía en un sentido general participar de los sacrificios ofrecidos durante los siete días de la pascua (cfr. Anderson, Sir R.: «El Príncipe que ha de venir», el capítulo «La cena pascual», PP. 127-135).

 

(b) El cordero o cabrito inmolado en la fiesta de la pascua (Éx. 12:21; Dt. 16:2; 2 Cr. 30:17). Cristo es nuestra pascua (1 Co. 5:7). Él fue sin tacha alguna, como el cordero pascual (cfr. Éx. 12:5; 1 P. 1:18, 19); ninguno de Sus huesos fue quebrantado (cfr. Éx. 12:46 con Jn. 19:36); Su sangre fue nuestra redención ante Dios (Éx. 12:13). «Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad» (1 Co. 5:7, 8). El pan sin levadura exhibe aquel sentido de la gracia por medio de la fe, en el que, aparte de las influencias negativas que pueda sufrir por la carne y viejas asociaciones, puede el cristiano estar habitualmente en comunión con el sacrificio de Cristo, de manera que toda su vida sea coherente con todo lo que ello comporta.

Bibliografía:

Anderson, Sir R.: «El Príncipe que ha de venir» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1980),

Anderson, Sir R.: «The Gospel and its Ministry» (Kregel Publications, Grand Rapids, 1978),

Anderson, Sir R.: «Redemption Truths» (Kregel Publications, 1980);

anónimo: «Las siete fiestas de Jehová» (Editorial «Las Buenas Nuevas», Montebello, California 1968)

Darby J. N.: «The blood of the Lamb» en Bible Treasury dic 1875 (reimpres 1969 H. L. Heijkoop, Winschoten, Holanda),

Edersheim A.: «The Life and Times of Jesus the Messiah» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, reimpr. 1981)

Edersheim A.: « The Temple, its Ministry and Services as they were at the time of Christ» (Eerdmans, reimpr. 1983)

Edersheim A.: «Old Testament Bible History (Eerdmans, reimpr., 1984);

Mackintosh, C. H.: «Éxodo» (Ed. «Las Buenas Nuevas», 1960).

 PASIÓN

vet,

Traducción de varios vocablos gr.:

(a) «pathêma», que denota sufrimiento (cfr. Ro. 8:18), y emociones perversas, pasiones malas (cfr. Gá. 5:24) y expresa, en este caso, la naturaleza desenfrenada de los malos deseos que surgen de la carne.

(b) «Pathos» es un término que en gr. clásico se aplicaba a deseos apasionados, buenos o malos; en el NT se usa exclusivamente en mal sentido (cfr. Ro. 1:26; Col. 3:5; etc.) Trench describe «pathos» como aquella condición mala de la que surge.

(c) «hedonë se traduce pasiones en Stg. 4:1 en el sentido de la gratificación de los deseos naturales. Denota el hecho de contentar esos deseos.

(d) «epithumia», se usa en 2 Ti. 2:22 traducido «pasiones juveniles»

(e) El verbo «paschõ», que se deriva de la misma raíz que «pathos», se aplica en numerosos pasajes a los sufrimientos de Cristo.

(f) El término «homoiopathês» se usa en Stg. 5:15, lit., «de sentimientos o afectos similares», y se refiere a lo semejante de la naturaleza de Elías a la nuestra.

 PASTOR

tip, OFIC LEYE TIPO

ver, REDIL, IGLESIA

vet,

El que se cuida de un rebaño.

Abel tenía un rebaño de ganado menor (Gn. 4:2).

Desde Abraham a Jacob y sus hijos, los patriarcas fueron ganaderos y pastores (Gn. 13:1-6).

Jabal, Abraham y los recabitas fueron nómadas; moraban en tiendas y llevaban a sus rebaños y ganados de lugar a lugar para hallar pastos (Gn. 4:20; cfr. 13:2, 3, 18 y 20:1; Jer. 35:6-10).

Otros ricos propietarios de ganaderías y rebaños residían en ciudades, en tanto que sus siervos iban de pasto a pasto con los animales (1 S. 25:2, 3, 7, 15, 16; cfr. Gn. 37:12-17).

Había también el pastor sedentario, que salía por la mañana con su rebaño, y lo devolvía por la noche al redil (Jn. 10:1-4). (Véase REDIL.)

Con frecuencia, el rebaño era confiado:

al hijo (Gn. 37:2; 1 S. 16:11, 19),

a la hija (Gn. 29:9; Éx. 2:16, 17)

o a un asalariado (Gn. 30:31, 32; Zac. 11:12; Jn. 10:12).

El propietario exigía del pastor el precio de todo animal desaparecido (Gn. 31:39). La Ley de Moisés libraba al asalariado de esta obligación, si podía probar que la pérdida no había sido consecuencia de una negligencia (Éx. 22:10-13).

El pastor iba temprano al redil, donde se hallaban varios rebaños, y llamaba a sus ovejas. Éstas reconocían su voz, y lo seguían. Esto último es una realidad en Oriente, así como que cada oveja tiene un nombre y que conoce la voz del pastor, y constituye un hermoso tipo de la relación de Jehová con Israel (Sal. 23) y de Cristo con la Iglesia (Jn. 10:2-16). Las ovejas de otros pastores no prestaban atención a su voz (Jn. 10:2-5).

El pastor conducía el rebaño a los pastos, quedándose allí todo el día, y en ocasiones incluso la noche (Gn. 31:40; Cnt. 1:7; Lc. 2:8); los defendía de las fieras y contra los merodeadores (1 S. 17:34, 35; Is. 31:4), recogía a la perdida (Ez. 34:12; Lc. 15:4). Se cuidaba de las ovejas recién paridas (Is. 40:11) y de las esparcidas (Ez. 34:4, 16; Zac. 11:9).

El pastor llevaba un zurrón y un arma defensiva. Si hacía mal tiempo, se envolvía en su manto (1 S. 17:40; Jer. 43:12). Su cayado, muy parecido al usado por nuestros pastores en España, le permitía dirigir el rebaño, reunirlo y defenderlo (Sal. 23:4; Mi. 7:14; Zac. 11:7). Era ayudado por los perros, que no eran demasiado dóciles ni fieles, pero que, al ir detrás del rebaño, señalaban el peligro con sus ladridos (Jb. 30:1).

En las Escrituras, Jehová es presentado como pastor de Israel, especialmente de los fieles (Gn. 49:24). Cristo es el «Buen Pastor». Él no ha entrado furtivamente en el redil, sino por la puerta. Sus ovejas responden con confianza al oír sus nombres y rehúsan seguir a otros. Al sacrificar Su vida por ellas, les ha demostrado Su amor (Jn. 10:1-18).

Todos los que tenían una posición en la teocracia: profetas, sacerdotes, reyes, eran considerados por el pueblo como pastores subalternos; su infidelidad a Jehová es frecuentemente mencionada (Is. 56:11).

En el NT hay el don de los pastores para la iglesia, para alimentar y pastorear las ovejas; los ancianos u obispos son asimismo exhortados a tener cuidado de la grey del Señor, siguiendo el ejemplo de Cristo, el Gran Pastor de las Ovejas, y Señor del rebaño y de los encargados de cuidarlo (cfr. Ef. 4:11; He. 13:7, 17, 20, 24; 1 P. 5:1-4). (Véase IGLESIA.)

 PASTORALES (Epístolas). Véanse EPÍSTOLAS, TIMOTEO (Epístola), TITO (Epístola).

 PASUR

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

= «prosperidad».

(a) Uno de los oficiales que tenían influencia con el rey Sedequías y que abiertamente se opuso al profeta Jeremías (Jer. 21:1; 38:1, 4, 21).

(b) Un sacerdote que puso a Jeremías en el cepo debido a sus sombrías predicciones (Jer. 20:1-6).

(c) Jefe de una familia sacerdotal quien, juntamente con otros, firmó un pacto en los días de Nehemías (Esd. 2:38).

 PÁTARA

tip, PUEM

sit, a9, 398, 255

vet,

Puerto importante de la provincia romana de Licia, en la costa del sur del Asia Menor y frente a la isla de Rodas.

El relato del cuarto viaje de Pablo nos da una idea de su importancia (Hch. 21:1-2).

Tenía un santuario dedicado a Apolo que rivalizaba con el de Delfos.

 PATIO. Véase ATRIO.

 PATMOS

tip, ISLA

sit, a9, 343, 233

vet,

Isla a la que fue desterrado el apóstol Juan a causa de la palabra de Dios y del testimonio dado de Jesucristo.

En Patmos el Señor dio a Juan las visiones relatadas en Apocalipsis (Ap. 1:9).

Esta pequeña isla del mar de Archipel forma parte de las Esporadas, y en la actualidad recibe el nombre de Patino. Se encuentra a lo largo de la costa suroccidental de Asia Menor, a unos 48 Km. al sur de Samos, y mide poco más de 16 Km. de largo por 9 de ancho. La mayor parte de la isla está sin cultivo.

 PATRIARCA

vet,

(del gr. «patria», «raza», «país», y «archein», «comandante»).

Padre y jefe de una familia, de un clan.

El NT da el nombre de patriarcas a los antecesores del pueblo hebreo, de la raza judía. Este nombre es dado:

a Abraham (He. 7:4),

a los doce hijos de Jacob (Hch. 7:8, 9),

al rey David (Hch. 2:29).

En general, el título de patriarca es dado a los hombres piadosos y a los jefes de familias de los que el AT nos da un relato biográfico y que vivieron antes de Moisés, p. ej., a los patriarcas antediluvianos mencionados en Gn. 5.

Bajo el régimen patriarcal, la dirección del clan pertenecía de derecho a su fundador. El hijo primogénito, o descendiente primogénito en línea directa, era el heredero de esta autoridad. El jefe de cada una de las familias que componían una tribu ejercía una autoridad análoga en el seno de su familia.

El régimen patriarcal fue anterior al establecimiento de la teocracia, que fue promulgada en el monte Sinaí; bajo aquel régimen, cada jefe de familia ejercía las funciones de sacerdote y Dios se revelaba a él. Véanse los nombres de los diferentes patriarcas para un tratamiento individualizado.

 PATROS

tip, LUGA

vet,

(egip.: «país del mediodía»).

Nombre que designa al Alto Egipto; en Is. 11:11, este nombre aparece entre Egipto y Etiopía.

Los egipcios eran originarios de allí (Ez. 29:14).

Herodoto informa que Menes, el primer soberano egipcio histórico, residía en el Alto Egipto; en la época de este rey, toda la llanura situada al norte del lago Meris era pantanosa (Herodoto 2:4, 15, 99).

Isaías profetizó la dispersión del pueblo de Israel y su definitivo retorno de los más lejanos países, entre ellos Patros (Is. 11:11; cfr. 7:18).

Cuando Nabucodonosor se apoderó de Jerusalén, hubo judíos que se refugiaron en Patros (Jer. 44:1, 2, 15).

 PAVÉS

tip, UTEN EJER

ver, ESCUDO

vet,

Traducción de diferentes términos heb.

El término castellano se refiere a un escudo ovalado, de gran tamaño, que permite proteger casi todo el cuerpo del combatiente (1 Cr. 12:8; 2 Cr. 9:15; Sal. 35:2; Ez. 23:24, etc.). (Véase ESCUDO.)

 PAVO

tip, FAUN AVES

vet,

(heb. «Tukkî»; interpretación indudablemente correcta, por cuanto Salomón importaba de Tarsis, por vía marítima, los «tukkiyyîm», pavos, además de marfil y monos: 1 R. 10:22; 2 Cr. 9:21).

Los términos heb. designando el marfil y los monos son de origen indio, y la etimología de «tukkî» procede muy probablemente del malabar «tõghai», que se deriva a su vez del tamil antiguo «togei», un pavo. Este animal, el «Pavo cristatus», procede de la India, donde es muy común.

Según otra interpretación, el heb. «tukkî» procedería del egip. «t. ky» (mono), siendo que la letra «t» indica el género femenino. De esta manera aparecerían designadas dos especies de monos. Este animal tendría origen africano, y habría razones para situar Ofir en África.

 PAZ

vet,

Dios es un Dios de paz; esta afirmación aparece con frecuencia en las Escrituras (Ro. 15:33; 16:20; 2 Co. 13:11; 1 Ts. 5:23; He. 13:20, etc.). En cambio, en el mundo ruge la guerra: entre Satanás y Dios, entre las razas, naciones, individuos y en el corazón de cada individuo. El universo está perturbado por todo lo que ello comporta en inseguridad, angustia, insatisfacción. Ello se debe a la revuelta cósmica de ángeles y hombres caídos contra Dios; todos ellos han venido a ser «gentes rebeldes» (Ez. 2:3), «hijos de desobediencia» (Ef. 2:2; 5:6). La realidad es que también ellos sufren en su estado, y desean ardientemente gozar de la paz, aunque dentro de su desobediencia (Dt. 29:19).

Es patético contemplar los esfuerzos desesperados de las naciones para alejar de sí los peligros de la guerra y de la destrucción atómica, sin que se manifieste un movimiento sincero de arrepentimiento y de fe.

La Escritura declara: «No hay paz para los malos, dijo Jehová» (Is. 48: 22; 57:20-21) Frente a esta severa declaración no faltan los políticos, ni los profetas falsos que anuncian: «Paz, no habiendo paz» (Ez. 13:10; cfr. Jer. 6:14; 8:11).

Es desafortunadamente cierto que habrá, aquí en la tierra, un terrible ajuste de cuentas y que un día será quitada «de la tierra la paz (Ap. 6:4) y que el último conflicto será el más mortífero de todos (Ap. 6:8; 19:15-28)

Únicamente Jesús puede resolver esta guerra continua y restablecer la paz «Él es nuestra paz» (Ef. 2:14). Él se lanzó en medio del conflicto aceptando ser golpeado por la vara de la justicia divina que nos perseguía (Ef. 2:13-17; Col. 1:20). Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo; Él mismo estableció la paz y está desde entonces proclamando la amnistía; Él hace mudar al rebelde arrepentido en una criatura de paz (2 Co. 5:17-21). Ésta es la razón de que todo creyente justificado tiene paz para con Dios (Ro. 5:1). La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, puede desde entonces guardar su corazón y su mente en Cristo Jesús (Fil. 4:7). Conoce el gozo y la ventura; en paz se acuesta y duerme (Sal. 4:7-9). Esta paz no es el producto artificial y pasajero de un esfuerzo humano, sino el fruto del Espíritu (Gá. 5:22), dada por el mismo Dios (2 Ts. 3:16). El hijo de Dios debe ahora vivir en paz (Ro. 12:18; 1 Ts. 5:13; He. 12:14; Stg. 3:18), sin embargo habrá aquellos que le odiarán y perseguirán por cuanto Cristo vino «no para traer paz, sino espada (Mt. 10:34). Y será así en tanto que los individuos y las naciones se dejen seducir por aquel que es homicida y mentiroso desde el principio (Jn. 8:44). Pero la gloriosa certidumbre de la vuelta del Señor nos da la certeza de que pronto la paz reinará sobre toda la tierra. La paz será la característica principal, junto con la justicia, del reinado del Príncipe de Paz (Is. 2:4; 9:5-6; Sal. 27:7). «Bienaventurados los pacificadores» (Mt. 5:9).

 PECADO

tip, DOCT

ver, CAÍDA, ESPÍRITU SANTO, JUSTIFICACIÓN, MAL, SANTIFICACIÓN

vet,

Son diversos los términos usados en el AT y en el NT para significar «pecado», «iniquidad», «maldad», etc., con varios matices de significado.

(a) Es importante tener en cuenta la definición bíblica de pecado: en gr.: «anomia», desorden en el sentido de rechazo del principio mismo de la Ley o de la voluntad de Dios, iniquidad (1 Jn. 3:4, texto gr.). Es desafortunada la traducción que la mayor parte de las versiones castellanas hacen de este pasaje. Sólo la NIV traduce «el pecado es la verdadera ilegalidad», aunque sería mejor traducir «alegalidad». En efecto, el pecado «no» es la mera infracción de la Ley, según este pasaje, sino el rechazo de la voluntad de Dios, el vivir a espaldas de Dios, la disposición mental que lleva al pecador a hacer la propia voluntad en oposición a la de Dios. De ahí la distinción que se hace entre «pecado» y «transgresión», siendo esto último la infracción de un mandamiento conocido. Desde Adán a Moisés, los hombres «no pecaron a la manera de la transgresión de Adán», pero sí que pecaban, y murieron por ello (cfr. Ro. 5:14). A Adán se le había dado un mandamiento concreto, el cual desobedeció; pero de Adán a Moisés no fue dada ninguna ley en concreto, y por ello no había transgresión; sin embargo, sí había pecado en el sentido propio del término, tal y como se ha definido, y fue el pecado lo que provocó el diluvio. La misma distinción es la que está involucrada en Ro. 4:15: «Porque la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.» Puede haber pecado, no obstante, y se declara que «los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán» (Ro. 2:12).

Los principales términos usados para «pecado» en el NT son «hamartia», «hamartêma» y «hamartanõ», desviación de un curso recto; «transgresión» es «parabasis», «parabatês» y «parabainõ», cruzar o esquivar un límite.

(b) Hay una importante distinción que hacer entre «pecado» y «pecados», distinción que debe hacerse desde la primera entrada del pecado como principio. Los «pecados» de alguien son los verdaderamente cometidos por este alguien, y la base del juicio, siendo además demostración de que el hombre es esclavo del pecado. Un cristiano es alguien cuya conciencia ha sido purificada para siempre por el/un sacrificio por los pecados; el Espíritu de Dios lo ha hecho consciente del valor de aquella/una ofrenda, y por ello sus pecados, habiendo sido llevados por Cristo en la cruz, nunca volverán a ser puestos a su cuenta por parte de Dios; si peca, Dios tratará con él en santa gracia, sobre el terreno de la propiciación de Cristo, de manera que sea conducido a confesar el pecado o pecados, y tener el gozo del perdón. «Pecado», como principio que involucra la alienación de todas las cosas en cuanto a Dios desde la caída del hombre, y visto especialmente en la naturaleza pecaminosa del hombre, ha quedado judicialmente quitado de delante de Dios en la cruz de Cristo. Dios ha condenado el pecado en la carne en el sacrificio de Cristo (Ro. 8:3), y en consecuencia el Espíritu es dado al creyente. El Señor Jesús es proclamado como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (no «los pecados», como en ocasiones se cita). Él purificará los cielos y la tierra de pecado, y como resultado habrá nuevos cielos y nueva tierra, en los que morará la justicia. Aunque Cristo gustó la muerte por todos, no se le presenta como llevando los «pecados» de todos: Su muerte, por lo que respecta a «los pecados», queda precisada con las palabras «de muchos», «nuestros pecados», etc.

(c) El origen del pecado no estuvo en el hombre, sino en el diablo (cfr. 1 Jn. 3:8). Sí fue introducido en el mundo por el hombre, entrando también la muerte como su pena (cfr. Ro. 5:12). El «pecado original» es un término teológico que puede ser usado para describir el hecho de que todos los seres humanos han heredado una naturaleza pecaminosa de Adán, que cayó en pecado por su transgresión (véase CAÍDA).

(d) La universalidad del pecado es evidente. Ya de principio, el hombre posee una naturaleza heredada que lo inclina al pecado (Sal. 51:7; 58:4; Jb. 14:4). Todo nuestro ser está contaminado por el mal: nuestros pensamientos, acciones, palabras, sentimientos, voluntad (Gn. 6:5; 8:21; Mt. 15:19; Gá. 5:19-21; Ro. 7:14-23); no existe un solo ser humano que sea justo ante Dios (1 Ro. 8:46; Pr. 20:9; Ec. 7:20; Is. 53:6; Ro. 3:9-12, 23; 1 Jn. 1:8; 5:19), con la sola excepción de Aquel que apareció para quitar el pecado (He. 9:26; cfr. 1 Jn. 3:5), Aquel que «nunca hizo pecado, ni se halló engaño en su boca» (1 P. 2:22), el inmaculado Hijo de Dios.

(e) La condenación del pecado es inevitable y terrible. Según la Ley, «la paga del pecado es la muerte» (Ro. 6:23). Esta muerte y juicio se extienden a todos los hombres, por cuanto todos han pecado (Ro. 5:12); El hombre está muerto en Sus delitos y pecados (Ef. 2:1). Le es necesario nacer de nuevo para entrar en comunión con Dios, pues las iniquidades del hombre hacen separación entre él y Dios (cfr. Is. 59:2). Dios juzgará pronto a todos los pecadores y todas sus acciones, incluso las más secretas (Ec. 12:1, 16; Ro. 2:16).

(f) Jesús fue «hecho pecado» por nosotros (2 Co. 5:21). Una expresión así nos rebasa; significa que Cristo no sólo tomó sobre sí en la cruz todos los pecados del mundo, como nuestro Sustituto (Lv. 16:21; Is. 53:5-6, 8, 10; 1 Jn. 2:1), sino que además vino a ser, a los ojos de Dios, como la expresión misma del pecado ante Dios, hecho maldición por nosotros (Gá. 3:13).

(g) El perdón de los pecados ha quedado ya adquirido por Cristo para aquel que acepte Su persona y sacrificio en el Calvario. El Cordero de Dios ha quitado el pecado del mundo (Jn. 1:29); Él abolió el pecado por Su único sacrificio (He. 9:26); Su sangre nos purifica de todo pecado (1 Jn. 1:7). La Cena es la señal del pacto para remisión de pecados (Mt. 26:28). Todo aquel que cree en Cristo, recibe por Su nombre la remisión de los pecados (Hch. 10:43). Siendo que Dios nos ha dado Su Hijo, Dios no nos trata ya más según nuestros pecados (Sal. 103:10, 12); los pecados, rojos como la grana, vienen a ser blancos como la nieve (Is. 1:18); los ha echado tras de Sí, y los ha deshecho como una nube (Is. 38:17; 44:22); los ha arrojado al fondo del mar (Mi. 7:19). Los ha olvidado (MI. 7:18). Ya no existen más delante de Él (Jer. 50:20). La misericordia de Dios demanda toda nuestra alabanza.

(Con respecto al pecado imperdonable, véase ESPÍRITU SANTO, f)

(h) La convicción de pecado es una de las mayores gracias que el Señor nos puede conceder. En efecto, se trata de la llave que da acceso a todas las demás. Esta convicción sólo puede ser producida por Su Espíritu (Jn. 16:8). Para ser justificado, el hombre debe ante todo ser consciente de su necesidad. Si pretendemos no tener pecado, mentimos (1 Jn. 1:8, 10); si confesamos nuestros pecados, el Señor es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Jn. 1:9). Las personas no arrepentidas debieran prestar oído a la solemne advertencia de la palabra de Dios: «Sabed que vuestro pecado os alcanzará» (Nm. 32:23).

(Véanse JUSTIFICACIÓN, MAL, SANTIFICACIÓN.)

Bibliografía:

Véase CAÍDA.

 PECTORAL

tip, TIPO

ver, EFOD, MITRA, SUMO SACERDOTE

vet,

Era una prenda que llevaba el sumo sacerdote, hecha del mismo material que el efod. Tenía que ser unido al efod mediante los anillos respectivos y un cordón de azul, de manera que estuviera por encima del cinto del efod (Éx. 28:28). Sobre él debía haber doce piedras preciosas dispuestas en cuatro hileras, llevando cada una de ellas el nombre de una tribu. Se debía hacer cuadrado y doble, de un palmo de lado.

En varias ocasiones recibe el nombre de «pectoral del juicio» (Éx. 28:25-21). «Y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová» (Éx. 28:30). Se trata de un tipo de Cristo que sostiene a Su pueblo ante Dios conforme a los santos juicios de Dios, que Sus propias luces y perfecciones expresaban. Lleva a todo Su pueblo sobre los hombros de Su fortaleza (Éx. 28:9-12) Y sobre Su corazón de amor (Éx. 28:29), habiendo sido aceptados por Dios (cfr. Lv. 8:8). (Véanse EFOD, MITRA, SUMO SACERDOTE, etc.).

 PEDRO

tip, BIOG APOS HOMB HONT

ver, PEDRO (Epístolas)

vet,

(lat. «Petrus», del gr. «Petros»: un trozo de roca, un canto rodado, en contraste con «petra», una masa rocosa; cfr. «petra» en Mt. 7:24, 25; 27:51, 60; Mr. 15:46; Lc. 6:48, donde se menciona como fundamento seguro; véanse los artículos PIEDRA y ROCA en el «Diccionario Expositivo de palabras del Nuevo Testamento» de W. E. Vine).

Cristo dio a Simón, el hijo de Jonás, el sobrenombre de Cefas (forma aramea, cfr. Jn. 1:42; 1 Co. 1:12, etc.) al encontrarlo por primera vez. Simón, su hermano Andrés, y el padre de ellos, Jonás, estaban asociados con Zebedeo y sus hijos, todos ellos pescadores del lago de Genesaret (Mt. 4:18; Mr. 1:16; Lc. 5:3 ss.). Simón Pedro, originario de Betsaida (Jn. 1:44) pasó a residir en Capernaum con su familia (Mt. 8:14; Lc. 4:38).

Pedro, que muy probablemente era discípulo de Juan el Bautista, fue presentado a Jesús por Andrés, hermano de Pedro (Jn. 1:41, 42). Andrés era uno de los dos discípulos de Juan el Bautista que oyeron la declaración de que Jesús (que volvía de su triunfo sobre la tentación en el desierto) era el Cordero de Dios, el Mesías (Jn. 1:35-41). Jesús discernió rápidamente la naturaleza de Simón, y cambió inmediatamente su nombre por el de Cefas (gr. «Petros», ver primer párrafo más arriba).

Pedro, al igual que los primeros discípulos, recibió tres llamamientos de su Maestro a que viniera a ser Su discípulo (Jn. 1:40; cfr. Jn. 2:2) a que lo acompañara constantemente (Mt. 4:19; Mr. 1:17, Lc. 5:10) a que fuera uno de los apóstoles (Mt. 10:2; Mr. 3:14, 16; Lc. 6:13, 14). Tuvo, ya desde el principio, un papel destacado entre los discípulos a causa de su fervor, de su energía e impetuosidad. Pedro se encuentra siempre encabezando las listas (Mt. 10:2; Mr. 3:16; Lc. 6:14; Hch. 1:13). Tres de los discípulos de Jesús eran amigos íntimos de Él: Pedro es nombrado en primer lugar (Mt. 17:1; Mr. 5:37; 9:2; 13:3; 14:33; Lc. 8:51; 9:28). Él es el portavoz de los apóstoles; el primero en confesar que Jesús es el Cristo de Dios (Mt. 16:16; Mr. 8:29), pero también el que intenta desviar a Su Maestro del camino del sufrimiento (Mt. 16:22; Mr. 8:33).

La vida de Pedro presenta tres etapas:

(a) En primer lugar el período de formación, expuesto en los Evangelios. En estos años de relación con el Maestro aprendieron a conocer a Cristo y a conocerse a sí mismos. La triple negación del presuntuoso apóstol puso fin a este período (Mt. 26:69 ss.; Mr. 14:66 ss.; Lc. 22:54 ss.; Jn. 18:15 ss.). Cuando Jesús se encontró con Sus discípulos en el mar de Tiberias, puso a prueba a Pedro haciéndole tres preguntas, y restableciéndolo después en el apostolado (Jn. 21:15 ss.).

(b) Al comienzo de los Hechos se expone el segundo período, durante el cual Pedro condujo a la Iglesia con audacia y firmeza. Llevó a los hermanos a reemplazar a Judas por un discípulo que hubiera conocido al Señor (Hch. 1:15-26). Después del derramamiento del Espíritu Santo, en el día de Pentecostés, Pedro explicó el sentido de este milagro a la muchedumbre de judíos reunidos en Jerusalén (Hch. 2:14 ss.). Fue el principal instrumento en la curación del paralítico y se dirigió acto seguido al sanedrín (Hch. 3:4, 12; 4:8). Amonestó a Ananías y a Safira (Hch. 5:3, 8). El gran discurso que pronunció en el día de Pentecostés abrió a los judíos la puerta de la salvación (Hch. 2:10, 38). Pedro la abrió, asimismo, a los gentiles, al dirigirse a Cornelio y a los que estaban en su casa (Hch. 10), haciendo así uso de las llaves de que Cristo le había hablado (Mt. 16:19).

(c) El tercer período queda marcado por un trabajo humilde y perseverante revelado en las dos epístolas de Pedro. Una vez hubo echado los cimientos de la Iglesia, abandonó el primer plano, y trabajó desde la oscuridad para la expansión del Evangelio. Desde entonces, desaparece de la historia, y es Jacobo quien aparece dirigiendo la Iglesia en Jerusalén (Hch. 12:17; 15:13; 21:18; Gá. 2:9, 12). Pablo se dirige a los gentiles (Gá. 2:7); Pedro, apóstol de la circuncisión (Gá. 2:8), anunció el Evangelio a los judíos de la dispersión; dejó Jerusalén a Jacobo, y el mundo grecorromano a Pablo. La última mención que se hace de él en Hechos (Hch. 15) lo presenta en el concilio de Jerusalén, defendiendo que los gentiles debían ser admitidos en la Iglesia, y defendiendo asimismo la libertad evangélica, postura ésta que prevaleció. Pedro es mencionado en Gá. 2:11, a propósito del incidente de Antioquía; es posible que estuviera en Corinto (1 Co. 1:12) y en la ribera del Éufrates, o en Babilonia (1 P. 5:13). Acompañado de su esposa, prosiguió, sin duda, sus viajes misioneros (1 Co. 9:5). Finalmente, glorificó a Dios en su martirio (cfr. Jn. 21:19). Pedro nos es conocido sólo por las anteriores menciones y por sus dos epístolas, donde traslucen su humildad y tacto. Pedro respalda la autoridad de Pablo y Judas y exhorta a sus lectores a permanecer firmes en la fe que comparten con sus hermanos. Visto a lo largo de los Evangelios, de Hechos y de las Epístolas, el carácter de Pedro no se contradice nunca, este hombre de acción tiene los fallos propios de sus cualidades (Mt. 16:22; 26:69-75; Gá. 2:11), que son inmensas. El entusiasmo era consustancial a su persona. Transformado por el Espíritu de Cristo, Pedro se señala por su amor a su Maestro, por su caridad, y por su clara percepción de las verdades espirituales. La vida de este discípulo está repleta de enseñanzas. Sus escritos sondean las profundidades de la experiencia cristiana y alcanzan las más altas cumbres de la esperanza.

La historia no añade mucho a lo que sabemos de Pedro por el NT. Hay buenas razones para admitir la tradición que afirma que Pedro fue crucificado en la época en que Pablo fue decapitado, hacia el año 68 d.C.. Jesús había predicho el martirio de Pedro (Jn. 21:19). No es imposible que hubiera sufrido el martirio en Roma. Su vida ha suscitado multitud de leyendas. Escritos apócrifos muy antiguos, debidos a los ebionitas (una secta herética que persistió entre el siglo I y VII d.C.), extendieron la leyenda de que Pedro había sido obispo de Roma durante 25 años. El examen atento de las fuentes de esta tradición y de su contenido no permite admitirla como historia.

Por lo que respecta al papel atribuido a Pedro por la Iglesia de Roma, se debe examinar qué es lo que realmente dice el NT acerca de ello:

(a) La interpretación de las palabras: «Tú eres Pedro...» (Mt. 16:18) es dada por el mismo apóstol. Hay solamente una roca fundamental: el Cristo. Los creyentes son las «piedras vivas» que vienen a ser edificadas sobre este único fundamento básico, y Pedro, el primer confesor del nombre de Jesús (Mt. 16:15-16), fue la primera de estas piedras individuales (cfr. 1 P. 2:4-6). El apóstol desarrolla el mismo pensamiento en Hch. 4:11-12. Pablo confirma esta enseñanza: Cristo es la piedra angular del templo espiritual del Señor; los apóstoles (en plural) y los profetas son su fundamento, sobre el que son edificados los creyentes (Ef. 2:20-22).

(b) Pedro jugó un papel histórico capital al abrir la puerta del Evangelio a los judíos el día de Pentecostés y a los gentiles en casa de Cornelio (Hch. 2:10; cfr. 14:27). Por otra parte, el poder de atar y desatar no le fue dado sólo a él, sino también a los discípulos (Mt. 16:19; 18:15-18; Jn. 20:23). Desde entonces, los cristianos proclaman, en todos lugares, el perdón de los pecados que Dios concede en Jesucristo (Hch. 10:43; 8:22; Ro. 10:9-13); cumplen la función de embajadores de Cristo (2 Co. 5:18-20), aportando vida, pero también muerte (2 Co. 2:15-16), porque quien los rechaza, rechaza al mismo Señor (Lc. 10:16).

(c) Pedro no vino a ser cabeza de la iglesia, ni «vicario de Cristo». Si bien juega un importante papel en primer plano en el inicio de Hechos, después desaparece. En el concilio de Jerusalén él dio su consejo, pero fue Jacobo quien intervino de manera decisiva; la resolución final fue tomada en nombre de los apóstoles, de los ancianos y de los hermanos, inspirados por el Espíritu Santo (Hch. 15:7, 13, 22, 28). En el relato de Lucas, Pablo ocupa desde entonces el primer lugar, y Pedro es simplemente una de las tres «columnas de la iglesia» mencionadas en Gá. 2:9 (siendo, el mismo Pedro citado después de Jacobo). Está claro que la doctrina del NT es que sólo el Señor Jesucristo resucitado es la cabeza de la Iglesia (Ef. 1:22; Col. 1:18), y que jamás rendirá Su sacerdocio, que es intransmisible (gr., He. 7:24).

(d) Además, Pedro no fue «obispo de Roma durante veinticinco años», no pudiendo haber sido un primer papa. Su muerte tuvo lugar alrededor del año 68, por lo que hubiera debido hallarse en Roma desde el año 43, lo que es imposible en base al NT. Escribiendo a los romanos alrededor de los años 57-65, Pablo hace saludar a treinta personas de su comunidad, entre las que no figura Pedro (Ro. 16); se trata de Priscila y de Aquila, y de la iglesia que está en su casa (cfr. Ro. 16:5). Pablo no hubiera escrito de esta manera (Ro. 15:20-24) si se tratara de una iglesia fundada por Pedro. Cuando Pablo llegó a Roma en el año 60, se encontró conque los judíos de allí no sabían nada del Evangelio, y otra vez Pedro no es mencionado (Hch. 28:15 ss.). Su nombre no figura tampoco en las Epístolas de la cautividad, ni aun en la Segunda a Timoteo, escrita poco antes de su muerte hacia el año 68 (cfr. 2 Ti. 4:16, que sería impensable de Pedro).

(e) Finalmente, Pedro, con todas sus cualidades y sus experiencias, ni era infalible ni tenía una autoridad superior a la de los otros apóstoles. En Antioquía, Pablo lo resistió cara a cara «porque era de condenar»; acerca de este incidente, Pablo habla de miedo a los hombres, de simulación, e incluso de hipocresía, y de un andar no recto ni conforme a la verdad del Evangelio (Gá. 2:11-14). Sin embargo, Pedro es una de las más grandes figuras, no sólo del NT, sino de toda la Biblia. Su vida entera fue consagrada al Señor desde el día de su llamamiento. Su ardor y celo por su Señor, su perseverancia, humildad, mansedumbre, su cuidado de la grey del Señor, su afán por predicar las buenas nuevas de la salvación de Dios, todo ello ampliamente testificado en las Escrituras, nos da una bella imagen del discípulo consagrado, y constituye una vida a estudiar y un ejemplo a seguir.

Bibliografía:

Véase al final de PEDRO (EPÍSTOLAS DE).

 PEDRO (1 ª Epístola)

tip, LIBR LINT

ver, HEBREOS (Epístola), CANON

vet,

El autor afirma ser el apóstol Pedro (1 P. 1:1). La autenticidad de esta carta queda demostrada por su contenido y por el testimonio de numerosos escritores del inicio de la era cristiana. La epístola va dirigida a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1 P. 1:1). Hay expositores que mantienen que se trata de una carta dirigida en su mayor parte a creyentes surgidos del paganismo, apoyándose en ciertas alusiones del apóstol (1 P. 1:14; 2:9, 10; 3:6; 4:3). Otros expositores, sin embargo, argumentan incisivamente que la carta era dirigida a los judíos que habían venido a creer en el Señor Jesús. Efectivamente:

(A) El ministerio de Pedro se dirigía oficialmente a «la circuncisión» (cfr. Gá. 2:7).

(B) Las alusiones citadas para apoyar la postura de que los destinatarios procedían de la gentilidad son aplicables a los judíos desconocedores del Evangelio. En particular, el pasaje más citado para sostener la postura de que se trataba de gentiles, 1 P. 2:10, «vosotros que en otro tiempo no erais pueblo», es totalmente explicable con referencia a la sentencia dictada por Dios sobre el pueblo judío: «No sois mi pueblo» (Os. 1:9); sólo por su adhesión al Mesías volverían a ser pueblo de Dios, y aquellos judíos que confesaban al Señor Jesús venían a ser las primicias de aquel cumplimiento glorioso en la segunda venida del Señor cuando el pueblo judío, «lo-ammi» (no mi pueblo), vendrá a ser otra vez pueblo de Dios (cfr. Os. 2:23), e hijos del Dios viviente (cfr. 1:10).

(C) Aunque es cierto que Pedro menciona que la conversión de sus destinatarios se debía a otros (1 P. 1:12, 25), no constituye prueba de que se trate de conversos del apóstol Pablo entre los gentiles; ello aparte del hecho de que Pablo también había predicado en las sinagogas de los judíos, como se ve a lo largo de Hechos. En Hch. 8:4 se afirma que «los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio», después del martirio de Esteban. Esta primera evangelización se hizo exclusivamente entre judíos y samaritanos, con la excepción de prosélitos, como el caso del eunuco etíope (Hch. 8:26-39).

En esta epístola se mencionan las regiones de los destinatarios de este a oeste, lo que constituye una indicación de que la carta fue posiblemente redactada desde Oriente. La alusión a la iglesia en Babilonia, en los saludos, apoya esta hipótesis (1 P. 5:13). El empleo que hace el autor de la Epístola a los Efesios y la época de la muerte de Pedro permiten situar la fecha de redacción entre el año 63 y el 67; es muy probable que fuera el año 64 o 65. Un pasaje de la Segunda Epístola de Pedro (2 P. 3:1, cfr. 1:1) da testimonio de que la primera carta es de este apóstol.

En cuanto a las pruebas externas de la autenticidad de esta carta, son irrefutables. Autores tan diversos como Clemente de Alejandría, Ireneo de Lyon, Tertuliano de Cartago, afirman que es de Pedro. Eusebio afirma que Papías y Policarpo la conocían y la citaban. Así, desde el principio, esta epístola ha sido confirmada por unas evidencias indiscutidas. Se ha objetado que los creyentes no habían sido perseguidos «en calidad de cristianos» (1 P. 4:16) hasta una época más tardía. Sin embargo, esta objeción carece de valor. Esteban ya había muerto por la fe (Hch. 6; 7), y se habían dado ya numerosas persecuciones locales e individuales mucho tiempo antes de que se desencadenaran las persecuciones generalizadas, ordenadas por los emperadores. Tampoco se puede objetar que Pedro desconociera el griego, teniendo a Marcos y Silvano como ayudantes (1 P. 5:12-13).

El estilo de Primera Pedro es natural, patético, vehemente. Salpicada de repentinas transiciones, refleja admirablemente el carácter del autor. La forma es característica de Pedro; la doctrina es armónica con la de las epístolas de Pablo, con una insistencia particular en la gracia de Dios, y la gloriosa esperanza de la Parusía. El texto contiene numerosas reminiscencias de las epístolas a los Romanos, a los Efesios, y de la epístola de Santiago (1 P. 2:6, 8, cfr. Ro. 9:32, 33; 1 P. 2:5; 3:8, 9; 4:7-11, cfr. Ro. 12:1, 16, 17, y 3:6; 1 P. 2:18 y 3:1-7, cfr. Ef. 5:22, 23; 6:5; 1 P. 1:1, 6, 7, 23 y 5:6, cfr. Stg. 1:1, 2, 3, 18 y 1 P. 4:10). La epístola se distingue por su profundidad y por la belleza en la expresión de la enseñanza.

Análisis:

Saludos (1 P. 1:1 2).

Introducción (1 P. 1:3-12), en la que Pedro da las gracias a Dios por las bendiciones que se desprenden de la salvación.

El cuerpo de la epístola (1 P. 1:13-5:11) contiene:

(A) Exhortaciones a la santidad (1 P. 1:13-25)

(B) La Iglesia, templo viviente, del que Cristo es la piedra angular (1 P. 2:1-8); la iglesia como sacerdocio regio (1 P. 2:9-10)

(C) Deberes sociales del peregrino cristiano, del criado, de los cónyuges (1 P. 2:11-3:7)

(D) Comunión con Cristo en la oración, el servicio, el sufrimiento, el oprobio (1 P. 3:8-4:19)

(E) Deberes de los ancianos y de los jóvenes. Saludos (1 P. 5:1-14)

Pedro destaca vigorosamente:

los sufrimientos de Cristo y su valor expiatorio (1 P. 1:11-19; 2:21-25; 3:18; 4:1, 13; 5:1);

el sufrimiento del creyente con su Señor (1 P. 1:6, 7; 2:18-21; 3:13-18; 4:1-2, 12-19; 5:9-11);

la regeneración (1 P. 1:3, 23-25; 2:2);

la Iglesia y el sacerdocio de todos los creyentes (1 P. 2:4-10);

la resurrección y la gloriosa venida de Cristo (1 P. 1:3-5, 7-9, 11, 13, 21; 3:18, 21-22; 4:5, 13; 5:1, 4, 10-11).

Todas estas doctrinas, así como las exhortaciones que las acompañan, son claras y precisas; son coherentes con el carácter práctico que tiene que rendir, como Pedro después de Pentecostés, un testimonio limpio acerca de su Salvador.

 

PEDRO (2 ª Epístola)

El autor de esta segunda epístola se nombra a sí mismo como «Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo» (2 P. 1:1); afirma haber sido testigo de la Transfiguración (2 P. 1:16), y haber recibido de Cristo la predicción de su martirio (2 P. 1:14; cfr. Jn. 21:19). Se pone en un plano de igualdad con Pablo (2 P. 3:15). El estilo presenta una cierta falta de simplicidad y de desenvoltura, lo que contrasta con el estilo fluido y natural de la primera. Desde la época de Jerónimo, esta diferencia de expresión vino a ser el argumento de los que presentan objeciones contra la autenticidad de la epístola. Jerónimo cree que estas desemejanzas son debidas a los «secretarios-intérpretes» de Pedro, y es bien posible que éste fuera el caso (cfr. MARCOS). Muchos críticos modernos atribuyen la carta a un autor anónimo del período postapostólico, que la habría escrito bajo el nombre de Pedro alrededor de un siglo después de la muerte de este último. Sin embargo, si bien hay algunas diferencias en el vocabulario, también hay semejanzas convincentes. Nada en el texto da indicación de una falsificación. Las alusiones autobiográficas son exactas; no aparecen detalles imaginarios ni anacronismos. Segunda de Pedro es totalmente diferente de las obras apócrifas como «El Evangelio de Pedro» y el «Apocalipsis de Pedro». Se ha llegado a afirmar que nuestra epístola había sido escrita en una época más tardía en la que se daban herejías que pretendían apoyarse en los escritos de Pablo (cfr. 2 P. 3:15-16). Sin embargo, en este pasaje se hace en realidad una alusión a la epístola que Pablo escribió a los hebreos (véase HEBREOS [EPÍSTOLA A LOS]), con una mención adicional de las otras epístolas (una traducción lit. del pasaje vendría a ser: «Según la sabiduría que le ha sido dada, Pablo os escribió, como también en todas sus epístolas») (énfasis en «en todas sus epístolas», añadido). El lenguaje menciona que Pablo les había escrito a «ellos», evidentemente los destinatarios judeocristianos de Pedro, y aprovecha para mencionar «también... todas sus epístolas» escritas ya entonces. De todas maneras, este pasaje no implica que hubiera una colección como tal de las epístolas de Pablo, sino que era notorio que las tales habían sido escritas y que eran bien conocidas y, en ciertos casos, torcidas y manipuladas en su aplicación doctrinal y práctica.

En cuanto a la apostasía que Pedro combate, no se puede afirmar que sea más avanzada que la que Pablo combatía. Otras pruebas internas corroboran adicionalmente la autenticidad de la carta. Se hallan en ella rasgos característicos de Pedro y analogías con sus discursos (cfr. Hechos). Al igual que la Primera, la Segunda Epístola presenta una buena cantidad de palabras singulares y la costumbre de presentar el lado negativo y el positivo de un pensamiento (p. ej.: 1 P. 1:12, 14, 15, 18 y 2 P. 1:16, 21; 2:4, 5; 3:9, 17). Durante los dos primeros siglos, las menciones relativas al uso de la Segunda Epístola son infrecuentes y poco directas; pero al inicio del siglo III, Orígenes hace alusión a su empleo en las iglesias, y habla acerca de Pedro de las «dos trompetas de sus epístolas». Eusebio afirma que Segunda Pedro, Santiago y Judas son admitidas por la mayor parte, pero que había algunas que las consideraban «dudosas» («antilegomena»). El canon fue haciéndose poco a poco, con suma prudencia, en una época en la que había gran cantidad de escritos falsos. Si en el curso del siglo III y del IV se llegó a la unanimidad para incluir en el canon formal Segunda de Pedro, así como Santiago, Judas y Apocalipsis, podemos estar ciertos de que hubo una abrumadora prueba, desde el aspecto interno como del externo, para llevar a la dicha unanimidad (véase CANON). De hecho, las objeciones que se han hecho a la autenticidad de la Segunda Epístola no resisten el examen histórico. El autor se dirige, de manera general, «a los que habéis alcanzado... una fe igualmente preciosa que la nuestra»; pero 2 P. 3:1 demuestra que los destinatarios eran los mismos que los de la Primera, o un grupo de entre ellos.

El lugar de redacción no puede ser determinado con exactitud. Si la alusión de 2 P. 1:14 implica que Pedro estaba a punto de ser llevado a la muerte, se podría situar el lugar de redacción en Roma, y asignar la fecha de la epístola al año 68 o 67 d.C. Argumentos en favor de estas fechas: la naturaleza de las falsas doctrinas denunciadas en la Segunda Epístola; el empleo que hace esta epístola de la de Judas (o el que hace Judas de la epístola de Pedro); la mención de la Primera Epístola de Pedro.

El capítulo 2 de Segunda Pedro se parece manifiestamente a la Epístola de Judas (cfr. 2 P. 2:2, 4, 6, 11, 17). A propósito de ello, se afirma en muchos sectores que Judas tomó prestado de Pedro, o viceversa. Es innegable que uno de ellos pudo haber leído la Epístola del otro, y no se puede rebatir que uno escribiera después del otro. Sin embargo, las diferencias son tan notables como las semejanzas. Pedro se refiere a maldad, y de la acción de Dios en contra de ella en Su gobierno. Judas trata de la apostasía como tal. Así, Pedro se refiere a «los ángeles que pecaron», mientras que Judas se refiere a «los ángeles que no guardaron su dignidad», abandonando el lugar que Dios les había señalado (cfr. 2 P. 2:4; Jud. 6). Otras muchas características permiten afirmar una básica independencia de Pedro y Judas bajo inspiración, cubriendo distintos objetivos (cfr. J. N. Darby, «The Similarity of the Epistle of Jude and one part of the Second Epistle of Peter», en The Collected Writings of J. N. Darby, vol. 13, PP. 216-231).

Propósito de la carta, según 2 P. 3:1, 17, 18: Hacer recordar a los destinatarios las enseñanzas que habían recibido, a fin de prevenirlos contra las falsas doctrinas entonces en boga, y facilitar su crecimiento en la gracia y conocimiento de Jesucristo, el Señor y Salvador. Esta epístola fue escrita para refutar el gnosticismo que ya se estaba infiltrando en las iglesias, y para fortalecer a los cristianos en la sana doctrina y en la pureza moral.

Contenido:

Saludos apostólicos (2 P. 1:1, 2).

Exhortaciones solemnes a crecer espiritual e intelectualmente (2 P. 1:3-11).

Bases sobre las que reposa el conocimiento, y que es la base de la piedad (2 P. 1:12-21).

Condena de los falsos doctores (2 P. 2:1-22).

Recuerdo de las enseñanzas de Jesucristo, de los profetas y de los apóstoles en cuanto a la venida del Señor y del fin del mundo (2 P. 3:1-13). Exhortaciones a crecer en la santidad, prestos para recibir al Señor a Su vuelta. Alusión al valor de las Epístolas de Pablo como Escritura.

Doxología final (2 P. 3:14-18).

 

Bibliografía:

Barbieri, L. A.: «Primera y Segunda Pedro» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1981);

Bernard, T. D.: «El desarrollo doctrinal en el Nuevo Testamento» (Pub. de La Fuente, México, D.F., 1961);

Dana, H. E.: «El Nuevo Testamento ante la crítica» (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1965);

Darby, J. N.: «First Peter» y «Second Peter», en Synopsis of the Books of the Bible, vol. 5 (Bibles and Publications, Montreal, reimpr., 1970);

Darby, J. N.: «The Similarity of the Epistle of Jude and one part of the Second Epistle of Peter», en The Collected Writings of J. N. Darby, vol. 13, CRITICAL, PP. 216-231 (Kingston Bible Trust, Lancing, Sussex, reimpr., 1964);

Kelly, W.: «Lectures introductory to the New Testament», vol. 3, The Acts, The Catholic Epistles, and the Revelation (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, reimpr., 1970);

Moorehead, W. G.: artículos «Peter, First Epistle» y «Peter, Second Epistle», en ISBE (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1946);

Paine, S, W.: «1 y 2 Pedro», en Comentado bíblico Moody - Nuevo Testamento (Ed. Moody, Chicago, 1971);

Wheaton, D. H.: «1 y 2 Pedro», en Nuevo Comentario bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1977);

Wolston, W. T. P.: «Simón Pedro» (Ed. «Las Buenas Nuevas», Montebello, California, 1967);

Wuest, K. S.: «In These Last Days» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1954).

 PEKA

tip, BIOG REYE HOMB HOAT

vet,

= «(Dios) ha abierto (los ojos)».

Hijo de Remalías y capitán de Pekaía, rey de Israel, a quien asesinó para apoderarse de su trono. Se entregó al culto del becerro de oro tal como lo había hecho Jeroboam I (2 R. 15:25-28). Al final del reinado de Jotam, rey de Judá, Peka se alió con Rezín, rey de Siria, para atacar Judá e imponer otro rey. Los aliados invadieron Judá en la época en que Acaz había sucedido a Jotam. Los sirios, con la intención de unirse con Peka en Jerusalén, avanzaron al este del Jordán. Incendiando y saqueándolo todo, el ejército de Peka se dirigió hacia Jerusalén, cuyos habitantes estaban aterrorizados. El profeta Isaías aseguró al rey y al pueblo que el Señor los libraría si se confiaban plenamente a Él. Menospreciando este consejo, Acaz prefirió comprar la ayuda de Tiglat-pileser III, rey de Asiria. El ejército asirio atravesó Galilea (2 R. 15:29), llegando a Filistea en el año 734 a.C., maniobra que obligó a Peka y a Rezín a retirar sus tropas del país de Judá, a fin de proteger sus propios estados. Al retirarse, Peka deportó a gran número de habitantes de Judá, pero ciertos príncipes de Israel los vistieron, alimentaron y dejaron en libertad, gracias a la exhortación del profeta Obed (2 R. 16:5-9; 2 Cr. 28:5-15; Is. 7:1-13). En el año 730 a.C., Oseas, hijo de Ela, dio muerte a Peka, usurpando a su vez el trono de Israel (2 R. 15:30), actuando en complicidad con Tiglat-pileser III.

El texto hebreo del AT afirma que el reinado de Peka duró veinte años (2 R. 15:27); esta cifra no puede referirse al tiempo que ocupó el trono de Samaria, por cuanto Manahem, uno de sus predecesores, ocupaba el trono hacia el año 738 a.C. cuando Tiglat-pileser III era ya rey de Asiria (2 R. 15:19). Esta aparente discrepancia tiene la siguiente explicación. La declaración de 2 R. 15:27: «En el año cincuenta y dos de Azarías rey de Judá, reinó Peka hijo de Remalías sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años», no significa necesariamente que reinara durante 20 años en Samaria. La asociación de Peka con los gaaladitas (2 R. 15:25) podría indicar que él estableció su dominio inicial sobre el norte del país de Galaad y sobre Galilea (posiblemente en el año 749 a.C.) favorecido por los desórdenes acontecidos en la época de Jeroboam II, y que mantuviera su autoridad durante la mayor parte del reinado de Manahem. Ésta podría ser la razón del llamamiento en petición de auxilio que Manahem dirigió a Tiglat-pileser III, que invadió el norte del reino de Israel, consolidando la autoridad de Manahem sobre todo el país (2 R. 15:19). Peka habría entonces dejado de oponerse a Manahem (como Abner en la época de David), y le habría jurado fidelidad, recibiendo del rey un cargo importante en el ejército israelita. Después de la muerte de Manahem, Peka, apoyado quizá por Rezín en ausencia de Tiglat-pileser III, se apoderó del trono de Israel en el año 52 de Azarías, rey de Judá, y ejerció el dominio entonces sobre todo el territorio.

Bibliografía:

Thiele, E. R.: «The Mysterious Numbers of the Hebrew Kings» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1965).

 PEKAÍA

tip, BIOG REYE HOMB HOAT

vet,

= «Jehová ha abierto (los ojos)».

Hijo de Manahem, lo sucedió sobre el trono de Israel hacia el año 737 a.C., reinando dos años, y adoptando el culto del becerro de oro que Jeroboam I había instituido.

Pekaía fue asesinado en su palacio de Samaria por Peka, uno de los capitanes de su ejército, que usurpó el trono (2 R. 15:23-26).

 PELEG

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

= «división».

Hijo o descendiente de Heber (Gn. 10:25; 11:16). La «división de la tierra» aquí mencionada es enigmática. Hay expositores que la refieren a la dispersión de los descendientes de Noé después del acontecimiento de la Torre de Babel. Otros proponen que en esta época se dio un cataclismo a escala global que provocó una deriva de continentes con una velocidad que ha ido en gradual disminución. (Véase la consideración de ambos puntos de vista en la Bibliografía).

Bibliografía:

Morris, H. M.: «The Genesis Record», CLP, San Diego, 1976, PP. 260-261).

 PELETEOS

vet,

Ciertos miembros de la guardia real de David. Parece que eran originarios de Filistea, aunque deben ser distinguidos de los cereteos y de los de Gat, sus hermanos de armas. Los peleteos permanecieron fieles a David, luchando contra Absalón (2 S. 15:18-22). Combatieron asimismo contra Seba (2 S. 20:7).

El nombre «peleteo» parece derivar de una raíz extranjera, pero, frente a la opinión de algunos comentaristas, no se trata de una contracción de «P'lishti», filisteos.

 PELÍCANO

tip, FAUN LEYE AVES

vet,

(heb. «Ka'ath», significaba probablemente «el que vomita») (Is. 34:11; Sof. 2:14).

Según la Ley, se trata de un ave impura (Lv. 11:18; Dt. 14:17).

Vivía en el desierto (Sal. 102:7), en las ruinas (Is. 34:11; Sof. 2:14).

Se trataba posiblemente del pelícano común, «Pelecanus onocrotalus», blanco, con tintas de un rosa claro, aunque frecuenta los ríos y lagos con preferencia a las ruinas, a no ser que estén rodeadas de pantanos.

Ave palmípeda, tiene las patas admirablemente adecuadas para el medio acuático, aunque también puede posarse en los árboles. Posee un largo pico cuya parte inferior tiene un fondo membranoso, donde el ave transporta el pescado para alimentar a sus polluelos. La altura del pelicano varía de 1,50 a 1,80 m.; su envergadura, que sobrepasa generalmente los 3,5 m., llega en ocasiones a los 4 m.

Esta ave, infrecuente en el mar de Galilea, se halla esparcida por las riberas del Nilo y por los lagos egipcios de aguas someras.

 PELO. Véase CABELLO.

 PENA DE MUERTE. Véanse CASTIGOS, AHORCAMIENTO, APEDREAMIENTO, CRUCIFIXIÓN.

  PENIEL

tip, LUGA

sit, a2, 490, 254

vet,

= «rostro de Dios».

Campamento al este del Jordán.

Jacob le dio este nombre después de haber luchado con el ángel, «porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma» (Gn. 32:30-31).

En la época de los Jueces había una torre allí, que Gedeón destruyó, y una ciudad cuyos habitantes pasó a cuchillo (Jue. 8:8, 9, 17).

Jeroboam I fortificó Peniel (1 R. 12:25).

 PENINA

tip, BIOG MUJE MUAT

vet,

= «coral».

Una de las dos esposas de Elcana; la otra se llamaba Ana (1 S. 1:2-6).

 PENTÁPOLIS

tip, CIUD

ver, MARDIKH

sit, a3, 484, 453

vet,

= «cinco ciudades».

Con este término se designan las cinco ciudades de la llanura, Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Bela (Zoar). Destruidas todas a excepción de Zoar en el cataclismo relatado en Gn. 19.

Véase bajo los artículos correspondientes, y MARDIKH (TELL).

 PENTATEUCO

tip, LIBR ARQU CRIT

ver, INSPIRACIÓN, MARDIKH, NUZU, SUMER, MOISÉS, PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO, ALTAR, PENTATEUCO (II), QUMRÁN, PENTATEUCO SAMARITANO

vet,

(gr. «pentateuchos», «que consiste de cinco rollos»).

Nombre dado al conjunto de los cinco primeros libros del AT: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio. El término Pentateuco no se halla en las Escrituras, Los israelitas daban a este conjunto de cinco libros el nombre de:

Ley (Torah) (Jos. 1:7; Mt. 5:17);

le daban también el nombre de Ley de Moisés (1 R. 2:3; Esd. 7:6; Lc. 2:22);

Ley de Jehová (2 Cr. 25:3, 4);

libro de la Ley de Moisés (Jos. . 8:31);

libro de la Ley de Dios (Jos. 24:26);

libro de la Ley de Jehová (2 Cr. 17:9).

Estas expresiones permiten pensar que, de hecho, estos cinco libros formaban uno solo. Se siguen presentando bajo esta forma en los mss. heb., aunque se cite cada libro por separado dando como título sus primeras palabras. Josefo habla de cinco libros (Contra Apión, 1:8). Es posible que esta división en cinco fuera una innovación introducida por la traducción griega, o que la hubiera precedido un corto espacio de tiempo. En todo caso, es de la LXX que se han recibido los nombres de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

 

El contenido del primer libro del Pentateuco fue plasmado por Moisés en base a la tradición oral y escrita anterior, todo ello conducido por la inspiración del Espíritu Santo (véase INSPIRACIÓN). Moisés fue testigo ocular de los hechos consignados en los cuatro libros siguientes. La escritura era conocida ya mucho tiempo antes de Moisés. En base a la cronología convencional, en el cuarto milenio a.C. los sumerios y Babilonia se servían de caracteres cuneiformes, y los egipcios empleaban jeroglíficos. Las ruinas de Ebla han dado miles de tablillas cuneiformes anteriores a la época de Abraham (véase MARDIKH [TELL]). Las más antiguas inscripciones del Sinaí pueden situarse, probablemente, en el siglo XIX a.C. Nuzu (véase NUZU), Sumer (véase SUMER), y otras muchas localidades dan testimonio adicional de este hecho. En vista de los resultados de las investigaciones hechas a lo largo de este siglo, no puede aducirse ya más que Moisés no hubiera podido ser capaz de escribir, como se había llegado a decir por parte de ciertos autores. La arqueología nos muestra un mundo antiguo estructurado, civilizado, con archivos, memorias, cartas, textos médicos, mágicos, religiosos, diccionarios entre diversas lenguas, listas comerciales, textos legales, tratados, etc. Así, el arte de la escritura era ya muy bien conocido y difundido siglos antes del nacimiento de Moisés (véase MOISÉS). Aunque ningún versículo concreto afirma que todo el conjunto sea de Moisés, el Pentateuco afirma expresamente que él es el autor. Dos pasajes de la sección narrativa mencionan el libro en el que Moisés consignaba lo que sucedía, particularmente la victoria sobre Amalec (Éx. 17:14) y el itinerario de los israelitas, desde Egipto hasta los campos de Moab, frente a Jericó (Nm. 33:2). Un cántico didáctico que muestra la actitud del Altísimo hacia Israel declara que fue escrito, cantado y enseñado por Moisés (Dt. 31:19, 22, 30; 32:44). Se afirma que Moisés cantó un cántico de alabanzas inmediatamente después del paso del mar Rojo (Éx. 15:1-19; cfr. v. 21).

La parte legal del Pentateuco se compone de tres secciones distintas.

La primera, llamada «libro del pacto», incluye el Decálogo, la ley fundamental de la nación, con algunas prescripciones complementarias (Éx. 20-23). En Éx. 24:4 se afirma, de manera expresa, que fue Moisés quien escribió este código.

La segunda sección de leyes trata del santuario y de su servicio (Éx. 25-31 y 35-40); contiene asimismo el Levítico y la mayor parte de Números. Se afirma, de manera insistente, que Jehová dio estas leyes a Moisés (Éx. 25:1; Lv. 1-2 y más de cincuenta veces en este mismo libro, etc.).

La tercera sección especifica los discursos de Moisés a la nueva generación que iba a entrar en Canaán. Este tercer código recapitula brevemente los caminos de Dios con respecto a Israel, y presenta la Ley al pueblo destacando su espiritualidad y llamándolo a la fidelidad a Dios. Este libro, el de Deuteronomio, insiste en aquellos puntos que iban a ser de vital importancia en las nuevas circunstancias en las que se hallará el pueblo en Canaán. Se modifican ciertos detalles con el fin de adecuar las primeras ordenanzas a la vida sedentaria de Canaán, donde además las tribus se verían dispersadas en un territorio que involucraría ciertas distancias, en lugar de estar todos ellos concentrados en un campamento, como en el curso de la peregrinación por el desierto (véase PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO). Moisés escribió todo esto, confiándolo a los levitas (Dt. 31:9, 24-26). Todas estas declaraciones, diseminadas por el Pentateuco, constituyen un reconocimiento explícito de que Moisés fue su autor.

El resto del AT confirma la paternidad mosaica de la Ley (Jos. 1:7, 8; Esd. 6:18; Neh. 8:1, 18). Hay abundantes referencias a la Ley de Moisés (Jos. 1:7, 8; 8:31-35; Jue. 3:4; 1 R. 2:3; 2 R. 18:6, 12; cfr. Dt. 24:16; 2 R. 21:7, 8; Dn. 9:11, 13; Esd. 3:2; 6:18; 7:6; Neh. 8:1, 18; Mal. 4:4). La ley del santuario único, que era una ordenanza característica, quedó suspendida cuando el arca fue tomada y guardada en territorio enemigo, cuando el Señor abandonó Silo (1 S. 4:11, 21, 22; 6:1; 7:2; Sal. 78:60; Jer. 7:12-15; 26:6). El pueblo, dirigido por Samuel, sacrificaba en lugares altos (1 R. 3:2-4), como lo habían hecho sus antecesores antes de la celebración del Pacto, testimoniado por la Ley y el arca. Después del cisma nacional fue desobedecida la ley del santuario único. Se impedía a los israelitas piadosos pertenecientes al reino de Israel que acudieran a adorar al Templo en Jerusalén, donde estaba el arca. Debido a ello hubo fuertes tensiones en diversas épocas, y movimientos de norte a sur por parte de los que deseaban obedecer la voz de los profetas (2 Cr. 30:1-31:3; cfr. 2 R.23:4-23). Sin embargo, en casos muy especiales, como en la implacable guerra entre el culto a Baal o a Jehová en el reino del norte, se ofrecieron sacrificios excepcionales como el de Elías en el monte Carmelo, que fue consumido por una especial manifestación de Dios (1 R. 18:20-40; cfr. Éx. 20:24; véase Jue. 2:1, 5; 6:19-24; 13:15-22). (Véase ALTAR.)

El reino del norte, sin embargo, reconocía formalmente la autoridad de la Ley de Moisés. Oseas y Amós, profetas para las diez tribus, no mencionan a Moisés de manera expresa, pero se refieren sin cesar a las leyes del Pentateuco. Más tarde, y especialmente durante el reinado de Manasés, el libro de la Ley, depositado en el Templo, fue desdeñado. Durante la restauración del edificio y de la reorganización del culto a Jehová, bajo el reinado del rey Josías, el libro fue redescubierto (2 R. 22:8; 23:21, 24, 25). Los hay que se preguntan si se trataba específicamente del libro de Deuteronomio, pero se hace alusión a toda la Ley de Moisés (v. 25). También se ha supuesto, pero sin prueba alguna en concreto, que el ejemplar de la Ley descubierto por el sumo sacerdote había sido depositado dentro del muro del Templo cuando éste fue construido. Daniel, Esdras y Nehemías hacen alusión a la redacción de la Ley de Moisés. En la época de Cristo, los judíos atribuían el Pentateuco a Moisés (Mr. 12:19; Jn. 8:5; Ant. pref. 4; Contra Apión 1:8). El mismo Señor Jesucristo, así como los evangelistas, atribuyen el Pentateuco a Moisés y lo denominan «libro de Moisés» (Mr. 12:26; Lc. 16:29; 24:27, 44). Afirman que Moisés promulgó la Ley y escribió todo el Pentateuco (Mr. 10:3-5; 12:19; Jn. 1:17; 5:46, 47; 7:19).

 

La denominada «Alta Crítica» niega que Moisés sea el autor del Pentateuco. Para apoyar esta hipótesis, se citan algunos versículos, mediante los cuales se pretende justificar que se hace alusión a una época posterior a Moisés:

(a) Gn. 12:6: «Y pasó Abraham por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el valle de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra» (cfr. Gn. 13:7). Se quiere hacerle decir a este versículo que los cananeos ya no estaban en estos lugares en la época en que vivía el autor de Génesis; pero esta frase significa tan sólo que los cananeos se hallaban ya en tiempos de Abraham en el país que le había sido prometido.

(b) En Gn. 14:14 se afirma que Abraham persiguió a los reyes aliados hasta Dan. Se objeta que en la época de los patriarcas aquel lugar se llamaba Lais, y que el nombre de Dan no le fue dado hasta en la época de los Jueces (Jue. 18:29). Refutación: No es seguro que el Dan de Génesis sea el mismo lugar que el Dan de Jueces. Aun cuando fuera así, no hay problema alguno en admitir que los copistas posteriores pudieran sustituir el nombre de Dan en lugar del de Lais por mor de la claridad. El texto hebreo presenta en ocasiones algunas alteraciones.

(c) En Gn. 36:31 se afirma: «Y los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase rey sobre los hijos de Israel. » Se afirma que Saúl ya reinaba sobre Israel cuando fue escrito este pasaje. Pero los reyes de Edom (Gn. 36:32-43) reinaron antes que el mismo Moisés; este versículo señala este hecho en un momento en que los israelitas, a los que les había sido prometido un rey, no lo tenían aún (Gn. 17:6, 16; 35:11).

(d) Se alega que el término «al otro lado del Jordán» (heb., indicando al este del río) muestra que el escritor estaba en Canaán (Dt. 1:1). Sin embargo, esta expresión no demanda tal conclusión. Canaán había sido el hogar de Abraham, Isaac y Jacob, y los israelitas consideraban aquel territorio como la Tierra Prometida. Fuese el que fuere el lado del que ellos se hallaran del río, daban el nombre de Abarim («que son del otro lado») a los montes que se elevaban al este del mar Muerto. Más tarde, dieron el nombre de Perea (región más allá) al territorio situado entre el Jaboc y el Arnón.

(e) Se admite universalmente que Dt. 35:5-12 (que relata la muerte de Moisés y lo compara con profetas posteriores) no pudo ser escrito por él mismo; pero la presencia de este apéndice inspirado no constituye ningún argumento en contra de la mosaicidad del Pentateuco.

En 1707, un teólogo llamado Vitringa, convencido de la autenticidad de Génesis, emitió la opinión de que Moisés debía haber utilizado, en parte, documentos transmitidos por los patriarcas y conservados en el seno del pueblo hebreo. En 1753, el francés Jean Astruc, médico capaz, pero de carácter inmoral, atribuyó el Génesis a dos autores principales, cuyos escritos habría utilizado Moisés. Astruc pretendía distinguir estos dos autores por la utilización de los términos Elohim y Yahweh para nombrar a Dios. Por otra parte, afirmó que podía distinguir otros diez documentos secundarios que no contenían el nombre de Dios, relacionados con pueblos paganos. Johann Eichhorn (1783) asumió esta hipótesis, y la desarrolló, afirmando que Génesis es una recopilación de Moisés, al que, por tanto, atribuía la paternidad del resto del Pentateuco. Pero pronto se llegó a la consciencia de que los principios que habían llevado al desmembramiento de Génesis podrían extrapolarse al resto del Pentateuco. Habiendo admitido este procedimiento, se vino a declarar que los documentos relativos a la época de Moisés provenían asimismo de estas fuentes más antiguas, y que no habían podido ser reunidos por él para redactar el Pentateuco tal y como lo tenemos. Con ello, se hizo un salto, de la razonable hipótesis de que Moisés hubiera, quizá, podido servirse en parte de documentos patriarcales, a una especulación documentaria de una recopilación muy posterior a Moisés, y en la cual los documentos se distinguirían por el nombre usado para Dios. Veamos a continuación los principales argumentos en favor de esta hipótesis, que lleva el nombre de Wellhausen, erudito alemán de la segunda mitad del siglo XIX.

(a) Alternancia de los nombres Elohim y Yahweh para designar a Dios en sucesivas secciones.

(b) Continuidad de cada pretendido documento examinado aisladamente.

(c) Diversidad de estilo, de vocabulario y de ideas en los diferentes documentos.

(d) Dobletes, o pretendidos relatos contradictorios, indicadores de documentos distintos. La hipótesis en cuestión, nacida de una simple suposición, ha sufrido, de parte de los críticos mismos, numerosas modificaciones que tratan de resolver los problemas que ella misma ha suscitado.

 

En la actualidad se pretende poder discernir los principales documentos que se mencionarán, y que hubieran sido utilizados para redactar el Pentateuco (aunque los críticos están bien lejos de concordar entre sí sobre una gran cantidad de puntos).

(a) El autor que recibe el nombre de J (Jehovista o Yahwista, por dar a Dios el nombre de Yahweh) habría vivido en Judá alrededor del año 950-850 a.C. Hay críticos que dividen aún más esta «fuente», dando J' y J,.

(b) El autor E (Elohísta, por dar a Dios el nombre de Elohim), se situaría hacia el año 750 a.C.

(c) Después de la caída de Samaria, un «redactor» JE habría combinado J y E añadiendo de su cosecha.

(d) El documento D comprendería la mayor parte de Deuteronomio. Éste sería el libro de la Ley «redescubierto» en el Templo, bajo Josías, el año 621 a.C. (2 R. 22:23).

(e) U (de Holiness, inglés para santidad), es el nombre del «Código de Santidad» (Lv. 17-26), que trata de la pureza ceremonial; los críticos debaten si debe ser situado antes o después de Ezequiel.

(f) P (de Priestly, inglés para sacerdotal), el llamado código sacerdotal, que habría sido redactado por los sacerdotes después del exilio, y que habría sido leído a la muchedumbre por Esdras (atribuyéndolo a Moisés) hacia el año 398 a.C.

(g) Finalmente, uno o varios recopiladores habrían amalgamado todos estos heterogéneos componentes para producir el actual Pentateuco. Así, en palabras de los exponentes de esta postura: «al inicio del siglo II a.C., la ley formaba un todo completo, no suponiendo nadie, de una manera verosímil, su carácter compuesto. No nos arriesgamos si fijamos la fecha de su finalización en alrededor del s. 300 a.C.» (<£sterley y Robinson, Introduction to the Books of the Old Testament, p. 63; cfr. asimismo L. Gautier, Introduction a l'Ancien Testament; contrastar con los descubrimientos de Qumrán, cfr. QUMRÁN [MANUSCRITOS DEI, sección V, «cueva 1, ZQ», en el apartado Literatura bíblica, y sección VIII, Literatura bíblica, AT).

 

Refutación.

No faltan argumentos para mostrar la carencia de base e inverosimilitud de esta torre de hipótesis montada sobre hipótesis y lo alejado que está este esquema de los hechos.

(a) Esta hipótesis implica la negación de la veracidad del AT en su práctica totalidad. No afecta solamente a detalles ocasionales o a ínfimas inexactitudes. El mismo Wellhausen lo reconoció así.

(b) Se pretende que la Ley no llegó a constituir un todo completo hasta el inicio del siglo II a.C.; sin embargo, la versión LXX es la traducción griega del AT desde mediados del siglo III a.C., comenzando, desde luego, por el Pentateuco. Es insostenible la pretensión de que la redacción del Pentateuco hubiera estado apenas acabada sin que sus ilustres traductores conocieran este hecho.

(c) El descubrimiento por parte de los «críticos» de tal multitud de «fuentes» para nuestro texto actual se remonta a 100 o 200 años como máximo (y vale la pena hacer constar que estos «descubrimientos» se han basado en un escepticismo previo de los «investigadores», y no al revés). Estos «críticos» deberían dar respuesta satisfactoria al hecho de que los judíos, tan estrictamente conservadores y tan leales a la persona y obra de Moisés, no se hubieran dado cuenta de que se le atribuía la paternidad de tantos documentos falsos, y de cómo llegaron a aceptar, sin protestar vehementemente, la imposición de todos estos diferentes cuerpos legislativos, con todas sus múltiples exigencias, y ello apelando falsamente al nombre de Moisés. En este contexto se pueden citar unos extractos del ya citado Eichhorn, que fue un célebre erudito racionalista alemán, no creyente en absoluto en la inspiración, pero que escribió lo siguiente acerca del tema de la pretendida falsificación de la historia bíblica:

(A) «No surgen de la inventiva de un falsificador individual. Todo aquel que esté dotado de un conocimiento adecuado y que investigue con imparcialidad la cuestión de si los escritos del AT son genuinos tendrá que dar forzosamente una respuesta afirmativa. Ningún engañador hubiera podido falsificarlos todos. Esto es lo que proclama cada página del AT. ¡Qué variedad de lenguaje y de expresión! Isaías no escribe como Moisés, ni Jeremías como Ezequiel; y entre éstos y cada uno de los profetas menores hay puesta una gran sima que no se puede pasar. El edificio gramatical del lenguaje de Moisés presenta mucho que es singular; en el libro de los Jueces aparecen provincialismos y barbarismos. Isaías se expresa en palabras ya formadas en una nueva forma; Jeremías y Ezequiel están repletos de arameismos. Recapitulando, cuando se pasa de escritores asignados a una época temprana a escritores de una época posterior, se halla en el lenguaje un declinar gradual, hasta que finalmente degenera en una mera forma de expresión aramea.

»Vienen a continuación las discrepancias en el círculo de las ideas y de las imágenes. Los instrumentos de cuerda suenan fuerte cuando son tañidos por Moisés e Isaías; el tono es suave cuando es David quien los toca. La musa de Salomón brilla con todo el esplendor de una corte de gran lujo; pero su hermana, en hábitos sencillos, va vagando, como David, entre los arroyos y las riberas, en los campos y entre los rebaños. Hay poetas originales, como Isaías, Joel, Habacuc; otro copia, como Ezequiel. Uno se lanza al camino solitario del genio; otro se desliza por el camino que sus predecesores han dejado marcado. De uno destellan rayos de erudición, en tanto que su compañero no da evidencias de haber sido influenciado por una sola chispa de literatura. En los escritores más antiguos se transparenta claramente el colorido egipcio; en sus sucesores se van haciendo más y más pálidos, hasta que desaparecen.

»Finalmente, se da, en maneras y costumbres, la más fina de las gradaciones. Al principio, todo es sencillo y natural, como lo que se puede apreciar en Homero, y entre los árabes beduinos hasta el día de hoy; pero esta noble simplicidad va perdiéndose gradualmente hacia el lujo y afeminamiento, desapareciendo al final en la espléndida corte de Salomón.

»No se da en lugar alguno un salto repentino; en todo lugar el progreso es gradual. Nadie sino los ignorantes y los escépticos inconscientes pueden imaginar que el AT haya sido falsificado por un engañador.

(B) »No son (los escritos del AT) el invento de muchos engañadores.

»Pero alguien podría replicar: 'Quizá muchos falsificadores hicieron causa común y, en una misma época, en algún período posterior, prepararon los libros en cuestión.' Pero ¿cómo hubieran podido de una manera tan totalmente acorde con el progreso del entendimiento humano? Y, ¿cómo hubiera sido posible, en tiempos posteriores, recrear el lenguaje de Moisés? Esto va más allá de la capacidad humana. Finalmente, un escritor presupone la existencia de otro. No hubieran podido haber surgido al mismo tiempo; tienen que haber existido en sucesión.

»Entonces se podrá aún objetar: 'Es posible que tales falsarios surgieran en tiempos distintos, y que fueran prosiguiendo hacia adelante en la introducción de libros supuestamente antiguos, desde allí donde se habían detenido sus engañosos predecesores. Es de esta manera que se podrían explicar todas las referencias a anteriores escritores; de esta manera podemos explicar la notable gradación existente en todas sus partes.'

»Pero, en primer lugar, ¿cómo es posible que nadie hubiera descubierto el fraude, denunciándolo, y poniendo una marca de infamia sobre el falsificador, a fin de que la posteridad quedara libre de todo daño? ¿Cómo podía ser una nación engañada con frecuencia y en diferentes períodos? En segundo lugar, ¿qué propósito podía tener un tal engañador? ¿Acaso el de hacer una eulogias de la nación hebrea? En tal caso sus eulogias son las más duras de las sátiras porque, en base al AT, la nación hebrea ha actuado de una manera degradante. ¿Acaso quería degradarlos? En tal caso, ¿cómo consiguió imponer sus falsos libros sobre la misma nación a la que difamaba, y cuya historia de derrota y humillación bajo poderes extranjeros es relatada en palabras claras y duras?» (Johann O. Eichhorn, Introduction to the Old Testament, traducción al inglés de Stuart, citado en J. N. Darby: «The Irrationalism of Infidelity», PP. 202-203, en The Collected Writings of J. N. Darby, vol. 6, APOLOGETIC).

 

A esto se debe añadir el capital reconocimiento que hacen todos los autores del AT y del NT, así como el mismo Señor Jesús, de la mosaicidad de los primeros libros de la Biblia. En base a las pretensiones de la llamada crítica moderna, todos estaban equivocados y sometidos a una serie de prejuicios que sólo el escepticismo moderno ha podido superar.

(d) El Pentateuco Samaritano (véase PENTATEUCO SAMARITANO) representa un texto que, según se cree, fue llevado a Samaria después de la deportación de las diez tribus (722 a.C.), en la época de la construcción del templo del monte Gerizim (2 R. 17:28). Otra antigua tradición afirma incluso que se trata de una copia conservada en el reino del norte a partir del reino de Roboam. Sin embargo, el Pentateuco Samaritano (aparte de algunas diferencias textuales de muy pequeña extensión) es el mismo que el de la LXX y de los Masoretas; fue redactado mucho antes de lo que aceptan los críticos, derrumbándose con ello todas sus teorías acerca de las fechas de redacción. Sería muy inverosímil pretender que los samaritanos, violentamente hostiles a los judíos, hubieran aceptado más adelante en su historia todo el código de leyes de manos de sus enemigos declarados.

(e) Un argumento que presenta el erudito conservador Alfred Edersheim sosteniendo la antigüedad del Pentateuco es como sigue:

«Los más superficialmente familiarizados con la moderna controversia teológica, son conscientes de que ciertos opositores de la Biblia han dirigido, de manera especial, sus ataques contra la antigüedad del Pentateuco, aunque no han llegado aún a un acuerdo entre ellos mismos acerca de qué partes del Pentateuco fueron escritas por diferentes autores, ni por cuántos, ni por quiénes, ni en qué épocas, ni cuándo, ni por quién fueron finalmente recogidas en un solo libro. Ahora bien, lo que nosotros alegamos en relación con ello es: que la legislación del Pentateuco presenta evidencias de su redacción antes de que el pueblo estuviera establecido en Palestina. Llegamos a esta conclusión de la siguiente manera: Supongamos que un código de leyes e instituciones sea preparado por un legislador práctico (porque es indudable que estaban en vigor en Israel): mantenemos que ningún legislador humano hubiera podido ordenar un sistema para una nación ya establecida tal y como el que hallamos en el Pentateuco. El mundo ha visto muchas constituciones especulativas de la sociedad preparadas por filósofos y teóricos, de Platón a Rousseau y Owen. Ninguna de ellas hubiera podido haberse adecuado a un estado de una sociedad ya establecida. Además, ningún filósofo hubiera jamás imaginado ni pensado leyes tales como las dadas en el Pentateuco. Seleccionando sólo unas pocas, casi al azar, hagamos que el lector piense en aplicar (a Inglaterra por ejemplo) disposiciones tales como la de que todos los varones tenían que comparecer tres veces al año en el lugar que el Señor eligiera, o las relacionadas con los años sabáticos o del Jubileo, o las que tratan de las esquinas de los campos, o las que prohiben la toma de usura, o las relacionadas con las ciudades levíticas. Entonces que cada uno medite con seriedad si tales instrucciones hubieran podido ser propuestas por vez primera en la época de David, de Ezequías o de Esdras. Cuanto más se piensa en el espíritu y en los detalles de la legislación mosaica, más crece nuestra convicción de que estas leyes e instituciones sólo hubieran podido ser introducidas antes de que el pueblo se estableciera realmente en la tierra. Hasta allí donde se sepa, esta línea argumental no ha sido propuesta; sin embargo, parece necesario que nuestros oponentes confronten esta dificultad preliminar y, pensamos, insuperable, que se enfrenta a su teoría, antes que se nos pida que demos respuesta a sus objeciones críticas» (A. Edersheim, «Sketches of Jewish Social Life» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, reimpr., 1984). Por su parte, Darby apostilla: «Raras veces se ha propuesto algo tan absurdo como que Josías o Hulda no sólo persuadieran a toda una nación a la aceptación de un sistema nuevo, como ya ha sucedido a lo largo de la Historia, sino que además les hicieran creer que ellos y sus antepasados siempre habían vivido bajo este sistema desde los tiempos inmemoriales de Moisés.» (Colleted Writings, vol. 6, APOLOGETIC, p. 204.)

(f) Otro problema irresuelto por la tesis de Wellhausen es el del libro de Josué. Los críticos pretenden hallar en él, como en el Pentateuco, las «fuentes» J. E. D. P., y creen que tiene que formar parte del mismo conjunto. En tal caso, se suscita la pregunta de por qué los samaritanos no lo adoptaron con el Pentateuco. Además, las alusiones de Josué al libro de la Ley (Jos. 1:8; 8:31-32; 23:6) muestran con claridad que siempre ha formado una entidad separada. Es así que los judíos lo han considerado siempre, habiéndole dado en su canon un lugar bien diferenciado del de la «Ley». El término Pentateuco es equivalente a la expresión por la cual los judíos designaban «los cinco quintos de la Ley».

(g) El profesor R. Dick Wilson presenta sólidos argumentos lingüísticos en favor de la mosaicidad del Pentateuco («Is High Criticism Scientific?» y «Scientific Investigation of the Old Testament»). En tanto que se hallan términos de origen persa en Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester y Daniel, no se halla ninguno en el Pentateuco (a pesar de que el pretendido «Código Sacerdotal» sea atribuido a Esdras). Por otra parte, el profesor A. S. Yahuda ha señalado numerosas pruebas de la influencia egipcia en el lenguaje y forma de pensar del Pentateuco, lo que sólo se explica si el autor es Moisés. Está claro que hay en estos cinco libros diferencias de expresión, que son fácilmente explicables por los temas tratados y por los documentos utilizados. «No es científico rebuscar entre pasajes especiales, como las genealogías, los contratos solemnes, o las ordenanzas rituales, y agruparlos postulando un autor diferente, bajo el pretexto ¡de que el vocabulario utilizado es diferente!» (Manley, «Nouveau Manuel de la Bible», p. 131).

(h) A lo largo de la Biblia, la revelación es progresiva. Es cierto que los salmistas y los profetas recibieron datos más precisos acerca de la salvación, del Mesías, del porvenir y del más allá. Pero se debe observar que en el llamado «protoevangelio» de Gn. 3:15 ya había implícito todo un contenido que después se desarrolla en las siguientes revelaciones de Dios al hombre:

(A) la destrucción del poder de la serpiente,

(B) por la simiente de la mujer. En realidad, este pasaje es una síntesis maestra de la obra maestra de salvación que iba a llevar a cabo Dios hecho hombre y nacido de una virgen sin intervención de padre alguno. Este hecho evidente de explicitación de las doctrinas es contradictorio con la atribución de una fecha tan tardía a los pretendidos «documentos».

(i) La existencia de las leyes e instituciones del Pentateuco en época temprana queda testificada por las numerosas alusiones que se hallan en los profetas más antiguos. Para no verse obligados a admitir que estas leyes e instituciones existían ya bien antes del siglo VIII a.C., se alega que estos pasajes han sido introducidos tardíamente, por interpolación en las obras proféticas auténticas; pero no se tiene ni una sola prueba genuina en favor de esta afirmación. Además, el examen de los libros de los profetas da evidencia de que estas alusiones al Pentateuco están ligadas de una manera indisoluble con su contexto, constituyendo una parte esencial del discurso de estos siervos de Dios.

(j) La hipótesis del origen tardío de las instituciones judías forma parte de una falsa concepción de la civilización antigua en la época de Moisés. La teoría de la evolución, que hoy en día es muy combatida, estaba en boga hace 125 años, e influenció una gran parte de la teología. Se creía que Moisés ignoraba el arte de la escritura, y que no tuvo a su disposición nada con lo que mantener registros escritos por sí mismo; sin embargo, se ha demostrado ya que la escritura estaba bien extendida en el mundo antiguo desde muchos siglos no sólo antes de Moisés, sino antes del mismo Abraham. Se pensaba que era imposible dar a tribus semisalvajes un código de leyes y un ritual tan elaborado como el del Pentateuco; por ello, se pretendía que todo lo que estuviera desarrollado desde el punto de vista social, legal, religioso y espiritual tenía que ser forzosamente tardío. Desde entonces, las modernas investigaciones históricas y arqueológicas han demostrado que tanto los babilonios como los egipcios, y otros reinos locales o de carácter regional, poseían una civilización, legislación y ritual sumamente detallados antes del surgimiento de Moisés. Es innegable que los israelitas tenían una plena capacidad para recibir en Sinaí las leyes y normas dadas por Dios por medio de Moisés. Vino a recibir también una nueva revelación de un Dios que es Espíritu, santo, misericordioso, único, con el que la nación entró en una nueva relación por medio del Pacto. Así Moisés vino a ser el mediador del Pacto y el expositor de las grandes verdades de las que vino a ser depositario Israel para ser testigo de ellas a toda la humanidad. (Véanse MOISÉS, HAMMURABI, ALTAR, SACERDOTE, TABERNÁCULO, TEOCRACIA.)

 PENTATEUCO

tip, LIBR ARQU CRIT

ver, INSPIRACIÓN, MARDIKH, NUZU, SUMER, MOISÉS, PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO, ALTAR, PENTATEUCO (II), QUMRÁN, PENTATEUCO SAMARITANO

vet,

... Continua

 

Desde el punto de vista literario, se pueden aducir todavía algunas objeciones a la «teoría documental».

(a) Es imposible diferenciar los documentos basándose estrictamente en el principio de que ciertos términos característicos denuncian distintos redactores. Consideremos, por ejemplo, el empleo de diferentes nombres de Dios (idea que engendró esta hipótesis). El término Yahveh (traducido como Jehová) indicaría el documento J. Según esta teoría, este nombre, en Génesis, no debería estar en los documentos atribuidos a E y a P. Sin embargo, sí se halla (Gn. 5:29; 7:16; 14:22; 15:1, 2; 17:1; 20:18; 21:1 b, 33; 22:11, 14, 15, 16; 28:21). Por otra parte, el nombre Elohim (Dios) no debería hallarse en el pretendido documento J; sin embargo, se halla allí (Gn. 3:1-5; 4:25; 6:2, 4; 7:9; 9:26, 27; 33:5, 11; 43:14, etc.). Ello para no hablar del frecuente uso que se hace de la combinación de ambos nombres: Jehová Dios (Gn. 2:5, y en total once veces en este solo capítulo). Estos ejemplos, extraídos sólo de Génesis, y que sólo tratan de dos términos característicos, son suficientes para anular este pretendido criterio. Se intenta justificar la presencia de estos casos suponiendo que el compilador los introdujo a propósito en el texto, o que los sacó de otro documento. Se argumenta en ocasiones que el redactor de J empleó «con discernimiento» el término Elohim (Dios), argumento que en realidad destruye la teoría de los documentos. En efecto, si el redactor se pudo servir a propósito de tal expresión, pudo haberla empleado voluntariamente cada vez. Esto es lo que afirman los defensores de la mosaicidad del Pentateuco. Se puede afirmar que estas expresiones convienen al contexto y que están allí porque éste ha sido el designio del redactor. Elohim designa a Dios como Creador y sustentador del universo y dueño de todas las criaturas. Yahveh evoca al Dios de gracia y que se revela al hombre (véase DIOS [NOMBRES DE]). Por otra parte, es insostenible la pretensión de que «El» y «Yah» fueran términos tardíos para referirse a la deidad. Hay evidencias claras del uso de estos nombres en descubrimientos arqueológicos de tabletas de arcilla escritas en cuneiforme de antes de la época de Abraham (véase MARDIKH [TELL]).

(b) El argumento de la continuidad que presenta cada documento por separado no resiste el examen.

Documento J: Se pretende que el relato que acaba en Gn. 4:25, 26 se reanudaría en 5:28 b, 29; 6:(1-4) 5-8; de allí, pasaría a 7:1-5. Así, J no daría más que unos fragmentos separados, ignorando totalmente el origen del arca. Se asigna también a J: Gn. 10:21, 25-30; 11(1-9), 28-30; 12:1-4 a. Pero, en tal caso ¿quiénes eran Taré, Harán y Abram? El relato no tiene nada de seguido.

Veamos el documento P: el redactor P es el supuesto expositor de la creación (Gn. 1:1-2:4 a); así, dice en el versículo 31 del capítulo 1: «vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera». Después, una vez establecida la genealogía de Adán (Gn. 5:1-28 a), P declara de repente: «Se corrompió la tierra delante de Dios» (Gn. 6:11). ¿Cómo se corrompió, si P desconoce el episodio de la caída? El relato de los inicios de la vida de Abram queda asimismo cortado en porciones. En un texto atribuido a J, se atribuyen a P (¿por qué razones?) los siguientes versículos: Gn. 11:27, 31, 32; 12:4 b, 5; 13:6, 11 b, 12 a; 16:1 a, 3, 15, 16, 17. Los que creen en la mosaicidad del texto pueden, en cambio, demostrar la unidad del argumento, la ilación lógica de las ideas, el equilibrio de las partes, la gradación del relato. Lo que se afirma en este sentido es mucho más admisible que el inverosímil despiece en el que desemboca «el ejercicio de un ingenio mal dirigido» de los críticos (para citar una expresión del profesor Orr, «Problem of the OT», p. 237). Citando aún otro ejemplo a propósito de ello, Gn. 37 se convierte en un rompecabezas de 26 fragmentos, de los que tres no son más que un fragmento de versículo (¡!). Sobran los comentarios. (Véase GÉNESIS.)

(c) La teoría de los relatos paralelos, de estilos y por ello de autores diferentes, se muestra falsa, precisamente en el único caso en que puede ser controlada por pruebas externas. Se pretende que en el relato del diluvio aparece dos veces la descripción del cataclismo, en tres versículos sucesivos: «.. aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas» (Gn. 7:11, «documento P»); y «al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra... y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches» (Gn. 7:10 y 12, «documento J»). Según se dice, habría aquí dos estilos diferentes: uno lleno de vida, de poesía; el otro árido, limitándose a informar de los hechos. Pero los babilonios y los asirios nos han transmitido un relato del diluvio; comparándolo con el de Génesis, presenta las mismas repeticiones que se han pretendido como «relatos paralelos» cuando se trataba de Génesis; se encuentran las mismas variaciones de estilo en los pasajes correspondientes de la narración asirobabilónica. Así, las diferencias de estilo no constituyen ninguna dificultad para los que aceptan la paternidad mosaica del Pentateuco: la variedad de temas tratados comporta forzosamente las diversas maneras en que se tratan.

(d) Las pruebas externas anulan asimismo el argumento de las pretendidas contradicciones de los «paralelos». Según el «documento P», Dios advertiría a Noé de la inminencia de un diluvio de aguas (Gn. 6:17), pero no le revelaría sus causas: nieve, lluvia, o una ola de aguaje. En cambio, según el «documento J», Dios habría advertido a Noé que entrara en el arca, porque siete días más tarde Él haría llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches (Gn. 7:4). Sin embargo, el relato asirio apoya aquí la estructura del hebreo: no se trata de dos relatos diferentes, sino de acontecimientos sucesivos. En efecto, en el relato asirio, como en Génesis, el hombre es primero advertido que construya una nave para escapar a la muerte por las aguas; más tarde, en ambos casos, se precisa que el cataclismo vendrá en forma de lluvia. El relato de Génesis evidentemente no refleja una mera tradición transmitida por los hebreos, sino recogida por escrito bajo inspiración. Su sobriedad contrasta violentamente con el contenido del relato asirobabilónico. La postura que se basa sobre estas pretendidas contradicciones y diferencias de estilo, con el fin de asignar el texto a autores diversos, no resiste un examen detenido. Para una consideración completa de toda esta cuestión véase la bibliografía que se da a continuación. (Para un análisis de los relevantes descubrimientos del mar Muerto, incluyendo fragmentos de Levítico del siglo V a. C., véase QUMRÁN [MANUSCRITOS DE.)

 

Bibliografía:

Aalders, G.: «A Short introduction to the Pentateuch» (Intervarsity, s/f);

Allis, O. T.: «God Spake by Moses» (Presbyterian and Reformed, Philadelphia, 1958),

Allis, O. T.: «The Five Books of Moses» (Reformed and Presbyterian, Philadelphia, 1969),

Allis, O. T.: «The Old Testament, Its Claims and his Critics» (Presbyterian and Reformed, Nutley, N. J., 1972);

Darby, J. N.: Escritos acerca del Pentateuco, su paternidad mosaica y antigüedad, véanse «The Collected Writings of J. N. Darby», vol. 6, PP. 201-209, 267-269; vol. 9, PP. 360-370; vol. 23, PP. 82-114; vol. 29, PP. 65-66; 69-71 (Kingston Bible Trust, Lancing, Sussex, 1964);

Hocking, W. J.: «The Lord's Testimony to the Mosaic Authorship of the Pentateuch» en The Bible Treasury abril-junio 1892 (H. L. Heijkoop, Winschoten, Holanda, reimpr , 1969),

Keil y Delitzsch: «Commentary on the Old Testament: The Pentateuch» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, reimpr 1981)

Kelly W.: «The Pentateuch and its Critics» en The Bible Treasury, dic. 1912-junio 1913,

Lewis, C. S.: «Modern Theology and Biblical Criticism», en Christian Reflections (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1967),

M'Caul, A., D. D.: «Positive Testimony to the Pentateuch», en The Bible Treasury, sept 1904 mayo 1905.

McDowell J.: «Evidencia que exige un veredicto» Vol. II (Clie, Terrassa, 1988);

Whitfield, E. W.: «The Vatican and the Criticism of the Pentateuch», en The Bible Treasury, sept. 1906;

Wiener, H. M. y Kyle, M. G.: artículo «Pentateuch», en ISBE, vol. IV, PP. 2298-2312 y 2312A-2312D (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1946);

Wilson, R. D.: «A Scientific Investigation of the Old Testament» (Marshall Ltd., Londres, 1926);

Young, E.: «Una introducción al Antiguo Testamento» (T.E.L.L. Grand Rapids, 1964).

 PENTATEUCO SAMARITANO

tip, LIBR

ver, PENTATEUCO (II), MASORETAS

vet,

Los samaritanos poseían el Pentateuco hebreo mencionado por Jerónimo, Eusebio y otros de los llamados Padres de la Iglesia. En 1616 Pietro della Valle consiguió comprar una copia a los samaritanos de Damasco, que pasó en 1623 a la Biblioteca del Oratorio en París. A fines del siglo XVIII habían llegado a Europa otras quince copias más o menos completas, a las que posteriormente se añadirían otras. Morin (Morinus), que publicó en 1632 el Pentateuco Samaritano, estimó que el texto samaritano era muy superior al de los masoretas (Véase MASORETAS).

Durante casi dos siglos hubo controversias acerca de este tema. En 1815, Gesenio, un célebre hebraísta, una vez hubo examinado minuciosamente el texto samaritano, declaró que en realidad era muy inferior al texto masorético, y de un valor crítico mediocre. La mayor parte de los rollos samaritanos, conteniendo el Pentateuco completo o ciertas partes de él, no es considerada anterior al siglo X de la era cristiana; uno o dos de ellos, que se conservan en Nablus (la antigua Siquem) son considerados más antiguos. Los diversos rollos samaritanos están escritos en caracteres análogos a los de las monedas de la época de los macabeos, que los judíos empleaban antes de la introducción del hebreo cuadrado, aunque presenta diferencias. El texto samaritano difiere frecuentemente del texto hebreo de los masoretas. En Dt. 27:4, Moisés ordena al pueblo que levante, cuando haya atravesado el Jordán, grandes piedras sobre el monte Ebal, y encalarlas, para escribir sobre ellas la Ley. Con el fin de aumentar la veneración por su montaña sagrada, los samaritanos reemplazaron en su texto el término Ebal por el de Gerizim; hay otras variantes de menor importancia. La mayor parte de ellas provienen de errores fortuitos de escribas, aunque hay algunas que tienen que ser atribuidas a alteraciones deliberadas. Hay alrededor de 2.000 pasajes en los que el texto samaritano concuerda con la LXX y no con las lecturas hebreas, lo que indica que los traductores de la LXX trabajaron con un texto hebreo muy análogo al de los samaritanos.

La fecha en que los samaritanos entraron en posesión, y las circunstancias en que lo hicieron, se transforman en una asunto muy interesante y de mucho peso en la cuestión de la antigüedad del Pentateuco. Según una tradición antigua aún muy acreditada, lo copiaron de un escrito sagrado que se poseía con anterioridad al cisma del año 931 a.C. (bajo Roboam). Según otra tradición, el Pentateuco les habría venido con el sacerdote encargado de instruir a los colonos traídos de Asiria para repoblar Samaria después de la deportación de los israelitas, hacia el año 722 a.C. (2 R. 17:28). También se piensa que el Pentateuco Samaritano hubiera podido ser llevado allí por un sacerdote renegado en la época de la construcción del templo de Gerizim (Ant. 11:7-8). Pero incluso aceptando una fecha tan tardía como la de Senballat y Manasés, esto es, la época de Nehemías (cfr. Neh. 13:28), hay importantes consecuencias con respecto a la antigüedad del Pentateuco: Este hecho no sólo certificaría que el Pentateuco ya existía íntegro entonces, sino también que no era ni podía ser una compilación de aquellos tiempos. Manasés, que era de la línea del sumo sacerdote, quedó excluido de esta función debido a que rehusó separarse de su esposa pagana tal y como la Ley lo demandaba. En lugar de protestar contra la Ley como no genuina, pasó a mantener su yugo sobre sus partidarios samaritanos. Esta conducta sólo puede ser explicada por la firme convicción de Manasés de la genuinidad del Pentateuco. Fuera como fuera, el Pentateuco existía entonces, y fue preservado en una línea de copia independiente por los samaritanos.

No se debe confundir el Pentateuco Samaritano con una versión del Pentateuco al dialecto samaritano de los inicios de la era cristiana. Los samaritanos poseen asimismo una versión árabe del Pentateuco fechada en los siglos XI o XII d.C., y otros escritos bíblicos.

 

Bibliografía:

Davidson, S.: «Treatise on Biblical Criticism» (1852);

Hengstenberg, E. W. (1827-69): «Authentie des Pentateuches».

Thompson, J. E. H.: «Pentateuch, the Samaritan» artículo en ISBE, vol. IV PP. 2313-2318 (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1946).

Véase también Bibliografía en el artículo PENTATEUCO.

 PENTECOSTÉS o FIESTA DE LAS SEMANAS.

tip, CALE

ver, LENGUAS, ESPÍRITU SANTO, IGLESIA, CREACIÓN (Nueva), SÁBADO

vet,

La segunda de las tres solemnidades anuales (Pascua, Fiesta de las Semanas y Fiesta de las Cabañas o de los Tabernáculos) en las cuales todos los varones israelitas se debían presentar en el santuario. Era la primera de las fiestas que tenía que ver con la cosecha (Éx. 34:22, 23; 2 Cr. 8:12, 13; 1 R. 9:25). Recibía el nombre de Fiesta de las Semanas porque su fecha estaba fijada en siete semanas después de la ofrenda de la gavilla de cebada (Lv. 23:15, 16; cfr. Dt. 16:9, 10). La gavilla era mecida al día siguiente de un sábado (Lv. 23:11).

La opinión más acreditada sitúa este día en el primer día de la Fiesta de los Panes sin levadura. Así lo presenta la LXX (Lv. 23:7, 11), al igual que los organizadores de los servicios del templo de Zorobabel (Ant. 3:10, 5). Así, la Fiesta de las Semanas tomó el nombre de Pentecostés debido a que se celebraba en el día quincuagésimo a partir del mecido de la gavilla (en gr. «Pentecostés» significa «quincuagésimo»; cfr. Hch. 2:1).

También recibía el nombre de fiesta de la siega, o día de las primicias, por cuanto la siega del trigo acababa casi en toda Palestina en este tiempo, y se procedía a ofrendar dos panes de trigo nuevo (Éx. 23:16; 34:22; Nm. 28:26).

En este día se suspendía todo trabajo: había una solemne convocación (Lv. 23:21; Nm. 28:26; Lv. 23:17, 20; cfr. Lv. 34:22; Nm. 28:26; Dt. 16:10). Además de los dos panes simbólicos, se ofrecía un holocausto de diez animales; se inmolaba asimismo un macho cabrío en ofrenda de expiación y dos corderos en sacrificio de acción de gracias (Lv. 23:18, 19).

En Israel la fiesta no duraba más que un día, pero los judíos que residían fuera del país la celebraban dos días seguidos. Durante Pentecostés, como durante las otras fiestas, los israelitas debían hacer presentes a los pobres (Dt. 16:11, 12).

En una época tardía, los rabinos alegaron una relación, que no se menciona en el AT, entre la fecha de la promulgación de la Ley en el Sinaí y Pentecostés. Pero no se puede demostrar que la Ley de Moisés fuera dada exactamente cincuenta días después de la salida de Egipto.

El Pentecostés más decisivo fue el que tuvo lugar después de la resurrección y ascensión de Cristo. A la hora tercia (hacia las 9 de la mañana), el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y sobre alrededor de ciento veinte discípulos (Hch. 2:15-21). Así es como fue fundada la Iglesia. El Espíritu Santo fue dado, sin distinción de edad, de sexo o de condición social, a todos los que estaban reunidos en el aposento alto (Hch. 2:1-4, 14-21). (Véase LENGUAS [DON DE].) En el pasado, el Espíritu había sido otorgado con poder a los profetas y a ciertos creyentes, pero el primer Pentecostés cristiano marca el inicio de la dispensación del Espíritu. Desde aquel entonces, los dones del Espíritu Santo son dados a los creyentes, sellados por Él, y son en consecuencia exhortados a ser llenos de Él (Hch. 1:8; 2:38-39; Ef. 1:12-13; 5:18), y ello sin la observancia de ritos particulares. Dios había suscitado en el pasado al pueblo de Israel, al que se reveló de una manera especial. En la actualidad, en esta nueva dispensación, el Señor actúa por medio de la Iglesia, de la que el Espíritu es el vínculo de unión, fortificándola, acrecentándola y edificándola sobre la tierra (Hch. 2:39; Ef. 1:22, 23; véanse ESPÍRITU SANTO, IGLESIA).

Es de destacar que la misma Ley de Moisés haya situado esta fiesta tan importante al día siguiente de un sábado (en efecto, el día cincuenta caía el día después de siete sábados). De la misma manera, la resurrección de Cristo y el descenso del Espíritu, con la consiguiente fundación de la Iglesia, tuvieron lugar en el primer día de la semana, día característico de la nueva creación (véanse CREACIÓN [NUEVA] y SÁBADO).

 PEÑA. Véase ROCA.

 PEOR

tip, MONT DIOS

ver, DIVINIDADES PAGANAS

sit, a3, 599, 57

vet,

= «abertura, grieta».

(a) Monte de Moab, frente al desierto (Nm. 23:28). Desde lo alto de esta cumbre se veía Sitim y el campamento de los israelitas (Nm. 24:2).

En la época de Eusebio y de Jerónimo, se seguía llamando Peor a una montaña que se elevaba frente a Jericó, por el camino de Hesbón, por encima o al este de Livias, que en la actualidad recibe el nombre de Tell er-Rãmeh. Así, Peor debía ser uno de los picos de la cadena de los Abarim, cerca del Wadi Hesbãn.

(b) Divinidad moabita, que recibía frecuentemente el nombre de Baal-peor (señor de Peor); recibía culto sobre el monte Peor (cfr. Nm. 25:18; 31:16; Jos. 22:17). (Véase DIVINIDADES PAGANAS, a.)

 PEPINO

tip, ALIM FLOR

vet,

(heb. «kisshu'»).

Planta cucurbitácea que consumían los israelitas en Egipto y que desearon ansiosamente cuando, en la peregrinación por el desierto, se vieron privados de ella (Nm. 11:5).

Se trata del «Cucumis chate», muy corriente en Egipto y más dulce que el pepino ordinario, el «Cucumis sativus». Se cultivaba en los huertos de la tierra de Israel (Is. 1:8; cfr. Baruc 6:69). Estas dos especies crecen en la actualidad en Israel.

 PERDICIÓN

tip, DOCT

ver, CASTIGO ETERNO

vet,

Hay una treintena de palabras hebreas y seis griegas que se traducen «destrucción» o «perdición» (gr. «apoleia»). Algunas de ellas se aplican a pérdida o devastación experimentada en esta vida, y otras a una perdición futura y eterna. No hay sugerencia alguna en las Escrituras a ninguna aniquilación en ninguno de los pasajes, como tampoco hay aniquilación en el reino de lo material. Hay pasajes en los que se habla de la destrucción como un estado de existencia: «El Seol y el Abadón (destrucción) están delante de Jehová» (Pr. 15:11) «El Seol y el Abadón nunca se sacian» (Pr. 27:20).

En el NT se habla de «la perdición de los hombres impíos» (2 P. 3:7), y «de aquellos que retroceden para perdición» (He. 10:39). Se expone que es «espacioso el camino que lleva a perdición» (Mt. 7:13). El traidor que entregó a Jesús era «hijo de perdición» (Jn. 17:12) apelativo que recibe también el Inicuo que se ha de manifestar como el Anticristo en el futuro (2 Ts. 2:3). También la bestia está «para subir del abismo e ir a perdición» (Ap. 17:8). En 2 Ts. 1:9 se expresa el carácter de esta perdición y su duración: es una eterna exclusión de la presencia del Señor.

Para un examen más completo de lo que comporta esta eterna exclusión de la presencia de Dios, de lo inenarrable del sufrimiento y desesperanza de la perdición, véase CASTIGO ETERNO.

 PERDIZ

tip, FAUN AVES ALIM

vet,

(heb. «Kõrê», «el vocinglero»).

Ave silvestre que los cazadores perseguían por los montes de Israel (1 S. 26:20). La perdiz enjaulada servía de reclamo (Eclo. 11:30). Jeremías habla de la perdiz empollando huevos no puestos por ella (Jer. 17:11). Según los exegetas, este pasaje es oscuro y de difícil traducción.

Se halla en Israel la perdiz del desierto («Ammoperdrix heyii»). Es la única especie extendida por En-gadi, en el desierto donde estaba David cuando se compara con una perdiz perseguida. Hay otra especie, la «Caccabis chukar», por las zonas montañosas de Judea y Samaria. Se trata de una variedad de la perdiz griega, «Caccabis saxatilis», de menor tamaño.

 PERDÓN

tip, DOCT

ver, EXPIACIÓN

vet,

Hay cuatro términos heb. que se traducen perdón:

(a) «kaphar», «cubrir» (Dt. 21:8; Sal. 78.38, Jer. 18.23). Este término se traduce también «expiación» (véase EXPIACIÓN).

(b) «Nasa», llevar, quitar (culpa). Fue usada por los hermanos de José cuando le pidieron que les perdonara (Gn. 50:17; Dios la usa al proclamar que Él es un Dios «que perdona la iniquidad la rebelión y el pecado»: Éx. 34:7; Nm. 14:18) y al describir la bienaventuranza del hombre, «cuya transgresión ha sido perdonada, cubierto su pecado» (Sal. 32:1).

(c) «Salach», «perdonar», se usa sólo del perdón que da Dios. Se emplea con referencia al perdón relacionado con los sacrificios: «obtendrán perdón (Lv. 4:20, 26), «será perdonado (Lv. 4:31, 35; 5:10, 13, 16, 18, etc.). Aparece en la oración de Salomón en la dedicación del Templo (1 R. 8:30, 34, 36, 39, 50). También en el Sal. 103; Jer. 31:34; 36:3; Dn. 9:19.

En el NT se usan varios términos:

(a) «aphesis», de «aphiêmi», «enviar de, liberar, remitir», que se traduce en varias ocasiones «remisión».

(b) «Aphiêmi» se traduce «perdonar» que además de «despedir», «entregar», «remitir», se traduce también por el verbo «perdonar».

(c) «Apoluõ», que además de significar «dejar», «despedir», etc., se traduce también «perdonar».

(d) «Pheidomai», «dejar», «escatimar», se traduce también como «ser indulgente» y «perdonar».

(e) «Charizomai» se traduce, en varias ocasiones, como «perdonar» (entregar, dar, conceder, dar gratuitamente). Todas estas palabras se aplican al perdón concedido por Dios, así como al dado por una persona a otra.

Hay varios aspectos del perdón que nos son presentados en las Escrituras:

(a) La mente y el pensamiento de Dios mismo hacia el pecador al que Él perdona. Sobre la base del sacrificio de Cristo, Dios no sólo deja de considerar culpables a aquellos que tienen fe en la sangre de Cristo, sino que además les concede Su favor. «Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones» (He. 10:17). Así, todo sentido de imputación de pecado desaparece de la mente de Dios. «Dios también os perdonó a vosotros en Cristo» («echarisato», perdonado en gracia; Ef. 4:32). Igualmente en el AT: «Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia» (Os. 14:4).

(b) El culpable es liberado, perdonado. «Para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados» (Hch. 26:18). «Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones» (Sal. 103:12). «Vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre» (1 Jn. 2:12). Esto es cierto de todos los cristianos: que sus pecados les han sido perdonados. Hay otro concepto incluido en el perdón de los pecados, esto es, que al tener redención en Cristo, lo que introduce al creyente a un nuevo estado, se olvida todo el pasado de culpa, y es eliminado de él, de manera que no hay obstáculo alguno para el goce de aquello a lo que introduce la redención.

El principio general en cuanto al perdón aparece en 1 Jn. 1:9: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». Ello involucra honestidad de corazón, tanto si se trata de un pecador que acude por vez primera a Dios, o de uno que ya es hijo de Dios, y que ha contristado el corazón del Padre al pecar. Los dos aspectos anteriormente mencionados se dan también aquí. La fidelidad y justicia de Dios en perdonar, y nuestra purificación de toda injusticia. Dios es fiel a Su propio carácter de gracia revelado en Su Hijo, y justo por medio de la propiciación que Él ha hecho.

(c) Si un cristiano es «excomunicado» de la comunión de la iglesia, y se arrepiente, es perdonado y restaurado (2 Co. 2:7, 10). Esto, naturalmente, es distinto del acto de Dios en el perdón de los pecados, y puede recibir el nombre de perdón administrativo en la iglesia; y si la actuación en disciplina es conducida por el Espíritu, queda ratificada en el cielo (cfr. Jn. 20:22, 23). Esto es totalmente diferente de cualquier pretendida «absolución» que pueda ser pronunciada pretendiendo un poder para el perdón judicial o paternal de los pecados, lo cual es competencia exclusiva de Dios, bien acogiendo al pecador arrepentido, bien perdonando al hijo extraviado.

(d) Hay también el perdón «gubernamental» en relación con el gobierno de Dios aquí en la tierra en el tiempo, tanto por parte de Dios como entre los mismos creyentes, unos a otros (Is. 40:1, 2; Lc. 17:3; Stg. 5:15, 16; 1 Jn. 5:16). Somos llamados a perdonarnos unos a otros; si nos entregamos a un espíritu duro e implacable, no debemos esperar que nuestro Padre nos perdone en Sus tratos en gobierno (Mt. 6:14, 15).

 PEREA

tip, PAIS

sit, a3, 570, 25

vet,

(gr.: «el país de más allá»).

País entre el Jaboc y el Arnón, al otro lado del Jordán (Guerras 3:3, 3); cfr. el sentido y la situación de Abarim.

El nombre de Perea servía asimismo para designar un territorio más vasto, ya que Josefo afirma que Gadara, a orillas del Yarmuk, era la capital de Perea (Guerras 4:7, 3).

 PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO

ver, RAMESÉS, HICSOS, EGIPTO, ÉXODO

vet,

Las experiencias de los israelitas en su estancia en el desierto, desde su salida de Egipto hasta su entrada en Canaán, durante cuarenta años. Los israelitas fueron siempre dirigidos por Dios en cuanto a sus viajes y cuándo y dónde plantar y levantar el campamento, haciéndolos andar errantes debido a su pecado (cfr. Nm. 32:13).

(a) Límites y extensión del desierto.

Este gran país desértico presenta la forma de un triángulo, cuya base está constituida por la costa sureste del Mediterráneo y por la frontera meridional con Palestina. Su límite occidental está formado por las depresiones en las que se hallan el golfo de Suez y los lagos Amargos. El lado oriental corre a lo largo del golfo de Ákaba y de la depresión del Arabá. La base del triángulo mide alrededor de 322 Km., y su superficie es de alrededor de los 57.000 km2. Este territorio podría llamarse «desierto de las peregrinaciones», en árabe Bãdiyat et-Tîh, término éste que tan sólo se aplica a la altiplanicie situada al norte del Sinaí. Los pueblos de la antigüedad evitaban estas regiones estériles. Los israelitas fijaron los limites meridionales de la Tierra Prometida en la vecindad inmediata de este territorio. Los egipcios mantenían fortificaciones hasta allí donde comenzaba esta zona de desierto.

(b) Las cuatro regiones características de este territorio triangular.

(A) La parte arenosa, que se extiende como una franja a lo largo del Mediterráneo, desde Filistea hasta la frontera con Egipto y más allá. Esta franja gira hacia el sur, rebasa Suez a unos 16 Km. y se corresponde con el desierto de Shur (Gn. 16:7).

(B) Al norte y al centro, el triángulo está constituido por una altiplanicie calcárea, árida, con una altura entre los 600 y 762 m.; desciende hacia la zona arenosa de la costa mediterránea, y está cubierta de colinas al noreste. Una cadena de montes de 1.220 metros y más de altura encierra el resto del perímetro. Esta cadena recibe en la actualidad el nombre de Jebel et-Tîh. En medio de este vasto territorio desértico hay lechos de torrentes que sólo llevan agua cuando se dan lluvias. La altiplanicie calcárea, con sus ramificaciones montañosas al noreste, se llamaba desierto de Parán (Nm. 10:11, 12; 13:26; 1 S. 25:1). Los israelitas vagaron por esta región durante treinta y ocho años. A esta región, situada entre Horeb y Cades, se la llama «aquel grande y terrible desierto» (Dt. 1:19). Sin embargo, los wadis tienen algo de vegetación, especialmente después de las lluvias. En los alrededores de Cades, y a lo largo del Arabá, hay numerosas fuentes cuya agua puede ser aprovechada cavando pozos.

(C) Unos estratos de arenisca cruzan la península, al sur de la cadena de Jebel et-Tîh. Esta zona, también arenosa, tiene una altura de alrededor de 457 m. Es muy rica en yacimientos minerales.

(D) La cuarta región del triángulo consiste en macizos calcáreos cerca del monte Sinaí.

(c) La peregrinación de cuarenta años en el desierto.

El registro bíblico afirma en varias ocasiones que había entonces seiscientos mil israelitas por encima de los veinte años de edad, lo que implicaría una población de unos dos millones de personas. Esta multitud subsistió en el desierto gracias a la ayuda y milagros de Dios. Cuando el pueblo estaba a punto de entrar en Canaán, Moisés les recordó que durante todas sus peregrinaciones Dios los había traído «como trae al hombre a su hijo» (Dt. 1:31). El milagro del maná se produjo por vez primera en el desierto de Sin, renovándose cotidianamente durante cuarenta años, hasta llegar a la frontera de Canaán (Éx. 16:1, 4, 14, 15, 35). El milagro de las codornices, dado como señal, fue limitado en el tiempo (Éx. 16:12, 13). En Refidim hallaron agua (Éx. 17:3-4). En el segundo año se les volvió a dar codornices durante un mes (Nm. 10:11; 11:4-6, 31). Al final de los cuarenta años, en Cades, Dios hizo salir agua de la roca (Nm. 20:2-11). Sin embargo, el pueblo sufrió mucho en el desierto, especialmente debido a sus murmuraciones y a su resistencia a Dios (Dt. 1:19; 8:15; Éx. 17:1, 2, 3; Nm. 20:2; 10:33 y 11:1, 34, 35; 21:4, 5, 6; Dt. 8:12-18). Ello no obstante, en último término el Señor pudo decir a Israel: «nada te ha faltado» (Dt. 2:7).

El relato bíblico muestra que el maná que los israelitas desdeñaron era un alimento suficiente, y que el agua les fue siempre facilitada, aunque alguna vez fue probada su fe acerca de ella. Notas importantes acerca del agua:

(A) los camelleros egipcios, en caso necesario, se abstienen de agua de la mañana hasta la tarde, cuando acompañan a viajeros a las regiones arenosas. El doctor Robinson informa que su guía árabe bebía la leche de las camellas, y que sus animales, tanto las ovejas como las cabras, pueden pasarse sin agua hasta tres y cuatro meses si pueden disponer de pasto (Researches 1.150). Es indudable que los israelitas transportaban odres llenos de agua, que llenaban en cada ocasión. En Éxodo (Éx. 15:22) se señala que al comenzar el viaje tenían agua para tres días de marcha. Los wadis secos o la llanura árida ocultan frecuentemente fuentes o corrientes de agua subterráneas que los israelitas hubieran podido aprovechar. Según el geólogo Fraas, los llamados pozos de Moisés, que se hallan en el desierto a poca distancia de Suez, son alimentados por una corriente de aguas subterráneas que provienen de los montes de er-Rahah, a una distancia de 16 a 22 Km. El wadi Gharandel, generalmente identificado con Elim, tiene una de estas corrientes subterráneas, a la que recurren los árabes cuando se seca la corriente a cielo abierto. Aunque se haya dado una sequía de dos o tres años, se encuentra agua al cavar (Robinson, Researches, 1:69, 167; Ritter, Erdkunde, 14:161, 185). Los israelitas conocían esta particularidad del desierto (Nm. 21:17, 18). Su emigración en masa no excluía la dispersión de algunos grupos, para aprovechar todos los recursos del desierto. Por otra parte, los israelitas podían actuar de diversas maneras para retener el agua. En la estación de las lluvias se dan verdaderas trombas de agua que desbordan los wadis. Al inicio de la era cristiana, los monjes del Sinaí y los nativos de los parajes de Cades elevaron diques a través de las barrancas, y cavaron cisternas en las que conservar el agua. Durante los treinta y ocho años de estancia en el desierto, los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob pudieron hacer perfectamente lo que ya habían hecho sus antepasados: cavar trincheras y hacer depósitos para el agua de la lluvia. Hay que señalar que un examen del itinerario de los israelitas en el desierto revela que durante los 38 años de estancia estuvieron siempre en las lindes de tierra habitada, entre Cades y Ezión-geber (véanse los mapas correspondientes).

(B) En la antigüedad, la península no estaba totalmente desprovista de árboles. Durante siglos suministró carbón vegetal procedente de las acacias, y que los árabes no se han molestado en repoblar. Son numerosos los exploradores del Sinaí que han observado sirviéndose de carbón vegetal: Bartlett en 1.874 («From Egypt to Palestine»); Burkhardt en 1812 (Erdkunde 14:274, 342). En una época muy anterior, los egipcios explotaban las minas de cobre en los montes del Oeste y seguían haciéndolo hasta bien después del éxodo de los israelitas. Se servían en ocasiones de vigas de madera de acacia para sostener los techos de las galerías. La fundición del mineral, practicada en gran escala, exigía grandes cantidades de leña (cfr. Palmer: «Desert of the Exodus» 1:205 y 26, 43, 231-235; Erkunde 14:786-787). A este respecto se debe recordar la desaparición de los grandes bosques de cedros del Líbano y de su consiguiente desertización. No se puede contemplar el éxodo de Israel y su peregrinación por el desierto desde la perspectiva de las actuales condiciones de extrema aridez. El desarbolamiento del Sinaí, que ya había empezado antes del éxodo, y que ha seguido hasta nuestros días, ha sido causa de una variación en la climatología, con la consiguiente disminución en la precipitación pluvial y el progresivo secamiento de la península. Cuando había más vegetación, las lluvias se daban en intervalos más regulares y menos apartados, como sucede con los lugares arbolados. Al llegar el agua con más regularidad y menos violencia, llenaba los wadis sin arrastrar la tierra ni la vegetación. Las fuentes eran más numerosas. Los cursos de agua no se desvanecían tan rápidamente, o quizás había algunos que fueran perennes. Bajo una dirección sabia y previsora por parte de un caudillo conocedor del desierto y de sus recursos, todo un pueblo podía vivir en esta zona si se llevaba a cabo una prudente administración del agua.

(d) El itinerario de los israelitas.

Lugares identificados: Sucot, en Egipto, al inicio del viaje. El Arnón, río al que el pueblo llegó al final de los cuarenta años, después de cruzar el desierto. Cades: Ain Kadis. Allí se estableció el campamento dos veces. Era el lugar desde donde los israelitas debían pasar directamente a la Tierra Prometida. Ezión-geber, donde el campamento se hallaba justo antes de la segunda marcha hacia Cades, y cerca de donde pasaron más tarde al dirigirse hacia el Arnón. El monte Sinaí es situado, unánimemente, en la península que lleva su nombre. El campamento de Mosera se hallaba adyacente al monte Hor, en los límites de Edom. Los pozos de Bene-jaacán y del monte Gidgad se hallaban asimismo cercanos a los límites de Edom. Punón se hallaba al este de Edom y al noreste de Petra. La identificación de estos lugares permite seguir el itinerario sin dudas de ningún género. La enumeración que hace Moisés de las etapas del viaje, a partir de Ramesés y de Sucot, se halla en Nm. 33, en el que los campamentos mencionados después de Sinaí son los lugares en los que estuvo el Tabernáculo. Los israelitas se podrían dispersar, en parte, por el desierto, para hallar pastos para el ganado. Cuando el pueblo se reunía, constituía un gran campamento, extendiéndose por diversas poblaciones cuando llegaba a lugares ya colonizados. Ésta sería la razón de que en ocasiones se den nombres diferentes para el mismo campamento (cfr. Nm. 25:1; 33:49). Los textos de Éx. 12 a Nm. 25 informan de las marchas y de los incidentes de la peregrinación. En su discurso de Deuteronomio, Moisés hace frecuentes alusiones a los acontecimientos que tuvieron lugar durante las marchas, sirviéndose de estos hechos para apoyar su argumentación pero no dándolos por orden cronológico.

 Etapas de la peregrinación.

La primera parte de su peregrinación desde Egipto fue de Ramesés al mar Rojo. Ramesés estaba al este del Nilo (véase RAMESÉS). El ramal occidental del mar Rojo se extendía indudablemente más al norte entonces, y no se puede determinar con exactitud en qué punto fue cruzado. El último campamento en que estuvieron los israelitas antes de pasar al mar Rojo fue Pi-hahirot. (Véase PI-HAHIROT).

Las etapas de la peregrinación que se mencionan son:

Éxodo Números

Ramesés, 12:37 Ramesés, 33:3

Sucot, 12:37 Sucot, 33:5

Etam, 13:20 Etam, 33:6

Pi-hahirot, 14:2 Pi-hahirot, 33:7

Paso del mar Rojo, Paso del mar Rojo

y tres días de y tres días de

marcha por el marcha por el

desierto de Shur, 15:22 desierto de Etam, 33:8

Se observará que, en Números, Etam es mencionado a ambos lados del mar Rojo. Este término ha sido interpretado como «límite del mar» (significado que Fürst cree dudoso, pero no da ningún otro); si es así, pudiera aplicarse a ambos lados. El desierto de Etam puede haber estado en ambos lados del golfo de Suez, como aparece en algunos mapas.

 

La segunda parte de la peregrinación fue desde el mar Rojo al monte Sinaí, al este del golfo de Suez, como se puede ver en los mapas. El desierto de Sin, el monte Sinaí y el Horeb han sido mayormente identificados. Las etapas de esta segunda parte son:

Éxodo Números

Mara, 15:23 Mara, 33:8

Elim, 15:27 Elim, 33:9

Campamento del

mar Rojo, 33:10

Desierto de Sin, 16:1 Desierto de Sin, 33:11

Dofca, 33:12

Alús, 33:13

Refidim, 17:1 Refidim, 33:14

Desierto de Sinaí, Desierto de Sinaí,

en el tercer mes del 33:15

primer año. 19:1

Los israelitas permanecieron en el Sinaí hasta el segundo mes del segundo año, período en el cual fue promulgada la Ley (Nm. 10:11; 33:16).

 

La tercera parte de su peregrinación fue desde Sinaí hasta Cades-barnea, unos ciento treinta kilómetros más al norte. De este viaje sólo se mencionan tres campamentos intermedios:

Tabera, Nm. 11:3; Dt. 9:22

Kibrot-hataava, Nm. 11:34 Kibrot-hataava, Nm. 33:16

Hazerot, Nm. 11:35 Hazerot, 33:17

Cades en el desierto Ritma, 33:18

de Parán, Nm. 12:16; 13:1-26

En Tabera ardió el fuego del Señor entre ellos. En Kibrot-hataava el pueblo codició carne: el Señor les dio codornices, pero los castigó después con mortandad (Nm. 11:4, 31-34). En Hazerot, Miriam y Aarón hablaron contra Moisés, y María quedó leprosa (Nm. 12:10). Lo anterior demuestra que Cades está en la misma zona que Ritma, de donde los espías fueron enviados. Los espías no son mencionados en Nm. 33.

Hubo una estancia prolongada en Cades o Ritma, en el desierto de Parán. Se esperó la vuelta de los espías. Se desató la rebelión en base al informe de los espías incrédulos, y Dios juró que no entrarían en la tierra, sino que andarían errantes por el desierto hasta que murieran todos los hombres que habían salido de Egipto, a excepción de Caleb y Josué. Desafiando la palabra de Dios, invadieron la tierra, y fueron atacados por los amalecitas (Nm. 14:33-45). A continuación siguió la rebelión de Coré (Nm. 16).

Aparentemente, los israelitas se pasaron treinta y siete años viajando tres veces entre Cades y Ezión-geber, sobre el golfo de Ákaba, aunque muchos de los campamentos no pueden ser identificados; algunos de ellos pueden haber estado situados más hacia el oeste. No se registra, sin embargo, cuánto tiempo estuvieron en cada lugar, y es posible también que algunos de éstos no hayan sido incluidos en las listas.

Comparando Nm. 20:22-29 con Dt. 10:6 se verá que Mosera y el monte Hor son considerados como el mismo lugar, estando Mosera, o Moserot, al pie del monte Hor. Así, se considera Mosera como un lugar reconocido cuando empezó la verdadera «peregrinación». Salieron de Cades, o Ritma, a Rimón-peres, y después a otros campamentos, hasta que llegaron a Mosera, o monte Hor, por primera vez, aunque parece que se trata de una corta distancia (Nm. 33:19-30).

De Mosera viajaron hacia el sur a Ezión-geber, con cuatro campamentos intermedios (Nm. 33:31-35).

Desde Ezión-geber se volvieron y viajaron de nuevo hacia el norte, llegando por segunda vez a Cades o Cades-barnea, sin mencionarse campamento alguno entre estos distantes lugares. María murió en Cades. El pueblo murmuró, y la roca recibió un golpe, ocasión en la cual pecaron Aarón y Moisés (Nm. 20:1-13).

De Cades viajaron al monte Hor, sin que se mencione ningún campamento entre ellas, a no ser que el Beerot de Dt. 10:6 entre aquí. En el monte Hor murió y fue sepultado Aarón (Nm. 33:37, 38). Fueron atacados por el rey Arad de Canaán, que fue derrotado, y sus ciudades destruidas (Nm. 21:1-3).

Habiendo rehusado permiso el rey de Edom a los israelitas para que pasasen por su tierra, se hizo necesario que viajaran de nuevo al mar Rojo a fin de rodear la tierra de Edom (quizá pasando por Gudgoda y Jotbata, Dt. 10:7, por este camino) (Nm. 20:14-21; 21:4). Desde el mar Rojo su ruta va claramente al este de Edom y del mar Salado hasta que llegaron frente a Jericó, donde acabó su peregrinación.

Desde el monte Hor por Por Elat y Ezión-geber,

el camino del mar Rojo, Dt. 2:8

Nm. 21:4 Zalmona, Nm. 33:41

Punón, Nm. 33:42

Obot, Nm. 21:10 Obot, Nm. 33:43

Ije-abarim, Nm. 21:11 Ije-abarim, 33:44, 45

Arroyo de Zered, Nm. 21:12;

Dt. 2:13, 14

El arroyo de Arnón,

Nm. 21:13; Dt. 2:24

Dibón-gad, Nm. 31:45, 46

Almón-diblataim,

Nm. 33:46

Beer, en el desierto,

Nm. 21:16, 18

Matana, Nm. 21:19

Nahaliel, Nm. 21:19

Bamot, Nm. 21:19

Pisga, Nm. 21:29 (en Abarim) Montes de Abarim,

Nm. 33:48

Campos de Moab, junto al Campos de Moab, junto al

Jordán, frente a Jericó, Jordán, frente a Jericó,

Nm. 22:1 Nm. 33:48

Los múltiples fracasos y murmuraciones de los israelitas están registrados en las Escrituras, y nos han sido dados como una solemne advertencia para los cristianos (cfr. 1 Co. 10:1-14). Para el significado tipológico de los viajes de los israelitas, véase DESIERTO. Para unas tablas completas de los campamentos que se mencionan de los israelitas en el desierto, véanse en el artículo ÉXODO.

 

Bibliografía:

Véase bajo los artículos EGIPTO y ÉXODO.

 PEREGRINO

vet,

En el NT se hace alusión a la condición de extranjeros y peregrinos que los cristianos tienen en su paso por esta tierra (1 P. 2:11). La ciudadanía del cristiano está en los cielos (Fil. 3:20), donde está Cristo resucitado, y donde debe tener puestos sus afectos, por cuanto el cristiano ha muerto con Cristo y su vida está escondida con Cristo en Dios (Col. 3:1-4). De esta manera participa del noble carácter de aquellos testigos de Dios que, en el pasado, iban en pos de la ciudad celestial, habiendo salido de la ciudad terrena, morando como extranjeros y peregrinos en la tierra que les había sido prometida (He. 11:8-10, 13-16). Durante este peregrinaje el Señor enseña a los Suyos a conocerle a Él y Su actividad en gracia y en gobierno, y también para que se conozcan profundamente a sí mismos (cfr. Dt. 8:2-5). Durante la peregrinación del cristiano, éste tiene asimismo el privilegio de actuar como «embajador» de Cristo ante un mundo que lo ha rechazado (cfr. 2 Co. 5:17-21). La conducta del peregrino y su meta última quedan recapituladas en Tit. 2:11-15.

 PERES. Véase FARES.

 PERFECTO

vet,

Las principales palabras en el NT que reciben esta traducción son «teleioõ», «teleios», «pleno, completo, perfecto».

El Señor Jesús fue siempre moralmente perfecto, y sin embargo en las Escrituras se nos dice que Él fue «perfeccionado», por ejemplo, como «autor de la salvación»: antitipo de Josué, caudillo en los propósitos de Dios. Todo lo que tenía relación con este oficio fue cumplido (He. 2:10). Aunque era Hijo, con todo aprendió obediencia (no «a ser obediente») por lo que padeció; y habiendo sido «perfeccionado» (esto es, glorificado) después de haber llevado a cabo la obra de la redención, vino a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen (He. 5:9); éste puede ser el significado de las palabras «y al tercer día soy perfeccionado» (Lc. 13:32, gr. literal; cfr. F. Lacueva: «Nuevo Testamento interlineal», loc. cit., y la nota que da al pie).

Los discípulos fueron exhortados a ser perfectos como su Padre en los cielos es perfecto, porque Él da Sus bendiciones a malos y buenos (Mt. 5:48). Mediante una ofrenda Cristo ha perfeccionado para siempre a los santificados. Su obra los consagra al sacerdocio (He. 10:14; cfr. Col. 1:12 y 1 P. 2:9). El ser «perfecto» es aplicado también a llegar a «la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Ef. 4:13). Los espíritus de los justos son hechos perfectos (He. 12:23). Pablo no había sido aún perfeccionado (Fil. 3:12), sin embargo, añade en el versículo 15: «así que todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos». Son varias las aplicaciones del término que pueden ser deducidas del contexto de cada pasaje, pero en general se puede decir que hace referencia bien a la purificación de la conciencia, lo cual es indispensable para el servicio de Dios, o a la percepción de una norma verdadera (muertos y resucitados con Cristo) como una necesidad del testimonio para Cristo aquí en la tierra.

 PERFUME

tip, COSM COST TIPO

ver, BÁLSAMO

vet,

Los israelitas hacían mucho uso de los perfumes y de los óleos perfumados, para el cuidado de los cabellos y del cuerpo (Ec. 7:1; 9:8; Est. 2:12).

El áloe, la casia, la canela, la mirra, el incienso, el nardo, bien cultivados en el valle del Jordán, bien importados de Arabia y otros lugares, servían como base para los perfumes (Eclo. 24:15). Las plantas aromáticas se llevaban en saquitos (Cnt. 1:13); también se pulverizaban o quemaban (Cnt. 3:6). La esencia aromática, obtenida por destilación, se metía en cajitas que se colgaban de la cintura; mezclada con aceite, esta esencia se usaba en ocasiones como ungüento (Is. 3:20; Cnt. 1:3; Jn. 12:3). Los perfumes se mezclaban (Éx. 30:23, 24; Jn. 19:39). Se aplicaban al cuerpo, a los vestidos e incluso a los muebles (Sal. 45:8; Pr. 7:17; Cnt. 4:11).

El bálsamo de Galaad y los colirios se empleaban en medicina (Jer. 8:22; Ap. 3:18).

Jesús fue ungido con perfumes de gran precio (Lc. 7:36-50; Mt. 26:6-13). Para sepultar a un difunto se empleaban perfumes y especias aromáticas; en ocasiones, aunque más raramente, los cadáveres eran embalsamados (Lc. 23:56; Jn. 19:39-40).

Los ungüentos de Palestina se hacían a base de aceite de oliva perfumado (cfr. 2 R. 20:13; Pr. 27:9; Ec. 10:1; Cnt. 4:10; Is. 57:9; Am. 6:6). (Véase BÁLSAMO.)

Consideración especial merece el incienso sagrado, «un perfume según el arte del perfumador» (Éx. 30:35) para ser quemado en el Tabernáculo. Se componía de estacte, uña aromática, gálbano aromático e incienso puro a partes iguales en peso. Nadie podía prepararlo para usos privados, bajo pena de muerte (Éx. 30:34-38).

Tipológicamente, representa las excelencias de Cristo, que eran un incienso de olor grato a Dios.

 PERGAMINO

tip, MANU

vet,

Piel de oveja o de cabra, preparado para la escritura o para otros usos.

La piel, macerada primero en una lechada de cal, era a continuación despojada de toda la lana, lavada, secada, extendida y pulimentada con piedra pómez.

En la época de Herodoto era corriente el uso del papiro, pero la historia relata que los antiguos jonios escribían sobre pieles de cabras y de ovejas, a causa de la escasez de papiro (Herodoto 5:58).

Según la tradición, los primeros pergaminos procedieron de Pérgamo.

Uno de los Ptolomeos habría prohibido la exportación de papiro, con lo que Eumeno II, rey de Pérgamo (197-160 a.C.) se sirvió de pieles para su gran biblioteca. Estas pieles se llamaban «chartae pergamenae», de donde derivó el nombre «pergamino». A pesar de esta tradición, en 1923 se halló en Dura, a la orilla del Éufrates, una cantidad de documentos redactados sobre pergamino, y que se remontaban al año 196-195 y 190-189 a.C. Este descubrimiento ha demostrado que ya en aquella época se usaban pergaminos en lugares muy alejados de Pérgamo. En la época de Josefo, y antes de él, los judíos usaban los pergaminos para sus escritos sagrados (Ant. 12:2, 11).

El Talmud estipulaba que la Ley debía ser escrita sobre pieles de animales puros, domésticos o salvajes, e incluso sobre las pieles de aves puras.

El papiro se empleaba corrientemente (2 Jn. 12 = «papel»); pero Pablo habla de pergaminos, que demanda y desea con sumo interés (2 Ti. 4:13).

 PÉRGAMO

tip, HIST CIUD IGLE

ver, PERGAMINO

sit, a9, 344, 181

vet,

(también «Pergumum», o «Pergamos»).

La ciudad más importante de Misia, a 5 Km. al norte del río Caicos, y a 24 Km. del mar Egeo. Había sido la capital de un opulento reino, muchos de cuyos reyes llevaron el nombre de Atalo. El primero de esta dinastía, Atalo I, accedió al trono en el año 241 a.C. Rechazó a las hordas invasoras galas, que se establecieron finalmente en el territorio que desde entonces recibe el nombre de Galacia. Eumeno, su hijo, lo sucedió en el año 197 a.C., embelleció Pérgamo, y creó una célebre biblioteca, la segunda en importancia después de la de Alejandría. Atalo III murió el año 133 a.C., después de haber legado sus bienes a los romanos y acordado la independencia de Pérgamo y de sus alrededores. Los romanos se apoderaron de la ciudad, y pasaron aquel reino a provincia de Asia (129-126 a.C.), de la que vino a ser capital la ciudad de Pérgamo. En el año 6 a.C., el procónsul, gobernador de la provincia bajo el Imperio, mudó su residencia a Éfeso. Marco Antonio donó a Cleopatra los 200.000 volúmenes de la biblioteca de Pérgamo que fueron a engrosar la de Alejandría.

La acrópolis de Pérgamo se levantaba sobre una escarpada colina, a 304 m. por encima de la llanura. Cerca de la cumbre se levantaba un monumental altar que había elevado Eumeno II para conmemorar la victoria de su padre sobre los galos. Cerca de este altar se hallaba un templo dedicado a Atenea. En la época romana se edificó sobre la acrópolis un templo consagrado a Augusto. En el exterior de la ciudad se hallaba el célebre santuario de Asklepios (Esculapio), dios de la medicina, que atraía a las multitudes.

El pergamino (lat. «pergamena»; gr. «pergamênê») recibe el nombre de esta ciudad (véase PERGAMINO).

Pérgamo es la tercera de las siete iglesias de Asia. En Apocalipsis dice que allí se hallaba el «trono de Satanás».

Antipas, un cristiano fiel, sufrió el martirio en esta ciudadela del paganismo (Ap. 1:11; 2:12-17).

En la actualidad esta ciudad se llama Bergama.

 PERGE

tip, CIUD

sit, a9, 440, 243

vet,

Ciudad que los romanos elevaron a rango de capital de Panfilia, se hallaba sobre la ribera derecha del río Cestro, y a 12 Km. de su desembocadura.

Pablo, acompañado de Bernabé, anunció allí el Evangelio durante su primer viaje misionero, tanto en la ida como en la vuelta (Hch. 13:13, 14; 14:25).

Cerca de Perge se hallaba un célebre templo, dedicado a la Artemisa asiática. La diosa recibía el nombre de «reina de Perge»; cfr. DIANA.

 PERÍCOPA

tip, COST CERE

vet,

Parte de la Biblia que se lee en determinadas ocasiones en el culto.

Así ya en los servicios religiosos de los judíos, en los que, en Palestina, se acostumbraba a leer todo el Pentateuco a lo largo de tres años.

Sólo las grandes festividades tenían sus propias perícopas.

En la liturgia cristiana se siguió una costumbre parecida. Sin embargo, aquí la lectura continuada fue prácticamente abolida por haberse confeccionado una selección de perícopas en la Iglesia Católica Romana según las fiestas y sus tiempos o según las «estaciones» de las iglesias. Las perícopas fueron escogidas en parte sobre interpretaciones ya superadas de textos bíblicos, y frecuentemente no tomaban en consideración el sentido unitario del pasaje del que se entresacaba la perícopa. Así nacía en los oyentes la impresión de que las perícopas eran «unidades bíblicas» autónomas, con sentido pleno en sí mismas, con el resultado de que nunca se llegaba a conocer la intención del libro como tal.

La Reforma de Lutero enseñó al pueblo a leer la Biblia por sí mismo, y a leer los libros enteros, para así poder entender lo que dicen, y no solamente escuchar ciertas porciones de labios de los predicadores.

 PERLA

tip, COSM

vet,

Artículo de gran precio (Mt. 13:45, 46; Ap. 21:21; Jb. 28:18), se usa para adorno (1 Ti. 2:9; Ap. 17:4).

Las perlas se hallan en el interior de ciertas especies de moluscos, como las ostras. Son glóbulos formados de capas de carbonato cálcico alternadas con capas de sustancia orgánica; se forman por el depósito de la sustancia nacarada alrededor de un cuerpo extraño que se ha introducido dentro; un grano de arena, por ejemplo, produce irritación y sirve de núcleo. Esta sustancia es la misma que el nácar que recubre el interior de las conchas.

Las perlas grandes y bien formadas son producidas por la «ostra perlífera» («Meleagrina margaritifera») que abunda en el océano Índico, especialmente en el golfo Pérsico y en las cercanías de Ceilán (la actual Sri Lanka).

 PERRO

tip, FAUN TIPO CUAD

vet,

El perro palestino es análogo al perro vagabundo de la India.

Al comienzo de la historia del pueblo de Israel se le ve rondando por las calles y por las afueras de las ciudades (Sal. 59:6, 14), alimentándose de lo que les echaran (Éx. 22:31), lamiendo la sangre derramada (1 R. 22:38; Sal. 68:23) y devorando los cadáveres (1 R. 14:11; 16:4; 2 R. 9:35, 36).

En algunas ocasiones, los perros se reúnen para atacar a los hombres (Sal. 22:17, 21).

Entrenado, desde una época remota, para ayudar al pastor, a proteger a los rebaños contra las fieras y los ladrones (Jb. 30:1). En ocasiones, ya domesticado, seguía a su dueño de lugar en lugar (Tob. 5:11; 11:4), quedándose con él en la casa, comiendo las migas que caían de la mesa (Mr. 7:28).

Jesús habla de los perros lamiendo las llagas del pobre, a la puerta del rico (Lc. 16:21).

Los antiguos se servían de los perros para la caza. Eran considerados como inmundos por sus hábitos alimentarios y por sus costumbres. Llamar a alguien perro era un grave insulto (1 S. 17:43; 2 R. 8:13).

El término perro se emplea como metáfora para designar a los que son incapaces de apreciar lo grande y lo santo (Mt. 7:6), a los cínicos y a los propagadores de falsas doctrinas (Fil. 3:2). Lo mismo que un perro que vuelve a su vómito, vuelven ellos a los pecados que habían hecho profesión de abandonar para siempre (2 P. 2:22; cfr. Pr. 26:11).

Se cree que «el precio de un perro» (Dt. 23:18) es una alusión a la sodomía.

Los judíos de épocas posteriores llamaban «perros» a los paganos porque, según la Ley, eran impuros. El mismo Jesús utiliza este término para expresar, de una manera contrastada, su doctrina de la gracia (Mt. 15:26; Mr. 7:27). Finalmente, en Apocalipsis se denomina perros a los excluidos del cielo (Ap. 22:15).

 PERSECUCIÓN

ver, ANTÍOCO EPIFANES, MACABEOS, CAÍDA, REGENERACIÓN, PABLO

vet,

Desde la caída ha existido un permanente conflicto y tensión, en el interior de cada persona, y entre las personas. Se trata de una consecuencia del pecado: la alienación del hombre caído se extiende desde su separación de Dios y enemistad contra Él, a la enemistad contra los propios semejantes, traducida en envidias, celos, contiendas, odios, mentiras, afán de dominio, explotación, y muchas otras actitudes destructivas. Además, existe la mencionada dicotomía interior, que se traduce en un estado de permanente insatisfacción.

Uno de los resultados es la persecución lanzada por parte del hombre caído, individual, colectiva e institucionalmente, contra toda manifestación de Dios en gracia, y contra todo testimonio fiel de parte de Dios.

La persecución puede tomar diversas formas y grados:

calumnias (Mt. 5:11);

desprecio (Jn. 8:48);

ostracismo (Lc. 6:22);

encarcelamiento (Lc. 21:12);

confiscación de bienes (He. 10:34);

muerte (Jn. 16:2).

Las causas de la persecución pueden ser individuales, como en la muerte de Abel a manos de Caín (Gn. 4), odio popular (Hch. 21:27), o acción institucional, en un intento de conseguir una uniformidad ideológica, como en los casos en que se exige una total sumisión al Estado (cfr. los casos de los tres amigos de Daniel, arrojados al horno ardiente por rehusar adorar la estatua de Nabucodonosor, (Dn. 3), así como el lanzamiento de Daniel al foso de los leones por desobedecer la orden de no orar a Dios (Dn. 6). Elías también había sido perseguido en el intento de Jezabel y Acab de imponer el culto a Baal en el reino de Israel; también muchos profetas del Señor sufrieron la muerte a manos de estos impíos reyes (1 R. 19; cfr. 18:1-4). Durante la dominación persa se promulgó un edicto por todo el imperio de Persia, a instigación de Amán agagueo, para que se diera muerte a todos los súbditos judíos (Est. 3). El motivo aducido era el de conseguir la uniformidad de comportamiento (cfr. Est. 3:8). Pero la más cruenta de las persecuciones que sufrieron los judíos en la época del AT fue la de Antíoco Epifanes, que quiso helenizar totalmente su imperio, y ordenó la implantación de la cultura, religión y costumbres griegas también en Palestina. Habiendo profanado el Templo y dado cruel muerte a muchos judíos que persistían en permanecer fieles a la Ley de Moisés, los judíos finalmente se rebelaron y, acaudillados por Matatías y después por su hijo Judas Macabeo, se liberaron del yugo sirio (véanse ANTÍOCO EPIFANES y MACABEOS). En He. 11:36-38 se da una vívida imagen de las persecuciones sufridas por los testigos fieles del AT, «de los cuales el mundo no era digno».

 

En el NT siguen las persecuciones contra el testimonio y los testigos de Dios. Cristo predice la persecución (Mt. 16:21; 17:22, 23; Mr. 8:31) y la sufre personalmente:

en Nazaret intentaron despeñarlo (Lc. 4:16-30),

y varias veces tuvo que salir de la vista pública, porque las autoridades intentaban matarlo (Jn. 7:1, 25, 32; 10:31, 39, 40; 11:7-9, 16; 47:54, 57, etc.).

El Señor presentó las persecuciones a los Suyos como prueba de discipulado (Mr. 4:17), y declaró bienaventurados a los que debieran sufrir persecución por causa de Su nombre (Mt. 5:10-11). Señaló que el discípulo no podía ser mayor que su Señor. Si habían perseguido al mismo Señor, ¿cómo no perseguirían también a los discípulos? (cfr. Jn. 15:20). Finalmente, el Señor fue entregado, «por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios», y prendido y muerto por manos de inicuos (cfr. Hch. 2:23). De esta manera, el Creador de todo sufrió la persecución y la muerte de manos de Sus propias criaturas, hecho éste indicador de la profundidad de la enemistad instintiva del hombre en su pecado contra Dios y contra Su manifestación personal en la tierra, poniendo en evidencia lo desesperado de su situación, de su necesidad de la gracia. Obsérvese también que la persecución sufrida por Cristo fue religiosa, mostrándose con ello cómo la religiosidad no es garantía alguna de llegar a la relación con Dios, por cuanto el sentido religioso del hombre está también pervertido por la caída (véase CAÍDA). El hombre no necesita «religión», sino un nuevo nacimiento (véase REGENERACIÓN).

Como el Señor ya había indicado, el caminar de los cristianos estaría marcado por persecuciones. Una vez resucitado, indicó de manera personal a Pedro que él mismo daría testimonio hasta la muerte (Jn. 21:15-22).

 

Las primeras persecuciones contra los cristianos fueron instigadas por las autoridades judías. Al principio, en medio de las presiones a que fueron sometidos los apóstoles por parte del sanedrín, se dio un toque de moderación con el prudente consejo de Gamaliel (Hch. 5:34). Sin embargo, pronto se olvidaron de aquel llamamiento a la prudencia, y se desató una encarnizada campaña, que tuvo su inicio cruento con el asesinato de Esteban (Hch. 7:1-60), al que siguió una «gran persecución» (Hch. 8:1). Saulo de Tarso se destacó en su celo contra el naciente cristianismo (véase PABLO) (cfr. Hch. 22:4). El rey Agripa hizo encarcelar y dar muerte a Jacobo, el hermano de Juan (Hch. 12:2). A continuación, hizo encarcelar a Pedro, que fue liberado por una intervención sobrenatural de Dios, que envió a Su ángel (Hch. 12:7-11). La implacable oposición de los judíos a la naciente Iglesia queda reflejada en las palabras de Pablo en 1 Ts. 2:14, 15.

Los judíos trataron continuamente de eliminar a Pablo, intentando darle muerte en varias ocasiones (Hch. 14:2-6, 19-20; 17:1-9, 13; 18:12 ss.; 21:27-32 ss.; 23:12-22 ss.; cfr. 2 Co. 11:24, etc.).

También se dieron desde el principio persecuciones de parte de elementos paganos (Hch. 16:11-40; 19:23-41), pero se trataba de explosiones de ira por el desagrado con que ciertos elementos veían esta fe que se iba extendiendo; oficialmente, los primeros años fueron de abierta tolerancia por parte de las autoridades. Ramsay señala que la apelación de Pablo a Nerón tenía entre otros propósitos el de establecer el hecho de que el Evangelio podía ser legítimamente predicado sin prohibición alguna del Imperio, tratándose de una «religio lícita» (religión legal) («St Paul the Traveller and the Roman Citizen», p. 308). Pero ya en el NT se advierte el gran cambio en la política oficial del Imperio en sus tratos con el cristianismo entre la absolución de Pablo y su segundo encarcelamiento, al acusar Nerón a los cristianos del incendio de Roma (julio del año 64 d.C.). Esta persecución está reflejada en los «Anales» de Tácito (15:44), en los que él mismo considera a los cristianos como la hez de la tierra, haciéndose eco de las calumnias que corrían entonces contra ellos (cfr. 1 P. 4:12 ss.; 2 Ti. 4:16).

Los cristianos, en común con los judíos, se negaban a dar adoración al emperador. Después de la persecución de Nerón este hecho vino a ser importante entre las razones que el Imperio Romano tenía para perseguirlos. Las persecuciones llevaron al apóstol Juan al destierro en la isla de Patmos, y allí escribió el Apocalipsis; en este libro podemos entrever la persecución que se estaba dando en Asia. En Esmirna había sufrimiento, persecuciones de parte de los judíos, cárcel y tribulación para los creyentes, a los que les era prometida la corona de vida (Ap. 2:10); en Pérgamo se había dado muerte a Antipas, un fiel testigo del Señor (Ap. 2:13); se menciona la paciencia de los creyentes de Éfeso y de Tiatira (Ap. 2:2, 19); en Filadelfia los creyentes habían sufrido presiones para que negaran a Cristo; allí las persecuciones habían partido también del judaísmo (Ap. 3:8-9); no hay, sin embargo, mención de persecución en Sardis ni en Laodicea. Es posible que allí los cristianos se hubieran asimilado tanto a los valores y forma de vida del paganismo, que no causaran inquietud (Ap. 3:1-6, 14-22).

Con sus persecuciones, Roma buscaba establecer el principio de la absoluta lealtad de los ciudadanos al estado, con todos los mecanismos posibles, incluyendo el de la adhesión religiosa con la adoración al emperador. En contraste con esta postura del Imperio, el cristianismo demanda una lealtad primaria y absoluta a Dios (cfr. Hch. 4:18-20). El cristiano es intimado a obedecer a las autoridades terrenas por causa de la conciencia, por cuanto su autoridad está derivada de la de Dios (cfr. Ro. 13:1-14). Sin embargo, este principio era subversivo para la concepción romana, que demandaba una lealtad absoluta y condicional, no derivada. El paganismo se dio cuenta instintivamente de lo radical de la oposición de conceptos, e intentó destruir el cristianismo. Los perseguidores más encarnizados de los cristianos fueron generalmente los emperadores «ilustrados»:

Trajano,

Antonino Pío,

Marco Aurelio (el emperador filósofo),

Septimo Severo.

En particular fueron muy cruentas las persecuciones de Decio en el año 250 d.C. y

la de Valeriano, su sucesor.

Bajo Gallienus, que lo siguió, se dio un edicto de tolerancia, que fue revocado por

Diocleciano, que lanzó una encarnizada persecución, en el año 303 d.C., con el propósito declarado de destruir de debajo del cielo el nombre de los cristianos. Especial atención tuvo la destrucción de los escritos sagrados del cristianismo, desapareciendo gran cantidad de copias del NT.

Así, durante casi doscientos cincuenta años la mera profesión de cristianismo fue considerada, en el Imperio Romano, un delito merecedor de los más terribles suplicios y de la muerte. En el año 313 Constantino promulgaba el Edicto de Milán, mediante el cual se establecía la libertad de profesar y practicar el cristianismo.

Sin embargo, continuaron las persecuciones, aunque tomando ahora otro carácter. La Iglesia cayó víctima del afán de poder y, pervirtiendo sus valores, se alió con el mundo, intentando establecer su dominio, identificando el Reino de Dios con el dominio de la Iglesia. Empezaron las persecuciones de los disidentes, de los judíos y de los mismos paganos por parte de la Iglesia oficial, que buscaba a su vez imponer la uniformidad, desobedeciendo las advertencias de Cristo (Mt. 13:27-28; 26:51-52). Como resultado, muchos protestaron separándose de tal estado de cosas, para ser a su vez perseguidos. La historia de la cristiandad es una triste historia de matanzas, cruzadas, intrigas y persecuciones, iluminada sólo por el actuar de minorías que han buscado ser fieles al Señor Jesucristo, minorías de cristianos fieles que han conocido y siguen conociendo la persecución en grandes extensiones de nuestro mundo actual, en manos de regímenes totalitarios que exigen una lealtad absoluta que el cristiano ni puede ni debe dar más que a Dios. Así, los creyentes han conocido, al igual que otros no creyentes, los horrores de la Inquisición, y, en la actualidad, la sospecha, la calumnia, el control y la cárcel, malos tratos, y muerte, provenientes de poderes inspirados por diversas ideologías, ateas, islámicas, paganas y neopaganas, que tienen en común su odio contra el evangelio de la gracia de Dios. Se sigue cumpliendo la declaración divina por medio de la pluma de Pablo de que «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Ti. 3:12). Y los cristianos somos llamados a la mutua asistencia en el común padecimiento con aquellos que sufren, en la comunión del cuerpo de Cristo (1 Co. 12:26). La situación de persecución en la que nació la Iglesia sólo acabará sobre la tierra cuando finalice el conflicto de los siglos con el establecimiento del Reino de Dios con poder. Ahora la justicia sufre (cfr. Mt. 5:6, 10); en la venida de Cristo, la justicia reinará (cfr. Mt. 6:33; Is. 32:1; 42:1 ss., etc.); en los cielos nuevos y la tierra nueva la justicia morará (2 P. 3:13). Además de la consciencia de la victoria final, el cristiano sabe también que Cristo ya ha vencido al mundo (Jn. 16:33), y que «en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Ro. 8:35-39).

 

Bibliografía:

Eusebio de Cesarea: «Historia Eclesiástica» (B.A.C., Madrid, 1973);

Fisher, J. P.: «Historia de la Reforma» (Clíe, Terrassa, 1984);

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Green, M,: «La evangelización en la iglesia primitiva» (Certeza, Buenos Aires, 1979);

Llorente, J. A.: «Historia crítica de la Inquisición en España» (Ed. Hiperión, S. L., Madrid, 1980);

Miller, A.: «Miller's Church History» (Pickering and Inglis, Londres, s/f);

Pressensé, E. de: «Histoire des trois premiers siècles de l'Église chretienne» (Paris, 1858-1869);

Soljenitsin, A.: «Archipiélago Gulag» (dos tomos, Plaza y Janés, Barcelona, 1974, 1977);

Wurmbrand, R.: «The Soviet Saints» (Hodder and Stoughton, Londres, 1968).

 PERSÉPOLIS. PERSIA

tip, PAIS ARQU HIST

ver, CIRO, DARÍO, ASUERO, ARTAJERJES, MAGOS, DANIEL (Libro)

sit, a8, 423, 274

vet,

A. El país de los antiguos persas: se extendía al sureste del Elam, y se llamaba Pârsa. En inscripciones asirias se menciona a los Persouas, nombre del que los griegos derivaron Persai, persas. Los árabes dieron el nombre de Fars al territorio de la moderna Persia (Irán), que se corresponde con mucha aproximación a la antigua Persia. La Persia propiamente dicha estaba limitada al norte por la Gran Media (Media Magna), al suroeste por el golfo Pérsico, al este por Carmania (el actual Kirmán) y al noroeste por la Susiana. La antigua Persia medía aproximadamente 400 Km. de longitud, 320 de largo, y una superficie inferior a los 125.000 Km2.

En un sentido más general se usaba el nombre de Persia para designar la altiplanicie del Irán, la región vecina al golfo Pérsico, y los países bañados por el Tigris, el Ciro, el mar Caspio, el Oxus, el laxartes y el Indo (1 Mac. 6:1; 2 Mac. 1:19).

En el momento de su máximo esplendor, el imperio persa se extendía desde la India, al este, hasta las islas del Egeo al oeste; al norte llegaba al Danubio, al mar Negro, al Cáucaso y al mar Caspio; al sur, a los desiertos de Arabia y a Nubia (Est. 1:1; 10:1). Este imperio tenía más de 4.800 Km. de longitud y una anchura variable entre los 800 y 2.400 Km. Su superficie, de 5.000.000 de Km2, era la mitad de la de Europa. Los persas propiamente dichos eran de raza aria, estrechamente relacionados con los medos.

 

La tabla genealógica de las naciones no menciona a los persas (Gn. 10), cuyo poderío político no se manifestó hasta muchos siglos después de Moisés. Hacia el año 700 a.C., Persia estaba entre los países aliados al Elam. Teispés, caudillo tribal, de la dinastía de los aqueménidas, conquistó Elam, proclamándose rey del territorio de Anzán (en el Elam). Tuvo dos líneas de descendientes: una de ellas reinó sobre Anzán, y la otra se quedó en Persia. Ciro II, biznieto de Teispés, accedió al trono de Anzán hacia el año 558 a.C., y fue el forjador de la unidad de Persia. Hacia el año 550 Ciro conquistó Media; en el año 546, Lidia, en Asia Menor; en el año 539, Babilonia. Permitió que los exiliados judíos retornaran al país de Israel (véase CIRO). Su hijo Cambises le sucedió en el año 529. Celoso de su hermano Smerdis (Bardiya), lo hizo matar en secreto. En el año 525, Cambises conquistó Egipto, y permaneció allí durante tres años. Un mago, llamado Gaumata, consiguió hacerse pasar por Smerdis (por lo que se le da el nombre de pseudo-Smerdis), y reinó durante siete meses del año 522, año de la muerte de Cambises; se ha hecho la suposición de que se suicidó. Darío I, hijo de Histaspes, era por lo que parece, el pariente más cercano de Ciro, cuya línea directa había quedado extinguida. Darío I comenzó a reinar el año 521 a.C. Su accesión al trono provocó una revuelta general de las provincias. El soberano reprimió la insurrección y reorganizó el Imperio, que se extendía desde la India hasta las islas griegas y el Danubio; para la administración del Imperio lo dividió en veinte satrapías. Es bajo Darío I que los judíos reconstruyeron el Templo de Jerusalén. Murió en el año 486 a.C. (véase DARÍO, b). Su hijo y sucesor, Jerjes I, es el Asuero del libro de Ester y, probablemente de Esd. 4:6. Reconquistó Egipto, e intentó invadir Grecia, pero su ejército fue aplastado (véase ASUERO, b). Jerjes I reinó 21 años y fue asesinado en el año 465 a. C. Artajerjes Longimano, su hijo y sucesor, de carácter más elevado pero voluble y débil, no fue hostil a los judíos. Permitió que Esdras llevara a numerosos judíos a Jerusalén y autorizó a Nehemías a la reconstrucción de las murallas (véase ARTAJERJES). Este soberano que murió en el año 424 a.C., reinó 40 años. Lista de sus sucesores y fechas de accesión al trono:

424 Jerjes II

424 Sogdanio

423-404 Darío II Nothus (el ilegítimo)

404-359/8 Artajerjes II Mnemón (dotado

de una extraordinaria memoria)

359/8-338/7 Artajerjes III Ochus

338/7-336/5 Arsés

336/5-331 Darío III Codomano, que fue

vencido por Alejandro Magno

en el año 331 a.C., siendo el último

soberano del decadente imperio

persa. (Véase DARÍO, c).

Las capitales de los reyes de Persia eran:

Persépolis (2 Mac. 9:2);

Susa (Neh. 1:1; Est. 1:2).

Acmeta (Esd. 6:2; Ant. 10:11, 7), conocida también como Ecbatana, y

Babilonia en cierta medida (Esd. 6:1).

Al autorizar a los judíos a volver a su país en el año 538 a.C., Ciro el Magno no les concedió la independencia. Debían obedecer a los gobernadores designados por el rey de Persia (Neh. 3:7), y formaban parte de la satrapía de «más allá del río» (Esd. 8:36), que comprendía a Siria, Palestina, Fenicia y Chipre (Herodoto 3:91). El sometimiento de los judíos a los persas duró 207 años: desde la entrada de Ciro en Babilonia en el año 539 a.C. hasta el 339, año en el que Alejandro Magno culminó la conquista de Palestina.

 

B. Religión:

Los reyes de Persia practicaban la religión de Zaratustra (Zoroastro), que no imponían a sus súbditos. Este sistema (mazdeísmo) distingue a Dios de la naturaleza, al espíritu de la materia, y no admite ninguna representación de la divinidad. Enseña la existencia de dos principios opuestos: el bien y el mal; la luz y las tinieblas. Hay dos reinos de espíritus:

(a) Una jerarquía de ángeles y de arcángeles, dirigidos por Ahura-Mazda (en lenguaje moderno Ormuz), dios sapientísimo, totalmente espiritual, asistido por siete espíritus santos, que ejecutan su voluntad y expresan sus atributos. Ahura-Mazda dirige asimismo a mil genios benefactores.

(b) El reino de los malos espíritus, dirigidos por Ahrimán, el enemigo espiritual.

La religión de Zoroastro recomendaba la lucha contra el mal, la práctica del bien, la búsqueda de la pureza de pensamientos, de palabra y de acción. La inmortalidad y el cielo serán la recompensa para las almas de los santos. Ahura-Mazda ha creado lo bueno: el fuego, el aire, la tierra, el agua, tenido todo ello como sagrado (véase MAGOS). El judaísmo tardío refleja una cierta influencia de la dominación persa.

El imperio persa cayó bajo el yugo de los macedonios, y después bajo el de los partos. En el año 208 d.C., Ardaschir, fundador de la dinastía de los sasánidas, echó los cimientos de un nuevo imperio persa. En el año 224, venció y dio muerte a Artábano V, último rey de los partos. Los sasánidas se opusieron con éxito a la expansión de los romanos por Oriente. En el año 637 y 641 d.C., Yezdedjerd III, el último monarca sasánida, fue derrotado por los musulmanes, que se apoderaron de Persia. Ciertos persas, que rehusaron someterse al Islam, huyeron a los montes y a los desiertos. En el siglo VIII d.C., una gran cantidad de ellos se refugiaron en la India. Sus descendientes siguieron practicando el mazdeísmo. Reciben el nombre de «Parsis». La actual Persia recibe el nombre de Irán.

 

C. Arqueología:

Las excavaciones llevadas a cabo en Persépolis por el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, de 1931 a 1939, exhumaron los esplendores de la antigua capital persa.

Descubrimientos notables:

el palacio de Darío (el Tachara),

la sala de las cien columnas,

la puerta de Jerjes,

el harén de Darío y de Jerjes,

el palacio de Jerjes (el Hadish),

e incluso el tesoro real.

Se ha descubierto en Ecbatana una inscripción de Artajerjes II Mnemón recordando la construcción de un palacio. En Susa se ha sacado a la luz el magnífico palacio real iniciado por Darío I, completado después y embellecido por sus sucesores. La decoración, de gran perfección, estaba hecha con ladrillos esmaltados con relieves de animales fabulosos y de toros. El friso de los arqueros de Susa es particularmente célebre (una parte de él está expuesta en el Museo del Louvre en París).

 

Persia en la profecía: Véase DANIEL (LIBRO DE).

 PÉRSIDA

tip, BIOG MUJE MUNT

vet,

= «persa».

Cristiana de Roma, que había trabajado celosamente para el Señor.

Pablo la hace saludar (Ro. 16:12).

 PESAS Y MEDIDAS

tip, MEDI

ver, RAS SHAMRA

vet,

Los datos que se hallan en la literatura judía y de los otros pueblos acerca de pesas y medidas no pueden ser convertidos a pesas y medidas de nuestra época con un rigor matemático. Al igual que sucede con las medidas europeas anteriores a la implantación del sistema métrico, había patrones diversos y cambiantes, que nunca habían sido rigurosamente determinados. Las mismas relaciones establecidas por los autores antiguos entre las medidas hebreas y los patrones babilonios, griegos o romanos no tienen una precisión absoluta. En cuanto al sistema judío, éste se vio influenciado sucesivamente por los sistemas de los imperios vecinos de Palestina, y los mismos eruditos israelitas no concuerdan en sus evaluaciones.

I. Pesos.

Los hebreos se servían de balanzas y de pesos (Lv. 19:36). El oro y la plata eran pesados, al igual que las mercancías (Jer. 32:10). Los principales pesos eran:

(A) El talento (gr. «taulaton», heb. kikkãr; «redonda», «óvalo»; 1 R. 9:14).

(B) La mina, o maneh (gr. «mnã», heb. «mãneh», ac. «manû»: en estas dos lenguas la raíz significa «contar»; 1 R. 10:17.

(C) El siclo, o «shekel», «peso» (Éx. 30:13).

(D) La gera, probablemente del ac. «geru», que valía primitivamente 1/20 de siclo (Éx. 30:13).

(E) La beka, o 1/2 siclo (Gn. 24:22; Éx. 38:26).

(F) La libra (gr. «litra»; Jn. 12:3; 19:39), equivalente a la libra romana de alrededor de 327 gr.

Las excavaciones han dado asimismo algunas indicaciones acerca de unas equivalencias aproximadas de los antiguos pesos israelitas. Casi todos los pesos primitivos de los israelitas eran de piedra. En Laquis se ha encontrado un peso que llevaba la inscripción «neseph»: pesaba 10,5 g.; una decena de pesos del mismo género tienen entre 9,28 g. y 10,21 g.; dos pesos de piedra, con la inscripción «pym», es decir, 2/3 de siclo; estos dos pesos pesan 8,13 y 7,8 g.; finalmente, dos pesos con la inscripción «beka'», que pesan 6,15 y 6,09 g. La mayor parte de estos objetos de Laquis datan probablemente del final del siglo VII y del inicio del siglo VI a.C. La existencia de pesos del mismo nombre pero de peso diferente permite admitir que los patrones palestinos diferían mucho según las diferentes localidades. Por otra parte, las balanzas carecían de exactitud.

En Babilonia y Asiria, 60 siclos equivalían a una mina. En estas regiones se distinguía entre los pesos ligeros (talentos, minas y siclos) y los pesos pesados de las mismas denominaciones. Estos segundos equivalían a exactamente el doble de los primeros. Había asimismo patrones locales, además de la maneh (mina) sumeria. Unas minas conservadas en el Museo Británico pesan desde 423 a 570 g., en tanto que una cierta mina babilónica, de peso mediano, no pesa más que 505 g. Se distinguen tres patrones para la mina babilónica. Según las constataciones hechas, el siclo no tenía siempre el mismo peso. En Ras Shamra (a 40 Km. al suroeste de Antioquía) se empleaba la mina de 50 siclos (véase RAS SHAMRA para una discusión acerca de las cuestiones cronológicas suscitadas).

Entre los hebreos se puede establecer una tabla aproximada como sigue:

gera 1/20 de siclo 0,82 g.

beka 1/2 siclo 8,02 g.

siclo = 16,04 g.

mina 50 siclos= 820 g.

talento 3.000 siclos= 49.200 g.

Sin embargo, hay una gran incertidumbre acerca de los dos últimos pesos. La mina valía 15, 50, 60 o incluso pudiera ser que 100 siclos. Asimismo, las estimaciones varían entre 30 y 50 minas.

 

II. Medidas de longitud.

Como entre los pueblos antiguos, derivan de las dimensiones del cuerpo humano. El codo (del latín «cubitum», «codo») era la unidad básica; en principio, se medía desde el codo hasta el extremo de los dedos, pero era variante. Se habla de

«codos de hombre» (Dt. 3:11),

«codos, por la medida antigua» (2 Cr. 3:3, V.M.),

«codos ordinarios», de otro codo «y palmo menor» (Ez. 40:5),

«codos largos» (Ez. 41:8).

Hasta allí donde podemos saber, el codo ordinario tenía 44 cm., y el grande alrededor de 52 cm. Lo mismo sucedía en Babilonia: el codo real media tres anchos de dedo de más que el codo babilónico corriente (Herodoto 1:178). El codo egipcio ordinario, de alrededor de 45 cm., equivalía a seis palmos, es decir, a seis veces la anchura de una mano (Herodoto 2:149). El codo real egipcio, que tenía un palmo de más, medía alrededor de 52 cm., lo que queda demostrado por las cañas de medición halladas en las tumbas.

Durante el período grecorromano las distancias se medían en millas y en estadios; 5.000 pies romanos equivalían a una milla romana de alrededor de 1.480 m. El estadio del NT medía alrededor de los 185 m. (Lc. 24:13); 8 estadios romanos equivalían a una milla. El estadio griego se dividía en 600 pies. Como los pies variaban, el estadio olímpico medía 192,5 m., en tanto que el estadio ático tenía sólo 147,85 m. El término gr. «stadion» designaba primeramente el emplazamiento del campo de carreras y después la distancia recorrida por un hombre vigoroso, corriendo sin tomar aliento.

Comparación aproximada de longitudes:

Dedo (anchura) (Jer. 52:21) 2,5 cm.

Palmo menor (anchura de cuatro dedos)

(Éx. 25:25) 9,2 cm.

Palmo, 3 palmos menores 27,7 cm.

Codo, 2 palmos 55 cm. (o algo menos

(Éx. 28:16) en ocasiones)

Caña de Ezequiel (Ez. 40:5), 6 codos largos 3,32m.

Braza, longitud de dos brazos extendidos

(medida profundidad, Hch. 27:28) 1,80m.

Estadio (Lc. 24:13; Jn. 6:19) Alrededor de 185 m.

Milla (Mt. 5:41), 8 estadios Alrededor de 1.480 m.

Camino de un sábado, 2.000 codos 1.100 m.

 

III. Medidas de Capacidad.

Tampoco se conocen con exactitud las antiguas medidas de capacidad, que variaban frecuentemente a lo largo de las épocas, en particular durante y después de la cautividad. La unidad de medida para los sólidos era el efa; para los líquidos era el bato. Se ha identificado el contenido de dos unidades, a pesar de la diversidad de sus nombres (Ez. 45:11). Se puede establecer la siguiente tabla general:

Medidas de áridos:

El Cab (solamente en 2 R. 6:25) valía 1/18 de efa = 2 l. 94 cc.

El choinix («libra» de Ap. 6:6) =1 cab

El gomer (Éx. 16:36), 1/10 de efa = 3 l. 50 cc.

El almud (lat. «modius», Mt. 5:15), medida romana = 8 l. 63 cc.

La «medida» (seah) (Gn. 18:6; 2R. 7:16), 1/3 de efa =11 l. 70 cc.

El efa es equivalente al bato = 35 l.

El lethek (Os. 3:2) 1/2 homer = 175 l.

El homer (Os. 3:2), 10 efas = 350 l.

El cor, o «coro» (1 R. 5:11; Éx. 45:14),

equivalente al homer = 350 l.

Medidas de líquidos

El log (Lv. 14:10, 12, 15, 24) = 486 cc.

El hin (Éx. 29:40) = 12 logs = 5 l. 832 cc.

El bato (1 R. 7:38; Ez. 45:10), 6 hines = 35 l.

El «cántaro» de Jn. 2:6 (gr. «metretes») = 39 l.

 

IV. Medidas de Superficie.

En la mayor parte de los países, las superficies eran indicadas en base a la extensión que podía arar un par de bueyes en un día. Otra medida muy antigua se correspondía con la cantidad de grano necesario para sembrar una superficie. En la versión Reina-Valera se traduce como «yugada» el heb. «Semed», «yugo», «par de bueyes» (1 S. 14:14; Is. 5:10). El «actus» romano (surco) medía 120 pies romanos de longitud. La unidad de superficie de los romanos era el actus cuadrado. El «jugerum» (yugada) equivalía al área trabajada en una jornada por un par de bueyes. El «jugerum» tenía un doble «actus» de longitud y un «actus» de anchura, lo que daba una superficie rectangular de 28.000 pies cuadrados romanos (2.518 m2). Se supone que la yugada heb., «Semed», era análoga, pero no se pueden dar más precisiones.

 PESCA (Véase PEZ)

 PESEBRE

tip, UTEN

vet,

(gr. «Phatnê», Lc. 2:7, 12; 13:15; Is. 1:3).

Ya aparecen los pesebres en la Ilíada (10:568; 24:280; Herodoto 9:70).

En Palestina, el establo se encuentra ordinariamente en la casa del propietario; una parte del interior está provista de pesebres en forma de cajas, hechas de piedras unidas con cemento. Este término tiene interés por su relación con el nacimiento del Señor Jesús (Lc. 2:7-16). Se han expresado dudas acerca de si significa estrictamente el comedero, o si se refiere más ampliamente al local en que se guardaba el ganado. Con esto concuerda la Vulgata, «praesepe», así como la versión Peshito-Siríaca.

El término «phatnê» aparece en la LXX en 2 Cr. 32:28; Jb. 6:5; 39:9; Pr. 14:4; Is. 1:3; Jl. 1:17; Hab. 3:17. 

 PESTE

tip, MDIC

vet,

La peste es una enfermedad contagiosa, frecuentemente epidémica; en la India se mantiene desde hace mucho tiempo en forma endémica.

La Biblia la presenta frecuentemente como un azote de Dios (Éx. 9:15; Lv. 26:25; Dt. 28:21), que Él suscita por medio de causas secundarias. La guerra, el hambre y la peste son castigos que siguen el uno al otro (Éx. 6:11).

Cuando la guerra se desata sobre una región, los enemigos se apoderan de las cosechas, destruyéndolas; los campesinos dejan de cultivar las tierras. Las ciudades asediadas no pueden conseguir suministros. El hambre, la mortandad y la insalubridad favorecen la aparición de la peste.

 PETOR

tip, CIUD

sit, a4, 225, 79

vet,

Ciudad cercana al Éufrates (Nm. 22:5), cerca de los montes de Aram (Mesopotamia) (Nm. 23:7; Dt. 23:4).

Salmansar II de Asiria arrebató Petor a los heteos, y le dio el nombre de Pitru.

En la lista de Tutmose III de Egipto se halla entre las ciudades sirias.

Esta ciudad se hallaba sobre la ribera occidental del Éufrates, cerca del río Sagura, que en la actualidad lleva el nombre de Sajur, a algunos Km. al sur de Carquemis.

 PETRA

tip, CIUD

ver, SELA

sit, a4, 198, 299

vet,

Nombre gr. de Sela. Ciudad de Edom. (Véase SELA).

 PEZ, PESCA

tip, FAUN ALIM PECE

ver, DRAGÓN, LEVIATÁN

vet,

En Egipto se pescaba en el Nilo y en los diversos brazos que forma antes de llegar al Mediterráneo (Is. 19:8). Durante su esclavitud en Egipto, los israelitas podían comer pescado a voluntad (Nm. 11:5).

A lo largo de la costa mediterránea de la Palestina septentrional, la pesca estaba sobre todo en manos de los tirios y de los sidonios (Neh. 13:16), y al sur en poder de los filisteos.

El mar de Galilea pertenecía a los israelitas, y era su principal zona de pesca. Tristram enumera veintidós especies de peces en este mar; una gran cantidad desciende al Jordán, pero todo pez que llega al mar Muerto encuentra la muerte en sus saladas aguas. Había venta de pescado en Jerusalén (2 Cr. 33:14; Neh. 13:16).

La pesca se hacía mediante cañas de pescar, anzuelos, arpones, garfios (Jb. 41:1, 7; Is. 19:8; Am. 4:2; Mt. 17:27), también se echaban redes (Lc. 5:4-7).

El gran pez, o monstruo marino, heb. «Tannin», denota grandes peces del mar (Gn. 1:21; Jb. 7:12). Los dos términos heb. «Dag» y «Dagah» se hallan en Jon. 2:1, 2. En Ez. 32:2 se traduce como «dragón en los mares», siguiendo la LXX y la Vulgata, «dragón». Otras versiones traducen «monstruo de los mares» o «cocodrilo en los mares». (Véanse DRAGÓN, LEVIATÁN.)

El término gr. «kêtos» (Mt. 12:40) designa todo tipo de gran animal marino: grandes peces, o mamíferos marinos, como los delfines, cachalotes, orcas, ballenas, etc. En la LXX se usó el término «kêtos mega» para traducir los dos términos heb. de Jon. 2:1, que significan «gran pez». El término «ballena» no figura ni en el AT ni en el NT, por lo que no se puede presentar objeción alguna a la historia de Jonás con argumentos acerca de lo estrecha de la abertura de algún tipo de ballenas.

Otro término gr. que significa pez, «ichthus», fue adoptado por los cristianos perseguidos de los primeros siglos como símbolo de Cristo, como acróstico. En efecto, se puede formar en base a las iniciales de Iesus Christos Theou Uîos Sõter, «Jesucristo Hijo de Dios, Salvador». La imagen y el nombre del pez se hallan con mucha frecuencia en las paredes de las catacumbas romanas.

 PIEZAS DE DINERO (Véase DINERO)

 PI-HAHIROT

ver, RAMESÉS, HICSOS, EGIPTO, ÉXODO

vet,

Pi-hahirot y arqueología. El Monolito de el Arish, en el museo de Ismailía fue descubierto algo después de 1860; en 1890 se hizo una traducción parcial del texto (F. L. Griffith); no fue hasta 1936 que se hizo un intento serio de traducirlo totalmente (G. Goyon «Les travaux de Chou et las tribulations de Geb d'après le Naos 2248 d'Ismailia», Kêmi, «revue de philologie et d'archéologie egyptiennes et coptes» VI, 1936, 1-42). En este monolito se menciona que «...su majestad de Shou fue a la batalla contra los compañeros de Apopi» (véase HICSOS, d). El rey y su ejército no volvieron: «Cuando la majestad de Ra-Harmachis luchó contra los malhechores en esta charca, los malhechores no prevalecieron contra su majestad. Su majestad saltó al llamado «Lugar del Torbellino» (Griffith: «The Antiquities of Tell el-Yahudiyeh», Londres, 1890, p. 73). La marcha de Faraón tuvo lugar en medio de una gran perturbación telúrica y una tempestad que ennegreció la tierra. El texto continúa: «Su majestad... (aquí faltan palabras) halla en este lugar llamado Pi-Kharoti.» Unas pocas líneas después se afirma que fue arrojado por una gran fuerza, y echado por los aires por el torbellino de agua alto. Fue al cielo. Esta mención, el paralelismo de los acontecimientos, la mención de «Apopi» como enemigo del soberano egipcio (véase HICSOS, d), la identificación de los hicsos con los amalecitas (véanse EGIPTO, a, c; ÉXODO, b; HICSOS), lleva a la conclusión de que en este monolito tenemos un relato paralelo al de la Biblia acerca de la huida de los hebreos de Egipto, de la muerte de Faraón en Pi-hahirot («ha» es en heb. el artículo determinado, equivaliendo así el Pi-kharoti egip. con el Pi-[ha]hirot heb. Se ha de tener en cuenta que las vocales de la traducción del egip. son una conjetura). Así, aunque no se conoce la situación de Pi-hahirot, aparece una mención independiente del lugar y circunstancias mencionados en la Biblia.

Véase PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO.

 PILATO

tip, BIOG HOMB HONT

ver, PROCURADOR

vet,

Su nombre entero era Poncio Pilato (Mt. 27:2).

Poncio, en lat. «Pontius», indicaba su relación, por descendencia o adopción, con el «gens» de Pontii. Pilato podría derivar de «Pilatus», armado de «pilum», o jabalina; también podría provenir de «Pileatus», llevando el «pileus», gorro de fieltro, emblema de la libertad, reservado al esclavo libertado.

Quinto procurador de Judea, a partir de la destitución de Arquelao por Augusto, en el año 6 d.C. (véase PROCURADOR). Por medio de la influencia de Séjano, fue designado procurador de Judea por Tiberio, hacia el año 26 d.C., para suceder a Valerio Grato.

Llegó a Judea el mismo año de su nominación. Su esposa lo acompañó (Mt. 27:19). Durante mucho tiempo la ley romana no autorizó a que un gobernador llevara a su esposa a una provincia no pacificada, pero Augusto sí lo permitió (Tácito, Anales 3:33).

En contra de la política de los procuradores precedentes, Pilato envió a Jerusalén un destacamento militar con sus enseñas. Ordenó que se entrara en la ciudad por la noche, con las enseñas provistas de águilas de plata y de pequeñas imágenes del emperador, para provocar a los judíos. Una buena cantidad de ellos acudió a Cesarea, la residencia del procurador, para exigir la retirada de las enseñas. Pilato intentó intimidarlos, pero, al ver que estaban dispuestos a dejarse matar en masa, accedió al final a su petición (Ant. 18:3, 1; Guerras 2:9, 2 y 3).

Más tarde tomó del tesoro del Templo el dinero sagrado (corbán), para emplearlo en la construcción de un acueducto para llevar a Jerusalén el agua de las regiones montañosas del sur de la capital. El uso secular de un dinero consagrado a Dios provocó una sublevación. Cuando el procurador llegó a Jerusalén, los judíos asediaron su tribunal. Pilato, enterado ya de la rebelión, mezcló entre la multitud a soldados disfrazados, escondiendo garrotes y puñales. Cuando la agitación llegó a su paroxismo, Pilato dio la señal esperada por los soldados. Numerosos judíos murieron asesinados o atropellados por la multitud al huir. No parece haberse dado otra sedición. Pilato finalizó el acueducto, pero se hizo odioso a los judíos (Ant. 18:3, 2; Guerras 2:9, 4).

Cuando estaba en Jerusalén, se alojaba en el palacio de Herodes. Hizo colgar después unos escudos de oro, cubiertos de inscripciones idolátricas relativas a Tiberio, aunque sin la efigie del emperador. El pueblo suplicó en vano a Pilato que los quitara. Los nobles de Jerusalén enviaron entonces una petición a Tiberio, que ordenó al procurador que llevara los escudos a Cesarea (Filón, «Legat ad Gaium», 38).

Una carta de Agripa I, citada por Filón, presenta a Pilato como un hombre de carácter inflexible, tan implacable como obstinado. Agripa temía que los judíos fueran a acusar a Pilato ante el emperador de corrupción, violencia, ultrajes al pueblo, crueldad, ejecuciones continuas sin previo juicio, y atrocidades carentes de sentido.

Pilato era procurador cuando Juan el Bautista y Jesús comenzaron sus ministerios (Lc. 3:1). Los procuradores de Judea acudían habitualmente a Jerusalén con ocasión de las grandes fiestas, durante las que se reunían multitudes de judíos. Es posible que fuera durante una de estas solemnidades que Pilato derramó la sangre de algunos galileos en la zona del Templo donde se ofrecían los sacrificios (Lc. 13:1, 2). Los galileos eran propensos a exaltarse durante las fiestas (Ant. 17:10, 2 y 9). Los ejecutados por Pilato habían intentado seguramente iniciar una sublevación. Es indudable que una ejecución tan sumaria de algunos de sus súbditos enfurecería a Herodes Antipas; fuera cual fuera la causa de la enemistad entre él y Pilato, el rencor de Herodes se apaciguó cuando el procurador reconoció la jurisdicción del tetrarca en las cuestiones concernientes a galileos (Lc. 23:6-12), lo que sucedió cuando hubo el proceso al Señor Jesús.

La carrera de Pilato y la forma en que trató a Jesús revelan su carácter: mundano, dispuesto a juzgar con justicia siempre y cuando ello no le implicara ningún inconveniente personal. Dispuesto a cometer un crimen que le fuera de provecho, y sin preocuparse por sus deberes, sino por sus intereses. Habiendo proclamado tres veces la inocencia de Jesús, y sabiendo que su deber era liberarlo, no lo hizo para no hacerse más impopular entre los judíos. Ordenó la flagelación de Cristo, no habiéndolo hallado culpable de nada. Dejó después que los soldados romanos, que se hubieran detenido a la menor indicación de su parte, torturaran de nuevo al preso. Cediendo al final al clamor de los judíos, Pilato accedió a la demanda de ellos, entregando a Jesús a la muerte en la cruz (Mt. 27; Lc. 23).

La carrera de Pilato quedó bruscamente interrumpida. Un impostor samaritano incitó a sus compatriotas a seguirle en el monte Gerizim, para buscar unos vasos de oro escondidos por Moisés y que provendrían del Tabernáculo. Se ha de señalar que Moisés jamás había estado en el monte Gerizim, por cuanto no le fue permitido cruzar el Jordán. Los samaritanos, engañados, se reunieron al pie de la montaña, listos para la ascensión. Como los desventurados iban armados, Pilato situó caballería e infantería en todos los caminos que conducían a Gerizim. Atacaron a estos buscadores de tesoros, dando muerte a muchos de ellos, y tomando a otros como prisioneros, ejecutándolos posteriormente. Los samaritanos denunciaron la crueldad de Pilato al legado de Siria, Vitelio, de quien dependía el procurador. Éste designó a otro procurador, ordenando a Pilato que se dirigiera a Roma para justificarse ante el emperador. Tiberio murió el 16 de marzo del año 37, antes de la llegada de Pilato (Ant. 18:4, 1 y 2). La tradición informa que Pilato fue desterrado a las Galias, a Viena sobre el Ródano, y que se suicidó.

Existen numerosos «Hechos de Pilato» (Acta Pilati), pero se contradicen entre sí y son considerados como apócrifos.

 PIBESET

tip, CIUD

sit, a4, 73, 282

vet,

(egip. «casa de la diosa Bast»)

Ciudad egipcia (Ez. 30:17). Su nombre gr. era Bubastos, Bubastis (Herodoto 59:137). Esta localidad, que en la actualidad se llama Tell Basta se encuentra en el Delta del Nilo sobre la ribera occidental de la rama Pelusíaca del Nilo a unos 72 Km al oeste-suroeste de la Zoán bíblica.

Entre las ruinas de Pibeset se hallan los vestigios de lo que fuera un soberbio templo de granito rojo dedicado a Bast, la diosa con cabeza de gata.

 PICOL

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

Capitán del ejército de Abimelec, rey de Gerar, estuvo presente durante la celebración de un pacto entre Abimelec y Abraham. También asistió a la alianza de Isaac con Abimelec, o con su sucesor que llevaba su mismo título (Gn. 21:22; 26:26).

 PIE

tip, COST TIPO

vet,

Debido al polvo del camino, y a lo descubiertos que se llevaban los pies, sin calcetines ni medias, era preciso lavarse los pies con mucha frecuencia. A la llegada a una casa, el dueño de ella, o un siervo, lavaba los pies del visitante; como mínimo, se debía presentar agua para poderse lavar (Gn. 18:4; Lc. 7:44). Así, lavar los pies vino a ser una expresión denotando el hecho de mostrar hospitalidad (1 Ti. 5:10). La prestación de este servicio de manera voluntaria denotaba una gran devoción; Jesús dio una gran lección de humildad al lavar los pies de Sus discípulos (Jn. 13:4-15).

Para indicar un trabajo muy humilde se usaba la expresión «desatar las correas de las sandalias» (Mr. 1:7; Lc. 3:16; Jn. 1:27).

Para expresar condena y separación, se sacudía el polvo de la ciudad de los pies de uno de una manera pública (Mt. 10:14; Hch. 13:51).

Para expresar el cuidado de Dios sobre Su pueblo durante la peregrinación en el desierto, Moisés les dice: «Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años» (Dt. 8:4; cfr. 29:5).

Como expresión de dominio, se ponía el pie sobre el cuello del vencido (Jos. 10:24, etc.).

Son numerosas las expresiones que se usan en la Biblia con el término «pie»:

«Cubrirse los pies» se usa eufemísticamente de «hacer las necesidades» (1 S. 24:3).

«Hablar con los pies» denota la gran gesticulación con que hablan los orientales, y con la que dan a sus palabras un énfasis y matiz adicionales (Pr. 5:13).

«sentado a los pies», para denotar a un discípulo recibiendo enseñanza, (Dt. 33:3; heb. lit.: Lc. 10:39; Hch. 22:3).

Hay frecuentes referencias a los pies en cuanto a la conducción por Dios de los Suyos (cfr. Sal. 91:12, que tiene además aplicación mesiánica; Sal. 121:3). Se hace referencia al andar moral en relación con Dios y los demás (Sal. 73:2; Jb. 23:11; 31:5).

Aplicado a los que traen gratas nuevas, «los pies» son un sinónimo de «la llegada» (cfr. Is. 52:7).

 PIEDAD

tip, DOCT

vet,

(heb. «ghãhseed», «piadoso», Sal. 4:3; «santo», Sal. 32:6; «rahghãmeem», «piedades», Sal. 25:6; gr. «thesebeia», «adoración» o «reverencia» a Dios, «temor reverencial a Dios», 1 Ti. 2:10; «eusebeia», etim. «adorar bien», y de ahí «piedad hacia Dios»; lat. «pietas»).

Es un afecto y respeto hacia Dios y los padres. Al clamar: «misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos» (Os. 6:6; «misericordia» es el término traducido en otros pasajes por piedad), el Señor demanda una respuesta de corazón, un don de todo el ser, en lugar de una religión formalista que cumpla mecánicamente los sacrificios ordenados por la Ley. Pablo, que usa en varias ocasiones este término, escribe a Timoteo: «Ejercítate para la piedad... la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera» (1 Ti. 4:7-8).

La encarnación y la glorificación de Cristo constituyen el gran misterio de la piedad (1 Ti. 3:16). La sana doctrina es «conforme a la piedad», por cuanto ambas cosas son inseparables (1 Ti. 6:3). La piedad es nuestra principal fuente de ganancia aquí abajo (1 Ti. 6:6), y debemos buscarla intensamente (1 Ti. 6:11), para vivir verdaderamente «en toda piedad» (1 Ti. 2:2; Tit. 2:12; cfr. 2 P. 1:6).

La marca de la apostasía es la de tener «apariencia de piedad, pero negar(án) la eficacia de ella» (2 Ti. 3:5). Así, debemos dar a Dios un culto que le sea agradable «con temor y reverencia» (He. 12:28).

El hombre piadoso de los Salmos es objeto de la bendición y protección del Señor (Sal. 4:3; 32:6; 86:2). Los judíos y los prosélitos piadosos acogieron felices la predicación del Evangelio (Lc. 2:25; Hch. 2:5; 8:2; 10:2; 13:43). Tanto en nuestros días como entonces, «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Ti. 3:12). El mismo Dios da a los creyentes todo aquello que pertenece a la vida y a la piedad, y no dejará de librar de las pruebas a todos los hombres piadosos (2 P. 1:3; 2:9).

La piedad se ejerce también en el seno de la familia y hacia los padres: viene a ser la piedad filial, particularmente grata a Dios. Por cuanto si uno no se cuida de los suyos, y principalmente de los de su familia, ha renegado de la fe, y es peor que un infiel (1 Ti. 5:4, 8).

 PIEDRA

tip, CONS TIPO

ver, MESA, LUGARES ALTOS, PESAS Y MEDIDAS, JEROGLÍFICOS, EGIPTO

vet,

El suelo rocoso de Palestina exigía frecuentemente sacar las piedras de los campos antes de poderlos cultivar (Is. 5:2). En la guerra se destruían los campos y pozos de los enemigos echando piedras en ellos (2 R. 3:19, 25).

Usos diversos de las piedras:

(A) Construcción:

en diques, muelles (Guerras 1:21, 6);

fortificaciones (1 R. 15:22; Neh. 4:3);

casas (Lv. 14:45; Am. 5:11);

palacios (1 R. 7:1, 9);

fortalezas, templos (1 R. 6:7);

enlosados de patios, columnas (Est. 1:6).

Bajo Herodes, y también en otras épocas, se pavimentaban las calles.

De piedra se hacían los acueductos, depósitos, puentes, paredes de protección para los viñedos (Pr. 24:30, 31).

Las piedras de los altares (Éx. 20:25), de los muros y de los majanos conmemorativos no debían ser talladas (Gn. 31:46).

Montones de piedras brutas eran las tumbas de las personas votadas al anatema (Jos. 7:26; 8:29; 2 S. 18:17). Esta forma de sepultura sigue siendo costumbre en Siria y Arabia, incluso si no se trata de criminales.

Ciertos edificios precisaban de piedras serradas, talladas (1 P. 7:9-11), en ocasiones de gran tamaño; éste era el caso para la construcción de los muros del Templo (1 P. 7:10) y para el muelle de Cesarea, construido por Herodes (Guerras 1:21, 6).

(B) Bloques aislados.

Utilizados para tapar las cisternas, pozos, la entrada de las tumbas (Gn. 29:2; Mt. 27:60; Jn. 11:38), como mojones para las lindes de campos (Dt. 19:14) y, probablemente, a guisa de indicadores (Jer. 31:21).

En la época romana se hallaban piedras militares a lo largo de las principales vías de comunicación; las había entre Tiro y Sidón, entre Pella y Gerasa; algunas de ellas siguen estando en su sitio. Se levantaban piedras para recordar a ciertas personas o acontecimientos (Gn. 31:45; 35:14, 20; 2 S. 18:18). Se inscribían anales en ciertos de estos monumentos (véase MESA [ESTELA DE)).

Con piedras se hacían ídolos (Lv. 26:1; Dt. 29:17; 2 R. 19:18; cfr. Is. 57:6). Ciertas piedras, casi siempre aerolitos, vinieron a ser sagradas para los paganos. En gr. recibían el nombre de «baituloi» y «baitulia». Se pretendía que se podían mover, hablar, y proteger a los hombres del mal. Su nombre gr., muy probablemente de origen semita, está emparentado con el término «beth'êl» e indica, posiblemente, que se consideraba que la piedra era la morada de un poder sobrenatural, espíritu o divinidad. Los semitas empleaban este término para designar las rudimentarias estelas erigidas allí donde se celebraba un culto (Dt. 12:3). (Véase LUGARES ALTOS.)

Los israelitas erigían, en ocasiones, una piedra conmemorativa en el lugar en que Dios se les había revelado (Gn. 28:18-22; 35:14; 1 S. 7:12; Is. 19:9), y le daban un nombre religioso a este lugar (Gn. 28:19; 35:7), o incluso a la piedra (1 S. 7:12). De la misma manera, daban en ocasiones a un altar uno de los nombres de Dios (Gn. 33:20; Éx. 17:15; cfr. Gn. 35:7). Sin embargo, los mismos pasajes muestran que no atribuían poder alguno ni a la piedra ni al altar, Constituían un simple recuerdo religioso; la adoración que ellos rendían a Dios era totalmente independiente de ello (Gn. 31:54; 35:1, 7; 1 S. 7:9).

(C) Piedras para diversos usos:

proyectiles de hondas y de catapultas (Jue. 20:16; 1 S. 17:40; 2 Cr. 26:15; Sab. 5:22; 1 Mac. 6:51);

piedras que se tiraban en caso de lapidación.

Se conseguían chispas a base de golpear piedras de pedernal, para encender fuego (2 Mac. 10:3).

Unas piedras conformadas adecuadamente servían de cuchillos (Jos. 5:2).

Los pesos se hacían frecuentemente de piedras talladas (Dt. 25:13). (Véase PESAS Y MEDIDAS.)

Las tablas de piedra, inscritas, se usaban a guisa de documentos (Éx. 24:12).

Se guardaba agua en vasos de piedra (Éx. 7:19; Jn. 2:6).

Los animales destinados a los holocaustos eran degollados sobre mesas de piedra (Ez. 40:42).

Para moler grano y reducirlo a harina, se hacía girar una piedra redonda de alrededor de 15 kg. de peso; también se molía el grano en medio de dos piedras superpuestas que servían de muelas (Dt. 24:6).

La piedra, símbolo de dureza, de insensibilidad (1 S. 25:37; Ez. 36:26), representa asimismo la fuerza moral (Jb. 6:12; 42:15). Los discípulos de Cristo son comparados con piedras vivas que forman un templo espiritual, del que Cristo es la piedra angular (Ef. 2:20-22; 1 P. 2:4-8).

 PIEDRA ANGULAR o piedra del ángulo.

tip, TIPO CONS

ver, MESA, LUGARES ALTOS, PESAS Y MEDIDAS, JEROGLÍFICOS, EGIPTO

vet,

Era la piedra fundamental que constituía el ángulo exterior de un edificio. Piedra situada en el ángulo donde se encuentran dos muros, manteniéndolos unidos. Toda piedra que ocupe esta posición desde la base (Jb. 38:6; Is. 28:16) hasta el tejado (Sal. 118:22; Zac. 4:7) es una piedra angular.

En sentido figurado, Cristo es la principal piedra del ángulo (Ef. 2:20; 1 P. 2:6), así como la cabeza del ángulo (Mt. 21:42; 1 P. 2:7).

 PIEDRA DE ROSETTA. Véase JEROGLÍFICOS, EGIPTO, e.

 PIEDRAS PRECIOSAS

tip, COSM TIPO

vet,

La Biblia menciona la mayor parte de las piedras preciosas que se conocen en la actualidad, pero es, en ocasiones, difícil hallar la correspondencia exacta entre los nombres que se hallan en las lenguas originales con los de nuestra nomenclatura actual. Se pueden destacar, en particular, tres listas de estas gemas:

las doce piedras grabadas del pectoral del sumo sacerdote (Éx. 28:17-21; 39:10-13);

las nueve piedras del ornato del rey de Tiro (en tanto que en la LXX se añaden doce, Ez. 28:13), y

las doce piedras de los cimientos de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:19-20).

Las piedras preciosas eran utilizadas para:

confeccionar los ornamentos sacerdotales y reales (2 S. 12:30),

ofrecer ricos presentes (1 R. 10:2),

servir de adorno femenino (Ap. 17:4),

la decoración del Templo (1 Cr. 29:2, 8; 2 Cr. 3:6),

conseguir acumular un gran valor en poco volumen (2 Cr. 32:27),

servir de sello (Éx. 39:14).

Ciertos pasajes indican el origen de estas piedras (Gn. 2:12; 1 R. 10:11, Jb. 28:6, 16-19, Ez. 27:16).

Con frecuencia se citan las piedras preciosas como símbolo:

de esplendor celeste (Éx. 24:10; Is. 54:11-12; Ez. 1:26; 10:1; Ap. 4:3),

de belleza resplandeciente (Lm. 4:7; Cnt. 5:14),

de gran valor (Pr. 17:8; Jb. 28:16-19),

de dureza extremada (Ez. 3:9; Zac. 7:12; Jer. 17:1),

de duración inalterable (1 Co. 3:12), y

de un color particular (Ap. 9:17).

(a) Ágata.

(nombre que se deriva del de un río de Sicilia, donde abundan estas piedras). Se presenta bajo diversas especies de cuarzo coloreado: amatista, calcedonia y jaspe. Sobre el pectoral del sumo sacerdote, la ágata era la piedra central de la tercera hilera de piedras preciosas (Éx. 28:19; 39:12). (Heb. «sebo».) También es mencionada en Ap. 21:19 como tercer cimiento de la Nueva Jerusalén. Ver nota al fin de este artículo.

(b) Amatista.

(el nombre heb., «ahlama», sugiere la idea de una piedra preciosa que hace delirar). Piedra de gran valor, la última de la tercera hilera sobre el pectoral del sumo sacerdote (Éx. 28:19; 39:12). El duodécimo cimiento de la Nueva Jerusalén es de amatista (Ap. 21:20). Se trata de una variedad transparente de cuarzo. Es límpida, púrpura o de color morado tendiendo al azul, se cree que el origen de este color es el manganeso. Los hebreos podían conseguir la amatista en el país de Edom, en Egipto, Galacia, Chipre pero los más bellos especímenes se conseguían de la India y de España.

(c) Berilo.

(A) Heb. «tarshish»; piedra preciosa relacionada indudablemente con el lugar de origen de la primera piedra de la cuarta hilera del pectoral (Éx. 28:20; 39:13; Cnt. 5:14; Ez. 1:16; 10:9; 28:13; Dn. 10:6). Ninguno de los pasajes da indicación alguna del color de esta piedra. Hay algunos comentaristas que traducen el «tarshish» de Cnt. 5:14 por topacio y «tarshish» de Éx. 28:20 por calcedonia. En la LXX se traduce como crisólito en Éx. 28:20; 39:13; Ez. 28:13, y como «anthrax», que se traduce «carbunclo», en Ez. 10:9.

(B) El término gr. «beryllos» de Ap. 21:20 se traduce como berilo, para designar el octavo fundamento de la Nueva Jerusalén. El berilo es un mineral de roca, formado especialmente por sílice y aluminio; por lo general es de color verde o verde azulado; aparece también en variedades azules, rosas, amarillas, o de color de aguamarina; está emparentada con la esmeralda.

(d) Carbunclo.

(A) Heb. «bareketh» y «bar'kath»: brillante como el rayo (Ez. 28:13); la primera piedra de la segunda hilera del pectoral (Éx. 28:18-19). En la LXX, la Vulgata y Josefo no se traduce como carbunclo, sino como esmeralda.

(B) Heb. «'Ekdah», «resplandor», «chispa» (Is. 54:12). Piedra luminosa que tiene el aspecto de un carbón ardiendo. La LXX traduce «anthrax», en lat. «carbunculus». Según el naturalista y minerólogo Dana, Plinio da el nombre de carbunclo a tres piedras diferentes: al granate, al rubí y al zafiro. El granate, que Plinio clasifica entre los carbunclos, es el granate noble, llamado asimismo granate oriental, o almandino. Su transparencia y color son magníficos. Los granates más bellos vienen de Pegou, en la Baja Birmania. El rubí es el espinela, de un rojo claro o solamente translúcido. En cuanto al zafiro, ver en su apartado correspondiente.

(e) Coral.

heb.: «Ra'moth». Esta sustancia era clasificada entre las más preciosas (Jb. 28:18). Los mercaderes arameos llevaban el coral a los mercados de Tiro (Ez. 27:16). Se extraía del Mediterráneo y del mar Rojo, y con él se fabricaban collares y amuletos. El coral es el esqueleto calcáreo de cienos pólipos. Se trata de zoófitos provistos de una boca con tentáculos. El pólipo fijado a la roca se multiplica y forma polímeras, análogas a pequeños árboles hechos de zoófitos medio separados y medio adheridos. El carbonato de calcio que constituye el esqueleto del coral proviene del agua. Con frecuencia, el coral adopta el aspecto de un hermoso árbol ramificado, o de un arbusto, de donde viene su nombre de zoófito (animal con el aspecto de una planta). Algunas especies llegan a formar grandes arrecifes. El heb. «peninim» parece más incierto. En Lm. 4:7 la versión Reina-Valera traduce «coral», junto con la mayor parte de las otras versiones. Algunos, sin embargo, traducen «rubíes»; la misma Reina-Valera traduce este término por «piedras preciosas» en Pr. 3:15.

(f) Cornalina o cornerina.

Variedad de calcedonia que los griegos llamaban sardio. Piedra preciosa (Ap. 4:3) constituyendo el sexto cimiento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:20). Los antiguos llamaban sardiones a dos tipos de piedras, que distinguían por su color: La variedad de un rojo transparente, que es asimismo una cornalina, pero para la que se reserva el nombre de sardio. Plinio dice que los sardios se hallaban cerca de Sardis, de donde procedía el nombre, pero que las variedades más bellas procedían de Babilonia. En la actualidad, las cornalinas más bellas proceden de la India. Algunas proceden de Arabia. Es posible que los antiguos hebreos las consiguieran de este último país.

En el AT, el término sardio traduce el heb. «'õdem», piedra enrojecida; figuraba como primera piedra en la primera hilera del pectoral (Éx. 28:17). El rey de Tiro se adornaba con ella (Ez. 28:13, «cornerina»). Hay exegetas que opinan que se trata de rubíes, pero la LXX traduce «'õdem» como sardio.

(g) Crisólito.

gr.: «piedra de oro». Mineral constituido especialmente por silicio y magnesio; hay dos variedades de crisólitos, una noble y otra común. La piedra preciosa transparente es de un verde amarillento y claro; se halla en el Medio Oriente; se ignora si el crisólito de Plinio, el del NT, tenía color de oro, o si se trataba de un topacio. El crisólito constituye el séptimo cimiento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:20).

(h) Crisopraso.

gr.: «piedra de verde dorado». Variedad de calcedonia de tintes verde manzana, color debido a la presencia de óxido de níquel. El más conocido proviene de Silesia. El crisopraso forma el décimo cimiento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:20).

(i) Diamante.

Mineral de una dureza y brillo incomparables; es transparente y puede adquirir una pulimentación maravillosa. El diamante es carbono puro cristalizado. Se cree que no había sido conocido entre los hebreos, ni incluso por los antiguos griegos. Es mencionado por primera vez de una manera inequívoca por el poeta latino Manilius (alrededor del año 12 d.C.), y Plinio lo describe sin posibilidad de confusión en su Historia Natural, aparecida dos años antes de su muerte (79 d.C.). La piedra que los griegos y romanos conocieron con el nombre de adamas (invencible) era posiblemente una especie de corindón, la piedra más dura después del diamante. En la versión de Reina-Valera se traducen dos términos como diamante:

(A) Heb. «Yahalom», piedra preciosa (Ez. 28:13, traducida «jaspe» en este pasaje), la tercera de la segunda hilera del pectoral del sumo sacerdote (Éx. 28:18; 39:11). La LXX traduce «ónice».

(B) Heb. «shamir», piedra dura, tallada en punta, para grabar (Jer. 17:1). En otros pasajes se menciona el diamante como símbolo de dureza (Ez. 3:9; Zac. 7:12).

(j) Esmeralda,

(A) Heb. «nõphek». Era la tercera piedra de la primera hilera del pectoral (Éx. 28:15, 18; 39:11). Los sirios llevaban esta piedra preciosa a Tiro (Ez. 27:16); los tirios hacían ornamentos con ella (Ez. 28:13). No se sabe con exactitud de qué piedra preciosa se trata, y es con dificultad que se distingue entre esmeralda y carbunclo, sea en la LXX, en la Vulgata, o en las versiones modernas.

(B) Gr. «smeragdos», piedra preciosa de un bello color verde. Es posible que designara a cualquier cristal de color verde. Se usaba como sello (Eclo. 32:8); el arco iris es comparado con ella (Ap. 4:3); es el cuarto cimiento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:19). La esmeralda es una variedad del berilo; se distingue por su coloración, de un verde brillante, del tipo del berilo, que la tiene de un color verde pálido al azul claro, al amarillo o al blanco. El color del berilo proviene del hierro, en tanto que el de la esmeralda le viene dado por el cromo. Las esmeraldas se hallaban en el pasado en Chipre, en Egipto y en los montes de Etiopía.

(k) Jacinto.

Piedra preciosa que forma el undécimo cimiento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:20). Se hace alusión a su color (Ap. 9:17), que es incierto. Ciertos comentaristas piensan que se trata de un zafiro de color azul. El término heb , traducido, en ocasiones, por jacinto figura asimismo en Éx. 28:19 donde designa la primera piedra de la tercera hilera del pectoral. Es posible que se trate de un ópalo o de ámbar (Véase también Ópalo en este mismo articulo).

(l) Jaspe,

heb. «yãsh'pheh»; gr. «iaspis» (Éx. 28:20; Ez. 28:13; Ap. 4:3). El jaspe es una variedad de cuarzo: rojo, marrón, amarillo, verde o gris, y opaco. Los antiguos daban al término jaspe un sentido más amplio. Según Plinio, este término designaba asimismo una piedra preciosa transparente o translúcida, de color verde (cfr. Ap. 21:11), por lo que se trataría de una especie de calcedonia o de ágata. La LXX traduce el término heb. por ónice.

(m) Ónice,

Del gr. «onyx», «uña». Traducción del heb. «shõsham», que designa una piedra preciosa (Jb. 28:16; Ez. 28:13), que se hallaba en el país de Havila (Gn. 2:12). Dos piedras de ónice que llevaban, cada una, los nombres de las seis tribus de Israel y estaban fijadas a las hombreras del efod del sumo sacerdote (Éx. 28:9, 12). La segunda piedra de la cuarta hilera del pectoral era asimismo de ónice (Éx. 28:20). David reunió ónices para el Templo que su hijo iba a construir (1 Cr. 29:2). Esta piedra es una variedad de la ágata (de cuarzo) con rayas de diferentes tintas.

(n) Ópalo.

heb. «Leshem», primera piedra de la tercera hilera del pectoral (Éx. 28:19). La LXX, Josefo (Guerras 5:5, 7) y la Vulgata vierten «ligurio», piedra que no ha sido identificada. Es posible que se trate del jacinto, como lo traduce la versión Reina-Valera (véase el párrafo más arriba dedicado a la piedra jacinto). También se ha propuesto el ámbar.

(o) Rubí.

Para el sentido de «p'ninim» véase CORAL.

Los rubíes son mencionados en Is. 54:12; Ez. 27:16. En Cnt. 5:14 algunas versiones traducen «rubíes» y Reina-Valera, «jacintos». El sentido de la expresión es incierto y es posible que designe de manera general una piedra roja que los traductores interpretan de diversas maneras

(p) Sardio. Véase CORNALINA en este mismo artículo.

(q) Topacio.

gr. «topazion», probablemente el heb. «pit'dah».

Era la segunda piedra de la primera hilera del pectoral (Éx. 28:17; cfr. LXX, Ant. 3:7, 5). Se encontraba en Etiopía (Jb. 28:19), y en una isla del mar Rojo (Diódoro de Sicilia, 3:38, 39; Plinio, Historia Natural 37:9). Los tirios la conocían (Ez. 28:13). Constituye el noveno cimiento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:20). El topacio de los antiguos era una variedad amarilla del corindón.

(r) Zafiro.

heb. «sappîr»; gr. «sappheiros».

Era la piedra central de la segunda hilera del pectoral del sumo sacerdote (Éx. 28:18). Constituye también el segundo cimiento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:19).

Los príncipes de Israel son comparados a zafiros (Lm. 4:7) El zafiro era una piedra de gran valor (Jb. 28:16; cfr. Cnt. 5:14; Is. 54:11; Lm. 4:7; Ez. 10:1; 28:13).

El zafiro es una variedad de corindón cristalizado azul transparente (cfr. Éx. 24:10), siendo las otras dos el corindón propiamente dicho y el esmeril. La dureza de esta piedra sólo es sobrepasada por la del diamante. Procede de la India, Ceilán y Etiopía

 

Nota:

La ágata que aparece en Ap. 21:19 es una traducción de «Chalkêdõn», «Kalkêdõn», de la ciudad de Asia Menor. Se trata de una variedad de ágata que se halla en Calcedonia, en Asia Menor. Traducida en la revisión antigua de Reina-Valera como calcedonia (cfr. también F. Lacueva: «Nuevo Testamento interlineal griego-español», loc. cit.), se traduce en las modernas revisiones como «ágata». (Véase Ágata en este mismo artículo.) La calcedonia había sido considerada como una variedad distinta del sílex, pero en la actualidad es considerada como una variedad de cuarzo; es dura, estando constituida sobre todo de sílice; de color lechoso, puede también llegar a un gris pálido, marrón, azul, etc. Al no estar perfectamente cristalizada, presenta frecuentemente venas de cuarzo en nódulos semejantes a los granos de un racimo, o a estalactitas. Esta piedra no parece haber recibido el nombre de calcedonia hasta la Edad Media. Parece, así, que el apóstol Juan quiso con este nombre designar otra piedra, quizá la esmeralda de Calcedonia o el jaspe de este país, piedras mencionadas por Plinio (37:18 y 37).

 PIEDRECITA BLANCA

vet,

(Ap. 2:17).

Se dan diversas explicaciones:

(a) Tableta de piedra que llevaba el nombre de alguien; empleada para echar suertes.

(b) Piedrecita que llevaba el nombre de un candidato a las elecciones gr.; éstas se efectuaban echando suertes entre los elegibles.

(c) Tésera de absolución, utilizada en los tribunales griegos.

(d) Tésera presentada al vencedor de los Juegos Olímpicos.

(e) En Roma, orden que el emperador hacía arrojar a los vencedores durante los juegos en las arenas.

(f) La mejor explicación parece ser la que hace referencia a una pequeña piedra blanca (de uso corriente en las inscripciones); su color simboliza el carácter celeste del cristiano victorioso. El nombre inscrito es la garantía de la promoción a la gloria venidera.

 PINÁCULO

tip, CONS

vet,

(gr. «pterygion»).

Lleva el artículo, refiriéndose a alguna parte elevada del Templo que se desconoce en la actualidad (Mt. 4:5; Lc. 4:9).

 PINTURAS

vet,

En Is. 2:16, la expresión «pinturas preciadas» puede también traducirse como «pinturas, o imágenes de deseo», con referencia a algo en lo que se pone el corazón.

La mayor aproximación que se conoce en el antiguo Egipto de lo que ahora recibe el nombre de «pinturas», la constituyen las representaciones coloreadas hechas en los muros de los templos y de las tumbas.

Los muros de Babilonia estaban adornados con pinturas sobre ladrillos esmaltados: parece que se hace alusión a ellas en Ez. 23:14.

 PIOJO

tip, FAUN INSE

vet,

(heb. «kinnãm» o «kinnim»).

Pequeño insecto molesto, parásito del hombre.

Fue la tercera plaga de Egipto (Éx. 8:13).

Hay traductores que vierten «mosquito», pero Josefo indica que se trataba de piojos, y con toda probabilidad es él quien tiene razón. Los piojos constituyen en Oriente una plaga permanente de primera magnitud. Es difícil imaginar la angustia causada por su prodigiosa multiplicación.

Para escapar a esta plaga, los musulmanes se rasuran la cabeza y se depilan todo el cuerpo; con ello siguen la antigua costumbre de los sacerdotes egipcios.

 PIRATÓN

tip, CIUD

sit, a2, 293, 227

vet,

Ciudad del monte de los amalecitas, en Efraín.

Abdón el juez, y Benaía el héroe de David, eran piratonitas (Jue. 12:13-15; 2 S. 23:30; 1 Cr. 27:14).

Báquides la fortificó (1 Mac. 9:50; Ant. 13:1, 3).

Robinson da una identificación plausible: Fer'ata, sobre una colina, a unos 12 Km. al oeste-suroeste de Siquem.

 PISGA

tip, MONT

ver, NEBO

sit, a3, 516, 100

vet,

= «parte, división».

La parte de la cadena de los montes Abarim que se hallaba cerca del extremo noreste del mar Muerto (Dt. 34:1; 3:27; 32:49). El mar Salado (mar Muerto) bañaba el pie del Pisga (Dt. 3:17).

Desde la cima se divisaba el desierto (Nm. 21:20). Balac y Balaam llegaron al campamento de Zofim, cercano a la cumbre (Nm. 23:14), que recibía el nombre de Nebo. Desde esta altura se podía ver una gran parte de Canaán, al oeste del Jordán; es desde allí que Moisés contempló la Tierra Prometida (Dt. 3:27; 34:1-4). (Véase NEBO.)

El Pisga estaba sobre la frontera meridional del reino de Sehón, rey de los amorreos (Jos. 12:2, 3). En la época de Eusebio, la región montañosa vecina del monte Peor se seguía llamando Phasgo. El pico que recibe el nombre de Ras Siaghah, 31° 46' N, 35° 43' E, es probablemente el lugar.

 PISIDIA

tip, REGI

sit, a9, 445, 203

vet,

Región del Asia Menor.

Sus límites eran: al norte, Frigia; al sur, Licia y Panfilia; al este, Licaonia; al oeste, Caria; al este, la frontera iba a lo largo de Isauria, sin estar muy precisada.

Pisidia era una parte de la provincia romana de Galacia. Los montes Taurus la cruzaban. Sus habitantes eran tan belicosos que ni los persas ni los romanos pudieron nunca someterlos del todo.

Pablo anunció el Evangelio en Antioquía de Pisidia, su capital (Hch. 13:14).

 PISÓN

tip, RIOS

ver, EDÉN

vet,

Uno de los cuatro brazos en que se dividía el río que salía de Edén (Gn. 2:11). (Véase EDÉN.)

 PITÓN

tip, DIOS ARQU

ver, EGIPTO, ÉXODO, FARAÓN, HICSOS, CRONOLOGÍA, RAMESÉS

vet,

(egip.: «casa de Atum»: «Tum», «Tem»). Se refiere al dios egip. representado por el sol en su ocaso (copto: «Pethom», «Peithom»; gr. «Patoumos»).

Junto con Ramesés, una de las dos ciudades-granero que los esclavos israelitas construyeron en Egipto para Faraón (Éx. 1:11). Edouard Naville, encargado por el Fondo Egipcio de llevar a cabo excavaciones en Tell el-Maskhûtah, descubrió allí la antigua Pitón, sobre la ribera meridional del canal de agua dulce que llevaba de El Cairo a Suez por el Wadi Tumilat. Neville atribuyó la primera construcción de esta ciudad a Ramsés II, manteniendo la hipótesis de que él fue el faraón de la opresión. Sin embargo, la identificación de Ramsés II, bien con So (Courville) o con Necao II (Velikovsky), en la época de los reyes de Judá, y el hecho documentado de que se llevaron a cabo extensas reconstrucciones en Egipto una vez arrojados los hicsos del país, que lo habían devastado, indica que las inscripciones de Ramsés II en Pitón y Ramesés no se refieren a su primera construcción, sino a su «reconstrucción». (Véanse EGIPTO, ÉXODO, FARAÓN, HICSOS; cfr. CRONOLOGÍA.). Como algunos reconocen, este rey es conocido por atribuirse las construcciones de sus predecesores, y así es explicable que reconstruyera y embelleciera Pitón y Ramesés (Avaris-Tanis).

Se hallan grandes edificios bajo tierra al noreste del templo de Tum. Los muros de estas construcciones tienen casi 2,75 m. de grosor; están hechos de ladrillos bastos, unidos con mortero. Cosa interesante, algunos ladrillos no contienen paja (cfr. Éx. 5:10-12). Estas murallas encierran un buen número de locales rectangulares que no se comunican entre sí; se tenía que acceder a ellos desde arriba. Naville cree que se trata de graneros en los que el faraón almacenaba los víveres para el avituallamiento de sus tropas, o incluso de las caravanas dispuestas a cruzar el desierto para ir a Siria. Albright, al igual que otros, mantiene, sin embargo, la postura de que Pitón debe ser identificada con Tell Retabeh, a unos 13,5 Km. de Tell el-Maskhûtah. Este último tell es identificado por él como Sucot. De todas maneras, es evidente que ambas poblaciones están relacionadas con almacenes y suministros, y con trabajo esclavo. (Véase RAMESÉS.)

 

Bibliografía:

Courville, D. A.: «The Exodus Problem and its Ramifications» (Challenge Books, Loma Linda, Calif. 1971);

Free, J. P.: «Archaeology and Bible History» (Van Kampen Press, Wheaton, Illinois, 1950);

Velikovsky, I.: «Ages in Chaos» (Doubleday, Garden City, N. Y., 1952),

Velikovsky, I.: «Ramses II and his time» (Abacus, Londres, 1981).

 PLAGAS

ver, MANÁ, PIOJO, PASCUA, EGIPTO (Estancia israelita), HICSOS

vet,

Las plagas son castigos que Dios inflige al hombre. La mayor parte de las plagas mencionadas en la Biblia son epidemias o enfermedades, pero el castigo es, en ocasiones, de otro orden. No es necesario que una enfermedad tenga un carácter prodigioso para que constituya una plaga. Una infracción de la ley divina con respecto al uso del cuerpo en general, y de la sexualidad en particular, e incluso un comportamiento inconscientemente antihigiénico sin relación patente con la moral, puede comportar una plaga contra los que así atentan contra la santidad del cuerpo. Dios es quien determina el lugar y el momento de su aparición. Ciertas epidemias de peste (tifus, p. ej.) han sido, en ocasiones, juicios patentes de Dios. La primera plaga que se menciona en la Biblia cayó sobre un faraón contemporáneo de Abraham: Dios quiso proteger a Sara (Gn. 12:17).

Con respecto a las diez plagas de Egipto, véase el artículo PLAGAS DE EGIPTO (LAS DIEZ).

Más tarde, Dios castigó a los israelitas que se habían hecho y adorado un becerro de oro (Éx. 32:35).

Castigó asimismo a los que habían murmurado en contra del maná (Nm. 11:33, 34). (Véase MANÁ.)

Hizo morir a los diez espías que hablaron mal de la Tierra Prometida (Nm. 14:37).

En otra ocasión, 14.700 israelitas murieron por protestar contra el castigo que había caído sobre los rebeldes Coré, Datán y Abiram (Nm. 16:46-50).

El pueblo que se entregó a la idolatría y a la inmoralidad consiguiente en el culto a Baal-peor fue azotado por una plaga mortal; perecieron 24.000 israelitas (Nm. 25:9; Jos. 22:17; Sal. 106:28-30).

Los tumores de los filisteos fueron asimismo un castigo (1 S. 6:4).

El censo ordenado por David hizo que se desencadenara una peste, y sucumbieron 70.000 personas (2 S. 24:13-25; 1 Cr. 21:12-30).

Una gran plaga cayó sobre Joram, rey de Judá, y sobre su pueblo (2 Cr. 21:14, 15).

El término traducido «azote» en Mr. 5:29, y que en algunas versiones se traduce como «plaga», no designa una enfermedad epidémica. En Lv. 14:34-54 se usa el término «plaga» de la lepra y la tiña, que son casos individuales y no epidémicos.

 PLAGAS DE EGIPTO (LAS DIEZ)

ver, MANÁ, PIOJO, PASCUA, EGIPTO (Estancia israelita), HICSOS

vet,

Fueron infligidas por Dios sobre Egipto para librar a Su pueblo de Israel, que sufría allí la esclavitud, para exhibir ante los egipcios Su gran poder de redención, y para mostrarles que todos los elementos de la creación estaban bajo Su autoridad (Éx. 7-12).

1. La plaga de sangre.

El agua del Nilo y de todos sus canales y pozos se convirtió en sangre. El agua apestaba y los peces murieron, Ésta fue una plaga dura, y más por cuanto que el Nilo era adorado por los egipcios como dios. La destrucción de la pesca del Nilo fue también una gran catástrofe. Pero los magos pudieron hacer el mismo prodigio de transformar el agua en sangre. Faraón endureció por ello su corazón (Éx. 7:14-25).

2. Las ranas.

La tierra se vio invadida de ellas: en sus camas, hornos y artesas. Los magos consiguieron también hacer lo mismo. Sin embargo, la presencia de las ranas era tan molesta que Faraón llamó a Moisés para rogarle que pidiera al Señor que las sacara del país: dejaría salir al pueblo de Israel de Egipto. Las ranas murieron, y fueron recogidas en grandes montones; al verse aliviado, Faraón endureció su corazón, y no permitió que el pueblo saliera de Egipto (Éx. 8:1-15).

3. Piojos (heb. «ken», «kinnam»).

El polvo de la tierra se transformó en piojos sobre hombres y animales. Los hay que han supuesto que se trata de una especie pequeña de mosquitos, porque la LXX dice «skiphes», que algunos traducen como «mosquito». Pero éstos pueden quedar incluidos en la cuarta plaga. Es mucho más probable que se aluda al piojo, como afirma Josefo (ver PIOJO) o a la pulga. Se dice que estaba «tanto en los hombres como en las bestias». Los magos no pudieron imitar esto: se trataba de una comunicación de vida. Tuvieron que reconocer: «Dedo de Dios es éste.» Sin embargo, Faraón se negó a permitir la salida de los hijos de Israel (Éx. 8:16-19).

4. Moscas.

El término «moscas» está añadido, diciendo el original «enjambres», que puede referirse a enjambres de insectos de diversas clases. Iban a llenar las casas y a corromper la tierra. Gesenio vierte «arob» como «tábano», pero en Sal. 78:45 y 105:31 este mismo término se traduce «enjambres de moscas». La Reina-Valera se aproxima mucho al sentido al traducir «toda clase de moscas». Es indudable que se incluye la mosca común en Egipto: son sumamente molestas, contaminando la comida, y atacando al cuerpo insistentemente. Una característica de esta plaga es que no se dio en la tierra de Gosén, donde moraban los israelitas. Faraón se sintió tan apremiado por esta plaga que se apresuró a llamar a Moisés, proponiéndole el permiso para ofrecer sus sacrificios, pero en Egipto. A esto se opuso Moisés, porque los israelitas iban a sacrificar unos animales que los egipcios detestaban (las ovejas) y otros que consideraban sagrados (las vacas). Finalmente, Faraón accedió, con la condición de que no debían alejarse demasiado por el desierto. Sin embargo, tan pronto esta plaga fue quitada, Faraón rehusó nuevamente dejar partir a los hijos de Israel (Éx. 8:20-32).

5. La plaga en el ganado.

Cayó sobre los ganados de los egipcios. Sólo los rebaños y manadas de los israelitas quedaron exentos. Pero Faraón, a pesar de haber comprobado este hecho, persistió en su negativa a dejar partir a Israel (Éx. 9:1-7).

6. Úlceras.

Esta plaga cayó sobre todos los egipcios, incluidos los hechiceros, que ya no pudieron estar ante Faraón como en las otras ocasiones. Sin embargo, Faraón persistió en su obstinada actitud (Éx. 9:8-12).

7. Granizo mezclado con fuego.

Hay evidencias de que no se trató de un granizo normal. La antigua tradición judía (cfr. Talmud Babilónico, «Tratado Berakhoth» 54b) afirma que se trataba de piedras calientes. Es posible que el fenómeno descrito aquí estuviera relacionado con algún fenómeno de carácter cósmico, y que fuera una granizada de una grava procedente de la descomposición de un cometa (cfr. I. Velikovsky: «Worlds in Collision», p. 50). Sin embargo, la tierra de Gosén no quedó afectada. Faraón pidió la intercesión de Moisés, pero al cesar el granizo, reasumió su anterior actitud (Éx. 9:13-35).

8. Langostas.

Moisés amenazó con la plaga de langostas. Los siervos de Faraón advirtieron al monarca que Egipto estaba devastado (Éx. 10:7). Sin embargo, al anunciar Moisés que todo el pueblo iba a irse, junto con todas sus posesiones en ganados y bienes, Faraón se negó nuevamente a permitir su marcha (Éx. 9:1-20).

9. Tinieblas.

«Hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, durante tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus moradas» (Éx. 10:22, 23). Se trataba de unas tinieblas que se podían sentir, y Faraón llamó a Moisés, dándole autorización para que los israelitas salieran con sus esposas y sus pequeños; pero tenían que dejar tras sí sus rebaños y manadas. Moisés no estuvo de acuerdo: tenían que partir con todo: «No quedará ni una pezuña.» Así iba a ser la redención de Dios. Faraón se encolerizó, y exclamó: «Guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás.» Moisés replicó: «Bien has dicho; no veré más tu rostro» (Éx. 10:29); en Éx. 11:4-8 se afirma claramente que Moisés advirtió a Faraón de la muerte de los primogénitos; ello hubiera podido ser en aquella misma audiencia por un mensaje directo de parte de Dios. Moisés salió encolerizado de la presencia de Faraón (Éx. 11:8).

10. Muerte de los primogénitos.

«Desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias.» Los israelitas habían ya preparado el cordero pascual, y untado su sangre en los postes de la puerta y en el dintel, y el heridor los pasó por alto (véase PASCUA). Esto establece un tipo de la preciosa sangre de Cristo, que constituye el testimonio de que ya ha sido ejecutado el juicio sobre el hombre, y que por ello mismo es la base de todos los tratos de Dios en gracia. Moisés y Aarón fueron convocados, y se les dio orden de que partieran, ellos y sus ganados. Los egipcios los apremiaban, exclamando: «Todos somos muertos» (Éx. 12:33). Así es como Dios lanzó Sus terribles juicios sobre Egipto, para hacer saber a Faraón que Él era el Dios omnipotente, y para redimir a Su pueblo con mano alzada y brazo extendido.

Un aspecto a señalar de las diez plagas es que aunque algunas de ellas, en sí, existen en la naturaleza, presentan unas características notables:

(1) Su intensidad era desconocida.

(2) Fueron anunciadas de antemano.

(3) Se hizo separación entre los egipcios y los israelitas.

(4) Aunque los hechiceros pudieron imitar las dos primeras plagas, no pudieron librar a Egipto de ellas; de hecho ellos mismos las sufrieron.

(5) Por medio de estas plagas cayó el juicio no sólo sobre Egipto, sino también sobre sus dioses: el gran dios Nilo quedó contaminado; el mismo Faraón, que era considerado como divino, humillado; las ranas contaminaron los templos, y finalmente, el sol, el mayor de los dioses de Egipto, se sumió en las tinieblas.

Las diez plagas dejaron sumido a Egipto en la mayor de las devastaciones. La posterior persecución de los israelitas por parte de Faraón y su ejército provocó la pérdida de las fuerzas armadas egipcias y del mismo Faraón en el mar Rojo (véase EGIPTO, (Estancia israelita, f). Egipto quedó así postrado e inerme frente a la invasión de los hicsos, que se apoderaron del país en unas circunstancias totalmente favorables (véase HICSOS) después de la derrota sufrida ante los israelitas en Refidim (Éx. 17:8-16; para la identidad de Amalec con los hicsos, véase HICSOS).

 

Bibliografía:

Velikovsky, I.: «Worlds in Collision» (Doubleday, Garden City, N. Y., 1950);

Merrins: «The Plagues of Egypt», Bibliotheca Sacra, jul. y oct. 1908.

Para bibliografía adicional, véase bibliografía al final del artículo EGIPTO.

 PLAÑIDERAS (véase DUELO)

 PLATA

tip, META MEDI

ver, MONEDA

vet,

Metal precioso.

El mineral se extraía del suelo (Jb. 28:1). Se fundía en un crisol para purificarlo de las escorias (Sal. 12:6; Pr. 17:3; 25:4; Ez. 22:22).

La plata provenía de Arabia (2 Cr. 9:14; cfr. 1 R. 10:22, 27) y de Tarsis (Jer. 10:9; Ez. 27:12). En la literatura apócrifa también se menciona a España (Tarsis en la canónica) como fuente de suministro de plata (1 Mac. 8:3).

Desde la más remota antigüedad se usaba la plata para el trueque (Gn. 23:16; 37:28). La cantidad pedida se pesaba; la unidad de peso era el siclo (Is. 7:23; Jb. 28:15; Is. 46:6), porque la acuñación no fue conocida hasta más tarde. Los judíos no empezaron a acuñar moneda hasta mucho tiempo después del cautiverio babilónico (1 Mac. 15:6). (Véase MONEDA.)

La plata permitía la fabricación de diversos objetos personales (Gn. 24:53; Éx. 3:22; Cnt. 1:11); de coronas (Zac. 6:11); de instrumentos de música, como trompetas (Nm. 10:2). Los ricos poseían utensilios de plata; José bebía de una copa de plata (Gn. 44:2). El Tabernáculo y el Templo demandaron grandes cantidades para su construcción: para las basas (Éx. 26:19), las columnas, los capiteles, las molduras (Éx. 27:10; 38:19), los platos, los jarros (Nm. 7:13; 1 Cr. 28:17), los tazones y cuchillos (Esd. 1:9, 10), los candeleros de diario y las mesas (1 Cr. 28:15, 16). La plata se usaba asimismo para hacer ídolos y reproducciones de templos paganos (Sal. 115:4; Hch. 19:24).

 PLATERO

tip, OFIC

vet,

Los artesanos que trabajan la plata.

Las citas del AT se refieren al artesano que trabajaba en el oro (cfr. Is. 40:19) lo mismo que la plata.

En el NT se hace mención sólo de Demetrio, el platero de Éfeso, que construía templecillos de Diana (Hch. 19:24-27).

 

 PLAZA

tip, CONS

vet,

La plaza era un ensanchamiento de la calle que en las ciudades antiguas se daba justo ante la muralla, detrás de una puerta de acceso a la ciudad; no se trataba de una gran área abierta como las que conocemos en la actualidad. Las ciudades estaban construidas en elevaciones, y el espacio no se podía desperdiciar. Las calles eran estrechas y serpenteantes. En la «plaza» ante la puerta se llevaban a cabo las transacciones y se celebraban mercados (2 R. 7:1). Allí también se administraba justicia (cfr. Rt. 4:2) y se sufrían los castigos públicos (cfr. Jer. 20:2). Se puede ver este mismo plan en la Jerusalén vieja actual justo tras la Puerta de Damasco.

 PLENITUD

tip, DOCT

vet,

(gr. «plêrõma»).

Aunque se traduce generalmente como «plenitud», también se vierte como «cumplimiento», «abundancia» y «plena restauración». Derivado del verbo «pleroõ» (llenar), significa «aquello que es o ha sido llenado», y también «aquello que llena algo o con lo que se llena algo». De ahí su significado de «plenitud» o «cumplimiento».

Aparte de usos más o menos literales, como el del llenado de las doce cestas con sobras (Mr. 6:43; 8:20, lit. «la llenura, o plenitud de ... canastas»), se usa:

(a) de «la plenitud de los gentiles» que indica el cumplimiento del número de los gentiles en esta dispensación de la gracia (cfr. Ro. 11:25).

(b) de la «plena restauración» (o «plenitud») de Israel (Ro. 11:12),

(c) del amor, que no es una mera parte a cumplir de la Ley, sino que es «la plenitud», el cumplimiento total de las demandas de la Ley (Ro. 13:10),

(d) de la plenitud o cumplimiento del tiempo

(A) en la primera venida del Señor (Gá. 4:4) y

(B) en la segunda venida del Señor cuando Cristo venga «en la dispensación del cumplimiento» (o «la plenitud») de los tiempos, así: esta expresión denota aquel lapso de tiempo con el que culmina un periodo anterior a él.

(e) Se aplica a la Iglesia, cuerpo de Cristo, «la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Ef. 1:23). Así, la Iglesia es la plenitud de Cristo, aquello en lo que Cristo halla Su plenitud de propósito, el cumplimiento último de Sus deseos y propósitos. A su vez, el creyente tiene como destino ser «lleno de toda la plenitud de Dios» (Ef. 3:19), unido a Cristo por el Espíritu como miembro de Su cuerpo, y llenado de todos los dones, riquezas y poder y amor de Dios consonantes con su unión con la Cabeza celestial, gozando de Su presencia, gracia y poder.

En Cristo «habita toda la plenitud de la Deidad corporalmente» (cfr. F. Lacueva, «Nuevo Testamento interlineal griego-español», loc. cit.), porque «en él tuvo a bien que toda la plenitud habitase» (Col. 1:19, cfr. F. Lacueva, op. cit, loc. cit). Esta plenitud significa la manifestación de la realidad plena de Dios en Cristo de una manera ilimitada, de Su identificación con Él, morando en Cristo en todo Su poder y atributos, en toda Su naturaleza y ser. Toda la plenitud del ser y naturaleza de Dios habita constante y permanentemente en Cristo. No se puede hacer limitación alguna a esta realidad de que Dios está en Cristo, siendo así Cristo, de una manera plena y perfecta, la manifestación de Dios, el mismo Dios manifestado en toda Su plenitud y totalmente comunicado a Cristo, Dios hecho carne. Así, Cristo es denominado «la imagen del Dios invisible». En palabras de F. F. Bruce: «Llamar a Cristo la imagen de Dios es decir que en Él el ser y la naturaleza de Dios han sido perfectamente manifestadas, que en Él lo invisible se ha hecho visible.., ahora se ha concedido una revelación insuperable de Su «eterno poder y Deidad» (en Cristo). (The «Christ Hymn» of Colossians 1:15-20, Bibliotheca Sacra, abr.-jun. 1984, p. 101). Y esta plenitud de Cristo está en violento contraste con las doctrinas gnósticas, y otras, que pretendían que la plenitud estaba graduada en toda una serie de «eones» o de «emanaciones divinas» que cubrían la distancia entre un Dios totalmente espiritual y el hombre en su naturaleza corporal, en una secuencia cada vez más y más espiritual a través de la que tenía que ascender en una larga cadena de mediación. En contraste con todo esto, Pablo insiste en la singularidad de la mediación de Cristo, con exclusión de cualquier otro pretendido mediador (cfr. 1 Ti. 2:5), y en el hecho de que toda la plenitud habita en Él (Col. 1:19), siendo esta plenitud la de la Deidad (Col. 2:9).

 PLÉYADES

tip, ARQU

ver, MARDIKH

vet,

El término heb. «Kimah» designa una estrella brillante, o también una constelación (Jb. 9:9; 38:31; Am. 5:8); la mayor parte de los comentaristas antiguos han creído que se hace referencia a las Pléyades, grupo de estrellas en la constelación de Tauro. Las tabletas procedentes de las excavaciones de Ebla (véase MARDIKH [TELL]) dan evidencia adicional en favor de esta identificación. M. Dahood, S. J., ha señalado la identidad del término sumerio «mul-mul» (Pléyades) con el eblaíta (lengua semita) «ga-ma-tù» o «ka-ma-tù». Se puede identificar fácilmente este último término con el heb. «kimah». El equivalente acad. de «mul-mul» es «zappu», «Pléyades» (tablas TM.75.G1825; 2003; 3131; 3171; véase G. Pettinato: «The Archives of Ebla», p. 250, y el apéndice de M. Dahood, S. J., en la misma obra, «Ebla, Ugarit, and the Bible», PP. 302-303 [Doubleday, Garden City, N.Y., 1981]).

Los antiguos contaban siete estrellas, ignorándose el porqué de ello, por cuanto sólo se pueden ver seis con el ojo desnudo. Mediante el telescopio se puede distinguir un centenar de estrellas. Josefo veía en la posición de las Pléyades una indicación de la hora (Ant. 13:8, 2), y su salida indicaba a los marinos el tiempo favorable para la navegación.

 PLOMO

tip, META

vet,

(heb. «ophereth»).

Era un metal conocido por los antiguos.

Los israelitas hallaron plomo en el botín arrebatado a los madianitas (Nm. 31:22). Los egipcios lo utilizaban (Contra Apión 1:34); era muy abundante en la península del Sinaí; también se hallaba en Egipto y en Tarsis (Ez. 27:12), de donde se exportaba.

El plomo se empleaba para pesar (Zac. 5:7); se escribía sobre tabletas de plomo (Tácito, Anales, 2:69; Plinio, Historia Natural 13:21; Pausanias 9:31, 4). Jb. 19:24 sería una alusión a estas tabletas, pero se puede admitir que Job deseara tallar las letras en la peña para que quedaran indelebles.

 PLUMA

tip, MANU ABEC

vet,

(heb. «gêht»: Jb. 19:24; Sal. 45:1; Jer. 8:8; 17:1; y «ghehret»: Éx. 32:4; Is. 8:1). Traducidas variamente en la versión Reina-Valera, estos dos términos denotan cualquier instrumento utilizado bien para grabar una inscripción sobre piedra o metal, bien una caña para escribir sobre papiro o pergamino.

En el NT se usa en 3 Jn. 3 (gr. «kalamos»).

 POBRES

tip, LEYE

ver, JUBILEO (año del)

vet,

La desigual distribución de los bienes materiales no se corresponde con el ideal deseado por Dios. Al otorgar la tierra de Canaán a Su pueblo (Éx. 6:4, 8), asegura de principio una distribución equitativa de las tierras. La Ley de Moisés permitía a los israelitas vender sus bienes, pero con respecto a las tierras, exige que al cabo de cada período de 50 años, cada familia pudiera retornar libremente a la propiedad que tenía como herencia. Así, la tierra no podía ser vendida, sino sólo su usufructo hasta el final del período jubilar (véase JUBILEO; cfr. Lv. 23:13, 23). Esta ordenanza, que tenía la intención de impedir el acaparamiento de las tierras, no suprimió enteramente la pobreza, debida bien a la culpa del individuo o de sus antecesores, bien a circunstancias de las que sólo Dios sabe la razón.

En la teocracia israelita queda teóricamente excluida la indigencia resultante de la pereza o de un crimen; los pobres son considerados como personas desventuradas y sufriendo pruebas, pero amadas por Dios. Todos los indigentes, especialmente las viudas, los huérfanos y los extraños, son objeto de la especial atención del Señor y de los israelitas piadosos, según las instrucciones precisas de la Ley. Toda persona que tuviera hambre tenía derecho a satisfacerla con las uvas o espigas recogidas en la propiedad de otros, pero se le prohíbe que se las lleve (Dt. 23:24, 25). Los pobres son autorizados a espigar detrás de los segadores, a recoger las espigas dejadas en las lindes del campo y los rincones, que el propietario tenía que dejar para ellos (Lv. 19:9). Igualmente con la recolección de la vid (Lv. 19:11; cfr. 23:22; Dt. 24:19-21).

La tierra no debía ser cultivada ni segada durante el año séptimo ni en el de jubileo. Lo que produjera de suyo durante aquel reposo pertenecía de derecho a la colectividad, que se alimentaba gratuitamente (Lv. 25:4-7, 11, 12).

El israelita caído en la miseria puede vender su trabajo a un patrón durante un cierto número de años, pero en el año del jubileo recobraba su libertad (Lv. 25:38-42). El préstamo solicitado por una pobre le tenía que ser concedido, incluso al acercarse el año sabático que permitía al deudor cancelar su deuda (Dt. 15:7-10). Cuando se efectuaba un censo, cada israelita de veinte o más años, varón rico o pobre, tenía que pagar un rescate de su persona de medio siclo de plata destinado, al principio al Tabernáculo (Éx. 30:11-16) y posteriormente para el mantenimiento del Templo (2 R. 12:4-5).

En cuanto a las ofrendas presentadas en el santuario por los pobres, podían ser en algunas ocasiones inferiores a las de los ricos (Lv. 12:8; 14:21; 27:8).

La Ley exhorta a los israelitas a invitar a sus mesas a los menos privilegiados, durante las solemnidades religiosas y en las ocasiones de regocijo (Dt. 16:11, 14). La Biblia muestra numerosos gestos de compasión para el pobre (Jb. 31:16-22).

La Ley prohibe la opresión de los débiles (Éx. 22:21-27), sin embargo, en caso de que haya de ser juzgado, se exhorta a que se haga caso omiso a su condición de pobre, debiéndose examinar objetivamente la acusación en contra de él. La exigencia de la justicia debe prevalecer (Éx. 23:3; Lv. 19:15)

Los períodos de decadencia religiosa coincidieron frecuentemente con la violación de los preceptos caritativos de la Ley, lo que constituyó motivo para las proclamaciones de los profetas en contra de la dureza y de la injusticia (Is. 1:23; 10:2; Ez. 22:7, 29; Mal. 3:5). Los que se aferran a la letra de la Ley, pero descuidan su espíritu, dan la limosna por orgullo, para ser vistos por los hombres (Mt. 6:1-2).

Hay numerosas promesas de gracia y de protección a los israelitas piadosos pero pobres (1 S. 2:8; Jb. 5:15; 34:28; 36:15; Sal. 9:18; 10:14; 12:5; 34:6; 35:10). El que tiene piedad del indigente es objeto de bendiciones divinas (Sal. 41:1; Pr. 14:21, 31; 29:7).

Durante Su ministerio, el Señor Jesús dio testimonio de amor hacia los pobres (Mt. 19:21; Lc. 18:22; Jn. 13:29; etc.); es a ellos, de una manera especial, que se dirige la Buena Nueva (Mt. 11:5; Lc. 14:21-23).

La Iglesia primitiva considera como uno de sus deberes más sagrados el de socorrer a sus miembros sin recursos, y de ayudar asimismo, en la medida de lo posible, a los pobres que no pertenecieran a la comunidad cristiana (Hch. 2:45; 4:32; 6:1-6; 11:27-30; 24:17; 1 Co .16:1-3; Gá. 2:10; 1 Ts. 3:6).

El espíritu de pobreza, de humildad, tiene que caracterizar a los ricos así como a los pobres (Mt. 5:3). Se exhorta de una manera expresa a no hacer acepción de personas y a no menospreciar a los pobres, que Dios ha elegido para que sean ricos en fe y herederos del reino (cfr. Stg. 2:1-5). Aunque se ha de recalcar que no es la pobreza lo que lleve a nadie a la salvación, sí que es más fácil a un pobre aceptar la gracia de Dios que a los que están aferrados a abundantes riquezas (Lc. 18:24-27).

El cristiano debe ser siempre consciente de que cualquier bien que tenga en su propiedad no le pertenece de una manera absoluta, sino que le ha sido dado para su fiel administración en conformidad a la voluntad de Dios (cfr. Mt. 25:15-28; Lc. 19:13-25; 1 Co. 4:7 y Ef. 4:28).

 PODER

vet,

Las dos principales palabras que se traducen «poder» en el NT son: (a) «dynamis» y (b) «exousia». Es importante discriminar entre ambas, porque no significan lo mismo. «Dynamis» puede ser descrita como «capacidad moral o física, poder». «Exousia» significa «autoridad delegada, derecho, privilegio». Esta última siempre supone el poder de ejercer el derecho, pero la primera no conlleva ningún concepto de derecho o autoridad. Así, «dynamis» se traduce capacidad, eficacia, fuerza, maravilla, milagro, poder, potencia, señal, valor, que ayuda más a ver el carácter de esta palabra, en contraste con «exousia», que se traduce autoridad, derecho, jurisdicción, libertad, poder, potestad.

El término «poder» aparece en ambas listas, y es preciso evitar toda ambigüedad: «Exousia» se traduce frecuentemente como «poder», cuando otro término podría dar un mejor sentido. Así, se traduce correctamente «potestad» (o «autoridad»): «el Hijo del hombre tiene potestad (o autoridad)» (Mt. 9:6; cfr. 28:18; Mr. 2:10; Lc. 4:6; Jn. 17:2; Col. 1:13, etc.). En cambio, se traduce «poder» en la versión Reina-Valera 1960 en pasajes como Lc. 12:5; Jn. 10:18; Hch. 5:4; 8:19; Ap. 9:3, 10, 19; 11:6; 14:18; 16:9; 18:1, donde estaría mejor traducida como «autoridad», «derecho» o «potestad».

Recapitulando, «dynamis» significa sólo la fuerza o poder, en tanto que «exousia» denota un derecho o potestad delegados, con el poder necesario para ponerlo en vigor.

 POESÍA

tip, ABEC

ver, LAMENTACIONES, CANTAR DE LOS CANTARES

vet,

La poesía, una de las formas más antiguas de la literatura, acompañaba frecuentemente a la danza, dándole el ritmo (Éx. 15:20, 21). Un pueblo joven expresa sus emociones mediante imágenes contrastadas, que su viva imaginación saca de la naturaleza. La poesía de los antiguos hebreos presenta estas circunstancias. Las palabras de Sara acerca de su recién nacido tienen una forma poética (Gn. 21:6, 7). Jacob, antes de morir, reúne a sus doce hijos, y pronuncia sobre cada uno de ellos una bendición, a la vez profética y poética (Gn. 49). Lleno de gratitud hacia el Señor, que había arrojado al mar a todo el ejército de Faraón, y dándose cuenta de que los cananeos se llenarían de terror, Moisés expresó sus sentimientos y los de los israelitas en un sencillo y admirable cántico (Éx. 15:1-19), al que María, su hermana, añadió el suyo (Éx. 15:20, 21).

La antigua poesía hebrea no se apoya en la rima. Se hallan algunos poemas que presentan ciertas cesuras, pero ello es la excepción. La asonancia, la aliteración y la rima, aunque son frecuentes en la poesía oriental, se hallan raramente entre los hebreos. No utilizan tampoco una sucesión regular de sílabas acentuadas y átonas. Pero un intenso sentido del ritmo hizo que los poetas produjeran versos conteniendo la misma cantidad de palabras, o al menos de acentos tónicos. Los versos y el sentido terminan simultáneamente (salvo en casos excepcionales, como en el Sal. 92, donde el versículo 14 prosigue al versículo 15).

El carácter esencial de la poesía hebrea es el paralelismo, de manera que el segundo verso es de una u otra manera un eco del precedente. Esta particularidad tiene la inmensa ventaja de que persiste tras la traducción, lo que no sucede con la rima. Robert Lowth fue el primero en atraer la atención hacia esta particularidad, en 1753, y destacó tres tipos de paralelismo: el sinónimo, el sintético y el antitético. Hay además otras variedades.

 

(a) Paralelismo sinónimo.

El pensamiento del primer verso se repite en otras palabras en el segundo verso (p. ej.: Gn. 4:23):

Ada y Zila, oíd mi voz;

Mujeres de Lamec, escuchad mi dicho:

La estrofa:

Que un varón mataré por mi herida,

Y un joven por mi golpe,

ofrece el mismo paralelismo sinónimo que la primera. Lamec no había dado muerte a dos personas (en el original está en pretérito) sino a una sola. El conocimiento de este paralelismo sinónimo permite aclarar ciertos pasajes ambiguos a primera vista. Por ejemplo, el Sal. 22:20:

Libra de la espada mi alma,

Del poder del perro mi única.

La única es, en efecto, el alma del salmista, su vida (de hecho, las revisiones modernas de Reina-Valera dicen «mi vida»).

 

(b) Paralelismo por gradación ascendente.

La segunda línea emite una idea nueva, más o menos estrechamente relacionada con la primera, p. ej., Jb. 3:17:

Allí los impíos dejan de perturbar.

Y allí descansan los de agotadas fuerzas.

 

(c) Paralelismo sintético.

La primera parte sirve de base a la idea introducida por la segunda, p. ej., Sal. 25:12:

¿Quién es el hombre que teme a Jehová?

Él le enseñará el camino que ha de escoger.

Pr. 26:4:

Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad,

Para que no seas tú también como él

Sal. 24:9:

Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria.

 

(d) Paralelismo enfático.

Los términos característicos se repiten, para redondear el pensamiento, p. ej., Sal. 29:5:

Voz de Jehová que quebranta los cedros;

Quebrantó Jehová los cedros del Líbano.

Sal. 121:3, 4:

No dará tu pie al resbaladero,

Ni se dormirá el que te guarda.

He aquí, no se adormecerá ni dormirá

El que guarda a Israel.

 

(e) Paralelismo antitético.

El segundo pensamiento hace resurgir el primero, por antítesis; p. ej., Pr. 10:1:

El hijo sabio alegra al padre,

Mas el necio es tristeza de su madre.

Mt. 8:20:

Las zorras tienen guaridas, Y las aves del cielo nidos;

Mas el Hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza.

 

(f) Paralelismo comparativo.

Una similitud, tomada de un dominio familiar, aclara el pensamiento; p. ej., Sal. 42:1:

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,

Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

 

El paralelismo se sirve por lo general de dísticos (dos versos que dan conjuntamente un sentido cabal), pero en ocasiones se usan trísticos (véanse los ejemplos anteriores). Se encuentran también paralelismos extendidos a las estrofas del cuarto o quinto verso (Sal. 1:3; 27:4, 9; 37:7, 14, 20, 25, 28, 34, 40). La estrofa no constituye un elemento esencial de la poesía heb., encontrándose sin embargo en los Sal. 42 y 43, que formaban originalmente un solo poema, dividido en partes iguales por un refrán. El Sal. 46 está compuesto de tres grupos de tres versos cada uno; cada uno de ellos va seguido de una pausa (Selah), y cada uno de los dos grupos va seguido de un refrán. Hay asimismo los salmos alfabéticos, en los que cada verso comienza, en heb., con una letra del alfabeto, y en los que el salmista observa, con mayor o menor rigor el orden alfabético (Sal. 25; 34; 37). Las veintidós letras sucesivas del alfabeto se hallan en las veintidós estrofas del Sal. 119; cada estrofa tiene ocho versículos y cada uno de ellos comienza por la letra atribuida a la estrofa. El libro de las Lamentaciones de Jeremías está compuesto de una manera semejante (Véase LAMENTACIONES)

El arte poético es generalmente épico, dramático, lírico o didáctico, pero en la Biblia no se hallan ni epopeyas ni dramas en verso, el Libro de Job es, sin embargo, semidramático, la acción aparece solo en el prólogo y en el epílogo. El resto del libro está constituido por los discursos alternados de Job y de sus amigos. Véase asimismo CANTAR DE LOS CANTARES. La mayor parte de los poemas bíblicos son líricos. Después del éxodo, aparece el lirismo en cada período de la historia literaria de Israel. La liberación dada por Dios se celebró con odas triunfales: el cántico de Moisés, cantando el paso del mar Rojo; el cántico de Débora; salmos del arrepentido implorando misericordia o expresando el gozo del perdón (Sal. 32; 51), clamores de angustia, afirmaciones serenas de la fe, acciones de gracias por el socorro conseguido (Sal. 38: 3; 23; Hab. 3; 1 S. 2:1-10; Is. 38:10-20; Lc. 1:46-55), salmos que anuncian la venida del Redentor y de Su reino (Sal. 2; 45; 72), elegías como la de David por Saúl y Jonatán (2 S. 1:17-27), de los hijos de Coré sobre Judá (Sal. 44); lamentaciones (Sal. 60; 74).

En el libro del profeta Habacuc (Hab. 3:17-19) se halla un sublime pasaje en el que se hace patente la fe que contempla a Dios más allá de las circunstancias de esta vida, y que expresa la confianza del creyente en el Dios soberano y Salvador, que conduce a los suyos a través de las dificultades de su peregrinación:

Aunque la higuera no florezca,

Ni en las vides haya frutos,

Aunque falte el producto del olivo,

Y los labrados no den mantenimiento,

Y las ovejas sean quitadas de la majada,

Y no haya vacas en los corrales;

Con todo, yo me alegraré en Jehová,

Y me gozaré en el Dios de mi salvación.

Jehová el Señor es mi fortaleza,

El cual hace mis pies como de ciervas,

Y en mis alturas me hace andar.

 POLIGAMIA

tip, LEYE COST TIPO

ver, ANCIANO, DIÁCONO, OBISPO

vet,

La poligamia apareció con Lamec (Gn. 4:19), y así quedó manchada la pureza de los matrimonios, al dejarse los hombres ser dominados por impulsos carnales en la elección de sus compañeras (Gn. 6:1-2). Cuando Abraham tomó para sí una segunda mujer para conseguir el cumplimiento de la promesa, actuó insensatamente (Gn. 16:4). Isaac tuvo una sola esposa, pero Jacob fue polígamo, en parte debido al engaño de Labán (Gn. 29). Moisés reprimió los abusos, pero no los abolió de golpe. Los israelitas estaban poco crecidos espiritualmente, y encadenados a los usos y costumbres de la época, que no se correspondían en absoluto con la voluntad de Dios. El gran legislador rindió un gran servicio a la causa del matrimonio, prohibiendo las uniones entre consanguíneos y parientes políticos (Lv. 18); desalentó la poligamia (Lv. 18:18; Dt. 17:17); aseguró los derechos de las esposas de condición inferior (Éx. 21:2-11; Dt. 21:10-17); reglamentó el divorcio (Dt. 22:19, 29; 24:1); exigió el respeto al vínculo matrimonial (Éx. 20:14, 17; Lv. 20:10; Dt. 22:22). Después de Moisés, hubo aún los que se dieron a la poligamia: Gedeón, Elcana, Saúl, David, Salomón, Roboam, y otros (Jue. 8:30; 1 S. 1:2; 2 S. 5:13; 12:8; 21:8; 1 R. 11:3). Sin embargo, la Escritura expone los males inherentes a la poligamia, las míseras rivalidades que se daban entre las esposas de Abraham, de Jacob, de Elcana (Gn. 16:6; 30; 1 S. 1:6); en cambio, se destaca la belleza de las familias felices (Sal. 128:3; Pr. 5:18; 31:10-29; Ec. 9:9; cfr. Eclo. 26:1-27). Abraham se casó con una medio hermana suya; Jacob tuvo dos esposas que eran hermanas entre sí (Gn. 20:12; 29:26). En Egipto, no era raro casarse con una hermana de padre y madre; los persas lo permitían (Herodoto 3:31). Los atenienses podían casarse con una medio hermana del mismo padre, en tanto que los espartanos podían casarse con sus medio hermanas nacidas de la misma madre. La Ley de Moisés prohibió estas uniones e incluso los matrimonios con parientes más alejados (Lv. 18:6-18). El estatuto matrimonial de los romanos se parecía al de los israelitas; denunciaba como incesto la unión de parientes próximos (por ejemplo, entre hermano y hermana) o entre parientes políticos (como suegro y nuera). Todos los textos del NT hablan formalmente en contra de la poligamia. Hablando a los judíos acerca del divorcio, Cristo afirmó que Moisés lo había permitido por la dureza de sus corazones y que, excepto en caso de infidelidad, un nuevo matrimonio era un adulterio (Mt. 19:8-9). Se puede llegar a la conclusión de que la poligamia había sido permitida en la época del AT por la misma razón, aunque con las restricciones señaladas; sin embargo, queda claro que no tiene lugar alguno en el Evangelio.

El caso especial de los polígamos convertidos al Evangelio se trataba con la aceptación de la situación familiar de hecho; sin embargo, el polígamo quedaba excluido de la posibilidad de ejercer cargo alguno de responsabilidad en la iglesia (cfr. 1 Ti. 3:2, 12; Tit. 1:6).

 POLÍGLOTA

tip, LIBR

ver, PENTATEUCO, PENTATEUCO SAMARITANO

vet,

Recibe este nombre toda edición de la Biblia en varias lenguas («polys» + «glotta»).

Tiene gran utilidad en el estudio crítico del texto. Se inició su edición con la generación del interés en la Palabra de Dios en sus lenguas originales.

Como precursora de las modernas políglotas, aunque no equivalente a ellas por no recoger más que el AT, es la «Hexapla» de Orígenes, que data de la primera mitad del siglo III. Como su nombre indica, presentaba seis columnas paralelas: El texto consonantal hebreo; su transcripción vocalizada al griego; y las versiones griegas de Aquila, de Symmachus; la LXX y Teodoción. Existen otros ensayos parciales, entre ellos restos de la Biblia en hebreo, griego y latín, del siglo XIV, realizada por el monje Simón Autumano.

La primera verdadera políglota es la debida a la iniciativa del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, que daba el texto de la Biblia en hebreo, griego, latín y arameo. Fue compuesta e impresa entre los años 1514 y 1517, pero no fue publicada hasta el año 1520, año en que León X dio su autorización. Recibe el nombre de «Complutense», por haber sido publicada en Alcalá de Henares (Complutum). Entre los varios colaboradores se cuentan Pablo Coronel, Alfonso de Zamora, Alfonso de Alcalá, Diego López de Zúñiga, Hernán Núñez de Guzmán Demetrio Ducas, Antonio Nebrija, y otros. Fue presentada en seis volúmenes «in folio». Fue la primera de las cuatro Políglotas Mayores.

Las otras políglotas mayores son:

(a) La Regia o de Amberes, en la que participó Benito Arias Montano y varios eruditos europeos. Fue patrocinada por Felipe II, y presentaba los textos hebreo, latín, griego, arameo y siríaco. Fue publicada en Amberes entre los años 1568-72, y fue presentada en ocho volúmenes «in folio».

(b) La de París, dirigida por Gabriel Sionita, fue publicada en París entre los años 1628 y 1655, siendo presentada en nueve volúmenes «in folio». Su patrocinador fue Guy-Michel Le Jay, y los textos eran en hebreo, latín, griego, arameo, siríaco y árabe.

(c) La Biblia Políglota de Londres es la más rica de las clásicas. Recibe este nombre por haber sido preparada en Londres, publicada entre los años 1654 y 1669. Fue patrocinada por Oliver Cromwell, y dirigida por Brian Walton, posteriormente obispo anglicano de Chester. En esta obra colaboraron Edmund Castell, Samuel Clarke, Thomas Hyde y Alexander Huish. Fue presentada en ocho volúmenes «in folio». Da el texto en hebreo, latín, griego, siríaco, arameo y árabe, más algunas secciones en etiópico y persa. Presenta el único aparato critico existente del texto siríaco.

Entre las Biblias Políglotas menores se pueden mencionar:

la de Heidelberg (1587), que da los textos en hebreo, griego y dos versiones latinas;

la de Hamburgo (1596), con textos hebreo, griego, tres versiones latinas, incluyendo la de Teodoro de Beza, la traducción alemana de Martín Lutero.

La de Bagster's de Londres (1831), que incorpora además el Pentateuco Samaritano (véanse PENTATEUCO y PENTATEUCO SAMARITANO), la LXX, la Vulgata, la Pesshita, el NT griego de Mill, la traducción alemana de Martín Lutero, la italiana de Diodati, la francesa de Osterwald, la castellana de Scio de San Miguel, y la Versión Autorizada inglesa. Fue reeditada en Londres en 1874.

La Hexaglot, dirigida por Edward Riches de Levante, apareció en 1874-1876, dando los textos hebreo del AT y griego del NT, junto con la LXX, Siríaca (del NT), latina (Vulgata), la Versión Autorizada inglesa, la alemana de Martín Lutero, y la francesa de R. V. Olivetan. En esta Políglota, aparecida en Londres, se incorporan los estudios críticos del Deán Alford y de von Tischendorf.

Levante también publicó la Políglota llamada Triglotta (Londres, 1890), incorporando, además del AT hebreo y NT griego, la LXX, la Vulgata y la Pesshita del NT.

En la actualidad el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (C.S.I.C.) está preparando la llamada Polyglotta Matritensia (Políglota de Madrid), con el siguiente plan general:

I AT hebreo.

II NT griego.

III AT griego (LXX).

IV AT arameo (Targum Palestino).

V AT arameo (Targum Onkelos y Jonatán).

VI AT y NT siríacos.

VII Vetus Latina.

VIII Vetus Hispana.

IX NT copto.

X Versión castellana.

Un examen a los catálogos del C.S.I.C. revela que desde la última referencia bibliográfica se han hecho posteriores adiciones a este proyecto. La última obra que consta publicada con posterioridad a la fuente bibliográfica de 1971 es Díez Macho, Alejandro, «Biblia polyglotta matritensia». Series IV. Targum Palaestinense in Pentateuchum, Edición crítica al cargo de Alexandro Díez Macho ; adjuvantibus L. Díez Merino, E. Martínez Borobio, Teresa Martínez Saiz (Madrid, CSIC, 1977 - 1988). Contiene el Targum palestino del Pentateuco (Génesis a Deuteronomio) en arameo y su traducción al castellano. Ref. http://www.csic.es/hispano/informa.htm

 

Bibliografía:

Pérez Castro, F.: «Biblias Políglotas», Gran Enciclopedia Rialp (Ed. Rialp, Madrid, 1971, vol. IV, PP. 178-184);

Pridham, C.: «The Hexaglot Bible», en The Bible Treasury, feb. 1875, PP. 222-224 (reimpr. H. L. Heijkoop, Winschoten, Holanda, 1969).

 POLILLA

tip, FAUN

vet,

Mariposa nocturna, destructora (Jb. 13:28; Mt. 6:19; Stg. 5:2), se alimenta de lana, granos, pieles (Is. 51:8). La larva se envuelve en un forro de lana, de donde emerge la cabeza para roer.

En la Biblia se hace mención de la polilla de los tejidos («tinea»); existen diversas especies de ella.

 POLVO

tip, TIPO COST

vet,

Pequeñas partículas de materia que componen la tierra; del polvo fue formado el hombre, y al caer en pecado le fue dicho: «Polvo eres, y al polvo volverás» (Gn. 2:7; 3:19). «El primer hombre es de la tierra, terrenal» (1 Co. 15:47).

Se usa como símbolo de debilidad: «Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo» (Sal. 103:14).

«Lamer el polvo» es una figura de derrota (Sal. 72:9).

Echar polvo sobre la cabeza era una señal de dolor (Ez. 27:30; Ap. 18:19).

Sacudir el polvo de los pies, al abandonar una ciudad en la que se hubiera rechazado a los siervos de Cristo, significaba abandonarlos al juicio (Mt. 10:14; Hch. 13:51).

Lanzar polvo al aire era una expresión de gran indignación (Hch. 22:23).

 PONTO

tip, LUGA

sit, a9, 455, 131

vet,

Distrito marítimo en el noreste de Asia Menor, bañado por las aguas del Ponto-Euxino (mar Negro).

Junto con Bitinia formaba una provincia romana.

Había judíos dispersados por el Ponto (1 P. 1:1).

Había judíos del Ponto en Jerusalén en el día de Pentecostés (Hch. 2:9).

Aquila era nativo del Ponto (Hch. 18:2).

 PORTERO

tip, OFIC

vet,

En 1 Cr. 9:19-24 y 16:38 se hace referencia a los levitas al servicio de la tienda del Tabernáculo.

Había guardas para la vigilancia de las puertas de las ciudades (2 S. 18:26; 2 R. 7:10) y de las del Templo (1 Cr. 26:12); también había servidores que vigilaban las entradas de casas de alcurnia privadas (Mr. 13:34).

Cuando David organizó el servicio de los levitas para la casa de Dios, asignó a cuatro mil de ellos al servicio de la guarda de las puertas. No llevaban todos a cabo esta actividad de manera simultánea: David los repartió en órdenes, que deberían turnarse en su función (1 Cr. 23:5; 26:1-19).

 PÓRTICO

tip, CONS

vet,

Paseo cubierto por un techo sostenido por columnas. Había mansiones que tenían pórticos de este género (1 R. 7:6, 7).

Había un magnífico pórtico en la fachada oriental del Templo de Salomón (1 R. 6:3; Ez. 8:16; JI. 2:17).

Había en ocasiones un patio de columnas en la terraza de los palacios (Jue. 3:23).

Los pórticos de la piscina de Betesda y el pórtico de Salomón, en el segundo Templo, eran también paseos cubiertos (Jn. 5:2; 10:23; gr. «stoa»).

 POSADA (Véase MESÓN)

 POSTMILENIALISTAS (Véase MILENIO.)

 POSTES

tip, CONS LEYE

vet,

(heb. «mezuza»).

Maderos a los que se aseguraban las puertas (1 R. 6:33). A veces había una columna de piedra en lugar de un madero.

El esclavo hebreo que quisiera permanecer a perpetuidad con su amo al llegar el año sabático se hacía traspasar el oído contra el poste con una lezna (Éx. 21:6; Dt. 15:17).

Los judíos ortodoxos ponían un trozo de pergamino llamado «mezuza» (montante de la puerta), donde estaban escritos, en veintidós líneas, Dt. 6:4-9 y 11:13-21. Los ponían dentro de una cajita de madera, de metal o de vidrio y la fijaban en el poste, como lo ordenan estos pasajes.

 POSTRIBULACIONISMO

tip, DOCT ESCA

vet,

En este punto de vista, la Iglesia pasa a través de la tribulación. Sus defensores proclaman que es la fe histórica de la Iglesia cristiana. Se afirma además que el mismo hecho de que a la Iglesia le fue prometida tribulación sostiene esta postura. Por otra parte, identifican la resurrección de los justos de Israel, evidentemente al final de la Gran Tribulación, y seguramente coincidente con la de los santos muertos durante ella (cfr. Dn. 12:1-3, 13; Ap. 20:4) con el arrebatamiento de la Iglesia (1 Ts. 4:13-18). Es evidente que esta postura destruye la doctrina de la inminencia de la venida de Cristo en relación con los creyentes y que aparece en pasajes como Jn. 14:2-3; 1 Co. 1:7; Fil. 3:20-21; 1 Ts. 1:9-10; 4:16-17; 5:5-9; Tit. 2:13; Stg. 5:8-9; Ap. 3:10; 22:17-22). Además, a pesar de la pretensión de «historicidad» de los postribulacionistas, en la iglesia primitiva sí se sostenía la inminencia de la vuelta del Señor a recoger a Su iglesia. Entre los que la sustentan se hallan Clemente de Roma, Cipriano, y la misma Didaché.

Véase TRIBULACIÓN (GRAN).

 POTESTADES

tip, ANGE

ver, PODER

vet,

(gr. «exousia»).

Grado angélico mencionado en el NT en pasajes como:

Ef. 1:21 («autoridad»),

Ef. 3 10 («potestades»),

Ef. 6.12 («potestades»),

Col. 1:16 («potestades»),

Col. 2:10 («potestad»),

Col. 2:15 («potestades»),

1 P. 3:22 («autoridades»).

Véase una consideración del significado de «exousia» en PODER.

 POTIFAR

tip, BIOG FUNC HOMB HOAT

vet,

(egip.: «aquel que Ra [dios solar) ha dado»).

Oficial de Faraón y jefe de la guardia. Los madianitas le vendieron José. La esposa de Potifar trató de seducir al joven esclavo pero al no conseguir sus propósitos lo acusó falsamente y lo hizo encarcelar por Potifar (Gn. 37:36; 39:1-20).

 POTIFERA

tip, SACE BIOG HOMB HOAT

ver, POTIFAR

vet,

(misma etimología que para POTIFAR).

Sacerdote de On (Heliópolis), ciudad consagrada al culto del sol. Era padre de Asenat, que Faraón dio como esposa a José (Gn. 41:45-50; 46:20).

 POZO

tip, CONS RIOS

ver, CISTERNA, FUENTE

vet,

(heb. «b'êr»).

Se halla frecuentemente formando parte de nombres compuestos (p. ej.: Beerseba, «pozo del juramento»).

El pozo es una excavación en el suelo, que llega a una capa de agua en una depresión o que se filtra a través de las arenas. En ocasiones se captaba una fuente (cfr. Gn. 16:7, 14; 24:11, 13). Si se descubría agua en un terreno arenoso, se abría un pozo con toda presteza.

Se abrían los lechos secos de los torrentes cuando se sospechaba que debajo de ellos corrían aguas vivas (Gn. 21:30, 31; 24:19; 26:20-25).

Había numerosos pozos en la llanura marítima de Filistea, donde un inagotable curso de agua subterránea se abría camino hacia el Mediterráneo. La región montañosa de Palestina tenía pozos cavados en la roca calcárea.

Exteriormente, el pozo no se diferenciaba mucho de la cisterna. El agujero estaba protegido por un brocal (Jn. 4:6), cubierto por una piedra o una plancha para que ni personas ni animales cayeran accidentalmente (Gn. 29:2, 3; Éx. 21:33; 2 S. 17:19; Ant. 4:8, 37).

El interior del pozo, recubierto generalmente de obra, tenía una escalera que permitía llegar hasta el agua, si su nivel no era demasiado bajo. Se ponían pilas de madera o piedra cerca del orificio, para que abrevaran los ganados y rebaños (Gn. 24:30; Éx. 2:16).

El agua era sacada con cántaros (Gn. 24:16). Si el pozo era muy profundo, se bajaba un cubo u otra vasija con una cuerda (Jn. 4:11). En ocasiones se usaba tracción animal para tirar de la cuerda. También se usaban tornos sujetos al pozo. (Véanse CISTERNA, FUENTE.)

 PRADO

vet,

(heb. «'ãhû», «caña» o «junco»).

Las siete vacas del sueño de Faraón pacían «en el prado» o, según otras traducciones, «en el pantano», al tratarse de la zona ribereña del río, cubierta de cañas.

 PREDESTINACIÓN

tip, DOCT

ver, ELECCIÓN

vet,

(del gr. «proorizõ», «marcar de antemano, predeterminar»).

En Ro. 8:29, 30 forma un enlace en la cadena que conecta el previo conocimiento de Dios en el pasado con la gloria en el futuro. La elección es el señalamiento que Dios hace de individuos; la predestinación es a bendición (cfr. Ef. 1:5, 11, donde los creyentes son predestinados a ser adoptados hijos, según el propósito de Dios).

La predestinación no implica que Dios haya marcado a algunos para ira. En realidad, el deseo de Dios es «que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Ti. 2:4). Para asegurar que algunos lo sean, Él los predestinó, llamó, justificó y glorificó en Sus consejos soberanos (cfr. Ro. 8:29, 30). (Véase ELECCIÓN para un examen más detallado de estas cuestiones, y bibliografía.)

 PREDICACIÓN

ver, ECLESIASTÉS, DESCENSO (de Cristo a los infiernos).

vet,

(gr.: «kerygma»).

Se usa en el NT de «un anuncio», o «un dar a conocer», sin conllevar necesariamente la idea de una predicación formal como se entiende la palabra en la actualidad. Cuando la Iglesia en Jerusalén padeció persecución, todos se dispersaron, excepto los apóstoles, y fueron por todas partes «anunciando el evangelio» (Hch. 8:1-4).

En Eclesiastés, Salomón se denomina a sí mismo «el predicador» (Ec. 1:1; véase ECLESIASTÉS). De Noé se afirma que fue «pregonero de justicia» (2 P. 2:5). Pablo fue designado como predicador (heraldo) (1 Ti. 2:7; 2 Ti. 1:11; cfr. 1 Co. 9:27). A Dios le plació «salvar a los creyentes por la locura de la predicación» (1 Co. 1:21).

Dios se sirve de la predicación, del anuncio de las buenas nuevas, para dar a conocer Su amor y la obra del Señor Jesucristo. «¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?... ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» (Ro. 10:14-15).

La importancia de la predicación viene subrayada con las siguientes palabras: «La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Ro. 10:17).

El objeto central de la predicación o proclamación cristiana es la persona y la obra del Señor Jesucristo, Dios manifestado en carne, muerto por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación (Jn. 1:1, 14; 1 Ti. 3:16; Ro. 4:25) ,y que volverá para juzgar al mundo con justicia (Hch. 17:31; 24:25); estrechamente relacionada con esta proclamación está la instrucción dada al cristiano de la promesa de su recogimiento por Cristo (Jn. 14:1-4; 1 Ts. 4:13-18; Ap. 22:20), lo que constituye la esperanza presente del cristiano y su móvil para agradar al gran Dios y Salvador Jesucristo, que se dio a Sí mismo para rescatamos y purificarnos (Tit. 2:11-14).

Acerca de la predicación «a los espíritus encarcelados», véase DESCENSO (DE CRISTO A LOS INFIERNOS).

 PREGONERO

tip, OFIC

vet,

El que hacia anuncios a viva voz, tanto oficiales como meramente públicos.

En Dn. 3:4 se menciona a un pregonero voceando un anuncio oficial del rey de Babilonia.

Los predicadores del Evangelio son pregoneros de Dios (cfr. 2 P. 3:5).

 PREMILENIALISTAS (Véase MILENIO)

 PREMIO (Véase RECOMPENSA)

 PRENDA (Véase PRÉSTAMOS)

 PREPARACIÓN

tip, CALE LEYE

vet,

Recibía este nombre el día anterior al sábado, en el que se hacían los preparativos para todo lo necesario para el día de reposo (Mr. 15:42; Jn. 19:31; Ant. 16:6, 2; cfr. Jdt. 8:6). El sábado de la Pascua era de una gran solemnidad (Jn. 19:14, 31).

 PREPUCIO (Véase CIRCUNCISIÓN)

 PRESCIENCIA

tip, DOCT

vet,

(gr.: «prognõsis»).

Un conocimiento de personas y circunstancias antes de que existan. Es uno de los atributos divinos de Dios por el cual le son conocidas las personas y determinados los eventos por adelantado. Se trata de un poder totalmente más allá de la capacidad de comprensión de la mente humana.

El nombre «prognõsis» se traduce «anticipado conocimiento» (Hch. 2:23) y «presciencia» (1 P. 1:2). El verbo relacionado, «proginõskõ», se traduce variamente:

«antes conoció» (Ro. 8:29);

«desde antes conoció» (Ro. 11:2);

«ya destinado» (1 P. 1:20);

«sabiéndolo de antemano» (2 P. 3:17).

Se ha de señalar que la presciencia de Dios no elimina en absoluto la capacidad del hombre como agente moral responsable (Ro. 1:18-2:6).

 PRESENTE, DON

tip, LEYE

ver, CARISMAS, ESPÍRITU SANTO, LENGUAS (Don de), MILAGROS, SANIDAD (Don de)

vet,

(En el AT se usa muy frecuentemente el término «presente», aunque también se usa «don», que es utilizado con mayor frecuencia en el NT.)

Los padres daban presentes a sus hijos (Gn. 25:6), daban dote a su hija al casarse (Jue. 1:15); el prometido daba un presente al padre de la novia (Gn. 34:12); los invitados a las bodas llevaban presentes (Sal. 45:12). Los hombres de buena voluntad intercambiaban presentes, y hacían dádivas a los pobres (Est. 9:22); se ofrecían a los grandes con el fin de conseguir su favor (Pr. 18:16). Estaba prohibido comprar a los jueces mediante presentes (Éx. 23:8; Dt. 16:19; Pr. 29:4). Los soberanos recompensaban a los que les habían hecho un servicio (Dn. 2:48), y mostraban largueza hacia sus súbditos para alegrarlos (Est. 2:18). Los reyes recibían los tributos de sus súbditos (2 S. 8:2, 6; 2 Cr. 26:8; Sal. 45:12; 72:10; Mt. 2:11).

El desempeño del culto público generaba unos gastos que tenían que ser mantenidos con ofrendas (Mt. 5:23, 24; 8:4; Lc. 21:5). En Oriente siguen dándose estos hábitos de liberalidad.

El «don de Dios» es la vida eterna en Jesucristo (Jn. 4:10; Ro. 6:23). Cristo ha dado dones a los hombres (Ef. 4:8). No sólo ha abierto un camino que conduce a Dios, permitiendo que los hombres se presenten ante Él, el Santo y Justo, sino que ha conseguido para ellos los dones del Espíritu Santo (Jn. 14:16; 16:6; Hch. 2:38), que se manifiestan en el corazón y en la vida de los creyentes en el arrepentimiento (Hch. 5:31), la fe (Ef. 2:8), el amor (Ro. 5:5), el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la mansedumbre y la templanza (Gá. 5:22-23). Así, todas las virtudes cristianas son el fruto del Espíritu, un don de Su parte. Dios da asimismo diferentes dones a Su Iglesia, calificando a hombres que puedan contribuir a su edificación (Ro. 12:6; 1 Co. 7:7; 12:4-9; Ef. 4:7-16). (Véanse CARISMAS, ESPÍRITU SANTO, LENGUAS [DON DE), MILAGROS, SANIDAD [DON DE].)

 PRÉSTAMOS

tip, LEYE

ver, BANCO

vet,

Un adelanto de fondos o de alguna otra cosa.

Al principio, los israelitas que solicitaban un préstamo no pedían dinero sino objetos de primera necesidad. La Ley ordenaba socorrer al menesteroso (Dt. 15:7-11) sin exigir interés alguno (Éx. 22:25; Lv. 25:35-37). Sí se podía demandar interés de los extranjeros (Dt. 23:20). El israelita pobre podía venderse como siervo (Lv. 25:39-40; 2 R. 4:1). En caso de que el acreedor exigiera una prenda no podía ir a casa de su deudor, sino que tenía que esperar que éste se la trajera (Dt. 24:10-13). Si el objeto era un vestido, el acreedor se lo tenía que devolver antes de que se pusiera el sol, porque este vestido servía de cubierta (Éx. 22:26, 27). Estaba prohibido tomar en prenda las dos muelas de un molino, o la piedra de debajo, lo que impediría al pobre moler el grano necesario para su comida cotidiana (Dt. 24:6). Tampoco se podía tomar en prenda la ropa de la viuda (Dt. 24:17). Todos los séptimos años se debían perdonar los préstamos (Dt. 15: 1-11). Desafortunadamente, se implantó de manera generalizada la práctica de tomar prendas (Pr. 6:1); en época más tardía los prestamistas, en ocasiones pedían incluso interés, a pesar de la oposición de los profetas (Jer. 15:10; Ez. 18:13). Después del exilio, se descuidó muy extensamente este aspecto de la Ley, como tantos otros, y Nehemías reprimió enérgicamente los abusos, en este y otros aspectos (Neh. 5:1-13; cfr. Neh. 13).

La legislación romana era de gran dureza para el deudor, en contraste con las normas de la Ley de Moisés. La Ley de las Doce Tablas permitía al acreedor encarcelar al deudor insolvente y a su familia. Es a este hecho que alude el Señor Jesús en la parábola del siervo implacable (Mt. 18:25, 34). En tiempos de Jesús estaba organizado el comercio de dinero en forma de bancos (Mt. 25:27; Lc. 19:23). En Jerusalén había un edificio público en el que se depositaban los documentos relativos a los préstamos, tanto si eran con interés como si no (Guerras 2:17, 6) (Véase BANCO).

 PRETORIO

tip, CONS

vet,

(lat. «que pertenece a un pretor»)

Sentido primitivo: espacio alrededor de la tienda del general; después la residencia oficial del gobernador de una provincia; palacio.

En el NT este término designa:

(a) El palacio ocupado por Poncio Pilato en Jerusalén y ante el que se constituyó su tribunal (Mr. 15:16; Mt. 27:27; Jn. 18:28, 33; 19:9, cfr. 19:13). Ciertos arqueólogos lo sitúan en la torre Antonia, pero los procuradores de Judea solían residir en el palacio de Herodes el Grande (Filón, Legat ad Gaium 38, 39).

(b) Palacio de Herodes en Cesarea. Allí estuvo Pablo encarcelado (Hch. 23:35).

(c) Guardia pretoriana de Roma, encargada de la vigilancia del palacio imperial (Fil. 1:13). Parece que en Fil. 1:13 y 4:22 pretorio y casa del César son sinónimos.

 PRETRIBULACIONISMO (Véase TRIBULACIÓN, GRAN)

 PRIMICIAS

tip, CALE LEYE

vet,

(a) Así como Dios afirmaba Su propiedad de los primogénitos de hombre y animales, igualmente demandaba los primeros frutos de las labores en el campo (Éx. 23:16, 19), como reconocimiento de Dios como el dador de ellos y en muestra de agradecimiento por Sus dones.

Todos los varones tenían que presentarse tres veces al año ante Dios, y eran en el tiempo:

de la cosecha de la cebada (en la Fiesta de los Panes sin Levadura);

del trigo (en la Fiesta de las Semanas) y

en la vendimia (la Fiestas de las Cabañas) (Éx. 23:16, 19; 34:22, 26; Dt. 18:4; 26:10; Ez. 58:14).

(b) De los cristianos se afirma que tienen las primicias del Espíritu: tienen la prenda de una bendición futura aún más grande (Ro. 8:23; 2 Co. 5:5; Ef. 1:14).

(c) Los reunidos a Dios en cualquier dispensación reciben el nombre de primicias (Ro. 11:16; 16:5; 1 Co. 16:15; Stg. 1:18; Ap. 14:4).

(d) Cristo, al haber resucitado de entre los muertos, es las primicias de los que durmieron (1 Co. 15:20, 23). «Primicias» implica necesariamente que ha de haber más a su semejanza que sigan después.

 PRIMOGÉNITO

tip, LEYE

ver, PASCUA, LEVITAS, PRIMOGENITURA

vet,

Los primogénitos de los hombres y de las bestias son declarados pertenecientes a Dios, que no sólo los ha dado (cfr. Gn. 4:4), sino que los ha rescatado en Egipto de la esclavitud y del juicio.

Durante la décima y última plaga, los primogénitos de Egipto fueron muertos, en tanto que los primogénitos de los israelitas eran salvados gracias a la sangre puesta sobre el dintel y los postes de las puertas de sus casas (Éx. 12:12, 13, 23, 29; véase PASCUA). Los primogénitos, objetos de tal redención, pertenecían así por partida doble a Jehová. Todo varón primogénito de hombre o de animal era puesto aparte para el Señor (Éx. 13:2; 34:19); el hombre no tenía derecho alguno sobre ellos. El primogénito de los animales estaba destinado al sacrificio, pero el primogénito de hombre era rescatado (Éx. 13:13, 15; 34:20, cfr. Lv. 27:6). Por esta razón era llevado al santuario y presentado a Jehová (Lc. 2:22; cfr. Nm. 18:15). Más tarde, los levitas tomaron el lugar de los primogénitos de los israelitas (Nm. 3:12, 41, 46; 8:13-19; cfr. Éx. 32:26-29) y fueron asignados al servicio del culto (véase LEVITAS). Entre los primogénitos de los animales igualmente consagrados al Señor se hacían distinciones. El primogénito de los animales puros era sacrificado. Los animales impuros, de los que se cita el asno como espécimen típico, podían ser desnucados, o ser redimidos con un cordero (Éx. 13:13, 15; 22:29, 30; 34:20). La grasa del animal debía ser consumida con fuego, y la carne entregada al sacerdote. El animal impuro era rescatado o vendido (Lv. 27:27; Nm. 18:15-18). Más tarde, debido a las nuevas circunstancias que se podían prever del establecimiento del pueblo en la tierra de Canaán, y debido a que el desplazamiento al único santuario central podía ser difícil y costoso, se dio la norma de retrasar la presentación del primogénito. Se permitió que transcurrieran más de los ocho días inicialmente prescritos al inicio, y esperar a una de las fiestas anuales. La carne, en lugar de ser entregada al sacerdote, quedaba para el peregrino que había llevado el animal al santuario. El israelita y su familia lo consumían allí (Dt. 15:19, 20). Los animales con tachas no eran llevados al santuario. Eran comidos en casa, sin ceremonia cultual alguna (Dt. 15:21-23).

Con respecto a los privilegios legales del primogénito, véase PRIMOGENITURA.

 PRIMOGENITURA

tip, COST DOCT

ver, NUZU, PLENITUD, CREACIÓN (Nueva)

vet,

El derecho de primogenitura era considerado como propiedad exclusiva del primer nacido de una familia. Por lo general, el primogénito heredaba el rango, la situación y las prerrogativas de su padre; venía a ser jefe de la familia o de la tribu; heredaba asimismo una porción doble de los bienes paternos, derecho garantizado al hijo primogénito, incluso si había una segunda esposa preferida a la madre del primogénito (Dt. 21:17; cfr. 2 R. 2:9). El derecho de primogenitura podía ser vendido a un hermano menor, como lo hizo Esaú a Jacob (Gn. 25:29, 34; He. 12:1; en el artículo NUZU se puede constatar el registro de un caso semejante). La primogenitura se podía también perder por una mala conducta (1 Cr. 5:1).

El título de Primogénito es dado al Señor Jesucristo en varios sentidos:

(a) En su lugar en su familia terrena, como primogénito de María (Mt. 1:25; Lc. 2:7).

(b) El primogénito de toda creación (Col. 1:15). Aquí tiene el sentido de la preeminencia y dignidad, de derecho, que recibía el primogénito de parte de su padre. No es por lo tanto una identificación con la Creación, como si Él fuera la parte más preeminente de ella, sino que es presentado como primogénito sobre la creación, cabeza de ella. Así, este título denota Su posición y carácter, no Su origen. Es por ello que se menciona este carácter de primogenitura sobre toda la creación en relación con el hecho de que Él es la imagen del Dios invisible (véase PLENITUD).

(c) Él es el primogénito de entre los muertos (Col. 1:18; Ap. 1:5).

(d) Además de ser cabeza de la creación, pues «todo fue creado por medio de él y para él» (Col. 1:16; cfr. v. 17),

(e) es también la cabeza de toda la nueva creación (véase CREACIÓN [LA NUEVA]) más allá de la muerte, sobre el terreno de resurrección.

Un ejemplo de que el título de primogénito es de dignidad y autoridad se ve en el Sal. 89:27, donde Salomón, décimo hijo de David (1 Cr. 3), recibe junto con el título de «primogénito» el derecho al trono de su padre. Y el Hijo eterno, al venir a ser hombre, recibe, tras Su obra de Redención y posterior exaltación, este puesto de preeminencia adicional a Su eterna dignidad: el de «Primogénito de los muertos», que se corresponde con el de «Primicia de los que durmieron» (1 Co. 15:20, 23), si bien el primer título tiene más que ver con Su dignidad y el segundo con Su prioridad en el tiempo y Su carácter de precursor en poder. Así, el título de Primogénito denota que Él es Señor Soberano sobre todas las esferas, temporales y eternas.

 PRINCIPADOS

tip, ANGE

ver, ÁNGEL

vet,

(gr. «archai»: «principios»).

Se usa de la posición de aquellos que tienen el primer lugar como gobernantes entre los hombres (Tit. 3:1, «gobernantes»). Sin embargo, este término se emplea de modo especial para denotar a los poderes espirituales del mundo invisible, sean buenos o malos (véase ÁNGEL). Fueron creados por el Señor, y Él es la cabeza de todos ellos (Col. 1:16; 2:10). Algunos cayeron de la posición de confianza que les había sido asignada: no guardaron su primer estado o principalidad (Jud. 6). Otros luchan en contra de la posición celestial de los santos (Ef. 6:12). El Señor «despojó» a los principados en la cruz (Col. 2:16), y en Su resurrección fue exaltado por Dios infinitamente por encima de todos estos poderes creados (Ef. 1:21; 3:10).

 PRÍNCIPE

tip, FUNC

vet,

Son dieciséis los términos heb. que se pueden traducir de esta manera. Los principales son:

(a) «nasi», «uno exaltado», que también se traduce como «gobernante, capitán, jefe». Se aplica a los «príncipes de la congregación» (Jos. 9:15-21): éstos serían los cabezas de familia en las varias tribus;

(b) «sar», «llevar regla», aplicado así a los cabezas de las tribus, «jefes de familias», que tiene asimismo varias traducciones; se aplica como príncipes a los sátrapas del imperio persa (Est. 1:3-21). En Daniel estos mismos dignatarios reciben el nombre de «achashdarpenayya», «sátrapas» (Dn. 3:2, 3, 27; 6:1-7). El término «sar» se emplea también para el Príncipe de paz en Is. 9:6, y para el arcángel Miguel y el príncipe de Persia que se le opuso, así como para el príncipe de Grecia (Dn. 10:13-21).

En el NT el término «príncipe» es traducción de:

(a) «archêgos», «autor», «Príncipe», referido al Señor Jesús (Hch. 5:31);

(b) «archipoimên», «Príncipe de los pastores», también referido al Señor Jesús (1 P. 5:4);

(c) «archõn», «príncipe» de los demonios (Mt. 12:24), «príncipe» de este mundo (Jn. 12:31; 14:30; 16:11), referido a Satanás, también traducido como «gobernante», «magistrado» y, referido al Señor Jesucristo, en Ap. 1:5: el «soberano» de los reyes de la tierra.

 PRINCIPIO

tip, DOCT

ver, TIEMPO

vet,

(heb. «rê'shîth»; gr. «archê»).

El significado propio de este término es con referencia al tiempo. Así, se usa:

(a) para indicar un punto de comienzo en el pasado en que se inaugura un evento concreto, como la inauguración del año litúrgico judío (Éx. 12:2), el comienzo del cristianismo (Jn. 15:27; 16:4; 1 Jn. 1:1; 3:11; 2 Jn. 5, 6), etc.

(b) En Gn. 1:1 la referencia es a un principio absoluto de la creación, lo mismo que en Jn. 1:1. Así, aunque «principio» no puede ser separado de su relación con el tiempo, se afirma que cuando el tiempo empezó el Verbo ya existía con Dios y era Dios, siendo por lo tanto eterno.

(c) En un sentido moral se usa para denotar un fundamento o fuente (Pr. 1:7), el preeminente en dignidad (Col. 1:18); el Autor o agente activo (Ap. 3:14).

Un ejemplo extrabíblico del uso del término «archê», «principio», no en relación temporal sino como causa u origen, es el que da Josefo en Contra Apión (2:23), donde afirma que Dios es el principio de todas las cosas. (Véase TIEMPO.)

 PRISCILA

tip, BIOG MUJE MUNT

ver, AQUILA

vet,

(lat., «ancianita»).

Esposa de Aquila, viajaba con él. El celo de ella en difundir el Evangelio la hizo destacar al lado de su marido (Hch. 18:1-3, 18, 26; Ro. 16:3; 2 Ti. 4:19).

Muy apreciada por el apóstol Pablo, es en algunas ocasiones mencionada antes que Aquila. (Véase AQUILA.)

 PRISIÓN (Véase CÁRCEL)

 PRISIONEROS DE GUERRA

tip, LEYE EJER

ver, GUERRA

vet,

Desde la antigüedad, y aún en nuestros días, a pesar de todas las convenciones y tratados internacionales, los prisioneros de guerra son objeto de crueles tratos.

Los asirios sacaban los ojos a sus prisioneros, lo mismo que los filisteos (Jue. 16:21) y los babilonios (2 R. 25:7). Los sometían a duros trabajos forzados en estado de esclavitud (Jue. 16:21; Jos. 9:1-27; 2 S. 8:2). Muchos de ellos eran ejecutados (Nm. 31:7; Dt. 20:13 ss.; 2 S. 8:2; Jer. 52:10). Otros eran mutilados (Jue. 1:6). Las mujeres e hijos de los vencidos formaban parte del botín de los vencedores. Sin embargo, la Ley de Moisés regulaba el trato a dar a las mujeres cautivas, para que no fueran tratadas arbitrariamente (Dt. 21:10-14).

Alejandro Magno trató durísimamente a los habitantes de Tiro después de su valiente resistencia, dando muerte a ocho mil de ellos, dos mil por crucifixión, y vendiendo a treinta mil como esclavos.

Los romanos hacían también terribles matanzas cuando tomaban ciudades que les habían hecho frente. Los casos podrían multiplicarse, llegando hasta nuestro siglo XX, con sus crueles guerras y matanzas masivas. (Véase GUERRA.)

 PROCÓNSUL

tip, OFIC

vet,

(lat. «vicecónsul»).

Era un gobernador de una provincia romana bajo la jurisdicción del Senado (Hch. 13:7; 18:12; 19:38). Ejercía el cargo durante un año, y administraba la provincia con la autoridad de un cónsul. Era ayudado por cuestores, que recaudaban los impuestos y lo depositaban en el tesoro administrado por el Senado.

 PRÓCORO

tip, BIOG HOMB HONT

vet,

(gr.: «que dirige el coro de los danzantes»).

Uno de los siete que fueron elegidos para socorrer a las viudas judías de lengua griega, y probablemente también a los cristianos necesitados de Jerusalén (Hch. 6:5).

 PROCURADOR

tip, HIST OFIC

vet,

Cargo de la administración romana.

En las provincias imperiales, esto es, las administradas directamente por el emperador, había un procurador, que era a la vez gobernador civil y militar. En Judea lo fueron, entre otros,

Poncio Pilato (Mt. 28:14),

Félix (Hch. 23:24),

Festo (Hch. 24:27; 26:30).

Fue después de la destitución de Arquelao, el año 6 d.C., que Roma decretó la fusión de Judea, Samaria e Idumea, bajo el nombre de «provincia de Judea», como división de Siria, y para ser administrada por procuradores (Ant. 17:11, 4; 13:5; Tácito, Anales 12:23; Historia 5:9). Los procuradores de Judea fueron, sucesivamente:

Coponio (Ant. 18:1, 1; 2:2; Guerras 2:8, 1);

Marco Ambivio;

Annio Rufo, en la época de la muerte de César Augusto;

Valerio Grato, que ejerció el cargo durante once años (Ant. 18:2, 2);

Poncio Pilato, designado por Tiberio, y por quien fue destituido diez años más tarde. Pilato llegó a Roma justo después de la muerte de Tiberio, en marzo del año 37 (Ant. 18:2, 2; 4, 2; 6, 5; Guerras 2:9, 2; Tácito, Anales 15:44; Lc. 3:1);

Marcelo (Ant. 18:6, 10-11), designado por Calígula. A la accesión del emperador Claudio, el año 41,

Herodes Agripa I recibió de él la corona de Judea, reinando tres años, hasta su muerte (Hch. 12:1-23).

Cuspio Fado fue nombrado procurador de Judea por Claudio en el año 44. A renglón seguido se nombró a

Tiberio Alejandro (Ant. 19:9, 2; 20:1, 2; 5, 2; Guerras 2:11, 6). Después de la muerte de Herodes rey de Calcis, Claudio nombró a

Cumano procurador de Judea; más tarde, el emperador lo volvió a llamar (Ant. 20:5, 2; 6, 2 y 3; Guerras 2:12, 1 y 6), poniendo a

Félix en su lugar (Ant. 20:7, 1; Guerras 2:12, 8; Tácito, Historia 5:9; Anales 12); Nerón designó procurador a

Porcio Festo (Ant. 20:8, 9; Guerras 2:14, 1; Hch. 24:27); lo sucedió

Albino (Ant 20:9, 1); el último de ellos fue

Gesio Floro, nombrado por Nerón en el año 64 (Ant. 20:11, 1; Guerras 2:14, 2; Tácito, Historia 5:10).

Los procuradores de Judea estaban, en cierta medida, sujetos al legado de Siria, pero en la práctica su autoridad sobre Judea era soberana. Ellos tenían el mando supremo de la guarnición romana, juzgaban todas las causas importantes, tenían la atribución de aplicar la pena de muerte (Guerras 2:8, 1), que era ejecutada por sus soldados.

Residían generalmente en Cesarea, ciudad en la costa del Mediterráneo, pero subían a Jerusalén para las fiestas importantes, y en ocasiones pasaban allí el invierno (Ant. 18:3, 1). Visitaban las ciudades sometidas a su jurisdicción. Cuando residían en Jerusalén, se instalaban en el antiguo palacio de Herodes el Grande.

PRODIGIOS (Véase SEÑALES, MILAGRO)

 PROFANAR

tip, LEYE

vet,

(heb. «halal», gr. «koinoõ»).

Estos términos significan primariamente «hacer común». Otro término gr. también traducido «profanar» es «bebeloõ», que primariamente es «atravesar el umbral». Estos términos se aplican al hecho de traspasar algo sagrado a un uso común, y queda contrapuesto al concepto de la santidad, que se refiere a algo «separado», consagrado para el Señor y Su servicio. De esta manera, la profanación del día de reposo era su utilización como un día común (cfr. Éx. 31:14). El nombre de Dios era profanado si no era pronunciado con la debida reverencia, o si era usado en falsos juramentos o en prácticas que lo deshonraran (cfr. Lv. 19:8, 12, etc.).

Los sacerdotes debían tener gran cuidado en tomar esposa virgen, por cuanto el sacerdocio no podía vivir según el común de la vida del pueblo, sino estar separado para el Señor (cfr. Lv. 21:14), entre otros deberes que tenía para mantener su apartamiento para Dios (cfr. todo el cap. de Lv. 21). Como juicio contra la casa de Israel, que había profanado el nombre de Dios quebrantando su vocación de vivir santos para Él, el Señor entregó Su santuario en manos enemigas, a la profanación y destrucción (cfr. Ez. 5:11; 7:22; ver también Ez. 39:1-7 y 43:7).

 PROFECÍA

tip, DOCT

ver, PROFETA, APOCALIPSIS, TRIBULACIÓN (Gran), DÍA DE JEHOVÁ

vet,

En el sentido restringido de predicción inspirada del porvenir (para un examen de los diversos sentidos de este término, véase PROFETA), tiene un lugar singular en las Escrituras.

La Biblia es esencialmente una palabra profética. Dios trasciende el tiempo y el espacio, y puede hablar a la vez del pasado, del presente y del porvenir. De los treinta y nueve libros del AT, diecisiete de ellos son «proféticos» (los judíos consideran a otros más con este carácter), y en el NT hay varios pasajes de los Evangelios, muchos de las Epístolas, y el libro de Apocalipsis, que presentan este carácter. Sólo la Biblia contiene verdaderas profecías, por cuanto es la Palabra de Dios eterno y omnisciente. Él sólo es el que anuncia «lo por venir desde el principio» (Is. 46:10).

(a) CARACTERÍSTICAS.

Las características de la profecía bíblica son magistralmente descritas por Pedro (1 P. 1:10-12; 2 P. 1:16, 19-21).

(A) El gran tema tratado por todos los profetas es Jesucristo: Su persona, Su venida, Sus sufrimientos expiatorios, Su retorno, gloria y reino (1 P. 1:11).

(B) A ellos les fueron reveladas por adelantado la época y las circunstancias de las dos apariciones de Cristo (1 P. 1:11).

(C) Hay una perfecta armonía entre los profetas del AT y los del NT (1 P. 1:12).

(D) El Espíritu Santo es el único autor de la profecía (1 P. 1:11, 12; 2 P. 1:21).

(E) Los mismos profetas, sobrepasados por sus mensajes intentaron escudriñarlos (1 P. 1:10-12; cfr. 1 P. 1:5).

(F) Los mismos ángeles desean también mirar en estas cosas (1 P. 1:12).

(G) Consideramos segura la palabra profética, y es deseable prestarle atención (2 P. 1:19). Los que la descuidan cometen una insensatez.

(H) La profecía es «como una antorcha que alumbra en lugar oscuro», en espera del despuntar del gran día del Señor. No lo dice todo, no muestra toda la escena; pero es plenamente suficiente para mostrar el camino a través de los precipicios.

(I) Ninguna profecía puede ser objeto de una interpretación particular, o sea, separada del contexto de toda la Escritura.

En la Biblia tiene el creyente todo lo que le es preciso saber hasta su recogimiento con el Señor para andar de manera perfecta (2 Ti. 3:16-17). No precisa, por ello, de nada para conocer la mente de Dios que no esté contenido en las Sagradas Escrituras. Hay el hecho cierto de que en el pasado no tuvo lugar ningún acontecimiento de importancia que Dios no revelara antes mediante Sus siervos los profetas (cfr. Am. 3:7). Dios siempre quiso preparar al mundo, y, de manera especial a los creyentes. Como ejemplos se pueden citar:

el Diluvio (Gn. 6-7),

la destrucción de Sodoma (Gn. 18-19),

Nínive (Jon. 3),

Babilonia (Dn. 4-5),

Samaria, Jerusalén e Israel (2 Cr. 36:15-16),

la segunda destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. (Lc. 19:41-44; 21:20-24).

Por otra parte, la primera venida de Cristo había sido anunciada con una extraordinaria precisión de detalles. De la misma manera, la Biblia predice los acontecimientos del fin:

las señales del retomo de Cristo (Mt. 24:3-15),

el arrebatamiento de la Iglesia (1 Ts. 4:13-18),

la aparición del Anticristo (2 Ts. 2:1-12; Ap. 13),

el retorno de Israel a Palestina, sus sufrimientos y conversión (Zac. 12-14),

la gran tribulación (Mt. 24:21-30; Dn. 12:1, 7),

la batalla de Armagedón (Ap. 16:14-16; 19:1-21),

la aparición gloriosa del Señor con todos Sus santos (Zac. 14:3-5; Ap. 19:11-14),

el reinado de mil años (Ap. 20:1-10),

el juicio final ante el Gran Trono Blanco (Ap. 20:11-15),

la eternidad de bendición y de maldición (Ap. 21-22).

(Véanse los artículos correspondientes)

Después de haber dado conclusión al registro de sus visiones en Apocalipsis, que recapitula y completa todo el mensaje de los anteriores profetas, Juan afirma solemnemente que nadie tiene derecho alguno a añadir ni a quitar nada (Ap. 22:18-19). Los estudiosos reverentes y obedientes a las revelaciones divinas deben asumir la actitud de no menospreciar las profecías (cfr. 1 Ts. 5:20).

 PROFECÍA

(b) INTERPRETACIÓN DE LA PROFECÍA.

En el sentido restringido de predicción inspirada del porvenir (para un examen de los diversos sentidos de este término, véase PROFETA), tiene un lugar singular en las Escrituras.

Se ha planteado con frecuencia la cuestión de si a las predicciones (y a la misma Escritura) se le debe dar un sentido literal o simbólico. Con mucha frecuencia, bajo un sentido primario real y literal se esconde un significado figurado o espiritual. Muchos de los hechos de la historia de Israel tenían al mismo tiempo un significado profético:

la peña golpeada en Horeb representaba a Cristo golpeado en el Calvario (Éx. 17:1-6; 1 Co. 10:4);

el maná era el tipo y preanuncio de Cristo, el pan vivo venido del cielo (Éx. 16; Jn. 6:31 ss.);

el cordero de la pascua representaba al Cordero de Dios inmolado para nuestra redención (Éx. 12; 1 Co. 5:7);

las dos esposas de Abraham, Agar y Sara, simbolizaban los dos pactos, el de la ley y el de la gracia (Gá. 4:22-26), etc.

También se da que en el mismo pasaje profético haya una yuxtaposición o superposición de sentidos literales y figurados. Por ejemplo, en el salmo 22 hay ciertos detalles expresados en términos ordinarios acerca de lo que literalmente aconteció a Cristo sobre la cruz (abandonado de Dios, menospreciado por el pueblo, sus manos y pies traspasados, sus vestidos repartidos y su túnica sorteada); sin embargo, en otros versículos se da un lenguaje figurado, cuyo sentido no es por ello menos real (los toros, los perros rodeándole, su alma amenazada por la espada, su liberación de la boca del león y de los cuernos de los búfalos). Lo mismo sucede en el célebre pasaje de Is. 53, Así, se pueden considerar dos principios esenciales a respetar en la interpretación de las profecías aún sin cumplir:

(A) Establecer ante todo el significado literal normal, con un cuidadoso examen del contexto, la aplicación más sencilla y, en el AT, el sentido más relacionado con Israel.

(B) Sobre esta base, investigar a continuación si se puede hallar algún significado simbólico, algún posible sentido espiritual; se debe dejar que el mismo texto dé su guía acerca de ello, y, si es oscuro, comparar con otros pasajes claros con respecto al mismo texto. Sería absurdo interpretar literalmente evidentes figuras de lenguaje, y asimismo sería falso interpretar sólo simbólicamente aquellas afirmaciones que admiten un sentido llano y natural.

Para un examen de las diferentes escuelas de interpretación de Apocalipsis, véase APOCALIPSIS.

Para una comprensión adecuada de ciertas profecías, hace falta darse cuenta de que comportan un cumplimiento progresivo, o varios cumplimientos progresivos y sucesivos. Por ejemplo, en Mt. 24 y Lc. 21, Jesús contempla en una misma panorámica dos acontecimientos semejantes, pero muy alejados en el tiempo; por una parte el sitio de Jerusalén en el año 70 d.C. y los sufrimientos padecidos por los judíos. Por otra parte el último asedio de Jerusalén por parte del Anticristo y la gran tribulación de Israel (véase TRIBULACIÓN [GRAN]). Ello no tiene nada de sorprendente: si vemos a distancia un macizo montañoso, dos de sus cadenas pueden parecernos una sola; en realidad, podemos constatar al acercamos que un profundo valle las separa. Es evidente que ciertas afirmaciones proféticas nos parecen oscuras, y sobre todo que su síntesis es difícil (los judíos se encontraban con fuertes dificultades, no comprendiendo el hecho de dos venidas separadas del Mesías, una primera en humillación, la segunda en gloria; particularmente, el pasaje de Is. 61:1-6 presenta este efecto de síntesis de eventos muy separados en el tiempo: los vv. 1-2a tratan de la primera venida del Señor, como lo prueba la cita que el Señor hace de esta subsección en Lc. 4:18-19, cfr. v. 21, en tanto que Is. 61:2b-6 se refiere «al día de venganza del Dios nuestro», el Día del Señor [véase DÍA DE JEHOVÁ]). La luz total no la tendremos hasta el cumplimiento integral del plan de Dios. Mientras tanto, sin pretender dogmatizar acerca de detalles, pero siguiendo con atención las grandes líneas de los propósitos de Dios, el creyente fiel se dejará conducir y corregir por el Señor en su escudriñamiento de las Escrituras, sin olvidar que «el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía» (Ap. 19:10).

 

Bibliografía:

Véase al final del artículo PROFETA.

 PROFETA

tip, PROF

ver, PROFETAS, CANON

vet,

Aquel a quien Dios reviste de Su autoridad para que comunique Su voluntad a los hombres y los instruya.

(a) Institución del profetismo:

Dios prometió que Él suscitaría de entre el pueblo elegido a hombres inspirados, capaces de decir con autoridad la totalidad de lo que Él les ordenaría exponer (Dt. 18:18, 19). Moisés es el modelo de todos los profetas que lo siguieron, en cuanto a la unción, doctrina, actitud en cuanto a la Ley y la enseñanza. Sobre varios puntos hay unas analogías notables entre Moisés y Cristo (v. 18; Hch. 3:22, 23). Zacarías habla asimismo de esta autoridad característica: el Espíritu de Dios ha inspirado a los profetas aquello que debían decir al pueblo; los acontecimientos preanunciados han sido cumplidos (Zac. 1:6; 7:12; Neh. 9:30). Es Dios sólo quien ha elegido, preparado y llamado a los profetas; la vocación de ellos no es hereditaria, sino que con frecuencia encuentra al principio una resistencia interna (Éx. 3:1-4:17; 1 S. 3:1-20; Jer. 1:4-10; Ez. 1:1-3:15).

La Palabra del Señor, transmitida a los profetas de diversas maneras, queda confirmada mediante señales, por el cumplimiento de las predicciones, y por la conformidad con las enseñanzas de la Ley. Dios pedirá cuentas al hombre por su obediencia o desobediencia con respecto a la Palabra transmitida por Sus siervos (Dt. 18:18-19, cfr. v. 20 y Dt. 13:1-5).

(b) Falsos profetas.

Además de los que hablan en nombre de un dios falso (Dt. 18:20; 1 R. 18:19; Jer. 2:8; 23:13), hay los que mienten invocando el nombre de Jehová (Jer. 23:16-32). Estos últimos son de dos clases:

(A) Impostores, conscientes de su engaño; seducidos por su deseo de ser objeto de la consideración dada a los verdaderos profetas, son populares a causa de sus palabras suaves (1 R. 22:5-28; Ez. 13:17, 19; Mi. 3:11; Zac. 13:4).

(B) Personas sinceras e incluso piadosas, fundándose en ocasiones incluso sobre la Ley, pero persuadiéndose a sí mismas de haber sido llamadas por Dios al ministerio profético, cuando no es así. A pesar de su sinceridad, éstos son falsos guías.

 

(c) Características del profeta auténtico.

(A) Las señales (Éx. 4:8; Is. 7:11, 14); pero las señales no son por sí mismas suficientes; algunas de ellas podrían ser de origen fortuito, e incluso engañosas (Dt. 13:1, 2; cfr. Éx. 7:11, 22; 2 Ts. 2:9).

(B) El cumplimiento de las predicciones (Dt. 18:21, 22). El valor de este medio de comprobación aumenta cuando los acontecimientos vienen a demostrar, sobre un plano histórico, las profecías proclamadas mucho tiempo antes.

(C) El mensaje espiritual (Dt. 13:1-5; Is. 8:20). Si la doctrina del pretendido profeta se desvía del Decálogo, el que la profesa no es, evidentemente, un hombre de Dios. La enseñanza del verdadero profeta tiene que ser acorde con la de la Ley, tanto en lo que respecta a Dios como al culto y a las demandas de la moral. No se trata de que deba dar meras imitaciones del texto sagrado. Basados en los mandamientos divinos, los profetas enseñan cómo se exponen en la vida cotidiana y revelan la voluntad y la mente de Dios. Por su integridad, valor moral y calidad de sus enseñanzas, los profetas israelitas auténticos sobrepasan con creces a los sabios de las otras naciones.

La profecía incluye la predicción de acontecimientos (Is. 5:11-13; 38:5, 6; 39:6, 7; Jer. 20:5, 6; 25:11; 28:16; Am. .1:5; 7:9, 17; Mi. 4:10). La predicción constituye un aspecto importante del ministerio del profeta, y contribuye a acreditarlo, pero el hombre de Dios se ocupa aún más intensamente del presente y del pasado, para procurar convertir al pueblo a Dios (Is. 41:26; 42:9; 46:9).

 

(d) Etimología del término «profeta».

En gr. el profeta es:

(A) El que habla en lugar de otro: intérprete, heraldo.

(B) Aquel que declara los acontecimientos futuros.

Esta doble acepción deriva del hecho de que la preposición «pro» significa «en lugar de» y «antes». El término heb. «nabi'», traducido «profeta», significa «aquel que anuncia». Esta expresión parece haber tenido al principio un sentido muy amplio. El participio activo se emplea en otra lengua semítica, el asirio, para designar a un heraldo. Los textos hebreos dan a Abraham el título de profeta (Gn. 20:7). Dios se comunica directamente con él, se revela a él (Gn. 15:1-18; 18:17). Abraham transmite a sus descendientes el conocimiento del verdadero Dios (Gn. 18:19), y su intercesión es eficaz (vv. 22-32). Miriam es llamada profetisa (Éx. 15:20; Nm. 12:2, 6); Aarón, el portavoz de Moisés, recibe el nombre de su «profeta» (Éx. 7:1; cfr. 4:16). La idea fundamental del término «nabi'», «profeta» (que, p. ej., figura en Dt. 18:18) es que Dios reviste a este heraldo de unos dones particulares, entre otros el de ser vidente (1 S. 3:1). Ésta es la razón de que el profeta reciba en ocasiones este nombre de vidente (1 S. 9:9, heb. «ro'eh»; Is. 3:10, heb. «hõzeh»). Como el pueblo consideraba que esta cualidad era la más importante, el término «vidente» fue el usado corrientemente para designar al profeta durante largos períodos de la historia antigua de Israel. Samuel, Gad e Iddo recibían este título. Pero Samuel es más que el vidente al que uno se dirige para conocer la voluntad de Dios, o para recibir instrucciones acerca de los temas públicos o privados. Es el maestro enviado por Dios para instruir al pueblo, que reconoce en este ministerio público la característica esencial del profetismo (1 S. 10:10-13; 19:20). La enseñanza viene a ser la función primaria del profeta, como en los tiempos de Moisés. A partir de Samuel y de sus sucesores inmediatos (y algunos siglos más tarde con una presencia con renovado vigor) el profeta estará siempre presente en el seno de la nación. Embajador de Dios ante el reino de Israel, no deja de ordenar que se practique la justicia. Interpretando la historia a la luz de la moral, el profeta advierte de los juicios de Dios sobre el pecado, y alienta al pueblo a la fidelidad hacia el Señor. El profeta está encargado de revelar los designios divinos (como Natán, que impide a David edificar el Templo, pero que profetiza la perennidad de su dinastía); ello no obstante, este anuncio de lo por venir dista de ocupar el lugar central dentro de su ministerio.

Los grandes sucesores de Samuel ya no son llamados «videntes», sino «profetas». Sin eliminar del vocabulario el título de vidente, se emplea de nuevo el de profeta, que no había desaparecido nunca del todo (Jue. 4:4; 1 S. 3:20; 9:9; 10:10-13; 19:20). Amós, que tuvo visiones, es llamado «vidente» por el sacerdote de Bet-el (1 S. 7:12); pero Dios lo llama a un ministerio profético completo (1 S. 7:15). Del profeta revestido del poder del Altísimo se dice que es «el varón de espíritu» (Os. 9:7), el inspirado. Como sucede con otros hombres que cumplen un ministerio público o privado, es el hombre de Dios, su instrumento, su mensajero; es un pastor del rebaño, un centinela, un intérprete de los pensamientos divinos. Aunque todos los profetas hayan surgido de Israel, Dios, para el cumplimiento de Sus propósitos soberanos, ha concedido en ocasiones un sueño o una visión a un filisteo, a un egipcio, a un madianita, a un babilonio o a un romano (Gn. 20:6; 41:4; Jue. 7:13; Dn. 2:1; Mt. 27:19). El Señor se sirvió incluso de Balaam, el adivino, a quien el rey de Moab le había pedido que maldijera a Israel (Nm. 22-24). Estos paganos entraron momentáneamente en contacto con el plan de Dios. Para asegurar su realización, el Señor les otorgó un atisbo de revelación, pero nunca los incluyó entre Sus profetas. La aparición del ángel a Agar, a Manoa y a su esposa, y a otros, no les confirió este ministerio, reservado a hombres sometidos a la disciplina del Espíritu, y en comunión con Dios.

El Espíritu del Señor enseñaba a los profetas (1 R. 22:24; 2 Cr. 15:1; 24:20; Neh. 9:30; Ez. 11:5; Jl. 2:28; Mi. 3:8; Zac. 7:12; Mt. 22:43; 1 P. 1:10-11). La acción divina no está en conflicto con la psicología humana. En ocasiones Dios se servía de una voz audible o de un ángel (Nm. 7:89; 1 S. 3:4; Dn. 9:21); pero por lo general daba Sus instrucciones mediante sueños, visiones y sugestiones que los profetas reconocían como de origen divino, externo a ellos mismos. Estos hombres no estaban continuamente bajo la inspiración del Espíritu, sino que esperaban la revelación del Señor (Lv. 24:12). Su mente no puede identificarse con la de Dios (1 S. 16:6, 7). Natán mismo estuvo de acuerdo con David en sus deseos de construir el Templo; pero tuvo que decirle después que Dios se oponía a este proyecto (2 S. 7:3). Los profetas sólo reciben las revelaciones en el momento elegido por el Señor.

Desde la época de Samuel, Dios fue dando profetas a Israel de una manera regular: varios de ellos son anónimos (1 R. 18:4; 2 R. 2:7-16). Este ministerio parece que no cesó hasta la época de Malaquías. Al acercarse el tiempo de la primera venida de Cristo, se dejó oír de nuevo la Palabra profética (Lc. 1:67; 2:26-38). Había profetas en la Iglesia en la época de Pablo (1 Co. 12:28). En contraste con los apóstoles y ancianos, no constituyen un grupo definido. Hombres y mujeres (Hch. 21:9) comunicaban lo que Dios les había revelado por el Espíritu, anunciando ocasionalmente lo que había de suceder (Hch. 11:27-28; 21:10-11); especialmente, exhortaban y edificaban a la Iglesia (1 Co. 14:3, 4, 24). Pablo aplica irónicamente el calificativo de profeta a un autor pagano que describió de manera magistral y verídica el inmoral carácter de los cretenses (Tit. 1:12).

 

(e) Llamamiento.

Es el mismo Dios el que llama al profeta (Am. 7:15), el cual conoce el momento preciso de esta revelación. Moisés estaba ante una zarza ardiendo cuando le vino el llamamiento (Éx. 3:1-4:17). El niño Samuel recibió revelaciones particulares (1 S. 3:1-15) que lo prepararon para la carrera profética (1 S. 3:19-4:1). Eliseo sabía de cuándo databa su llamamiento, y no ignoraba que había recibido una doble porción del Espíritu (1 R. 19:19, 20; 2 R. 2:13, 14). Por lo general se cree que la vocación de Isaías coincide con su visión, en el año de la muerte del rey Uzías (Is. 6); pero es posible que recibiera su comisión mucho tiempo antes. Esta visión marcaba el inicio de una etapa nueva y más importante de su ministerio; cfr. la visión del apóstol Juan mucho tiempo después de su primer llamamiento (Ap. 1:10); la de Pedro en Jope (Hch. 1:10); la de Pablo en Jerusalén(Hch. 22:17). Igualmente, Ezequiel recibió mensajes (Ez. 33:1-22) años después de haber sido investido con el ministerio profético (Ez. 1:1, 4). No sabemos nada del primer llamamiento recibido por Elías, pero lo vemos un tiempo más tarde (1 R. 19) recibiendo en Horeb un mandato particular. Jeremías, consciente de su llamamiento, se resiste desde su mismo inicio (Jer. 1:4-10). Oseas hace alusión a la Palabra que el Señor le dirigió por primera vez (Os. 1:1). Por lo que se refiere al llamamiento, sólo se registra un caso de instrumentalidad humana, en el de Eliseo (1 R. 19:19). En base al Sal. 105:15 se ha lanzado la sugerencia de que los profetas eran ungidos con aceite al comenzar su ministerio. Pero el salmista se refiere, en este texto, a los patriarcas, a los que él denomina «profetas» según el uso entonces corriente (cfr. Gn. 20:7; 23:6). En Is. 61:1, que también se cita a propósito de la unción del aceite, la referencia es a la unción del Espíritu. En 1 R. 19:16 se habla de la unción de Eliseo como profeta y de Jehú como rey. Este último fue, efectivamente, ungido con aceite (2 R. 9:1-6). Por lo que respecta a Eliseo, su unción no es descrita; lo que Eliseo sí hace es tirar sobre él su manto como señal de su llamamiento al ministerio profético (2 R. 1:8; 2:9, 13-15).

(f) Forma de vida.

La Biblia se refiere sólo de manera incidental a la forma de vida de los profetas, que no difería demasiado de la de los demás israelitas. El vestirse con pelo no era como asceta, sino de penitente, llorando por los pecados del pueblo (2 R. 1:8; Zac. 13:4; cfr. Mt. 3:4). En ocasiones, los hombres de Dios llevaban un cilicio sobre los riñones, con el mismo propósito simbólico (Is. 20:2). La vestimenta de pelo no se ponía directamente sobre la piel, sino como manto sin mangas, sobre el cuerpo. Los profetas se alimentaban de frutos y de legumbres silvestres (2 R. 4:39; cfr. Mt. 3:4). Recibían presentes en especie (1 S. 9:8; 1 R. 14:2, 3; 2 R. 4:42), o se les ofrecía hospitalidad (1 R. 17:9; 18:4; 2 R. 4:8, 10). Ciertos profetas, los que eran de la tribu de Leví, tenían derecho al diezmo. Algunos de ellos, como Eliseo y Jeremías, eran de familias acomodadas (1 R. 19:21; Jer. 32:8-10). Gad, el vidente, así como otros hombres de Dios que también llevaban este título, fueron, posiblemente, receptores del apoyo real (2 S. 24:11; 1 Cr. 25:5; 2 Cr. 35:15). Los profetas tenían por lo general una casa, al igual que sus contemporáneos (1 S. 7:17; 2 S. 12:15; 1 R. 14:4; 2 R. 4:1, 2; 5:9; 22:14; Ez. 8:1). (Véase PROFETAS [COMPAÑÍA DE LOS])

 

(g) Escritos.

A los profetas les tocó, asimismo, una tarea literaria: debían consignar por escrito la historia en que se habían movido, y sus mensajes proféticos. Samuel, el vidente, Natán el profeta, y Gad el vidente, fueron los historiadores de los reinos de David y de Salomón. Ahías, de Silo, escribió una profecía (1 Cr. 29:29; 2 Cr. 9:29). El profeta Semaías y el vidente Iddo (2 Cr. 12:15) referían los acontecimientos del reinado de Roboam. Iddo, el vidente, consignó los referentes al reinado de Jeroboam (1 Cr. 9:29). Las memorias del profeta Iddo relataban el reinado de Abías (1 Cr. 13:22). Jehú, el hijo de Hanani refirió la historia de Josafat (1 Cr. 20:34; 19:2). Isaías describió el comienzo y fin de Uzías y registró la historia de Ezequías (1 Cr. 26:22; 32:32). El canon hebreo clasifica entre los profetas anteriores a cuatro libros históricos: Josué, Jueces, los libros de Samuel, y Reyes. Es evidente que sus autores fueron «los videntes».

En la época de Isaías y de Oseas, ciertos profetas vinieron a ser grandes escritores, redactaron sus mensajes bien de una manera condensada, o bien de una manera muy detallada; en otras ocasiones nos han dado selecciones de sus discursos.

Estos hombres rendidos a Dios en comunión con Él mediante la constante oración eran aptos para recibir las revelaciones divinas (1 S. 7:5; 8:6; 12:23; 15:11). Se aislaban periódicamente para poder percibir mejor las instrucciones de lo Alto (Is. 21:8; Hab. 2:1). Ezequiel y Daniel recibieron revelaciones a la orilla de un río, donde posiblemente la apacibilidad favorecería la meditación espiritual (Ez. 1:3; Dn. 10:4). asimismo, fue durante la noche que Samuel oyó la palabra del Señor (1 S. 3:2-10). El alma del profeta quedaba incesantemente abierta a la acción del Espíritu, que, sin embargo, no violentaba la personalidad del espíritu humano.

Ciertos hombres que poseyeron el espíritu de profecía no fueron oficialmente clasificados entre los profetas. Los Salmos de David no fueron puestos entre los escritos proféticos, aun cuando había anunciado a Cristo. Daniel, designado por el mismo Cristo como profeta (Mt. 24:15) era oficialmente un alto funcionario de los reyes de Caldea y de Persia, y no tuvo una función profética en el seno de la nación de Israel; es por esto que el canon heb. situó su libro entre los Hagiógrafos (escritos sagrados). (Véase CANON.)

El canon hebreo da el nombre de «profetas anteriores» a los libros históricos: Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes. Los escritos estrictamente proféticos a partir de Isaías reciben el nombre de «profetas posteriores». Esta designación no se relaciona con la época de redacción, sino con el puesto que ocupan estos dos grupos de libros dentro del canon hebreo. Los libros de los Reyes, por ejemplo, escritos después de Isaías, pertenecen al grupo de los «profetas anteriores». Hubo grandes profetas, como Elías y Eliseo, que no escribieron sus discursos. En los comentarios modernos reciben el nombre de profetas oradores. Aquí y allá en la Biblia se hace alusión a las obras literarias de otros profetas que registraron sus predicaciones por escrito. Se dan citas en los «profetas anteriores» u otros libros del AT.

Entre los «profetas posteriores», Oseas, Amós y Jonás predicaron en el reino del norte e incluso en Nínive (cfr. 2 R. 14:25). Los otros ejercieron su ministerio en el seno de las tribus de Judá y de Benjamín, en tierra de Canaán, o en la tierra de su exilio. Incluyendo a Daniel, la clasificación cronológica es como sigue:

(A) Durante el período asirio, precediendo en poco la accesión de Tiglat-pileser (745 a.C.), y extendiéndose hasta la decadencia del poder de Nínive (hacia el año 625 a.C.): Oseas, Amós, Jonás, en el reino del norte; Joel, Abdías e Isaías, Miqueas, Nahum, en Judá.

(B) Durante el período babilónico, en Judá, del año 625 a.C., y hasta la caída de Jerusalén, el año 586 a.C.: Jeremías, Habacuc, Sofonías.

(C) Durante el exilio en Babilonia: Ezequiel, Daniel.

(D) Después del retorno del exilio: Hageo, Zacarías, Malaquías.

 

Bibliografía:

Además de la bibliografía citada bajo los artículos correspondientes a cada libro y profeta, se puede citar la siguiente literatura:

Kelly, W.: «Nature of Prophecy», Bible Treasury (H. L. Heijkoop, 58, Blijhamsterstraat, Winschoten, Holanda, reimpr., 1969);

Kelly, W.: «Object of Prophecy», Bible Treasury, enero 1920;

Kelly, W.: «Occasion of Prophecy», Bible Treasury; «Sphere of Prophecy», Bible Treasury, marzo 1920;

Kelly, W.: «Language of Prophecy», Bible Treasury, abril 1920;

Payne, J. B.: «Encyclopaedia of Biblical Prophecy» (Harper and Row, New York, 1973);

Schultz, S. J.: «Habla el Antiguo Testamento» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1976);

Tan, P. L.: «The Interpretation of Prophecy» (BMH Books, Winona Lake, Indiana, 1974);

Unger, M. F.: «El mensaje de la Biblia» (Ed. Moody, Chicago, 1976);

Wood, L. J.: «Los profetas de Israel» (Outreach, Grand Rapids, 1983);

Young, E. J.: «Una introducción al Antiguo Testamento» (T.E.L.L., Grand Rapids, 1977).

 PROFETAS, Escuelas de los (Véase Compañía de los)

 PROFETAS MAYORES

tip, PROF

ver, NAIOT, PROFETA, PROFECÍA

vet,

Designación por la que se conocen los libros de Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y que se refiere primariamente a la extensión de ellos. En el canon judío Daniel está situado, no en los Profetas, sino en los Escritos, debido a que no ejerció el oficio de profeta en el seno de la nación, aunque sí fue receptor de revelaciones proféticas procedentes de Dios.

 

Bibliografía:

Véase también bajo los artículos correspondientes a cada libro.

 PROFETAS MENORES

tip, PROF

ver, NAIOT, PROFETA, PROFECÍA

vet,

Reciben este nombre, en contraste con los llamados profetas mayores, los escritos de menor extensión, de los siguientes doce profetas: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías. A pesar de su nombre y, en ciertos casos, muy corta extensión, dan valiosas enseñanzas, y merecen un atento examen, tanto por la luz que arrojan de una manera directa sobre los planes de Dios, como por los principios y aplicaciones al caminar del creyente en todo tiempo y lugar. (Véanse también PROFECÍA, PROFETA.)

 

Bibliografía:

Dennett, E.: «Zachariah and Malachi» (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, reimpr. s/f de la edición de Londres, 1888);

Freeman, H.: «Nahum, Sofonías, Habacuc» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1980);

Kelly, W.: «The Minor Prophets» (C. A. Hammond, Londres, reimpr. s/f de la edición de 1874);

Morgan, G. C.: «Los Profetas Menores» (Clíe, Terrassa, 1984);

Rossier, H.: «El profeta Oseas» (Ed. «Las Buenas Nuevas», Montebello, Calif., 1971) y

Rossier, H.: «El profeta Jonás» («Las Buenas Nuevas», 1969);

Tatford, E. A.: «Hageo, el profeta de la Restauración» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1974);

Wolf, H.: «Hageo y Malaquías, rededicación y renovación» (Pub. Portavoz Evangélico, 1980).

Véase también bajo los artículos correspondientes a cada libro.

 PROFETISA

tip, PROF

vet,

(a) Mujer llamada por Dios al ministerio profético.

María, la hermana de Aarón y de Moisés, era profetisa (Éx. 15:20, 21; Nm. 12:2; Mi. 6:4);

Débora fue otra profetisa (Jue. 4:4). Los israelitas recurrían a las instrucciones de Débora; el Señor se sirvió de ella para anunciar Su voluntad al pueblo (Jue. 4:5, 6, 14).

Hulda ejerció también el ministerio profético. El rey Josías ordenó al sumo sacerdote que consultara con ella acerca del libro de la Ley hallado en el Templo; ella le reveló entonces los propósitos de Dios (2 R. 22:11-20).

El evangelista Felipe tenía cuatro hijas vírgenes que profetizaban (Hch. 21:9).

(b) Esposa de un profeta: ésta es la interpretación más plausible de Is. 8:3.

 PRÓJIMO

tip, LEYE

vet,

(heb. «rea», «amigo», «compañero», «vecino», Éx. 2:13; 21:14, etc.;

«'amith», «vecino», «igual», «compañero», Lv. 6:2; 18:20; 19:15, etc.;

«karob», «cercano», Sal. 15:3;

gr. «hoplêsion», «uno cercano», Mt. 5:43; 19:19; Lc. 10:27, 29, 36, etc.).

En Lv. 19:18 se define «prójimo» como «los hijos de tu pueblo». La Ley del AT, así como la concepción de los judíos, obligaba a una serie de deberes hacia aquellos que le eran cercanos, no físicamente, sino en virtud de la común descendencia en el seno del pueblo elegido, obligaciones éstas que no eran vinculantes hacia los que se hallaban fuera de la alianza. Por ejemplo, un israelita no podía exigir interés a otro por un préstamo (cfr. Dt. 23:19, 20). Se prohibía asimismo el falso testimonio contra el prójimo (Éx. 20:16; Dt. 5:20; Pr. 25:18). También se prohibía codiciar cualquier cosa que él poseyera (Éx. 20:17); robarle o calumniarle (Lv. 6:2), oprimirlo (Lv. 19:13), atentar contra su vida (Lv. 19:16), cometer adulterio con su mujer (Lv. 20:10), defraudarlo de cualquier manera (Lv. 25:14, 15) o engañarlo en forma alguna (Lv. 25:17). Todos estos preceptos quedaban expresados de una manera positiva en el que ordenaba «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv. 19:18).

En el NT el Señor Jesucristo amplió el concepto de prójimo. A la pregunta de un intérprete de la Ley: «¿Y quién es mi prójimo?», el Señor respondió con la parábola del buen samaritano. En ella el Señor muestra cómo sus discípulos deben buscar hacer el bien a todos aquellos a los que pueda prestar su ayuda (Lc. 10:25-37). El apóstol Pablo expresa sucintamente este principio para los cristianos: «Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gá. 6:10). De esta forma se amplía el circulo del «prójimo». Para el cristiano hay dos círculos concéntricos. No debe pasar por alto la oportunidad de dar su ayuda a todo aquel a quien pueda prestársela. Sí es cierto, sin embargo, que tiene que concentrar sus energías en la mutua ayuda a los miembros de la familia de Dios (He. 13:16).

 PROLOGOS MARCIONITAS

tip, MANU

ver, CANON, GNOSTICISMO

vet,

En varios de los antiguos códices de la Vulgata aparecen unos prólogos que preceden a las epístolas del apóstol Pablo, y se cree que tuvieron origen en círculos marcionitas, seguidores del hereje Marción. Éste favorecía un intenso dualismo en el que afirmaba la contraposición del Dios del AT con Cristo, el Dios del NT, pretendiendo que el primero era un Dios de una justicia implacable e inmisericorde y sin bondad, en tanto que Cristo había aparecido en el mundo para revelarse como el Dios del amor y de la misericordia. Consiguió ejercer una gran influencia en Roma. Procedente del Ponto, llegó a la capital del imperio en el año 140, y, debido a sus falsas enseñanzas, fue excomulgado en el año 144; sin embargo, consiguió reunir a su alrededor a numerosos adeptos, y fundó agrupaciones marcionitas, gobernadas por obispos apóstatas apoyados por presbíteros asimismo apóstatas.

Marción adoptó un canon concorde con sus convicciones, aceptando como libros canónicos sólo las epístolas del apóstol Pablo, a excepción de la Epístola a los Hebreos y las Pastorales, y el Evangelio de Lucas, sin los capítulos de la infancia de Jesús (véase CANON). Marción negaba también la encarnación, sosteniendo la maldad intrínseca de la materia, y por ello la imposibilidad de que Cristo se hubiera encarnado, en oposición frontal a las enseñanzas de los apóstoles (cfr. 1 P. 3:15-17). Vino a ser el más grave de los peligros para la fe cristiana en el siglo II, y su influencia se dejó sentir hasta finales del siglo III. Tanto él como su escuela de pensamiento fueron firmemente resistidos por Justino, Teófilo de Antioquía, Rodón, Tertuliano, etc. Policarpo llamó a Marción «el primogénito de Satanás» (cfr. Ireneo, Contra Herejías, 3:4). Una de las más importantes obras refutando sus enseñanzas es la de Tertuliano, «Contra Marción». Aunque no se le puede calificar propiamente de gnóstico (véase GNOSTICISMO), sí que presentaba varios elementos comunes con este sistema de pensamiento. Puede ser considerado como un gnóstico singular. En su sistema, evidencia, de una manera patente, las fuertes influencias que había recibido de este movimiento, debido, especialmente, a sus estrechos tratos con el gnóstico Cerdón.

Es debido a su gran influencia en Roma, donde por vez primera se tradujeron las epístolas del apóstol Pablo al latín, que se sostiene generalmente el origen marcionita de estos prólogos.

 PROMESA

tip, DOCT

vet,

(heb. «omer», dicho, «promesa», Sal. 77:8;

«dabar», palabra, «promesa», 1 R. 8:56;

gr.: «epangelia», «promesa», Lc. 24:49;

«epangelma», «promesa», 2 P. 1:4; hay asimismo varios términos derivados y compuestos).

En la Biblia hallamos una gran cantidad de

«preciosas y grandísimas promesas» (1 P. 1:4).

«Dios, que no miente, prometió» (Tit. 1:2).

Dios, que anuncia lo por venir desde el principio (Is. 46:10),

mantiene siempre la palabra que ha salido de Él (cfr. Is. 46:11; 58:14).

La primera promesa que se halla en la Biblia después de la caída es la de la venida del Libertador (Gn. 3:15). Empezando con este núcleo primario a partir del que Dios va revelando Su plan de redención, se pueden citar las siguientes promesas de Dios:

(a) La promesa a Abraham de bendecir en él a todas las familias de la tierra, y de darle a él y a su descendencia la tierra de Canaán (Gn. 12:2, 7, etc.). De esta promesa se hace eco frecuentemente el AT (cfr. Éx. 12:25; Dt. 1:8, 11; etc.). Esta promesa es también mencionada por Pablo (Ro. 4:13-25), exponiendo cómo la Ley dada más tarde no constituye la base de la recepción de lo prometido (cfr. también Gá. 3:15-18). Así, la promesa se mantiene, en tanto que la Ley tuvo un propósito temporal (cfr. Gá. 3:19).

(b) A David le fue dada la promesa de que su descendencia tendría a perpetuidad el trono de Israel (2 S. 7:12, 13, 16, cfr. 2 S. 7:28). Esta promesa fue reafirmada en los tiempos más oscuros de la historia de Judá (Jer. 23:5 8; 30:9; 33:15-17, 20-22, 25-26; Zac. 12:7-13:1; cfr. Mt. 1:1 ss; Lc. 1:32, 69; 3:32; Ap. 5:5; etc.)

(c) La promesa del Nuevo Pacto (Jer. 31:31-40); de la restauración de la nación de Israel en la tierra y unida en un solo reino (Ez. 36-37), la promesa del derramamiento del Espíritu (Ez. 36:25-27)

Todas las promesas se cumplen en la persona y mediante la obra del Señor Jesucristo (Hch. 13:23, 29-39). Por Su muerte efectuó la reconciliación (Ro. 5:10) y los suyos recibieron en Pentecostés «la promesa del Padre» (Lc. 24:49; Hch. 1:4). La promesa dada a Abraham es, conforme le fue dicho a él, de bendición para todas las familias de la tierra; se apropian de ella todos los que por la fe vienen a ser hijos de Abraham (Ro. 4:9-16; cfr. Gá. 3:14, 29). La promesa de la vida eterna (1 Jn. 2:25) que es en Cristo (2 Ti. 1:1) será manifestada de una manera plena cuando seamos recogidos por Él, cuando vuelva para tomar a los creyentes consigo (cfr. Jn. 14:1-4). «Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén» (2 Co. 1:20).

El último libro de la Biblia cierra con una promesa que debe llenar de esperanza y expectativa el corazón del creyente: «El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús» (Ap. 22:20; cfr. Tit. 2:11-14).

 PROPICIACIÓN

tip, DOCT

ver, EXPIACIÓN

vet,

(gr. «hilasmos», del verbo «ser propicio»).

La propiciación denota, en las Escrituras, aquel aspecto de la muerte de Cristo en el que vindicó el carácter santo y recto de Dios, y en virtud del cual Él puede ser propicio, o misericordioso, a todo el mundo (1 Jn. 2:2; 4:10).

En He. 2:17 se usa una palabra relacionada (el verbo), «expiar los pecados del pueblo», en la versión Reina-Valera, revisión antigua y 1960, o «hacer propiciación» (rev. 77; V. M.; cfr. «Nuevo Testamento interlineal griego-español» de F. Lacueva, loc. cit.).

En Ro. 3:25 el término no debería ser «propiciación», sino «propiciatorio», tal y como se traduce correctamente en He. 9:5.

Véase EXPIACIÓN y la bibliografía correspondiente.

 PROPICIATORIO

tip, UTEN LEYE ANGE

ver, EXPIACIÓN

vet,

Cubierta del arca (heb. «kapporeth», «cubierta»; gr. «hilasterion» (Éx. 26:34; He. 9:5).

Este término no designaba sólo la cubierta del arca, sino que evocaba a la vez el lugar y el acto mediante el que el sacrificio expiatorio hacía que Dios fuera propicio al pecador.

El propiciatorio era de oro puro; medía 2,5 codos de longitud por 1,5 de anchura. Formando parte integral de una sola pieza con esta cubierta, había un querubín en cada uno de sus extremos. Ambos querubines estaban frente a frente, con las alas extendidas, inclinados hacia el propiciatorio. Una de sus alas descendía hacia el propiciatorio, en tanto que la otra se unía con la del otro querubín. La gloria del Señor se manifestaba entre los querubines. Aquél era el punto de encuentro de Jehová con Su pueblo, y desde allí hablaba con él (Éx. 25:17-22; 30:6; Nm. 7:89). En el Templo de Salomón había la misma disposición (1 R. 6:23-28; 8:6-11; 1 Cr. 28:11).

Una sola vez al año entraba el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo, y ello sólo después de haber ofrecido un sacrificio por su propio pecado, para quemar allí incienso en presencia de Jehová. Una nube de perfume se elevaba allí, símbolo de la intercesión aceptada (cfr. Ap. 8:4). La nube de incienso cubría el propiciatorio. A continuación, el sumo sacerdote rociaba el propiciatorio y delante de él con la sangre del toro sacrificado. A continuación inmolaba un macho cabrío por el pecado de la nación, llevando asimismo esta sangre derramada detrás del velo, al Lugar Santísimo. Volvía a rociar el propiciatorio, y delante de él. El sumo sacerdote hacía expiación por sus propios pecados y los del pueblo por encima de la Ley divina, escrita sobre las dos tablas de piedra depositadas dentro del arca. Los querubines, armados de una espada de fuego, habían mantenido al hombre caído lejos del árbol de la vida y del paraíso (Gn. 3:24). De derecho, deberían atravesar al pecador temerario que se introdujera en la misma presencia de Dios, dentro del Lugar Santísimo. Pero aquí estaban sin arma, con la mirada dirigida hacia el propiciatorio, donde la sangre mostraba que la muerte de la víctima había dado satisfacción plena a la Ley y a la justicia de Dios (cfr. Lv. 16:1-16; véase EXPIACIÓN [DÍA DE LA]).

 PROSÉLITO

ver, NOÉ

vet,

(gr.: «que ha venido a unirse»).

Persona de origen pagano, pero convertida al judaísmo.

Los fariseos recorrían mar y tierra para hacer un prosélito (Mt. 23:15). El poeta latino Horacio considera el proselitismo como una característica del judaísmo (Sat. 1:4, 142, 143). Había prosélitos en Jerusalén en el día de Pentecostés (Hch. 2:10).

Nicolás, uno de los siete diáconos de la iglesia apostólica, era prosélito de Antioquía (Hch. 6:5), ciudad en la que había numerosos adeptos al judaísmo (Hch. 8:27).

La familia real de Adiabena, al este del Éufrates, adoptó la religión judía (Ant. 20:2, 4).

En Antioquía de Pisidia, un gran número de prosélitos siguió a Pablo y a Bernabé (Hch. 13:43).

En el rabinismo se distinguían dos categorías de prosélitos:

(a) Los prosélitos de la justicia: se adherían a la circuncisión, al bautismo, ofrecían sacrificios, y practicaban el judaísmo integral.

(b) Los prosélitos de la puerta, menos avanzados, seguían los «siete preceptos de Noé» (véase NOÉ), pero no se sometían ni a la circuncisión ni al conjunto de las ordenanzas judías.

Nótese también que el NT emplea las expresiones «prosélito» y «temeroso de Dios» (Hch. 10:2; 13:43; 16:14; 18:7). Los prosélitos, así, eran gentiles que habían dado su adhesión al judaísmo, en tanto que los «temerosos de Dios» eran los que, sin haber llegado a dar este paso, frecuentaban fielmente la sinagoga.

 PROSTITUCIÓN.

tip, TIPO LEYE

vet,

Prohibida en Israel (Lv. 19:29; 21:9; Dt. 23:17), fue sin embargo practicada debido a la relajación de las costumbres y por la influencia corruptora del paganismo que había alrededor (Gn. 38:21; Jos. 2:1; Jue. 11:1; 16:1).

El culto de los lugares altos y de los templos cananeos, babilónicos, griegos, etc., comportaba una clase de «prostitutas sagradas» (gr. «hieródulas»). También había prostitución masculina «sagrada» (gr.: «hieródulos»): los cultos de Baal, Astarté y Dionisos de Biblos eran licenciosos en extremo (1 R. 14:23-24; Os. 4:13-14).

En la época de Salomón y de sus sucesores, la prostitución se extendió entre los mismos israelitas, principalmente por medio de mujeres extranjeras (1 R. 3:16; 11:1; 22:38; Pr. 5:3-8, 20; 6:24-26; 7:5-27; 23:27). Llegaron a existir «casas de placer» (Ez. 16:24, 31; 2 R. 23:7). Se decía asimismo que alguien «se prostituía» cuando mantenía relaciones ilícitas, aun cuando fuera con una sola persona (Gn. 38:24; Dt. 22:21). Los profetas y los reyes fieles reaccionaron vivamente contra este estado de cosas.

Los apóstoles se enfrentaron en el mundo grecorromano con una gran relajación de las costumbres. Pablo da una vívida descripción de la situación en Ro. 1:23-28, entre otros pasajes, y en sus epístolas no deja de exhortar a los cristianos a la pureza y al dominio propio (1 Co. 6:9-20; Gá. 5:19, 23; Ef. 4:17-24; 5:3-5; Col. 3-5; 1 Ts. 4:3-7; 1 P. 4:3; Ap. 2:20, etc.).

En sentido figurado, los términos prostitución y adulterio expresan el abandono de Jehová por parte de su pueblo y la infidelidad espiritual. Jerusalén, la ciudad que hubiera debido ser santa, es comparada a una ramera (Is. 1:21; Jer. 2:20; cfr. 3:1; Ez. 16:15, 17, 20; 23:1-21; Ap. 17:1, 5, 15; 19:2). Sin embargo, Dios está dispuesto a perdonar a Su pueblo en su arrepentimiento, y a hacer de la nación, una vez purificada, una esposa casta y fiel (Os. 2-3).

 PROVERBIOS (Libro)

tip, LIBR LIAT

vet,

Libro poético que trata de la moral y de la piedad aplicada a la vida diaria. Tanto en el canon hebreo como en las versiones griegas, latinas y castellanas, etc., sigue al libro de los Salmos. El término heb. «mãshãl», traducido proverbios, denota también una máxima, enigma, sátira, parábola (Nm. 23:7; Is. 14:4; Ez. 17:2).

A. Esquema del libro:

(A) Título e introducción (Pr. 1:1-16), que recapitula el contenido de la obra, cuyo objetivo es el de dar sabiduría y discernimiento. La atribución de la paternidad de Proverbios a Salomón, hijo de David y rey de Israel, no significa que todo el libro sea de Salomón (cfr. Pr. 30-31).

(B) Cuerpo del libro:

(1) Elogio de la sabiduría (Pr. 1:7-9:18). Se trata de un poema didáctico, bajo la forma de un discurso de un padre a su hijo.

(2) Proverbios específicamente asignados a Salomón (Pr. 10:1-22:16). Se trata de unas máximas sin un orden riguroso, y presentadas principalmente bajo una forma de antítesis.

(3) Sección de Pr. 22:17-24:22. La comparación de Pr. 22:17 con Pr. 24:23 permite titular esta sección como «Las palabras de los sabios»: incorpora un poema en el que se ataca la intemperancia (Pr. 23:29-35). A esta sección se añaden otras palabras de los sabios (Pr. 24:23-34), que contienen la oda al perezoso.

(4) Otros proverbios de Salomón, transcritos por «los varones de Ezequías» (Pr. 25-29). Estos pensamientos, con el propósito de enseñar sabiduría al pueblo, se presentan bajo la forma de paralelos en 2, 3, 4 y hasta 5 miembros.

(C) Tercera parte, compuesta de tres apéndices:

(1) Palabras de Agur (Pr. 30), en ocasiones enigmáticas, y entre las que los proverbios numéricos ocupan un lugar importante.

(2) Consejos dados al rey Lemuel por su madre (Pr. 31:1-9).

(3) Elogio de la mujer virtuosa (Pr. 31:10-31). Se trata de un poema acróstico, en el que cada uno de sus doce versículos comienza con una de las letras del alefato hebreo, siguiendo su orden habitual.

B. Autor:

El libro es atribuido sólo en parte a Salomón: el hecho es que no lo escribió íntegramente. La sección de los caps. 25 a 29 lleva el encabezamiento: «También éstos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá», lo que da prueba de que este libro no tuvo su forma actual hasta la época de Ezequías. La introducción (Pr. 1:1-6) da la recapitulación; el elogio a la sabiduría (Pr. 1:7-9:18) constituye una especie de prefacio a los proverbios específicamente atribuidos a Salomón; sin embargo, no se puede descartar que estas primeras páginas no le pertenezcan a él (cfr. 1 R. 4:32). Los capítulos de Pr. 10:1-22:16 y 25-29, esto es, casi 2/3 del libro, son atribuidos de manera expresa a Salomón. Los ataques contra la idolatría no figuran en esta sección, por lo que se ha querido deducir que estos proverbios fueron compuestos o reunidos después de la gran lucha de los profetas contra la influencia del paganismo en su época. Sin embargo, este razonamiento carece de base, por cuanto no es menos lógico que provengan de antes de esta lucha. El lenguaje de los capítulos 10 a 22:16 y de 25 a 29 está en un heb. notablemente puro, lo que apoya la postura de que Salomón fue su autor. Las obras escritas inmediatamente antes del exilio, o las posteriores, dan evidencia de influencias extranjeras en el lenguaje, que nunca se ve en la ortografía ni estilo de las secciones tratadas. Además, los argumentos lingüísticos han llevado a los críticos a unas opiniones tan contrapuestas que se anulan mutuamente. Así, Eicchorn fecha este libro en el siglo X a.C., Hitzig en el IX, y Ewald en el VI.

El uso literario de los proverbios apareció muy tempranamente entre los hebreos, así como entre otras naciones (1 S. 24:14; 2 S. 12:1; Jue. 9:7). Textos muy antiguos dan testimonio de que Salomón redactó y recopiló tres mil máximas y proverbios (Pr. 25:1; 1 R. 4:32; 10:1; Eclo. 47:12-17). Los dos encabezamientos que atribuyen estas secciones al rey Salomón deben ser considerados como auténticos, sin descartar por ello que él fuera el autor de otras secciones, como ya se ha mencionado anteriormente.

En el NT se dan citas de varios pasajes importantes de Proverbios (cfr. Ro. 3:15; 12:16, 20; Stg. 4:6; 1 P. 4:18; 2 P. 2:22). Este libro contiene una gran cantidad de observaciones prácticas acerca de la conducta y de la educación. Bajo términos simbólicos tales como «el impío» y «la mujer extraña», las grandes formas del mal en el mundo, el voluntarismo violento y la necedad corruptora son reveladas en cuanto a su curso y fin. De manera detallada, este libro se refiere al mundo, mostrando las cosas a evitar y a seguir, poniendo en evidencia el gobierno de Dios, en el que cada uno recoge lo que sembró, con independencia de las bendiciones de Dios dadas en gracia más allá y por encima de este mundo. Sostiene la integridad en las relaciones terrenas, que no pueden ser violadas con impunidad. Es verdaderamente la sabiduría de Dios para el caminar diario de la vida humana.

Si bien las sentencias se suceden sin orden aparente, es muy provechoso intentar agrupar las que tratan de un mismo tema: el temor de Jehová, fuente de la verdadera sabiduría y del recto proceder; la sabiduría y la necedad; el rico y el pobre; el diligente, el perezoso, el borracho; los padres y los hijos, los jóvenes; la mujer corrompida y la virtuosa, el matrimonio; la lengua; la cólera, las pendencias, la bondad, la humildad, el carácter, el corazón, la salud, la oración, el testimonio, el gobierno, etc. El capítulo 8 presenta una impresionante personificación de la sabiduría eterna, que presenta las mismas características que la Palabra divina mencionada en Jn. 1:1-18; 17:5; Col. 1:15-17; 2:2-3.

 

Bibliografía:

Darby, J. N.: «Proverbs», en Synopsis of the books of the Bible (Bibles and Publications, Montreal, 1970);

Feliz, G.: «¿Qué es lo mejor?» (Clíe, Terrassa, 1977);

Kidner, D.: «Proverbios» (Ed. Certeza, Buenos Aires, 1975);

Walls, A. F.: «Proverbios», en Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1977).

 PROVIDENCIA

tip, DOCT

vet,

Cuidado amoroso y previsor que Dios tiene para con sus criaturas.

La providencia de Dios sostiene y gobierna todo lo creado. Su operación es tan extensa como el Universo y tan incesante como el curso del tiempo. Todos sus atributos toman parte en ella. Provee al cuervo su alimento y satisface las necesidades de todo ser viviente. La Biblia nos muestra que toda la Naturaleza le dirige su mirada, y depende de Él (Jb. 38:41; Sal. 104; 145:15, 16; 147:8, 9), y constantemente declara que todo acontecimiento, así como todo ser, están enteramente subordinados a Él. No hay nada en el Universo que pueda llamarse casual: «La suerte se echa en el seno; mas de Jehová es todo su juicio» (Pr. 16:33). Ni un gorrión ni un pelo de la cabeza caen al suelo sin su conocimiento (Is. 14:26, 27; Mt. 10:29, 30; Hch. 17:24-29).

Cualquier cosa no fue demasiado pequeña para que Dios la crease, ni demasiado pequeña para que Él deje de conservarla y gobernarla. La historia de cada hombre, la organización y la caída de las naciones, y el progreso de la Iglesia de Cristo revelan a cada momento la mano de Aquel que «obra todas las cosas según el consejo de su propia voluntad».

 PROVINCIA

tip, REGI FUNC

ver, SÁTRAPA

vet,

(heb. y aram. «m'dinah», jurisdicción; gr. «eparcheia», gobierno).

Los jóvenes «siervos de los príncipes de las provincias», que combatían bajo las órdenes de Acab contra Ben-adad (1 R. 20:14, 15) no eran israelitas. Indudablemente, estaban al servicio de los reyezuelos de diversas regiones de Galaad y Haurán, y se unieron a Israel para resistir el embate de los sirios sobre el territorio situado al sur de Damasco.

Las provincias constituían divisiones administrativas de los imperios de Babilonia y Persia (Dn. 2:49; 3:3). Darío el Grande, rey de Persia, que reinó desde la India hasta Etiopía (Herodoto 3:90-94), dividió sus dominios en veinte gobiernos, llamados satrapías (1:192; 3:89). (Véase SÁTRAPA.) Estas circunscripciones se subdividían en jurisdicciones más pequeñas, que los judíos denominaban provincias (Est. 3:12; 8:9; cfr. Herodoto 3:120, 128; 6:42 con 3:127; 5:11, 27, 30). En la época de Asuero, la cantidad de estas provincias más pequeñas era de ciento veintisiete (Est. 1:1). Durante el período persa, el país de Judá fue puesto bajo la jurisdicción del «gobernador del otro lado del río» (Esd. 5:3, 6); posteriormente, un decreto real hizo de ella una provincia propia con su propio gobernador (Esd. 2:63; 5:8).

Bajo el Imperio Romano había dos tipos de provincias: las imperiales y las senatoriales. Las imperiales dependían directamente del emperador. Tenían este carácter todas las provincias fronterizas que precisaran de la presencia permanente de un ejército para prevenir insurrecciones. Estas provincias eran administradas por un legado, delegado militar, nombrado por el emperador. Los procuradores, magistrados imperiales, percibían los impuestos y los entregaban al tesoro privado del soberano. Las provincias imperiales más pequeñas, y ciertas partes de las mayores (como Judea), eran administradas sólo por un procurador, no juzgándose necesaria la presencia de un legado. Cilicia (Hch. 23:34), Galacia y Siria (de la que Judea era una subprovincia), eran provincias imperiales. Las provincias senatoriales dependían del Senado romano; no era precisa su ocupación militar. Su gobernador tenía el título de procónsul, y era ayudado por cuestores, que percibían los impuestos y los entregaban al tesoro público, que era administrado por el Senado. La isla de Chipre (Hch. 13:4, 7), Macedonia (Hch. 16:12), Acaya (Hch. 18:12) y Asia (Hch. 19:10) eran provincias senatoriales.

 PRUEBA (Véase TENTACIÓN)

 PSEUDOEPÍGRAFOS

tip, MANU

ver, CANON, APÓCRIFOS, POESÍA, QUMRÁN

vet,

Reciben este nombre los escritos judíos aparecidos, en su mayor parte, entre los años 150 a.C. y 100 d.C., que no fueron admitidos en el canon del AT (véase CANON). Su nombre se debe a que dan un nombre falso de autor. Hay otros libros, entre los apócrifos, que son atribuidos a autores ficticios (véase APÓCRIFOS).

A continuación se da una relación de los escritos pseudoepigráficos que aparecen en la traducción de ellos publicada por Kautzsch (Tübingen, 1900). Ciertos escritos clasificados como apócrifos figuran asimismo como pseudoepígrafos, y no son tratados aquí (véase APÓCRIFOS). Se pasan por alto asimismo las obras carentes de valor religioso.

Lista:

(a) Leyendas:

La carta de Aristeas,

el Libro de los Jubileos,

el Martirio de Isaías.

(b) Poesía:

Los Salmos de Salomón.

(c) Libros didácticos:

el cuarto libro de Macabeos.

(d) Apócrifos:

Los Oráculos Sibilinos,

el libro de Enoc,

la Asunción de Moisés,

el cuarto libro de Esdras,

los apócrifos de Baruc (uno Sirio y otro griego),

los Testamentos de los Doce Patriarcas,

la Vida de Adán y de Eva.

La carta de Aristeas. El autor se presenta como un alto dignatario de la corte de Egipto, y como un gentil. Escribe a un amigo (Filócrates) para relatarle el origen de la versión griega de la Biblia (LXX): «El rey Ptolomeo II Filadelfo escribió al sumo sacerdote Eleazar para conseguir una traducción de la Ley de los judíos. Eleazar envió a Ptolomeo setenta y dos doctores (seis de cada tribu). Después de haber cautivado al rey con su sabiduría durante un banquete en la corte, los doctores fueron instalados en la isla de Faros, y se pusieron a trabajar. Dedicaban ocho horas diarias a ello, mientras que Demetrio de Falero, curador de la célebre biblioteca de Alejandría, consignaba por escrito la traducción de la Biblia en la que los setenta y dos doctores mostraron una total unanimidad. La tarea quedó finalizada en setenta y dos días.» Este relato es legendario. No puede provenir de un pagano, por cuanto la Ley queda muy glorificada. Es evidente que no fue redactada a principios del siglo III a.C., porque el autor comete graves errores acerca de la cronología de Ptolomeo II. Los detalles que da acerca de Palestina permiten llegar a la conjetura de que volvió alrededor del año 100 a.C., aunque ciertamente antes de Filón y Josefo, por cuanto estos últimos se hicieron eco de esta leyenda.

Los Salmos de Salomón. Son dieciocho. Están redactados según las reglas del paralelismo hebreo (véase POESÍA HEBREA). Parece que deben ser atribuidos a un mismo poeta. Su celo por la Ley, y su hostil actitud hacia la dinastía de los Asmoneos, así como sus esperanzas mesiánicas, permiten ver en él a un miembro de los hasidim, un grupo fervorosamente religioso anterior a los fariseos y con semejanzas a ellos. La evidencia interna muestra que el autor no tenía la intención de hacer pasar sus poemas como de Salomón. Es evidente que este nombre fue añadido posteriormente. El motivo que le movió a escribir fue la brutal profanación del Templo por parte del impío Pompeyo en el año 63 a.C. A esta obra se le ha asignado una fecha más antigua al ver en el hombre maldito que el poeta señala no a Pompeyo, sino a Antíoco Epifanes. Entonces, los reyes malvados no serían los asmoneos, sino los seléucidas. Pero esta hipótesis hace violencia a la evidencia interna de la obra, y provoca más problemas de los que pretende resolver. La opinión más verosímil es la que sitúa su redacción poco después del año 63, o incluso después de la muerte de Pompeyo, sobrevenida el año 48 a.C.

Estos dieciocho salmos, a excepción del primero, llevan, como ya se ha señalado, un encabezamiento con el nombre de Salomón. Escritas en griego, dan evidencia de su original redacción en hebreo. Su época de redacción es suficiente para descartar cualquier origen salomónico. Esta obra había desaparecido totalmente hasta que se descubrió un ms. en el siglo XVII, siendo entonces publicado. Recientemente se ha hecho un descubrimiento análogo, aunque de fecha indudablemente más tardía, las Odas de Salomón. Es una recopilación de cánticos y oraciones: catorce fragmentos (siete de ellos procedentes del AT, tres de los apócrifos, dos del NT, y un último fragmento de aire novotestamentario, aunque de redacción independiente: se trata de una acción de gracias y oración a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo). Se halla en algunos mss. (Alejandrino) y en ediciones de la LXX (Swete).

Cuarto libro de los Macabeos. Se trata de una obra didáctica, especie de disertación filosófica destinada a mostrar la superioridad de la razón sobre las pasiones. La argumentación se basa sobre la historia judía. El autor amplía considerablemente el relato de 2 Mac. 6-7 (el martirio de Eleazar y el de la madre con sus siete hijos). 5/6 de la extensión del libro están dedicadas a este relato. De ahí su nombre de 4 Mac.

Esta obra fue redactada en gr., pero se dirige a los judíos. Su autor predica la obediencia a la Ley. Cree en la supervivencia del alma. Parece anterior al año 70 d.C. Se señalan diversos lugares de redacción, siendo los más favorecidos Egipto y Antioquía de Siria, donde se hallaban las tumbas de los mártires macabeos. La atribución que se hace de esta obra a Josefo, sostenida por Eusebio de Cesarea, carece de fundamento. (Véanse APÓCRIFOS, QUMRÁN.)

Bibliografía:

Charles, R. H.: «The Apocrypha and Pseudepigrapha of the Old Testament in English» (Oxford, 1913);

Kautzsch, E.: «Die Apocryphen und Pseudoepigraphen des Alten Testaments» (Tübingen, 1900);

véase también:

Delcor, M.: «Apócrifos Bíblicos, Libros apócrifos del Antiguo Testamento» (artículo que, al ser escrito por un autor catolicorromano, trata sólo de los pseudoepigráficos en lo que respecta al AT), en Gran Enciclopedia Rialp, Vol. II PP. 473-477; «Biblical Literature - the Pseudoepigraphical Writings», en Encyclopaedia Britannica, Macropaedia, Vol. II, PP. 935-938.

 PTOLOMEOS

tip, TRIB

ver, VERSIONES DE LA BIBLIA, DANIEL (Libro), PROFECÍA

vet,

Nombre de la dinastía que reinó en Egipto, del año 305 al 31 a.C. Fundada por Ptolomeo Sóter, uno de los generales de Alejandro Magno, duró hasta la muerte de Cleopatra, que tuvo lugar tras la victoria de Augusto en la batalla de Accio.

Los primeros Ptolomeos fueron príncipes prudentes y capaces, dando a Egipto un alto grado de poder e influencia. Poseían numerosos territorios, entre los que destacaban Fenicia, Coelosiria, Chipre, Cirenaica y, durante un tiempo, Palestina. Protegieron las artes, las letras y las ciencias. Alejandría vino a ser su capital, y un centro irradiador de cultura. Mostraron buena disposición para con los judíos, que gozaron bajo ellos de especiales privilegios y recibieron buenos cargos en la administración civil y en la milicia.

Los posteriores miembros de la dinastía fueron, en cambio, incapaces y corrompidos. Se dejaron arrastrar a guerras intestinas e internacionales. Por otra parte, su vida privada estaba manchada con incestos y asesinatos en el mismo palacio. Fueron perdiendo todas sus posesiones extraterritoriales, lo que marcó el principio del fin de la independencia del país.

La traducción del AT al gr. fue emprendida bajo el reinado de Ptolomeo Filadelfo (284-247 a.C.) en Egipto (véase VERSIONES DE LA BIBLIA). En Dn. 11:17 se cree ver una alusión al matrimonio de Ptolomeo V (que reinó del año 204 al 182) con Cleopatra, hija de Antíoco el Grande, de la dinastía de los Seléucidas. En Dn. 11:25-30 se cree que se trata más en particular de Ptolomeo VI y de su hermano Fiscón, Ptolomeo VII (u VIII) Evergetes, que reinaron conjuntamente a partir del año 170 a.C. Aunque, ciertamente, puede haber aquí un cumplimiento germinal de la profecía, es evidente que Daniel mira más allá, al fin de los tiempos (véanse DANIEL (LIBRO DE) y PROFECÍA).

Hay menciones a diversos soberanos de los Ptolomeos en los libros apócrifos de los Macabeos.

 PUBLICANOS

tip, OFIC

vet,

En el sistema recaudador romano eran los subalternos que, bajo la dirección de un funcionario romano, se encargaban de cobrar los impuestos y los derechos de paso de las mercancías que se transportaban de un territorio a otro. El funcionario romano tenía que pagarse a sí mismo, por lo que exigían a los contribuyentes sumas superiores a las que en realidad tenían que ir al tesoro público. El estado autorizaba esta práctica, y ninguna ley protegía a los contribuyentes contra las exacciones. Con excepción de algunos muy contados hombres honrados, los publicanos cobraban sumas abusivas a su vez (cfr. Lc. 3:12, 13; 19:8).

En las provincias, todas las clases sociales los detestaban, con la posible excepción de los gobernadores romanos, que con frecuencia se entendían con ellos para sacar dinero a los contribuyentes. El encargado de un territorio reducido era, en ocasiones, originario de aquel mismo territorio. El judío Zaqueo era el perceptor jefe en Jericó (Lc. 19:1, 2). Mateo (Leví), asimismo judío, era sin duda el subalterno directo del funcionario romano, designado por éste para cobrar los impuestos en Capernaum (Mt. 9:9; Mr. 2:14; Lc. 5:27).

Los judíos no podían admitir que uno de los suyos actuara como agente de los romanos cobrando impuestos para un gobierno gentil. Condenaban asimismo a cualquier judío que se hiciera cobrador general por cuenta de una ciudad particular. El publicano judío quedaba excluido de la sociedad de sus compatriotas; sus amigos corrían la misma suerte. Jesús fue acusado de comer con publicanos y pecadores (Mt. 9:10-13; 11:19). El Señor hizo a uno de ellos el honor de llamarlo al apostolado (Mt. 9:9; 10:3). Jesús reconoció, no obstante, la falta de valor moral del publicano como tal (Mt. 5:46, 47; 18:17). Sin embargo, los invitó a entrar en el Reino de Dios. La bondad del Señor tocó a muchos de ellos, y los hubo que se hicieron bautizar (Mt. 21:31, 32; Lc. 3:12; 7:29; 15:1; 18:13, 14).

La parábola del fariseo y del publicano muestra el arrepentimiento y salvación de este último (Lc. 9:14).

 PUBLIO

tip, BIOG HOMB HONT

vet,

A la llegada de Pablo a la isla de Malta, Publio era el hombre principal. Brindó su hospitalidad al apóstol y a sus compañeros durante tres días. Pablo sanó al padre de Publio de su enfermedad (Hch. 28:7, 8).

Unas inscripciones relativas a Malta confirman el título de «hombre principal de la isla», que parece haber sido dado al gobernador.

 PUDENTE

tip, BIOG HOMB HONT

vet,

= «tímido, modesto».

Cristiano de Roma que manda saludos a Timoteo a través de la carta escrita por Pablo (2 Ti. 4:21).

 PUERCO (Véase CERDO)

 PUERRO

tip, FLOR ALIM

vet,

(heb. «hasir», significa ordinariamente «hierba»; sentido probable: «puerro», ya que figura entre las cebollas y ajos consumidos en Egipto. El Targum Onkelos, la LXX, la Vulgata y la Versión Siríaca traducen «puerros»; además, en arameo se llaman «k'sir»).

Se cultiva en abundancia en Palestina.

Sólo se cita en Nm. 11:5 en toda la Biblia.

 PUERTA

tip, CONS TIPO

ver, JERUSALÉN

vet,

(a) Las ciudades fortificadas y los palacios tenían una o varias puertas que permitían la entrada y salida de sus habitantes y que impedían, en caso necesario, la entrada al enemigo. Con frecuencia tenían poderosas torres que las protegían (2 Cr. 26:9). A menudo, la puerta era una entrada monumental, embovedada, que atravesaba la torre. Se cruzaban grandes barras contra las puertas para hacerlas impenetrables (Dt. 3:5; 1 R. 4:13; 2 Cr. 8:5; 14:7).

El término «puerta» significa asimismo el lugar más público de la ciudad, donde se trataban los asuntos (1 R. 22:10; 2 R. 7:1; Ez. 11:1), donde se llevaban a cabo las transacciones legales ante testigos (Gn. 23:10, 18; Rt. 4:1-11). Era el lugar en el que se examinaban y juzgaban los litigios (Dt. 21:19; 22:15; 25:7-9; Jb. 29:7; Am. 5:15). Las moradas aristocráticas tenían portales (Lc. 16:20) que permitían una exhibición de lujo (Pr. 17:19).

El término heb. «deleth» designa el conjunto de la puerta que gira sobre sus goznes, así como la hoja móvil (Gn. 19:6; Jue. 3:23). El término «tsela» se emplea a propósito de los paneles móviles de un batiente (1 R. 6:34). En el Templo de Salomón, la puerta del santuario ocupaba, según parece, 1/4 del muro (1 R. 6:33). En el estado actual de nuestros conocimientos, la interpretación de este pasaje no es muy segura. La LXX y la Vulgata traducen «puerta cuadrangular».

Para la Puerta de las Ovejas, del Pescado, de la Fuente, véase JERUSALÉN b, C.

(b) «Puerta» se usa metafóricamente del medio de entrada a bendición. El Señor Jesucristo dijo: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.» La salvación es sólo por medio de Él (Jn. 10:9). También dijo que, como Pastor verdadero, Él había entrado en el redil por la puerta; esto es, que aunque era el Hijo de Dios, entró obedientemente a través de lo que Dios había ordenado, siendo circuncidado, presentado en el Templo, y entrando además a formar parte del residuo mediante el bautismo (Jn. 10:1-9; cfr. Lc. 2:21-22; 3:21-22). Dios abrió «la puerta de la fe» a los gentiles mediante el ministerio de Pablo y Bernabé (Hch. 14:27). Las oportunidades para el servicio reciben el nombre de «puertas abiertas» (cfr. 1 Co. 16:9; 2 Co. 2:12; Col. 4:3; Ap. 3:8).

En la Iglesia en su estado laodicense el Señor es presentado fuera de ella, pidiendo admisión, a fin de que algunos le oigan individualmente, con promesa de bendición a aquellos que le abran (Ap. 3:20).

 PUERTO

tip, PUEM

ver, JOPE, TOLEMAIDA, ASDOD, CESAREA, DOR, GAZA, SIDÓN, TIRO

vet,

(heb. «hõph»: Gn. 49:13; «machoz», «refugio»: Sal. 107:30; gr. «limên», «puerto»: Hch. 27:12. El término gr. se usaba para designar un puerto. En cambio, el significado primario de «hõph» es «orilla» o «costa»; cfr. Dt. 1:7; Jos. 9:1; Jue. 5:17; Jer. 47:7; Ez. 25:16).

No hay, en todo lo largo de la costa de Siria y Palestina, un solo puerto natural de buenas características. La práctica era, en mal tiempo, varar las embarcaciones durante las tempestades. En tiempos bíblicos, Israel no llegó a poseer ningún puerto; en época de Salomón se usó el puerto de Jope, en manos fenicias, para el desembarque de los cedros del Líbano y posterior transporte por tierra hasta Jerusalén (2 Cr. 2:16), como también se hizo para la reconstrucción del Templo (Esd. 3:7). Jonás fue a este puerto para intentar la huida a Tarsis (Jon. 1:3).

En la época intertestamentaria Jope fue temporalmente dominada por los israelitas durante la época de los Macabeos (cfr. 1 Mac. 12:36 ss.; 13:11; 14:5-34). (Véanse JOPE, y también TOLEMAIDA, ASDOD, CESAREA, DOR, GAZA, SIDÓN, TIRO.)

 PUL

tip, BIOG REYE HOMB HOAT

ver, TIGLAT-PILESER

vet,

Rey de Asiria que invadió Israel durante el reinado de Manahem, que le entregó mil talentos para que le confirmara en el reino (2 R. 15:19; 1 Cr. 5:26).

Pul ha sido identificado entre los reyes de Asiria como Tiglat-pileser II, 745-727 a.C. Después de la conquista de Babilonia (729 a.C.) se hizo inscribir en la lista de sus reyes con el nombre de Pûlû.

Entre los reyes que pagaron un tributo alrededor del año 738 a.C., mencionado en los archivos de Tiglat-pileser, se halla Manahem de Samaria.

(Véase TIGLAT-PILESER.)

 PULGA

tip, FAUN INSE

vet,

Insecto díptero, heb. «parosh» (1 S. 24:15; 26:20).

En Palestina constituyen un tal azote que un proverbio afirma que el rey de ellas vive en Tiberias con su corte.

 CARDINALES, Puntos (Véase ORIENTE)

 PURIFICACIÓN, PUREZA

tip, LEYE

ver, LEVÍTICO

vet,

En la Ley mosaica se indicaban cuatro maneras de purificarse de contaminaciones:

(a) Purificación de la contaminación contraída al tocar un muerto (Nm. 19; cfr. Nm. 5:2, 3),

(b) Purificación de la impureza debida a emisiones corporales (Lv. 15; cfr. Nm. 5:2, 3).

(c) Purificación de la parturienta (Lv. 12:1-8; Lc. 2:21-24).

(d) Purificación del leproso (Lv. 14).

A esto, los escribas y fariseos añadieron muchas otras purificaciones, como el lavamiento de manos antes de comer, lavamiento de vasijas y platos, mostrando gran celo en estas cosas, en tanto que por dentro estaban llenos de extorsión e iniquidad (Mr. 7:2-8).

En el cristianismo la purificación necesaria se extiende:

al corazón (Hch. 15:9; Stg. 4:8),

al alma (1 P. 1:22), y

a la conciencia por medio de la sangre de Cristo (He. 9:14).

(Véase LEVÍTICO [LIBRO DE]).

 PURIM

tip, CALE

vet,

(heb., plural de «suerte»).

Amán echó suertes para determinar un día de buen augurio para la destrucción de los judíos. Al quedar deshechos los designios de Amán, la liberación de los judíos quedó marcada por una fiesta anual (Est. 3:7; 9:24-32) los días catorce y quince del mes de Adar. Esta fiesta no es mencionada por nombre en el NT, aunque hay exegetas que suponen que es la aludida en Jn. 5:1.

Esta fiesta sigue siendo celebrada en el seno del judaísmo: se lee el libro de Ester, y se pronuncian maldiciones sobre Amán y su esposa, pronunciándose bendiciones sobre Mardoqueo y el eunuco Harbona (Est. 1:10; 7:9).

 PÚRPURA

tip, COLO

ver, UGARIT, ESCARLATA

vet,

Una sustancia colorante que se extrae de diversas especies de moluscos, Los antiguos tirios usaban dos tipos de ellos: el «Murex trunculus», del que se extraía la púrpura azulada, y el «Murex brandaris», que daba la roja. La tinta de su materia colorante varía de color según la región en la que se pesca. Se han descubierto montones de conchas de murex, abiertas artificialmente, en Minet el-Beida, puerto de la antigua Ugarit (Ras Shamra), lo que da evidencia de la gran antigüedad de la utilización de este tinte de púrpura (véase UGARIT).

Debido a lo elevado de su precio, sólo los ricos y magistrados vestían de púrpura (Est. 8:15, cfr. la exaltación de Mardoqueo, v. 2, Pr. 31:22; Dn. 5:7; 1 Mac. 10:20, 62, 64; 2 Mac. 4:38; cfr. v 31; Lc. 16:19; Ap. 17:4). Los soberanos se adornaban de púrpura, incluso los de Madián (Jue. 8:26). Jesús fue escarnecido con un manto de púrpura (Mr. 15:17). Se había hecho gran uso de tejidos teñidos de púrpura para el Tabernáculo (Éx. 25:4; 26:1, 31, 36) y para las vestiduras del sumo sacerdote (Éx. 28:5, 6, 15, 33; 39:29). Los judíos daban un valor simbólico a la púrpura (Guerras 5:5, 4).

(Véase ESCARLATA.)

 PUT

tip, PAIS

vet,

Nombre de una nación emparentada con los egipcios y vecinos de su país (Gn. 10:6).

Put es mencionado con Egipto y otros países africanos, especialmente Libia (Nah. 3:9) y Lud (Ez. 27:10; Is. 66:19 en la LXX. Put figura entre Cus y Lud en Jer. 46:9; Ez. 30:5).

En la LXX se traduce como libios en Jeremías y Ezequiel. Josefo lo identifica también con Libia (Ant. 1:6, 2), pero en Nah. 3.9 es distinguida de los libios. La opinión actual se divide entre Somalia, Arabia oriental y Arabia meridional (Costa de los perfumes).

 PUTEOLI

tip, CIUD

sit, a9, 69, 130

vet,

(lat.: «fuentes pequeñas»).

Dos días después de haber llegado a Regio, la nave que llevaba a Pablo llegó a Puteoli, que era entonces una importante ciudad marítima. El apóstol encontró cristianos allí, y gozó de la hospitalidad de ellos (Hch. 28:13).

Se hallaba sobre la costa septentrional del golfo de Nápoles, cerca del emplazamiento de la actual Pouzzoles. Toda la región circundante es volcánica, y el cráter del Solfatare se eleva detrás de la ciudad.