RAAMA

tip, TRIB

vet,

Nombre colectivo de un pueblo descendiente de Cus y asociado con Seba (Gn. 10:7; 1 Cr. 1:9).

Hombres de estas dos tribus vendían piedras preciosas y oro en los mercados de Tiro (Ez. 27:22).

 RABÁ

tip, CIUD

sit, a2, 593, 448

vet,

= «grande».

Ciudad principal de los amonitas situada en el valle, como a 35 Km. al este del Jordán, 22 Km. y medio al nordeste de Hesbón y 30 y medio al sudeste de Ramot de Galaad. Hoy Es-Salt.

Habiendo sido conquistada por David, los amonitas consiguieron su independencia y en varias ocasiones usurparon las legítimas posesiones de Israel, se gloriaron de la desolación de ambos reinos y maltrataron a los que cayeron en su poder. Por eso se predijeron juicios severos contra Rabá (Am. 1:13-15; Jer. 49:1-3; Ez. 25:1-5).

Los escritores griegos y romanos hablan de ella con el nombre de Filadelfia. Allí se abastecían las caravanas de agua antes de cruzar el desierto de Arabia.

En los tiempos del Nuevo Testamento era una ciudad de Decápolis y conservó su importancia hasta el siglo IV, en que fue el asiento de una iglesia cristiana. En la conquista musulmana de Siria ya estaba en ruinas, habiendo sufrido mucho con los temblores.

 RABÍ

tip, FUNC

vet,

Doctor, maestro (el que enseña): título de respeto que los judíos dan a sus jefes espirituales (Mt. 23:7; Jn. 1:38).

En la época de Jesús, los judíos distinguían entre tres títulos honoríficos; a partir del título inferior eran:

«rab», maestro;

«rabbi», mi maestro;

«rabboni», mi señor.

En la época del apóstol Juan, el sufijo genitivo de la primera persona (-i) había perdido su sentido particular de pronombre posesivo, porque Juan traduce los términos rabí y raboni como significando sólo «maestro» (Jn. 1:38; 20:16).

 RABMAG

tip, EJER FUNC

vet,

Título que tenía Nergal-sarezer, uno de los jefes militares del ejército de Nabucodonosor (Jer. 39:3).

El sentido exacto de este título no se conoce a ciencia cierta. Es probable que se derive del ac. «rab-mugi», «gran príncipe».

 RABSACES

tip, EJER FUNC

vet,

(del ac. «rab», «jefe» y «sakú», «ser grande»: jefe de los oficiales, general).

Título de un jefe militar, asociado con el Tartán y con el Rabsaris del ejército de Senaquerib; estos tres oficiales tenían el mando de la expedición contra Jerusalén (2 R. 18:17). El Rabsaces fue entonces el portavoz de Senaquerib ante los representantes de Ezequías (2 R. 18:19, 26, 27, 37). Es posible que fuera el comandante en jefe del ejército.

 RABSARIS

tip, FUNC EJER

vet,

Expresión que según algunos lingüistas se deriva del ac. «rab sha rêshu», «el que está a la cabeza». La modificación del segundo y tercer términos habría dado el heb. «sãrîs», «eunuco». Título oficial.

El Rabsaris aparece en los ejércitos de Senaquerib y de Nabucodonosor (2 R. 18:17; Jer. 39:3). En heb. se da el nombre de «rab sãrîsîm» al funcionario de la corte de Nabucodonosor (Dn. 1:3) al que las vers. castellanas denominan «jefe de los eunucos»; es posible que «rabsaris» y «rab sãrîsîm» designen el mismo cargo.

 RACA

vet,

Aram. «rêkã», «vacío», «indigno», se puede parafrasear como «imbécil». Expresión de menosprecio (Mt. 5:22).

 RACIONAL o PECTORAL

tip, UTEN

ver, PECTORAL

vet,

Era una parte del atavío ceremonial del sumo sacerdote. Se sujetaba al pecho, y tenía doce piedras dispuestas en cuatro hileras, que representaban las doce tribus de Israel (Éx. 28:15-30). (Véase PECTORAL.)

 RAHAB

tip, BIOG MUJE MUAT

ver, JERICÓ

vet,

(a) «insolencia», «violencia»; nombre poético aplicado a Egipto (Sal. 87:4; 89:10; Is. 30:7; 51:9).

(b) (Heb. «rahab», «ancha»).

Mujer ramera cuya casa se hallaba en la misma muralla de Jericó; dio hospitalidad a los espías enviados por Josué, salvándoles la vida al esconderlos, y facilitándoles la huida por una ventana que tenía abierta sobre la muralla; así, ellos pudieron llegar al campamento israelita (Jos. 2:1-24) Cuando Jericó cayó, a Rahab y su familia se les perdonó la vida, y fueron incorporados al pueblo de Dios (Jos. 6:22-25; He. 11:31; Stg. 2:25). Vino a ser la esposa de Salmón y madre de Booz, figurando así como antepasada del rey David y del Señor Jesús (Mt. 1:5). (Véase JERICÓ.)

 RAM

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

= «alto».

(a) De la tribu de Judá, hijo de Hezrón, antepasado de David (Rt. 4:19; 1 Cr. 2:9). Llamado Aram en el NT (Mt. 1:1, 3; Lc. 3:33).

(b) Descendiente de Buz, fundador de un clan, y antepasado de Eliú (Jb. 32:2).

 RAMÁ

tip, CIUD

ver, MIZPA

sit, a2, 344, 423

vet,

(heb.: «altura»).

(a) Ciudad de Benjamín (Jos. 18:25), cercana a Gabaa, a Geba y a Bet-el (Jue. 4:5; 19:13, 14; Is. 10:29). Baasa, rey de Israel, la fortificó para impedir que los reyes de Judá emprendieran expediciones guerreras contra el norte (1 R. 15:17, 21, 22; 2 Cr. 16:1-6). Aparentemente se hallaba al sur de Bet-el. Allí es donde parece que fueron reunidos los cautivos de Judá antes de deportarlos a Babilonia (Jer. 40:1). Al terminar el cautiverio, volvió a ser habitada por judíos (Esd. 2:26; Neh. 11:33). Según Josefo, Ramá estaba a cuarenta estadios de Jerusalén (Ant. 8:12, 3). Robinson la sitúa en er-Rãm, sobre una altura, a 8 Km. al norte de Jerusalén.

(b) Ciudad de los padres de Samuel (1 S. 1:19; 2:11; cfr. 1:1); ciudad natal y residencia del profeta (1 S. 7:17; 8:4; 15:34; 16:13; 19:18, 19, 22, 23; 20:1); allí fue sepultado (1 S. 25:1; 28:3). Para distinguir a esta localidad de sus homónimas se la llamaba Ramataim de Zofim (cfr. 1:1 con v. 19, etc.). Es un lugar de incierta identificación:

(A) Hay exegetas que la asimilan con Ramá de Benjamín; sin embargo, esta identificación es implausible, a decir de Robinson, porque esta última no se hallaba en el país montañoso de Efraín (1 S. 1:1), ni se corresponde con la ciudad anónima del país de Zuf donde Saúl se encontró por primera vez con Samuel (1 S. 9:5).

(B) La ciudad se encontraba al sur de Benjamín, porque:

(I) 1 S. 1:1 no sitúa claramente a Ramataim en medio de las colinas de Efraín, sino que habla de un hombre de la familia de Zuf, habitante de Ramataim, ciudad de los zufitas, rama de los levitas coatitas. Se llamaban efrainitas porque se les había asignado el monte Efraín, de donde habrían emigrado (cfr. Jos. 21:5; 1 Cr. 6:22-26, 35, 66 ss.).

(II) Si esta interpretación es correcta, la ciudad anónima en la que Saúl encontró a Samuel es ciertamente Ramataim de Zofim, ya que esta localidad estaba situada en el país de Zuf, territorio exterior a los límites de Benjamin (1 S. 9:4-6), y al sur. Los que se dirigieran desde una ciudad próxima de este territorio, o que le perteneciera, y que fueran a Gabaa de Benjamín, pasarían delante del sepulcro de Raquel, en los confines de Benjamín (1 S. 10:2), entre Bet-el y Belén (Gn. 35:16, 19).

(III) Se comprende así por qué Saúl no había nunca conocido a Samuel, lo que no hubiera sido el caso si el profeta hubiera vivido en Ramá de Benjamín, a 4 Km. solamente de la casa de Saúl (cfr. asimismo 1 S. 8:1, 2).

(C) Otra identificación posible de Ramataim pudiera buscarse dentro del territorio de Efraín (Ant. 5:10, 2), donde vivían los zufitas. La identificación propuesta es Beit Rima, a 21 Km. al noroeste de Lida (cfr. RAMATAIM), pero no de una manera concluyente.

(c) Ciudad sobre la frontera de Aser (Jos. 19:29); no se trata de la Ramá de Neftalí (Jos. 19:36). Se cree que se encontraba en en-Rameh, a unos 8 Km, al suroeste de Safed y a 27 Km. al este de Akkõ (o Acco).

(d) Ramot de Galaad (2 R. 8:28; cfr. v. 29; y 2 Cr. 22:5, cfr. v. 6; véase MIZPA, b).

(e) Ciudad de Simeón (Jos. 19:8); llamada en ocasiones Ramat. Indudablemente es la misma que Ramat del Neguev (1 S. 30:27); conocida asimismo bajo el nombre de Baalat-Beer.

 RAMATAIM DE ZOFIM

ver, RAMÁ

vet,

«alturas gemelas de los zufitas»,

(Véase RAMÁ, b.)

 RAMERA (Véase PROSTITUCIÓN)

 RAMESÉS

tip, CIUD

ver, HICSOS, PITÓN, FARAÓN, EGIPTO, CRONOLOGÍA

sit, a4, 63, 275

vet,

(egip. «R'-ms-sw»: «Ra [el dios solar] es quien lo ha engendrado»).

Ciudad de la parte más fértil de Egipto (Gn. 47:11), del distrito de Gosén (Gn. 47:6). Faraón ordenó a José que instalara a Jacob y a sus hijos en esta región. Construida por los israelitas bajo el faraón opresor (Éx. 1:11); los hicsos (véase HICSOS) hicieron de ella su capital (Avaris-Tanis). Ramsés II la reconstruyó e inscribió su nombre en ella (véanse PITÓN, FARAÓN, b y c, EGIPTO, (a) [historia], CRONOLOGÍA). Identificada con San el-Hagar. La cronología convencional sitúa a Ramsés II alrededor del año 1299 y 1232 a.C. Esta cronología, sin embargo, basada en datos muy fragmentarios e identificaciones inseguras, se ha asentado sólo por inercia. Velikovsky lo sitúa, en base a cruciales evidencias, en la época de los reyes de Judá y de la caída de Jerusalén (609-569 a.C.), identificándolo con el faraón Necao II; así, su detallado estudio confirma el estudio general de Courville (véase bibliografía), a pesar de que este último estudio necesite afinar más los detalles de la cronología.

 

Bibliografía:

Courville, D.: «The Exodus Problem and its Ramifications» (Challenge Books, Loma Linda, Calif., 1971);

Velikovsky, I.: «Ages in Chaos» (Doubleday, Garden City, N.Y., 1952);

Velikovsky, I.: «Ramses II and bis time» (Abacus, Londres, 1980).

 RAMOT

tip, CIUD

vet,

Ciudad de Isacar, asignada a los levitas descendientes de Gersón (1 Cr. 6:73); también recibe el nombre de Jarmut (Jos. 21:29). Identificación incierta. Albright propone Kaukak el-Hawã.

 RAMOT DE GALAAD (Véase MIZPA, b)

 RAMSÉS II (Véase RAMESÉS)

 RANA

tip, FAUN LEYE

vet,

Anfibio impuro (Éx. 8:3; Lv. 11:10; Ap. 16:13).

La rana del AT es posiblemente la «Rana punctata», rana con manchas de Egipto.

Una de las plagas de Egipto fue una invasión de ranas (Éx. 7:26; 8:11; Sal. 78:45; 105:30).

 RAQUEL

tip, BIOG MUJE MUAT

vet,

= «oveja».

Hija menor de Labán. Era muy hermosa; Jacob la conoció en el pozo a donde ella iba a abrevar sus rebaños, cerca de Harán, en Mesopotamia. Jacob se enamoró de ella aquel mismo momento. Sin embargo, Jacob, desprovisto de bienes, no podía pagar la dote que todo pretendiente daba a los padres de una joven. Por esta razón, sirvió a Labán durante siete años para obtener a Raquel. Al mismo tiempo, Jacob, solitario y fugitivo, fue providencialmente cuidado, al poderse unir a un grupo patriarcal. Se comprometió en un contrato, y Labán le dio una mujer del clan.

Desde entonces, no podía partir ni llevarse su propia mujer e hijos sin pedir autorización para ello, incluso al acabar su contrato. Al final de los siete años de trabajo, Labán engañó a Jacob, que a la mañana siguiente de la noche de bodas se encontró conque la mujer que tenía era la hermana mayor de Raquel, Lea, según parece mucho menos atractiva. El hijo de Isaac sirvió siete años más para pagar el precio de la menor, la única que él amaba. Raquel vino a ser su mujer (Gn. 29:1-30), madre de José (Gn. 30:22-25) y de Benjamín; murió de parto al dar a luz a este último (Gn. 35:16-20; 48:7). Jacob la sepultó en un lugar situado algo al norte de Efrata, más conocida bajo el nombre de Belén, a lo largo del camino de este último lugar a Bet-el. Jacob erigió sobre el sepulcro un monumento que permaneció durante mucho tiempo (Gn. 35:19-20), cerca de Selsa (1 S. 10:2). Jerónimo, y el peregrino de Burdeos (siglo IV d.C.) mencionan este famoso lugar, del que dan testimonio tanto judíos como cristianos y musulmanes.

Allí se levanta, en la actualidad, un pequeño edificio, llamado Kubbat Rahil (la Cúpula de Raquel), a unos 6,5 Km. al sur de Jerusalén y a 1,5 al norte de Belén.

Jeremías muestra a Raquel llorando por sus hijos, los descendientes de José, Efraín y Manasés, deportados por los asirios (Jer. 31:15; cfr. v. 9, 18). El profeta habla de Ramá porque desde el territorio de Benjamín, donde se hallaba Ramá, había una altura desde la que se podía contemplar el devastado territorio de Efraín. La predicción evocada por los lloros de Raquel se cumplió en la masacre de los inocentes de Belén, en Judá (Mt. 2:18). Desde la división de Israel en dos reinos, Judá, en cuyo territorio se hallaba Belén, y Benjamín habían estado estrechamente asociados. Raquel, contemplando la desolación de Efraín, y llorando por sus hijos, muertos o deportados, atestigua que el juicio no se detendrá. Los extranjeros ocuparán el país y un edomita ocupará el trono, haciendo dar muerte a los hijos de Lea, a fin de suprimir al rey legítimo predestinado a salvar a Efraín, a Benjamín, a Judá y a todo Israel. La imagen de Raquel esperando el retomo de sus hijos a Dios y a su rey mesiánico (Jer. 30:9) se asocia con la de Lea implorando la venida del Hijo de David, que liberará a Judá y dará la paz a Israel (Jer. 23:6).

El clamor de Raquel es un preludio de las lamentaciones de las madres judías a través de los siglos.

 RAS-SHAMRA (Véase UGARIT)

 RATÓN

tip, FAUN LEYE

ver, FAUNA

vet,

Mamífero rumiante, «Mus musculus».

La familia de los «Muridae» cuenta con muchas especies de ratón. Animal impuro (Lv. 11:29); en la época de Isaías, los israelitas dados al paganismo lo consumían, a pesar de que estaba prohibido por la Ley de Moisés (Is. 66:17).

El ratón de campo («Arvicola arvaris») destruía las cosechas (1 S. 6:5).

El heb. «'akbãr» es un término colectivo que engloba no sólo las diversas especies de género «Mus», sino también la mayor parte de los «Muridae» y a muchos animales de otras familias, de características similares al ratón. (Véase FAUNA DE LA BIBLIA)

 REBECA

tip, BIOG MUJE MUAT

vet,

= «una cuerda con nudo corredizo», es decir, una mujer joven de belleza hechizadora.

Hija de Betuel. Acudía a buscar agua a una fuente cercana a la ciudad de Nacor (Harán) en Mesopotamia. El siervo enviado por Abraham en busca de una esposa para su hijo Isaac pidió a Rebeca que le permitiera beber de su vasija. La joven le dio agua; abrevando además sus camellos. El siervo se dio cuenta así de que Dios le daba la señal que había pedido: la joven era bella y generosa. De inmediato le hizo magníficos presentes, preguntándole su nombre, y si su padre lo albergaría. Labán, hermano de Rebeca, ofreció hospitalidad al siervo de Abraham, que expuso a Betuel el objeto de su viaje a Mesopotamia. A continuación pidió la mano de Rebeca para Isaac; Betuel y Labán aceptaron. Rebeca, acompañada de su nodriza, partió con el siervo y sus acompañantes; fue la mujer de Isaac, y dio a luz a los gemelos Esaú y Jacob (Gn. 24:1-27). Rebeca cometió el error de preferir Jacob a Esaú. A pesar de la profecía acerca de la preeminencia futura de su favorito, no dejó que Dios moviera el curso de la historia, sino que empujó a Jacob a obtener la bendición paterna usando de engaños (Gn. 25:28; 27:1; 28:5). Rebeca murió, seguramente, durante la estancia de Jacob en Mesopotamia, y fue sepultada en la cueva de Macpela (Gn. 49:31).

 REBUSCO (Véase ESPIGAR)

 RECABITAS

tip, TRIB

vet,

Rama de los ceneos que vivía entre los israelitas. Jonadab, el jefe de ellos, les ordenó que se abstuvieran de vino y de toda bebida fermentada; que no vivieran en casas, y que no cultivaran viñas ni campos, sino que vivieran en tiendas. Estas normas tenían por objeto lograr preservar la simplicidad de la vida nómada. Mucho tiempo después, el profeta Jeremías puso a prueba a los recabitas, constatando que eran fieles al mandato recibido. El Señor prometió a los recabitas que su linaje no se extinguirla (Jer. 35:1-19). Sigue habiéndolos en la actualidad en Mesopotamia y en el Yemen.

 RECOMPENSA

tip, DOCT

ver, JUICIO

vet,

Término que, aunque en ocasiones usado de retribución para el mal (Sal. 91:8; Abd. 15), se usa más generalmente de algo que se da en reconocimiento de una conducta satisfactoria para quien la da.

En el NT se habla con frecuencia de las futuras recompensas para los cristianos. Dirigiéndose a los Suyos, el Señor anuncia: «He aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según su obra» (Ap. 22:12). El que se dedica al servicio del Señor, si su obra permanece, recibirá recompensa (1 Co. 3:8, 14; cfr. 2 Jn. 8).

La recompensa, aunque un aliento, no debiera ser el motivo de la actuación del cristiano, que debe poder decir de corazón: «Porque el amor de Cristo nos constriñe» (2 Co. 5:14). El creyente es exhortado a no ser privado de su premio (Col. 2:18; cfr. 3:23, 24; Ap. 3:11). No se debe confundir, sin embargo, la salvación eterna con las recompensas. La salvación no es una recompensa, sino un don de pura gracia (cfr. Ef. 2:8, 9). La recompensa se da a cada creyente en base a las obras que haya hecho en fidelidad al Señor (Ef. 2:10). En el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10) serán evaluadas, y se dará la recompensa por la construcción que cada uno haya llevado a cabo (1 Co. 3:10-14). Si la obra de un creyente es indigna de recompensa, la perderá, pero sin embargo él será salvo, sobre el terreno de la obra de Cristo, de pura gracia (1 Co. 3:14-15). (Véase JUICIO, c.)

 RECONCILIACIÓN

tip, DOCT

ver, PROPICIATORIO

vet,

Habiéndose alejado el hombre de Dios, su Creador, al desobedecerlo, la justicia y santidad de Dios debían ser vindicadas. El Señor rompió la comunión con el pecador (Gn. 3:23-24), juzgando un mundo lleno de violencia por el pecado en el Diluvio (Gn. 6:5-7) y dejando tras Babel que las naciones siguieran sus propios caminos (Gn. 11:8-9). Para Israel, es en la expiación que se muestra la posibilidad de la reconciliación. Se trata de una propiciación: una vez que se había hecho expiación por el pecado, y la sangre de la víctima estaba sobre el propiciatorio, la Ley quedaba cumplida, la justicia satisfecha y vindicada, y Dios podía libremente exhibir Su misericordia y amor. El propiciatorio (véase PROPICIATORIO) es el único lugar dado en el que Dios se puede encontrar con Aarón, que representa a todo el pueblo (Éx. 25:22). El gran Día de la Expiación expresaba así de una manera simbólica y profética la gran amnistía que se proclamaría un día con la venida del Mesías (Lv. 16).

«Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo» (2 Co. 5:19). Por la cruz, Cristo quitó el pecado, destruyó la enemistad, estableció la paz y reconcilió a los hombres (judíos y paganos), no sólo con Dios, sino también entre ellos (Ef. 2:16). La reconciliación operada en el Calvario tuvo efectos hasta en el cielo (Col. 1:20-22; Ef. 1:10). Es el mismo Jesucristo que pagó el precio de nuestra reconciliación, la paga del pecado que demandaba la vindicación de la justicia divina para mantener Su santidad. Desde entonces puede tomar la mano del pecador arrepentido, y ponerla en la del Dios de santidad y de amor con toda justicia (cfr. Ro. 3:23-25).

Sin embargo, es de todo punto necesario que el rebelde reconozca su culpa y que acepte «ser reconciliado con Dios». En efecto, ¿cómo podrán reconciliarse con Dios los que pretenden «no haber hecho nunca nada malo»? El corazón de Israel era «falso y rebelde» (Jer. 5:23), y somos todos por naturaleza «hijos de desobediencia» (Ef. 2:2-3). Es una gracia suprema saber que «siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (Ro. 5:10). Y este acto no pertenece sólo al pasado: el que cree de corazón en Jesucristo, obtiene la reconciliación de una manera actual y presente (Ro. 5:10-11).

Además, Dios confía a los creyentes «el ministerio de la reconciliación». Hace de ellos embajadores de Cristo, que suplican a los hombres en todo lugar que se reconcilien con Él (2 Co. 5:18-20). No se trata de una simple proclamación de una salvación universal que todos los hombres ya posean. La reconciliación es para todos aquellos que no rechacen la provisión de Dios para su salvación. El hecho trágico es que son muchos los que no dan la respuesta de obediencia de fe a Dios en Cristo, y de los que, por tanto, se puede decir que permanece la ira de Dios sobre ellos (cfr. Jn. 3:36 y Mt. 23:37).

 RECTITUD (Véase JUSTICIA)

 RED

tip, TIPO UTEN

ver, LAZO

vet,

Traducción de varios términos. Algunos se refieren a redes grandes, otros a redes de arrastre.

Metafóricamente, «red» denota artimañas secretas, que de otra forma serían evitadas, de la misma manera que un ave evita toda red puesta a la vista (Pr. 1:17).

El reino de los cielos es asemejado a una red arrojada al mar, que recoge bueno y malo; al final de la edad, los «malos» serán apartados de los «justos» (Mt. 13:47-49).

Satanás y los suyos preparan también sus redes y lazos (Sal. 141:10; 1 Ti. 3:7). (Véase LAZO.)

 REDENTOR, REDENCIÓN

tip, DOCT

ver, GOEL, PASCUA, ÉXODO

vet,

El término redención significa «liberado, devuelto mediante el pago de un rescate». Dios, habiendo pasado juicio sobre los primogénitos de los egipcios, reclamó los primogénitos de los israelitas para Su servicio (Éx. 13:2). Después del episodio del becerro de oro, Dios eligió a los levitas en lugar de a los primogénitos (Nm. 3:5-8, 12, 44-51; cfr. Éx. 32:26-29). Los primogénitos de más que no podían ser sustituidos por los levitas fueron rescatados por precio; así quedaron libres (Dt. 3:46-51). De la misma manera, se podía redimir la tierra enajenada o a alguien que se hubiera vendido por deudas (Lv. 25:23, 24, 47, 54; véase GOEL). Los israelitas fueron redimidos de Egipto por el gran poder de Dios (Éx. 15:3; véanse PASCUA, ÉXODO). De ahí, el tema pasa a la redención del alma o de la vida, perdida a causa del pecado. El hombre no puede dar a Dios rescate por su hermano: porque la redención del alma es de gran precio, y no se logrará jamás: esto es, se tiene que abandonar toda esperanza de dar uno mismo el rescate. El precio es imposiblemente alto para el hombre (cfr. Sal. 49:7-8).

En el NT hay dos términos que se traducen «redención»:

(a) «lutrosis», y sus derivados, «apolutrosis» y el verbo «Iutroõ», «desatamiento, liberación, desatar», indicándose la liberación mediante el pago de un rescate, redención, redimir.

(b) «Exagorazõ», «comprar en un mercado». Cristo ha redimido a los creyentes de la maldición de la Ley (Gá. 3:13; 4:5). Los cristianos son exhortados a que rediman el tiempo, esto es, a que compren o se aseguren cada oportunidad que les sea posible (Ef. 5:16; Col. 4:5). Un término relacionado con éste, «agorazõ», se traduce «comprar» en todos los pasajes de la versión Reina-Valera, a excepción de en 2 P. 2:1, «rescató»; Ap. 5:9, «redimido» (y Ap. 14:3, 4 en la revisión 1960, «redimido»). En realidad, debiera traducirse con el verbo «comprar». La diferencia de concepto se aprecia mejor en pasajes como el de 2 P. 2:1, donde no se puede decir «redimido», porque los mencionados son los que niegan los derechos de Cristo, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina, aunque sí habían sido «comprados». Cristo compró todo, pero sólo los creyentes son «redimidos». Los cristianos hablan, en ocasiones, de la «redención de alcance universal» sin realmente significar este concepto, no distinguiendo apropiadamente entre «comprar» y «redimir». En Ef. 1:14 se hallan ambos conceptos: «la redención de la posesión adquirida».

«Redención» se usa en ocasiones en el sentido del derecho o título a redimir (Sal. 130:7; Ro. 3:24); este derecho Dios lo ha adquirido con toda justicia en Cristo, y en virtud de él se presenta al hombre como Aquel que justifica. Así, Dios se aseguró la redención antes de que el hombre entrara en su esfera. Los creyentes disfrutan ahora de ella por la fe, en el sentido del perdón de los pecados, en Cristo, donde se halla la posición del creyente (Ef. 1:7). Así, el creyente es puesto en Cristo, en quien tiene redención por Su sangre. Como resultado de ello, la redención se extiende al cuerpo (Ro. 8:23; Ef. 4:30) y a la misma creación (cfr. Ef. 8:19-21 ss.). En su aplicación, el término redención denota el poder en el cual es hecha efectiva, así como la base o condición sobre la que se basa.

 REDIL

tip, CONS

vet,

Lugar cerrado donde se guarda el ganado menor durante la noche (Jer. 50:6; Ez. 34:14). Había numerosos rediles fijos, rodeados de un muro de piedra (cfr. Nm. 32:16), a los que se entraba por una puerta (Jn. 10:1). A menudo se protegía la parte alta del muro con ramas de arbustos espinosos. Los rebaños descansaban en el interior del recinto, al aire libre, pero indudablemente había también en la antigüedad, como en nuestros días, unas construcciones bajas situadas en una zona abrigada del lugar, y destinadas a resguardar a los rebaños del frío de la noche. Ciertos rebaños se pasaban las noches en una dehesa, bajo la vigilancia de un pastor subalterno, que guardaba la entrada. Al llegar la mañana, los pastores volvían al recinto, abriéndoles la puerta el portero. Cada pastor llamaba a sus ovejas, que reconocían su voz (Jn. 10:2-5). Se preparaban también rediles provisionales, en los pastos alejados, hechos con ramas espinosas entrelazadas. Las cuevas y otros abrigos naturales servían también de protección a los animales durante la noche. Los pastores acampaban con sus rebaños. Sobre los pastos altos, expuestos a incursiones de ladrones o de clanes enemigos, se erigían torres, en cuya proximidad pastaban los animales. Los ganados mayores y menores pasaban las noches dentro de estas torres (2 Cr. 26:10; Mi. 4:8).

 REDOMA

tip, UTEN

vet,

Pequeño recipiente provisto de un cierre. En la antigüedad se usaba para guardar aceite, perfumes y ungüentos (2 R. 9:1).

 REFAÍTA, REFAÍM

tip, TRIB

vet,

1. Pueblo de elevada estatura; existentes ya antes de Abraham, los refaítas moraban en Palestina y en las regiones más al este del Jordán (Gn. 14:5; 15:20; Dt. 2:11, 20; 3:11; Jos. 17:15). Cuando los heb. entraron en Canaán, los supervivientes de los refaítas se refugiaron, por lo que parece, entre los filisteos (2 S. 21:16, 18, 20, 21).

2. Valle cercano a Jerusalén y a Belén (Ant. 7:4, 1; 2 S. 23:13, 14). El valle de Refaím se extiende al suroeste de Jerusalén y del valle de Hinom (Jos. 15:8; 18:16); era muy fértil (Is. 17:5); es indudable que los refaítas lo habían ocupado en la antigüedad. David venció dos veces a los filisteos en este lugar (2 S. 5:18-25; 23:13; 1 Cr. 11:15; 14:9). Es probable que se trate del valle de Bakã', que mide unos 5 Km. de longitud. Situado al suroeste de Jerusalén, comienza más allá de la depresión que bordea la ciudad al sur y al oeste, y se extiende hasta mitad de camino de Belén, inclinándose bruscamente al oeste. Es un lugar muy rocoso, pero feraz. (Véase GIGANTES, c.)

 REFIDIM

tip, LUGA

ver, AMALEC, HICSOS

vet,

= «grandes espacios».

Campamento de los israelitas en el desierto, entre el desierto de Sin y el Sinaí (Éx. 17:1; 19:2; Nm. 33:12-15). Al no haber agua, el pueblo altercó con Moisés. Dios le ordenó entonces que se dirigiera a Horeb con los ancianos del pueblo, y que golpeara la roca. Moisés obedeció, y salió agua de la roca inmediatamente (Éx. 17:5, 6). Descendiendo por el wadi, llegó al campamento, apagando la sed de los israelitas durante su estancia en la región del Sinaí. Amalec atacó a Israel en Refidim. Moisés intercedió ante Dios, con los brazos levantados hasta ponerse el sol, y levantó después en este lugar un altar a Jehová, que había otorgado la victoria a Israel, y que había sido su estandarte (Éx. 17:8-16). Identificación incierta. (Véanse AMALEC, HICSOS.)

 REFINADOR

tip, OFIC TIPO

vet,

El que hace pasar varias veces el oro o la plata por el fuego, hasta la desaparición de las escorias del metal precioso (Zac. 13:9; cfr. Sal. 12:6). Se dice que la operación ha llegado a buen fin cuando el metal refinado refleja la imagen del refinador.

Dios es comparado con un refinador de plata: echa a Su pueblo en el horno de aflicción, y lo retira de él cuando puede reflejar en su conducta la imagen divina (Mal. 3:2, 3).

 REFUGIO (Véase CIUDADES DE REFUGIO)

 REGENERACIÓN

tip, DOCT

ver, CONVERSIÓN, AGUA, BAUTISMO, LAVAMIENTO

vet,

(gr. «palingenesia»).

La regeneración o nuevo nacimiento es el cambio de naturaleza producido por el Espíritu Santo en el hombre, al que le comunica una vida nueva. La justificación cambia la situación del hombre ante Dios: es declarado justo, y no más considerado como pecador; la regeneración transforma su ser moral y espiritual. Lo primero es necesario a causa de su culpabilidad; lo segundo, a causa de su corrupción. El hombre natural está muerto en sus delitos y pecados (Ef. 2:1). No puede recibir ni conocer las cosas del Espíritu de Dios (1 Co. 2:14). No puede ni ver el Reino de Dios ni entrar en él (Jn. 3:3, 5). Para ello, es necesario que nazca de nuevo, no ya de la carne, sino de Dios (Jn. 3:6-8). Juan insiste en el hecho de que «todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios» (1 Jn. 5:1); aún más, ya no es un hijo del diablo, sino de Dios (1 Jn. 3:8-10); habiendo pasado de muerte a vida, puede amar a sus hermanos (1 Jn. 3:14; 4:7). El Señor crea en él un hombre nuevo (Ef. 4:22-24; Col. 3:9-10); hace de él una nueva criatura (2 Co. 5:17), comunicándole una nueva naturaleza. El creyente resucita así espiritualmente con Cristo, que vive en Él por el Espíritu, permitiéndole vivir para Su gloria (Ro. 6:4-11; 8:9; Gá. 5:16, 22-25).

Los factores de la regeneración, tales como son dados en las Escrituras, son los siguientes:

(a) La Palabra viva y permanente de Dios actúa en muchos como una semilla de vida (1 P. 1:23; cfr. Ro. 10:17).

(b) La obra milagrosa del Espíritu Santo nos resucita espiritualmente (Tit. 3:5; Jn. 3:5-8). Esta obra es instantánea, como el nacimiento físico, incluso si la conversión (que es su resultado) lo es menos (véase CONVERSIÓN).

(c) Habiendo recibido la Palabra de Dios y aceptado la obra de convicción del Espíritu Santo, la fe es puesta de corazón en Jesucristo. A partir de ahí, «tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida» (Jn. 5:24).

La regeneración bautismal es la enseñanza de la iglesia de Roma y de aquellas confesiones que participan en su concepción ritualista-sacramental. Según esta enseñanza, el bautismo es la causa eficaz de la regeneración de una manera milagrosa, y los niños que mueren sin bautismo no pueden entrar en el Paraíso. Es de esta manera que se malinterpreta el pasaje de Jn. 3:3-5. Sin embargo, todo lo que se ha expuesto acerca del papel de la Palabra de Dios, del Espíritu Santo, y de la fe, muestra lo erróneo de tal interpretación. En realidad no es el bautismo de agua lo que regenera al que oye con fe; el bautismo de agua es el símbolo y testimonio de esta realidad, y la incorporación al testimonio corporado de la Iglesia en su aspecto externo.

(Véanse AGUA, BAUTISMO, LAVAMIENTO, LAVAMIENTO DE LA REGENERACIÓN.)

 

Bibliografía:

Billy Graham: «Paz con Dios», Ed. Moody, 1965;

Lewis Sperry Chafer: «Camino de la Salvación» Ed. Portavoz Evangélico 1975.

Lewis Sperry Chafer y John F. Walwoord: «Grandes Temas Bíblicos» Ed. Portavoz Evangélico 1976.

Juan Bunyan: «El progreso del Peregrino» (reedición) Ed. Clíe 1980, esta alegoría de la vida cristiana es un clásico del pensamiento evangélico sobre el tema de la vida cristiana.

Ernesto Trenchard: «Estudios de Doctrina Fundamental», Ed. Literatura Bíblica, 1969;

John R. W. Stott: «Cristianismo básico», Ed. Certeza, 1965;

Juan Wesley: «Sermones escogidos», Casa Nazarena de Publicaciones, 1975;

Francisco Lacueva: «Doctrinas de la Gracia», Ed. Clíe, 1976.

 REGIO

tip, CIUD

sit, a9, 103, 206

vet,

Ciudad marítima de origen griego al suroeste de Italia, frente a Sicilia. La nave que llevaba a Pablo a Roma tocó este puerto (Hch. 28:13).

Su nombre moderno es Reggio de Calabria.

 REHOB

tip, CIUD BIOG HOMB HOAT SACE

sit, a1, 329, 264

vet,

= «espacio abierto», «calle grande».

(a) Ciudad de Palestina septentrional, cerca del valle del alto Jordán (Nm. 13:21) y que recibe también el nombre de Bet-rehob (Jue. 18:28). Allí habitaban sirios que se aliaron con los amonitas para luchar contra David (2 S. 10:6). Probablemente en el lugar de Bãniyas.

(b) Ciudad en los confines de Aser (Jos. 19:28). Identificación probable con Khirbet el-'Amri. En cuanto a la Rehob que era parte del territorio de Aser (Jos. 19:30), se identifica sin duda con Tell Berweh. Aser no arrojó a los cananeos de Rehob (Jue. 1:31); esta ciudad fue asignada a los levitas (Jos. 21:31; 1 Cr. 6:75).

(c) Padre de Hadad-ezer, rey de Soba (2 S. 8:3, 12).

(d) Levita que se unió al pacto de Nehemías (Neh. 10:11).

 REHOBOT

tip, CONS CIUD RIOS

ver, NÍNIVE

sit, a2, 159, 406

vet,

= «espacios anchos».

(a) Pozo cavado por Isaac en el valle de Gerar. Los filisteos no reclamaron éste, como había sucedido con los precedentes (Gn. 26:22). Robinson identifica este valle con el wadi Ruhaibeh, a más de 30 Km. al suroeste de Beerseba.

(b) Una de las ciudades satélite de Nínive (Gn. 10:11). (Véase NÍNIVE.)

(c) Rehobot «junto al Éufrates» (Gn. 36:37; 1 Cr. 1:48). El término «Éufrates» es «río». Significa de ordinario el Éufrates, pero aquí designa otro curso de agua, porque el pasaje se refiere claramente al país de Edom. Este «río» es probablemente el Sail el-Kerahi, que desemboca en el mar Muerto cerca de su extremo suroccidental. A unos 5 Km. al Oeste, sobre el Jebel Rihãb, se halla Khirbet Musrab, que indudablemente debe identificarse con Rehobot.

 REHUM

tip, BIOG SACE HOMB HOAT

vet,

= «que tiene compasión».

(a) Gobernador persa de Samaria; él y otros persas escribieron al rey Artajerjes para quejarse de la reconstrucción del Templo por parte de los judíos (Esd. 4:8, 9).

(b) Uno de los principales judíos que volvieron de Babilonia con Zorobabel (Esd. 2:2); recibe el nombre de Nahum en Neh. 7:7, probablemente debido a un error de copia.

(c) Uno de los principales sacerdotes; acompañó a Zorobabel cuando éste abandonó Babilonia (Neh. 12:1-7).

(d) Uno de los que firmaron el pacto de Nehemías (Neh. 10:25).

(e) Levita, hijo de Bani; reparó una parte de las murallas de Jerusalén (Neh. 3:17).

 REINA DEL CIELO

tip, DIOS

ver, EJÉRCITO DEL CIELO, LUNA, DIVINIDADES PAGANAS, IDOLATRÍA, ÍDOLO

vet,

Esta expresión, que aparece en Jer. 7:22; 44:17-25, parece hacer referencia a la luna, adorada bajo la forma de Astarté, a la que se le ofrecía un culto sumamente inmoral y degradante. En todo caso, es evidente que se trataba de ritos relacionados con la adoración a los astros (véanse EJÉRCITO DEL CIELO, LUNA, DIVINIDADES PAGANAS, IDOLATRÍA, ÍDOLO, etc.).

 REINO DE DIOS o REINO DE LOS CIELOS.

tip, DOCT

ver, MILENIO

vet,

Se trata de la esfera en la que Dios reina, en la que Su voluntad es respetada y cumplida. De principio a fin de la Biblia se presenta el Reino de Dios en siete fases sucesivas.

(a) El paraíso.

Creador del universo, Dios es asimismo su Rey glorioso (Sal. 10:16; 24:1-2, 9-10; 29:10; 47:7-8; 93:1; Dt. 16:14). Él es el Rey de las naciones, el Soberano del mundo entero. El paraíso era una teocracia donde Adán había sido llamado a dominar sobre los animales y a dominar la tierra, en estrecha dependencia de Dios (Gn. 1:28; 2:15-17). Por el pecado, el hombre se apartó voluntariamente de su sometimiento al Señor, poniéndose bajo el imperio del diablo. Es por usurpación que Satanás vino a ser el príncipe de este mundo, llegando a poseer todos sus reinos y la gloria de ellos (cfr. Lc. 4:5-6). Desde aquel momento, toda la obra de Dios a través de la historia tiende a la restauración del reino perdido, y a la vindicación de Su justicia, sobre bases perfectas e inamovibles.

(b) La teocracia en Israel.

Dejando de lado, provisionalmente, a las naciones después de Babel, Dios se suscita un pueblo escogido, que sea para él «un reino de sacerdotes» (Éx. 19:4-6). El mismo Señor es el juez, legislador, Rey y salvador de Israel (Is. 33:22; 44:6). Rige por medio de Moisés y de los jueces, sus sucesores. Llega después el momento en que el pueblo reclama a Samuel un soberano humano falible, prefiriéndolo al Rey divino, santo, temible y formidable (1 S. 8:4-9, 17-20).

(c) El Reino de Dios, anunciado por los profetas.

En el momento en que desaparece la teocracia estricta, el Señor anuncia su restablecimiento de una manera mucho más gloriosa. Un día, el Hijo de David ocupará el trono eternamente (2 S. 7:15-16). Nacerá de una virgen, en Belén, sufrirá para expiar los pecados, y establecerá el reino universal de justicia y de paz sobre la tierra, y después en los nuevos cielos y en la nueva tierra (Is. 7:14; Mi. 5:1; Is. 53; 2:1-4; 11:1-10; 65:17-25; Sal. 2:6-9; 72:8, 11).

(d) El Reino, ofrecido y rechazado en la primera venida de Cristo.

Desde Su nacimiento, Jesús es presentado como rey (Mt. 2:1-6; Lc. 1:32, 33). Juan el Bautista y Él mismo anunciaron a los judíos que el reino de los cielos se había acercado (Mt. 3:2; 4:17; 12:28; Lc. 10:9), que estaba «en medio de ellos» (Lc. 17:20-21). Es como Rey que Jesús se presenta en Jerusalén (Mt. 21:4-9; Lc. 19:38); también es rechazado en su carácter de rey por Su propio pueblo (Lc. 19:11-14; Jn. 18:37; 19:15, 19-22).

(e) El Reino de Dios, escondido en los corazones.

Su carácter en la actualidad lo describe Juan con estas palabras: «El reino y... paciencia de Jesucristo» (Ap. 1:9). Habiendo sido rechazado, el reino, en su aspecto visible y glorioso, es retirado por ahora. Cristo ha partido «para recibir un reino y volver» (Lc. 19:12). En Su ausencia se desarrolla el período de la Iglesia, caracterizada por «los misterios del reino de los cielos» (Mt. 13:11). En efecto, el período de la Iglesia, y su misma existencia, presentan aspectos desconcertantes, que precisan de una revelación especial. Tiene su comienzo en Pentecostés, y la entrada en este reino espiritual es por el nuevo nacimiento (Mt. 16:28; 11:11-12; Jn. 3:3, 5; Col. 1:12-13; Hch. 20:24-25). Las parábolas «del reino» ilustran la mezcla de bien y mal que caracteriza a la presente dispensación. Como ejemplo se puede tomar la parábola de la cizaña (Mt. 13:24-30, 36-43): Cristo hace una siembra en el mundo, poniendo en él a «los hijos del reino»; por su parte, el diablo pone entre ellos a «los hijos del maligno». En Su paciencia, el Señor los deja subsistir juntos hasta el momento de la siega; se debe enfatizar, sin embargo, que la presencia de los «hijos del maligno» tiene lugar en «el campo», que es el mundo (Mt. 13:38), no en la Iglesia. Esta tiene que ejercer una estricta disciplina (Mt. 18:15-17; 1 Co. 5:11-13). Este periodo acabará en un juicio.

Un gran error frecuentemente cometido ha sido el de confundir el presente periodo con el del glorioso reino venidero. Con frecuencia, las Iglesias poderosas y establecidas en el mundo han querido identificar su período de dominio con el del Reino de Dios, que sólo podrá ser establecido de una manera autoritaria y visible por el retorno personal y en gloria del Señor Jesucristo. Debido a la identificación del Reino con la Iglesia, se ha intentado poner fin a las «herejías», reales o supuestas, mediante el hierro y el fuego. Se ha querido imponer la autoridad de la Iglesia mediante medios mundanos y carnales, como la alianza del trono y el altar, las maniobras políticas, el poder temporal y la riqueza eclesiástica. En nuestro tiempo presente se está desarrollando a su vez una «teología de la liberación» que pretende poner a la Iglesia al servicio de los pobres, apoyando las revoluciones guerrilleras y campesinas, asumiendo muchos postulados del llamado «liberalismo teológico», en lugar de tener en cuenta el llamado del apóstol Santiago a la paciencia frente a todas las injusticias, esperando la venida del Señor, el único con derecho y capacidad personales para juzgar y establecer la justicia en la tierra (cfr. Stg. 5:7 y vv, anteriores). En suma, todas estas tendencias olvidan el carácter de gracia y de paciencia de Dios, no de juicio y poder, de esta presente era. Se olvida que en la ausencia del Rey divino, la Iglesia, Su esposa, comparte Su humillación y rechazo por parte del mundo. Y por ello es asimismo la pequeña manada a la que el Padre le ha placido dar el Reino (Lc. 12:32; cfr. 2 Ti. 2:12). Será a la venida del Señor, pero no antes, que se sentará con Él en Su trono.

(f) El Reino glorioso,

establecido sobre la tierra durante mil años (Ap. 20:1-10). (Véase MILENIO.) Entonces se cumplirán las promesas de los profetas. Esta era finalizará con la destrucción de la tierra y de los cielos y con el Juicio Final (Ap. 20:11-15).

(g) El Reino eterno.

Después del triunfo final y definitivo del Señor, se establecerá el estado eterno en el que Cristo entregará el Reino al Dios y Padre, después de haber suprimido, durante Su reinado y victoria final, todo poder hostil (cfr. 1 Co. 15:24-26), para que «Dios sea todo en todos» en unos nuevos cielos y nueva tierra en los que morará la justicia (cfr. 2 P. 3:13) (Cfr. asimismo Dn. 7:14, 27; Ap. 22:3-5; 2 Ti. 4:18).

 

Bibliografía:

Chafer, L. S.: «Teología Sistemática» (Publicaciones Españolas, Dalton, 1974);

Peters, G. N. H.: «The Theocratic Kingdom» (Kregel Publications, Grand Rapids, reimpr. 1978 de edición 1884);

Trotter, W.: «Kingdom of God», en Bible Treasury, oct./ dic. 1899; ene./jul. 1900 (reimpr. 1969: H. L. Heijkoop, 58 Blijhamsterstraat, Winschoten, Holanda);

Walvoord, J. F.: «The Millenial Kingdom» (Zondervan, Grand Rapids, 1959). (Véase también Bibliografía bajo MILENIO.)

 REJA

tip, UTEN AGRI

ver, ARADO

vet,

Dispositivo de hierro que forma parte del arado, y que se aplica sobre la tierra para romperla y darle la vuelta (véase ARADO). Los israelitas de la época de los jueces desconocían la metalurgia del hierro, de la que los filisteos eran celosos guardadores, por cuanto su monopolio les daba el dominio militar. Por ello, dependían de los filisteos para el suministro y afilado de las rejas de sus arados (Jue. 13:20, 21). En los tiempos mesiánicos, los instrumentos de guerra serán tornados en aperos de paz, lo que se expresa en Is. 2:4: «volverán sus espadas en rejas de arado».

 RELÁMPAGO

tip, TIPO ELEM

ver, LLUVIA

vet,

En Siria y Palestina son frecuentes las tormentas durante la estación de las lluvias en primavera y otoño (véase LLUVIA). Los relámpagos y rayos van frecuentemente acompañados de una fuerte lluvia o en ocasiones de granizo.

En sentido figurado, los relámpagos son símbolo de la majestad terrible de Dios (Ap. 4:5; 11:19; cfr. Éx. 19:16); representan asimismo los juicios que se abatirán sobre Sus enemigos (Sal. 18:14; 144:6; Zac. 9:14). La venida rápida e inesperada de Cristo en Su gloria se compara con el relámpago (Mt. 24:27). El poder de Dios se manifiesta por la manera en que ha dado camino al relámpago y al trueno (Jb. 28:26), que lanza según Su voluntad (Jb. 38:35).

 RELOJ DE SOL

tip, UTEN MILA

vet,

Instrumento que consiste en una superficie dividida por líneas que representan las horas. Sobre ellas se proyecta la sombra de una varilla, siguiendo el movimiento del sol en su curso diario.

El reloj de sol de Acaz (2 R. 20:11; Is. 38:8) era posiblemente un instrumento análogo, con una superficie plana o cóncava, y con lineas graduadas (llamadas grados o escalones). Es posible que Acaz copiara este instrumento de Babilonia, país en el que ya se empleaba desde antes de los tiempos de Herodoto (Herodoto 2:109), desde, como mínimo, el siglo VIII a.C. Es posible, sin embargo, que se tratara de una escalinata (Ant. 10:2, 1) del palacio de Acaz, construida y dispuesta de manera que la sombra de un obelisco cayera sobre los escalones, indicando la hora del día. El término heb. «ma'aloth» es el término traducido «grados» en seis ocasiones en 2 R. 20:9-11 y tres veces en Is. 38:7-8. El retroceso de la sombra sobre el reloj de sol de Acaz es considerado como un milagro (cfr. Delitzsch: «Commentary on Isaiah» en Is. 38:7-8). Se han intentado muchas explicaciones a este fenómeno. Una de las ofrecidas es la refracción de los rayos solares u otros mecanismos. Sin embargo, Velikovsky documenta en su obra «Worlds in Collision» la universalidad de este fenómeno, atestiguado por memorias y leyendas de diversas y apartadas naciones y tribus por toda la circunferencia del Globo (PP. 233-241, etc.). Además, da evidencia de que los relojes de sol y las clepsidras de Egipto estaban programados para días de diferente longitud para la latitud en la que se hallaban, lo que denuncia un movimiento del eje terrestre debido a una catástrofe cósmica (op. cit, PP. 317-324).

 

Bibliografía:

Velikovsky, I.: «Worlds in Collision» (Doubleday, Garden City, N. Y., 1950);

Velikovsky, I.: «Mankind in Amnesia» (Abacus, Londres, 1980).

 REMANENTE (Véase RESTO [DE ISRAEL])

 RENFÁN

tip, DIOS

ver, QUIÚN

vet,

Falso dios cuyo emblema era una estrella; en el desierto, los israelitas adoraban a este ídolo (Hch. 7:43; cfr. Am. 5:25-27). Renfán se corresponde con Raiphan, que es una transcripción alterada por la LXX de «Kaiwãn» («Kewãn»), equivalente al ac. «Kaimãnu», sobrenombre asirio de Saturno, asimilado al dios Quiún (Am. 5:26). (Véase QUIÚN.)

 RENUEVO

tip, FUNC

vet,

(heb. «Tsemach», «brote», «renuevo»).

Título aplicado al Mesías como descendiente de David (Is. 4:2; Jer. 23:5; 33:15; Zac. 3:8; 6:12). Cfr. el término análogo «Shoresh», «raíz», «renuevo», usado, p. ej., en Is. 11:1; 53:2.

 REPOSO (Véase SÁBADO)

 REPTILES

tip, FAUN LEYE REPT

ver, FAUNA

vet,

En la clasificación mosaica se refiere a todo tipo de animal reptante (Gn. 1:24, 25) sobre la tierra, o anfibio (Gn. 6:7; Sal. 104:25), sea que se arrastre directamente sobre el vientre, o que se impulse con cuatro patas o más (Lv. 11:41, 42). Por lo general, son considerados animales impuros. (Véase FAUNA DE LA BIBLIA.)

 RESCATE

tip, DOCT

ver, GOEL, REDENCIÓN

vet,

En el AT es principalmente traducción del término «kopher», Iit. «una cubierta», palabra relacionada con «kaphar», frecuentemente traducida «expiación». «Ninguno... podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate» (Sal. 49:7). Pero Dios sí puede decir: «Dios tuvo de él misericordia, que lo libró de descender al sepulcro, que halló redención (esto es: «rescate», Jb. 33:24). Este término aparece asimismo en Éx. 30:12; Jb. 36:18; Pr. 6:35; 13:8; 21:18; Is. 43:3).

En el NT los términos son «lutron» o «antilutron», de «soltar», «liberar». Cristo se dio a Sí mismo, Su vida, en rescate de muchos. La preciosa sangre de Cristo da testimonio de que toda demanda de la justicia de Dios contra los creyentes ha quedado totalmente satisfecha (Mt. 20:28; Mr. 10:45; 1 Ti. 2:6). (Véanse GOEL, REDENCIÓN.)

 RESEF

tip, BIOG LUGA HOMB HOAT

vet,

(a) (heb. «resheph», «llama»).

Descendiente de Efraín, de la familia de Beria, posiblemente hijo directo de este último (1 Cr. 7:25).

(b) (Heb. «rezeph», «carbón ardiente».)

Lugar que el Rabsaces se gloriaba de haber destruido (2 R. 19:12; Is. 37:12). Se trata, seguramente, de la antigua Rasappa, que fue el centro de un gobernador asirio. Identificación probable: la Rusãfah actual, que se halla a pocos kilómetros al oeste del Éufrates, en el camino de Palmira.

 RESÉN

tip, CIUD

ver, NÍNIVE

sit, a4, 392, 67

vet,

Una de las ciudades de la conglomeración metropolitana de Nínive. Se hallaba entre Nínive y Cala (Gn. 10:11, 12). (Véase NÍNIVE.)

 RESINA (Véanse BÁLSAMO, ESTACTE)

 RESTITUCIÓN (Véase HURTO)

 RESTO (de Israel)

tip, ESCA

vet,

Este término, o su sinónimo «remanente», aparece constantemente en el AT en el sentido de «el residuo del pueblo». En cada crisis de la historia de Israel ha quedado un remanente. Esto se ve en el tiempo de Acab (1 R. 19:18), e igualmente en el tiempo de la primera venida del Mesías (Lc. 2:38); que así será en el futuro, queda abundantemente claro del testimonio de los profetas (p. ej., Mi. 2:12; 5:3; Zac. 14:2). Habrá gran prosperidad en la tierra, y Dios hará que el remanente de Su pueblo la posea (Zac. 8:12; cfr. Ap. 12:17). Al haber caído el pueblo de Dios en la infidelidad a Su llamada, Él hace firmes Sus propios propósitos en un remanente.

El lenguaje profético que se halla en los Salmos no es expresión de la masa de Israel, sino del residuo, en cuyos corazones habla el Espíritu de Cristo; y es en los Salmos donde se ve por primera vez al remanente distinguido de la nación impía.

Hay también una correspondencia con ello por lo que respecta a la Iglesia. En las palabras dirigidas a la iglesia en Tiatira se halla este término: «a vosotros y a los demás (o «resto»)... os digo: ... lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga» (Ap. 2:24, 25). Representan a los fieles en un contexto de apostasía e idolatría en el seno de la iglesia profesante.

Un resto, o residuo, representa moralmente al todo original, y no implica una porción residual inferior. Es por la gracia de Dios que el remanente de cada época recibe la capacidad de mantenerse firme en la verdad y llamamiento dado durante una apostasía general.

 

Bibliografía:

Darby, J. N.: «Rapture of the saints and the character of the Jewish Remnant», en Bible Treasury, ene./ago. 1919;

Kelly, W.: «The Remnant in Jerusalem», en Bible Treasury, nov. 1894/dic. 1895;

Thomas, E. J.: «The Spirit of Christ in the Remnant», en Bible Treasury, feb. 1859; «The returned remnant», en BT, ene./oct. 1984; «The Jewish Remnant», BT, ene. 1909. (The Bible Treasury, reimpr. 1969, H. L. Heijkoop, 58, Blijhamsterstraat, Winschoten, Holanda).

 RESURRECCIÓN

tip, DOCT ESCA

ver, MILENIO, JESUCRISTO, MUERTE

vet,

Es el principio fundamental de los tratos de Dios en gracia hacia el hombre, por cuanto el hombre está bajo sentencia de muerte, y en la muerte misma, debido al pecado (cfr. Ef. 2:1, 4-6; Col. 3:1-4, etc.). La expresión «la resurrección general» se halla en obras de teología, y hay una creencia general de que todos los muertos serán levantados simultáneamente. Sin embargo, esta idea no se halla en las Escrituras. El Señor habla de «resurrección para vida» (Jn. 5:29). El orden de la resurrección definitiva, dejando a un lado las resurrecciones «temporales» con que Dios manifestó su poder, es: «Cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin...» (1 Co. 15:23-24). Este «fin» es evidentemente el levantamiento de los malvados a juicio, o, en otras palabras, «a resurrección de condenación» (Jn. 5:29). En Ap. 20:4-5 se ve una estrecha correspondencia con el pasaje de 1 Co. 15:23-24; en ambos se aprecia, con la frase clave «cada uno en su debido orden», cómo se interpone el reinado milenial de Cristo (véase MILENIO) entre la resurrección de los Suyos y la resurrección de condenación, o «el fin».

Así, siguiendo el orden de resurrecciones establecido en las Escrituras, se pueden considerar, sucesivamente:

(a) La resurrección del Señor Jesucristo.

El retomo de Cristo a una vida corporal glorificada, tres días después de su muerte, constituye, junto con la cruz, la base misma del Evangelio (1 Co. 15:3-4). Sin este hecho glorioso, la fe del cristiano sería totalmente vana (1 CO. 14:14-19).

La resurrección del Mesías está ya anunciada en el AT (Lc. 24:44-46; Gn. 22:2-5; cfr. He. 11:19; Nm. 17:1-11; cfr. Ro. 1:4; Is. 53:10-12; Mt. 12:39-40; Sal. 16:9-10; 110:1; cfr. Hch. 2:29-36). El mismo Jesús había advertido a sus discípulos de ello (Mt. 16:21; 17:22-23; 20:19; Jn. 2:18-22; Mr. 9:9-10).

Después de que Su muerte hubiera sido debidamente constatada y que las autoridades hubieran tomado todas las precauciones para evitar toda superchería, el hecho de la resurrección ha quedado demostrado con pruebas indudables. Los testimonios son numerosos y concordantes: las mujeres, María Magdalena; los discípulos, Pedro, Juan, Santiago, Tomás; los guardias, los ancianos, los discípulos de Emaús, los quinientos hermanos mencionados en 1 Co. 15:6, los once apóstoles, Saulo de Tarso (cfr. los Evangelios, Hch. 10:40-41; 1 Co. 15:5-8). Los discípulos, bien lejos de inventarse apariciones imaginarias, fueron difícilmente persuadidos de un hecho tan extraordinario. El Señor Jesús tuvo que reprocharles vivamente su incredulidad y dureza de corazón (Mr. 16:13-14; Lc. 24:22-25, 37-39), y les dio unas pruebas tales que finalmente quedaron totalmente persuadidos. Su fe consiguiente los transformó y los capacitó para ir hasta el mismo martirio por su Señor resucitado. Por otra parte, el sepulcro había quedado vacío, y los mismos enemigos de la naciente Iglesia, que tenían en sus manos todos los resortes del poder, no pudieron jamás presentar el cadáver del Crucificado. Después de los cuarenta días transcurridos con Sus apóstoles, el Señor los dejó, y glorificado en las alturas les envió el Espíritu Santo (Hch. 1:3-9). Desde entonces, los discípulos vinieron a ser, en todo lugar, testigos de la resurrección (Hch. 1:22; 2:32; 3:15; 4:10, 33; 5:31-32; 10:40-42; 13:30-37; 25:19, etc.).

Consecuencias de la resurrección:

(A) Para el mismo Jesucristo: Él ha sido declarado Hijo de Dios con poder (Ro. 1:4); le ha sido dado todo poder en los cielos y en la tierra (Mt. 28:18); desde entonces está sentado a la diestra de Dios, coronado de gloria y de honra (Hch. 2:32-34; He. 2:9), esperando el momento de Su venida para establecer Su reino (Hch. 17:31).

(B) Para los creyentes: la resurrección hace posible nuestra salvación (Ro. 4:25). El Cristo viviente intercede por nosotros y nos da plena salvación (He. 7:23-25; 1 P. 3:21). Cristo, el último Adán, crea una nueva humanidad, de la que el creyente viene a formar parte (1 Co. 15:45-49). Él es las primicias de los muertos, y Su resurrección es la firme garantía de la del creyente. Él es la resurrección y la vida; ciertamente, ha resucitado (1 Co. 15:20-23; Jn. 11:25-26). (Véase JESUCRISTO.)

 

(b) La resurrección de los creyentes.

Éste es un artículo fundamental de la fe cristiana, y la Biblia la muestra de una manera multiforme. Aunque se afirma con frecuencia que en el AT no se halla mencionada de una manera explícita, contiene, sin embargo, alusiones directas a ella, y claras profecías. Hay los relatos de tres resurrecciones que demuestran que el poder de Dios triunfa sobre la muerte (1 R. 17:21; 2 R. 4:34; 13:21). Dos arrebatamientos demuestran que los amados del Señor pueden escapar a la tumba (Gn. 5:24; 2 R. 2:11). Tres tipos de la resurrección ya han sido mencionados en el apartado (a) anterior acerca de Jesucristo (Gn. 22:5, cfr. He. 11:19; Nm. 17:8; Mt. 12:39-40). Ezequiel da una visión imponente de una resurrección nacional. Aunque se trate de la resurrección de Israel como nación (Ez. 37:1-10, cfr. Ez. 37:11-14), no deja de ser notable que la imagen usada para ello es la de la resurrección. Job proclama, en uno de los libros más antiguos de la Biblia, si no el que más, su fe en la resurrección basada en la vida de su Redentor (Jb. 19:23-27). El salmista sabe que Dios lo sacará de la morada de los muertos (Sal. 49:15). Isaías anuncia la victoria definitiva sobre la muerte (Is. 25:7-8). Si bien Is. 26:19 es entendido por algunos como refiriéndose a la resurrección nacional de Israel, otra vez se aplica la observación referente a Ezequiel: el hecho mismo de que se use la imagen de la resurrección es sumamente significativo. Daniel habla claramente de dos tipos de resurrección (Dn. 12:2), y él recibe personalmente la certeza de que se levantará para recibir su heredad (Dn. 12:13). (Para una exégesis detallada de Dn. 12:2, véase apéndice al final de este artículo.) Finalmente, Oseas canta el triunfo sobre el sepulcro. Jesús mismo ve en Éx. 3:6, 15-16 una afirmación de la resurrección (Lc. 20:37-38). En realidad, la idea de la resurrección subyace en todas las enseñanzas del AT. En el judaísmo del tiempo del Señor era aceptada como un artículo de la fe ortodoxa (cfr. Jn. 11:24), y el hecho de que los saduceos no creyeran en ella se presenta como una anomalía (Mt. 22:23; Hch. 23:6-8).

En el NT se hallan otros seis casos de resurrección (Lc. 7:13-16; 8:55; Jn. 11:44; Mt. 27:52-53; Hch .9:40; 20:9-10). Pero es evidente que cada una de estas personas devueltas a la vida volvió a morir, con la posible excepción de los mencionados en Mt. 27:52-53. Sólo Cristo ha resucitado definitivamente, con la posible excepción de un puñado, después de Su resurrección, para prenda de Su obra futura. En cuanto a nosotros, esperamos «una mejor resurrección» (He. 11:35). Todos estos ejemplos y promesas constituyen una base para la revelación más plena de Pablo acerca de esta enseñanza.

Manera en que operará la resurrección.

(A) Siguiendo la analogía de la naturaleza. En efecto, en ella podemos observar cómo a partir de la muerte surge la vida (cfr. Jn. 12:24), cómo la pequeña semilla es mucho más pequeña que la futura planta, cómo el Creador tiene la capacidad de suscitar una infinidad de diversos cuerpos (1 Co. 15:35-41).

(B) Según 1 Co. 15:42-44 el cuerpo nuevo será incorruptible, glorioso, lleno de poder, espiritual.

(C) De hecho, será a semejanza del de Cristo resucitado (1 Co. 15:45-49; Fil. 3:20-21). Así como en el cuerpo terrenal la adecuación tenía su énfasis en el alma, siendo un cuerpo «animal», psíquico, en el cuerpo nuevo el acento se pone en su adecuación al espíritu (1 Co. 15:44-45).

Tiempo de la resurrección.

Tendrá lugar a la venida de Cristo (1 Co. 15:23), en «el día postrero» (Jn. 6:39, 40, 44, 54), en el momento del arrebatamiento de la iglesia (1 Co. 15:51-53; 1 Ts. 4:13-18). Los creyentes que en aquel momento vivan sobre la tierra no morirán: transformados en un abrir y cerrar de ojos, serán arrebatados a los aires al encuentro del Señor junto con los creyentes antes muertos y ahora resucitados. Ésta será la gloriosa primera resurrección, en la que tendrán parte los mártires de la Gran Tribulación que serán llamados a la vida al comienzo de los mil años, junto con los santos del AT (ver apéndice a este artículo; cfr. Ap. 2:4-6). Ya ahora el creyente ya tiene vida de resurrección, habiendo resucitado espiritualmente en su nuevo nacimiento (Jn. 5:24; Ro. 6:1, 4; Ef. 2:4-6; Col. 1:3-4); pero todavía tiene pendiente la adopción, la resurrección del cuerpo (Ro. 8:23).

Los que tendrán parte en esta resurrección son «los de Cristo» (1 Co. 15:22-23), aquellos que el Padre le ha dado (Jn. 6:39-44). Pero no todos participarán de ella, porque no lo tienen a Él. Esta es la razón de que se hable de una «resurrección de entre los muertos» (Fil. 3:11; Mr. 9:9-10).

Esta doctrina es notable no sólo por su plenitud y espiritualidad, sino también por lo alejada que está de las concepciones filosóficas surgidas al margen de la Revelación. En efecto, es absolutamente distinta de la concepción griega que pretende que el alma es preexistente al cuerpo e inmortal para vivir eternamente independiente del cuerpo; la salvación, en estos sistemas, consiste en la liberación definitiva, desligada del cuerpo. Los maniqueos (herejes de los primeros siglos d.C.) establecían un antagonismo irreductible entre el cuerpo y el espíritu, siendo que el cuerpo material representaba al mal, y que el alma quedaba degradada por su unión con el cuerpo. Frente a ello, las Escrituras enseñan que el cuerpo y el alma, creados ambos por Dios, son buenos en sí mismos, y destinados el uno para la otra, y para la inmortalidad (cfr. 1 Co. 6:15, 19).

 

(c) La resurrección de los impíos.

En las Escrituras se enseña claramente que habrá dos resurrecciones: la de los creyentes, para vida eterna, y la de aquellos que no se han acogido al Salvador, para juicio y confusión eterna (Dn. 12:2; Jn. 5:28-29; Hch. 24:15; Ap. 20:4-5). La primera resurrección tiene lugar antes del comienzo del Milenio, y la otra inmediatamente después, par a dar lugar al Juicio Final (Ap. 20:5, 12-13). De estos textos se desprende que en este momento resucitarán los injustos, los que han vivido el mal, los que no pertenecen a Cristo, y que no han sido tenidos por dignos de tomar parte en la primera resurrección; los que, al no haber sido salvos por la fe en la obra redentora de Cristo, serán juzgados por sus obras. ¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! (Ap. 20:6).

 

(d) Apéndice: exégesis de Dn. 12:2.

Es preciso señalar que la traducción comúnmente dada en diversas versiones no es correcta. En la Reina-Valera se traduce así: «Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua». De este pasaje se puede sacar la impresión de que habrá una resurrección simultánea de ambos grupos. Pero en esta traducción el lenguaje es incoherente. Se afirma que «muchos» serán despertados, y parece que se refiere a «muchos» de dos grupos, pero evidentemente no todos. En realidad, como muestra N. West en su obra «The Thousand Years in Both Testaments», la traducción correcta del pasaje, en relación con el contexto, es: «Y (en aquel tiempo) muchos (de tu pueblo) despertarán (o, serán separados) de entre los que duermen en el polvo de la tierra. Éstos (que se despiertan) serán para vida eterna, pero aquéllos (los que no despiertan en este tiempo) serán para vergüenza y confusión eterna». Así, en realidad, en Daniel se enseña la resurrección de una de las dos clases a que pertenece el pueblo de Israel en aquel tiempo (Dn. 12:1). Para una consideración plena de la redacción de este pasaje y de su relación con el marco escatológico del AT y del NT, cfr. N. West, op. cit., PP. 265-268. (Véase MUERTE.)

 

Bibliografía:

Chafer, L. S.: «Teología Sistemática» (Publicaciones Españolas, Dalton, 1974);

Green, M.: «¡Jesucristo vive hoy!» (Ed. Certeza, Buenos Aires, 1976);

Lacueva, F.: «Escatología II» (Clíe, Terrassa, 1983);

Ladd, E.: «Creo en la resurrección de Jesús» (Caribe, Miami, 1977);

McDowell, J.: «Evidencia que exige un veredicto» (Vida, Miami, 1982);

Morris, H. M.: «Many Infallible Proofs» (CLP, San Diego, Calif., 1974);

Morrison, F.: «¿Quién movió la piedra?» (Ed. Caribe, Miami, 1977);

Pentecost, J. D.: «Eventos del Porvenir» (Ed. Libertador, Maracaibo, 1977);

Sherlock, T.: «Proceso a la resurrección de Cristo» (Clíe, Terrassa, 1981);

Stott, J. R. W.: «Cristianismo básico» (Ed. Certeza, Buenos Aires, 1977);

West, N.: «The Thousand Years in Both Testaments» (Kregel Pub., Grand Rapids, reimpr. s/f edición 1889).

 RETAMA

tip, FLOR ARBU

vet,

(heb. «'ro'er»; Jer. 48:6).

La retama es un arbusto de hojas pequeñas, estrechas y rígidas. La especie «Erica verticillata» es un arbusto enano, con flores rosas y un perfume suave. Crece en las laderas occidentales del Líbano.

En heb., este término implica la idea de desnudez, de manera que la mayor parte de los exegetas lo traducen como «miserable», «abandonado» (cfr. Sal. 102:17, «desvalido»).

 RETRIBUCIÓN

tip, DOCT

ver, CASTIGO ETERNO

vet,

Dios, como Juez justo de la tierra, «pagará a cada uno conforme a sus obras» (Ro. 2:6). El hombre pecador recibe en sí mismo «la retribución debida a su extravío» en esta misma vida (Ro. 1:27). Todos los que rechazan el Evangelio de la gracia de Dios recibirán retribución de parte del Señor Jesús, cuando se manifieste desde el cielo con los ángeles de Su poder (1 Ts. 1:8). Esta retribución será «pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder» (1 Ts. 1:9), cumpliéndose de una manera angustiosamente total la sentencia de que «la paga del pecado es muerte» (Ro. 6:23 a) para todos aquellos que no han ido antes a Cristo para recibir la dádiva de Dios, que «es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Ro. 6:23 b). (Véase CASTIGO ETERNO.)

 REVELACIÓN (Véanse DIOS, INSPIRACIÓN, JESUCRISTO, PROFECÍA, PROFETA, APOCALIPSIS.)

 REY

tip, OFIC

ver, TEOCRACIA, GUARDIA, MUNDO, REINO DE DIOS

vet,

Soberano investido de la autoridad suprema, generalmente de por vida y por derecho de sucesión. El fervor religioso caracterizaba a los reyes de Babilonia y de Asiria. La institución del rey-pontífice se remonta a la época de Sumer. La obediencia a los dioses, la práctica de la virtud, la defensa de la justicia, el castigo de los culpables, eran deberes que incumbían a los reyes. En Sumer el rey era divinizado. La Biblia cita a:

Nimrod como rey de varias ciudades de Babilonia (Gn. 10:9-10).

Quedorlaomer, rey de Elam, era jefe de una liga de reyes (Gn. 14:1, 5).

Nabucodonosor, de Babilonia, y

Artajerjes, de Persia, se daban a sí mismos el titulo de «rey de reyes» (Esd. 7:12; Dn. 2:37; cfr. 2 R. 24:17).

En la época de Abraham, los monarcas cananeos eran frecuentemente reyes sólo sobre una ciudad (Gn. 14:2, 18; 20:2); al principio de la era sumeria había asimismo estados-ciudades. Algunos siglos más tarde, Josué enumera a más de treinta y un monarcas cananeos vencidos (Jos. 12:7-24). La incredulidad y el deseo de imitar a sus vecinos empujó a los israelitas a pedir un rey. (Véase TEOCRACIA.) Moisés lo había previsto (Dt. 17:14-20). La institución de la monarquía no implicaba por sí misma la abolición de la teocracia. La monarquía, en apariencia absoluta, tenía que estar sometida a Jehová, que tan sólo le había delegado Su poder. Por haber querido sustraerse a la autoridad del Señor, Saúl fue reemplazado por otro, y sus descendientes perdieron el derecho al trono. Los reyes sucesores de David sufrieron la misma suerte: cuando abandonaron al Señor, perdieron la corona (1 R. 11:31-36). Para la lista de los reyes de Judá e Israel, véase el cuadro adjunto.

La designación del soberano era hecha por un profeta o por un personaje investido de autoridad (1 S. 9:16; 16:1, 13; 2 R. 23:33, 34; 24:17); por el pueblo (1 S. 18:8; 2 S. 5:1-3; 1 R. 12:20; 2 R. 23:30). Ciertas personas usurpaban la realeza (1 R. 15:27, 28; 2 R. 11:1-3 ss., etc.); la mayor parte obtenían la corona por derecho de sucesión (2 R. 11:36). La entronización implicaba, para los israelitas, la coronación, la unción con aceite, la proclamación (2 R. 11:12; cfr. 1 S. 10:24; 2 S. 2:4; 5:3; 1 R. 1:34; 2 R. 23:30), sacrificio y, en ocasiones, un solemne cortejo (1 S. 16:2, 5; 1 R. 1:25, 43-46). El rey cumplía también con frecuencia con el cometido de general en jefe (Gn. 14:5; Nm. 21:23; 1 S. 8:20; 14:20), concluía tratados (Gn. 21:22-32; 1 R. 15:19), promulgaba las leyes y las hacía cumplir (Est. 3:12, 13; 8:7-12; Dn. 3:1-6, 29; 6:6-9), impartía justicia (2 S. 15:2; Is. 33:22), tenía derecho de vida y muerte (2 S. 14:1-11; 1 R. 1:51, 52; 2:24-34; Est. 4:11; 7:9, 10). El temor de Dios y del hombre podían regular esta autoridad, que en ocasiones tenía que tener en cuenta la voluntad popular (1 S. 14:45; 15:24), por cuanto era peligroso oprimir al pueblo (1 R. 12:4). Los sacerdotes y los profetas, independientes de la esfera religiosa, no dudaban en reprender a los reyes (1 S. 13:10-44; 15:10-31; 2 S. 12:1-15; 1 R. 18:17, 18; 21:17-22; 2 Cr. 26:16-21). El ejercicio del poder supremo exigía unas cualidades física, mentales y morales de orden superior. La presencia de Saúl atrajo al pueblo (1 S. 10:23, 24 cfr. 16:7). Era necesario que el rey estuviera dotado de discernimiento y de un juicio certero. Salomón cumplió estas condiciones en tal alto grado que obtuvo desde el principio el favor de sus súbditos (1 R. 3:28). Igual de necesarias que la perspicacia eran la fuerza de carácter y la imparcialidad. El rey contaba, para su protección y asistencia, con una guardia, cuyo capitán ejecutaba sus órdenes (2 S. 15:18; 20:23; cfr. 1 R. 1:43, 44; 2:25, 29). (Véase GUARDIA) Ciertos soberanos se rodeaban de un lujo inaudito (1 R. 10).

Las Escrituras presentan a Dios como Rey que usa de Su infinito poder para el bien de Sus súbditos (Sal. 5:3; 10:16). Recibe el nombre de «Rey de reyes» (1 Ti. 6:15). Cristo, que se declara cabeza de un reino «no de este mundo» (Jn. 18:33-37), lleva asimismo el título de «Rey de reyes» (Ap. 19:16). (Véanse MUNDO, REINO DE DIOS.)

 REYES (Libro)

tip, LIBR LIAT

vet,

Estos dos libros no formaban al principio más que uno; su división procede de la LXX. En el canon hebreo figuran entre los escritos llamados «Profetas anteriores», cuyos relatos llevan desde la muerte de Moisés hasta la cautividad. Los libros de los Reyes tienen como objeto exponer las lecciones espirituales que emanan de la historia de la monarquía a partir de la accesión de Salomón. Este redactor, sumamente influenciado por el libro de Deuteronomio destaca las causas morales y espirituales de la expansión y de la ruina del reino (cfr. 2 R. 17). Da a cada reinado una valoración desde el punto de vista religioso. Los reyes buenos son aquellos que obedecen la Ley, siendo fieles al pacto con su Dios combatiendo la idolatría y siguiendo el ejemplo de David; los reyes malvados (especialmente los de Israel) son los infieles al pacto, «andando en el camino de Jeroboam» (cfr. 1 R. 15:11; con 1 R. 15:26, 34, etc.). Son pocos los soberanos que, apareciendo en la historia profana y la arqueología, ocupen algo de espacio en el texto sagrado: Omri, 6 vers. (1 R. 16:23-28), Jeroboam II, siete vers. (2 R. 14:23-29). Los caracteres importantes desde el punto de vista espiritual son descritos minuciosamente. Hay dos dramáticas crisis que marcan un punto de inflexión en este período: la victoria de Elías sobre los profetas de Baal en el reino del norte, y la intervención de Joiada en Jerusalén, salvando al rey Joás y eliminando a la usurpadora Atalía, precisamente en el momento en que ella estaba tratando de lograr la victoria para el paganismo fenicio. Los libros de los Reyes nos dan a conocer la época de los grandes profetas hasta Jeremías. Completan de una manera indispensable los mensajes de estos grandes hombres de Dios. Una parte de sus relatos se retoma en 1 y 2 Crónicas, desde otra perspectiva. Las enseñanzas que se consiguen por estas perspectivas complementarias tienen un gran valor.

En lo que respecta a la redacción, el relato de 1 y 2 Reyes, que abarca más de 400 años, se basa en los de historiadores y cronistas precedentes. Los libros de Reyes se diferencian de los libros históricos anteriores por el empleo de las siguientes fuentes:

(a) Para el reinado de Salomón, de «Los Hechos de Salomón» (1 R. 11:41).

(b) Para el reino del norte, y hasta la muerte de Peka, de «las Historias de los reyes de Israel», mencionadas diecisiete veces (1 R. 14:19).

(c) Para el reino del sur, hasta la muerte de Joacim, «las Crónicas de los reyes de Judá», citadas quince veces (1 R. 14:29). Según sus títulos, estas crónicas e historias formaban ya desde el principio dos obras separadas. Indudablemente acabaron reunidos en un solo libro, que el cronista llama «el libro de los reyes de Judá y de Israel» (2 Cr. 16:11). Estas dos recopilaciones de anales contenían muchos más detalles que nuestros libros de Reyes (cfr. 1 R. 14:19, 29). El cronista cita pasajes que el recopilador de Reyes omite (2 Cr. 27:7; 33:18). Se admite en general que estas dos recopilaciones de anales no eran recopilaciones originales, sino dos recopilaciones de textos primitivos, a los que se habían añadido los escritos de diversos profetas (2 Cr. 20:34; cfr. 32:32).

Fecha de redacción.

Comenzada antes de la destrucción de Jerusalén, la redacción de nuestros actuales libros de los Reyes no fue finalizada hasta terminar la segunda mitad del cautiverio de Babilonia (2 R. 25:27). Pero puede que los versículos de la conclusión hayan sido añadidos por otra mano.

El autor se ocupa especialmente de la historia de la monarquía davídica; menciona en dos ocasiones un acontecimiento común a los reinos del norte y del sur (cfr. 1 R. 15, 16, cfr. v. 32; 2 R. 17:5, 6, cfr. 18:9).

La obra se compone de tres partes:

(a) El reinado de Salomón (1 R. 1-11).

(b) La historia sincrónica de los reinos de Judá e Israel hasta la cautividad de Israel (1 R. 12 hasta 2 R. 17).

(c) La historia del reino de Judá hasta la cautividad en Babilonia (2 R. 18-25).

 

Bibliografía:

Bruce F. F.: «Israel y las naciones» (Literatura Bíblica, Madrid, 1981)

Edersheim A.: «Bible History: Old Testament» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1982, reimpr. ed. 1890)

Free, J.: «Archaeology and Bible History» (Van Kampen press., Wheaton, 1950);

Thiele, E. J.: «The Mysterous Numbers of the Hebrew Kings» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, 1965);

Whitcomb, J. C.: «Solomon to the Exile» (BMH Books, Winona Lake, 1975).

 REZÍN

tip, BIOG HOMB REYE HOAT

vet,

(a) Rey de Damasco. Hacia el año 738 a.C. pagó tributo a Tiglat-pileser, rey de Asiria. Cuatro años más tarde, se alió con Peka, rey de Israel, para atacar a Acaz, rey de Judá, y subió contra Jerusalén. Rezín y Peka querían poner a uno de los suyos sobre el trono de David. Isaías pronunció una célebre predicción relativa a este designio destinado a torcerse (Is. 7:1-9:12). Durante esta expedición, antes de unir sus tropas con las de Peka, Rezín arrebató a Judá la ciudad de Elat en el golfo de Ákaba (2 R. 16:6). El rey Acaz compró la ayuda de Tiglat-pileser, rey de Asiria, que, después de haber castigado a los filisteos, que eran hostiles a Judá, puso sitio a Damasco en el año 733 y 732 a.C., apoderándose de ella y dando muerte a Rezín (2 R. 16:7-9; cfr. las inscripciones asirias).

(b) Fundador de una familia de netineos, de la que algunos miembros volvieron de la cautividad (Esd. 2:48; Neh. 7:50).

 REZÓN

tip, BIOG HOMB HOAT

vet,

Hijo de Eliada, era súbdito de Hadad-ezer, rey de Soba. Encabezando un ejército, tomó la corona de Damasco, y hostigó continuamente a Israel en los tiempos de Salomón (1 R. 11:23-25).

 RIBLA

tip, CIUD

sit, a4, 209, 119

vet,

= «fertilidad».

Ciudad de la región de Hamat (2 R. 23:33; 25:21).

Los egipcios ocupaban Ribla cuando Joacaz, rey de Judá, fue llevado prisionero a esta ciudad (2 R. 23:33). Sedequías, el último rey de Judá, cayó en manos de los caldeos al intentar huir de Jerusalén, y fue entregado a Nabucodonosor, que se hallaba en Ribla. El rey de Babilonia hizo dar muerte a los hijos de Sedequías en presencia de su propio padre, a los príncipes de Judá, y después hizo que sacaran los ojos al propio Sedequías y lo mandó llevar cargado de cadenas a Babilonia (2 R. 25:6, 7, 21; Jer. 39:5-7; 52:9-11, 27).

En 1816, Buckingham descubrió ruinas en un lugar que él llamó Rubla, pero que en la actualidad es generalmente conocida como Ribleh. Este lugar se encuentra sobre el río Orontes, a 58 Km al nor-noroeste de Baalbeck, en medio de la gran llanura de la Celesiria, que se presta muy bien a la instalación de un gran campamento militar, de fácil evacuación hacia el norte o al sur en caso de ataque. Las ruinas están constituidas por unas lomas poco elevadas que cubren unos vestigios de antiguas construcciones. No es muy probable que este lugar pueda ser identificado con otra Ribla, que se hallaba en la frontera septentrional de Palestina, al este de Aîn (Nm. 34:11), y cuya identificación sigue siendo incierta.

 RICINO

tip, FLOR ALIM

ver, CALABACERA

vet,

Posible traducción de «kîkãyon», la planta que en la versión Reina-Valera se traduce como «calabacera». (Véase CALABACERA.)

 RICO (Véase RIQUEZA)

 RICO Y LÁZARO

vet,

El rico y Lázaro (Lc. 16:19-31).

Más que una parábola, es una historia. Nada se dice expresamente del carácter moral de estos dos hombres, aunque se deduce una gran insensibilidad y egoísmo por parte del rico (cfr. Lc. 16:20, 21). En el AT se había enseñado que la marca del recto debería ser la prosperidad externa (Sal. 112:2, 3). En el reino en su nueva fase, y en consecuencia al rechazamiento de Cristo, la posesión de las riquezas deja de ser señal del favor divino. Ésta era una necesaria lección para el judío. Es muy difícil que se salve un rico, pero a los pobres se les anunciaba el Evangelio (Mt. 11:5; Lc. 11:22). El pobre Lázaro fue llevado al seno de Abraham, y el rico fue a la perdición. En el otro mundo se invierten las condiciones del mundo presente. Aquí prosigue la enseñanza de la parábola del mayordomo injusto: el rico no estaba sacrificando el presente por el futuro. Se da también una vívida imagen de la inalterable condición de los perdidos.

Véase PARÁBOLA, LÁZARO (HISTORIA DEL RICO Y).

 RIMÓN

tip, BIOG CIUD HOMB HOAT MONT

ver, DIVINIDADES PAGANAS

sit, a3, 175, 335

vet,

(heb.: «granada»).

(A) Benjamita, padre de los dos asesinos de Is-boset (2 S. 4:2).

(B) Ciudad al sur de Judá, cerca de Ain (Jos. 15:32; 1 Cr. 4:32; Zac. 14:10). Parece que Rimón y Ain formaban una sola conurbación (Neh. 11:29), que fue asignada desde el principio a Simeón, junto con otras ciudades (Jos. 19:7). Identificado con las ruinas de Um er-Rumãmîn, a unos 14 Km. de Beerseba.

(C) Ciudad sobre la frontera de Zabulón, asignada a los levitas (Jos. 19:13; 1 Cr. 6:77). En Jos. 21:35 se da la forma Dimna, que indudablemente proviene de un error de lectura, habiendo el copista confundido «resh» con «daleth». El nombre Rimón ha sido preservado en el de Rummãneh, pueblo a unos 9 Km. al norte y ligeramente al este de Nazaret.

(D) Peña próxima a Gabaa; seiscientos benjamitas vencidos se refugiaron allí, permaneciendo en este lugar durante meses (Jue. 20:45-47; 21:13). Se trata probablemente de una eminencia aislada, de roca calcárea, a poco menos de 6 Km. al noreste de Bet-el. Unas barrancas cortan el acceso a esta peña por el sur, norte y oeste. Los fugitivos pudieron hallar asilo en sus grutas. El nombre de Rimón subsiste bajo la forma de Rammûn, un pueblo que se halla en la cumbre de la peña.

 RIMÓN (divinidad)

tip, DIOS

ver, DIVINIDADES PAGANAS

vet,

(ac.: «fulminador»).

Divinidad siria, que tenía un santuario en Damasco. Naamán y su rey tenían la costumbre de prosternarse en su templo (2 R. 5:18). En Asiria, donde recibía el nombre de Rimón, o Ramán, se hallaba entre los doce dioses principales, y era el que estaba sobre las tormentas, la lluvia, los relámpagos y el trueno. Bajo los rasgos de destructor de las cosechas, suscitaba el terror; como dios de la fecundidad, recibía adoración. Era el mismo que Hadad, dios supremo de los sirios, llamado Hadad-rimón. (Véase DIVINIDADES PAGANAS.)

 RIÑONES

vet,

Los hebreos, y otros pueblos de la antigüedad, hablaban de los riñones como asiento del deseo (Sal. 7:10; 16:7; 26:2; 73:21; Pr. 23:16; Jer. 12:2). En vista del contexto, este término es traducido en ocasiones en las versiones castellanas como corazón o entrañas.

 RÍO

tip, RIOS TIPO

fot, dib00229, fot00026, fot00027, fot00028, fot00176, fot00231, fot00268, fot00235

ver, ABANA, ÉUFRATES, FARFAR, JORDÁN, NILO, TORRENTE

vet,

De los diversos términos heb. que se corresponden con río, hay tres que requieren una especial atención:

(A) «Nãhãr», curso de agua; gr. «potamos»: designa los ríos conocidos por los hebreos en la antigüedad, como:

el Tigris, el Éufrates (Gn. 2:14; Ap. 9:14),

el Abana, el Farfar (2 R. 5:12),

el Jordán (Mr. 1:5),

y los afluentes del Nilo Superior (Sof. 3:10).

Las expresiones «el río» o «el gran río» son por lo general sinónimos del Éufrates (Gn. 15:18; 31:21). (Véanse ABANA, ÉUFRATES, FARFAR, JORDÁN, NILO.)

(B) «Nahal» designa, en ocasiones, un curso de agua que corre todo el año, como el Jaboc (Dt. 2:37), pero por lo general significa un torrente invernal, un wadi, cuyo lecho está seco durante el verano. (Véase TORRENTE.)

(C) «Y'or», río, que se emplea casi exclusivamente del Nilo y de los brazos de su delta. El término heb. tiene casi la misma resonancia que el nombre egipcio de este curso de agua (Gn. 41:1; 2 R. 19:24; Ez. 29:3). Este término sólo designa al Tigris en Dn. 12:5-7; cfr. 10:4.

En sentido figurado, Dios dará a Su pueblo que beba «del torrente de sus delicias» (Sal. 36:8). Al creyente en medio de las pruebas Él le promete que: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán» (Is. 43:2). Puede ser símbolo de ira en juicio, como el «río de fuego» (Dn. 7:10), o de bendición y vida (Ez. 47; Ap 22:1, 2). «Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo» (Sal. 46:4). Y este río jamás se secará.

 RÍO DE EGIPTO

tip, RIOS TIPO

ver, ABANA, ÉUFRATES, FARFAR, JORDÁN, NILO, TORRENTE

sit, a4, 149, 275

vet,

Bajo esta traducción se hallan dos corrientes de agua distintas:

(A) El Nilo. «Y'or Mizraim» se refiere siempre al Nilo mismo (cfr. Is. 7:18; Am. 8:8).

(B) «Nahal Mizraim», lit. «torrente de Egipto», y que constituía el límite entre Israel y Egipto durante la época de máxima extensión de Israel, durante la monarquía unida bajo Salomón (1 R. 8:65; 2 Cr. 7:8). Es asimismo mencionado como el límite meridional de la heredad de los hijos de Israel en Jos. 15:4, «arroyo», Jos. 15:47, «río».

(C) En Gn. 15:18, sin embargo, en la promesa de Dios a Abraham, se hace mención de que la tierra que poseería su descendencia se extendería desde «el río (nahar) de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates». En Éx. 23:31, por otra parte, se establecen los límites de Israel «desde el mar Rojo hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el Éufrates». El examen de estos pasajes conduce a pensar que si bien la frontera histórica de Israel con Egipto era el «torrente de Egipto», actualmente conocido como Wadi el-Arish, los límites proféticamente prometidos se extienden desde el nahar de Egipto, que muy probablemente es el brazo pelusíaco del Delta del Nilo, y que desemboca frente a la Península del Sinaí; de esta manera, los pasajes de Gn. 15:18 y Éx. 23:31, que establecen los límites de Israel en el Nilo y en el mar Rojo. respectivamente, se corresponden, dando a Israel toda la Península del Sinaí.

Véase TORRENTE DE EGIPTO.

 RIQUEZA

vet,

En la Biblia, las riquezas son una bendición, y un bien confiado por Dios al hombre (Dt. 19:18; 1 5. 2:17; 1 Cr. 29:12; Ec. 5:19); Abraham era «riquísimo» (Gn. 13:2); sin embargo, el hombre es considerado como administrador, no dueño de ellas. De esta manera el Señor, como dueño de todo (cfr. Sal. 24:1) da instrucciones a los que tienen para que den liberalmente a los necesitados (Dt. 15:7-11; cfr. Dt. 15:1-6; 15:12-18).

En las Escrituras se denuncia el peligro del perverso corazón humano de confiarse en las riquezas, en vez de fiarse de Dios (Jer. 9:23-24). El poseedor de riquezas puede ensoberbecerse por ello (Pr. 18:23; 28:11), hasta el punto que el Señor Jesús señala la dificultad de la salvación de los ricos (Mt. 19:23, 24; Mr. 10:25; Lc. 18:25; cfr. 18:18-23). Denuncia el inmenso peligro de caer en la esclavitud de las riquezas (Mt. 6:24; cfr. Ec. 4:8; 5:12). Refiriéndose a los creyentes ricos, el apóstol Pablo da la instrucción a Timoteo: «A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, que son inciertas, sino en el Dios vivo... Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos...» (1 Ti. 6:18, 19). El Señor Jesús es puesto como ejemplo: «Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico» (2 Co. 8:9). No se condena en absoluto la posesión de las riquezas, pero sí el mal uso de ellas, como de cualquier otro don que el Señor haya otorgado al creyente. También se condena su mala adquisición, por avaricia (Pr. 28:22); engaño (Jer. 5:27); rapiña (Mi. 6:12); opresión (Stg. 2:6); impago de los salarios debidos (Stg. 5:1-4), junto con un dominio violento de la sociedad (Stg. 5:5-6).

En un nivel trascendental, Dios hace partícipe al creyente de Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Fil. 4:19). En Cristo, Dios nos ha dado a conocer las riquezas de Su gracia (Ef. 1:7), de Su benignidad (Ro. 2:4), de Su gloria (Ro. 9:23), de Su sabiduría y conocimiento (Ro. 11:33), y de pleno entendimiento (Col. 2:2).

La iglesia profesante, vendida al mundo y envanecida por sus pretendidos logros, poder y riquezas, es denunciada por el Señor Jesús como absolutamente miserable, andando en total desventura, pobreza, ceguera y desnudez. Estas terribles carencias sólo pueden ser suplidas con las riquezas de Cristo, y Su provisión (Ap. 3:14-18). En este pasaje el Señor, que aconseja el reconocimiento de esta necesidad y la aceptación del don que Él ofrece, hace un conmovedor llamamiento al arrepentimiento, «para que seas rico» (Ap. 3:19-22). Este Salvador que quiere enriquecer con las verdaderas riquezas al que confía en Él (cfr. Mt. 6:19-21) es «digno de tomar... las riquezas...» (Ap. 5:12).

 RIZPA

tip, BIOG MUJE MUAT

vet,

= «carbón encendido».

Concubina de Saúl, causa de un extrañamiento entre Is-boset y el ambiciosos Abner. Dos de sus hijos fueron ahorcados y sus cuerpos expuestos a la intemperie para vengar los males que Saúl había hecho a los gabaonitas. Rizpa vigiló los cadáveres de día y de noche, según parece, desde abril hasta octubre (2 S. 3:7-11; 21:1-14).

 ROBO (Véase HURTO)

 ROBOAM

tip, BIOG REYE HOMB HOAT

ver, HISTORIA BÍBLICA, JOSUÉ, FARAÓN

vet,

= «el pueblo se ha engrandecido» o «el que ha hecho engrandecer al pueblo».

Hijo del rey Salomón y de Naama, mujer amonita, una de sus esposas (1 R. 14:31). Roboam, hijo de un padre sabio, era poco sagaz. A la muerte de Salomón, en el año 931 a.C., los representantes de las doce tribus se reunieron en Siquem, en el centro del país, para proclamar rey a Roboam, el legítimo heredero del trono. La rivalidad, debida a causas más o menos antiguas, tendía a alejar a Judá de las tribus del norte y del este. (Véanse HISTORIA BÍBLICA c, C y JOSUÉ.) El pueblo, que sufría los excesivos impuestos exigidos por Salomón, solicitó un alivio con ocasión de la accesión del nuevo monarca. Jeroboam, el portavoz del pueblo, había tenido un importante cargo en el reinado anterior, y el profeta Ahías le había anunciado que él reinaría sobre diez tribus (1 R. 11:28-40). Roboam hizo que el pueblo esperara durante tres días para conocer su respuesta, y pidió consejo de los ancianos consejeros de Salomón. Ellos le recomendaron que accediera a la demanda del pueblo, que no dejaría de mostrarle su gratitud. Pero Roboam siguió los consejos de los de su propia generación, sus amigos de la infancia, y dio una dura respuesta al pueblo: «Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigará con escorpiones» (látigos armados con puntas metálicas). Estas palabras revelan la presunción e insensatez de Roboam. Al separarse entonces del joven rey, diez de las doce tribus renunciaron desde aquel momento a sostener la casa de David. El pueblo lapidó a Adoram, que había sido encargado de recaudar los tributos. Roboam, temiendo sufrir la misma suerte, se volvió apresuradamente a Jerusalén (1 R. 12:1-20; 2 Cr. 10:1-19).

Judá, una gran parte de Benjamín, y los de Simeón, permanecieron fieles al soberano. Reunió entonces Roboam a sus tropas escogidas para combatir contra las tribus rebeldes, pero el profeta Semaías consiguió disuadirlo de ello (1 R. 12:21-24; 2 Cr. 11:1-4). Roboam se dedicó entonces a fortificar las ciudades de Judá y de Benjamín, y a proveerlas de víveres (2 Cr. 11:5-12). Al erigir su rival becerros de oro en Bet-el y en Dan, los sacerdotes y levitas se refugiaron, casi en su totalidad, en Judá, y contribuyeron a afirmar el trono de Roboam; sin embargo, tres años después el mismo Roboam se entregó a la idolatría (1 R. 14:21-24; 2 Cr. 11:13-17; 12:1).

En el quinto año del reinado de Roboam, Sisac (véase FARAÓN, c) invadió Judá, tomó ciudades fortificadas, se apoderó de Jerusalén y saqueó el Templo y el palacio real (1 R. 14:25-28; 2 Cr. 12:2-12). Roboam tuvo dieciocho esposas, sesenta concubinas, veintiocho hijos y sesenta hijas (2 Cr. 11:21). Abías, su hijo, pretendía que el fallo inicial de Roboam había residido en su juventud y falta de experiencia (2 Cr. 13:1-12). Sin embargo, Roboam tenía 41 años cuando empezó a reinar. Ocupó el trono durante 17 años, y murió alrededor del año 915 a.C., sucediéndole su hijo Abiam o Abías (1 R. 14:21, 31; 2 Cr. 12:13, 16).

 PEÑA ROCA

tip, TIPO MONT TITU

vet,

Casi todas las regiones accidentadas y montañosas de Palestina tienen peñas; entre ellas se pueden contar la

de Oreb (Jue. 7:25),

de Etam (Jue. 15:8), etc.

Las peñas de Horeb y de Meriba son famosas por ser las que Moisés golpeó para dar agua a Israel (Dt. 8:15).

Dios es llamado:

«la Roca» de Su pueblo (Dt. 32:4, 18, 37; 1 S. 2:2; Sal. 18:3, 32, 47; 19:15; 28:1; 42:10; 62:3; 73:26; 78:35; 92:16; Is. 17:10; 44:8),

la Roca de Israel (2 S. 23:3; Is. 30:29),

la Roca de los siglos (Is. 26:4, RV Rev. 77).

Cristo era la «roca espiritual» de donde surgía el agua viva para los israelitas en el desierto (1 Co. 10:4). Con ello, Pablo indica que la peña de Horeb era un tipo del Señor golpeado por nosotros (Éx. 17:6). Más tarde; y en una circunstancia similar, Moisés debía hablar a la peña en Meriba, no golpearla (Nm. 20:8-12), lo que es una imagen del hecho de que Cristo no debe ser inmolado una segunda vez. Su sacrificio es totalmente eficaz, habiendo sido hecho una vez para siempre (He. 7:27; 9:28; 10:10, 12, 14). La desobediencia de Moisés fue tan grave a los ojos de Dios que quedó privado, junto con Aarón, de entrar en la Tierra Prometida.

 ROCIAMIENTO (Véase ASPERSIÓN)

 ROCÍO

tip, TIPO

vet,

En Palestina, los vientos marítimos del oeste traen consigo, después de la puesta del sol, tan considerable humedad, que por la noche, señaladamente en primavera y otoño, llega a caer abundante rocío, el cual humedece las telas de las tiendas y gotea de los tejados (Cnt. 5:2; Jb. 29:19). Este rocío, en aquel verano tan seco, es de gran importancia para la tierra (Gn. 27:28; Dt. 33:28; Os. 14:6).

Según la concepción israelita, el rocío es producido por Jehová (Mi. 5:6).

Los vientos del sur impiden la caída del rocío (1 R. 17:1; Hag. 1:1).

En 2 S. 17:12 y Sal. 110:3 el rocío es imagen de una muchedumbre extraordinaria.

 RODAS

tip, ISLA

sit, a9, 371, 257

vet,

= «rosal».

Isla del Mediterráneo; Rodas se halla frente a la costa de Caria, al suroeste de Asia Menor. Mide 72 Km. de largo y 32 de ancho. Hay abundancia de naranjos y limoneros. Hallándose en una encrucijada marítima, la isla vino a ser un importante centro comercial, tan importante como Alejandría y Cartago. Allí se encontraba la famosa estatua de «el Coloso de Rodas», que servía de faro, con 32 m. de altura, y erigida entre los años 300 y 288 a.C., y que cayó abatida por un terremoto. Pablo tocó el puerto de Rodas durante su último retorno a Palestina (Hch. 21:1).

 RODE

tip, BIOG MUJE MUNT

vet,

«rosa».

Sierva de María, la madre de Juan Marcos. Pedro, después de haber sido liberado milagrosamente, fue a casa de María y llamó a la puerta. Rode fue a ver de qué se trataba; al oír la voz de Pedro, aturdida de tanto gozo, olvidó abrir la puerta, y fue corriendo a anunciar a los que estaban orando por la libertad del apóstol que estaba allí. Pedro tuvo que insistir para que le abrieran (Hch. 12:13-16).

 RODILLA

ver, NUZU

vet,

La articulación entre el muslo y la pierna.

En las Escrituras se menciona en numerosas expresiones gráficas:

Dar a luz sobre las rodillas de otra mujer significaba entregarle el hijo como si fuera de ella (Gn. 30:3; véase NUZU);

criar a los hijos sobre las rodillas denota una atención especial y llena de afecto y cuidado (Gn. 50:23);

las rodillas vacilantes o endebles (Jb. 4:4; Sal. 109:24; Ez. 7:17; 21:7; Dn. 5:6; Nah. 2:10; He. 12:12) denotan el debilitamiento causado por la angustia y el espanto.

Doblar la rodilla indica sometimiento y reconocimiento de autoridad (Gn. 41:43; 1 R. 19:18; 2 R. 1:13; Is. 45:23; Mr. 1:40).

Toda rodilla se doblará ante Dios (Ro. 14:11), ante Dios manifestado en carne, el Señor Jesús, cuando se manifieste en gloria (Fil. 2:10).

De rodillas ora el cristiano en súplica y acción de gracias (Hch. 9:40; 20:36; 21:5; Ef. 3:14).

 ROGEL

tip, RIOS

vet,

(prob. «fuente del batanero»).

Fuente en las cercanías de Jerusalén (2 S. 17:17), cerca del valle de Ben-Hi en los confines de Judá y Benjamín (Jos. 15:1, 7; 18:11, 16). Según Josefo, era el jardín del rey (Ant. 7:14, 4). Durante la revuelta de Absalón, Jonatán y Ahimaas se instalaron en este lugar con el fin de recoger las informaciones que ellos, a su vez, transmitían a David (2 S. 17:17).

Cerca de Rogel se hallaba la peña de Zohelet, junto a la que Adonías organizó un banquete cuando conspiraba para apoderarse del trono (1 R. 1:9).

Según una tradición generalmente admitida, esta fuente se halla en Bîr Eyyub (pozo de Job), debajo de la unión de los valles de Ben-Hinom y del Cedrón, al sur de Jerusalén. De los treinta y ocho metros de profundidad de este pozo, la mitad están recubiertos con ladrillos, y el resto están tallados en roca viva. El hecho de que sea un pozo y no una fuente constituye un serio obstáculo a esta tradicional identificación (Gn. 16:7; cfr. v. 14).

 ROLLO (Véanse CÓDICE, LIBRO, MANUSCRITOS BÍBLICOS)

 ROLLOS DEL MAR MUERTO (Véase QUMRÁN [MANUSCRITOS DE])

 ROMA

tip, HIST CIUD

ver, JUDEA, HISTORIA BÍBLICA, HERODES, JESUCRISTO, CÉSAR, DANIEL, ESTEBAN, PERSECUCIONES, ROMA (Derecho)

sit, a9, 13, 95

vet,

(a) Historia.

Según la tradición, Roma fue fundada en el año 753 a.C. por Rómulo, que vino a ser su primer rey. La primera fase de su existencia fue la de una monarquía. Hubo siete reyes sucesivos hasta la proclamación de la república en el año 510 a.C., provocada por la tiranía de Tarquino el soberbio. Sin embargo, hasta la instauración de la república, la historia de Roma se mueve en un marco de leyenda mezclada con un fondo histórico en el que es difícil desentrañar la ficción de la realidad. La historia de los dos primeros siglos de la república es asimismo oscura. El gobierno estaba dirigido por los patricios. Para entonces, la población de Roma estaba compuesta por una mezcla de latinos, sabinos y etruscos. La clase patricia, que detentaba el poder, era ganadera y terrateniente, en tanto que la plebe estaba compuesta de granjeros, artesanos y comerciantes. Se crearon tensiones, en las que los plebeyos demandaban una igualdad jurídica; de estas tensiones se llegó a una serie de reformas, en las que los plebeyos contaban con un tribuno propio. Más tarde, hacia el año 450-420 a.C., se logró la codificación de las leyes romanas con la promulgación de las Doce Tablas. A partir de entonces se crea una estratificación social no basada en el linaje, sino en la posesión de medios económicos. Se llegó así lentamente a la situación en que todo ciudadano (una minoría de la población, formada en su mayor parte por esclavos) tenía derecho a voto. Fue bajo la república que Roma extendió su dominio por toda Italia (entre los años 496 a 270 a.C.). Posteriormente, la república se vio enfrentada con Cartago, que antes había sido fiel aliada en la defensa de sus intereses comunes. El enfrentamiento contra Cartago recibe el nombre de las (tres) Guerras Púnicas. En el intervalo correspondiente a las dos primeras guerras púnicas, Roma conoció un período de paulatina expansión, marcada por algunos reveses (las victorias de Aníbal, escenario de la guerra en la misma Italia, Roma misma amenazada). Sin embargo, el final de la segunda guerra púnica vio a Roma dueña de unos territorios muy amplios, que comprendían, por el año 201, Sicilia, Córcega, Cerdeña, y toda la España mediterránea. A partir del año 200 a.C. empezó a intervenir intensamente en los asuntos de oriente. En el año 190 a.C. Antíoco el Grande, rey de Siria y padre del infame Antíoco Epifanes, fue derrotado por los romanos en Magnesia. A partir de ello, Roma asumía el protectorado de varias ciudades de Asia Menor (cfr. 1 Mac. 8:1-10). Hacia el año 100 a.C. poseían ya casi toda España, el sur de Francia, toda la península de Italia incluyendo la parte alpina, Dalmacia, Grecia, la zona occidental de Asia Menor, y Creta.

En el año 63 a.C., Pompeyo se apoderó de Judea, después de haber eliminado el poder de los Seléucidas, reduciendo a Siria a la condición de provincia romana. Judea, aunque hecha tributaria, conservó durante un cierto tiempo un gobierno autónomo. (Véanse JUDEA, HISTORIA BÍBLICA, c, d(I) y HERODES.)

En Roma, las rivalidades políticas abocaron a una serie de luchas intestinas que, sin embargo, no detuvieron sus campañas exteriores. El enfrentamiento entre Mario y Sila no detuvo las victoriosas campañas contra Mitrídates IV, rey del Ponto Euxino, ni el comienzo de la ocupación de las Galias, del archipiélago Balear, y muchas otras campañas.

Después de la derrota de Mario, Sila fue nombrado dictador (82 a. C.), pero se vio forzado a abandonar el poder ante la ineptitud del sistema de gobierno que él propugnaba (79 a.C.). Al cabo de varios años de disturbios y luchas intestinas de las que no se libraban ni provincias tan apartadas como España, en el año 60 a.C. se formaba el triunvirato de César, Pompeyo y Craso. Deshecho éste por mutuas suspicacias, César destrozaba el ejército de Pompeyo en Lérida, en España. Habiendo muerto Craso en su lucha contra los partos, César consiguió un poder incontestado. Sin embargo, caía asesinado el año 44 a.C. en pleno Senado. Se desencadenó una nueva guerra civil. Antonio, Octavio y Lépido formaron un nuevo triunvirato, que acabó con la imposición de la supremacía de Octavio en el año 31 a.C. El nuevo dueño de la situación se hizo proclamar emperador y asumió el título de Augusto. El Señor Jesucristo nació durante su reinado, y fue crucificado bajo el de Tiberio (véase JESUCRISTO). El martirio de Jacobo, hermano de Juan, tuvo lugar bajo Claudio (Hch. 11:28; 12:1, 2). Por lo que respecta a Pablo, apeló a Nerón (Hch. 25:11). La destrucción de Jerusalén profetizada por el Señor (Mt. 24; Mr. 13; Lc. 19:41-44; 21:5-36) tuvo lugar en el año 70 d.C. bajo el reinado de Vespasiano y bajo el mando del general Tito, que sería el siguiente emperador (véase CÉSAR)

Los limites del imperio en la época de Augusto eran el Rin, el Danubio, el Éufrates, el desierto de África, el Atlántico, y el mar del Norte. Bajo Claudio se conquistó una parte de Gran Bretaña. Trajano llevó el poderío romano más allá del Éufrates; el imperio romano llegó a englobar la práctica totalidad del mundo civilizado conocido.

Posteriormente, con el paso de los siglos, el imperio romano empezó a mostrar señales de decadencia. Los excesos y la corrupción interior, así como los ataques constantes de los enemigos del exterior, fueron fraguando su ruina. El último soberano del imperio en su integridad fue Teodosio (379-395 d.C.). Sus dos hijos reinaron cada uno sobre una parte del imperio, que quedó dividido en el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente, y que ya jamás volvieron a reunirse. El Imperio de Occidente se desintegró, y Roma cayó bajo los embates de los bárbaros germánicos en el año 476. Uno de sus caudillos, Odoacro, se proclamó rey de Italia. El Imperio de Oriente, o Bizancio, resistió aún mucho tiempo, hasta la toma de Constantinopla por los turcos en el año 1453.

 

(b) La religión de Roma.

En la época de la república se marca ya una distinción entre la religión de los campesinos en las zonas rurales y la religión del Estado. Los primeros mantenían el culto a los espíritus de los antiguos agricultores, dando su adoración a los dioses de la naturaleza, de los campos y de los bosques, protectores de sus ganados y también de la vida familiar y guardianes de la casa y de sus ocupantes (Lares y Penates). Era una especie de animismo que concebía la presencia de un espíritu para cada cosa o actividad, pero que no les daba ninguna apariencia antropomórfica (numina). Las fiestas estaban íntimamente relacionadas con los diferentes hitos del año agrícola. Nada conducente a una exaltación poética, bien al contrario de Grecia, la religión autóctona de los romanos era la de un toma y daca con los espíritus, que a cambio de quedar satisfechos por el reconocimiento de sus poderes en cada campo concreto, protegían a la familia, sus actividades y posesiones.

Por otra parte, la religión del Estado giraba alrededor de deidades tutelares y protectoras, como Júpiter, Marte y muchos otros dioses y diosas. Gradualmente se fue estableciendo la religión estatal. Al principio los cultos eran dirigidos por el cabeza de familia; el Estado asumió el culto, utilizándolo para sus propios propósitos. El templo erigido en la colina Capitolina, en el mismo centro de Roma, vino a ser el centro oficial de la adoración de una tríada divina que simbolizaba la majestad religiosa del Estado.

El sacerdocio, electivo en lugar de hereditario como en Grecia, estaba compuesto de una jerarquía de «flamines» para los dioses más importantes; por otra parte, el colegio de «pontífices», que estaba presidido por el «pontifex maximus», vino a ser el guardián de la ley sagrada, manteniendo el secreto del calendario de fiestas. Éste era notificado al pueblo de mes en mes. El orden de pontífice proviene del puente construido sobre el Tíber por Ancus Martius, y que fue entregado al cuidado de los sacerdotes. Casi todas las fiestas romanas estaban consagradas a su historia, Las «Lemurias» eran solemnes expiaciones por el asesinato cometido por el primer rey; las «Quirinales» eternizaban su entronización. Las danzas sabinas se celebraban en honor del escudo que los dioses habían lanzado a los romanos desde el cielo.

Así, cada acto y función del Estado vino a revestirse de significado religioso. Los generales ascendían la colina del Capitolio para consagrar en el templo de Júpiter el botín conseguido. Las mismas asambleas para elecciones o para la discusión de legislación no podían ser convocadas hasta que los augurios no fueran favorables, de la misma manera que el general en el campo de batalla no debía iniciar el combate hasta haber recibido las bendiciones de los auspicios. De esta manera, los «Augures» vinieron a ser una institución oficial en Roma.

La conquista de Grecia llevó a la admirada Roma a la imitación del derrotado adversario. El arte, la literatura, filosofía y religión de Grecia asumieron carta de naturaleza en Roma; en religión, Roma pasó de los antiguos «numina», que en manos del Estado habían ido adquiriendo una concepción más y más antropomorfa, a la identificación de ellos, uno por uno, con los dioses de la jerarquía del Olimpo. Sin embargo, la clase intelectual, aun asumiendo las formas del politeísmo, pasó mayormente a favorecer distintas escuelas de pensamiento filosófico griego, con todas sus concepciones de la «nueva academia» que, con Carneade, enseñó a Roma el menosprecio por lo sagrado, y que empezó, con un corrosivo cinismo, a minar las bases morales de aquella sociedad en sus clases dirigentes. La religión, en Roma, vino más y más a centrarse en el culto al Estado, encarnado posteriormente en la persona del emperador. Ya establecido el Imperio bajo Augusto, Virgilio, en su obra Eneida, conecta la familia Julia, a la que pertenece el emperador, con Eneas de Troya. Según el mito, Eneas era hijo de Afrodita / Venus, que era a su vez hija de Zeus / Júpiter. Así, en esta obra se glorifica a la familia Julia, y por ende a Augusto y a los demás emperadores julianos, como descendencia directa de Júpiter y, por tanto, divinos.

 

(c) Roma y el cristianismo.

Roma hizo su aparición en época tardía en el Oriente bíblico. En el AT es entrevista proféticamente en el libro de Daniel (el cuarto imperio en los caps. 2 y 7 del libro de Daniel; véase DANIEL). En cambio, su poderío se deja ver de continuo en todo el NT. Los judíos soportaban a regañadientes la ocupación romana, con todas las vejaciones que ella implicaba, los pesados impuestos, las profanaciones del Templo. El nacionalismo de los judíos, exacerbado por la implacabilidad de la administración romana, se manifestaba en motines y revueltas ocasionales. Sin embargo, la religión judía había sido reconocida por Roma, de manera oficial, como «religio licita» (religión legal). Josefo (Ant. 14:10, 8, 17) recoge el decreto que permitía explícitamente a los judíos el ejercicio de su religión como de origen demostrable. Así, el judaísmo como tal no podía ser perseguido en Roma. Este hecho fue de gran importancia al principio de la difusión del cristianismo, que era considerado oficialmente como una corriente del judaísmo (cfr. Hch. 18:15).

Por otra parte, el sometimiento total de los judíos a Roma quedó patente en el hecho de que la sentencia de muerte contra el Señor Jesucristo tuvo que ser confirmada por un juez romano, y ejecutada por romanos siguiendo sus métodos para los que no eran ciudadanos romanos (esto es, la crucifixión). Naturalmente, se daban casos de linchamientos al margen de la legalidad establecida, como lo fue el martirio de Esteban por la turba judía (véase ESTEBAN), y como se intentó con Pablo, cosa que impidió la autoridad romana a tiempo (cfr. Hch. 21:30-32 ss.).

(A) Difusión del Evangelio.

Al principio, la existencia del Imperio Romano fue muy favorable para la difusión del Evangelio. Durante más de dos siglos, el orden estable y enérgico establecido por Roma aseguró la paz y la prosperidad. Las excelentes carreteras romanas, la supresión de la piratería y bandidaje, y el desarrollo consiguiente del tráfico marítimo y terrestre, el conocimiento generalizado del griego en Oriente y del latín en Occidente, la unidad exterior del imperio todo ello ofrecía unas posibilidades que hasta entonces nunca se habían dado para la proclamación universal de la Palabra de Dios. Por otra parte, el dominio romano, que había quebrantado las barreras entre las razas y religiones particulares, consiguió, por una parte, familiarizar a personas de distintas procedencias entre sí; al mismo tiempo, sin embargo, existía una tal corrupción moral y un tal abandono de las antiguas creencias paganas, que las almas estaban ávidas de una vida nueva y de una verdad liberadora. La gran difusión de las religiones de misterios provenientes de Oriente constituye una prueba de ello. Cuando surgió el Evangelio, también evocó una respuesta en muchos corazones. En la época de Hechos y de las Epístolas, los funcionarios romanos evidencian en general una actitud de indulgencia hacia los cristianos, y la calidad de ciudadano romano que Pablo ostentaba le fue útil en más de una ocasión. Pero las persecuciones comenzaron ya bajo Nerón, que acusó a los cristianos del incendio de Roma. Empezaron a ser considerados como traidores y peligrosos para la estabilidad del Estado, porque rehusaban participar en la religión pagana, que constituía un verdadero sostén de lealtad de la plebe al orden establecido. Al ser conscientes las autoridades del hecho de que grandes masas de la población que no eran judíos habían asumido la nueva fe, separaron tajantemente su trato hacia los cristianos del que daban a los judíos. Así, se lanzaron grandes persecuciones contra los no judíos que rehusaran participar en el culto al emperador. Al final del siglo I d.C., el emperador Domiciano hizo encarcelar y dar muerte a multitudes de cristianos. Las persecuciones se fueron sucediendo, con algunos períodos de calma, durante dos siglos y medio (véase PERSECUCIONES). Estas persecuciones ayudaron a refrenar el proceso de corrupción que había invadido a la iglesia cristiana en muchos de sus estamentos, como se puede comprobar de los escritos de los «Padres de la Iglesia», en triste cumplimiento de la advertencia profética del apóstol Pablo (Hch. 20:28-31 ss.). Por otra parte, la firmeza de muchos cristianos ante las persecuciones, a pesar del también crecido número de muchos meros profesantes que recaían en el paganismo, contribuyó a que muchos más se interesaran en el Evangelio.

El cristianismo llegó finalmente a tener tanta influencia social que el emperador Constantino, cuya madre profesaba el cristianismo, promulgó en el año 313 el Edicto de Milán, por el que los cristianos recibían las mismas libertades y derechos que los paganos, como medida de prudencia política. No fue hasta el reinado de Teodosio (346-395) que el cristianismo fue proclamado la religión oficial de todo el imperio.

 

(d) El Derecho Romano.

El desarrollo del Derecho por Roma es de una importancia fundamental. Moldeó el destino de Occidente, y ha sido el modelo en el que se han inspirado los más diversos códigos del mundo. La Lex Romana es, ciertamente, la gran aportación de Roma a la historia de la humanidad.

El Derecho Romano tenía dos divisiones principales: el Privado y el Público.

(A) El Derecho Privado trataba de las relaciones contractuales entre individuos capaces; por ejemplo, contratos en los que las partes se obligaban a determinados compromisos en negocios, etc. Los compromisos solemnizados tenían pleno valor jurídico, aunque limitado a las partes que se obligaban.

(B) El Derecho Público regulaba las relaciones de los individuos con el Estado. Se subdividía en:

(1) Derecho de Gentes, con las normas a aplicar a los individuos carentes de la ciudadanía romana y que ha venido a ser el fundamento del actual Derecho Internacional, y

(2) Derecho Civil, que tenía que ver con las relaciones de los miembros de la civitas con el Estado y que normatizaban el comportamiento de la ciudadanía en temas de interés público.

En Roma, las leyes, que debían ser preparadas y propuestas por magistrados, debían ser, sin embargo, refrendadas por el voto de los ciudadanos. En la época del Imperio, las leyes dictadas por el mismo emperador no requerían de este requisito.

Cuando una propuesta de ley de un magistrado era refrendada por el voto de los ciudadanos, se establecía por ello mismo una vinculación de ellos con la ley, que incluía en sus efectos a sus descendientes. Estas leyes, sin embargo, no eran vinculantes para los extranjeros que estuvieran en Roma o fueran a sus territorios, siendo súbditos de otras naciones no sometidas al Imperio (comerciantes y mercaderes, etc.).

Antes de la votación había una vista pública en la que se discutía la ley propuesta. En esta reunión pública podían participar todos, ciudadanos o no, para expresar sus opiniones; de esta manera, aunque el voto estaba estrictamente reservado a los ciudadanos, se daba oportunidad para ser oídos a amplios sectores que pudieran tener intereses afectados por la propuesta de ley.

En todo caso, las propuestas de ley no podían ir en contra de las llamadas «leyes sacratae». Estas leyes eran una especie de constitución básica, que reflejaba el compromiso a que habían llegado patricios y plebeyos en la época de tensiones y luchas entre ellos, para lograr el establecimiento de una estabilidad político-social, compromiso que ambas partes sociales se habían juramentado solemnemente respetar, ellos y sus descendientes. Las nuevas leyes, por tanto, sólo podían ser puestas en vigor en tanto que armonizaran con la tradición y usos sociales aceptados.

 

(e) La ciudadanía romana.

Originalmente, sólo los romanos residentes en la capital gozaban de los privilegios reservados a los ciudadanos. Posteriormente, estos derechos fueron conferidos a ciertas partes de Italia, y después, para alentar el asentamiento de romanos en otras zonas despobladas de la península, a toda Italia. Fue Caracalla quien otorgó el título de ciudadano romano a todos los habitantes libres del Imperio (211-217 d.C.). Antes sólo se otorgaba este título, fuera de sus poseedores estrictos, a los que habían rendido servicios al Estado. También podía ser comprada, especialmente si se trataba de habitantes de localidades o regiones que no habían recibido exenciones. Había ciudades que sí habían recibido derecho a la ciudadanía romana. Ello explica que Pablo, de ascendencia judía (Fil. 3:5) fuera, sin embargo, ciudadano romano. Claudio Lisias había pagado bien caro este título (Hch. 22.28). Al saber que el apóstol era ciudadano romano, Lisias dio la orden de suspender los preparativos de la flagelación a que se iba a someter a Pablo (Hch. 22:25-29). Las autoridades de Filipos hicieron azotar a Pablo y a Silas con varas sin previo juicio: cuando los pretores supieron que los presos eran ciudadanos romanos, les presentaron excusas y los liberaron (Hch. 16:36-38). Al apelar al emperador,

Pablo usó de su derecho (Hch. 25:11).

Las leyes que regulaban estas cuestiones eran la «Lex Valeria» y la «Lex Porcia», que decretaban que ningún magistrado podía ordenar el encadenamiento, flagelación ni muerte de un ciudadano romano. Este sólo podía ser ejecutado con el asentimiento del pueblo, reunido en una asamblea plenaria, y votando por centurias. Si, a pesar de las leyes mencionadas, un magistrado o autoridad ordenaba la flagelación de un individuo, éste sólo tenía que, decir: «Soy ciudadano romano.» La acción judicial se suspendía de inmediato, hasta que la ciudadanía se pronunciara. Cuando el emperador vino a ejercitar el poder supremo en lugar del pueblo, el recurso se dirigía al soberano.

 

Bibliografía:

Eusebio de Cesarea: «Historia Eclesiástica» (BAC, Madrid, 1973);

Green, M.: «La evangelización en la Iglesia primitiva» (Certeza, Buenos Aires, 1976);

Hyma, A., y Stanton, M.: «Streams of Civilization» (CLP, San Diego, California, 1976);

Pirenne, J.: «Historia Universal - Las grandes corrientes de la Historia» (vol. 1; Ed. Éxito, Barcelona, 1974);

Pressensé, E. de: «Histoire des trois premiers siècles de l'Église chrétienne» (Lib. de Ch. Neyrueis, París, 1868);

Tenney, M.: «Nuestro Nuevo Testamento» (Ed. Moody, Chicago, 1973).

 ROMANOS (Epístola)

tip, LIBR DOCT LINT

ver, LEY, ELECCIÓN

sit,

vet,

La primera de las epístolas de Pablo en el NT, es cronológicamente la sexta, habiendo sido redactada en Corinto. Ello se desprende de los saludos (Ro. 16:23, cfr. 1 Co. 1:14; 2 Ti. 4:20) y de que la epístola fue muy probablemente llevada a Roma por Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea (Ro. 16:1), uno de los puertos de Corinto (Hch. 18:18). Si es así, el apóstol redactó esta epístola en la época de su paso por Grecia (Hch. 20:2, 3) en el invierno del año 57-58 d.C. Pablo hacía tiempo que anhelaba ir a Roma (Ro. 1:10-12; 15:23). Habiendo acabado su misión en Oriente (v. 23), deseaba detenerse en Roma en su proyectado viaje a España (Ro. 15:28). Pero el apóstol deseaba ir antes a Jerusalén para llevar los dones de las iglesias de los gentiles (Ro. 15:25, 26). No sabiendo lo que sería de él en el curso de este peligroso viaje (Ro. 15:30-32; Hch. 20:22), Pablo enviaba esta carta a Roma, donde tenía muchos amigos (cfr. Ro. 16). Apóstol a los gentiles, se consideró responsable de la iglesia en Roma (Ro. 15:15, 16), aun cuando todavía no la había podido visitar.

El tema de esta epístola, una de las más sistemáticas de las escritas por Pablo, le fue inspirado por las controversias que había tenido que sustentar, y por la necesidad de definir el Evangelio que predicaba entre los gentiles. Esta carta, de una gran importancia, trata de una manera detallada la cuestión de la salvación. ¿Por qué esta exposición tan detallada se dirige precisamente a los cristianos de Roma? Indudablemente debido a que el apóstol, consciente de la importancia del testimonio dado en la capital del Imperio, quiere fortalecer la fe de los cristianos, y prevenirlos contra el error.

En tanto que la Epístola a los Gálatas constituye la carta magna de la libertad cristiana, la Epístola a los Romanos expone los principios fundamentales de la fe.

A. Análisis:

Después de la mención de los destinatarios y de los saludos (Ro. 1:1-7), y de la expresión de su gran interés por los cristianos en Roma (Ro. 1:8-15), el apóstol indica cuál es la esencia de su Evangelio y el tema de la epístola: «El evangelio... es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree... en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe» (Ro. 1:16, 17).

Pablo expone acto seguido la universalidad del pecado y la necesidad de la gracia para la justificación (Ro. 1:18-3:20). Declara, de entrada, que los gentiles se hallan bajo el imperio del pecado, y bajo condenación (Ro. 1:18-32). Los judíos son igualmente culpables ante Dios (Ro. 2). Después Pablo refuta la objeción de que ello equivale a la pérdida de los privilegios de Israel. A ello responde que el privilegio de los judíos consiste en ser depositarios de la revelación, pero que sus propias Escrituras los declaran pecadores (Ro. 3:1-19). Lo que hace la Ley es dar pie a la transgresión, por cuanto el hombre es pecador, y no se sujeta a la Ley de Dios (véase LEY); la culpa de pecado es universal (Ro. 3:20).

Sin embargo, Dios justifica a todo creyente, a causa de la obra redentora llevada a cabo por Cristo (Ro. 3:21-30). El apóstol demuestra este extremo apoyándose en el AT (Ro. 3:31-4:25) y demuestra que la salvación por medio de la fe es la base de la experiencia cristiana (Ro. 5:1-11). Haciendo un paralelo entre Adán y Cristo, establece que Dios ha actuado en base a los mismos principios, tanto en lo que respecta a la vieja como a la nueva humanidad (Ro. 5:12-21).

Pablo refuta acto seguido tres objeciones relativas a la doctrina de la salvación recibida exclusivamente por la fe, en virtud del sacrificio de Cristo por nosotros.

(a) La doctrina de la salvación por la fe no incita a los creyentes a pecar, por cuanto la fe en Cristo implica la unión con el Salvador, lo que eleva al creyente a una nueva vida con una nueva naturaleza moral (Ro. 6:1-14).

(b) La doctrina de la liberación del yugo de la Ley no dispensa al creyente de una actuación moral; lo que sucede es que la Ley ya no es más el principio de su actuación. Sus motivos derivan del hecho de que se ha consagrado totalmente a Dios para hacer Su voluntad en el contexto de una vida nueva (Ro. 6:15-7:6).

(c) Se pretendía también que Pablo implicaba que la Ley era algo malo. A esto el apóstol replica que de lo que se trata es que la Ley no puede salvar, no que sea mala. El hombre es pecador e incapaz de observarla; de ahí precisamente su necesidad de salvación, por cuanto la Ley, ejerciendo su ministerio, lo condena y mata (Ro. 7:7-25).

Habiendo refutado estas objeciones, Pablo demuestra (Ro. 8) que la obra redentora de Cristo provee a la renovación espiritual, a la santificación completa, y al definitivo triunfo de aquellos que están en Cristo y que, escogidos y llamados por Dios, tienen parte en la manifestación total de Su amor. Habiendo definido la doctrina evangélica de la salvación, el apóstol la aplica al caso de Israel, el pueblo elegido, que en tanto que nación no la ha aceptado. El apóstol explica que la promesa de salvación nunca había sido dada de una manera global a todo el pueblo judío, sino solamente a los «escogidos», la verdadera descendencia de Abraham, escogida por Dios (Ro. 9:1-13). Pablo cita el AT para apoyar la doctrina de la elección soberana del Señor (Ro. 9:14-29; véase ELECCIÓN). Añade que el rechazamiento de parte de los judíos proviene de que rechazan sus propias Escrituras con respecto a la salvación (Ro. 9:30-10:21). Sin embargo, Israel no está totalmente rechazado, porque el «resto» prometido, los judíos elegidos, sí han creído (Ro. 11:1-10). Llegará finalmente el momento en que la nación judía como tal se convertirá y aceptará al Redentor, su Mesías, como lo hacen los creyentes surgidos de la gentilidad (Ro. 11:11-36).

El final de la epístola contiene exhortaciones a poner en práctica los principios cristianos (Ro. 12), a cumplir los deberes cívicos y sociales (Ro. 13), a vivir en el amor y la unidad (Ro. 13:1-15:13). La epístola concluye con mensajes personales y saludos (Ro. 15:14-16:27).

 

B. Estructura de la epístola a los romanos.

Hay dos hipótesis principales acerca de su composición original, pero que tienen un mero interés literario, careciendo de toda importancia doctrinal.

(a) Siendo que la epístola tenía que circular, habría sido abreviada con la omisión de referencias locales (p. ej., los términos «en Roma», Ro. 1:7), y suprimiendo los capítulos. 15 y 16, pero sin tocar las secciones doctrinales y exhortatorias prácticas. En apoyo de esta hipótesis se aduce que la doxología de Ro. 16:25-27 figura en algunos mss. al final del cap. 14, o simultáneamente al final del cap. 14 y del 16. Se argumenta también que Tertuliano, Ireneo y Cipriano no citan ningún pasaje de los caps. 15 y 16, de los que Marción tampoco hace mención alguna. Sin embargo, el carácter circunstancial de estos capítulos explica de sobra estas omisiones. La teoría de la abreviación solamente se basa, entonces, en la presencia de la doxología al final del cap. 14 en algunos mss. Éste es un argumento muy débil, y tanto más cuanto que ninguno de los mss. que existen en la actualidad presenta la epístola abreviada en modo alguno.

(b) La segunda hipótesis supone que el cap. 16 no formaba parte de la epístola en un principio, sino que se trataba de una carta separada para recomendar a Febe a la iglesia en Éfeso. Se aduce, y con razón, que el cap. 15 forma una unidad con el 14, siendo su secuela acerca del espíritu de sacrificio de que tienen que hacer gala los fuertes en bien de los débiles. Por otra parte, el cap. 15 acaba en su v. 33 con alguna bendición análoga a la que presentan algunas de las otras epístolas de Pablo (2 Co. 13:11; 1 Ts; 5:23; 2 Ts. 3:16; Fil. 4:9), formando una conclusión natural. Entonces, el cap. 16 sería un suplemento. A ello se puede responder que:

(A) Hay ocasiones en que los saludos siguen a una doxología, o una bendición, e incluso un amén (Fil. 4:20; 2 Ts. 3:16; cfr. 2 Ti. 4:18).

(B) El cap. 16 forma parte de la epístola en todos los mss. conocidos.

(C) La presencia de Priscila y Aquila en Roma se explica fácilmente. Viajaban mucho; se hallaban en Roma cuando los judíos fueron echados de la ciudad por un decreto imperial. La pareja estuvo alrededor de un año y medio en Corinto, y acompañó a Pablo a Éfeso. Este matrimonio se dedicó a expandir el cristianismo en esta ciudad, en la que estuvieron, al menos, hasta que Pablo volvió de Jerusalén. Es posible que fueran a Roma para preparar la llegada de Pablo (Hch. 19:21).

(D) Es posible que Epeneto, «las primicias de Asia» (Ro. 16:5), convertidas en la provincia de Asia, hubiera ido a Roma. En efecto, cristianos, judíos y gentiles acudían desde todos los lugares a la ciudad imperial. Epafras de Colosa, Aquila del Ponto, y Herodes el tetrarca, todos ellos acudieron a la capital.

(E) Está demostrado que los cristianos saludados en el cap. 16 tenían nombres que eran corrientes en Roma.

(F) El hecho de que los saludos son dirigidos a numerosas personas no implica que todas ellas, sin excepción, fueran conocidas personalmente del apóstol. Es indudable que Aquila, Priscila y otros corresponsales le habían mencionado en sus cartas a estos cristianos firmes y celosos.

C. AUTENTICIDAD.

La autenticidad de esta epístola jamás ha sido seriamente cuestionada. Se reconoce en ella el carácter y genio de Pablo, que le calificaban para redactar la exposición más completa y sistemática de las verdades de la salvación. Se encuentran alusiones o citas de esta carta en los escritos de Clemente de Roma, Ignacio, Justino Mártir, Policarpo, Hipólito, Marción, en el Canon de Muratori, las versiones Vetus Latina y Siríaca. Desde la época de Ireneo, la epístola está reconocida universalmente como paulina y canónica. Las pruebas internas son igualmente poderosas. El autor afirma ser Pablo (Ro. 1:1); lo que afirma de sí mismo sólo se puede aplicar al gran apóstol de los gentiles (Ro. 11:13; 15:15-20). El estilo, la argumentación y la doctrina son patentemente de Pablo.

No es sorprendente que la Epístola a los Romanos haya jugado un papel tan importante en la historia de la Iglesia. Su influencia fue inmensa en Agustín de Hipona, en los Reformadores, y cada vez que ha habido un despertamiento genuinamente bíblico esta epístola ha sido un centro pivotal.

 

Bibliografía:

Brockhaus, R.: «Romanos» (Ed. «Las Buenas Nuevas», Montebello, Calif., 1970);

Juan Calvino: «Epístola a los Romanos» (S. L. C., Grand Rapids, 1977);

Ironside, H. A.: «Exposición de Romanos» (Ed. Buenas Nuevas, St. Louis, 1979);

Kelly, W.: «Romans», en Lectures Introductory to the Epistles of Paul the Apostle (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1970; reimpr. ed. 1869);

Martín Lutero: «Commentary on Romans» (Kregel Pub., Grand Rapids, 1982);

Moule, H. C. G.: «Studies in Romans» (Kregel Pub., Grand Rapids, 1977, reimpr. ed. 1892);

Pettingill, W. L.: «Estudios sencillos sobre Romanos» (Clíe, Terrassa, 1984);

Stanley, C.: «Vida a través de la muerte» Un estudio sobre la Epístola a los Romanos (Alturas, Barcelona, 1974);

Trenchard, E.: «Una exposición de la Epístola a los Romanos» (Literatura Bíblica, Madrid, 1976).

 ROSA

tip, FLOR TIPO

vet,

(heb. «jabatstseleth»).

La esposa en Cantares se llama a sí misma una «rosa de Sarón» (Cnt. 2:1); cuando Dios vuelve a introducir a los judíos en bendición, «el yermo se gozará y florecerá como la rosa» (Is. 35:1).

Las rosas crecen en Palestina, pero existe el general acuerdo de que el término en heb. no se refiere a la rosa, sino que implica a una planta bulbosa, y pudiera tratarse del narciso o del lirio. La V. M. traduce «azucena».

 ROSETTA (Piedra de). Véanse JEROGLÍFICOS y EGIPTO e.

 RUBÉN

tip, BIOG HOMB HOAT

ver, PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO, EZEQUIEL, MILENIO

vet,

= «he aquí un hijo».

1. Hijo primogénito.

Hijo primogénito de Jacob y de Lea (Gn. 29:31, 32; 35:23; 46:8; 1 Cr, 2:1; 5:1).

Rubén cometió un grave pecado de incesto (Gn. 35:22). Pero cuando sus hermanos hablaron de dar muerte a José, Rubén, con la secreta intención de liberarlo, y para ganar tiempo, les propuso echarlo en una cisterna. No estaba presente cuando sus hermanos lo vendieron a los ismaelitas de la caravana madianita. La desaparición de su joven hermano lo afectó profundamente (Gn. 37:21-29). Veinte años más tarde, en Egipto, Rubén recordó a sus hermanos que él no había tenido parte en el intento de ellos de eliminar a José (Gn. 42:22-24). Cuando Jacob dudaba acerca de permitir que Benjamín fuera con ellos a Egipto, Rubén ofreció a dos de sus hijos como rehenes en prenda del retorno de Benjamín (Gn. 42:37). Rubén tuvo cuatro hijos: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi (Gn. 46:8, 9; Éx. 6:14; 1 Cr. 5:3). Jacob, al morir, privó a Rubén de su derecho de primogenitura, a causa del pecado cometido con Bilha (Gn. 49:3, 4).

 

2. Tribu.

Tribu formada por descendientes de Rubén. Territorio en el que se establecieron. La tribu se dividía en cuatro clanes, surgidos de los cuatro hijos de Rubén (Nm. 26:5-11). Al comienzo de la peregrinación por el desierto (véase PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO) el príncipe de la tribu era Elisur (Nm. 1:5; 2:10; 7:30-35; 10:18). En esta época, la tribu contaba con 46.500 hombres de veinte años y más capaces de llevar armas (Nm. 1:20, 21). Cuando se hizo el segundo censo, 38 años después, el número de ellos era de 43.730 (Nm. 26:7). El príncipe de los rubenitas encabezaba el campamento constituido por las tres tribus de Rubén, Simeón y Gad, compuestas de 151.450 hombres capaces de portar armas (Nm. 2:10, 16). El rubenita elegido para ir a explorar el país de Canaán fue Samúa hijo de Zacur (Nm. 13:4). Los rubenitas Datán, Abiram y On se unieron a Coré el levita, que fomentó la rebelión contra Moisés y Aarón (Nm. 16:11-50; 26:9; Dt. 11:6). Después de las victorias contra Sehón y Og, los gaditas, rubenitas y media tribu de Manasés pidieron a Moisés permiso para establecerse al este del Jordán, región de pastos que convenía a sus numerosos ganados y rebaños. Moisés accedió, imponiendo una condición: que enviaría a la mayor parte de sus guerreros a ayudar a los israelitas en su campaña de conquista de la tierra (Nm. 32:1-42; Jos. 18:7). Los rubenitas, gaditas y la media tribu de Manasés participaron así en todas las expediciones de Josué (Jos. 4:12). Volvieron como triunfadores a sus dominios, y erigieron a continuación un altar conmemorativo, lo que provocó la indignación de las tribus al oeste del Jordán. Sin embargo, renunciaron a usar de la fuerza contra ellos cuando supieron que aquel altar no estaba destinado ni a holocaustos ni a sacrificios (Nm. 22:1-34). Los rubenitas no participaron en la lucha contra Sísara, lo que les atrajo los reproches de Débora (Jue. 5:15, 16). Hicieron la guerra a los agarenos, exterminándolos y apoderándose del país de ellos, que ocuparon hasta que ellos fueron llevados al cautiverio por Tiglat-pileser (1 Cr. 5:18-26). El profeta Ezequiel, al proceder al reparto escatológico de la tierra de Israel, tal como será distribuida en el Milenio (véanse EZEQUIEL, MILENIO), indica el territorio de Rubén, y da su nombre a una de las doce puertas de la Jerusalén milenial (Ez. 48:6-7, 31).

En la época de la primera división del territorio, Rubén limitaba al este con los amonitas, al sur con el torrente Arnón (Nm. 21:24), al oeste con el mar Muerto y el Jordán (Jos. 13:23). La frontera septentrional partía del Jordán al sur de Betnimra, y llegaba a Hesbón (Jos. 13:17, 26; 21:37; Nm. 32:36; Jos. 13:27). En el interior de estos límites se hallaban: Aroer, sobre el valle del Arnón; la ciudad en medio del valle; toda la llanura de Medeba; Hesbón y las ciudades que dependían de ella, Dibón, Bamot-baal, Bet-baal-meón, Jahaza, Cademot, Mefaat, Quiriataim, Sibma, Zaret-sahar en el monte del valle, Bet-peor, las laderas del Pisga, Bet-jesimot; en suma, la parte meridional del reino amonita donde había reinado Sehón (Jos. 13:15-23). Las cuatro ciudades de Beser, Jaza, Cademot y Mefaat, junto con sus ejidos, fueron asignadas a los levitas descendientes de Merari (Jos. 21:7, 36, 37; 1 Cr. 6:63, 78, 79). Beser, la primera de estas ciudades, era además una ciudad de refugio (Jos. 20:8; 1 Cr. 6:78). Los rubenitas estaban expuestos a los ataques de los moabitas, sus vecinos inmediatos, y a los de los nómadas que se dedicaban al pillaje y que provenían del desierto, que podían penetrar en el territorio de Rubén por el este y el sur. Al comparar la lista dada aquí de las ciudades rubenitas con las que se nombran en Is. 15; 16; Jer. 48, y en la Piedra de Moab, se puede constatar que en la época de Mesa, y de los profetas Isaías y Jeremías, el territorio de Rubén había quedado muy disminuido por las conquistas de los moabitas. Este país está situado sobre una fértil meseta.

 RUBÍ (Véase PIEDRAS PRECIOSAS)

 RUDA

tip, FLOR LEYE MDIC

vet,

(gr. «pêganon»).

Planta medicinal, de gusto acre y amargo.

Los fariseos, por exceso de celo, la sometían al diezmo (Lc. 11:42), aunque la Ley no lo demandaba.

Esta planta herbácea, «Ruta graveolens», llega a una altura de 60 a 90 cm. Presenta hojas alternadas, de un gris azulado, y posee unas cavidades que tienen un aceite volátil, con un olor muy penetrante. Las flores, amarillentas, agrupadas en corimbos, presentan generalmente ocho estambres.

Originaria de las regiones mediterráneas, la ruda se cultivaba en Palestina y se empleaba como medicina; es posible que sirviera también de condimento. Si esta planta no hubiese sido cultivada no hubiera podido someterse al diezmo.

 RUDIMENTOS

vet,

«Elementos» o «principios».

El cristiano es advertido en contra de los rudimentos de este mundo, a los cuales ha muerto con Cristo (Col. 2:8, 20). Entre ellos se cuentan la «filosofía»; las concepciones gnósticas del mundo; las religiones gentiles, y la permanencia en los rudimentos primeros de la revelación de Dios, a lo que se hace referencia en He. 5:12; 6:1.

 RUFO

tip, BIOG HOMB HONT

vet,

= «rojo».

Hijo de Simón, el cireneo que fue obligado a llevar la cruz de Cristo (Mr. 15:21). Es posible que éste sea el cristiano a quien Pablo manda saludos (Ro. 16:13).

 RUMA

tip, LUGA

vet,

= «lugar elevado».

Lugar en el que vivía el abuelo del rey Joacim (2 R. 23:36). Es posible que se trate de Aruma, cerca de Siquem (Ant. 10:5, 2); o quizá de Ruma en Galilea (Guerras 3:7, 21), identificada con Khirbet Rumeh, a algo más de 9 Km. al norte de Nazaret.

 RUT

tip, BIOG MUJE MUAT

vet,

Joven moabita que se casó al principio con Mahlón de Belén, hijo de Elimelec y de Noemí. Mahlón había ido a vivir a Moab con sus padres, a causa del hambre que se sufría en Judá. Después de la muerte de Elimelec y de sus dos hijos, Rut abandonó Moab, acompañando a Noemí, su suegra, a Belén. La muchacha moabita se dedicó a espigar en los campos de Booz, pariente de Elimelec, que la acogió con benevolencia. Según la costumbre, un pariente de Mahlón tenía que casarse con la joven viuda. Booz la tomó como mujer una vez que un pariente más próximo de Noemí hubo renunciado al derecho de redención. El matrimonio entre Booz y Rut no tuvo lugar, estrictamente, en base a la ley del levirato expuesta en Dt. 25:7-10 (cfr. Rt. 1:11-13), ya que Booz no era hermano de Mahlón. Cuando la viuda de un hombre que hubiera muerto sin hijos y sin hermano quería vender su tierra, la costumbre exigía que el pariente más próximo o heredero del difunto rescatara el dominio de la viuda. La tierra quedaba así dentro de la familia. Pero la costumbre exigía asimismo que el pariente, siguiendo el principio del levirato, se casara con la viuda para no comprometer su propia heredad (Rt. 3:9; 4:5, 6). La asunción de estos deberes era considerada como un acto de generosidad y de lealtad hacia la familia. El primer hijo nacido de esta unión era considerado legalmente como hijo del difunto (Rt. 4:5, 10, 14, 17), y heredaba finalmente su propiedad en seguimiento de los derechos del primogénito.

 RUT (Libro)

tip, LIBR CRIT LIAT

vet,

El rollo del libro de Rut formaba parte de los Escritos hebreos que se leían en público con ocasión de ciertas celebraciones. Como describe la siega, se leía en Pentecostés, fiesta de las primicias. En la LXX y en la enumeración que hace Josefo de los libros canónicos, Rut figura inmediatamente después de Jueces, lo mismo que en nuestras versiones de la Biblia. El relato se sitúa en la época de los Jueces (Rt. 1:1) sesenta años o menos antes del nacimiento de David (Rt. 4:21-22). El libro relata el casamiento de un israelita piadoso con una moabita que adora a Jehová y que viene a ser bisabuela del rey David. Después del exilio, un matrimonio así hubiera sido considerado como deshonroso y no hubiera sido inventado.

Hechos confirmatorios de la autenticidad del relato:

En la época de Rut, Israel mantenía relaciones amistosas con Moab (1 S. 22:3, 4). El redactor no hace ningún comentario peyorativo acerca de este casamiento, y no se excusa por relatarlo, lo que indica una redacción anterior al exilio en Babilonia. El lenguaje, muy puro, indica asimismo una gran antigüedad, tanto como la del cap. 5 de Jueces. Pruebas de que el libro de Rut no recibió su forma definitiva hasta un largo tiempo después del acontecimiento relatado: el descalzamiento, en señal de testimonio, es presentado como una costumbre ya suprimida (Rt. 4:7). El libro acaba con la genealogía de David, lo cual puede ser el objeto mismo del relato; el designio del autor es señalar que su accesión al trono se debe a la intervención providencial de Aquel que quiere salvar no sólo a Israel, sino también a las naciones.

 

Bibliografía:

Baldwin, J. G.: «Rut», en Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1977);

Pfeiffer, C. F.: «Rut», en Comentario Bíblico Noody (Ed. Portavoz, Grand Rapids, 1993);

Young, E.: «Una Introducción al Antiguo Testamento» (T.E.L.L., Grand Rapids, 1977).

 RYLANDS (Fragmento) Véase JUAN [EVANGELIO DE], b, MANUSCRITOS BÍBLICOS (NT), PAPIRO.