¿Conflicto en la congregación?

La congregación es un cuerpo. Como tal tiene miembros y funciones diferentes.  Se mueve hacia un mismo fin, y obedece a una misma cabeza. Para que este organismo viva, crezca, sirva y se reproduzca, necesita armonía interna, relación y trato amoroso entre sus diferentes miembros.

La creación, desarrollo y mantenimiento de este ambiente es una de las importantísimas funciones del Espíritu Santo y de los líderes.  Por eso es muy válido el principio de que todo pastor es un creador de relaciones, y que toda congregación es una organismo de relaciones.

El conflicto en cierta medida es un mal necesario, algo que puede causar daño a una institución, pero que, si es bien manejado, origina beneficios a la misma.

Aquí, veremos primeramente qué es el conflicto, luego su inevitabilidad; en seguida observaremos sus funciones,  de ahí pasaremos a apreciar las señales de conflicto, posteriormente veremos cómo encarar el conflicto, entonces notaremos que los conflictos son reales, y por último, aprenderemos que el conflicto puede ser encarado con metas predeterminadas.

 

¿Qué es un conflicto?

El término “conflicto” tiene muchas acepciones.  Comúnmente estas definiciones expresan "problemas entre dos partes o incompatibilidad de intereses, metas, recursos, etc."  Estas acepciones enfocan el conflicto desde un punto de vista negativo, pero el conflicto no precisamente es negativo.  Puede también ser definido como "la necesidad de los individuos de expresar sus diferencias, potencialidades, creatividad y crecimiento".  De esta manera, se ubica al conflicto de una manera positiva y como parte de nuestras experiencias cotidianas.

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La palabra viene de latín y significa "chocar". Así pues, el conflicto es, de acuerdo a su origen latina, es un choque.

Los diccionarios modernos lo definen como: “Lo más recio de un combate”. “Punto en que aparece incierto el resultado de la pelea” (Real Academia); “choque de combate”, “lucha, antagonismo” (Larousse).

Los diccionarios de psicología restringen el significado: “Estado emotivo doloroso producido por una tensión entre deseos opuestos y contradictorios”.

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La congregación se enfrenta muy a menudo con conflictos.  Muchas ocasiones, consciente y hasta dolorosamente, mientras que otras veces inconsciente y  imperceptiblemente.  Aprender como tratar los conflictos es un aprendizaje necesario y crucial para el ministerio de la congregación.

 

El conflicto es inevitable

La congregación debe ser un cuerpo sin divisiones, aunque se presentan problemas y diferentes opiniones,

Abajo hay ejemplos el porqué surgen este tipo de conflictos.

Si anhelamos la felicidad de la congregación, tenemos que estar bien informados acerca de los conflictos.  La congregación debe estar dispuesta a pagar este costo, porque el conflicto, bien enfrentado y manejado es un poderoso impulsor del crecimiento y desarrollo, pero mal enfrentado y manejado es un destructor y arruinador de la misma.

 

Funciones del conflicto

Para que el conflicto sea es impulsor de crecimiento y desarrollo, hay que llevar a cabo las siguientes sugerencias:

El conflicto juega un papel muy importante en el desarrollo de la congregación.  Es a través del conflicto que las normas se revitalizan y se “ponen al día”.  Es cuando surgen nuevas normas que van a permitir el desarrollo de la vida comunitaria en una perspectiva más adecuada.  Es un mecanismo de ajuste, mecanismo que nos invita a revisar lo estructurado y estar alertas antes de que se dejen de lado los objetivos previamente fijados, o bien, que conscientemente se propongan nuevos modelos.

 

Conflicto-Reconciliación

Una de las más grandes bendiciones del evangelio es la reconciliación, precioso regalo de Dios.  La venida de Jesucristo fue para traer reconciliación.  Reconciliación es la palabra de gracia de Dios expresada al hombre en la sangre preciosa del Redentor.  El hombre no ha creado la reconciliación, es Dios mismo quien da la reconciliación como regalo.  En la solución del conflicto, nosotros no creamos la reconciliación, ésta es trabajo de Dios.  Nuestro trabajo es ayudar a otros y a nosotros mismos a tener confianza y buscar y crear ambientes en los cuales las posibilidades de la reconciliación se crezcan.  La fe cristiana presenta constantemente un mensaje de esperanza para el pueblo, para la creación entera.  No podemos ver hostilidades a nuestro derredor y proclamarlas y ahuyentarlas, sino presentar la realidad de la esperanza para todas las cosas.  La esperanza cristiana de la vida eterna y la renovación nos hacen ver todo con ojos renovados y es así como nos acercamos al conflicto.

 

Señales de conflicto

Hay algunos signos que anuncian la presencia o llegada de conflictos en el seno de una congregación o institución cristiana.

Encarando el conflicto

A pesar de las mejores intenciones, los conflictos surgirán en la mayoría de los grupos humanos, sean pequeños o no.  En tales ocasiones, se encontrará quiénes son realmente amigos.  Los conflictos son neutrales.  La manera en que se reacciona a ellos es lo que determina si la amistad o la comunión durará o se romperá.

Se han manejado muchos métodos para encarar el conflicto, pero por lo regular todos aceptan seis principios básicos de los que ha de partir el camino del enfrentamiento y que permitirán manejar constructivamente los conflictos:

Es necesario enfocar los intereses, y para ello hay que identificarlos.  Hay que “ponerse en los zapatos” del otro y pensar acerca de su elección, ¿por qué escogieron asi?  Cada lado tiene muchos intereses y no solamente uno, pero los más poderosos intereses son las necesidades humanas básicas, a saber: seguridad física, emocional, económica, reconocimiento, amor, control sobre su propia vida.

De esta manera es necesario separar el hecho del juicio, traer la opción para estudiarla en lugar de ver una respuesta sencilla.

Los objetivos han de determinar las acciones y criterios a seguir.  Encarar el conflicto de esta forma, nos llevará al análisis, la planeación y la discusión, viéndolos de manera constructiva y no teniendo temor de llevarlos adelante.

Conflictos reales enfrentamientos reales

Los conflictos hay que enfrentarlos como son, reales.  No podemos partir de elementos que están fuera del conflicto para trabajar, sino que será a partir de la misma presentación del conflicto.  Las siguientes observaciones pueden ser útiles al enfrentar la realidad de los conflictos:

Metas del enfrentamiento de conflictos

La reconciliación en Jesucristo de toda persona debe ser nuestro objetivo final.  Pero debe recordarse que sin ésta, no se da la reconciliación horizontal entre unos y otros.  Con esperanza y fe recordamos que vendrá el día final de la reconciliación y por ahora solamente podemos crear las condiciones y el ambiente que pueda acrecentar las posibilidades de que ocurra tal reconciliación.  Veamos:

-        Reducción del temor al conflicto. El temor al conflicto hace que la gente trate de evadir el problema que lo causa, pelear, llorar, crear apatía al problema, llamar por asistencia externa a la congregación, evitar cualquier cosa que recuerde el problema. Cuando la gente no tiene temor de encarar el conflicto, acepta los recuerdos que ellos hacen, son racionales, investigan completamente y enfrentan la tarea de la reconciliación. Cuidan de la vida y relaciones del grupo.

-        Decisiones claras.  Una característica de todo conflicto es un estado de desagrado o indecisión entre dos o más gentes.  Esto no quiere decir que toda indecisión es un conflicto, pero es el caso que en todo conflicto hay carencia de acuerdos entre dos o más personas.  Algunos conflictos resultan porque un grupo ha tomado una decisión, la cual a algún miembro no le parece.

-        Oportunidades de que los miembros influyan en las decisiones.  Cuando los miembros tienen la oportunidad de participar en la toma de decisiones, se desarrollan más sanamente.  Abrir estas oportunidades enriquecerá la vida del grupo.

-        Desarrollar la habilidad de manejar los conflictos individualmente.  Si un individuo aprende a manejar los conflictos grupales, será más fácil que maneje los conflictos personales.

-        Desarrollar pautas para manejar el conflicto.  Las constituciones, cánones, reglas parlamentarias, etc., son notorias por su vago y extraño método para lidiar con las diferencias.  Las reglas parlamentarias pueden ayudar a tomar las decisiones apropiadas, pero no ayudan a desarrollar conciencia de negociación, de allí que lo más importante es desarrollar pautas para manejar el conflicto.

-        Aprender sobre diversos temas.  Para sostener nuestras ideas debemos investigar los temas que abarcan y al hacer esta investigación, se realizará el aprendizaje de diversas áreas que formen parte del conflicto.

Por años se ha visto en el conflicto motivo de dolor, temor y hasta de rechazo.  La perspectiva que se presenta ahora es diferente.  El conflicto es en sí mismo una bendición de Dios para su pueblo y sus hijos.  Es un aprendizaje que hay que trazar y desarrollar, un canto de victoria y de esperanza.

En esta nueva perspectiva, se levanta también la constante y aguda tarea de aprender a enfrentar los problemas y las situaciones que surgen.  Tarea nada fácil, pero que sin duda, nos llevará a trazar día con día mejores recursos ambientales, espirituales y sociales para sacarle el máximo provecho a los diversos conflictos.

 

Enseñanza bíblica acerca del conflicto

El Señor Jesús quiere que sus congregaciones sean y estén unidas.  Una razón por la que el apóstol Pablo escribió la Primera Epístola a los Corintios fue que habían caído en disputas y facciones entre ellos mismos. 

Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer (1 Co. 1:10).

Este versículo representa el ideal de Dios para la congregación o cualquier otra institución cristiana.  La apelación de Pablo por armonía fue hecha en el nombre del Señor Jesús, y por buenas razones:

Primero, Jesucristo oró por la unidad entre sus seguidores (Jn. 17:20-23).  La unidad entre el Padre y el Hijo es la base y el patrón para la unidad de la congregación.  Cristo oró que sus seguidores fueran caracterizados por la misma clase de unicidad, y esto incluye a la congregación de hoy.

Segundo, la unidad está enraizada en el carácter de Dios. (Dt. 6:4; Ef. 4:4, 6).

Tercero, la congregación es descrita o pintada en la Biblia como una sola unidad, un cuerpo del cual Cristo es la cabeza (Col. 1:18).

La discordia y las divisiones batallan contra la propia naturaleza de Dios.  El llamado a la unidad es una cosa, y alcanzarla es otra muy diferente.  Sólo cuando la congregación concuerda con lo que la Biblia dice, es cuando es posible tratar exitosamente las situaciones difíciles y encontrar la armonía.  Cuando el conflicto aparezca, los líderes de la congregación deberían tomar los siguientes pasos:

            1.- Identificar el problema.

            2.- Tener o tomar la actitud correcta.

            3.- Seguir el patrón o procedimiento bíblico.

            4.- Seguirlo con compasión.

 

1.- Identificación del problema.

Los cuatro tipos más comunes de conflictos que causan la mayoría de divisiones en la congregación son:

·        Disputas doctrinales.

·        Conflictos de personalidades.

·        Diferencias en cuanto a las políticas.

·        Problemas de disciplina.

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Primeramente, las disputas doctrinales. Las disputas doctrinales no son algo nuevo en la historia de la congregación.  En la historia del cristianismo, y desde tiempos del Nuevo Testamento la congregación ha tenido que hacer frente a este conflicto. Cristo mismo apercibió a sus seguidores respecto a los falsos profetas (Mt.7:15), y Pedro habló del trato a los falsos maestros (2 P. 2).  En sus cartas Pablo escribió frecuentemente acerca del peligro del error doctrinal (1 Ti. 1:3; 2 Ti. 2:15, 18).  Los líderes de la congregación tienen la difícil tarea de proteger a la congregación del error.  La falsa enseñanza no debe ser permitida, sino que debe hacerse todo esfuerzo posible para tratar con el problema apropiada y efectivamente.

En segundo lugar, los conflictos de personalidades.  Algunas veces cristianos sinceros y genuinos tienen una real diferencia de opinión acerca de algún asunto dentro de la congregación.  Pero cuando tal desacuerdo llega a adquirir proporciones de enemistad, ellos pueden llegar a destruir la unidad de la congregación local.  Tenemos ejemplos bíblicos acerca de esto: En 3 Jn. 9,10 se habla de Diótrefes, quien amaba la preeminencia.  Los corintios se habían dividido en facciones sobre varios asuntos.  Unos tenían su maestro o predicador favorito (1 Co. 1:10-17), otros se llevaban ante la corte (6:1-11), y además, venían al servicio de comunión centrados en sí mismos en vez de buscar la unidad del cuerpo (11:17-22).  Los líderes eclesiásticos deben ser capaces de ver las cosas diferentemente sin disputar o crear sentimientos adversos y negativos hacia otros hermanos.  Un ejemplo de esto son Pablo y Bernabé (Hch. 15:36-41).

En seguida, los desacuerdos por políticas.  La política de la congregación es la manera en que la congregación hace las cosas, sea siguiendo una estructura organizacional o poniendo en práctica algo.  El apóstol Pablo instruyó a las congregación a conducirse en una manera ordenada.  El dio lineamientos específicos acerca de la adoración y el orden de la congregación (1 Co. 11:17-34; 1 Ti. 3:5).  Existen aún muchos detalles de la vida eclesiástica que no están mencionados en el Nuevo Testamento.  Si las Escrituras no son específicas sobre un asunto, los miembros deben una posición, pero deben ser flexibles en los puntos donde la Palabra de Dios no es clara.

Por último, problemas de disciplina.  Cuando se sigue el patrón bíblico, una mayor unidad puede resultar y la victoria espiritual puede ser alcanzada. Nuestra responsabilidad es distinguir entre lo que es carnalmente motivado y lo que viene de un deseo de pureza y restauración, y después actuar acordemente.

 

2.- Tener o tomar la actitud correcta.

Primero, demostrar amor.  Cuando las diferencias ocurren, los miembros pueden discutir el asunto sin llegar al sarcasmo o los ataques personales.  Las palabras duras o ásperas, respuestas llenas de enojo o amargura son eliminadas en una atmósfera de amor (Col. 3:12-14; Ef. 5:1-2; 1 P. 4: 8).

En segundo lugar, tener paciencia.  Uno no puede esperar que coexistan pacientemente los hermanos en la congregación si rechazamos los primeros versículos de Efesios 4.  Pablo llama a los creyentes a “vivir dignamente de acuerdo a la vocación con la que han sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (4:1-3).  Esperar pacientemente es mucho mejor que atacar a una persona o situación que produce conflicto.

Por último, ser humilde.  La congregación no existe solamente para proteger los derechos individuales de cada miembro, sino para avanzar la causa de Cristo.  Por lo tanto, los derechos personales deben ser amorosa y pacientemente puestos a un lado para que la causa de Cristo avance.  Las palabras de Pablo en Filipenses 2:3, 4 muestran la importancia de tener una actitud de humildad.

 

3.- Seguir el patrón bíblico. 

Primero, para tratar problemas personales el patrón está en Mateo 18:15-20.  La confrontación debe ser amorosa e individualmente. Si no se consigue la solución del conflicto, debe llevarse al hermano ante dos o más testigos.  En última instancia se debe llevar el asunto ante la congregación.

Segundo, si se trata de resolver problemas de políticas de la congregación.  El pasaje clave es Hechos 6:1-7.  Primero se encara el problema. Luego se entra en acción inmediatamente, no dejando que el asunto se complique más.  También hay que demostrar confianza en otros y permitir que tomen parte en el asunto.

Tercero, si son problemas de índole doctrinal el pasaje clave es Hechos 15:1-29. Antes que otra cosa hay que elaborar una estrategia. Luego hay que revisar el conocimiento que se tiene sobre el tema doctrinal a tratar.  Siempre hay que ser firme, pero flexible.  Se debe ser abierto pero de una sola pieza.  En asuntos doctrinales no hay que dar el brazo a torcer.

 

4.- Demostrar compasión.

Primero, hay que recordar que las personas son importantes.  El conflicto necesita ser resuelto sin arruinar al individuo.

Segundo, el seguimiento es un esfuerzo a nivel individual y de congregación.  Cada cristiano es responsable por el cuidado y bienestar de otros.  Por lo tanto, si la paz va a regresar, cada uno de los miembros debe participar.

Tercero, el seguimiento debe reflejar la mente y el carácter de Dios.  Esto significa que las diferencias deberán ser resueltas en un espíritu de sabiduría divina y amor.

Cuarto, el seguimiento no es un compromiso.  Este no es un esfuerzo para aliviar los sentimientos de las personas puestas bajo disciplina en la congregación.  Porque ya de cierto, éstas se sienten heridas.

Quinto, sin el seguimiento nunca se podrá llegar a un acuerdo total del conflicto.

 

Conclusión

El deseo y la oración de Cristo es que exista unidad entre sus seguidores.  Así lo expresó en su oración sacerdotal (Jn. 17).  Es nuestra tarea trabajar juntos para lograr y mantener esa unidad.

Se requiere unidad en las cosas importantes y cardinales, libertad en las cosas periféricas o no importantes, y AMOR en todas las cosas.