LA ENFERMEDAD MORTAL DEL HOMBRE

Hay muchas enfermedades que azotan al ser humano, aunque muchas de estas enfermedades sean curables con la medicina actual o con la destreza de los médicos en las intervenciones quirúrgicas. Pero hay una enfermedad que es más mortal de todas y no se puede detectar por la ciencia, ni por los médicos ni tiene cura por la medicina. No estoy hablando del Sida o del Cáncer o de algo parecido, no, no estoy hablando de estas enfermedades que matan también al ser humano; estoy hablando de la enfermedad que se llama el pecado que condena al hombre a la muerte eterna. La Palabra de Dios no nos deja en duda acerca de la condición del hombre y de su enfermedad mortal y quiere que cada persona conozca completamente la profunda y deplorable situación y la necesidad de un medico que sea capaz de salvarles la vida. Este medico es Jesucristo, El único que capaz de sanar de esta enfermedad mortal. La Biblia nos muestra lo que es capaz Cristo:

 

1. Está muerto y necesita regeneración (Ef. 2: 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2:2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia;

 

3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 3:15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 3:18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 3:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
 

Muerte, en las Escrituras, significa separación. La muerte física ocurre cuando el espíritu se separa del cuerpo (Santiago 2:26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta).

La muerte espiritual es la separación del hombre pecador de la vida de Dios. Ef. 4:18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; Jn. 11:25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá).

 

La muerte segunda es la fijación eterna de este estado de separación de Dios, en lo que se refiere a cuerpo alma y espíritu (Ap. 20:12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 20:13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 20:14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 20:15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego).

 

La muerte ha sido definida como “el cese de relación con el medio ambiente”. Adán murió espiritualmente el día que comió del árbol prohibido porque su relación con Dios cesó y más tarde murió físicamente.  (Gn. 2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás).

Ejemplo del hijo prodigo: Lucas 15:24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado y comenzaron a regocijarse.

¿Cuándo estaba muerto el hijo pródigo? Mientras estaba en el país lejano, separado de su padre. Lo confirma en: 1 Timoteo 5:6 Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta.

Puesto que el hombre está  muerto en lo que a su relación con Dios se refiere, su gran necesidad es vida de Dios. La acción de impartir esta vida se llama regeneración o nuevo nacimiento. En Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, 1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

 

El nuevo nacimiento no se consigue por:

Luego viene la grandiosa verdad, “sino de Dios”. Dios únicamente es la fuente. Únicamente cuando Dios vivifica puede vivir el hombre (1Jn. 5:1 Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él).

Oyendo la Palabra de Dios con fe y recibiendo a Cristo como Salvador, el pecador es sellado con el Espíritu de Dios y así es regenerado. (Jn. 5:24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
5:25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán
. Gá. 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?; Ef. 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa).

 

2. Está perdido y necesita ser sellado (Lc. 19:10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido; 2Co. 4:3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto).

La palabra perdido implica dos cosas: Que una cosa no es poseída por su dueño legal o que una persona no sabe donde está o cómo encontrar el camino que quiere. En Lucas 15:

Parábola de la oveja perdida

15:1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
15:2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
15:3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:
15:4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
15:5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;
15:6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
15:7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

 

Parábola de la moneda perdida

15:8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
15:9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.
15:10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

 

Parábola del hijo pródigo

15:11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;
15:12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.
15:13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
15:14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.
15:15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.
15:16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
15:17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
15:18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
15:19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
15:20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
15:21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
15:22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
15:23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
15:24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
15:25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;
15:26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
15:27 El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.
15:28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
15:29 Más él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.
15:30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.
15:31 El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
15:32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

 

La palabra “perdido”  y derivados del verbo “perder” ocurre siete veces y tenemos una descripción triple del pecador.

Comprendamos lo que implica la palabra perdido  y recordemos que el pecador necesita ser hallado y salvado. La salvación es obra de Dios. Sólo El puede hallar al descarriado, levantar al caído y poner en el corazón del pródigo el deseo de volver a su Padre.

 

3.    Es un esclavo que necesita redención. El pecador está bajo el control y poder de otro. El pecado es un amo y el pecador un esclavo incapaz de librarse a sí mismo

Los endemoniados Gadarenos

Juan 8:28 Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. 8:29 Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? 8:30 Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. 8:31 Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. 8:32 El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. 8:33 Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. 8:34 Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.

 

Romanos 6:15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 6:16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 6:17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 6:18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 6:19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.
6:20
Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.

Romanos 7:14 Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado

 

Por lo tanto, necesita ser redimido. Redención es el acto por el cual se libera a una persona o cosa del poder de otra, pagando el precio de rescate.

Este mundo es como una colonia penal en la cual hombres y mujeres trabajan como esclavos de la mentira, blasfemia, lujuria, codicia, orgullo, bebida, moda, placer, egoísmo, religión, etc. ¿cómo van a ser redimidos y libertados de su esclavitud? Necesitan ser traídos en contacto con Cristo el Redentor.

 

a. El que vino para redimir (Lc. 4:18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 4:19 A predicar el año agradable del Señor; Mr. 10:45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos).

 

b. El que pagó el precio del rescate (Gá. 3:13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero; 4:4 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos; 1Co. 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.; 1P. 1:18,19  sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación).

 

c. El vive siempre para librar de esclavitud al pecador a todo pecador que acuda a El (Jn. 8: 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 8:35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 8:36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres; Ef. 1:7 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad; Gá. 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud).

La liberación del castigo y del poder del pecado se encuentra en una sola persona y esa persona es el Cristo Jesús.

 

4. Es un ciego que necesita iluminación

a. el hombre, por naturaleza, está ciego a las realidades espirituales. Su entendimiento está oscurecido (Ef. 4:18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón).  Está cegado por Satanás (2Co. 4:4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios). No puede ver el reino de Dios (Jn. 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios). No puede recibir o comprender las cosas espirituales (1Co. 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente). Mora en la oscuridad  y ama las tinieblas (Jn. 1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella; 3:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas). Por lo tanto necesita que sus ojos espirituales sean abiertos (Hch. 26:18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados).

 

b. Cristo vino para traer luz (Jn. 8:12; 9:5; Lc. 4:18).Sus palabras dan luz acerca de Dios, el pecado, el pecador, la salvación, los problemas de la vida y el horrible destino del que le rechaza (Sal. 119.130).

 

c. Todos los que confían en Cristo son traídos a la luz (2Co. 4:6; Ef. 5:8). No nos sorprendamos cuando una persona inconversa nos diga: “Pero no puedo ver las cosas de esa manera”. ¿Cómo podrán ver, a menos que sus ojos sean abiertos? Las Escrituras, cuando son aplicadas por el Espíritu de Dios abren los ojos del pecador a su necesidad del reino de Dios.

 

 

5. Es un rebelde que necesita reconciliación.

 

a. El hombre se encuentra en un estado de rebeldía contra Dios (Ro. 5:10; 8:7,8; Col. 1:21; Tit. 3:3). Odia la verdad, resiste la Palabra de Dios y se opone a que Dios tenga su legítimo lugar como Señor Supremo (Ro. 1:20, 2; Dn. 5:23). Las últimas palabras del texto en Daniel son la acusación de Dios contra la humanidad. Esta actitud de rebelión ha sido descrita así: “Un rostro iracundo, un puño cerrado y amenazante, y el blanco de todo esto: Dios Todopoderoso”.

 

b. El hombre necesita ser reconciliado. Debe volver a Dios arrepentido y sumiso para llegar a ser un súbdito leal. En Lucas 14:31,32 tenemos un rey (el pecador9, reuniendo sus fuerzas y tomando consejo consigo mismo para ver si puede, con su despreciable ejército de pecados, deseos, opiniones, resoluciones y voluntad, enfrentarse a los 20.000 santos requisitos, propósitos y preceptos de Dios. Por fin decide buscar condiciones de reconciliación. Estas son simples. El pecador debe confesar su rebelión, creer el evangelio y rendirse incondicionalmente a Cristo. Así vendrá bajo la benéfica autoridad y señorío de Aquel por cuya sangre fue hecha la paz (Col. 1:20; 2Co. 5:19-21).

 

6. Es un criminal que necesita justificación.

El pecado es un delito contra el santo trono de Dios y su gobierno moral. Cada creyente debe saber lo que la Palabra de Dios dice sobre el pecado.

 

a. El hombre es pecador por naturaleza. Esto quiere decir que nació en este mundo con una naturaleza  opuesta a Dios (Sal. 51:5). A esta naturaleza se le llama “la carne” y ella ama todo lo que Dios aborrece y viceversa (Ro. 8:5-9). Una persona no tiene que pecar para llegar a ser pecadora, sino que peca porque es pecadora. La naturaleza pecaminosa es la raíz de la cual las palabras y los hechos pecaminosos son los frutos (Mr. 7:21,23; Jer. 17:9).

 

b. El hombre es pecador por elección y por práctica. Esta naturaleza pecaminosa pronto  se pone en evidencia por los pensamientos pecaminosos cobijados en la mente, las palabras que escapan de los labios, las acciones pecaminosas en la vida y una actitud general pecaminosa con respecto a Dios. Dios ofrece un retrato de cuerpo entero del pecador en Romanos 3:10-19,23. todo pecado , sea contra nosotros mismos o contra nuestros semejantes es, en primer lugar, contra Dios (Sal. 51:4). La enormidad del delito se determina según la persona contra quien se haya cometido, y todo pecado es un crimen contra Dios (Os. 7:2; Am. 5:12; Sal. 14:2,3; Ro. 1:28-32; Tit. 3:3). Dios aborrece los pecados que cometemos con la mente (Mt. 5:28), con palabras (Mt. 12:34-37) y con Hechos (Jer. 44:3,4; Pr. 6:16-19).

 

c. El hombre necesita justificación delante de Dios. Justificar es declarar justo. Justificación es el acto de Dios por el cual El declara justo al pecador que confía en el sacrificio expiatorio de su Hijo Jesucristo y lo recibe como Salvador y Señor. Es mucho más que perdón, porque Dios ve al creyente como si nunca hubiera pecado (Ro. 3:24-26; 5:1,2; Gá. 2:16).

 

7. Es un deudor que necesita perdón.

 

a. El pecador está en bancarrota. No puede pagar su deuda con Dios. El hombre debe a Dios una vida de obediencia a sus leyes, honra a su padre y servicio a su causa. En todo esto ha fracasado miserablemente (Lc. 7:41,42). Dios ha dado al hombre la vida y todas sus facultades y un día el hombre tendrá que dar cuenta a Dios (Ro. 14:12). Muchos se imaginan que pueden pagar su deuda ya contraída firmando pagares de vivir una vida mejor en el futuro, peo todas estas esperanzas son vanas. Ni buenas obras, ni lágrimas, ni ejércitos piadosos, ni buenas resoluciones pueden pagar la deuda.

 

b. Dios, ha provisto el perdón. No puede absolver, cancelando esa deuda, gracias a la obra de su Hijo. Cristo asumió nuestra responsabilidad y pagó la deuda con su sangre preciosa (Is. 43:25; 44:22; 55:7; Mi. 7:18,19: Hch. 3:19; 13:38; Col. 2:13).