LA LENGUA

Efesios 4:29  “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,  sino la que sea buena para la necesaria edificación,  a fin de dar gracia a los oyentes.”

 

¿Por qué lastimo con mis palabras? ¿Por qué exagero siempre en mi hablar? ¿Por qué  critico a los demas? ¿Murmuro sobre la conducta de otros?

 

 Santiago 3:1-9

3:1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
3:2 Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. 3:3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. 3:4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.
3:5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! 3:6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. 3:7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; 3:8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. 3:9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.

 

Tenemos que aprender que nuestra lengua utilizada correctamente será instrumento de bendición, pero usado incorrectamente será un instrumento de maldición; tenemos una gran responsabilidad de pensar antes de hablar. Por eso la Escritura nos hace el siguiente llamado en Efesios 4:29  “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,  sino la que sea buena para la necesaria edificación,  a fin de dar gracia a los oyentes.

 

1. Antes de hablar meditamos en las cosas que vamos a decir.  Santiago 3:2 Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.

Nuestras palabras tienen un impacto, por eso debemos reflexionar primero en lo que vamos a decir y no ser reactivos ni emocionales. Perfecto: aquel que ha alcanzado su nivel de madurez y desarrollo. Para llegar a ser ese varón perfecto tenemos que crecer en el nivel de desarrollo de nuestro lenguaje.

 

Es en nuestro corazón donde se determina qué palabras van a salir de nosotros, por eso necesitamos estar llenos del Espíritu Santo para que nuestra lengua esté llena del poder del Espíritu santo. Cuando el Espíritu Santo viene sobre nosotros va a venir a tomar control de nuestro hablar para que se cumpla Efesios 5:19 “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales,  cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”. 

 

Pero esto implica un proceso, que nos muestra Efesios 4:29-32

4:29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 4:31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
4:32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

 

Para que no haya corrupción en nuestro hablar, la palabra de Cristo debe habitar profundamente en  nuestros corazones. Cuando la Biblia habla de palabras corrompidas se refiere a todo lo que no edifica, la crítica, la culpa, la burla, el desánimo, el engaño, etc. por eso debemos tener mucho cuidado con las palabras que salen de nuestra boca.  Por eso Salomón escribió en Proverbios 10:19 En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.

 

2.  Pongamos freno a las palabras necias para que no salgan de nuestra boca. Cuando estamos enojados, irritados o molestos, necesitamos ayuda del Espíritu Santo, de lo contrario vamos a recoger lo que sembramos; La Bíblia nos enseña en Mateo 12:34 “...de la abundancia del corazón habla la boca”.  Tu corazón le da significado a tus palabras. La boca hablara maldad, pero el origen se encuentra en el corazón. Por eso es muy importante evaluar si nuestro corazón esta conforme a la voluntad del Espíritu Santo y las palabras que salen son de nuestra boca son para la destrucción o son para edificación.

 

¿Por qué lastimo con mis palabras? ¿Por qué exagero siempre en mi hablar? ¿Por qué  critico a los demas? ¿Por qué Murmuro sobre la conducta de otros?

 

La respuesta está en el corazón. Si nuestra intención es mala, vamos a actuar y hablar aunque sepamos que estamos equivocados y vamos a hacer daño. Lucas 6:43-45

6:43 No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto.
6:44 Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.
6:45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

La raíz de conflicto esta en corazón; la lengua solamente es el instrumento.  Esta fue el arma que Satanás utilizó en el Edén para engañar la creación de Dios: fueron las palabras que vinieron a poner en tela de juicio la palabra de Dios, su integridad, su intención. 

 

¡Cuidado con lo que oyes! La sabiduría terrenal produce celos amargos, mentira y perturbación, pero la sabiduría de Dios produce lo que es pacífico, amable, benigno, misericordia, buenos frutos; ahí no hay hipocresía, escarnio, truhanerías.

 

3. Sometemos nuestra lengua al poder del Espíritu Santo. Tenemos que permitir que el Espíritu Santo habite en nosotros para que siempre que hablemos haya en nosotros una palabra de bendición y vida. Proverbios 16:28  El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos”.    Debemos ser muy cuidadosos antes de comentar lo que hemos escuchado si no nos consta, no sabemos que es realidad, pero asumimos que lo es y nos atribuimos el derecho de juzgar y decretar.  Recordemos el principio de  Gálatas 6:1

6:1 Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

 

4.  Desechamos aquellas costumbres  mundanas. Soltamos morbo frente a un conglomerado pidiendo oración por aquel que ha fallado, pero en el fondo del corazón nos queremos sentir justos. ¿Por qué quiero contarlo? ¿Qué me motiva?

 

Un elemento que daña mucho dentro de la iglesia es cuando nos confían algo y lo soltamos en público. Pensemos antes de hablar ¿estoy violando su confianza?  Romanos 12:5 “Somos un cuerpo en Cristo,  y todos miembros los unos de los otros”  Cuando tú hablas de alguien estás dañando al Cuerpo de Cristo, afectando al Reino de Dios y te dañas a ti mismo.  Y es por eso que hay personas que no creen en Cristo porque los mismos cristianos le han contado a inconversos debilidades de cristianos.

 

Santiago 4:11 Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez., Mateo 12:37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. Debemos ser muy cuidadosos con el sarcasmo, chistes de doble sentido, burlas que lastiman o apodos que hieren  ¿Por qué lo hago? ¿Será porque estoy molesto, no he tenido paciencia, no he perdonado; no tengo el valor de ir directamente con la persona a fin de reconciliarnos, no de humillarnos; busco la reconciliación sin  argumentar y remover el pasado?

 

Reflexionamos tal y como nos exige la escritura: Debemos aprender a hablar con sabiduría. Tengamos cuidado con nuestra boca. Recordemos el llamado de Efesios 4:25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.