EVANGELISMO PERSONAL

LECCIÓN 1

DEFINICIÓN DEL EVANGELISMO PERSONAL

Ciertamente ninguno dudará  de la importancia de este tema, ni de la necesidad que hay de practicar el evangelismo personal. El mundo actual necesita del ministerio de un ejército de hombres creyentes, de todas las edades, “cuyos corazones Dios ha tocado” (1S. 10:26), y en quienes haya puesto el deseo de ganar almas para Cristo. Además de predicadores y maestros, hacen falta obreros personales que tengan como la ambición de sus vidas guiar a los perdidos al conocimiento del Hijo e Dios, quien salva y satisface: conocerle es vida eterna (Jn. 17:3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado).

J. B. Bellet, autor de “La Gloria Moral del Señor Jesucristo”, al fin de su vida dijo: “Si pudiera volver a vivir, dedicaría mi vida al ministerio de Sicar”. Se refería al trabajo personal que nuestro Señor hizo con la mujer samaritana (Juan 4).

4:5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.

 4:6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.
4:7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo:
Dame de beber.
4:8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
4:9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.

4:10 Respondió Jesús y le dijo:
Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
4:11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
4:12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
4:13 Respondió Jesús y le dijo:
Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
4:14
mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
4:15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
4:16 Jesús le dijo:
Ve, llama a tu marido, y ven acá.
4:17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo:
Bien has dicho: No tengo marido;
4:18
porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
4:19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
4:20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
4:21 Jesús le dijo:
Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
4:22
Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
4:23
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
4:24
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
4:25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.
4:26 Jesús le dijo:
Yo soy, el que habla contigo.
4:27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?
4:28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
4:29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?
4:30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
4:31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
4:32 El les dijo:
Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
4:33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?
4:34 Jesús les dijo:
Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
4:35
¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
4:36
Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
4:37
Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
4:38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
4:39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
4:40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
4:41 Y creyeron muchos más por la palabra de él,
4:42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

 

Miles de almas han sido guiadas a Cristo, no por haber oído a un evangelista famoso, sino por medio de algún modesto, piadoso y fiel ganador de almas que buscó, con tacto y amor, guiarles a Cristo. Tal vez el lector de estas líneas sea uno de los tales. Si es así, escuche el mandato del Señor: “Ve, y haz tú lo mismo” (Luc. 10:37).

C. H. Spuergeon, el “Príncipe de los Predicadores”, dijo: “Si yo fuera absolutamente egoísta y no me preocupara más que por mi propia felicidad, aún así escogería dedicarme a ganar almas para Dios, porque nunca conocí alegría más indescriptible, pura y rebosante que la que lleno mi ser el día que oí de uno que había buscado y hallado al Salvador por mi intermedio. Jamás joven madre se regocijó más sobre su primogénito, ni se ha exaltado más guerrero después de obtener disputada victoria”. No obstante, después de leer un testimonio tan ardiente, son pocos los que desean experimentar esta alegría indescriptible, pura y rebosante.

R. A. Torrey testificó sobre lo mismo, declarando que conocía muy poco del gozo de la salvación hasta que ganó la primera alma para Cristo.

Verdaderamente no hay gozo comparable al de ganar almas. Si como resultado del estudio de este curso algunos llegan a ser más ardientes, expertos y fieles ganadores de almas, el esfuerzo de prepararlo habrá valido la pena.

Hay muchos buenos libros sobre evangelismo personal que se pueden obtener en librerías evangélicas. La lectura de tratados evangélicos y artículos en revistas cristianas proveerán al ganador de almas buenas ilustraciones que podrá usar al tratar con sus amigos. Sin embargo, no es la lectura de libros, tratados, revistas, ni aún el estudio  de este curso por correspondencia, sino la práctica lo que producirá los resultados deseados y nos hará ganadores de almas como Dios quiere que seamos.

Antes de dar principio al estudio sobre evangelismo personal, queremos recomendar cuatro cosas esenciales:

 

1. ORACION ante el trono de la gracia pidiendo un corazón que reciba y obedezca la verdad de la Palabra de Dios. Necesitamos sabiduría espiritual que sólo Dios puede dar y que se deleita en otorgar en respuesta a la oración de fe. (Stg. 1:5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada).

 

2. CONSTANCIA en el estudio y en la práctica. Esto no es fácil. La tendencia de la mayoría de los estudiantes, particularmente en un curso por correspondencia, es principiar con un alarde de entusiasmo que promete mucho, pero que poco a poco va mermando hasta que las lecciones son descuidadas, y finalmente abandonadas. Esto resulta en una gran pérdida para el alumno y en desaliento para el maestro. “Así que hermanos míos, estad firmes y constantes…” (1Co. 15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano).

 

3. MEMORIZACION de los pasajes de la Escritura indicados. Esto requiere esfuerzo y sacrificio. No hay camino fácil. Quizá el mejor método para memorizar es conseguir una cantidad de tarjetas y escribir de un lado la referencia de versículo que se desea aprender, por ejemplo: Romanos 10: 8, 9, 10.

10:8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
10:9
que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10:10
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación

Del otro lado aparecerán estos versículos cuidadosamente copiados de la Biblia. Una vez que tenga un buen número de estas tarjetas, procure llevarlas consigo siempre y al viajar al lugar de trabajo, al caminar o al esperar alguna cosa, podrá usarlas. Primero lea la referencia, tratando de repetir de memoria el versículo indicado. Así recorra las tarjetas tratando de repetir, sin error, toso los versículos que tenga en la mano. En otra ocasión invierta el procedimiento, leyendo los versículos y tratando de recordar la referencia.

El constante repaso hará que estas Escrituras lleguen a ser parte de su existencia y así, saturado con las Escrituras, llegará a ser experto en el uso de “la Espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios” (Efesios 6:17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios). Recordemos que la Palabra de Dios, aplicada por el Espíritu de Dios, la que produce convicción de pecado, genera fe y resulta en el nuevo nacimiento.

Jn. 16:7-13

16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
16:8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
16:9 De pecado, por cuanto no creen en mí;
16:10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;
16:11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
16:12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.
16:13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Ro. 10:17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios

Stg. 1:18 El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas

1P 1:23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre

 

4. APLICACION. Ya lo hemos dicho antes. El valor de este curso depende enteramente de la medida en que estos principios que gobiernan la obra de ganar almas sean individualmente aplicados y practicados por cada estudiante.

Habiendo echo estas observaciones preliminares, entraremos de lleno a nuestro estudio sobre evangelismo personal. Nuestro tema se dividirá en ocho secciones principales, a saber:

1. definición.

2. Importancia.

3. Requisitos.

4. Impedimentos.

5. Objetivos.

6. Métodos.

7. Operación.

8. Recompensa.

 

¿QUE ES EVANGELISMO PERSONAL?

Evangelismo personal es la obra que hace un creyente al mostrar a otra persona, con base en la Palabra de Dios:

1. Su necesidad, como pecador perdido y culpable, de la salvación provista por Dios

2. Que Cristo, el Hijo de Dios, es el Salvador que necesita.

3. Cómo hacer de Cristo su Salvador personal

4. Lo que involucra reconocer a Cristo como Señor y Dueño.

5. Que la Palabra de Dios puede satisfacer todas las preguntas, dificultades y objeciones que pueda tener una persona.

 

Para llevar a cabo esta obra, todo creyente debe hacer suyo el lema del apóstol Pablo: “Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho todo, para que de todos modos salve a algunos” (1Co. 9:22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos). Tengamos en mente también lo que dice Proverbios 11.30: “El que gana almas es Sabio”.

Si queremos apreciar lo que es el evangelismo personal y sentir nuestra responsabilidad al respecto, haremos bien si respondemos a las siguientes preguntas, solemne y sinceramente, en la presencia de Dios:

 

1. ¿Creo realmente que Dios desea salvar a los hombres?

1Ti. 2:3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
1Ti. 2:4
el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

2. ¿Creo que Dios puede salvar a los hombres usando instrumentos humanos?

3. ¿Creo que Dios puede utilizarme a mí? ¿Soy salvo yo mismo? ¿Estoy contento y seguro de mi propia salvación?

4. ¿Creo que Dios me utilizará a mí?

5. ¿estoy dispuesto a que Dios me utilice?

 

Hace años D. L. Moody oyó a Henry Varley decir: “El mundo todavía no ha visto lo que Dios puede hacer con un hombre que esté completamente rendido a El Moody determinó que, por la gracia de Dios, él sería tal hombre. El resultado de su vida dedicada a Cristo es elocuente testimonio a la verdad de la declaración de Varley Ro. 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
12:3
Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

1Co. 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
6:20
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Hch. 20:24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

Fil. 1:20, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.
1:21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

 

Que mi vida entera esté consagrada a Ti, Señor;

Que a mis manos pueda guiar el impulso de tu amor.

Que mis pies tan sólo en pos de lo santo puedan ir,

Y que a Ti, Señor, mi voz se complazca en bendecir.

Que mi tiempo todo esté consagrado a Tu loor,

Que mis labios al hablar, hablen sólo de tu amor.

Toma, oh Dios, mi voluntad y hazla tuya, nada más;

Toma, si, mi corazón; por tu trono lo tendrás.

Toma Tú mi amor, que hoy a tus pies vengo a poner;

Toma todo lo que soy. Todo Tuyo quiero ser.

 

LECCION 2

IMPORTANCIA DEL EVANGELISMO PERSONAL

Notaremos siete razones de la importancia de este trabajo:

I. TIENE EL RESPALDO DE LAS ESCRITURAS POR PRECEPTO Y EJEMPLO

A. Dios mismo lo desea, y esto lo sabemos:

1. Por la revelación de su nombre. El nombre de Dios describe su carácter. Dios habla de si mismo como Salvador siete veces en le Antiguo Testamento:

Salmo 106:21Olvidaron al Dios de su salvación, Que había hecho grandezas en Egipto,

Isaías 43:3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.

Isaías 45:15 Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas.
45:21 Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.

Isaías 49:26 Y a los que te despojaron haré comer sus propias carnes, y con su sangre serán embriagados como con vino; y conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob

Isaías 60:16 Y mamarás la leche de las naciones, el pecho de los reyes mamarás; y conocerás que yo Jehová soy el Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.

Isaías 63:8 Porque dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue su Salvador.

EL mismo título se encuentra en le Nuevo Testamento en pasajes como

Lucas 1:47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador

1Timoteo 1:1 Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza

1Timoteo 4:10 que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.

Tito 1:3 y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador 2:10 no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.

Judas 25 al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.

 

2. Por el deseo de su corazón revelado en Ezequiel 33:11 Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?  

Ezequiel 18:23,32;

18:23 ¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?
18:32 Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.

Oseas 11:8¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim?Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión.  

1Timoteo 2:4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad

2Pedro 3:9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

 

3. Por su acción de amarnos. Cristo vino, no para que Dios pudiera amarnos, sino porque Dios nos amó.

2 Corintios 5:19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

1Jn. 4:14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.  

Gá. 4:4;

Hch. 3:26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

Jn. 3:16 Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
3:17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.

Dios mismo está intensamente interesado en la salvación de los pecadores.

 

B. Cristo lo enseñó en dos formas:

1. Por su ejemplo. Aunque su ministerio público solamente duró poco más de tres años no descuidó el trabajo personal.

 

a. Eligió a sus discípulos individualmente.

Mr. 1:16;

 Mr. 3:14;

Jn. 1:43;

Mt. 4:21, 22;

Mr. 9:9

 

b. Trató con muchas personas en conversaciones personales

Juan, 3, 4, 5, 9;

Lc. 7:36-50; 10:38-40, 23:39-43

Grandes verdades como el nuevo nacimiento y la adoración fueron reveladas a individuos.

 

2. Por su mandamiento (Mt. 28:19,20; Mr. 16:15,16). Busque la palabra “toda” o “todos” que ocurre cuatro veces en Mateo 28:18,20.

 

En Marcos 1:17 y Lucas 5:10 el llamado es a se pescadores de hombres. Hay dos pescadores de hombres en el mundo: el creyente y Satanás. La palabra que se traduce “pescar” en los evangelios ocurre en 2Timoteo 2:26 donde se traduce “están cautivos”. Significa “tomar vivos.”

En Marcos 5:19 y Lucas 8:39 Cristo encomienda a un discípulo que muestre con su vida y diga con sus labios lo que el Señor había hecho con él. Alguien ha dicho: “Es el doble testimonio de los labios y de la vida lo que convence a los hombres y confunde a los demonios”.

Hechos 1:8 nos dice que somos testigos de Cristo. Si es así debemos contar lo que hemos visto y oído y lo que sabemos de El.

 

C. La iglesia primitiva lo practicaba.

El día de Pentecostés todos hablaban (Hch. 2:4). Notemos los resultados (Hch. 2:41). Véase también Hechos 3:1-9, 12; 4:8-12; 8:35; 9:1-22 y compárese Hechos 8:4 con Hechos 11:19. Dios bendijo este método de “hablar el evangelio”, pues leemos que “así creía y prevalecía poderosamente la Palabra del Señor” (19:20). De las 112 veces que ocurre la palabra “predicar” en el Nuevo Testamento, solamente en 6 casos se defiere a un discurso formal.

 

D. La iglesia de hoy no puede existir sin él.

El cristiano que no progresa con el evangelio pronto verá que está retrocediendo. La iglesia que pierde su fervor evangelístico pronto desaparecerá. La iglesia en Jerusalén fue destrozada para que fuera dispersada y para que todos sus miembros llegaran a ser evangelistas personales (Hch. 11:19).

La maldición vino sobre los habitantes de Meroz (Jue. 5:23), no por haber hecho algo malo sino porque no hicieron lo bueno. En vez de luchar con sus hermanos contra el enemigo común, no hicieron esfuerzo alguno por ayudarlos. El creyente que no hace nada y no da nada para el Señor, no vale nada. Dios nos libre de ser tal clase de creyentes.

 

 

II. ES LA SOLEMNE RESPONSABILIDAD DE CADA CREYENTE

Cada creyente debe leer, preferentemente sobre sus rodillas y a solas con Dios, Ezequiel 33:1-6; Proverbios 24:11,12; 1Corintios 9:16-27; Santiago 5:19,20. Seguramente no necesitará nada más para convencerse de la suprema importancia y responsabilidad de ganar almas.

Las siguientes palabras de T. C Horton merecen nuestra preferente atención: “Ganar almas es un arte divino. Los hombres no nacen como ganadores de almas sino que se hacen tales. Algunos piensan que solo unos cuantos creyentes privilegiados son llamados a hacer este trabajo y que la obligación no es de todos; piensan que este trabajo se puede hacer o dejar de hace a su antojo. Esto es falso, ilógico  y antiescriturario. Es una obra encomendada a cada creyente y, si se dedican a ello, todos pueden ser ganadores de almas.”

Hay un tratado que lleva por título “Suponga” Ud. que le ofrecieran mil dólares por cada alma que buscara ganar para Cristo. ¿Buscaría Ud., por esa recompensa, ganar más almas para Cristo de lo que esta haciendo ahora? Si es así, su amor al dinero es más grade que su amor a Cristo y sus semejantes.”

Se cuenta la historia de un juez llamado Mingins que vivía en Filadelfia. Durante su juventud había sido ateo pero, al dejar la ciudad, fue convertido a Dios. Algún tiempo después de su conversión regresó a Filadelfia y se hospedó con uno de sus amigos que era aún incrédulo. Después de estar tres días en esa casa su amigo le dijo: “Jorge, he oído decir que crees en Dios” “Si”, fue la respuesta. “Bueno, Jorge, ¿tu crees en Dios?” “si”, “¿Y en el infierno? ¿y en que todos los incrédulos estarán allí por toda la eternidad?” “Si” “Bueno, ¿tiene el cristiano el efecto de hacer desaparecer todo sentimiento humanitario en una persona, como lo ha hecho en ti?” “¿Qué quieres decir con eso?” pregunto el juez. A lo que su amigo contestó: “haz vivido en mi casa por tres días conociendo y creyendo todo eso y no has puesto tu mano sobre mi hombro, ni me has dicho una sola palabra buscando mi salvación”.

¡Cuántos creyentes nos parecemos al juez Mingins!

 

III. DIOS DICE QUE EL QUE GANA ALMAS ES SABIO (Pr. 11:30).

¿Qué significado tiene la palabra ganar?

 

1. Es un término militar. Ganar una batalla, ganar una posición estratégica, ganar una ciudad requiere paciencia, valor, perseverancia y en muchos casos es menester afrontar grandes riesgos.

 

2. Es un término comercial. Toso comerciante puede apreciar que es necesario trabajar con constancia y esfuerzo si quiere ganancias en su negocio.

 

3. Es un término matrimonial. Se habla de ganar una esposa, cautivando sus afectos. Lea la descripción de cómo una esposa fue ganada para Isaac en Génesis 24. Cuando un joven trata a una señorita buscando ganarla como esposa, ¿Cómo trata de conquistarla? Piensa mucho en ella, la visita, anda con ella, habla con ella, le envía regalos, sacrifica su propia comodidad y sus propios intereses para estar con ella y por último le propone el matrimonio. Si ella contesta “SI”, él la habrá ganado.

 

Ahora apliquemos todo esto al tratar de ganar almas para Cristo y andaremos en la senda de verdadera sabiduría.

Dice Chadwick: “Ganar almas es un trabajo noble, no hay ninguno más elevado, los ángeles lo ambicionan. Es un trabajo duradero, pues sus resultados se verán en la eternidad. Es un trabajo saludable para el alma pues trae crecimiento, felicidad y frescura espiritual.”

 

IV. EL VALOR DEL ALMA.

La palabra “alma” se usa mucho en la Escritura para señalar esa parte espiritual del hombre que es distinta a su cuerpo (Mt. 10:28; Mr. 8:36,37; Sal 71:23).

 

¿Cómo podemos calcular el valor del alma?

 

1. Por su naturaleza y origen. El hombre fue creado por Dios y es un ser tripartito (Gn. 2:7; Ts. 5:23).

 

a) Con el cuerpo llega a ser consiente del mundo

b) Con el alma llega ser consiente de sí mismo.

c) Con el espíritu llega a ser consciente de Dios.

 

Es el espíritu lo que distingue al hombre del ser irracional.

 

2. Por sus facultades. El hombre tiene facultad para escoger entre el bien y el mal; puede tener comunión con Dios o puede servir al diablo; puede ser una bendición o una maldición a sus semejantes. ¡Cuán vastas son las posibilidades para bien o para mal en cada alma!

 

3. Por el valor que le da Cristo. El Calvario nos habla de cuánta estima tienen las almas ante los ojos de Dios. La preciosa sangre de Cristo fue derramada para redimirlas (1P. 1:18, 19; Mt. 13:44-46; Gá. 2:20).

 

4. Por su existencia eterna. Ya sea en el cielo o en el lago de fuego (Mr. 9:43-48). Cristo  enseñó esto con claridad (Mt. 10:28; Lc. 16:19-31).

 

5. Por la batalla que se libra para su posesión. El alma humana es un campo de batalla entre Dios y el diablo (Lc. 11:21-23). Notemos la palabra “esforzaos” en Lucas 13:24-30 que significa “agonizar”. El que quiere ganar almas entabla una lucha contra el diablo y sus huestes (Ef. 6:11,12).

El obrero personal no debe ver a los hombres como cuerpos que tienen almas, sino como almas que tienen cuerpos y debe hacer todo esfuerzo posible para ganar esas almas para Cristo. Todo el mundo no puede compensar la pérdida de un alma.

El buscado de diamantes soporta privaciones y penurias indecibles, pero las tiene en poco si encuentra tan siquiera una joya valiosa ¿Quién sabe si no pudiéramos ser el instrumento de Dios para ganar un gran predicador como Moody o Spurgeon para nuestro Señor?

 

V.  LA REALIDAD DE LA ETERNIDAD.

Léase Mateo 13:41-43, 49-51; 25:30-46. ¿Qué diremos acerca de la eternidad? Ningún lenguaje humano puede describirla adecuadamente, ni mente humana concebirla.

Cierto poeta ha dicho que si fuera posible contar todas las flores de la primavera, todas las olas del mar en verano, todas las sombras del bosque en otoño, todos los copos de nieve que caen en invierno; todas las gotas del rocío en la mañana, todos los granos de arena de la playa bajo el sol de mediodía, todos los trinos de los pájaros al atardecer y todas las estrellas que brillan en la noche; al terminar de contar todo esto, apenas habría empezado la eternidad. Deténgase, lector, un momento, y conteste esta pregunta: ¿Dónde estará en la eternidad?

El general Booth, fundador del Ejército de Salvación, acostumbraba decir que cada cristiano debería ser enviado al infierno por una semana para que, habiendo palpado el terror de una eternidad sin Cristo, dedicara el resto de su vida tratando de librar a la gete de la perdición eterna.

Cierto ateo dijo: “Si yo firmemente creyera, como miles profesan hacerlo, que      el conocimiento y la práctica de la religión influyen sobre su destino eterno, la religión sería todo para mí. Desecharía los pasatiempos mundanos como escoria, los cuidados terrenales como tonterías. La religión sería mi primer pensamiento al despertar  y mi última imagen cuando el sueño me hunda en la inconciencia”. Estas palabras conmovieron a C. T. Studd en lo más íntimo y lo enviaron primeramente a China y después al África a ofrendar su vida en servicio a Cristo. No nos asombra que un celoso ganador de almas orara: “Señor, estampa la eternidad sobre mis ojos, para todo lo que vea sea a la luz de la eternidad.”

 

 

 

VI. LA BREVEDAD DEL TIEMPO

El corto día de la vida pronto terminará y nuestra oportunidad de servir a Dos se habrá ido para siempre (Jn. 9:4; Ro. 13:11,12;  2Co. 6:1,2; Ef. 5:14-16;  2Ti. 4:2,3). Un filósofo francés dijo: “Aquel que aprecia la vida debe tener cuidado del tiempo, porque el tiempo es el material de que está hecha la vida” Boreham dijo: “Tal como el espacio es la miniatura de la infinidad, así el tiempo es la miniatura de la eternidad”. David Brainerd, misionero entre los pieles rojas de Norteamérica, que murió a los 36 años de edad, escribió en su diario: “Quise desgastarme en su servicio para su gloria: No me importaba dónde ni cómo vivía con tal que pudiera ganar almas para Cristo”.

Alguien ha dicho que el fervor del apóstol Pablo era resultado de una triple convicción:

1. Una gran verdad: el juicio de Dios

2. Una gran experiencia que aguarda a todos: la resurrección, o para vida o para condenación.

3. Un gran destino hacia el cual todos marchamos: la eternidad.

 

¿Cómo podremos alcanzar un verdadero interés en las almas y apreciación del alto valor de las oportunidades que tenemos en la mano? Únicamente de la Palabra de Dios, si la leemos en la presencia de Dios y meditamos en el significado de las palabras “ya es condenado”, “no verá la vida”, “perderse” y “perecer” (Jn. 3:18; 1Co. 1:18; 1Jn. 5:12).

 

 

VII. DIOS HA HONRADO GRANDEMENTE EL TRABAJO PERSONAL

Andrés es un buen ejemplo de trabajo personal. Es mencionado tres veces en los evangelios y cada vez le vemos trayendo alguien a Cristo (Jn. 1:40-42; 6:8,9;  12:22).

En el día de hoy frecuentemente hay grandes campañas de evangelización y en algunas de ellas el magnetismo humano y la sugestión psicológica producen miles de profesiones falsas. El mundo necesita el ministerio de creyentes consagrados que se den a la tarea del evangelismo personal, cuyo esfuerzo complementará la labor que se hace en las grandes campañas. Recordemos que un alma genuinamente salvada es mejor que diez mil profesiones vanas. Dediquemos a buscar calida y no cantidad.

D. L. Moody dijo: “El sermón no es sino preliminar al trabajo individual que se puede hacer con los interesados al terminar la reunión”. La Palabra de Dios no nos autoriza a decir: “Venid de todo el mundo y oíd el evangelio que se predica desde nuestro púlpito”. Cristo nos dice algo muy diferente. Sus palabras son: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15).

Existe una gran diferencia entre ser evangélico y ser evangelista. El evangélico puede andar bien en doctrina pero estar bien dormido. El evangelista no se conforma con saber la verdad sino que la presenta ardientemente a los demás. No lleguemos al lecho de muerte diciendo: “Soy salvo, voy al cielo, pero con las manos vacías, sin haber ganado una sola alma para Cristo”.

Se ha calculado que si 100 creyentes trajeran cada uno un alma a Cristo por año, y si cada alma ganada, a su vez trae otra a Cristo, en 25 años se habrían salvado más de 1.500.000.000 (mil quinientos millones) de almas. Pero el promedio actual de conversiones es más o menos de 4 por año por cada 100 creyentes; un promedio muy bajo.

Un proverbio dice: “Podemos contar las bellotas en un árbol, pero no podemos contar los robles contenidos en una bellota”. Suponiendo, naturalmente, que la bellota muera (Jn. 12:24).

Que estas consideraciones sobre la importancia del evangelismo personal nos muevan a desplegar más esfuerzo individual para llevar almas a Cristo.

 

 

LECCION 3

REQUISITOS PARA EL EVANGELISMO PERSONAL

Hemos visto la importancia del evangelismo personal y ahora consideraremos los requisitos esenciales para este trabajo, suponiendo, naturalmente, que la Persona que se va a ocupar de él ha sido regenerada por el Espíritu Santo.

 

I. LA SEGURIDAD DE LA PROPIA SALVACION.

Debemos poder decir “que lo que sabemos hablamos” (Jn. 3:11). Supongamos que la persona con quien está Ud. hablando le preguntara: “¿Esta Ud. seguro que es salvo?” ¿podría Ud. responder: “Si, gracias a Dios estoy seguro”. Si le preguntan a continuación: “¿Sobre que basa Ud. la seguridad de su salvación?” ¿podría Ud. señalar que por confiar en la obra de Cristo consumada a su favor en la cruz y en El como Salvador personal? ¿Podría Ud. decir que por confiar en la Palabra de Dios está seguro? (1Jn. 5:13).

Pablo podía decir: “Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza” (2Co. 3:12). Una firme convicción produce una confesión franca la cual inspira confianza en el oyente (2Co. 4:13). Que cada estudiante esté seguro, por la Palabra de Dios, que está descansando únicamente en la obra de Cristo para su salvación y únicamente en la Palabra de Dios para la certidumbre.

 

 

 

 

II. LA CONVICCION DE LA CONDICION ARRUINADA DEL HOMBRE SIN CRISTO

Es únicamente cuando el médico se da cuenta de qué enfermedad padece el paciente que puede recetar correctamente. La Palabra de Dios no nos deja en duda acerca de la condición del hombre y cada obrero personal debe familiarizarse completamente con la profunda y deplorable necesidad de los perdidos a quienes trata de ganar para Cristo. La Biblia nos muestra lo siguiente con respecto al hombre sin Cristo:

 

1. Está muerto y necesita regeneración (Ef. 2:1,2; Jn. 3:1-16). Muerte, en las Escrituras, significa separación. La muerte física ocurre cuando el espíritu se separa del cuerpo (Stg. 2:26). La muerte espiritual es la separación del hombre pecador de la vida de Dios (Ef. 4:18; 1Jn. 5:12; Jn. 3:36). La muerte segunda es la fijación eterna de este estado de separación de Dios, en lo que se refiere a cuerpo alma y espíritu (Ap. 20:12-15).

La muerte ha sido definida como “el cese de relación con el medio ambiente”. ¿Murió Adán el día que comió del árbol prohibido? (Gn. 2:17). Si, porque su relación con Dios cesó. Ese día murió espiritualmente y más tarde murió físicamente. Ahora vemos Lucas 15:24. ¿Cuándo estaba muerto el hijo pródigo? Mientras estaba en el país lejano, separado de su padre. Véase ahora 1 Timoteo 5:6.

Puesto que el hombre está  muerto en lo que a su relación con Dios se refiere, su gran necesidad es vida de Dios. La acción de impartir esta vida se llama regeneración o nuevo nacimiento. En Juan 1:12, 13 se aclaran tres errores comunes pertinentes al nuevo nacimiento.

 

a. No es por herencia, “no de sangre”. Nadie tiene vida en Cristo porque sus padres sean cristianos. La vida espiritual no se hereda. Cada uno necesita ser regenerado individualmente.

 

b. No es por esfuerzo propio, “ni de voluntad de carne”. Ninguna persona puede regenerarse a sí misma o producir su nacimiento espiritual, como tampoco pudo producir su nacimiento físico.

 

c. No es por instrumentalidad humana, “ni de voluntad de varón”. Miles confían en esto e imaginan que el sacerdote o el ministro, por medio del bautismo, confirmación, recepción como miembro de la iglesia, comulgar, etc., les ha dado el nuevo nacimiento. Las Escrituras dicen claramente que la voluntad o acción humana no pueden impartirlo.

 

Luego viene la grandiosa verdad, “sino de Dios”. Dios únicamente es la fuente. Únicamente cuando Dios vivifica puede vivir el hombre (1Jn. 5:1). Oyendo la Palabra de Dios con fe y recibiendo a Cristo como Salvador, el pecador es sellado con el Espíritu de Dios y así es regenerado. (Jn. 5:24,25;  1:12; Gá. 3:2; Ef. 1:13). Nunca podremos recalcar demasiado que únicamente Dios puede regenerar. El gran peligro está en el obrero demasiado celoso que trata de hacer lo que sólo Dios puede efectuar. Es nuestro deber presentar la Palabra de Dios con claridad, pero no podemos comunicar al pecador la vida espiritual que necesita.

 

2. Está perdido y necesita ser allado (Lc. 19:10; 2Co. 4:3).

La palabra perdido implica dos cosas: Que una cosa no es poseída por su dueño legal o que una persona no sabe donde está o cómo encontrar el camino que quiere. En Lucas 15 la palabra “perdido”  y derivados del verbo “perder” ocurren siete veces y tenemos una descripción triple del pecador. La oveja se perdió por haberse descarriado (Lc. 15:1-7;  Is. 53:6). La moneda se perdió por haberse caído, y, aunque valiosa, yacía incapaz de ayudarse a sí misma. El hijo pródigo se perdió por su capricho. No fue por ignorancia o por haberse caído. Por su propia voluntad salió del hogar y malgasto sus recursos. Comprendamos lo que implica la palabra perdido  y recordemos que el pecador necesita ser hallado y salvado. La salvación es obra de Dios. Sólo El puede hallar al descarriado, levantar al caído y poner en el corazón del pródigo el deseo de volver a su Padre.

 

3. Es un esclavo que necesita redención. El pecador está bajo el control y poder de otro. El pecado es un amo y el pecador un esclavo incapaz de librarse a sí mismo (Jn. 8:34; Ro. 6:16-20; 7:14), por lo tanto, necesita ser redimido. Redención es el acto por el cual se libera a una persona o cosa del poder de otra, pagando el precio de rescate.

Este mundo es como una colonia penal en la cual hombres y mujeres trabajan como esclavos de la mentira, blasfemia, lujuria, codicia, orgullo, bebida, moda, placer, egoísmo, religión, etc. ¿cómo van a ser redimidos y libertados de su esclavitud? Necesitan ser traídos en contacto con Cristo el Redentor.

 

a. El que vino para redimir (Lc. 4:18; Mr. 10:45).

b. El que pagó el precio del rescate (Gá. 3:13; 4:4,5; 1co. 6:20; 1P. 1:18,19).

c. El vive siempre para librar de esclavitud al pecador a todo pecador que acuda a El (Jn. 8: 32-36; Ef. 1:7; Gá. 5:1). La liberación del castigo y del poder del pecado se encuentra en una sola persona y esa persona es el Cristo Jesús.

 

 

4. Es un ciego que necesita iluminación

a. el hombre, por naturaleza, está ciego a las realidades espirituales. Su entendimiento está oscurecido (Ef. 4:18).  Está cegado por Satanás (2Co. 4:4). No puede ver el reino de Dios (Jn. 3:3). No puede recibir o comprender las cosas espirituales (1Co. 2:14). Mora en la oscuridad  y ama las tinieblas (Jn. 1:5; 3:19; Col 1:13). Por lo tanto necesita que sus ojos espirituales sean abiertos (Hch. 26:18).

 

b. Cristo vino para traer luz (Jn. 8:12; 9:5; Lc. 4:18).Sus palabras dan luz acerca de Dios, el pecado, el pecador, la salvación, los problemas de la vida y el horrible destino del que le rechaza (Sal. 119.130).

 

c. Todos los que confían en Cristo son traídos a la luz (2Co. 4:6; Ef. 5:8). No nos sorprendamos cuando una persona inconversa nos diga: “Pero no puedo ver las cosas de esa manera”. ¿Cómo podrán ver, a menos que sus ojos sean abiertos? Las Escrituras, cuando son aplicadas por el Espíritu de Dios abren los ojos del pecador a su necesidad del reino de Dios.

 

5. Es un rebelde que necesita reconciliación.

a. El hombre se encuentra en un estado de rebeldía contra Dios (Ro. 5:10; 8:7,8; Col. 1:21; Tit. 3:3). Odia la verdad, resiste la Palabra de Dios y se opone a que Dios tenga su legítimo lugar como Señor Supremo (Ro. 1:20, 2; Dn. 5:23). Las últimas palabras del texto en Daniel son la acusación de Dios contra la humanidad. Esta actitud de rebelión ha sido descrita así: “Un rostro iracundo, un puño cerrado y amenazante, y el blanco de todo esto: Dios Todopoderoso”.

 

b. El hombre necesita ser reconciliado. Debe volver a Dios arrepentido y sumiso para llegar a ser un súbdito leal. En Lucas 14:31,32 tenemos un rey (el pecador9, reuniendo sus fuerzas y tomando consejo consigo mismo para ver si puede, con su despreciable ejército de pecados, deseos, opiniones, resoluciones y voluntad, enfrentarse a los 20.000 santos requisitos, propósitos y preceptos de Dios. Por fin decide buscar condiciones de reconciliación. Estas son simples. El pecador debe confesar su rebelión, creer el evangelio y rendirse incondicionalmente a Cristo. Así vendrá bajo la benéfica autoridad y señorío de Aquel por cuya sangre fue hecha la paz (Col. 1:20; 2Co. 5:19-21).

 

6. Es un criminal que necesita justificación.

El pecado es un delito contra el santo trono de Dios y su gobierno moral. Cada creyente debe saber lo que la Palabra de Dios dice sobre el pecado.

 

a. El hombre es pecador por naturaleza. Esto quiere decir que nació en este mundo con una naturaleza diametralmente opuesta a Dios (Sal. 51:5). A esta naturaleza se le llama “la carne” y ella ama todo lo que Dios aborrece y viceversa (Ro. 8:5-9). Una persona no tiene que pecar para llegar a ser pecadora, sino que peca porque es pecadora. La naturaleza pecaminosa es la raíz de la cual las palabras y los hechos pecaminosos son los frutos (Mr. 7:21,23; Jer. 17:9).

 

b. El hombre es pecador por elección y por práctica. Esta naturaleza pecaminosa pronto  se pone en evidencia por los pensamientos pecaminosos cobijados en la mente, las palabras que escapan de los labios, las acciones pecaminosas en la vida y una actitud general pecaminosa con respecto a Dios. Dios ofrece un retrato de cuerpo entero del pecador en Romanos 3:10-19,23. todo pecado , sea contra nosotros mismos o contra nuestros semejantes es, en primer lugar, contra Dios (Sal. 51:4). La enormidad del delito se determina según la persona contra quien se haya cometido, y todo pecado es un crimen contra Dios (Os. 7:2; Am. 5:12; Sal. 14:2,3; Ro. 1:28-32; Tit. 3:3). Dios aborrece los pecados que cometemos con la mente (Mt. 5:28), con palabras (Mt. 12:34-37) y con Hechos (Jer. 44:3,4; Pr. 6:16-19).

 

c. El hombre necesita justificación delante de Dios. Justificar es declarar justo. Justificación es el acto de Dios por el cual El declara justo al pecador que confía en el sacrificio expiatorio de su Hijo Jesucristo y lo recibe como Salvador y Señor. Es mucho más que perdón, porque Dios ve al creyente como si nunca hubiera pecado (Ro. 3:24-26; 5:1,2; Gá. 2:16).

 

7. Es un deudor que necesita perdón.

a. El pecador está en bancarrota. No puede pagar su deuda con Dios. El hombre debe a Dios una vida de obediencia a sus leyes, honra a su padre y servicio a su causa. En todo esto ha fracasado miserablemente (Lc. 7:41,42). Dios ha dado al hombre la vida y todas sus facultades y un día el hombre tendrá que dar cuenta a Dios (Ro. 14:12). Muchos se imaginan que pueden pagar su deuda ya contraída firmando pagares de vivir una vida mejor en el futuro, peo todas estas esperanzas son vanas. Ni buenas obras, ni lágrimas, ni ejércitos piadosos, ni buenas resoluciones pueden pagar la deuda.

 

b. Dios, ha provisto el perdón. No puede absolver, cancelando esa deuda, gracias a la obra de su Hijo. Cristo asumió nuestra responsabilidad y pagó la deuda con su sangre preciosa (Is. 43:25; 44:22; 55:7; Mi. 7:18,19: Hch. 3:19; 13:38; Col. 2:13).

 

 

 

 

 

LECCION 4

REQUISITOS PARA EL EVANGELISMO PERSONAL (Cont.)

 

III. AMOR Y OBEDIENCIA A CRISTO EL SEÑOR.

Si verdaderamente le amamos, le obedeceremos (Jn. 14:15, 23; 15:10; 1Co. 13:4-7; 2Co. 5:14). El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones para ser manifestado en nuestras vidas. Solamente en la medida que el amor de Cristo nos constriña tendrá valor nuestro servicio. Si no es inspirado por el amor de Cristo, el servicio será frío y mecánico.

Nuestro amor a Cristo se mide por el grado de sacrificio que hacemos por El. El nos amó y se dio a sí mismo por nosotros (Gá. 2:20). A nosotros nos corresponde hacer lo mismo por El, ocupándonos de todo corazón de la tarea tan cercana a su corazón: la de llevar el mensaje de salvación a los perdidos. Nuestra inversión en tiempo, energía, oración, estudio y abnegación será bien recompensada en “aquel día” (2Ti. 4:4-8).

 

IV. CONOCIMIENTO DE LA PALABRA DE DIOS (2Ti. 2:15).

Esto es de gran importancia. Todo creyente debe adquirir, lo más rápido que le sea posible, un conocimiento general y práctico de la Biblia. Ella es su caja de herramientas en el evangelismo personal. Debe estar seguro de la inspiración divina de las Escrituras (2Ti. 3:15,16). Debe estudiarla con determinación y concentración. Debe citarla con convicción y fervor y debe usarla con habilidad y constancia. Hay cuatro razones para buscar un conocimiento profundo de la Palabra de Dios.

 

1. Produce convicción de pecado.

a. Es una palabra viva (Heb. 4:12). Posee la indescriptible cualidad ganadora y sustentadora de la vida espiritual. Es como una semilla que tiene en sí misma el principio de vida (1P. 1:23).

b. Es poderosa, vigorosa, y activa. Muchos son salvos por medio de un texto sin oír una sola palabra de un sermón (Ro. 1:16; 1Ts. 2:13).

c. Es cortante. Es una espada (Ef. 6:17). Úsela, cítela, y deje que haga su trabajo (Hch. 7:54). Como un arado, abre un surco y revela lo que yace escondido bajo la superficie.

d. Es penetrante. Puede llegar a lo más recóndito del corazón humano y exponer los pensamientos e intentos. Es un “crítico” que acertadamente describe al pecador y esto explica su impopularidad (Heb. 4:12,13).

e. Hace separación. Separa entre el alma y el espíritu, entre lo natural y lo espiritual, entre los salvos y los perdidos, entre el profesante vacío y el poseedor de la verdad.

 

2. Revela el camino de salvación (2Ti. 3:14,15). Úsela cuando trate con las almas porque les muestra su necesidad de salvación y la clase de salvación que necesitan.

 

3. Da certidumbre de salvación (1Jn. 5:13). Solamente un “Así dijo Jehová” puede traer certidumbre:

a. de salvación (Ro. 10:9, 10; Jn 5:24).

b. de que la salvación es segura (Jn. 10:27-30; Ro. 8:35-39).

c. de bendiciones futuras (Jn. 14:1-3) 

Cada alma debe echar su ancla en la Palabra de Dios.

4. Es la mejor guía para la vida. Arroja luz sobre cada problema que pueda surgir (Sal. 119. 105, 130; Pr. 6:20-24; 2P. 1:3,4).

 

V. BUENA SALUD ESPIRITUAL (vida piadosa).

Una vida llena del Espíritu y guiada por el Espíritu es esencial para el ganador de almas (Ef. 5:18; Jn. 16:13, 14; Zac. 4:6). A esta condición se llega mediante varias cosas:

 

1. La presentación de nuestro cuerpo (Ro. 3:13; 12:1-3). Nuestra vida primero llega a ser justa, luego será útil. Primero viene el “ser”, luego el “hacer” algo por el Señor. Debemos poner todo lo que somos y tenemos a su disposición para ser lo que El quiere que seamos, hacer lo que El quiere que hagamos y para ir donde el quiere que vayamos.

 

2. La práctica de la oración. La obra es de Dios, por lo tanto debemos consultar mucho con El. Dios inspira, oye y contesta la oración de fe. La oración es confesión de nuestra incapacidad y confianza en el poder divino para suplir todo lo que hace falta. Debemos orar pidiendo oportunidades para trabajar y sabiduría y dirección en el trabajo (Stg. 1:5,6; Jer. 33:3; Jn. 14:12-15; Mt. 17:21).

 

3. La pureza de nuestra vida. Una vida limpia es escensial para el servicio porque Dios sólo utiliza instrumentos limpios. Necesitamos pureza de pensamientos (Fil. 4:8), de palabra (Ef. 4:25), de hechos (1P. 2:11,12; 2Ti. 2:21).

 

4. El propósito de corazón, una santa determinación de obedecer a la Palabra de Dios.

 

5. La mansedumbre y humildad. “Encaminará a los humildes” (Sal. 25:9). La mansedumbre es fuerza bajo perfecto control, no es debilidad. El Señor Jesús es ejemplo perfecto de esto (Mt. 11:28-30). Debemos reconocer nuestra insuficiencia y confiar en la fortaleza que el nos da. Así seremos humildes, pero no serviles. Tendremos confianza, pero no presunción (Jn. 15:5; 2co. 3:5,6; 12:7-10).

 

VI. ÁNIMO Y FORTALEZA

Existe una timidez natural en todos nosotros. Trumbull confesó que él era tan tímido después de servir al Señor 50 años como lo fue al principio. Algunos creyentes son más tímidos que otros. (Jer. 1:8-10; Is. 12:2,3; Jos. 1:9; Sal 34:4). Dios conoce nuestro carácter y junto con sus órdenes, nos da el poder para cumplirlas.

El verdadero valiente es el que sigue adelante aunque sienta miedo. Para nuestro consuelo, pensemos que la persona a quien nos dirigimos está tan asustada de nosotros, como nosotros lo estamos de ella, así que: ¡Animo! ¿Tenemos miedo? Leamos Salmos 27:1,14; 56:3;  Is. 12:2. ¿Somos débiles? Leamos Isaías 40:29-31; Efesios 1:19; 6:10; Romanos 14:4.

 

VII. SABIDURIA Y DIRECCION DIVINA.

Esto incluye el uso de tacto en el acercamiento. El tacto lo aprenderemos por la práctica constante. Debemos ponernos en el lugar de la otra persona. ¿Cómo nos gustaría que se dirigieran a nosotros?

El tacto se ha descrito como el arte de ponernos en el lugar de otros, descubriendo sus necesidades para suplirlas, sus prejuicios para conciliarlos, sintiendo qué es lo correcto y adecuado, para decir y hacer lo que conviene, en el momento propicio, sin ofender innecesariamente. Tacto significa “tocar”. Debemos tocar las almas en el lugar apropiado, en le momento propicio y de la manera más eficaz. Se ha dicho que la combinación ideal para el obrero es una mete fresca y un corazón ardiente.

Un hermoso ejemplo de tacto se encentra en Juan 4. En este pasaje vemos que Cristo usa tacto:

1. Al hacer lo oportuno y adecuado a las circunstancias (v.7).

2. Al descubrir lo que necesitaba la mujer y suplir esa necesidad (vs. 9-15).

3. Al hacer a un lado sus perjuicios (vs. 9,29).

4. Al dirigir la conversación de tal manera que ella no pudiera escapar de las demandas de Dios (vs. 16-19).

 

Nosotros necesitamos orar pidiendo dirección y sabiduría:

 

1. Para saber a quien hablar. Es imposible hablar con todos, pero hay personas a quienes Dios desea que nosotros les hablemos (Hch. 8:29). Esto requiere vigilancia y pronta obediencia a la dirección de Dios. El Dr. Torrey acostumbraba a orar al Señor que hiciera sentar junto a él, cuando viajaba en el tren, a quienes debiera hablar del evangelio. Otro siervo del Señor acostumbraba considerar que era el deseo del Señor que todos aquellos que le preguntaran la hora oyeran de sus labios acerca de la salvación. Todas las tardes paseaba en un parque y nunca le faltó una oportunidad para ocuparse en el evangelio personal.

 

2. Para saber que decir y como decirlo. ¿Cómo debemos acercarnos a cada individuo? Para esto necesitamos sabiduría mayor que la nuestra.

En resumen: El evangelismo personal debe hacerse en un espíritu de oración, en absoluta dependencia del Señor, con la mansedumbre que caracterizó al Maestro, con sincero fervor y confiando en el Salvador que presentamos y en la eficacia del evangelio que proclamamos.                                                     

 

 

LECCION 5

IMPEDIMENTOS AL EVANGELISMO PERSONAL

Ya que el ganar almas por medio del evangelismo personal es tan esencial y tan çbendecido por Dios, ¿Por qué no hay más creyentes que se ocupen practicándolo? Esta lección tratará de responder a esta pregunta, considerando negativamente lo que hemos estudiado positivamente en las dos lecciones anteriores.

 

1. TEMOR DEL HOMBRE (Pr. 29:25).

 

Muchos creyentes se han dejado amordazar por el temor de quedar mal ante los hombres. La posibilidad de que sus amigos mundanos o cristianos carnales los consideren “raros” ha despojado a miles del privilegio de testificar para Cristo. ¡Que tragedia!

El camino que Dios escoge para su pueblo nunca ha sido fácil. Esto lo dijo el mismo Hijo de Dios (Jn. 15:18-21; Mt. 5:11,12). Está demostrado en los Hechos, donde la historia de la iglesia primitiva es de persecución. Las epístolas muestran que el “escándalo de la cruz” no ha sido quitado (Gá. 5:11). Se ha señalado que la cruz es una ofensa a la:

 

1. Moralidad, porque ni las obras ni el carácter pueden hacer apto al hombre para la presencia de Dios (Gál. 2:16)

2. Filosofía. Porque la cruz apela a la fe y no a la razón humana (1Co. 1:19-31).

3. Cultura, porque sus verdades se revelan a “los niños” (Mt. 11:25).

4. Sociedad, porque Dios elige a los pobres y humildes (Stg. 2:5)

5. Voluntad, porque exige redención incondicional (Ro. 8:7,8).

 

Vivimos en un mundo que despreció, rechazó y crucificó al Señor de la gloria, y su actitud hacia El no ha cambiado. Por lo tanto, el cristianismo debe enfrentarse valerosamente a la oposición que se levantará cuando él testifica de su Maestro y busca servirle.

Los propagandistas de cultos falsos no son tímidos en la propagación del error. Los vendedores no sufren complejos de inferioridad cunado van de casa en casa ofreciendo su mercancía. Los agentes de seguros no se avergüenzan al señalar las ventajas de tomar una póliza de seguro de vida. Como “embajadores de Cristo” debemos salir, bajo sus órdenes, a testificar de su poder y a representar dignamente al que nos salvó por su gracia. (2Co. 5:20; Hch. 4:13).

 

II. FALTA DE ORACION  

 “El siervo de Jehová” nos ha dejado un ejemplo en la oración como en los demás aspectos d la vida (1P. 2:21). ¡Cuántas veces leemos en los evangelios que El oraba, algunas veces toda la noche! Si El necesitaba orar, ¡Cuánto más nosotros!

Uno de los factores que contribuyeron a la tragedia del hundimiento del trasatlántico “Titanic” fue el hecho de que el vapor “California”, que estaba cerca tenía tapados los fuegos de sus calderas y el telegrafista dormía. Las señales de peligro del barco que se hundía pasaron desapercibidas. Estaba fuera de contacto y la oportunidad de cubrirse de gloria, participando en el rescate de las víctimas, se perdió para siempre.

La oración prepara al siervo de Dios para conocer y hacer la voluntad del Maestro. Descuidar la oración es perder la sensibilidad a la dirección del Espíritu (Is. 11:2,3). El cristiano que no tiene tiempo para orar esta demasiado ocupado. Debemos buscar y tomar tiempo para suplicar ante el trono de la gracia si queremos que nuestro servicio sea eficaz (Lc. 18:1; 6:12; Mt. 9:37,38; Stg. 5:17; 1S. 12:23).

 

III. PECADOS ABRIGADOS SECRETAMENTE

Cualquier hábito dañino que contamina la conciencia, obscurece las facultades espirituales, debilita nuestra sensibilidad a la dirección del Espíritu y nos despoja de la comunicación con Dios y del gozo en su servicio debe ser reconocido como pecado y resueltamente abandonado (Sal. 51:12,13).

Juan termina su primera epístola con las palabras “Hijitos, guardaos de los ídolos”. Un ídolo es cualquier cosa que desaloja a Cristo de la preeminencia en nuestra vida y obscurece nuestra visión espiritual. Puede ser algo legítimo en sí mismo pero si desplaza a Dios de nuestro afecto debe ser desalojado. Cada cosa en la vida es un peso o una ala: impide o ayuda. Dejemos todo “el peso” (Heb. 12:1). Nada puede valer lo suficiente para compensar la pérdida ante el tribunal de Cristo (1Co. 3:11-15; 9:27)

 

IV. IGNORANCIA DE LA PALABRA DE DIOS

Muchos no dicen nada porque no tienen nada que decir, y no tienen nada que decir porque nunca escuchan la voz de Dios. Los niños aprenden a hablar por el oir y así debe aprender el hijo de Dios (Is. 50:4,5). Necesitamos oídos abiertos si hemos de tener labios abiertos (Sal. 51:15).

Así como el médico estudia y repasa sus libros, debemos aplicarnos a las Escrituras para aprender lo que Dios dice sobre la enfermedad del pecado y el remedio.

Algunas veces durante el curso de reuniones evangelísticas, se le pide a uno que ha sido creyente por muchos años que hable con una lama ansiosa de la salvación; pero a veces responden: “LO siento, pero yo no tengo experiencia en esas cosas”. ¿Será posible? ¿Habrá creyentes que no sepan conducir una alma a Cristo? Se teme que hay muchos creyentes así, pero no tiene excusa que valga. Todo creyente debe procurar obtener suficiente conocimiento para poder servir a su Señor. (Pr. 2:1-6; 3:13-18; Tit. 1:9; 1Ti. 2:4).

 

V. EGOISMO (Amor a la comodidad propia).

Ganar almas no es una obra fácil porque demanda esfuerzo, abnegación y es menester hacer una inversión de tiempo, energías y dinero. Muchos están preparados para hacer esta clase de esfuerzo para el adelanto de su negocio, pero no para los “negocios del Padre” (Lc. 2:49).

La preservación propia es la primera ley de la naturaleza; pero ciertamente no lo es de la gracia (2Co. 5:14,15; Lc. 14:26,27; Ro. 12:11).

Cuando le preguntaron a Carey cuál era su negocio, contestó: “Mi negocio es predicar el evangelio. Remiendo zapatos para sufragar los gastos”. Muchos creyentes jóvenes que no demuestran deseos de ir a predicar el evangelio en obediencia al mandato del Señor, responden al se reclutados por su patria, cambiando la comodidad de la civilización por los horrores de la guerra. Seguramente no hay duda sobre cuál es el llamado más importante. Si por la patria, ¿Por qué no por Cristo?

Garibaldi, el libertador de Italia, dijo a aquellos que se ofrecieron para  seguirle: “les ofrezco penurias, hambre, harapos, sed, noches de insomnio, pies lastimados, innumerables privaciones…y victoria en la más noble causa que jamás les ha llamado”.

 

IV. INDIFERENCIA (Falta de preocupación por los perdidos)

Notemos la compasión de Cristo por los perdidos. Suya era la compasión de un pastor por la oveja perdida (Mr. 6:34), de un médico por su paciente (Mt. 14:14), de un benefactor por los hambrientos (Mt. 15:32), de un consolador de los acongojados (Lc. 7:13) y de un libertador de los oprimidos (Mr. 5:19). Debemos preocuparnos por nosotros mismos si no sentimos preocupación por los demás. Juan knox exclamó: “Dame Escosia, o muero”. Notemos la ansiedad de Pablo (Ro. 9:1-3). Consideremos el clamor de Jeremías (Jer. 9:1) y las lagrimas de Cristo sobre Jerusalén (Lc. 19:41). La diferencia desaparecerá si consideramos en la presencia de Dios:

 

1. Las declaraciones de Dios don referencia a los perdidos (Ro. 3:10-19; 6:23; 1co. 1:18).

 

2. El amor de Dios manifestado en el ldon de su Hijo (1Jn.4:9; Jn. 3:16)

 

3. El amor de Cristo demostrado por el sacrificio de sí mismo en la cruz por los pecadores (1Juan 3:16).

 

4. El terrible destino de los que rechazan a Cristo (Ap. 20:11-15, Mr. 9:43-48; Mt. 25:30-46).

 

Se cuenta la historia de un buscador de oro que volvía a su hogar por barco. Llevaba su preciado polvo de oro en un cinturón especial alrededor de su cuerpo. El barco se incendió no lejos de la costa y, siendo un buen nadador, calculó que aún con el peso del oro podría nadar sin dificultad hasta la costa. Mientras  esperaba para abandonar el barco una niña se le acerco y le preguntó con lágrimas en los ojos: ¿Podría ud. llevarme a mi?” Entonces comenzó la lucha. El sabía que no podía llevar su oro y a la niña también. Una de las dos cosas tendría que hundirse en el mar. Tirando su cinturón lleno de oro tomó a la pequeña y nado hacia la costa. No seamos sordos al clamor de los millones sin Cristo que necesitan la ayuda que les podemos brindar. Echemos a un lado todo impedimento: ganancias personales, placer, comodidades y consagrémonos a la tarea de llevar almas perdidas a la seguridad que les ofrece Cristo.

 

 

 

LECCION 6

OBJETIVO DEL EVANGELISMO PERSONAL

 

En las primeras cinco lecciones nos hemos ocupado principalmente con las cualidades del obrero personal, porque esto es de suprema importancia. Ahora hemos llegado al objetivo del trabajo.

El objetivo del Evangelismo personal lo es de cada ser humano pero, para estudiarlo con provecho agruparemos a la humanidad en varios grupos. Por ahora describiremos a cada grupo, más tarde notaremos el método de trabajo que debe usarse al tratar con cada uno de estos grupos.

 

I. EL DESCUIDADO O INDIFERENTE.

Este es, por lo general, el tipo más común y quizás el más difícil. El hombre de la actualidad es absolutamente indiferente a las realidades eternas. Está sumergido en sus negocios, su hogar y sus placeres. Estos son sus horizontes y no desea ver más allá. Si algún pensamiento de Dios, del pecado, la muerte o la eternidad llega a penetrar en su mente, lo desecha lo más rápido posible. No agita sus puños contra la deidad ni niega la existencia de Dios, pero ordena su vida como si Dios no existiera. Su lema es: “Comamos, bebamos, y estemos alegres.” No hay Dios en todos sus pensamientos (Lc. 12:19; Sal. 10:4).

La tarea aquí es sacudir a esta clase de persona y despertarla a conciencia de su necesidad y peligro (Jn. 1:6).

 

 

II. EL ENGAÑADO.

Estos también son un grupo numeroso. Han escuchado enseñanzas falsas y no conocen la verdad. Muy a menudo el error que los ciega parece tener fundamento en la Palabra de Dios, pero esto se debe a una tergiversación de las Escritores o a una falsa interpretación del texto que por lo general ha sido divorciado de su contexto en las Escrituras (2P. 3:16). Una de las señales de “los últimos días” es la multiplicación de maestros falsos y doctrinas erróneas (1Ti. 4:1-3; 2Ti. 3:1-7; 4:3; Mt. 7:15, 16; Hch. 20:29). No importa cuán irrazonable, ilógica y antiestructuraria sea la enseñanza, siempre habrá aquellos que presten oídos a ella aún se convierten en entusiastas propagandistas del error. En efecto, los adeptos a doctrinas erróneas son casi siempre más celosos en su trabajo que los que conocen la verdad divina.

Entre los engañados están muchos que creen que son evangélicos, muchos católico-romanos, Adventistas, los llamados Testigos de Jehová  o Ruselistas, Espiritistas, Teosofistas, etc. Nuestra tarea es librarlos del error mediante el uso inteligente de la Palabra de Dios. Esta es una tarea difícil porque parece que el error ejerce una influencia hipnótica sobre sus víctimas y las despoja de la capacidad de pensar con claridad y argumentar lógicamente.

 

III. EL OBJETANTE

Esta persona está llena de objeciones, muchas de ellas de segunda mano aunque trata de convencerse que son originales e incontestables. Pone en duda la autoridad de la Biblia porque dice: “Esta llena de contradicciones”. Se opone vigorosamente a ser clasificado como un pecador perdido y culpable que no puede salvarse por esfuerzo propio. Es muy severo al hablar de los “hipócritas” y no le importa insinuar que todos los obreros personales pertenecen a esta categoría. Estas personas quieren saber porque Dios permite esto o aquello y señalan toda la injusticia que prevalece en el mundo. Cuando están en su aprieto hasta llegan a mostrar interés en la obra misionera y preguntan: ¿Qué sucederá con los paganos?

La tarea aquí es responder a estas objeciones con paciencia y cortesía y esto no es tan difícil porque las objeciones son casi siempre las mismas. Muchas veces son solamente una excusa o un pretexto para continuar en el pecado.

  

IV. LOS AGNOSTICOS, ESCEPTICOS Y ATEOS

1. El agnóstico declara que ninguno puede saber que Dios existe, que ninguno puede probar que la Biblia es la Palabra de Dios, o que hay cielo o infierno. Niega la posibilidad de Dios, o que hay cielo o infierno. Niega la posibilidad de saber con seguridad las verdades que componen la doctrina fundamental de la fe cristiana.

 

2. Los escépticos confiesan con franqueza su incredulidad en la existencia de Dios y en la Biblia como revelación de Dios. Son incrédulos y no titubean en expresar su desprecio por la cristiandad y por el  Dios de la cristiandad.

 

3. El ateo niega llenamente que hay un Dios y busca explicar los milagros de al creación y las maravillas de al naturaleza como el resultado de las fuerzas naturales.

La tarea aquí es mostrar que Dios sí existe y que se ha revelado a los hombres en la creación, por las escrituras, pero particularmente en su Hijo, el Salvador de todos los hombres.

 

V. EL QUE TIENE EXCUSAS.

Este tiene inagotable raudal de excusas con las cuales cubre las verdaderas razones que tiene para no confiar en Cristo. Alguien ha dicho que una excusa es la explicación de u  fracaso. No son nuevas las excusas, las vemos en el jardín del Edén y han prevalecido hasta la actualidad (Gn. 3:10, 12,13; Lc. 14:18). 

La tarea aquí, como en el caso del objetante, es responder a cada excusa con razones bíblicas y lógicas que muestran lo irrazonable de la excusa.

 

VI. EL IGNORANTE O PAGANO.

Estros nunca han oído el evangelio, nunca han leído alguna literatura que les enseñe acerca de Dios, de Cristo y de la salvación. Esta clase es mucho más numerosa de lo que sospechamos porque hay muchos entre nuestros vecinos que son tan ignorantes del cristianismo como el nativo de la más remota tribu pagana.

La tarea aquí es iluminarlos con la Palabra de Dios. Esta es al tarea del misionero que penetra en religiones donde nunca se ha oído el evangelio.

 

 

VII. EL ANSIOSO

Esta persona ha sido convencida de su pecado y siente su necesidad de salvación, pero todavía no es salva. Le gustaría serlo, pero no sabe cómo. Hay muchas de estas personas, más de lo que pudiéramos pensar. Esperan que alguien les hable y es un día feliz cuando el pecador convencido y ansioso se encuentra con un ganador de almas ferviente y capaz.

La tarea aquí es guiar al alma ansiosa a una inteligente apreciación de la obra de Cristo, a que reciba a Cristo como su Salvador y le reconozca como Señor y Dueño.

 

VIII. EL OBSCURECIDO (Turbado o confundido).

Esta persona está convencida de su necesidad, conoce el evangelio, pero quizá un obrero sin inteligencia ha tratado con él. Esta lleno de temores y angustia. Se ocupa mucho con sus sentimientos y dudas. Piensa que ha cometido el pecado imperdonable, que para él ya pasó el día de la gracia, o se lamenta: he probado antes y fracasado.

La tarea aquí es tenderle la mano de ayuda, con la Palabra de Dios en ella y procurar hacerle contemplar, a Cristo en vez de contemplarse a sí mismo, y hacerle confiar en la Palabra de Dios en vez de en sus sentimientos.

 

IX. EL QUE SE HA APARTADO DEL SEÑOR

¡Ay, cuántos de éstos existen! Antes eran cristianos que se gozaban en el Señor, pero ahora son los más miserables de los hombres. Han perdido el gozo de su salvación y, en algunos casos, la certidumbre de ella. Como Noemí tiene que decir: “No me llaméis Noemí (Placentera), sino Mara” (Amarga). (Rt. 1:20). Han colgado sus arpas en los sauces y no tienen canción (Sal. 126:1-4; 137:1-4).

La tarea  aquí es buscar la restauración por medio de la confesión y abandono del pecado para que le apartado pueda otra vez gozarse en el Dios de su salvación..

 

X. EL CRISTIANO DESALENTADO

El desaliento puede ser resultado de algún revés en los negocios, trastornos en la salud, problemas en la familia u otros problemas en la vida. El que se encuentra en esta condición ni puede ni quiere ayudar a nadie.

La tarea en un caso de estos es tratar de “confortar su mano en Dios” (1S. 23:16; 2Co. 1:3,4; 1Ts. 5:14). Haciendo estos seremos “cooperadores con la verdad” (3Jn. 8).

 

 

 

 

 

 

LECCION 7

METODOS DE EVANGELISMO PERSONAL

Con referencia a métodos en el trabajo de ganar almas reconocemos que hay “muchos hombres, muchas mentes y, muchos métodos”. No se pueden trazar reglas inflexibles, solamente podemos establecer ciertos principios generales porque los métodos varían con el individuo y con la dirección de Dios.

No hay dos seres humanos exactamente iguales porque cada persona posee una personalidad individual que le distingue de los demás. La personalidad consiste en intelecto, voluntad y emociones que se expresan  en lo que sabemos, hacemos y sentimos. La tarea del ganador de almas es establecer contacto con el intelecto, hacer vibrar las emociones y cautivar la voluntad a Cristo y “nuestra suficiencia es Dios solamente” (2Cor. 3:5,6).

Sin embargo, hay ciertas características que son comunes a toda la raza humana. “Como con el agua en el rostro corresponde al rostro, así el corazón del hombre al del hombre” (Pr. 27:19). Esto significa que podemos vernos reflejados en nuestros semejantes. Mis reacciones son semejantes a las de mis prójimos. ¿Me gusta el trato cortés y amable? A él también le gusta. ¿Detesto la intolerancia, la arrogancia, la condescendencia? El también las detesta.

El estudio de algunos personajes del Nuevo Testamento que fueron atraídos a Cristo nos ayudará a conocer los métodos que podemos emplear.

Saulo de Tarso era un hombre resuelto, fanático e impulsivo. En el caso suyo, el Señor apeló a su voluntad, por eso Saulo responde diciendo: “Señor, ¿Qué quieres que haga?” (Hch. 9:6).

El eunuco fue alcanzado a través del intelecto. Felipe le preguntó: “¿Entiendes los que lees? (Hch. 8:30).

En el caso de Lidia son las emociones las que ocupan el lugar principal, porque leemos: “El Señor abrió el corazón de ella” (Hch. 16:14). Lo que no hubiera dado resultado en el caso de Saulo o del eunuco, la conmovió a ella profundamente.

En el carcelero de Filipos la conciencia fue despertada por el terremoto, produciendo convicción de pecado y miedo. ¿Qué hubiera pasado si este método hubiera sido aplicado a Lidia? Hubiera muerto del choque nervioso.

La naturalidad en nuestros métodos es lo mejor. Siempre hay el peligro que querer imitar a otros y así llegamos a ser artificiales. Es bueno observar a otros cuando hacen la obra personal, también debemos escuchar los consejos de obreros experimentados, pero al salir a trabajar debemos actuar con naturalidad. David nos da un buen ejemplo rehusando llevar la armadura de Saúl (1S. 17: 38,39). Aceptamos las sugerencias que nos parezcan buenas, pero aprenderemos más de nuestros errores cometidos en la práctica.

Consideramos en seguida tres cosas: algunos principios generales, algunas formas de acercamiento y algunos ejemplos de acercamiento.

 

I. ALGUNOS PRINCIPIOS GENERALES.

1. Cosas que debemos hacer.

a. Diagnosticar el caso. Esto sólo se puede hacer mientras nos habla la persona con quien tratamos, tal vez respondiendo a preguntas atinadas que le hacemos. En esta forma podemos descubrir a cuál de los grupos que hemos estudiado pertenece esta  persona. Esto es lo que hace un médico al escuchar mientras el paciente describe sus síntomas; luego hace algunas preguntas para aclarar el caso. Algunas preguntas que podemos hacer son las siguientes: ¿Qué cree ud. que significa ser cristiano? Las respuestas a estas preguntas darán buena orientación para lo que siga.

 

b. Describir la enfermedad. Aquí es de suma importancia que la descripción sea completa y fiel. Usando diestramente la espada de la Palabra de Dios, debemos explorar profundamente y exponer el cáncer del pecado. No seamos de los obreros que dicen “paz, paz” (Jer. 8:11). Mostremos que el hombre nace en pecado, que tiene un corazón engañoso, culpable de malos pensamientos, palabras y hechos, que es incapaz de salvarse a si mismo y que es condenado eternamente, si muere en su pecado. Todo orgullo y autosuficiencia deben desaparecer y solamente la Palabra de Dios puede producir este efecto. En Efesios 6:17 dice que la espada del Espíritu es la Palabra de Dios. Por “la Palabra de Dios” debemos entender que se trata del texto adecuado, aplicado a la persona en al forma adecuada y en el momento adecuado. Para esto es imprescindible la dirección del Espíritu y el reconocer que “La salvación es de Jehová” (Jon. 2:9)

 

c. Recetar el remedio. En esto también procuremos ser sencillos, basando cada paso en la Palabra de Dios. Averigüemos, mediante preguntas, si la verdad que buscamos enfatizar es captada. Dejemos que la persona exprese con sus propias palabras lo que entiende de la Escritura que ha leído y así podremos juzgar si entiende bien el pasaje. Una vez que haya comprendido su condición como pecador perdido, hablemos del amor de Dios mostrado en el don de su Hijo. Pongamos en alto la obra redentora de Cristo  en la cruz, señalando que es todo suficiente para suplir su necesidad. Expliquemos sencillamente el camino de salvación y lo que significa creer la Palabra. Recibir al Salvador y confesarle como Señor (Ro. 10:9,10).

 

d. Advertir el peligro, y hacerlo fielmente, porque “fieles son las heridas del que ama”. Existe el peligro de morir en el pecado (Jn. 8:21), de endurecer el corazón (Heb. 3:12-15; Pr. 29:1), de resistir contra el Espíritu (Hch. 7:21), de demorar demasiado (Heb. 2:3; Pr. 27:1) y de que la segunda venida de Cristo nos encuentre desprevenidos (Mt. 25: 1-13; Lc. 13:24,25).

 

e. Instar a una decisión inmediata, pero sin forzarla. Debemos evitar el evangelismo de alta presión y la salvación por fórmula. La fórmula busca una respuesta afirmativa a una serie de preguntas. Por ejemplo: “Ud. es un pecador. ¿No es verdad? “Si” “¿Ud. cree que Cristo murió por los pecadores?” “Si” “Entonces debe por haber muerto por Ud. ¿no es cierto?” “Si” “¿quiere Ud. confiar en el como Salvador?” “Si” “Bueno, entonces ud. ya es salvo”. De esta manera todo lo que debe hacer una persona es decir “Si” cuatro veces y ya es salva.

Es preferible que, después de haber hecho claro el mensaje del evangelio, se pregunte: ¿Qué piensa ud. hacer ya que profesar haber visto su necesidad de la salvación y la provisión que Dios ha hecho para esta necesidad? Que conteste con sus propias palabras. Si declara su intensión de confiar en Cristo, sería conveniente arrodillarse con él e invitarle a decir al Señor Jesús, con sus propias palabras, que lo recibe como Salvador.

 

f. Establecer que la base de la seguridad es la Palabra de Dios, señalando pasajes como Juan 3:16; 5:24; 10:9; 1Juan 5:13.

 

g. Animar a que haga una confesión de fe en Cristo ante sus familiares y amigos (Rom. 10:9,10; Sal. 27:1;  2Ti. 1:12; Mr. 5:19).

 

2. cosas que debemos evitar.

(Aquí consideramos principalmente lo que puede suceder después de una reunión de predicación del evangelio).

 

a. no llame la atención ud. mismo. En este momento no conviene dar un tratado porque distraería. Converse a Cristo en el lugar prominente (Jn. 3:30).

 

b. NO trate con más de uno a la vez. Esté a solas con una persona. Una persona puede cohibirse totalmente cuando llega un tercero. Si el tercero es creyente, que él hable a Dios mientras ud. habla con el inquiridor.

 

c. No sea ni descuidado ni extravagante en su vestir. No sea como espanta-pájaros ni como arbolito de navidad. No sea sombrío ni frívolo. Sea natural, humilde, alegre, pero sobre todo sincero.

 

d. No monopolice la conversación. Si la persona tiene mucho que decir, déjela que lo diga. Al fin terminará de hablar y tendrá ud. su oportunidad.

 

e. No trate con personas de sexo opuesto. Como regla general, particularmente siendo jóvenes, hombres tratarán con hombres y mujeres con mujeres. Pero, hay veces cuando es imposible observar esta regla, sobre todo si la persona interesada quiere hablar con ud.

 

f. no trate con una persona mucho mayor que ud. las personas mayores se ofenden si creen que uno que es mucho más joven quiere enseñarles.

 

g. Evite argumentos. Puede ganar el argumento sin ganar a la persona. El diablo verá con agrado que ud. se ponga a discutir. Algunas veces el inconverso recurre al argumento como cortina de humo para cubrir su retirada.

 

h. no relate su propia experiencia de salvación. Que la Palabra de Dios sea preeminente y así él tendrá su propia experiencia.

 

i. No multiplique textos. Es preferible usar dos o tres y remacharlos bien, que citar una docena. Los textos no deben ser citados sino mostrados al interesado en la Biblia para que él pueda leerlos por sí mismo. Así la Palabra de Dios será honrada al recibir el lugar de su suprema autoridad (1Co. 2:5). Deje que el alma descanse sobre: “Así dice el Señor”. Por ejemplo: Supongamos que ud. está mostrando al interesado  Juan 3:1-5. Después que haya leído estos versículos. Ud. puede preguntar: “¿Qué señala Cristo como cosa esencial para ver el reino de Dios?” “¿A quien dijo esto?” “¿Quién necesita nacer otra vez?” no se puede contestar “Si” o “No” a ninguna de estas preguntas y las podrá contestar solamente consultando la Palabra de Dios.

 

j. No  sea indebidamente familiar. Evite poner su mano en el hombro del inquiridor, porque puede ofenderle.

 

k. no tenga prisa. Avance lentamente. Esté seguro que el interesado comprenda perfectamente lo que dice la Palabra de Dios. Hágale preguntas sobre lo que ha leído Is. 28:16; Hch. 8:30). Wesley dijo: “no tengo tiempo para estar apurado”.

 

l. No pierda la paciencia, aunque tenga suficientes motivos para hacerlo (2Ti. 2:25).

 

m. No diga “ud. sólo tiene que creer para ser salvo” a menos que la persona sepa qué y a quién debe creer.

 

n. No oculte lo que significa ser cristiano y confesar a Cristo como Señor. Es decirle “adiós” al Yo. Que esto quede bien aclarado.

 

o. No interrumpa a otro obrero. Si él lo llama pidiendo ayuda, entonces sí podrá auxiliarlo. Tampoco deje que nadie lo interrumpa a ud. pero si nota que no es capaz de tratar convenientemente con su inquiridor y hay un obrero de más experiencia a la mano, no deje de pedir ayuda.

 

p. No diga a una persona que ella es salva. Dios puede hacer eso mucho mejor que nosotros y le convencerá más. Si nos preguntan “¿ya soy salvo?”, volvamos otra vez a la Palabra de Dios y preguntemos: “¿Qué dice Dios?”

 

q. no se desanime por el fracaso aparente. Muchas veces lo que un obrero dice es simplemente otro eslabón en la cadena de la gracia que trae a un pecador a Cristo. Alguien ha dicho: “Dios nunca da una sola alma a un solo hombre”. Otros han formado impresiones antes de nosotros y otros aprovecharán impresiones que nosotros dejamos en las vidas de las personas con quienes tratamos. El Señor dijo: “Uno es el que siembra y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores” (Jn. 4:37, 38). Sigamos en la tarea porque a su tiempo segaremos si no desmayamos (Gá. 6:9).

 

r. No cierre la puerta a ninguna persona ni deje que ella le cierre la puerta a ud. Siempre trate de dejar la impresión que la conversación puede ser reanudada cuando ella lo desee.

s. no tenga miedo de decir  una persona que ud. no sabe la respuesta a una pregunta. Algunas de estas preguntas han confundido a los más sabios filósofos. Infórmele sin embargo, que ud. si sabe que Cristo ha hecho mucho por ud.

 

t. No vacile en alabar lo que esté  bien en las condicione del inquiridor. Guíelo de lo que sabe a aquello que aún no sabe.

 

 

LECCION 8

METODOS DEL EVANGELISMO PERSONAL (Cont.)

En la última lección tratamos algunos principios generales que gobiernan los métodos de acercamiento. Ahora trataremos:

 

II. LAS FORMAS DE ACERCAMIENTO.

El problema de como acercarse a una persona es muy real y debe tenernos sobre nuestras rodillas. Debemos orar pidiendo sabiduría y debemos cultivar diligentemente este don de acercamiento. Debemos pedir oportunidades para conversación personal y aprovecharlas cuando se presenten. Cometeremos muchos errores pero la experiencia será provechosa. Enumeraremos siete formas de acercamiento y todas ellas tienen valor.

 

1. Acercamiento directo. Esto podría llamarse “táctica de choque”. En este método llevamos la guerra al campo del enemigo. Es la introducción abrupta al tema vital. Muchos usan este método con muy buenos resultados y es, en muchas ocasiones, un método indispensable por la brevedad del tiempo.

Juan Vassar, un gran ganador de almas que concurriría a la predicación de A. L. Gordon en Boston, era un maestro en este arte. No gastaba tiempo en preliminares sino que preguntaba directamente a un extraño: “¿Está su alma bien con Dios?” “Amigo, ¿Dónde estará ud. en la eternidad?” uno de sus mejores amigos dijo que no sabía de un solo caso en que fuera rechazado por su audacia. Juan Vassar creía que éste era el método que Dios quería que adoptase y ciertamente fue poderosamente usado por Dios.

A mi hermano se le acercó en Londres, Inglaterra, un caballero bien vestido que le preguntó cortésmente: “¿Puedo hacerle una pregunta?” cuando recibió el permiso preguntó: “¿Está su alma bien con Dios?” mas adelante, antes de terminar la conversación, informó a mi hermano que había prometido a Dios que haría esta pregunta por lo menos a una persona cada día.

Otro amigo nunca pregunta a una persona si es salva porque mantiene que si la persona contesta “si”, cuando debería haber dicho “no”, no se puede seguir adelante sin correr el riesgo de llamarla mentirosa. El solía decir: “Es una gran bendición el saber que nuestros pecados son perdonados, ¿no es verdad?” o tal vez: “¡Que maravilloso es haber nacido de nuevo!” contemplaba entonces la reacción que producían estas palabras. Si la persona contestaba con gusto: “Sí, gracias a Dios por el perdón de mis pecados”, entonces sabía que era creyente. Pero si titubeaba o murmuraba algo como: “Espero que si”, mi amigo comenzaba a tratar con él acerca de la salvación de su alma. Puede verse que hay cosas que podemos imitar en estos ejemplos de acercamiento directo.

 

2. Acercamiento indirecto. El método anterior no es favorecido por todos. Unos prefieren iniciar una conversación tratando sobre el clima u otro asunto para luego dirigir la conversación al tema espiritual. Esto requiere gran habilidad que se desarrolla con la práctica. Cualquiera que hubiera sido el tema al principio, sin ningún esfuerzo aparente, la conversación llega al tema principal de manera que la persona se imagina que ella misma ha introducido ese tema.

 

3. Por el arte de interrogar. Esto consiste en preguntas hábiles que despiertan el interés y hacen que la persona crea que ud. necesita ayuda. Tenía un amigo que era experto en este tipo de acercamiento. Inocentemente preguntaba: “perdone, pero ¿podría decirme como puede un pecador reconciliarse con un Dios Santo?” si la perdona respondía algo como: “Haciendo lo mejor que pueda”, sacaba su Biblia y la abría en Efesios 2:8,9 y decía: “Eso es lo que yo solía pensar pero este versículo dice: No por obras para que nadie se gloríe”. Y así seguía la plática hasta que quedara aclarado como podía ser salvo un pecador. Este hombre fue grandemente usado por Dios adoptando este método de acercamiento.

 

4. Por hacer un favor. Muchas veces, al hacer un favor a una persona se nos presenta una espléndida oportunidad para el contacto espiritual. Una mujer creyente supo que una vecina estaba enferma. Fue a su casa, le hizo una taza de té, lavó los trastes, bañó a los niños y puso la casa en orden. Luego leyó las Escrituras a la enferma y le habló de Cristo. Toda la familia fue ganada por este medio. El favor había desarmado toda oposición. Muchas oportunidades como ésta esperan a la persona que realmente las busca y está dispuesta a pagar el precio en forma de trabajo duro y desinteresado. Tal abnegación abrirá las puertas para hablar a al gente acerca de Cristo. Algunas madres pudieran ser persuadidas a asistir a una reunión evangélica si alguna mujer o niña creyente ofreciera cuidar a sus niños. Muchas madres han sido ganadas para el Salvador por este medio.

 

5. Por pedir un favor, poniéndose así bajo obligación a la persona que concede. La mayoría de las personas se siente halagada si se les pide un favor. Recordemos que Cristo mismo usó este método al tratar con la mujer samaritana. Cuando reciba un favor además de agradecerlo, podrá ud. hablar del que le hizo a ud. el más grande de los favores al salvarle.

 

6. Por entregar un tratado evangélico. Esta es quizás la forma más fácil de acercarse a una persona. El tratado se entrega en una forma amable y cortés y así se establece el contacto que puede abrir el camino a una conversación más amplia. Esto puede hacerse también con libros y sugiere la idea de tener disponibles unos libros buenos, que hemos leído, los cuales podremos prestar al darnos cuenta que son adecuados a la necesidad individual de alguna  persona con quien tratamos.

 

7. Después de una reunión evangélica. Esté en oración y alerta al interés que pueda mostrar una visita. Acérquese a la visita con una calurosa bienvenida. Quizá el comentario: “Fue un gran mensaje, ¿verdad?”, provoque una respuesta favorable y un comienzo de conversación. Si la persona muestra poco interés, invítela a venir otra vez y repita que será bienvenida. Es necesario cuidarse de no forzar una conversación. Muchas visitas han sido ahuyentadas para siempre por un creyente excesivamente celoso que insistió en forzar una decisión.

 

III. ALGUNOS EJEMPLOS ESCRITURARIOS DE ACERCAMIENTO

A. Nuestro Salvador y la mujer samaritana (Juan 4).

1. Salió de su camino para encontrarla (v.4)

2. No estaba atado por convencionalismo (v.9)

3. Actuó discretamente, era medio día (v.6)

4. Soportó molestias para lograr este encuentro (v.6)

5. Usó tacto. Esperó hasta que estuvieran solos (v.8), no le hizo reproches, pidió un favor (v.7), enseño una verdad espiritual usando una metáfora sencilla (v.10), no disimuló el problema (vs. 16,17), rehusó ser desviado cuando ella mencionó una cuestión religiosa (vs. 19,10), superó los obstáculos que surgieron, a saber: sexo (v.9), raza (v.9) y religión (v.20).

6. Le reveló su pecado y su necesidad (v.18)

7. se reveló a sí mismo como el Mesías (v. 26). Este es el objetivo de todo trabajo personal: guiar al alma al conocimiento de Cristo.

 

B. Felipe el evangelista y el etíope (Hechos 8:26-40).

1. El se acercó (v. 29). No era orgulloso ni pretencioso. No consideró que era rebajarse el dejar la obra en Samaria para hablar con una solo persona.

2. Obedeció con prontitud al voluntad de Dios. No perdió tiempo. Poseía fervor santo para aprovechar la oportunidad mientras existiese.

3. Le interrogó. No entregó un discurso ya preparado. Averiguó qué sabía el eunuco y donde estaba espiritualmente por medio de un interrogatorio sensato.

4. Se sentó con él. Viajaron juntos muchas horas, tal vez varios días.

5. Usó las Escrituras para predicar a Jesús. Permitió que la Palabra de Dios fuese leída, comprendida y aplicada.

6. Lo guió a Cristo. Llegó el momento cuando el etíope comprendió la verdad y se sometió a ella, creyó en Cristo y le reconoció como su Señor.

7. Lo dejó (v. 39). Pero no lo dejó igual a como lo encontró. No sólo tenía la Palabra en su mano sino que también a Cristo como su Salvador, el Espíritu santo morando en él y un corazón lleno de gozo.

 

 

 

LECCION 9

EVANGELISMO PERSONAL EN OPERACIÓN

Otra vez hacemos énfasis en el hecho de que no hay reglas absolutas que podamos seguir en el trabajo personal porque no existen dos almas iguales. A continuación damos muchas sugerencias que pueden ser útiles pero la mejor forma de hacer evangelismo personal es el hacerlo. La práctica produce la perfección. Algunos casos requieren trato muy especial (Mt. 17:21). Consideraremos cómo tratar con las distintas clases de personas descritas en la lección seis.

 

I. EL DESCUIDADO O INDIFERENTE

 

A veces la indiferencia es solamente una máscara para esconder una profunda ansiedad. La risa cínica a veces encubre un corazón adolorido y un alma angustiada. El trabajo que debemos hacer con esta clase de persona consiste en siete pasos.

 

1. Despertarlos a un sentido de su necesidad. Esto no se hace con argumentos o persuasión sino con la presentación de las escrituras apropiadas. Es obrad el Espíritu el producir convicción de pecado. Sólo Dios puede despertar esta preocupación y lo hace mediante su Palabra. Por eso es tan indispensable usar “la espada del Espíritu”. Señalemos con la Palabra:

a. La universidad del pecado (Ro. 3.10-19, 23). Pregunte lo que significa “no hay justo, ni aun uno”, lo que se entiende por “No hay diferencia”, quienes están incluidos en la palabra “todos”. La norma de Dios es perfección absoluta y sus justos requerimientos se encuentran en la ley (Lc. 10:25-28). El Dr. Torrey una vez mostró a uno que se justificaba a sí mismo que había cometido el más grande pecado porque había quebrantado el mandamiento más grande (Mt. 22:36-40). Otras Escrituras que se pueden usar son las siguientes: Is. 53:6; Mr. 7:21-23; Jn. 3:36; 8:24. no es necesario usar todas estas Escrituras cada vez, pero bueno conocerlas para poder usar la más apropiada a la ocasión.

b. La certidumbre de la muerte y del juicio que sigue (Heb. 9:27; Ro. 1:18; 6:23; 8:7,8; Hch. 17:31; Jn. 3:16; Ap. 20:11-15). Sea fiel a la verdad a la vez que amable. Cierto cirujano acostumbraba decir al paciente a quien iba a operar: “Eche una buena mirada a la herida y luego míreme a mí hasta que termine. Deje que el inquiridor contemple su pecado y luego hágale contemplar a Cristo.

c. El peligro de rechazar o descuidar la salvación (Heb. 2:3; 10:28,29; Jn. 3:36; Pr. 27:1; 29:1).

 

2. Señalar a Cristo. Cuando la persona manifieste una ansiedad genuina, dirija su mirada al sacrificio sustitutorio de Cristo y a la justicia de Dios en la salvación del pecador (1p. 2:24; 2Co. 5:21; Is. 53:5,6; Jn.3:16; Ro. 3:24-26).

 

3. Explicar lo que significa creer. (Hch. 16:30,31). Creer es aceptar la palabra, la persona o el trabajo de otro. Es bueno enfatizar que es el objetivo, es decir, la persona en quien se cree (Cristo), y no el creer lo que salva. El ocuparse en creer, y no en Cristo, hace tropezar a muchos. La ilustración clásica de creer es la historia de Blondin, el famoso equilibrista que con éxito empujó unas carretillas sobre las cataratas del Niágara. Se acerco a un muchacho y le preguntó: “¿crees que te podría pasar en esta carretilla al otro lado de las cataratas, yendo sobre ese cable?” “Sí”, respondió el muchacho. “Muy bien súbete y te llevaré” pero el muchacho se negó, probando así que realmente no creía.

Dios usa muchas palabras para probar lo que significa creer:

a. Mirar. (Is. 45.22). Esto es lo que hace un niño que mira con perfecta confianza a sus padres para la provisión de todas sus necesidades. Así mira un hombre a un amigo que promete pagar una deuda por él. No se trata de visualizar el calvario sino de confiar en Cristo y su obra.

b. Buscar. (Is. 55:6). Esto es un acto de voluntad que es evidencia de un verdadero deseo de conocer a Dios.

c. Invocar. (Ro. 10:13). Cuando un niño llama a sus padres o cuando uno que se ahoga pide auxilio, ¿Por qué grita? Porque sabe que no puede salvarse y necesita ayuda.

d. Venir (Mt. 11:28-30; Heb. 7:25; Lc. 14:27). Es el movimiento del corazón hacia Cristo. También esto es acción de voluntad. Un niño viene a los brazos de su madre confiando que será recibido.

e. Gustar. (Sal. 34:8). Esto significa participar, apropiarse de algo. El aliento no nos trae provecho a menos que sea gustado y comido.

f. Tomar. (Ap. 22:17). Ilustramos esto con una medicina. No le hará bien al enfermos mientras esté en la botella. Es necesario tomarla.

g. Amistarse (Job. 22:21) las personas se llegan a conocer después de haber sido presentadas. El obrero cristiano busca presentar a sus amigos a Cristo.

h. Recibir. (Jn. 1:12). ¿Puede una persona sin brazos recibir un regalo? Si, dando gracias por él. Lo recibe en su corazón, aunque no pueda tocarlo con las manos.

i. Someterse. (Stg. 4:7) esto significa la redención incondicional de una persona a la autoridad de otra. Cristo demanda eso del pecador.

j. Entregarse. (Sal. 37:5; 2Ti. 1:12). Un paciente que va a ser operado se entrega a su médico. Se pone en sus manos sin reservas.

k. Confiar. (Is. 26.3, 4). Esta hermosa palabra está llena  de significado. Un hombre confía su dinero a un banco, confía su peso a una silla. Un niño confiadamente salta de un  lugar alto a los brazos de su padre.

 

4. Explicar lo que significa confesar el señorío de Cristo (Ro. 10:9,10; 2Co. 5:15). Significa darle a Cristo las riendas de nuestra vida para que El esté en control absoluto. Cristo debe ser el Señor de todo lo que somos y tenemos.

 

5. Guiar a la persona a una aceptación definitiva de Cristo. Es bueno, si las circunstancias lo permiten, que el inquiridor se arrodille para hacer esta decisión. Es necesario asegurar que comprende su necesidad y que entiende el camino de salvación. Esto se puede hacer por medio de una pregunta: “Puesto que ud. reconoce que es un pecador y que Cristo puede y quiere salvarle, ¿Qué piensa ud. que debe hacer?” Si él contesta: “Debo pedirle que lo haga”, entonces sugiérale que se arrodille y que le diga eso a Cristo en voz alta, y que ud. será testigo de esa solemne transacción. Cuando haya hecho esto, entonces ud. puede dar gracias a Dios por esta alma que ha confiado en el Salvador.

 

6. Establecer que las Escrituras son la base de la certidumbre. No son los sentimientos sino la Palabra de Dios lo que da seguridad (Jn. 5:24; 6:47; 10:9; Ro. 10:9,10; 1Jn. 5:13). Anote algunos de estos pasajes en un papel para que la persona recién convertida pueda referirse a ellos una y otra vez. Aconseje la lectura diaria de la Biblia, tal vez sugiriéndole que principie con la lectura de los evangelios. También insista sobre la necesidad de la oración y la alabanza

 

7. Señalar la ventaja de testificar a lo que Dios ha hecho (Mr. 5.19). Haciendo esto El iza su bandera al mástil, o, usando otra figura, quema sus naves, eliminando la posibilidad de volver atrás. Ínstelo a vivir solamente para Cristo y a servirle con lealtad.

Tal vez sea bueno añadir una palabra sobre el uso de tarjetas de decisión. Esto es útil siempre y cuando se usen después de que la persona haya confiado en Cristo. De otro modo hay el peligro de que piense que firmar la tarjeta equivale a confiar en le Salvador. Es recibir a Cristo, no firmar una tarjeta, lo que salva. Si se va a usar una tarjeta, es necesario asegurar que las frases que en la tarjeta sean escriturarias y que no dejen ninguna duda sobre lo que significa el firmarla.

No será siempre posible tratar estas siete cosas en una sola entrevista. He visto a personas venir a una reunión evangélica indiferentes a las cosas eternas y dentro de una hora salen verdaderamente salvadas. He visto a otras venir a cien o más reuniones evangélicas antes de ser alcanzadas y ganadas para Cristo. El proceder del Espíritu es un misterio para nosotros y no debemos adelantarnos a él. Es necesario asegurar que el inquiridor ha dado el primer paso antes de pasar al segundo porque cada uno se basa en el anterior y se siguen en sucesión lógica.

 

II. LOS ENGAÑADOS.

La descripción de este grupo se halla en la lección seis. Han sido engañados por doctrinas erróneas y muchos de ellos creen sinceramente que tienen razón. Son estimulados en su error por sus guías y por gran cantidad de libros y tratados hábilmente escritos. Podemos asegurar que en muchos casos estas personas engañadas tienen más deseos de hacer obra personal con los creyentes, que los creyentes con ellas. Antes de mencionar algunos de estos cultos falsos, sería bueno pensar en algunos principios generales que nos ayudarán a tratar con ellos.

 

1. Conocer bien la verdad. En vez de recomendar el estudio de cada una de las falsas doctrinas, recomendamos al estudiante que por el estudio cuidadoso de las Escrituras esté bien arraigado y fundado en la verdad. Al lograr esto no tendrá problemas para descubrir lo que es falsa doctrina. El albañil que sabe usar la plomada y el nivel puede decir si un trabajo está mal hecho. De la misma manera el creyente puede trazar bien la Palabra de verdad, reconocerá el error cuando se le presente. Hay algunos libros y folletos que describen las doctrinas falsas y nos indican cuáles Escrituras usan erróneamente para justificar sus enseñanzas y es de ayuda estudiarlos porque “hombre prevenido vale por dos”. Sin embargo, lo principal es conocer bien las verdades que atañen a la persona y obra de Cristo.

 

2. Recordar que ellos creen sinceramente que tienen la razón. Muchas veces están ávidos para la disputada y preparados a llevar la guerra al enemigo, tratando de convertir al obrero personal.

 

3. No excitar innecesariamente sus prejuicios. No se gana nada al antagonizar inútilmente al engañado, pues es como agitar una bandera roja ante los ojos de un toro. Aquí se necesita el tacto en toda su plenitud.

 

4. NO entrar en argumentos, porque al hacerlo viene la tentación de poner nuestro conocimiento y habilidad contra la suya, lo cual causa acaloramiento que entorpece alcanzar el objetivo que queremos lograr (Ef. 6:17; Heb. 4:12,13). Es posible ganar el argumento y perder la oportunidad de llevar un alma a Cristo.

 

5. Ser cortés. Cualquier descortesía que pudiese ocurrir, que sea de la otra persona (1Co. 13:4,5; 2Ti. 2:24-26).

 

6. Ser compasivo. Es bueno ponernos en el lugar de la otra persona y considerar su medio ambiente. Probablemente fue criado en una atmósfera donde imperaba la falsa doctrina. El error puede ejercer un hechizo hipnótico sobre sus víctimas.

 

7. Ser paciente. No nos desanimemos ni disgustemos. Es necesario arar profundamente y trabajar lentamente para hacer una obra cabal.

 

8. Evitar temas secundarios. No permitamos que la conversación degenere en una comparación de un sistema religioso con otro. Evitemos discutir sobre responsabilidades. Que la persona de Cristo tenga siempre el lugar preeminente.

 

En las próximas lecciones daremos algunas sugerencias sobre los mejores métodos para tratar con las varias clases de engañados.  

 

 

 

 

 

LECCION 10

EVANGELISMO PERSONAL EN OPERACIÓN

 

II. LOS ENGAÑADOS (Cont.)

1. El católico-romano. Que nadie se imagine que es imposible ayudar a los de este grupo. Miles de ellos han pasado de las tinieblas a la luz y libertad del glorioso evangelio de Cristo.

Es bueno recordar que el católico mantiene y enseña muchas de las doctrinas fundamentales, doctrinas de suprema importancia, tales como la deidad de Cristo, su nacimiento virginal, su vida sin pecado, sus milagros, su muerte sustitutoria, su resurrección y ascensión. Creen también en la inspiración de las Escrituras. Es bueno tener a la vista estas verdades sobre las cuales estamos de acuerdo. Lo malo es que han mezclado superstición, paganismo, y error de manera que muchos de ellos han sido cegados con respecto al evangelio emancipador del alma.

Al tratar con un católico-romano no ataque su iglesia ni defienda al protestantismo. No discuta cual iglesia existió primero porque ellos tiene un punto de vista muy distinto sobre al historia de la iglesia. No saque los pecados de algunos sacerdotes. Nuestro objeto no es opinar sobre esa iglesia sino ganar un alma para Cristo. Es muy útil usar la versión católica de la Biblia, es la misma Biblia, porque Biblia sólo hay una aunque hay muchas traducciones distintas.

Muchos católicos afirman que son cristianos. No los contradiga pero muéstreles que el cristiano puede estar seguro que el cristiano puede estar seguro que sus pecados han sido perdonados, que tiene paz con Dios, que posee vida eterna, que está seguro de ir al cielo, etc. De esta manera él podrá juzgar si es cristiano o si no lo es.

Algunas de las cosas que el católico-romano niega son las siguientes: (1) Que Cristo es le único mediador, pues añaden a María, a los santos y al clero. (2) Que uno puede estar seguro de ser salvo. (3) Que la obra de Cristo en la cruz es suficiente para la salvación, pues consideran que algunos ritos y ceremonias son esenciales. (4) Que las Escrituras son la suprema autoridad, pues conceden igual autoridad a los escritos de los padres primitivos y los del Papa, aunque estos contradigan lo que enseña la Biblia.

Hay por lo menos cinco temas que se pueden tratar con provecho con el amigo católico-romano.

 

a. La seguridad de la salvación. Podemos mostrarles que es posible saber que los pecados son perdonados (Hch. 10:43; 13:38,39; Ef. 1:7; 1Jn. 1:9; Col. 2:13); que la vida eterna es posesión presente (Jn. 3:16; 5:24; 1Jn. 5:13—en la epístola de Juan el verbo “saber” aparece unas 36 veces); que la seguridad es para todos los que creen y no sólo para algunos privilegiados (Jn. 1:12; 20:31; 2Ti. 1:12; Ap. 22:17).

 

b. El nuevo nacimiento. Muestre que una persona puede ser religiosa sin ser de Cristo (Nicodemo s un ejemplo de esto—Juan 3). Muestre que el bautismo y la regeneración son cosas distintas en las Escrituras. (El ladrón fue salvado sin ser bautizado—Lc. 23:43; Simón el mago fue bautizado sin ser regenerado—Hch. 8:9-24). Muestre que el nuevo nacimiento es obra del Espíritu de Dios por medio de la Palabra de Dios (Jn. 3:8; 2P. 1:4; Ef. 1:13; 2Co. 5:17; Tito 2:11,12; Stg. 1:27; 1P. 1:23).

 

c. Hay un solo Mediador. En las Escrituras se nos enseña a orar solamente por medio de Cristo (Jn. 14:6; 15:16; 16:23,24). Cristo es el único que recibe este título (1Ti. 2:5; Hch. 4:12; 1Jn. 2:1). Pedro, Pablo y los ángeles rechazaron la reverencia que algunos indebidamente les rindieron (Hch. 10:25,26; 14:8-18; Ap. 19:10; 22:8,9). María puso a Cristo en primer lugar: Notemos sus palabras y acatemos su consejo (Jn. 2:5). Cristo puso a María en pie de igualdad con sus demás discípulos (Mt. 12:46-50; Lc. 11:27, 28; Jn. 2:4; 19:26,27; después de Hechos 1:14 ya no hay mención de ella en la Biblia). Ciertamente es bendita entre las mujeres, pero con motivo de su privilegio de haber sido madre de nuestro Señor (Lc. 1:28-55—notemos en el v. 47 que María dijo “mi Salvador”).

 

d. La suficiencia de la obra de Cristo para la Salvación (Ro. 3:24-28; 4:5; Gá. 2:16; 3:10-13; Ef. 2:8-10). Mostremos que nuestras buenas obras no nos hacen merecedores de la salvación pero, una vez salvos, las buenas obras deben ser el fruto de nuestra salvación.

 

e. La autoridad  de la Palabra de Dios. En la actualidad los católicos tienen mucho interés en las Escrituras. Animémosles a leer su Biblia, pues ella los llevará a Cristo (Sal. 119: 130; Heb. 4:12,13; Stg. 1:18).

 

2. El judío. Muchos judíos han llegado a aceptar a Cristo, su Mesías y Salvador. Para tratar con ellos es necesario tener un buen conocimiento del Antiguo Testamento para poder mostrar que:

 

a. Las profecías han sido cumplidas en Cristo. El Mesías prometido descendió de Abraham (Gn. 12:2,3), de Judá (Gn. 49:10), de David (Is. 11:1-10; Jer. 23:5,6), nació de una virgen (Is. 7:14), en Belén (Mi. 5:2), su rechazamiento fue predicho (Sal. 22; Isa. 53) y su retorno (Zac. 12:10).

 

b. Los sacrificios y tipos tuvieron su cumplimiento en Cristo. (Lv. 17:11; Heb. 9:18-28). La pascua tuvo cumplimiento en Cristo (Ex. 12; Jn. 1:29, etc.). La objeción a la trinidad se contrarresta mostrando Génesis 1:1 donde la palabra que se traduce Dios es plural en hebreo. Compárese con Génesis 1:26. 

 

c. El peligro de rechazar a Cristo (Heb. 10:26-29). Familiarícese especialmente con la epístola a los Hebreos si va a tratar con judíos.

 

3. Los Ruselistas o los así llamados Testigos de Jehová. Este culto niega la deidad de Cristo asegurando que es un ser creado, niega el valor de su expiación y su resurrección corporal y niega que hay eterno castigo para los que rechazan a Cristo. Hay muchos libros que muestran los errores de este grupo. A estas personas debemos mostrar, en las Escrituras:

 

a. La esencial y eterna divinidad de Cristo (Is. 9:6; Mi. 5:2; Mt. 1:23; Jn. 1:1-3; Col. 1:13-18; Ro. 9:5; 1Ti. 3:16; Heb. 1:7-10).

 

b. el valor eterno de su sacrificio (Heb. 9:26; 1P. 2:24; Is. 53: 5,6).

 

c. la resurrección corporal de Cristo (Jn. 2:19-22; Lc. 24:39).

 

d. El carácter eterno del castigo de los que le rechazan (Lc. 16:19-31; Jn. 5:28,29; Ap. 20:15; 22:11; Mt. 25:46; 2Ts. 1:9). Destrucción  no significa aniquilación cuando se usa la Biblia (Os. 7:13). La misma palabra eterno se usa para describir la existencia de Dios y la duración del castigo.

 

4. Los Adventistas del Séptimo día. Este culto falso está equivocado sobre el valor del sacrificio sustitutorio de Cristo, sobre su humanidad sin pecado, sobre la relación del creyente a la ley de Moisés y sobre el estado intermedio de los muertos, pues señalan el “sueño del alma”, es decir, que el alma está inconsciente hasta la resurrección del cuerpo. Los sabadistas son astutos y tratarán de monopolizar la conversación. Es necesario mantener la conversación sobre la base de las Escrituras.

Como en el caso de los ruselistas, es necesario que el obrero personal conozca sus falsas teorías y sus Escrituras favoritas, las cuales tuercen para apoyar sus propios puntos de vista.

Los puntos principales para recalcar son:

 

a. Que el creyente está muerto a la ley por medio de la muerte de Cristo. (Ro. 7:1-4; 10:3-9).

 

b. Que la dispensación de la ley terminó con Cristo (2Co. 3:6-11).

 

c. Que el creyente no tiene a la ley como regla de vida (Gá. 2:16; 3:13). La epístola a los Gálatas da un golpe mortal a los Adventistas del Séptimo día.

 

d. Que el sábado era una señal entre Dios e Israel (Ex. 31:13-17) y que la observancia de días no es requisito cristiano (Col. 2:16). Cada mandamiento del decálogo se reafirma en el Nuevo Testamento menos el cuarto.

 

e. En cuanto al sueño del alma, indíqueles 2Co. 5:1-8; Fil. 1:20-23. Ellos citarán Eclesiastés, pero ese libro encara todo desde el punto de vista natural o “bajo del sol”. Pero aun así, Eclesiastés 9:5-10 se refiere solamente al cuerpo. Que el espíritu no muere con el cuerpo es evidente en 1Co. 5:5; Lc. 23: 43-46; Hch. 7:59; Mt. 10:28.

 

5. La ciencia cristiana. Este culto ni es cristiano ni es científico, pero tiene gran dominio sobre miles de personas, mayormente las que tienen buena posición social. Niega prácticamente todos los fundamentos de la cristiandad y por negar la realidad de la materia deja de ser ciencia. Es la filosofía de la nada. Tiene cuatro posiciones básicas que reproducimos en seguida: (1) Dios es todo en todo. (2) Dios es bueno, Dios es mente. (3) Todo es espíritu, nada es materia. (4) La existencia de vida, Dios, omnipotencia y el bien niegan la muerte, el mal, el pecado y la enfermedad.

Es difícil tratar con estas personas  porque afirman que Dios, Cristo y el Espíritu Santo son meras influencias y no personas; que el pecado y el diablo no existen; que la enfermedad en sólo un error de la mente mortal, etc.

Ellos dicen que la Escritura es inspirada pero reclaman lo mismo para un libro intitulado “Ciencia y Salud” de la Sra. Eddy. Usando la Escritura sin los absurdos comentarios de la Sra. Eddy, el obrero personal debe mostrar a esas personas lo mismo que mostraría al descuidado o indiferente.

 

6. El Espiritista. El espiritismo niega la personalidad de Dios, la divinidad de Cristo, la persona y la obra del Espíritu, la expiación y el castigo eterno. Enseña que es posible para aquellos que han muerto comunicarse, por un médium, con los que viven. Esto no es algo nuevo sino que existe desde hace más de 4.000 años (Dt. 18:9-13). El punto principal que debemos mostrar es que el comunicarse con los muertos es estrictamente prohibido por Dios (Ex. 22:18; Lv. 19:26-31; Dt. 18:9; Is. 8:19). Es una señal de los “postreros tiempos” (1Ti. 4:1,2). Aunque mezclada con cantidad de trampas, no hay dudas que a veces se reciben mensajes del mundo de los espíritus, pero estos no son de personas que han muerto sino de demonios que los personifican. La Biblia claramente dice que los que han partido no tienen comunicación con la tierra (Lc. 16:26). Exhorte fielmente con respeto a este error, porque la maldición de Dios descansa sobre todos los que se ocupan de los espíritus (1Cr. 10:13; 2R. 21:2-12). Busque guiar a estas personas a abandonar su pecado y arrepentidos, volver al Señor.

 

LECCION 11

EL EVANGELISMO PERSONAL EN OPERACION  (Cont.)

 

III EL OBJETANTE

La mayoría de objeciones no son originales y todas pueden contestarse con la Biblia. Enumeramos algunas:

 

1. Relativas a la Biblia y sus doctrinas.

a. “La Biblia esta llena de contradicciones”  contestación: Entréguele una Biblia y dígale que le muestre una contradicción. Por lo general no podrá hacerlo (pero esté listo si le muestra una aparente contradicción).  Si no pudo mostrar una, muéstrele que es absurdo criticar un libro que no ha leído. Diríjalo a 1Co. 2:14; Jn. 3:3,7 y tal vez 2P. 2:12.

 

b. “La Biblia es un libro impuro”. Contestación: pregúntele que quiere decir por impuro. ¿Excita al lector a la impureza de pensamiento, palabra, o acción? ¿Despierta el deseo de imitar los hechos o suscita repugnancia o aversión hacia el pecado que describe? La Biblia hace esto último y por lo tanto es el más puro de los libros (Tit. 115; Sal. 12:6; 2P. 11,12). No es conveniente leer todo el contenido de un libro de medicina en público, pero esa no es razón para decir que es un libro impuro.

 

c. “Dios es injusto por haber creado a hombres para condenarlos”. Contestación: Dios creó al hombre para poder bendecirlo (Gn. 1:28; Sal. 102:18; Ap. 4:11); Dios no desea condenar sino salvar a la humanidad, y en demostración de esto dio a su Hijo quien a su vez dio su vida (Mr. 10:45; Ez. 33:11; Jn. 3:16, 17; 2P. 3:9). Si un pecador va a la perdición eterna, él mismo es el único responsable por despreciar el único remedio que ofrece el único Salvador (Jn. 5: 40; 2Ts. 2:12; Mt. 25:41).

 

d. “No hay infierno”. Contestación: ¿Cómo lo sabe ud.? ¿Con que autoridad dice eso? Cristo declaró que sí lo hay. Ninguno ha regresado de la eternidad para contradecirle (Lc. 16:19-31; Mr. 9:43-48; Mt. 25:46; Ap. 20:11-15).

 

e. “El infierno es en esta vida”. Contestación: esto no puede ser porque: no hay cristianos en el infierno y hay muchos en este mundo; el evangelio no se predica en el infierno y ud. está escuchándolo; no se ofrece salvación en el infierno y Dios se la ofrece a ud. hoy; no hay agua en el infierno y aquí la hay en abundancia. Es cierto que el pecador sufre en esta vida y no tiene paz, pero será mucho peor en el infierno durante la eternidad.

 

f. “La Biblia no es inspirada”. Contestación: ¿Qué entiende ud. por inspiración? Probablemente no podrá contestar. Muéstrele que la incredulidad no altera una verdad (Ro. 3:3,4; 2Ti. 3:15, 16; 1Ts. 2:13; 2P. 1:20,21; Heb. 4:12).

 

g. “Soy sincero en mi creencia”. Contestación: ¿Qué le pasa a la persona que toma un veneno, creyendo sinceramente que es medicina? Muestre que es posible estar sinceramente equivocado y morir tan ciertamente como si fuera suicidio. Nicodemo era sincero pero necesitaba nacer de nuevo. El joven rico era sincero pero le faltaba una cosa. Saulo de Tarso era sincero pero estaba equivocado (Jn. 3; Mr. 10:21; Hch. 26:9-11). No son las ideas humanas sino la Palabra de Dios la que sirve de norma.

 

h. “Un Dios de amor no castigará a sus criaturas”. Contestación: ¿Cómo lo sabe ud.? Dios no solamente es amor, también es luz (1Jn. 1:5). No puede ser amante a expensas de su santidad, justicia y rectitud. Dios odia el pecado y tiene que castigarlo (Ro. 1:18-20; 2:4,5; Ex. 34: 6,7; Dn. 9:12-14; Salmo 11: 4-7: Dt. 32.4). Muestre que Dios en amor dio a su Hijo (Jn. 3:16) y entonces en justicia descargó toda su ira sobre El cuando voluntariamente llevó nuestros pecados (2Co. 5:21; Mt. 27:46; Is. 53:5,6). Todos los que voluntariamente desprecian o rechazan a este Salvador, por este hecho sellan su propia condenación eterna (Jn. 3:18, 19, 36; Heb. 10:29; Ap. 21:8).

 

2. Relativas al mal testimonio de los creyentes.

a. “Hay muchos hipócritas”. Contestación: es cierto, pero el dinero bueno no se rechaza porque hay dinero falso. La hipocresía está predicha y condenada en la Biblia (Mt. 23: 1-3; 15-33). Una persona debe tener cuidado al llamar hipócrita a otra porque uno está en peligro de hacerlo también (Mt. 7:1-5; Ro. 2:21-23). Uno debe ser más pequeño que la persona detrás de quien se esconde, ¿Es ud. mas pequeño moralmente que la persona a quien llama hipócrita? Si un banquero mata a su esposa no quiere decir que todos los banqueros matan a sus esposas y si un creyente es hipócrita no por eso lo son todos. ¿le gustaría pasar la eternidad con los hipócritas? Ninguno de ellos estará en el cielo (Mt. 23:33). Cristo, y no sus imperfectos seguidores es el objeto de nuestra fe; El es nuestro ejemplo. La Biblia no dice “Venid a los cristianos” (Mt. 11:28; Is. 45:22; Jn. 14:6; 10:9).

 

b. “ha sido defraudado por cristianos”. Contestación: ¿es esta su verdadera razón? ¿Podría escribirla y entregarla a Cristo cuando ante el gran trono Blanco sean juzgados y revelados los secretos del corazón? (Ro. 2:16; 14:12; Ap. 20:12; Mt. 12:36,37).

 

3. Relativas a dificultades personales.

 

a. “No soy tan malo”. Contestación. ¿Cuál es la norma para los crímenes? ¿sus ideas o las leyes del país? Ignorar la ley no es excusa. ¿Cuál es la norma que usa Dios para juzgar al pecador? (Mt. 22: 36-40; Lc. 10:27,28). Lea también Santiago 2:10: ¿ha guardado esta ley perfectamente y en todo momento durante su vida? Si no lo ha hecho es un pecador culpable. (Ro. 3:19,23).

 

b. “Estoy haciendo lo mejor que puedo”. Contestación: ¿en toda ocasión ha hecho lo mejor que puede? ¿Nunca ha dicho una mentira, ni tenido pensamientos malos? ¿Puede sinceramente afirmar en la presencia de Dios que siempre ha hecho lo mejor que ha podido? Faltar una sola vez es pecar  y el pecado demanda castigo (Ro. 6:23; Ez. 18:4). ¿Está ud. haciendo “lo mejor” al rechazar a Cristo y el evangelio? Imagine a un  hombre en el último piso de un edificio que está ardiendo. Los bomberos colocan una escalera y le gritan: “¡Baje!”, pero el hombre está demasiado ocupado con sus “mejores esfuerzos”: está construyendo una escalera para salvarse por sí solo. Sus mejores esfuerzos, bajo esas condiciones, son lo peor para él. Debería confiar en la escalera provista por los bomberos (Ef. 2:8,9; Ro. 4:5).

c. “No puedo creer”. Contestación: ¿A quién no puede creer? ¿no puede aceptar la Palabra de Dios? ¿Cree usted lo que le puede decir un hombre? (I Jn. 5:9,10). ¿cree ud. que Dios es mentiroso? Dudar de Dios es insultarle. ¿Por qué no dice honestamente: “No quiero creer”?

 

d. “Hay tantas religiones”. Contestación: si, pero hay un solo Salvador. La salvación no está en una religión  sino en una persona (Jn. 10:9; 14:6, Hch. 4:12; 1Jn. 5:12). El verdadero cristianismo gira alrededor de una Persona mientras que la religión se ocupa en un credo. La religión no murió por nuestros pecados, ni invita al pecador, ni promete salvación. Cristo hace esto y puede salvar a todos los que confían en El.

 

e. “La vida cristiana es demasiado difícil”. Contestación: si, es difícil, pero Cristo da el poder necesario para vivir esta vida (Jn. 1:12; Ro. 1:16; Mt. 11:28-30; Is. 14:3). Muestre que el camino del pecador es más duro (Pr. 13:15; Is. 57:20, 21) y que su condenación es segura (1P. 4:17).

 

f. “Hay demasiado que renunciar”. Contestación: ¿Y que si pierde su alma? ¿Será compensada la pérdida eterna por los placeres de este mundo? (Mr. 8:36). Es cuestión de comparar pérdidas y ganancias (Ro. 6:23). No es tanto cuestión de renunciar sino de recibir a Alguien y muchas bendiciones que vienen con El: Cristo, salvación, gozo, paz, etc. (Jn. 15:11; Fil. 1:6; 3:9; 1Ts. 5:23,24; Ef. 1:3-7; Ro. 15:13; Jn. 14:1-3).

 

g. “Soy miembro de una iglesia”. Contestación: recuerde a Nicodemo y trate el asunto del nuevo nacimiento.

 

h. “Soy demasiado malo”. (Pocas veces se oye decir esto). Contestación: concédale la razón y dígale que es un peor de lo que se imagina, pero que no está fuera del alcance de la salvación (Is. 1:18; 1Juan 1:7; 1Ti. 1:15; Heb. 7:25; Lc. 19:10; Hch. 13:38,39).

 

i. “Mis amigos se reirán de mi”. Contestación: efectivamente así sucederá, pero es mejor que se rían ellos y no Dios (Pr. 1:24-30). Mejor ser rechazado de lso hombres y no por Cristo (Mr. 8:38; Mt. 10:32,33). Cuidado con el temor del hombre (Jn. 12:42,43; Pr. 29:25; Is. 51:7; Mt. 10:28).

 

IV. EL ESCEPTICO.

1. Hay varias clases de incrédulos:

a. El escéptico duda de las doctrinas fundamentales del cristianismo y duda de las Escrituras.

b. El ateo se opone activamente y rechaza por completo las verdades de la Palabra de Dios. Ateo significa “sin Dios”.

c. El deísta reconoce que hay Dios pero niega su revelación por medio de las Escrituras.

d. El agnóstico niega que alguien pueda saber si hay o no hay Dios.

e. El librepensador rehúsa permitir que su mente sea afectada o se incline ante alguna autoridad o dogma, particularmente si es de carácter cristiano.

 

2. Estos grupos pueden volver a ser clasificados en dos divisiones principales: los frívolos y deshonestos y los sinceros.

 

a. Los deshonestos. Su pretendido escepticismo es un pretexto para continuar en una vida de pecado y un paliativo para su conciencia. Al tratar con los tales encontramos bajo la superficie una inmunda fosa de pecado. Al tratar con estas personas no discuta, pues es lo que ellas buscan. No trate de probar algo, porque ellos no aceptan la evidencia. Déjelos hablar y luego cite alguna Escritura que pueda herir su conciencia y despertar un sentimiento de pecado. (1Co. 1:18; 2 Co. 4:3,4; Heb. 9:27; Sal 14:1; Mr. 16:16). Use la espada del Espíritu y limítese a citar las Escrituras, orando para que ellos penetren su corazón.

 

b. Los sinceros. La dificultad de  estas personas es su incapacidad para creer. Averigüe por medio de preguntas la idea que ellos tienen sobre el significado de creer. Entonces muestre la semejanza que hay entre la fe que ellos emplean  en sus negocios, en su vida social y doméstica y la fe que deben poner en Dios y en su Palabra. La diferencia no está en la naturaleza de esa fe sino en su objetivo. Muéstreles que creer en una persona es aceptar como verdad lo que dice, sencillamente por el carácter del que lo dice. Ahora use 1Juan 5:9, 10. Muestre lo que Dios ha dicho acerca del pecado (1Jn. 1:8-10; Ro. 3: 9-23); de sus consecuencias (Jn. 3:18, 19, 36); del amor de Dios (Jn. 3:16; Ro. 5:6-8); de la obra de Cristo (2Co. 5:21; 1P. 2:24); de la seguridad de la salvación (Jn. 5:24; 1Jn. 5:13). Esto es lo que Dios quiere que creamos. ¿Es digno El de nuestra confianza? ¿Cumplirá lo que promete? Aquí puede ud. dar su propio testimonio de la gracia salvadora de Dios.

A. T. Pierson sugiere este método al tratar con un escéptico sincero. Debemos animarle a estudiar las Escrituras (Jn. 5:39), que lea el evangelio de Juan pues lleva el sello de la inspiración (Jn. 20:31), que ore pidiendo luz, pues Dios honrará todo esfuerzo sincero de acercamiento a él (Hch. 17:27; Heb. 11:6), que ponga en práctica lo que aprenda (Jn. 7:17). Al obedecer la luz que Dios da, El dará más luz (Os. 6:3). Cuando esté convencido que venga a Cristo y hallará descanso (Mt. 11:28-30).

 El método de R. A. Torrey consiste en hacer preguntas: ¿Qué es lo que ud. no puede creer? Consiga la contestación más amplia posible. ¿Por qué no puede creer? Esto puede resultar en su descubrimiento para el escéptico al realizar cuán infundadas son sus razones para no creer. Pregúntele: ¿Cree que hay un Dios? Si contesta no, pregunte: ¿cree en la oración? Si aún contesta no, pregunte: ¿Cree en alguna parte de la Biblia? Si una vez más dice que no, entonces pregunte: ¿cree que hay diferencia entre el bien el mal? Si por fin responde afirmativamente pregúntele: ¿Vive ud. de acuerdo con esto que cree? Aquí está es la parte medular de su dificultad. Use Juan 7:17 y Oseas 6:3. Muéstrele que el Señor hace una razonable proposición en estos versículos: si el hombre hace su voluntad, según la conozca, Dios le ayudará a saber y pasará del escepticismo a la fe. Torrey sacaba entonces esta declaración y le pedía que la firmara:

“Creo que existe una diferencia absoluta entre el bien y el mal y por la presente opto por el bien para seguir su senda a dondequiera que me conduzca. Prometo hacer una búsqueda honesta para descubrir si Cristo si Jesucristo es el Hijo de Dios, y si encuentro que lo es, prometo aceptarlo como mi único Salvador y confesarlo como mi Señor ante el mundo”.

Entonces leía Juan 20:31 y conseguía la promesa de leer una porción del evangelio de Juan diariamente. Muchos han llegado a la luz por este medio.

 

 

 

 

 

LECCION 12

EL EVANGELISMO PERSONAL EN OPERACION (Cont.)

 

V. EL QUE SE EXCUSA.

Este se parece mucho al objetante. Sus excusas son superficiales y muy antiguas. Enséñale que las excusas no son nuevas (Lc14:24).

 

1. “Yo soy tan bueno como cualquier miembro de una iglesia”. Contestación: eso no es decir mucho. Muchos miembros de iglesias no ha ¡n nacido de nuevo y ése es el requisito señalado por Dios (Jn 3:3; Ro. 3:10-19.)

 

2. “Hay mucho tiempo”. Contestación: Dios ha señalado un tiempo cuando El está dispuesto a salvar: Es Hoy (2Co. 6:2; Heb. 3:7,8). El hombre no puede ser salvo cuando él quiera sino cuando Dios quiere y El quiere salvar hoy.

 

3. “Me voy a enmendar”. Contestación: ¿Y que de los pecados pasados? ¿Se pueden eliminar las deudas que aparecen en un libro de contabilidad con sólo voltear la página? Muéstrele que Dios requiere lo pasado (Ec. 3:15; Jer. 13:23; Stg. 2:10).

 

4. “Veremos qué es lo que Dios dispone”. Contestación: Dios ya lo dispuso. El que no cree en su Hijo ya es condenado. (Jn. 3:18). No hay “probabilidad” que ud. se pierda si muere en sus pecados, es cosa segura. Dios ha dado a los hombres el privilegio de escoger entre el bien y el mal, de aceptar o rechazar el evangelio, y es el hombre el que dispone dónde estará en la eternidad. (Heb. 2:3).

 

VI. EL IGNORANTE O EL PAGANO.

 

Tratarlo igual como al descuidado o indiferente, presentando su necesidad y la provisión de Dios para ella en la forma más sencilla que sea posible.

 

VII. LOS ANSIOSOS

¡Que bueno es encontrar a esta clase de personas y qué gozo hay al usar la palabra de Dios para guiarles a poner su confianza en Cristo y entrar en la certidumbre de salvación! Use el método que aparece en la lección 9, principalmente el segundo punto.

Estas tres preguntas pueden ser útiles:

 

1. ¿Desea ud. ser salvo?

2. ¿Desea ud. ser salvo de la manera que Dios indica en su Palabra?

3. si le muestro el medio y las condiciones de Dios, ¿estaría ud. dispuesto a ser salvo hoy mismo?

 

Estas preguntas ponen la responsabilidad sobre el inquiridor y preparan el terreno para mostrar las verdades señaladas arriba.

 

VIII. LOS OFUSCADOS

Estas personas a veces están ansiosas de la salvación pero encuentran dificultades que les impiden creer el mensaje del evangelio.

 

1. “No tengo suficiente fe”. Contestación: no es la fe la que salva sino que es Cristo (Ef. 2:8). Ilustración: Marcos 5:27, 28. Un hombre puede tener mucha fe en un  banco nuevo, depositando todo su dinero allí. El banco quiebra y pierde todo. Otro hombre tiene muy poca fe en un banco fuerte, deposita su dinero con desconfianza, pero, el día que quiera sacar su dinero está disponible con todos los intereses. ¿Qué cosa asegura el dinero, la fe, o la seriedad del banco? si Cristo es el objeto de la fe. El salvará aunque la fe sea muy débil. No es la cantidad de fe, sino la persona en quien ésta se deposita es al que garantiza la salvación (Mr. 9:23, 24; Jn. 6:37).

 

2. “He tratado de creer y no puedo”. Contestación: ¿Diría ud. eso a su madre? Sería un insulto el no poder creer su palabra (1 Jn. 5:10). Esta clase de personas están tratando de confiar en su habilidad para creer y no en Cristo. Ilustración: el ancla se echa al mar y no dentro del mismo barco. No eche el ancla en ud. mismo sino en Cristo. Ofrezca a esta persona algún objeto y cuando lo acepte pregunte: ¿Procuró ud. descubrir si creía que se lo iba a dar?, o simplemente lo tomó sin analizar la situación. ud. estaba pensando en el regalo y no en los medios por los cuales lo recibiría. Así debe hacer con Cristo. Olvide su creer y ponga la mirada en Cristo, el énfasis debe estar en Cristo, no en creer.

 

3. “Siempre he creído”. Contestación: esto no puede ser, porque si así fuera ud. siempre ha sido salvo, nunca estuvo perdido y Cristo vino a buscar y a salvar solamente a los perdidos. Hay gran diferencia entre creer “acerca de” y creer “en”. Ilustración: suponga que se encuentra gravemente enfermo. Le han dicho y ud. cree que hay dos doctores que viven cerca de su casa y ud. manda llamar a uno de ellos. Ud cree que hay dos médicos pero encomienda su caso sólo a uno de ellos. El que cree en Cristo deposita su confianza y su alma con El. (2Ti. 1:12).

 

4. “No siento nada”. Contestación: muestre que el orden divino es: el hecho, la fe y luego los sentimientos. Cambiar el orden trae confusión. Acepte el hecho de su condición perdida y de la obra consumada de Cristo. Ponga su fe en Cristo y tarde o temprano vendrán los sentimientos. Ilustración: Lucas 17:14. Los leprosos actuaron en fe aunque no advirtieron inmediatamente que su lepra había desaparecido. La Biblia no dice nada acerca de sentirse salvo, pero si nos ofrece la seguridad de saber que  somos salvos.

 

5. “Temo haber cometido el pecado imperdonable”. Contestación: su preocupación es señal de que no lo ha hecho, porque los que han cometido ya no sienten ansiedad de alma. Señale lo que es este pecado. (Mt. 12:31,32). Es atribuir deliberadamente al diablo la obra del Espíritu Santo. El interés en la Salvación es obra del Espíritu de Dios y prueba que Dios aún ofrece el perdón. Use los siguientes textos: Juan 6:37; 1Timoteo 1:15; 2Pedro 3:9.

 

6. “No se como soy uno de los elegidos”. Contestación: es raro oír esto pero es bueno estar preparado. Muestre que la elección no tiene nada que ver con é. es una verdad revelada a los que ya son salvos. ¿Se atrevería a leer una carta que no viene dirigida a ud? vea a quienes fue escrito este asunto (Ef. 1:1, 4, 5; 1Ts. 1:1-4; 1P. 1:1,23). Ahora vuelva al evangelio cuya indicación es para “Todo aquel que cree” (Jn. 3:16; Hch. 10:43; Ro. 9-13; Jn. 6:37).

 

7. “He querido convencerme que soy salvo pero no puedo”. Contestación: ud. no puede convencerse por una razón muy sencilla. La Biblia no dice: cree que eres salvo y serás salvo, sino que dice: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hch. 16:31). ud. puede llegar a creer que es presidente de la república, pero no por eso lo es, lo que ud. y yo creemos es de poca importancia en comparación con lo que dice la Palabra de Dios. ¿Qué dice Dios acerca de esto? (Ro. 10:9,10; Hch. 13:38; etc.).

 

8. “Tengo miedo que no podré aguantar”. Contestación: su salvación y la seguridad de ella no dependen de que ud. tenga a Cristo en sus manos sino de que ud. esté en las manos de Cristo (Jn. 10:28-30; Ro. 14:4). Tome un lápiz y pregunte si el lápiz puede permanecer verticalmente sobre un libro. Probablemente contestará: No. ahora sostenga el lápiz en esa posición y él dirá: pero es que ud. lo sostiene. Conteste: es cierto, y esa es la única forma en que ud. podrá mantenerse firme. Cristo lo sostendrá (Heb. 7:25; Jud. 24)

 

9. ¿Cómo sabré que soy salvo? Contestación: Dios se lo dirá por medio de su Palabra. ¿Cuándo lo sabré? Cuando ud. crea que es un pecador perdido y que Cristo murió por sus pecados. Entonces pregunte: ¿Quién prefiere que le informe de que es salvo Dios o yo? El contestará: Dios. Entonces muéstrele lo que Dios dice acerca de los que creen en su Hijo (1Co. 6:11; 1Jn. 5:13; Hch. 16:31; Jn. 3:16).

 

10. “¿Y que de los pecados que cometa después de ser salvo?” Contestación: ¿Cuántos De sus pecados eran futuros cuando Cristo murió en la cruz? Todos. Aplique 1Jn. 1:7; Hch. 13:38. Explique lo que es la justicia.

 

11. “¿Qué se entiende por creer?” contestación: use lo que dice la lección 9 bajo el subtitulo 3: Explique lo que significa creer.

 

12. “Es demasiado tarde para mi.” “ya tuve mi oportunidad y la desperdicié”. Contestación: el hecho de que ud. está vivo y no esté en el infierno es prueba de que no es demasiado tarde (Dt. 4:30, 31; Lc. 23: 39-43; Jn. 6:37).

 

IX. LOS QUE SE HAN APARTADO DEL SEÑOR.

Hay varias descripciones de este estado en el Antiguo Testamento (Pr. 14:14; Jer. 2:19; 3:6-22; 31:22; 49:4; Os. 4:16) Ejemplos: David, Salomón, Jonás. En el Nuevo Testamento se describe también (Gá. 5:4; 1Co. 5:1, 5; 9:27). Ejemplos: Pedro (Mr. 14:54, 66-72. Estudie los pasos que condujeron a la negación); Juan Marcos (Hch. 13:13; 15:37, 38; 2Ti. 4:11); La iglesia en Efeso (Ap. 2:4). Las Escrituras nos enseñan que es posible que un cristiano pierda su gozo, seguridad y privilegio de servicio.

 

Hay varios grupos de apartados:

 

1. Los que nunca creyeron. Creen que se han apartado del Señor pero la realidad es que nunca nacieron de nuevo. Dicen: he probado antes y he fracasado. A éstos debemos mostrar amablemente que nunca fueron creyentes y que por lo tanto necesitan ser salvos. Pídales que relaten su conversación y mientras hablan será fácil ver dónde se encuentran espiritualmente. Entonces trátelos como unas personas inconversas dirigiéndolas al Salvador.

 

2. Los indiferentes y los descuidados. Algunos que se han apartado del Señor aparentan ser indiferentes a su condición. Estos necesitan una sacudida para sacarlos de su complacencia. Se pueden usar los siguientes pasajes: Ro. 2:1-5; Jon. 1:6; Jer. 2:5, 13, 19; 1R. 11:9. señáleles que su presente manera de vivir desprestigia el poder preservativo de Cristo. Señale también que el creyente apartado es un anuncio a los inconversos de la insensatez de llegar a ser creyente. Muéstreles que es un tropiezo a los incrédulos y que ellos lo usan a él como pretexto para seguir en le pecado (Ef. 4:17-25; 5:14). Guíelo a hacer lo único indicado para el que vive apartado de Dios; volver a Dios arrepentido, confesando su pecado, tal como lo hizo el hijo pródigo (Lc. 15:18-21).

 

3. El arrepentido. Algunos están cansados de su extravío y desobediencia y están ansiosos de volver. Por medio de preguntas descubra por qué se apartaron del Señor. Entonces muéstreles:

 

a. La pecaminosidad de su alejamiento de Dios (Jer. 2:5)

b. La insensatez de esta conducta (Jer. 2:13).

c. Lo esencial del arrepentimiento para su restauración. Esto incluye la confesión honesta y franca del pecado y abandono del mismo. (Ap. 2:4, 5; Jer. 14:7; Os. 14:1,2; 1Jn. 1:9; Sal. 51; 1Co. 11:30-33).

d. Las promesas que hay para el apartado (Is. 44:20-22; Jer. 3:12-14; 6:16; 24:7; Os. 2:14-16; 11:8; 14:1-4; 2Cor. 7:10).

e. La necesidad de al restauración si han dañado a otros (Lc. 19:8).

f. la necesidad del estudio bíblico, la oración, la comunión con otros creyentes y servicio en la obra del Señor (Is. 40:31; Jn. 21: 15-17; Fil. 3:13, 14; 4:6-8; 2Ti. 2:15; Heb. 10:25).

 

X. EL CRISTIANO DESALENTADO.

¡Cuantos de éstos hay, y cómo necesitan del estímulo de sus hermanos en la fe! (Mal. 3:16, 17). Seamos por la gracia de Dios ayudadores los unos de los otros cuando se nos presente la oportunidad (Gá. 6:1-4).

 

LA RECOMPENSA DEL EVANGELIO PERSONAL

Las recompensas son cuatro:

 

1. El gozo que trae la obediencia al mandato de Cristo y el ver que almas perdidas vuelven al Señor por medio de nuestro testimonio. Esto en sí mismo es recompensa suficiente (Sal. 126:6; Jn. 13:17; Hch. 20:24; Fil. 4:1; 3Jn. 4).

 

2. La bendición que notaremos en las vidas de los que han acudido a Cristo por medio de nosotros y quienes a su vez conducirán a otros a El (Gn. 12:2, 3). Hemos sido bendecidos por Dios para que seamos una bendición a otros (Stg. 5: 20; 1Co. 9:15-23; 4:15).

 

3. La alabanza que recibiremos del Señor. Seguramente su “Bien Hecho” compensará ampliamente todo el trabajo que hayamos hecho por El.

 

4. Las coronas dadas por El. Se mencionan cinco:

 

a. La corona de gozo-para el ganador de almas (1Ts. 2:19, 20)

b. La corona de justicia- para el guerrero, atleta y mayordomo que ama la venida del Señor (2Ti. 4:6-8).

c. La corona de vida-para el que resiste la tentación y es fiel hasta la muerte (Stg. 1:12; Ap. 2:10).

d. La corona de gloria-para los pastores, los que velan por las almas de los creyentes (1P.  5:2-4).

e. la corona incorruptible- para el que se abstiene de todo lo que le impide luchar y correr eficazmente (1Co. 9:24-27).

 

Que seamos ud. y yo, “colaboradores de Dios” (1Co. 3:9; 2Co. 6:1; Mr. 16:20) en el servicio que está tan cercano a su corazón, el atraer los perdidos hacia El por medio del evangelismo personal. Si como resultado de este estudio nos entregamos a esta tarea con gozo y renovado fervor, el esfuerzo de prepararlo, bien ha valido la pena.