LA CONDICIÓN ARRUINADA DEL HOMBRE

La Palabra de Dios no nos deja en duda acerca de la condición del hombre o de la mujer, la deplorable situación ante los ojos de Dios quien juzgará a los vivos y a los muertos en el juicio final..

La Biblia nos muestra la situación real del hombre y de la mujer sin Dios (El hombre / la mujer natural, es decir, sin Cristo. (1 Corintios 2: 14)) vive en la tierra según su creencia: o bien creyendo que esta vida es todo lo que hay, y que después no hay nada; viviendo conforme a su propia voluntad, sin considerar la voluntad de Dios. Aunque haya vivido una vida sin excesos, comportándose aceptablemente a los ojos de la sociedad en la que está; respetando las leyes naturales y civiles, y buscando su felicidad sin perjuicio de terceros, e incluso haciendo felices a otros en el contexto de un sano altruismo -  todo lo cual en su conjunto sería testimonio más que aceptable según el baremo de este mundo civilizado – aún y así estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión, porque está separado de Dios por causa de su pecado y su final es el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Ap. 21: 8)

 

La persona sin Dios, no puede por él mismo entender y percatarse de las cosas de Dios. Vive conforme a la faceta natural, pero está muerto en cuanto a la percepción espiritual de Dios, y todo ello a causa de esa separación producida por el pecado. (1 Corintios 2: 14) Aunque ese hombre haya vivido tal y como lo expuesto justo arriba, añadiendo a ello el haber sido fiel cumplidor de los mandamientos de una religión determinada, buscando a su manera y albedrío el agradar a su Dios; sacrificándose por los suyos, y aún por otros desconocidos – aún y con todo - estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión.

Aunque sea hombre/mujer creyent@ que siempre ha ido a la iglesia cristiana, que periódicamente lee la Biblia y ora, que jamás dice palabras malsonantes, es servicial, está involucrado en diversas actividades evangelísticas, dando un testimonio cristiano más que aceptable, etc. etc. pero que jamás nació de nuevo verdaderamente (Juan 3: 3); por lo tanto, ese hombre o mujer, estaría también eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión. "no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:9).

 

Pero ¿Que es pecado?

El pecado es descrito en la Biblia como la trasgresión a la ley de Dios (1 Juan 3:4) y rebelión contra Dios (Deuteronomio 9:7Josué 1:18). El pecado tuvo su origen con Lucifer, el “Lucero, hijo de la mañana”, el más hermoso y poderoso de los ángeles. No contento con ser todo esto, el deseó ser semejante al Dios altísimo, y esa fue su caída y el inicio del pecado (Isaías 14:12-15). Cambiado su nombre a Satanás, él trajo el pecado a la raza humana en el Jardín del Edén, donde tentó a Adán y Eva con la misma seducción - “...seréis como Dios...” Génesis 3 describe su rebelión contra Dios y contra Sus mandamientos. A partir de ese momento, el pecado ha pasado a través de todas las generaciones de la raza humana, y nosotros como descendientes de Adán, hemos heredado el pecado de él. Romanos 5:12 nos dice que a través de Adán, el pecado entró al mundo, así que la muerte pasó a todos los hombres, porque “la paga del pecado es muerte...” (Romanos 6:23).
 

Para entenderlo en la mejor manera, remontémonos al principio.

Cuando al sexto día Dios terminó Su creación (Génesis 2: 1), vio y consideró que todo lo que había hecho era bueno en gran manera (Génesis 1: 31).

No existía la muerte y de hecho, no había enfermedades, ni catástrofes naturales, ni ningún tipo de deficiencia y tampoco había pecado, sino inocencia. El clima era ideal, y todo rebosaba vida y bien sobre la tierra.

El hombre, fue creado por Dios a Su imagen y conforme a Su semejanza (Génesis 1: 26), para mantener una relación de amistad y amor con su Creador, y regir sobre lo que El había creado en la tierra. (Génesis 1: 28-30).

 

La responsabilidad de todo lo creado sobre la tierra estaba en las manos del hombre recién creado. Y así fue durante algunos años (Génesis capítulos 1 y 2). Hasta que usando de su libre albedrío, tanto Eva como Adán prefirieron romper su relación con Dios al decidir creer las promesas mentirosas del diablo:

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el Señor había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios sabiendo el bien y el mal”  (Génesis 3: 1-4)

 

La decisión del hombre de creer al diablo antes que a Dios fue tomada en perfecto uso de su libertad, de su voluntad y conocimiento, por lo tanto había responsabilidad y consecuencias.

Esa decisión motivó la ruptura eterna de relación entre la criatura y su Creador. Por todo ello, la desobediencia de la mujer y luego la del hombre (Génesis 3: 6), desencadenó maldición. Esa maldición vino sobre toda la tierra hasta hoy…

“...maldita será la tierra por tu causa (la de Adán), con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra...” (Génesis 3: 17-19)

 

A través de Adán y Eva, la heredada inclinación al pecado entró en la raza humana y los seres humanos se volvieron pecadores por naturaleza. Cuando Adán y Eva pecaron, su naturaleza interior fue transformada por su pecado de rebelión, acarreándole la muerte espiritual y la depravación, la cual pasaría a todos aquellos que fueran después de él. Los humanos se volvieron pecadores, no porque ellos hayan pecado; ellos pecaron, porque eran pecadores. Esta es la condición conocida como – la herencia del pecado. Así como heredamos características físicas de nuestros padres, así también heredamos nuestra naturaleza pecaminosa de Adán.

 

Antes que fuera dada la Ley de Moisés, el pecado no era imputado al hombre, sin embargo aún así los hombres eran pecadores porque heredaron el pecado. Después que la Ley fue dada, los pecados cometidos en violación a la Ley fueron imputados (acreditados) a ellos (Romanos 5:13). Aún antes que las transgresiones de la Ley fueran imputadas al hombre, la paga por el pecado (la muerte) continuó reinando (Romanos 5:14). Todos los humanos, desde Adán hasta Moisés, estuvieron sujetos a muerte, no por sus acciones pecaminosas contra la Ley Mosaico (la cual aún no tenían), sino por su propia y heredada naturaleza pecaminosa. Después de Moisés, los humanos estuvieron sujetos a muerte tanto por el pecado heredado de Adán, como por el pecado imputado por violar las leyes de Dios.

 

Hemos hablado del pecado heredado y ahora hablamos del pecado personal:

El pecado personal es aquel que es cometido día tras día por el ser humano. Por haber heredado la naturaleza pecaminosa de Adán, cometemos pecados individuales y personales – todos ellos, desde la aparentemente inocente mentirilla, hasta el homicidio.

1. No glorificar a Dios.    2. Aborrecer a Dios.    3. Necedad.    4. Inmundicia.    5. Concupiscencia.    6. Deshonra.    7. La mentira.    8. Honrar y dar culto a las criaturas: Santos, Santas, Ángeles, Hombres, Mujeres, Imágenes talladas o de fundición, Animales, Actores, Artistas, Cantantes, Futbolistas, Deporte (cualquier tipo).    9. Homosexualismo y Lesbianismo. Levítico 18:22, Levítico 20:13, 1ª Corintios 6:9, Romanos 1:26-28.  Los pasajes son tomados de la Biblia, Nueva Traducción Viviente.    10. La injusticia,    11. Fornicación,    12. Perversidad.    13.  Avaricia.    14. Maldad.    15. Envidia.    16. Homicida.    17.  Contención.    18. Engaño.    19. Malignidad .    20. Murmuración.    21.Detracción,.    22. Injuria.     23. Soberbia.    24. Egoísmo.    25. Inventar maldad.    26. Desobedecer a los padres.    27.  Deslealtad.    28.  Sin afecto natural.    29. Implacables.    30.  Sin misericordia.    31. Adulterio.    32. Inmundicia.     33. Lascivia.    34. Hechicerías.    35. Enemistades.    36. Pleitos.    37. Celos.    38. Iras.    39. Contiendas.    40. Disensiones.    41. Herejías.    42. Homicidios.     43. Borracheras.    44. Orgías, y cosas semejantes a estas.

 

Romanos 1:18 Pero Dios muestra su ira desde el cielo contra todos los que son pecadores y perversos, que detienen la verdad con su perversión. 19 Ellos conocen la verdad acerca de Dios, porque él se la ha hecho evidente. 20 Pues, desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios. 21 Es cierto, ellos conocieron a Dios pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión. 22 Afirmaban ser sabios pero se convirtieron en completos necios. 23 Y, en lugar de adorar al Dios inmortal y glorioso, rindieron culto a ídolos que ellos mismos se hicieron con forma de simples mortales, de aves, de animales de cuatro patas y de reptiles. 24 Entonces Dios los abandonó para que hicieran todas las cosas vergonzosas que deseaban en su corazón. Como resultado, usaron sus cuerpos para hacerse cosas viles y degradantes entre sí. 25 Cambiaron la verdad acerca de Dios por una mentira. Y así rindieron culto y sirvieron a las cosas que Dios creó pero no al Creador mismo, ¡quien es digno de eterna alabanza! Amén. 26 Por esa razón, Dios los abandonó a sus pasiones vergonzosas. Aun las mujeres se rebelaron contra la forma natural de tener relaciones sexuales y, en cambio, dieron rienda suelta al sexo unas con otras27 Los hombres, por su parte, en lugar de tener relaciones sexuales normales, con la mujer, ardieron en pasiones unos con otros. Los hombres hicieron cosas vergonzosas con otros hombres y, como consecuencia de ese pecado, sufrieron dentro de sí el castigo que merecían. 28 Por pensar que era una tontería reconocer a Dios, él los abandonó a sus tontos razonamientos y dejó que hicieran cosas que jamás deberían hacerse.29 Se llenaron de toda clase de perversiones, pecados, avaricia, odio, envidia, homicidios, peleas, engaños, conductas maliciosas y chismes30 Son traidores, insolentes, arrogantes, fanfarrones y gente que odia a Dios. Inventan nuevas formas de pecar y desobedecen a sus padres. 31 No quieren entrar en razón, no cumplen lo que prometen, son crueles y no tienen compasión. 32 Saben bien que la justicia de Dios exige que los que hacen esas cosas merecen morir; pero ellos igual las hacen. Peor aún, incitan a otros a que también las hagan.  Los pasajes son tomados de la Biblia, Nueva Traducción Viviente.

 

Galatas 5:19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 
5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 
5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Los pasajes son tomados de la Biblia, Reina Valera 1960.

 

Toda persona sin Cristo deben pagar el castigo por estos pecados personales, así como por la imputación pecado de herencia y serán condenados eternamente expuestos al fuego del infierno.

El hombre se condenó a sí mismo al romper unilateralmente su vínculo con Dios su Creador, por pecar contra Él con conocimiento de causa. Esta es la consecuencia del mal uso de la libertad y de la voluntad que le fueron otorgadas. Dice la Biblia:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5: 12)

...la muerte entró por un hombre (Adán)...porque así como en Adán todos mueren...” (1 Corintios 15: 21, 22).

 

En su contexto general, el resultado de la desobediencia de Adán ha quedado más que patente a través de toda la historia de la humanidad: más pecado y maldad con sus consecuencias a priori y a posteriori: violencia, muerte, enfermedades, hambruna, desgracias, y un largo etcétera que todos conocemos tan bien.

A ese mal, habría que añadirle otro. A causa de la insaciable soberbia del ser humano alejado de Dios, el hombre busca el endiosarse. Aprovechándose de la vida que Dios le concede sobre esta tierra, el hombre sea abierta o calladamente, prescinde de Dios y se levanta en su espuria autosuficiencia con sumo descaro.

Pero el hombre no fue creado para ser un dios, y esto es lo que muchos irresponsables no entienden aún. El pretender ser dios de su vida, le lleva a una inexorable perdición, porque haciendo así, se cierra a sí mismo toda puerta a la humildad y humillación ante Dios, el Único que le puede salvar.

 

El hombre fue creado para vivir en dependencia de su Creador.

El hombre no puede tener vida en sí mismo. Sencillamente, no es así. El pretender esto, es dar la espalda a Dios el cual en Cristo  es la vida (Juan 14: 6; 1 Juan 5: 12); y perderse para siempre.

El pecado de Adán trajo otra consecuencia añadida: el hombre ya no pudo, ni puede,  hacer nada por sí mismo para restaurar lo que él mismo rompió, y sigue rompiendo cada día.

Todos los hombres fueron alejándose paulatinamente más y más de Dios, como consecuencia de su corazón no regenerado.

El hombre no es básicamente bueno, sino básicamente malo. El mismo Dios declaró: “...el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud...” (Génesis 8: 21). Esto quiere decir que desde que el ser humano tiene uso de razón, peca y es un pecador. Esta es la realidad. A pesar de lo que dicen ciertos incautos, la Biblia asegura:

Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque (Eclesiastés 7: 20). Prosigue diciendo:No hay justo, ni aun uno...por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3: 10, 23). 

 

Por contrapartida, toda religión sin Cristo, básicamente enseña que haciendo obras buenas más que malas, uno irá poco a poco regenerándose o salvándose, o como se le quiera decir, porque la balanza se inclinará más hacia el lado bueno. Esto no es más que una simpleza y error.

Imagínate que tienes en tu mano una jarra de cristal llena de agua sucia, ¿Qué harías para que, en vez de tener esa agua sucia, pudiera contener agua limpia y cristalina que pudiera calmar tu sed? ¿Añadiría agua limpia a la sucia? Estoy seguro que no haría eso. Añadir agua limpia al agua sucia, ¡sería de ignorantes! En todo caso, lo que harías sería vaciar la jarra, limpiarla, y entonces ya estaría preparada para ser rellenada de agua limpia. 

 

Por años hemos intentando añadir agua limpia, que simbolizaría nuestros pobres esfuerzos por hacer lo correcto, al agua sucia. ¡Al final no teníamos más que... más agua, y agua siempre sucia!

La Biblia, dice que las buenas obras sin un corazón regenerado, son ese intento de obtener agua limpia que calme la sed. Jamás ocurrirá.

La Biblia es muy clara ante ese intento de ser buena gente ante Dios, sin Dios, porque define nuestras justicias, como “trapos de inmundicia”:

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isaías 64:6).

Por eso, Salomón, inspirado por el Espíritu Santo llega a preguntarse: “¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?” (Proverbios 20: 9).

 

Y la respuesta a esta pregunta que se planteó el rey Salomón, es: nadie

Pero a pesar de la observación divina, muchos se creen justos en sí mismos, no obstante la Biblia, con nitidez, advierte:Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión, pero Jehová pesa los espíritus” (Proverbios 16: 2).

¡El hombre no es un buen juez de sí mismo! o bien para acallar su conciencia, o bien para sentirse mejor con sí mismos, los hombres intentan aplacar su conciencia a base de buenas obras, pero esas obras no son garantía de nada porque el problema del pecado del hombre estriba en su corazón. El corazón es la clave. Hay que ir a la base del problema, y no perderse en las ramas. Dice la Biblia: “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas (Jeremías 17: 9). El dictado del corazón no regenerado es engañoso.

 

El corazón no regenerado es el resultado de la rebelión del hombre natural, del hombre sin Cristo. Ese corazón se levanta como enemigo de Dios.

Sólo Dios puede cambiar ese corazón y darnos el que Él tiene. Así oraba David cuando pecó contra Dios: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu nuevo dentro de mí” (Salmo 51: 10).

Es preciso que el corazón del hombre sea regenerado, porque el hombre tiene un verdadero problema de dureza de corazón.

 

Dijo Jesús: “Oí, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre...lo que sale de la boca, del corazón sale...Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias...” (Mateo 15: 11, 18, 19).

El pecado es consecuencia directa de un corazón no regenerado, y ese pecado genera la muerte espiritual: Porque la paga del pecado es muerte...” (Romanos 6: 23)

A su vez, ese pecado origina la separación definitiva de Dios.

 

Cuando el hombre muere en ese estado, su destino final y eterno es el infierno.

El infierno es un lugar real de eterno tormento que Dios preparó para Satanás y sus demonios. También es el destino de todos los que mueren sin Cristo.

“...los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre...” (Apocalipsis 21: 8).

 

¿Quién condena realmente, el juez, o el que se condena por su acción?
Por otra parte, la dureza del corazón  del hombre sin Cristo atrae la justa ira de Dios:

“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para tí mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2: 5)

Algunas personas quieren evitar este punto diciendo que el amor de Dios cancela la ira. ¡El problema es que malentienden el amor de Dios!

Si prestamos cuidadosa atención a lo que dice este versículo que hemos leído, lo que vemos es que es el mismo pecador el que acumula o atesora ira para  mismo. ¡El mismo hombre sin Cristo se autocondena! Si un hombre comete un asesinato, ¿acusamos al juez por emitir un veredicto de condena? ¡No! Fue el asesino el responsable de su destino.

El asesino se condenó a sí mismo cuando cometió el asesinato; el juez sólo aplicó el código de justicia.  El Señor Jesús lo definió de manera clarísima, cuando dijo:

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3: 19, 20), “… el que no cree, ya ha sido condenado…” (Juan 3: 18)

 

Es el amor por el mal (y a veces éste disfrazado de bondad y de altruismo), el que hace que las gentes se condenen a sí mismas. Por eso la Biblia dice que todos los que se aferran a su pecado, y aún lo justifican (porque en realidad lo aman), condenándose a sí mismos, son cegados definitivamente por el dios de este siglo, que es Satanás. (2 Corintios 4: 3, 4)

Creer no significa solamente aceptar tácitamente la verdad en la mente, sino ponerse verdaderamente de acuerdo con Dios.

Si Dios, el Creador hubiera sido un Dios meramente justo, nadie tendría la más mínima posibilidad de salvarse. Por justicia, todos merecíamos esa condenación.

 

¡Si Dios no hubiera  hecho algo, el hombre estaría irremisiblemente perdido para siempre!, pero Dios ideó un plan para salvar a los hombres desde antes de la fundación del mundo. La iniciativa siempre es de Dios.

El motivo de hacer así: sencillamente por amor.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3: 16, 17)

 

Así pues, ante aquella pregunta que todo hombre sobre la tierra debería hacerse – recordemos:

“Si a pesar de todos mis esfuerzos, estoy condenado a pasar toda la eternidad en el infierno, ¿Cómo podré escapar de esa realidad, si es que hay manera?”

 

La respuesta de Dios es Jesucristo. Sólo Jesucristo es la puerta de escape de esa condenación segura. Él mismo lo dijo:Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10: 9)

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14: 6)

Jesucristo, “y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 12)

 

Ef. 2: 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

2:2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia;

 

Muerte, en las Escrituras, significa separación. La muerte física ocurre cuando el espíritu se separa del cuerpo

Santiago 2:26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

 

La muerte espiritual es la separación del hombre pecador de la vida de Dios.

Efesios 4:18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;

Juan 11:25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

 

La muerte segunda es la fijación eterna de este estado de separación de Dios, en lo que se refiere a cuerpo alma y espíritu

Ap. 20:12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

20:13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.

20:14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

20:15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

 

La muerte ha sido definida como “el cese de relación con el medio ambiente”. ¿Murió Adán el día que comió del árbol prohibido?

Si, porque su relación con Dios cesó. Ese día murió espiritualmente y más tarde murió físicamente.

Genesis 2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

 

Ejemplo del hijo prodigo:

Lucas 15:24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

¿Cuándo estaba muerto el hijo pródigo? Mientras estaba en el país lejano, separado de su padre.

Lo confirma en: 1 Timoteo 5:6 Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta.

Puesto que el hombre está  muerto en lo que a su relación con Dios se refiere, su gran necesidad es vida de Dios.

 

La acción de impartir esta vida se llama regeneración o nuevo nacimiento. En Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, 1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

 

Aclaración al nuevo nacimiento.

a. No es por herencia,no de sangre”. Nadie tiene vida eterna porque sus padres sean cristianos. La vida espiritual no se hereda. Cada uno necesita ser regenerado individualmente.

b. No es por esfuerzo propio, “ni de voluntad de carne”. Ninguna persona puede regenerarse a sí misma o producir su nacimiento espiritual, como tampoco pudo producir su nacimiento físico.

c. No es por intervención humana, “ni de voluntad de varón”. Miles confían en esto e imaginan que el sacerdote o el ministro, por medio del bautismo, confirmación, recepción como miembro de la iglesia, comulgar, etc., les ha dado el nuevo nacimiento. Las Escrituras dicen claramente que la voluntad o acción humana no pueden impartirlo.

 

Luego viene la grandiosa verdad, “sino de Dios”. Dios únicamente es la fuente. Únicamente cuando Dios vivifica puede vivir el hombre

1Jn. 5:1 Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.

 

Oyendo la Palabra de Dios con fe y recibiendo a Cristo como Salvador, el pecador es sellado con el Espíritu de Dios y así es regenerado.

Juan 5:24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
5:25
De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

Gálatas 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?;

Efesios 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa)

 

Nunca podremos recalcar demasiado que únicamente Dios puede regenerar. El gran peligro está en el obrero demasiado celoso que trata de hacer lo que sólo Dios puede efectuar. Es nuestro deber presentar la Palabra de Dios con claridad, pero no podemos comunicar al pecador la vida espiritual que necesita.

 

La persona Sin Cristo está perdido y necesita ser sellado (

Lucas 19:10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido;

2 Corintios 4:3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto).

La palabra perdido implica dos cosas: Que una cosa no es poseída por su dueño legal o que una persona no sabe donde está o cómo encontrar el camino que quiere.

En Lucas 15:

Parábola de la oveja perdida

15:1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
15:2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
15:3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:
15:4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
15:5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;
15:6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
15:7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

 

Parábola de la moneda perdida

15:8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
15:9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.
15:10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

 

Parábola del hijo pródigo

15:11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;
15:12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.
15:13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
15:14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.
15:15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.
15:16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
15:17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
15:18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
15:19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
15:20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
15:21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
15:22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
15:23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
15:24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
15:25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;
15:26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
15:27 El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.
15:28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
15:29 Más él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.
15:30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.
15:31 El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
15:32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

 

La palabra “perdido”  y derivados del verbo “perder” ocurre siete veces y tenemos una descripción triple del pecador.

  1. La oveja se perdió por haberse descarriado. Lucas. 15:1-7 Isaías 53:6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros).

  2. La moneda se perdió por haberse caído, y, aunque valiosa, yacía incapaz de ayudarse a sí misma. Lucas. 15:8-10

  3. El hijo pródigo se perdió por su capricho. No fue por ignorancia o por haberse caído. Por su propia voluntad salió del hogar y malgasto sus recursos. Lucas. 15:11-32

  1. Es un esclavo que necesita redención. El pecador está bajo el control y poder de otro. El pecado es un amo y el pecador un esclavo incapaz de librarse a sí mismo

 

Comprendamos lo que implica la palabra perdido  y recordemos que el pecador necesita ser hallado y salvado. La salvación es obra de Dios. Sólo El puede hallar al descarriado, levantar al caído y poner en el corazón del pródigo el deseo de volver a su Padre.

 

Romanos 6:16-20

6:15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 6:16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 6:17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 6:18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 6:19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.
6:20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.

Ro.7:14 Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado

 

Por lo tanto, necesita ser redimido. Redención es el acto por el cual se libera a una persona o cosa del poder de otra, pagando el precio de rescate.

Este mundo es como una colonia penal en la cual hombres y mujeres trabajan como esclavos de la mentira, blasfemia, lujuria, codicia, orgullo, bebida, moda, placer, egoísmo, religión, etc. ¿cómo van a ser redimidos y libertados de su esclavitud? Necesitan ser traídos en contacto con Cristo el Redentor.

 

a. El que vino para redimir (Lc. 4:18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 4:19 A predicar el año agradable del Señor;

Mr. 10:45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos).

 

b. El que pagó el precio del rescate (Gá. 3:13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero; 4:4 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos; 1Co. 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.; 1P. 1:18,19  sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación).

 

c. El vive siempre para librar de esclavitud al pecador a todo pecador que acuda a El (Jn. 8: 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 8:35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 8:36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres; Ef. 1:5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad; Gá. 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud).

La liberación del castigo y del poder del pecado se encuentra en una sola persona y esa persona es el Cristo Jesús.

 

La persona Sin Cristo es un ciego que necesita iluminación

a. el hombre, por naturaleza, está ciego a las realidades espirituales.

·         Su entendimiento está oscurecido (Ef. 4:18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón). 

·         Está cegado por Satanás (2Co. 4:4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios).

·         No puede ver el reino de Dios (Jn. 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios).

·         No puede recibir o comprender las cosas espirituales (1Co. 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente).

·         Mora en la oscuridad  y ama las tinieblas (Jn. 1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella; 3:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas; Col 1:13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo).

·         Por lo tanto necesita que sus ojos espirituales sean abiertos (Hch. 26:18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados).

 

b. Cristo vino para traer luz (Jn. 8:12  Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida; Juan 9:5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo; Lc. 4:18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;  Lucas 4:19 A predicar el año agradable del Señor).

Sus palabras dan luz acerca de Dios, el pecado, el pecador, la salvación, los problemas de la vida y el horrible destino del que le rechaza (Sal. 119.130 La exposición de tus palabras alumbra;
Hace entender a los simples).

 

c. Todos los que confían en Cristo son traídos a la luz (2Co. 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz,es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo; Ef. 5:8 Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz). No nos sorprendamos cuando una persona inconversa nos diga: “Pero no puedo ver las cosas de esa manera”. ¿Cómo podrán ver, a menos que sus ojos sean abiertos? Las Escrituras, cuando son aplicadas por el Espíritu de Dios abren los ojos del pecador a su necesidad del reino de Dios.

 

Es un rebelde que necesita reconciliación.

a. El hombre se encuentra en un estado de rebeldía contra Dios (Ro. 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida; Rom 8:7 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Rom 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él;

Col. 1:21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado; Tit. 3:3 Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros).

Odia la verdad, resiste la Palabra de Dios y se opone a que Dios tenga su legítimo lugar como Señor Supremo (Ro. 1:20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa; Daniel 5:23 sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste). Las últimas palabras del texto en Daniel son la acusación de Dios contra la humanidad. Esta actitud de rebelión ha sido descrita así: “Un rostro iracundo, un puño cerrado y amenazante, y el blanco de todo esto: Dios Todopoderoso”.

 

b. El hombre necesita ser reconciliado. Debe volver a Dios arrepentido y sumiso para llegar a ser un súbdito leal. En Lucas 14:31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?  Lucas 14:32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz

El hombre pecador, reuniendo sus fuerzas y tomando consejo consigo mismo para ver si puede, con su despreciable ejército de pecados, deseos, opiniones, resoluciones y voluntad, enfrentarse a los 20.000 santos requisitos, propósitos y preceptos de Dios. Por fin decide buscar condiciones de reconciliación. Estas son simples. El pecador debe confesar su rebelión, creer el evangelio y rendirse incondicionalmente a Cristo. Así vendrá bajo la benéfica autoridad y señorío de Aquel por cuya sangre fue hecha la paz (Col. 1:20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz; 2Co. 5:19-21 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 5:20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él).

 

Es un criminal que necesita justificación.

El pecado es un delito contra el santo trono de Dios y su gobierno moral. Cada creyente debe saber lo que la Palabra de Dios dice sobre el pecado.

a. El hombre es pecador por naturaleza. Esto quiere decir que nació en este mundo con una naturaleza opuesta a Dios (Sal. 51:5 He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre). A esta naturaleza se le llama “la carne” y ella ama todo lo que Dios aborrece y viceversa (Ro. 8:5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.  8:6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 8:7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
8:8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él). Una persona no tiene que pecar para llegar a ser pecadora, sino que peca porque es pecadora. La naturaleza pecaminosa es la raíz de la cual las palabras y los hechos pecaminosos son los frutos (Mr. 7:21
Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios
, 7:22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.
7:23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.; Jer. 17:9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá).

 

b. El hombre es pecador por elección y por práctica. Esta naturaleza pecaminosa pronto  se pone en evidencia por los pensamientos pecaminosos cobijados en la mente, las palabras que escapan de los labios, las acciones pecaminosas en la vida y una actitud general pecaminosa con respecto a Dios. Dios ofrece un retrato de cuerpo entero del pecador en Romanos 3:10-19,23. todo pecado , sea contra nosotros mismos o contra nuestros semejantes es, en primer lugar, contra Dios (Sal. 51:4). La enormidad del delito se determina según la persona contra quien se haya cometido, y todo pecado es un crimen contra Dios (Os. 7:2; Am. 5:12; Sal. 14:2,3; Ro. 1:28-32; Tit. 3:3). Dios aborrece los pecados que cometemos con la mente (Mt. 5:28), con palabras (Mt. 12:34-37) y con Hechos (Jer. 44:3,4; Pr. 6:16-19).

 

c. El hombre necesita justificación delante de Dios. Justificar es declarar justo. Justificación es el acto de Dios por el cual El declara justo al pecador que confía en el sacrificio expiatorio de su Hijo Jesucristo y lo recibe como Salvador y Señor. Es mucho más que perdón, porque Dios ve al creyente como si nunca hubiera pecado (Ro. 3:24-26; 5:1,2; Gá. 2:16).

 

7. Es un deudor que necesita perdón.

a. El pecador está en bancarrota. No puede pagar su deuda con Dios. El hombre debe a Dios una vida de obediencia a sus leyes, honra a su padre y servicio a su causa. En todo esto ha fracasado miserablemente (Lc. 7:41,42). Dios ha dado al hombre la vida y todas sus facultades y un día el hombre tendrá que dar cuenta a Dios (Ro. 14:12). Muchos se imaginan que pueden pagar su deuda ya contraída firmando pagares de vivir una vida mejor en el futuro, peo todas estas esperanzas son vanas. Ni buenas obras, ni lágrimas, ni ejércitos piadosos, ni buenas resoluciones pueden pagar la deuda.

 

b. Dios, ha provisto el perdón. No puede absolver, cancelando esa deuda, gracias a la obra de su Hijo. Cristo asumió nuestra responsabilidad y pagó la deuda con su sangre preciosa (Is. 43:25; 44:22; 55:7; Mi. 7:18,19: Hch. 3:19; 13:38; Col. 2:13).

 

Entonces ¿Cómo se puede escapar de esta realidad?  ¿Hay alguna manera?

La respuesta de Dios es Jesucristo. Sólo Jesucristo es la puerta de escape de esa condenación segura. Él mismo lo dijo:Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10: 9)

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14: 6)

Jesucristo, “y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 12)

 

Ahora podemos elegir si cometer o no pecados personales, porque tenemos el poder de resistir al pecado a través del Espíritu Santo que mora dentro de nosotros, santificándonos y dándonos la convicción de nuestros pecados cuando los cometemos (Romanos 8:9-11). Una vez que confesamos nuestros pecados personales a Dios y le pedimos perdón por ellos, somos restaurados a un perfecto compañerismo y comunión con Él. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).